No puedo negar que este capítulo es uno de mis favoritos al escribirlo. La parte del flashback me hizo vibrar y decirme que este fic me encanta y aceptar que siempre seré una romántica empedernida. Amo el romance y el drama.

Esto va para largo o mediano plazo mis estrellitas! Por lo menos creo que 20 capítulos ya los tengo en mi cabeza y es que las cosas van fluyendo de una manera natural, así que espero sigan disfrutando y si ustedes así lo permiten y me animen, quien quita que tengamos un nuevo fic largo como el oscuro secreto y solo sé que te amo.

Gracias por dejarme sus RW:
Nena Taisho: jejejeje ¿por qué miedo? Y bueno... Naraku... Naraku... no sé todavía... :D será sorpresa ya cantada jajajaja

Faby Sama: ¿Sabes? Al hacer tantos fics Sesshome lo que me gusta es que en cada uno tengan su propia personalidad, son explosivos en los dos, pero diferentes al mismo tiempo, espero estar logrando eso. Y bueno, como le decía a Nena Taisho, ¿cómo veremos a Naraku? Pues ahora daremos otro vistazo y creo que el siguiente uno más. Y sobre todo la evolución de Kagome respecto a él. ahhh espero les guste y se emocionen conmigo también.

dav herreras: así es, solo fue un fin de semana intenso, pero que la llevará a replantear varias cosas, y bueno, Sesshoumaru es un hermano protector, no quiere que nadie se acerque a su Rin jajajajaja. Me alegra que lo sigas disfrutando y gracias por comentar!

Y bueno, sin más estrellitas, espero les guste esta otra parte. Ya ven, cuando la tengo, la subo rápido.

—•¤•—

Disclaimers

Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.

No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.

Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de romancerotico . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.

—9—

Despedida y separación

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Kagome

¿Cuándo fue la última vez que sentí algo tan intenso como esto? No he dormido toda la noche y la idea de separarme de Sesshoumaru y Rin me molestaba al punto de sentirme ansiosa, era como si mi corazón estuviese todo el tiempo en mi estómago, es asombroso porque es la primera vez que me he sentido así, pero al mismo tiempo es molesto.

Sus labios todavía los siento quemando no solo los míos, sino mi cuerpo entero ¿cómo es que este hombre me ha hecho perder la cabeza en tan poco tiempo? Pero desde que lo vi, desde que me auxilió, con su rostro tan preocupado enfocando su atención en mí y no en el vehículo, en una persona que no conocía en lo absoluto, sentí como si me hubiesen asfixiado, porque mi pecho dolió al punto de desmayarme y perder la conciencia depositando mi confianza en alguien a quien yo tampoco conocía.

Aun mi pecho duele al recordar ese momento, nuestro primer encuentro y al verlo por segunda vez en el hospital era como si toda la vida adulta hubiese llevado una nube negra con una cortina de lluvia sobre mi cabeza y al momento de mi accidente esa lluvia se hubiese detenido por completo y cuando lo vi en el hospital, la nube se disipaba poco a poco atrayendo una luz solar que nos alumbraba a ambos como si nos estuviese diciendo que éramos el uno para el otro.

¡Estoy loca! ¡Algo así es imposible que pase!

—¿Qué le gustaría señorita Higurashi? En esta ocasión el chef François nos deleita con un auténtico desayuno francés, aunque también podemos ofrecerle un desayuno italiano del chef Giovanni.

Estamos en mi jet privado y la auxiliar de vuelo interrumpe mi cavilación, la vuelvo a ver con gentileza intentando reaccionar, aunque a decir verdad quiero mandarla de regreso por haber cortado de esa manera mis pensamientos.

—¿Tienes hot cakes? —cuando hago mi petición, ella no puede evitar desencajar su rostro.

—¿P-Perdón?

—Hot cakes o wafles, o algunos rollos o sushi estaría bien —la mirada de auxilio que le lanza a Naraku es como si yo hubiese perdido la razón y eso me enerva.

—No le hagas caso —asegura de manera conciliadora y con una sonrisa incómoda.

—¿Qué? ¿En mi propio avión y mi vuelo privado no puedo obtener lo que deseo?

