Primero que nada, perdón por el error que cometí en cuanto a acciones y le agradezco a dav que me lo haya notificado, ya fue corregido y ahora sí la sumatoria es del 100% ¡pero qué cosas! Eso me pasa por solo pensarlo, no escribirlo y enredarme toda en mi cabeza.
Segundo, la verdad este fic me encanta y la temática me da miedo, pero allí la voy llevando, ¿por qué es tan fácil que el hombre sea multimillonario y exitoso y no la mujer? No sé y la verdad a medida que voy escribiendo se me va complicando la trama jajajaja
Me encanta la abuela Kaede, una mujer fuerte y decidida que no le hace el feo a nada, y en futuros capítulos la veremos cómo es. También por primera vez haré una pareja que me sugirieron y me llamó la atención, jajajajaja estoy segura de que me odiarán por eso. Falta integrar a otras dos personas más de la vida de Kagome y que de igual manera las iremos conociendo poco a poco, pero mientras suspiremos con este amor. ¡Ag! No me aguanto para que lean el siguiente, spoiler alert: se titula "Decisiones finales".
Y bueno, finalmente gracias a todos los que me dejan un RW:
Nena Taisho: si lo sé, muchas intrigas, pero es que cuando esos dos están juntos, se olvidan de todo.
dav herreras: así es, a veces uno se enfrasca en situaciones que te acomodas aunque estén mal, pero necesitas una pequeña sacudida de alguien a quien sí amas. Esperemos que todo vaya para mejor.
—•¤•—
Disclaimers
Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.
No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.
Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de kagomex100pre . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.
—12—
Más que atracción
—
¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Sesshoumaru
Está aquí, justo frente a mí y la he convencido de quedarse conmigo, aunque sea solo unos momentos.
La hago pasar y al cerrar la puerta a mi espalda, la tomo entre mis brazos pegando mi cuerpo contra el portón.
—Estás realmente aquí.
¿Eso ha salido de mi boca? ¡¿Lo he dicho en voz alta?!
—Sí.
La abrazo tan fuerte que no sé si ella está temblando por la presión o por el frío que empieza a calar los huesos, pero no la siento helada, al contrario, su temperatura corporal es igual que la mía: caliente.
—Tus brazos... son como los recordaba —su voz es como un suave murmullo.
—No he cambiado nada —su cabeza está pegada a mi pecho y temo que pueda escuchar cómo mi corazón está tan acelerado por su presencia.
—Temí que así fuera.
—Nunca lo haré.
—Te extrañé Sesshoumaru —le doy un beso en la cabeza porque temo gemir y chillar como niña si abro la boca, ¿por qué me siento así? Es como si un gran peso estuviese encima de mi cuerpo oprimiéndome para caer al suelo.
—Y yo a ti Kagome.
Lo dije, estoy seguro de que lo he dicho. ¡Mierda! Nunca he sido sentimental, incluso hasta con Rin me cuesta serlo en ocasiones y creo que, si en algún momento mi yo pasado con mi yo presente se encontraran, el primero se reiría a carcajadas tirándose al suelo por cómo me estoy comportando.
—¡Rayos Kagome! Me haces decir las cosas más vergonzosas.
Ella se separa divertida, con esa sonrisa angelical iluminando su rostro, está pálida, creo que ha adelgazado, incluso su cabello y su piel no se miran tan brillantes cómo yo recordaba.
—¿Por qué es vergonzoso? Es verdad, ¿o no?
—No me atrevería a mentirte sobre esto.
Nos quedamos callados, solo hay una tenue luz alumbrándonos.
—Has perdido peso —se sorprende abriendo los ojos—. ¿Tan mala es la comida en Suecia? —acaricio su mejilla y ella toma mi mano para unirla con la mía de tal manera que me quedo simplemente sintiendo su tersa piel.
—Si he perdido peso, solo hay una persona que podría ser culpable.
—¿Quién?
—Tú.
—¿Yo?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque antes de irme me diste de tu néctar, un elixir que me ha dejado embobada durante todo este tiempo quitándome del paladar el disfrute de que mis pupilas gustativas puedan gozar de algo más.
¡Rayos! ¿No tendría que ser yo quien debería de decir todas esas cosas bonitas? Sin embargo, siendo sincero, aunque pudiera pensar ese tipo de cosas no creo ser capaz de expresarlas a viva voz como a ella lo ha hecho tan naturalmente.
