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Disclaimers
Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.
No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.
Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de kagomex100pre . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.
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Amanecer lleno de sinceridad
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Kagome
Despierto temprano, como siempre, yéndome a mi piso dejando dormida a Sango. Es una fortuna que ella aceptó vivir en mí mismo edificio, así ni siquiera tengo que salir.
Lo primero que hago es quitarme los zapatos dirigiéndome a la cocina para encender mi máquina de capuchino y prepararme uno. Espero ansiosa a que el aparato termine mientras le envío un mensaje a Sesshoumaru.
«¿Estás despierto dormilón?»
Se tarda unos minutos en responder, a lo cual empiezo a pensar que quizás enviarle un mensaje a las 5.50 am es demasiado temprano, pero de pronto empiezo a ver que dice "Sesshoumaru está escribiendo" y finalmente me llega su respuesta.
«Sí. Me levanté hace casi 30 minutos para hacer ejercicio»
«¿Para qué hacer tanto? ¿A quién necesitas impresionar?»
Le envío una carita enojada.
«Solo a cierta pelinegra que últimamente me ha robado horas de sueño»
No sé qué responder y solamente me veo en el reflejo de la máquina de hacer capuchino como empiezo a brincar en el mismo punto en donde estoy esperando mi tan ansiada bebida.
«Pero qué pelinegra más cruel, solo espero te esté tratando bien para que valga la pena la desvelada»
«En ocasiones sí y en ocasiones no. Por ejemplo, anoche no pude dormir bien, porque en tan poco tiempo se ha adueñado tanto de mi cama que ya no puedo conciliar bien mi sueño si ella no está a mi lado»
¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Por Dios! ¡Por Dios! Me derrito, me estoy derritiendo como el azúcar que le estoy poniendo a mi bebida.
«Espero que esta noche te compense por esa crueldad que ha hecho contigo»
«No lo dudo ni por un segundo»
«Te extrañaré Sesshoumaru»
«Yo igual, pero estoy seguro de que Rin estará agradeciendo que podrá disfrutar de tu compañía»
«Te prometo que no la emborracharé, mucho»
«Por favor, dale de comer, no es buena consumiendo tanto»
«Te prometo que lo haré. De hecho, en las exposiciones no se consume tanto, creo que se podría hacer más en una cena»
«Confío en ti»
«¿Nos vemos más noche en mi piso?»
«Por supuesto. Que pasen un feliz día»
«Igual tú»
Le envío una muñequita con corazones a su alrededor y me voy a la terraza del jardín para admirar el nuevo amanecer.
Con los abuelos siempre nos despertábamos temprano para ver el amanecer, a un costado de la casa hay un portal en donde el abuelo tenía cómodos y amplios sillones. Los 3 nos acomodábamos con una taza de chocolate caliente y una enorme colcha hecha de retazos de colores y admirábamos el nuevo amanecer. Ellos siempre permanecían juntos y yo al costado generalmente del abuelo, aunque algunas veces luchaba por estar en medio de los dos.
La abuela tiene razón, éste será un nuevo amanecer, pero para que sea uno realmente nuevo, deberé de ser total y completamente sincera con ambos.
Me doy una ducha y el chofer pasa por mí. Cuando el rubio alto, con gafas negras, camisas manga larga blanca, corbatín negro y chaleco del mismo color me recibe en el parqueo con la Camioneta SUV Mercedes Benz GLS en color verde esmeralda, me doy cuenta de que mi querida Sango, como siempre, ha hecho un magnífico trabajo, ya que es la camioneta más grande del mercado y el tipo, Shizuo Heiwajima, es uno de los hombres más fuertes que he conocido, manejar la silla de Rin será como que yo esté moviendo mi celular.
A las 8 en punto estoy frente al taller y Sesshoumaru es quien me recibe. Ya hay alguno que otro trabajador a quienes saludo con confianza. Junto con Shizuo, nos guía hacia la casa que está escondida atravesando el taller. Rin ya está lista y se ve preciosa. Lleva unos leggins negros y una camisa que más bien parece vestido de lana gruesa rayada en blanco y negro con botines cortos negros de puntos blancos. Su cabello lo lleva suelto y con algunas ondas y se ha maquillado suavemente.