—Claro que sí —afirma—, pero no tienen que ser peticiones ridículas, ¿qué será la próxima vez? ¿Pan de bolsa que puedes encontrarlo en el supermercado más popular de Tokio en lugar del pan recién horneado del chef? —se burla—. Tráenos dos desayunos del chef François —le ofrece su mejor sonrisa baja calzones a la asistenta de vuelo con lo cual veo como ella se avergüenza—. Tenemos ya un tiempo de no probar su comida.

—Enseguida señor Naraku —asegura de manera coqueta—. Se los traeré luego de que despeguemos.

—Oye —la llamo antes de que deje nuestra cabina privada—, el mío puedes tirarlo a la basura si quieres, realmente no tengo hambre.

La chica se queda sin habla y petrificada ante mi actitud.

—Ahora vete, el capitán está a punto de despegar y necesitas colocarte el cinturón de seguridad y estar en la posición correcta, tal y como lo dicta el reglamento.

—S-Sí.

—¿Qué te sucede? —pregunta el pelinegro a mi lado casi en un susurro colocándose el cinturón—. Me estás avergonzado.

¿Yo avergonzándolo? ¡Vaya! Creo que estamos perdiendo la perspectiva en todo este asunto— pienso, pero no puedo decir nada excepto rodar los ojos y ponerme el cinturón.

—¿De dónde ha salido todo eso?

—Jamás lo entenderías Naraku, así como nunca me has entendido a mí.

El capitán empieza a hablarnos indicando que el despegue iniciaría en pocos segundos, odio no poder ser capaz de encender mi IPad y silenciar por completo la voz de Naraku, pero las normas son estrictas, incluso para alguien con su avión privado, aunque en muchas ocasiones mis padres o él mismo las rompen, pero yo no he sido educada así.

—Estoy haciendo mi mejor esfuerzo Kagome, dijiste que tú también lo harías.

—Si se hacen "tantos esfuerzos" es porque tal vez no valga tanto la pena.

—¿A qué te refieres? —me quedo callada cuando el avión empieza a acelerar, en realidad la parte de volar nunca me ha gustado, generalmente cuando lo hacía con mis abuelos siempre estaba dormida—. ¿Kagome? —llama mi atención al ver mi silencio.

—¿Podríamos discutir eso…? —intento decir, pero el avión se mueve demasiado. El capitán habla disculpándose por la turbulencia, lo peor es que todo el camino será así ya que estamos enfrentando una tormenta—. ¿Podríamos discutir eso en otro momento por favor? —suplico aferrándome a los antebrazos de mi asiento.

—Está bien, sé cuánto te molestan los vuelos.

Son las 4.12 de la mañana, debido al mal tiempo llegaremos a Estocolmo alrededor de las 5 de la tarde de Japón, 12 horas de vuelo, dos comidas y varios snacks, aunque cuando aterricemos serán las 10 de la mañana en Suecia debido a la diferencia de 8 horas, a las 11.30 ya tenemos programada una reunión con unos inversionistas suecos que se quieren fusionar con nuestra financiera el cual es el único motivo de nuestra visita.

—¿Has revisado la propuesta?

—Sí —respondo escuetamente abriendo mi tableta cuando el capitán finalmente nos da la autorización y ya estamos más estables en las alturas.

—¿Y qué piensas?

—Que si no duermo tendrás vómito en tu Óscar de la Renta o en tus Gucci y dudo mucho que quieras que eso le pase a tu traje o a tus zapatos, ¿correcto? Así que te pido que me dejes dormir, y dile a la brillante asistenta que ni se le ocurra hacer lo contrario, si tengo hambre yo la llamaré.

Saco de mi bolsa los bluetooth y me los coloco en mis dos oídos aislando de esa manera su voz, busco una de mis listas preferidas de música, una interpretación de koto, uno de los instrumentos más tradicionales y casi extintos de Japón.

La nieta de uno de los trabajadores del Roble, la hacienda de los abuelos, tiene ese talento y hoy en día es una concertista a nivel internacional, su música siempre me relajó desde que tuve memoria y en esta ocasión sabía que no sería la excepción.

Días, semanas, años atrás he tratado de coexistir con todo lo que me rodeaba sin dejar que el pasado me afectara tanto, pero hoy en día, justo después de conocer a Sesshoumaru y a Rin me doy cuenta que es una decisión efímera, precaria, peligrosa y muy superficial; todo lo que ellos dos son era lo que yo viví con mis abuelos, esos días felices preocupándonos de lo más importante, de las personas, de progresar en conjunto no solo por beneficios propios.