Pego mi frente junto a la suya encorvándome para alcanzarla y nuestras manos entrelazadas bajan a nuestros costados.
—¿Qué quieres de mí Kagome?
—A ti.
—Podrías conseguir a alguien de tu altura.
—Eres más alto que yo, mira —se separa riéndose y entre gestos me demuestra que simplemente me llega un poco debajo de mis hombros.
—Sabes que no me refiero a eso —acepto seriamente.
—Lo sé.
Nos quedamos callados solo contemplándonos, pero me acerco soltándonos de nuestro agarre para agacharme y tomarla por debajo de sus nalgas para alzarla, de tal manera que su pecho queda por encima de mi cabeza.
—¿Lo ves? No estoy a tu altura.
—Solo porque eres tú —me acaricia la mejilla—. Vamos a tu habitación.
—Cómo ordenes ángel.
La cargo entre mis brazos como si fuese una princesa y ella ladea su cabeza dejándola caer sobre mi hombro.
—Sabes que puedo caminar. Ya conozco el camino.
—Pero durante ese tiempo me privarías del placer de estar junto a ti, ¿eres capaz de hacerme algo así?
Se queda callada y siento como bufa.
—¿Así eres con todas?
—¿Con todas?
—Te lo dije la vez anterior, no creo que todas las mujeres vengan aquí solo por una revisión de frenos.
Eso me hace pensar.
—No. No vienen solo por eso. Algunas son más descaradas que otras.
Atravesamos el taller, pasamos por el jardín y el umbral de mi puerta, la dejo en el suelo para cerrarla y ella me vuelve a abrazar aferrándose a mi cintura.
—No he sido un santo Kagome, me he acostado con toda mujer que se me ha ofrecido solo por una noche, pero ángel —le tomo la barbilla levantándole su rostro sonrosado— tú no eres como esas mujeres y cada día estoy convencido de que en alguna vida pasada fuiste una bruja, porque desde que te conocí es como si me hubieses lanzado un hechizo.
Intenta decir algo, pero solo abre levemente los labios y los vuelve a cerrar.
—Podrían estar cientos de mujeres a mi alrededor, pero ya ninguna me interesa, porque mis ojos solo se pueden enfocar en ti, aunque sé que no debería.
—¿Por qué no? Yo también pienso lo mismo de ti. Desde que te vi auxiliándome, a mí, a una desconocida, sin preocuparte de lo que le hubiese pasado a mi auto, me conquistaste y desde ese segundo no he podido pasar un día sin pensar en ti.
—¿Por qué habría de preocuparme por tu auto? Es solo un auto, con valor que se podría reponer, pero tú, desde ese momento sabía que eras irremplazable.
—¿I-Irremplazable? —me alejo de ella quitándome la camisa para luego tocar su mano y colocarla en mi pecho.
—¿Escuchas mi corazón? —mueve su cabeza asintiendo—. Hacía mucho tiempo que no latía de felicidad, angustia y desesperación al mismo tiempo, solo tú logras que mi corazón se acelere y mi mente se tranquilice.
—¡Oh... Sesshoumaru!
—Lo único que deseo es que seas feliz.
—Podría serlo a tu lado.
Me acerco a ella dándole un beso, colando mi lengua por su cavidad bucal succionando su lengua. La pego a mi cuerpo acariciando con mis dedos sus costados, pasando mis manos por su espalda, recorriéndola suavemente, ¿cómo lo llamó? ¿"Néctar"? Sí, su saliva es como un néctar para mí, soy como una abeja siendo atrapada por la miel, porque ella es tan dulce como una.
¿Cómo podría ser feliz a mi lado? ¿Cómo podríamos serlo ambos? No tengo esa respuesta y ni siquiera me he atrevido a plantearme esa pregunta en mi cerebro, porque esa parte racional se impondría a la emocional desvaneciendo algo que no debería de haber empezado, pero que se está arraigando en lo más profundo de mi corazón, espacio que solo había dejado guardado para mi hermana.
—Hazme el amor Sesshoumaru —me pide jadeante separándose de mí, quitándose la camisa y tirándola al suelo, bajando su pequeña falda y quedándose simplemente en ropa interior.
No me atrevo a decir algo, porque para lo único que tengo fuerzas es para contener mi aire y así no demostrarme como el lobo hambriento en el que me estoy convirtiendo.