Shizuo se presenta y le dice que será su acompañante de este día y que le permita llevarla hasta el vehículo, veo cómo Sesshoumaru se tensa, pero lo tomo de la mano pidiéndole que se relaje y finalmente accede a que alguien más lleve a su hermana.
—Relájate ¿sí? Shizuo ya ha trabajado conmigo antes —susurro y él asiente, o más bien gruñe.
Esperamos a que salgan los dos primero y voy detrás de ellos, pero él me agarra de la muñeca volviéndome a meter a la casa cuando los otros dos ya están afuera pegándome a la pared cercana de la puerta para empezarme a besar, y no es un beso cualquiera, me mete la lengua hasta el fondo, pasando sus manos por los costados de mi cuerpo, tocando con sus dedos mis senos. Me chupa, me succiona y cuando se separa de mí es como si me quitaran el aliento y las fuerzas.
—Solo algo para que me recuerdes.
Eso me hace sonreír y siempre tomado de mi mano me saca de la casa, aunque cuando vamos atravesando el jardín me suelta, asumo para que no nos vean sus trabajadores.
Nos despedimos en la entrada mientras Rin ya está arriba en la camioneta casi saltando de felicidad, solo su reacción ya es mi recompensa.
Nos vamos a desayunar, porque la exposición no es hasta las 10.
Cuando estamos en el restaurante al saber que soy yo quien estoy, el chef sale a saludar, pero es con Rin con quien se queda platicando, al igual que con la mesera, todavía me sorprende la facilidad que tiene para hacer amigos, incluso hasta con Shizuo que es casi mudo, ya le ha dicho su edad y de dónde es originario.
Salimos a la exposición y la misma historia, sosteniendo su copa de vino dos chicos se le acercan, resultan que también son sous chef de algunos restaurantes a donde distribuimos los vinos Higurashi. Cuando salimos, casi a la 1, aunque la exposición terminó a las 12 pero tuve que hablar con varios clientes, pero con ella hasta hacían cola para hablar, incluso hasta vi que un momento Shizuo se sentó a su lado y conversaban como viejos amigos.
Salimos a una tienda en donde hay cosas bonitas y exclusivas, pero ella nos guía a otra en donde venden casi la mayor parte de ropa que compra con regularidad y no puedo estar más que satisfecha, incluso me llevo un par de blusas para mí y ella se lleva otro tanto, a lo cual, entre reclamos, la invito.
—Tómalo como regalos de cumpleaños atrasados por haberte conocido tan tarde.
Finalmente nos vamos a comer a otro restaurante y la misma historia. Cuando salimos decidimos que para la cena podríamos hacer una pasta con mariscos, tengo la receta perfecta de la abuela para hacer la salsa, una por la cual el abuelo deliraba, así que finalmente nos ponemos manos a las obras y comenzamos nuestra nueva travesía.
—Oye Rin, si quieres puedes invitar a Kohaku, creo que la comida será más que suficiente.
—¿Podría hacerlo? —pregunta emocionada.
—Claro. La abuela siempre asegura que la comida sabe mejor mientras hay más personas para degustar.
Completamente emocionada le llama y dice que estará en un par de horas cuando termine su turno. Sesshoumaru también arribará dentro de un par de horas más.
Y mientras esperamos y cocinamos, decido empezar a contarle una pequeña historia a Rin, una que espero salga tan natural con Sesshoumaru, porque el primer paso ya lo di: mi relación con Naraku finalmente la he terminado, el segundo paso será decirle la verdad a Sesshoumaru y el tercero, decirle que sí y empezar una nueva vida con él.
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Sesshoumaru
El piso de Kagome es increíble y las indicaciones de Sango son impecables. Hay un espacio libre, que es justo el que me indicó ella, así que estaciono mi camioneta.
Me bajo tratando de contenerme de no empezar a admirar todos los vehículos últimos modelos, hay un Lamborghini modificado que solamente lo vi en una presentación en un canal extranjero indicando que solo existen 5 en el mundo, ¡Maldita sea! Ya puedo morirme tranquilo después de ver esta belleza.