Cierro mis ojos intentando relajarme y cuestionando mi vida. Lo tengo todo y al mismo tiempo me siento vacía y ese vacío me está apretando internamente, es como si mi corazón no dejara de latir fuertemente, mis entrañas duelen y este sentimiento me hace sentir incómoda.

Estoy condenada a un futuro que yo misma me impuse, es como si hubiese tenido la intención de robar en una tienda, pero al momento de agarrar aquel objeto me hubiese arrepentido, pero aun así me hubiese entregado a la policía suplicando porque me den cadena perpetua. ¿Qué hay malo en mí? ¿En qué momento me quebré para rendirme a algo que no quería?

No, no es que mi accidente y mi encuentro con Sesshoumaru me hubiesen soltado algún tornillo, creo que es completamente al contrario, es como si después de esa sacudida ahora todo lo pudiera ver claro, sí, esa nube se ha disipado y probablemente lo que tengo miedo es vivir bajo esa luz que me está alumbrando, porque después de tanto tiempo de vivir en la oscuridad, lo contrario da miedo.

Solo llevamos 15 minutos en el avión y yo estoy considerando saltar en el paracaídas de emergencias, esta sensación de tener el corazón en el estómago realmente no es algo agradable.

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Sesshoumaru

—¿Qué ha pasado con Kagome, Sesshoumaru? —intenta indagar Rin.

—¿A parte de lo obvio?

—Sé que no está, soy inválida ¡no ciega!

—¿Por qué te alteras tanto? —pregunto de manera calmada y ella se tranquiliza. Son las 10 y la semana recién empieza, me parece que será una muy larga.

—Es que simplemente no entiendo Sesshy —repite por milésima ocasión frustrada—, pasamos un excelente fin de semana y ¿simplemente desaparece y no responde mis mensajes? ¿Le dijiste algo?

No puedo creer que estoy teniendo este tipo de conversación en la oficina del taller, Rin ha estado como loca desde que se despertó y no me ha dejado en paz en todo lo que va de la mañana, así que finalmente cedo.

—Rin, lo sabías desde un principio, Kagome es una mujer muy importante no puede pasar con nosotros todo el tiempo que queramos, tiene un imperio que dirigir y es lo que está haciendo en estos momentos —me levanto de los sillones en donde estaba tratando de mantener una conversación de lo más civilizada posible, me siento algo incómodo, ¿es ansiedad? ¿impotencia? Quiero salir de la oficina y dejarla solo con eso, pero algo hace que me regrese—. Salió alrededor de las 3 de la madrugada de aquí porque tenía un viaje importante a Suecia, imagino que podrá responderte al final del día, no te preocupes —me acerco para acariciarle tiernamente su cabellera—, ella realmente te aprecia y no dejará que su amistad se pierda o sea una burla, puedes estar segura de ello.

Se queda más tranquila, pero sé que necesita escuchar más que eso, aunque para mí es imposible articular una palabra adicional, así que me doy la media vuelta para tratar de enfrascarme nuevamente en mi vida, que hoy en día está patas arriba por cierta pelinegra que va en su avión privado a otro país.

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Flashback

—Lo siento.

Su dulce voz atravesó el baño, eran casi las 11 pm del domingo y me daba una ducha antes de dormir.

—¿Por qué?

—Tengo que irme.

—¿En este momento? —mi sorpresa no se hizo esperar especialmente cuando salí de la ducha para poderla ver.

—Debería de haberlo hecho hace 6 horas atrás —me quedé sin habla observándola, solo llevaba su ropa interior mientras que yo estaba completamente desnudo—. Mis padres han estado insistiendo que quieren hacer una fusión con un banco suizo y tengo que estar a las 11 de la mañana en Estocolmo, lo que significa que tengo que salir en mi avión no más de las 4 de la madrugada para lograrlo.

Toda aquella explicación me parecía fuera de este mundo, tal vez para ella era lo más natural, pero ¿para mí? Quise bufar, pero era obvio que no podía así que creo que solo lo hice en la profundidad de mis pensamientos, ¿viajar a otro continente?, ¿en su propio avión? En ocasiones tenía problemas para conseguir piezas para la camioneta de Rin, ajustar todo lo que necesitaba para que ella se sintiera cómoda en nuestro propio hogar, conseguir dinero para seguirnos sosteniendo tanto a nosotros como al taller, pero...