La cojo de sus nalgas y se aferra a mi cintura. Camino con ella hasta mi cama y la acuesto suavemente. Le quito su tanga blanca y me abro camino con mi cuerpo llegando hasta su sexo, el cual está húmedo y caliente.
Paso con delicadeza mi lengua rodeando su vagina, saboreando ese líquido que va desprendiendo y ella se arquea sobre la cama aferrando sus manos a la sábana gimiendo sin pudor. Lamo su botón con un toque gentil y me acerco un poco más rodeando con mi dedo su orificio y antes de meterlo saboreo lo poco que he podido recolectar y eso dispara mis sentidos.
Me abalanzo sobre ella comiendo su sexo, metiendo mi dedo buscando con desesperación ese punto que tanto la hace vibrar, doy una vuelta y otra más, meto un segundo dedo y con éste, sí lo logro alcanzar porque casi se sienta al sentirme en su interior gritando mi nombre, se vuelve a acostar abriendo más sus piernas y meto un tercer dedo dilatándola más, me acerco a su clítoris y lo chupo sin pudor.
¡Joder! Ver cómo se moja, saborear su néctar, deleitarme con sus gemidos y su placer hacen que mis sentidos se vuelvan locos, estoy tan duro que otra vez temo lastimarla, pero está tan mojada que estoy seguro de que me deslizaré en su interior sin mayor dificultad, solo con pensarlo me hace humedecer mi ropa interior.
—¡Sí... sí...! ¡Sesshou...maru!
Me muevo más rápido y la succiono con violencia hasta que a los segundos se deja ir casi convulsionándose sobre la cama y sacando mis dedos al momento que camina sobre su espalda para alejarse de mí.
—¡Rayos! —grita revolcándose de un lado a otro sobre la cama—. ¡Ese sí... que... ha sido... un buen... orgasmo!
Imposible de negar que ese cumplido me infle el ego. Especialmente porque su reacción no puede mentir, aunque intentara hacerlo con las palabras. Me alejo de la cama quitándome el pants y mi ropa interior al mismo tiempo, haciendo que mi erección salte a la vista.
Cuando me observa, se relame pasando su lengua por el labio inferior, gatea llegando hasta el borde de la cama para sentarse y agarrar mi miembro que siento cómo palpita al momento en que su mano lo abarca.
Le da un lametón desde la base hasta la punta y regresa, me conservo erguido, pero muevo mi cabeza de un lado a otro casi tronándome el cuello. Succiona la cabeza y se vuelve a salir para continuar lamiéndome. ¡Mierda! Esta mujer va a volverme loco.
Vuelve a mi glande, pero en esta ocasión engulle un poco más y regresa a lamerme, en cada acción va succionando un pedazo más hasta que finalmente se mete todo lo que puede y topa a su garganta y se retira con ojos llorosos regresando a la cama.
—Te quiero... adentro de mí... Sesshoumaru... —se desliza sobre sus nalgas hasta quedar a mitad de la cama y a mí solo me queda suspirar.
Rodeo mi cama para llegar a mi mesa de noche y sacar un condón. Cuando me ve tomarlo con la boca ella se acerca tomándolo entre sus manos.
—¿Podrías... confiar en mí? Yo confío en ti.
—Sé que si te digo que no he estado con nadie más durante todo este tiempo confiarás en mí, pero lo sabes ¿no? Esto no es solo por protección por eso, si no... —ella no me deja terminar cuando se levanta y me empieza a besar quitándome el condón tirándolo a un lado.
Cuando se separa de mí, sus ojos brillosos, su sonrisa ansiosa y su hermoso cuerpo me quitan el aliento.
—Confía en los dos aspectos en mí, por favor... así como yo confío en ti.
No sé si es que la sangre de mi cerebro se ha evaporado, es probable que sí, también es factible que mi propia calentura interna genere una cortina de nubes llegando a mi cabeza y también nublando mis pensamientos, pero ¡qué diablos! Pasamos un fin de semana así ¿no? ¿qué más da un día más?
La tomo por su rostro instándola a agacharse y que se vuelva a acostar. Me mojo mi mano para pasar mi propia saliva por mi erección y abriendo camino en su cuerpo con el mío me voy introduciendo poco a poco en su interior. Sus paredes vaginales se abren y su calidez me recibe. Estoy entrando tan despacio que parece un pequeño tormento.
Cada vez que lo hemos hecho lo he disfrutado como si fuese el primero y el último, y esta ocasión no es la excepción.