Al ver el ascensor, el panel de control que está en rojo me indica que tengo que colocar mi tarjeta sobre ello, al hacerlo se abren las puertas. La voz de una mujer me da la bienvenida con nombre y apellido indicándome que me llevará al piso 88 directamente al pent-house de la Srita. Higurashi.
Me siento que abrí la puerta hacia el futuro y estoy rogando porque todo esto no me abrume, yo aun soy de meter una llave y no una tarjeta.
La puerta se abre y me da paso al piso de ella y me quedo (internamente) con la boca abierta admirando el enorme espacio, aunque me despierto cuando la voz de la mujer dice: "bienvenido y feliz noche Sr. Taisho".
Veo cómo Kagome y Rin salen de un espacio a mi derecha y detrás de mi hermana, el paramédico, ¡me lo tengo que encontrar hasta en la sopa!
—¡Sesshou! —me recibe alegre como si fuese ella la dueña.
—Bienvenido Sesshoumaru —me recibe la anfitriona con sus ojos azules tan brillantes—. Si quieres puedes dejar tu maleta allí, luego subiremos.
—¿Cómo está Sesshoumaru? —lo veo indeciso y nervioso.
—Hola —respondo internando no sentirme cohibido, pero los ojos rojos de la pelinegra me llaman la atención, veo los de mi hermana y están igual, ¿qué ha pasado? Las dos me dejaron de escribir desde las 3 y luego solamente recibí unas respuestas escuetas.
—¡No lo vas a creer Sesshou! Kagome ha preparado una pasta marinara, ¡uf! ¿puedes olerla? —olfatea el aire—, la salsa está deliciosa, dice que es una receta familiar.
—Estaré ansioso de probarla —se escucha un timbre en la cocina y Rin vuelve a ver al paramédico.
—Vamos Kohaku, ayúdame a sacarla.
—Ten cuidado ¿sí? —advierto.
—Sabes que siempre lo tengo —me guiñe un ojo.
Kohaku nos baja la cabeza pidiendo un permiso silencioso para retirarse y al final nos dejan a los dos solos en la entrada. Ella se acerca a mí tomando mi mano y yo pego el dorso de la mía en su mejilla.
—¿Sucede algo? —niega.
—¿Por qué?
—Tus ojos están rojos —los abre sorprendida y luego se pone a reír pegándose a mi pecho.
—¿Cómo te fijas tanto en mí?
—Incluso si cambiaras la tonalidad del rubor de tus mejillas lo notaría.
—Creo que no te merezco Sesshoumaru.
Me separo de ella tomando su rostro con mis dos manos y pegando mi frente con la suya como lo hemos hecho casi por costumbre.
—Diría lo mismo, así que mejor coincidamos que es una suerte habernos encontrado.
Me da un beso en los labios tomándome de la mano para introducirme en su hogar.
—Espero te guste cómo ha quedado.
—Aunque solo me dieras un sándwich con queso derretido estoy seguro de que sabría delicioso.
Me lavo las manos antes de sentarme y lo hacemos en una mesa redonda blanca (igual que todas las paredes y el piso resplandeciente) que está cerca de la inmensa cocina de la cual casi me estoy imaginando a Rin danzar con su silla de ruedas por todos lados al verla, esto es su sueño.
Tomamos un vino tinto que está delicioso, es un poco fuerte, pero es tan gustoso al paladar que me da la impresión de que estoy sentado en una mecedora viendo una puesta del sol con esas plantaciones inmensas de uvas complementando el paisaje.
—Esta será la nueva cara de los vinos Higurashi —se levanta enseñándome la botella y no sé porqué he imaginado casi ese paraje que tiene la viñeta—. "Legado H", es la reserva especial en la que estuvo trabajando mi abuelo antes de morir y que con mucho esfuerzo hemos continuado con la abuela y con todos los trabajadores de la hacienda. ¡Ag! —grita y la volvemos a ver cuándo se sienta de un solo golpe en su asiento.