—Me ausentaré por lo menos 5 días y no pude despedirme de Rin, no encontré un momento adecuado —sus palabras me sacaron de mi cavilación, pero su rostro reflejaba genuinamente la culpa, así que me acerqué a ella importándome poco lo mojado que estaba y la abracé, porque el rostro de este ángel no estaba hecho para tristezas, sino para sonreír todo el tiempo iluminando a todos con cada paso que diera.

—No tienes porqué disculparte, ni por ser exitosa, ni mucho menos por ser tan inteligente —su cuerpo temblaba bajo el mío—. Eres increíble Kagome y el tiempo que hemos pasado ha sido fantástico, nunca creí que se podía ser tan feliz con solo tener a una persona a un lado.

—¿Quieres...?

—Quiero ¿qué? —pregunté ante su silencio y tembló inclusive más.

—¿Quieres... que nos dejemos de ver?

Nunca había sentido lo que sentí en ese momento, pero una punzada atravesó mi corazón, era como si una aguja muy fina me hubiese cruzado sin hacer mucho daño, pero realmente se sentía molesto. ¿Cómo podría responder ante semejante pregunta? Era un completo y total cobarde.

La tomé de la cintura y ella enrolló sus piernas en mis caderas aferrándose a mi cuerpo.

—Kagome, sé a la perfección la respuesta a esa pregunta, pero no por eso voy a responder con una negativa porque al mismo tiempo soy un hombre egoísta y si por mi dependiera te tendría en mis brazos todo el día, pero también estoy seguro de que hay aves que son tan hermosas pero libres que no puedes detenerlas. Has conseguido llegar a una posición bastante privilegiada, pero con muchas responsabilidades, unas que no puedes dejar solo porque yo desee que estés a mi lado.

—¿Podrías... intentarlo? —sus ojos estaban completamente brillosos.

—¿Intentar retenerte?

—Intentar... convencerme... aunque sepas que no puedo ceder... solo...

—Quiero que te quedes a mi lado Kagome, quiero despertar junto a ti cada mañana, quiero disfrutar de tu cuerpo y beber de tu lujuria, que tus gemidos sean mi arrullo antes de dormir y que sean el canto con el que mis oídos se deleiten cada mañana.

Su sonrisa y su sonrojo aparecieron inmediatamente cuando empecé a confesarme y al terminar de hablar se aferró a mi cuello y sus labios a los míos. Caminé con ella hasta la ducha, que no había cerrado y nos coloqué debajo de su corriente, corrí un poco su ropa interior y sin piedad me introduje en ella, entre el agua que la recorría y su propia excitación fui completamente bien recibido por su húmeda cavidad.

—¡Oh, Sesshoumaru! —sus gemidos castigaban mi corazón, pero alimentaban mi ego.

Desabroché su sostén y comencé a comerme sus voluptuosos y perfectos senos, apretaba entre mis dientes sus pezones y ella se aferraba más a mi espalda incluso clavando sus uñas en mi piel. Me alejé de la ducha y la apoyé en la pared de tal manera que ahora la corriente caía sobre mi espalda.

—¿Y tú...? ¿Quieres alejarte? —sus azules ojos brillaron con intensidad y sentí cómo su corazón se aceleraba, su respiración era igual que la mía: rápida y constante.

—Quisiera... —intentó decir, pero se mordió los labios acercándose a mí encorvándose un poco para lograr su cometido, pero me alejé de ella pegándola a la pared para poderla ver—. Yo... Sesshoumaru... yo quisiera... que te quedaras grabado en mi piel... que esta posición durara para siempre, que te apropiaras de mi corazón, así como lo estás haciendo de mi cuerpo.

—¿Te gusto?

—Me gustas... —aseveró lo que era obvio, porque ¿quién pasaría el fin de semana con una persona que no le atrae o no le gusta? Pero por alguna loca razón necesitaba escucharlo en voz alta—. ¿Y yo?

—Me vuelves loco.

—Hazme el amor Sesshoumaru, házmelo hasta que no tenga otra salida más que irme para que incluso la noche sea nuestro testigo de nuestra confesión y que cuando tenga que despedirme el cuerpo me tiemble y duela como si estuviésemos fusionándonos.