Al estar en su interior me acerco a sus senos comiéndome uno por uno y ella entrelaza sus dedos en mi cabellera. Me empiezo a mover lentamente, saliéndome de su interior y deleitándome con el placer de volver a entrar.
—¡Ah..! ¡Sí...! ¡Así... Sesshoumaru...! Más... más...
Le agarro las piernas posándomelas en mi pecho y la visión que queda debajo de mis ojos es perfecta. Sus mejillas rosadas, sus labios abiertos y tan rojos como una manzana recién cortada, sus ojos brillosos, su piel tersa y todo este conjunto solo me hace pensar en algo: ella es la que está debajo de mí más sin embargo soy yo quien está bajo su poder, bajo ese hechizo que me ha lanzado con solo aparecer en mi mundo gris.
Sí, por primera vez, estoy viendo colores, brillantes y hermosos colores danzar a su alrededor.
Me aferro a sus piernas agarrándolas fuertemente, comiendo sus pantorrillas con mis besos súbitos y fortuitos, manteniendo mi boca ocupada porque estoy a punto de decirle que la amo.
La embisto con fuerza y aparto sus piernas de mi pecho y me cuelo por completo en su interior dejando caer mi cuerpo sobre el suyo, aferrándome a sus labios, comiéndome sus gemidos, su petición de incrementar mi velocidad y fuerza que entre mi boca y la suya quedan alojados.
¡Estoy jodida y perdidamente enamorado de ella!
Y con ese pensamiento atormentando mi conciencia me dejo ir al mismo tiempo que ella aferra sus uñas a mi espalda gritando "me voy... Se...sshou...maru... ".
Sin salirme de su interior, vuelvo a tomar sus labios con fuerza, como si mi lengua le estuviese haciendo el amor a su boca, porque si en estos momentos estuvieran en plena libertad realmente le diría cuánto la amo.
No sé cuánto tiempo pasamos pegados el uno del otro, sin soltarnos, sin darnos tregua, solo separándonos por pequeños instantes para tomar aire, no porque queramos, sino porque nuestros pulmones nos los exigen. Me vuelvo a poner completamente duro en su interior y la tomo de su cintura, sentándome con ella, no pesa nada si ganara un par de libras ni siquiera lo sentiría.
Kagome se empieza a mover mientras yo me aferro a su cintura con mis ásperas manos con las que he trabajado durante tantos años. Nos movemos al mismo compás completamente sincronizados sintiéndome bien en su interior.
La vuelvo a tomar de su cintura y me salgo de ella, acostándola de medio lado para elevar su pierna derecha y la penetro con violencia, la embisto una y otra vez hasta que finalmente ambos nos volvemos a correr.
Me siento como el Rey Midas, deseando más y más, aunque ya lo tengo todo, pero ni el cansancio, ni mi conciencia me detienen y la pongo sobre sus cuatro extremidades y la vuelvo a embestir, pero en esta ocasión uno de mis dedos también se cuela en su culo y de manera intermitente me dispongo a penetrarla una y otra vez.
Durante varias horas cambiamos de posiciones y nos dejamos ir hasta que el cansancio nos gana.
¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Acostados de medio lado, uno frente al otro, completamente desnudos, sintiendo tantas emociones y no creyéndome que alguien pudiese llenarme como Kagome y al mismo tiempo tener esa sensación de vacío en el estómago, acaricio suavemente su mejilla con el dorso de mi mano que es más suave que mi palma, no creyendo la fortuna de tenerla en mi cama, en mi vida, aunque sea solo por unos momentos.
—¿Qué?
Sus mejillas no han dejado de estar rosadas y esos azules ojos parecen dos lagos que están bajo la luz de la luna, brillantes, cristalinos y castos. ¿La estaré idealizando demasiado?
—Nada.
—No tienes cara de "nada".
—¿Hay una cara para las palabras?
—¡Claro que sí! —responde de manera efusiva sentándose de piernas cruzadas a un costado mío, pero con el mismo impulso se vuelve a acostar—. ¡Ouch! —reclama y solo me quedo riendo—. Creo que mañana tendré que llegar en silla de ruedas.
—Exagerada —ella sonríe pegándose a mi cuerpo y yo le hago campo para que se acurruque a mi lado.
— Sí lo soy, pero solo porque eres tú.
La abrazo con tanto cariño que hasta mi pecho duele, no sabía que se podía amar así a alguien que lleva tan poco tiempo en una vida.