—¿Qué sucede? —pregunta Rin, mientras Kagome se acerca a mí dejando caer su rostro sobre mi antebrazo.
—Creo que ya parezco que estoy dando la presentación.
—Si así es como lo harás, será una magnifica presentación —asegura mi hermana.
Kagome nos indica que estamos siendo los primeros, antes que sus propios clientes, que estamos probando el vino, porque el lanzamiento oficial será el martes. Rin toma la palabra y empieza a contarnos cómo estuvo la exposición de la mañana, cómo han andado comprando y comprando ropa, tomando café, comiendo delicias.
Al terminar Kagome se levanta indicando que lavará los platos.
—Quien cocina... —empiezo a decir.
—No lava —termina diciendo Rin.
—Vamos —le digo al paramédico para que me ayude a recoger todo y nos ponemos en ello.
—¿Cómo te sientes Rin? —indago a lo lejos.
—Como si me hubiese pasado un camión encima —bromea incluso riéndose.
—¿Por qué no suben? —interrumpe Kagome—. En el segundo piso hay una salita con TV incluida y si te sientes muy cansada, la habitación ya está lista.
—Creo que no es una mala idea.
—Solo deja que termine con los platos —inquiero y se queda callada.
Cuando terminamos y estoy a punto de agarrarla me dice:
—¿Po...Podría Kohaku... hacerlo? —lo vuelvo a ver.
—Es la primera vez que estamos en este lugar —sentencio.
—Sí... y así como sería tu primera vez subiéndome aquí, sería de Kohaku también —¿por qué me duele mi pecho? O más bien, es como si sintiese un fuego intenso en mi interior.
—No se preocupe Sesshoumaru, soy más fuerte de lo que parezco y Rin casi no pesa nada.
¡¿Cómo sabe que casi no pesa nada?!
—Sí, sería buena idea —interviene Kagome—, y de paso subimos tu maleta, ¿te parece? —se me prende del brazo.
—Está bien. Solo subiré primero la silla y luego bajaré por la maleta —mascullo y veo cómo el paramédico se acerca agarrándola con toda confianza, Rin le pasa sus manos por el cuello completamente feliz, otra punzada, pero esta vez es en la boca de mi estómago, la comida estaba deliciosa, pero ¿me habrá caído mal?
Kagome sube primero disculpándose por el diseño del lugar ya que son gradas cerradas en forma de caracol. Toda la pared está pintada y llena de árboles y parras de uvas, al principio está la puesta del sol y a medida se avanza la tonalidad del cielo va cambiando hasta que oscurece y al final nos encontramos con un paraje nocturno.
—El paisaje es sorprendente —dice Rin.
—Cuando me mudé aquí, me sentía... sola... de esta manera sentía que los abuelos y toda mi gente estaban conmigo.
Cuando llegamos al 2º piso es un lugar tan amplio como el de abajo, primero nos topamos con una enorme sala y una pantalla gigantesca. A un lado está la habitación que ocupará Rin, a la par de ella un estudio y al fondo la habitación de Kagome. Vuelvo a bajar por mi maleta y me hace dejarla en el salón junto con la silla de Rin.
—¿Quieres que te ayude a cambiarte? —pregunto acercándome a ella, pero ella con cara de preocupación o vergüenza, me hace acercarme mientras Kohaku y Kagome empiezan a conversar un poco alejados de nosotros dos.
—Solo por esa noche, por este fin de semana, ¿podrías... por favor... dejar de ser tan protector?
—Solo te pregunté una cosa sencilla.
—Lo sé —arruga la cara—, pero es... no sé... siempre te lo he dicho, sí, soy inválida, no puedo valerme al 100% por mí misma... pero... hay cosas que me gustaría hacerlas sola.
—No sé cuál es el gran problema en haberte ofrecida mi ayuda cuando siempre lo hago.
—Así es... es solo... que esta noche... en esta casa con Kagome y... bueno... me gustaría saber qué tanto puedo hacer por mí misma.
Kagome se me acerca tocándome el hombro ya que he estado agachado para estar un poco a la altura mi hermana.