Tomé su palabra y la empecé a embestir con fuerza, introduciéndome en su interior. Sus labios envolvían mi miembro y sus brazos mi cuerpo, me aferraba al lóbulo de su oído, a su nuca, a sus mejillas y a su boca, quería abarcarla por completo y no dejar un centímetro de su cuerpo sin acariciar.

La embestí repetidas veces hasta que mis muslos empezaron a temblar del esfuerzo, hasta que mis labios los sentí tan hinchados de tanto besarla, hasta que mi cuerpo se quedó seco de tanto vaciarme en su interior y hasta que en mis oídos solo percibía sus gemidos como si fueran el canto de las aves.

La ayudé a bañarse y la llevé a la cama en donde, según sus palabras, intentaba cumplir su petición y entre gemidos y nuestros nombres en la boca del otro, la madrugada nos llegó.

Su chófer la esperaba y me dijo que su asistenta, Sango, pasaría por su camioneta alrededor de las 10. Idiotamente, la ayudé a vestirse, como si la estuviese adorando, como si todo esto significara una despedida para siempre.

—No le dije nada a Rin... y durante el vuelo, no podré hablar con ella... —su voz denotaba desesperación—. Yo... no quiero que piense... que no me importa...

—Se lo diré en cuánto me sea posible —sus ojos se empañaron, atrás del portón que nos separaba de la calle y nuestra casa, estaba aquel hombre de traje esperándola para llevarla al aeropuerto a su pista privada.

—Dile que... la llamaré... en cuanto pueda...

Su voz se cortaba en cada palabra y se notaba cómo luchaba porque contener sus lágrimas que estaban a punto de salir.

—Sesshoumaru... yo... —intentó decir algo, pero se contuvo poniéndose en puntillas para rodear mi cuello y aferrarse a mí.

Me encorvé un poco para poder estar un poco más acorde a su tamaño, vestía un vaquero negro con una blusa blanca y botas que se le confundía por ser del mismo color, su negra cabellera la tenía amarrada en una coleta alta, pero olía a mis productos de baño, su olor no era de alguna loción sino que era una muy propia, si me obligaran a decirlo era como el césped recién cortado, una sensación que provocaba paz y serenidad.

Me aferré a su hombro izquierdo y mis brazos automáticamente la rodearon, yo tampoco deseaba que se alejara, porque si lo hacía era como si nos estuviéramos despidiendo para siempre, ¿no podíamos hacer algo? ¿ceder alguno de los dos? ¿por qué esa sensación oprimía mi pecho?

—Dime que nos volveremos a ver...

—Cuando regreses Kagome, nos volveremos a ver.

—No dejarás de buscarme, promételo —se aferró a mi pecho y sus manos me apretaron el cuerpo.

—No dejaré de buscarte.

—¿Lo dices en serio? —me tomó el rostro con sus dos manos, sus ojos azules brillaban como si fuese el cielo—, ¿no solo lo estás diciendo porque es lo que quiero escuchar? —negué.

—Te buscaré.

Ella sonrió y me dio un beso en la boca, la pegué al portón que hizo un pequeño ruido con el contacto del peso de nuestros cuerpos y aferré mis manos a su cintura. Nuestro último beso esperaba que se quedara grabado en mi piel para poderla sentir todo ese tiempo que estuviésemos alejados.

Abrí el portón y un hombre de casi de mismo tamaño y cabello rojo agarró la maleta que le había servido el fin de semana y solamente me hizo un asentimiento de cabeza. Ella entrelazó mi mano con la suya fuertemente, pero a medida que se alejaba ese agarre iba siendo cada vez menos intenso hasta que nos soltamos.

Se metió en la parte trasera mientras el pelirrojo esperaba a que ella se subiese y cuando lo hizo la cerró. Bajó la ventana intentando decirme algo, pero no pudo y tampoco yo lo pude hacer.

La camioneta arrancó y nuestras miradas se desconectaron. Por primera vez en toda mi vida empecé a sentir una opresión en mi pecho de la que no estaba seguro podría volver a ser el mismo.

¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸

5 días han pasado, 5 desde que se alejó de mí, 5 desde que su olor con el paso del tiempo ha desaparecido de las sábanas de mi cama, 5... desde que, si puedo ser sincero por lo menos conmigo, no he sido el mismo.