—Sango les envió una invitación para la exposición de vinos, ¿no es así?
—Sí.
—Solo irá Rin, ¿verdad?
—No sé si lo sepas, pero lo mío no son los vinos.
Se empieza a reír separándose de mí, se sienta sobre mi estómago dejándome a su merced, aunque me ha tenido así desde el primer día en que la vi.
—El día de chicas me caerá bien con Rin.
—¿Me estás diciendo que sería un estorbo? —mi cuestionamiento va acompañado de una sonrisa de medio lado. Ella se queda pensando un rato y luego me vuelve a ver haciendo que sus cachetes se inflen cuando me ofrece su angelical sonrisa.
—Jamás, pero en esta ocasión, quiero dedicarme un tiempo a solas con tu hermana.
—No le empezarás a preguntar sobre mis otras novias, ¿verdad? —hace un mohín y luego me acaricia la mejilla.
—¿Soy tu novia entonces?
—¿Te gustaría serlo?
—Nada me causaría más placer Sesshoumaru —se acuesta sobre mi pecho—. Si es una propuesta, ¿me dejarías darte una respuesta el domingo?
—Podría esperar una vida entera si me lo pidieras —respondo suavemente dándole un beso en la cabeza y aprisionándola entre mis brazos.
—¿Por qué eres tan dulce conmigo?
—Quién sabe —me encojo de hombros y veo que ella se mueve.
—¿Crees que estaría mal si envío un auto para que se lleven a Rin a la exposición?
—No lo creo, estoy seguro de que ella se sentirá emocionada.
—¿Y crees... que si le pido... quedarse a dormir conmigo... lo haría?
—¿Rin? —me mofo, incluso hasta ya me la imagino alegre y nerviosa—. Estaría más que emocionada.
—¿Y si te lo pido a ti? —levanta su rostro que está sonrosado.
—Si me pidieras que fuese al fin del mundo, creo que lo pensaría, pero al final de cuentas siempre lo haría —me da un pequeño beso en mis labios.
—Creo que no podré soportar que este viernes finalmente termine y estar otro fin de semana en tus brazos.
Me pongo duro a su espalda.
—¡Sesshoumaru! —reclama divertida.
—¿Qué?
—¿Cómo es posible... que... todavía... puedas tener... esto? —pasa su mano por la espalda para alcanzarme y comenzar a masturbarme.
—Solo porque eres tú... y nunca me cansaré de tenerte.
No puede evitar reírse así que la tomo de la cintura, le abro las piernas con mi cuerpo y me voy introduciendo en ella lentamente, y durante lo que nos queda le sigo haciendo el amor hasta el cansancio.
¸.•¤•.¸¸.•¤•.¸
Pasamos nuestros últimos minutos besándonos escondidos en el taller como un par de adolescente y cada vez que se quiere ir la tomo de la mano atrayéndola a mi cuerpo para pegarla al mío. Nuestros labios arden de tanto comernos a besos.
—Tengo que irme —se separa de mí y la vuelvo a acercar.
—Lo sé —la beso continuamente.
—Sesshoumaru... —se vuelve a separar y finalmente la suelto abriendo la pequeña puerta para que pueda salir—. Vendrás el sábado a mi piso, ¿verdad?
—Sí.
—Te espero.
Ahora es ella quien se pega a mí y de puntillas me pide que baje mi cabeza y pegamos nuestras frentes. ¡Rayos! Mi corazón es una batería en pleno concierto.
—Nos vemos.
—Nos vemos —repito y se sube a su auto. Baja la ventana y me pide acercarme para darme un beso—. Maneja con cuidado.
—Lo haré.
—Envíame un mensaje para saber que ya estás a salvo —me vuelve a besar y en esta ocasión se cuelga de mi cuello.
Y aunque a los dos nos cueste, finalmente nos separamos.
Me rasco la cabeza mientras veo cómo el auto va desapareciendo. Esa sensación de vacío regresa, no solo a mi estómago sino a mi cuerpo entero recorriéndome de pies a cabeza, porque desde que dijo que tenía que irse se ha ido incrementando poco a poco hasta dejarme como si fuese un cascarón vacío ante su ausencia.
—Estoy enamorado de ti, Kagome.
Lo digo por primera vez en voz alta, aunque sé que será imposible que me escuche, pero tal vez sea lo mejor.