—Le he dado rápidas indicaciones a Kohaku de cómo manejar los aparatos —interrumpe mi amada pelinegra con esa dulce y conciliadora voz—, dice que has estado queriendo ver una película desde hace tiempo.
—Sí... —responde nerviosa y la vuelvo a ver.
—¿Por qué no vamos a la terraza Sesshoumaru? Creo que esta noche no está tan gélida.
—Pero...
—No se preocupen —nos interrumpe el paramédico lo que me hace levantarme y erguirme todo lo que puedo, creo que es solo un poco más alto que Kagome—, si necesitamos algo, yo... bajaré.
—¿Lo ves? —me indica Kagome—. Estarán bien —me toma de la mano casi obligándome a bajar.
Cuando terminamos de hacerlo agarra su celular y se mete a una aplicación y al instante un suave jazz nos ameniza el salón con los parlantes incorporados del lugar.
—¿Qué? ¿Para qué no vaya a escuchar algo indebido? ¡Rayos! Creo que me moriría si escuchara algo que no debo —ella sonríe bajando la cabeza.
—Realmente... no es para no escucharlos a ellos, es para que ellos no puedan escucharnos a nosotros.
Si su rostro estuviese lleno de felicidad aseguraría que quiere que nos revolquemos en uno de sus elegantes sillones, pero lo dice con tanta tristeza que eso me preocupa olvidándome por unos momentos de Rin y el paramédico a base de fuerza.
—¿Quieres otra copa de vino? —niego—. ¿Un té, una cerveza? Tengo alemanas —no lo dudaría.
—Creo que un té no estaría nada mal.
—¿Quieres de menta?
—Me parecería perfecto.
—Si gustas, puedes esperarme en la terraza y enseguida voy.
Muevo mi cabeza de manera positiva y me dispongo a salir. Extrañamente, el ambiente está templado, generalmente en esta época tendría que estar un poco más gélido, pero en la actualidad un día está cálido y al día siguiente nos podemos estar muriendo del frío.
La terraza es más grande que nuestro pequeño patio. Tiene plantas decorativas y reales que son de interiores haciendo agradable el lugar. Una mesa redonda con 3 asientos y a un costado un sillón de lo más agradable con una mesa larga de centro.
—Cuando me siento muy melancólica me vengo aquí y solamente me relajo viendo las plantas, es por eso por lo que el sillón está a un costado de la vista del edificio en lugar de frente a ellos.
Me entrega mi taza humeante y nos sentamos.
—Este día ha sido muy especial Sesshoumaru. Rin es una chica que le inyectaría vida hasta a un muerto.
—Te agradezco que lo hayas hecho tan especial, no sé cómo podríamos pagarte todos los regalos que le has hecho —niega con nostalgia para sentarse de medio lado y verme.
—¿Sabes? Todo lo que he obsequiado ni siquiera equivale al 5% del valor de la última joyería que le regalé a mi madre en su último cumpleaños y, aun así, siento que ha sido mucho especial. Ni tú ni ella tienen nada que retribuirme, para mí esas son cosas sin valor que se convierten en invaluables al ver la sonrisa de tu hermana, esa sonrisa me ha retribuido mucho más que cualquier "gracias" hipócrita de alguien más.
—No sé qué tuve que merecer para que el destino te pusiera frente a mí.
—Esa es mi frase Sesshoumaru.
Sus ojos se ponen brillosos, pero sin derramar una tan sola lágrima.
—¿Qué sucede? —niega tragando con dificultad.
—Tengo algo que decirte... una parte se la confesé a Rin antes de que ustedes vinieran, he querido decírtelo durante todo este tiempo que te he conocido, pero he sido una cobarde, pero desde ese encuentro tan especial que viví contigo el jueves tras mi regreso, siento que ya no puedo seguir con esa mentira.
Me siento de medio lado para verla mejor.
—Dilo entonces.
—Yo... no es tan fácil Sesshoumaru... —baja la cabeza negando—. Lo último que deseo es perderte... y después que escuches...
Le tomo la barbilla haciendo que levante su cabeza.