—Ha sido una gran ayuda con este problema, señor Taisho.

—Llámame Sesshoumaru por favor —le pido a la pelinegra que se identificó como la asistente de Kagome, aunque no es la primera vez que la veo, sino la segunda, porque fue ella quien me entregó esa maleta para que Kagome pudiese pasar el fin de semana con nosotros.

—Espero que no se moleste por la comisión extra que se le ha depositado, es solo un plus que se ofrece cuando el trabajo está bien hecho y es más que confiable —me encojo de hombros.

—Creo que ir en contra los designios de la «Srita. Higurashi» es tan difícil como nadar contra corriente, ¿no?

—No lo tome así por favor —se disculpa con una sonrisa—, ¿no hace usted descuento a sus amigos en algún trabajo que les hace? —no podría discutir eso—. Este podría ser el mismo caso.

—Como quieras —Rin ha salido a atender a unas clientas junto con Shippou para discutir unos detalles sobre una cotización.

—Sesshoumaru... ¿puedo... decirle algo?

—Supongo que de todos modos lo harás, aunque antes de eso, preferirías que me tutearas —ella sonríe avergonzada bajando sus ojos para luego levantarlos.

—Kagome no podrá regresar el día de mañana como estaba previsto, se ha complicado el negocio que iba a cerrar y es probable que esté varada en Estocolmo unos 10 días más.

—Algo había escuchado —hace dos días durante la cena Rin me lo comentó también, ya lleva fuera toda la semana.

—Cuando ella regrese, le estará esperando una tonelada de contratos, negocios y reuniones, no creo que tenga ni tiempo para respirar, pero yo haré todo lo posible porque así sea...

—Eso es bueno.

—Yo... yo quisiera pedirte un favor...

—Si está en mis manos...

—¡Sí lo está! —responde emocionada—. Perdón —se avergüenza por su efusividad—... sí lo está —me muestro expectante por sus palabras—. Si... alguien aparte de mi persona viene a visitarlo... le envía algún mensaje... no sé... cualquier cosa que pueda parecer "normal", ¿podría avisarme a mi número personal por favor? —asegura entregándome una tarjeta con su nombre, pero antes de hacerlo escribe su número personal.

—¿Por qué? ¿Quién podría contactarme? —sus mejillas se tornan rosadas e intenta ver al suelo, pero al mismo tiempo levanta su mirada emitiendo un sonido suspiro.

—Los padres de Kagome... ellos... no son personas convencionales, no dudo de sus sentimientos por ella... pero en ocasiones...

—Sus padres solo quieren lo mejor para ella. Imagino que cuando se den cuenta de nuestra amistad podrían venir aquí a advertirme que no lo siga haciendo, ¿es eso?

—Algo... así...

—No te preocupes, sé defenderme solo.

—No lo dudaría ni por un momento, y realmente no es que pensara en enviarte a alguien para que cuidara tus espaldas... es solo... que estoy segura de que, si sucediera algo así, a Kagome le gustaría saberlo.

—Cómo quieras —acepto sin ganas—. El auto tiene garantía de 6 meses en las partes de carrocería, 3 para las internas, fue una fortuna que no tocara el motor y por eso pudimos entregarlo en tiempo, pero, aun así, si les da cualquier clase de problema por favor llámanos. Que tengas buen día Sango.

—Buen día... Sesshoumaru.

—¡Fiuuuuu! —silba Renkotsu a mi espalda al momento en que la pelinegra se va con dos choferes y antes de decir algo, se apoya en mi hombro para verla partir—. Ese sí que es un buen trozo de mujer.

—Y vuelves a decir algo así de ofensivo ya sabes lo que te pasará, ¿verdad?

—¡Vaya hombre! Solo hablaba de ella, no de Rin.

—Si hubiese sido al revés, ya no estarías aquí —muevo mi hombro para que quite su brazo lo cual hace de inmediato.

—Oye, ¿qué te sucede? Pareces más irritable que de costumbre.

—Imagino que debe de ser la falta de compromiso de mi personal con el taller.

—En eso podrías tener razón —dice algo divertido para darme la espalda y empezar a regañar a unos chicos que simplemente van pasando.

No puedo negar que durante los últimos días mi carácter se ha vuelto más voluble, pero es algo que nunca aceptaré.