—Me tienes en tus manos desde la primera vez que yo posé las mías para sacarte de lo que creí era una trampa mortal, cuando me pediste que fuera a la heladería te dije que, aunque yo dijese que lo pensaría siempre lo haría, estaré a tu lado todo el tiempo que desees, porque yo no pienso alejarme de ti.
—¿Lucharías por mí?
—Si me lo permitieses, claro que sí.
—Yo...
—Ángel, tu rostro no está hecho para tristezas, solo para sonrisas —le paso un dedo sobre sus mejillas y finalmente logra esbozar la mínima parte de su hermosa sonrisa.
—Sabes quién es Naraku ¿verdad?
—Sí —respondo sin dilatación.
—¿Cómo te enteraste de que era mi prometido? —finalmente tendremos esta conversación.
—El día que fui a verte al hospital, escuché que discutías con tu madre y tu relación con él resaltó en la conversación —ella suspira tomando su taza de té y la imito. Soplamos el caliente líquido e ingerimos un poco, ella con delicadeza.
—Nunca me dijiste nada.
—No soy de las personas que intentan socavar la verdad, más bien me gusta que me digan las cosas frente a frente.
—Debiste pensar que era una mentirosa y una cualquiera.
—Creí que algún problema había y que no era algo en lo que tenía que meterme y que algo te obligaba a ocultarme la verdad, pero creer o pensar que eras una cualquiera o una mentirosa —acaricio su suave rostro—, jamás.
Ella aleja su rostro de mí dejando su taza en la mesa para poderse levantar, mi instinto me dice que la imite, pero una parte racional de mi cerebro me obliga a quedarme a donde estoy.
—Tengo tantas cosas que decirte que no sé ni por dónde empezar —toma aire y luego lo expulsa para acercarse al muro de concreto del edificio y apoyarse con su parte baja de la espalda en él—. Primero que nada, déjame decirte que entre Naraku y yo no hemos tenido intimidad en muchos años. Besos, abrazos o algún toqueteo infantil y peligroso y sé que lo que estarás preguntando es: "¿cómo me iba a casar con él si no hemos tenido más?"
Arruga el gesto llevándose las manos al rostro para restregárselo.
—Terminé con él el día de ayer, aunque creo que no lo aceptó de la mejor manera, mis padres creo que ya lo saben, aunque no estoy segura, no soy una mentirosa porque a pesar de que su ostentoso anillo de compromiso lo ocupaba solo en ciertas ocasiones en donde fuese alguna reunión, lo dejaba en la caja fuerte porque realmente para mí no significaba nada, pero no sé porqué no tenía las agallas de terminar algo que nunca debió de haber continuado.
Me levanto de mi asiento dejando mi taza también a un lado de la de ella y cada vez que voy acercándome ella parece que se va haciendo un ovillo y lo único que la separa de convertirse en uno total es la pared. Tengo ganas de abrazarla, pero al ver su rostro compungido y su cuerpo temblar me detengo.
—Aunque quisiera seguir tu ritmo Kagome, sería imposible para mí, porque estás mezclando tantos pensamientos e imagino que líneas temporales también, que no encuentro una manera coherente de armar los puntos.
Ella levanta su angelical rostro y eso me parte el corazón, porque sus gestos indican como si tuviese un inmenso dolor en su interior.
—Primero que nada, él... ¿te hizo algo Kagome? ¿alguna vez te maltrato o te hizo un daño que pudieses considerar irreversible?
Sus lágrimas ya no pueden más y se desploma en el suelo llorando como una niña. Me parto con ella, mi interior está destrozado, y sin importarme lo que ella diga me tiro con ella agarrándola entre mis brazos para ser yo su silla, su escudo protector, porque este ángel precioso no está hecho para ninguna tristeza.
¡Maldito y mil veces maldito! No sé qué la orilló a continuar con él, pero juro que escucharé atentamente su historia sin juzgarla ni un poco, aunque no sé si pueda dejar de sentir ese inmenso odio que está carcomiendo mi cuerpo entero, nunca lo he visto y realmente no me interesa conocer a ese jodido sociópata, lo único que pediré será tener fuerzas para no destrozarlo la primera vez que lo vea.
