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Disclaimers
Los personajes de Inuyasha son de Rumiko Takahashi, pero la historia y la locura muy mía.
No continúo historia, si termina, termina, no me pidan continuaciones.
Solo publico en Fanfiction, Wattpad y en mi página de kagomex100pre . worpdress . com, si ven en otro lado la historia ¡denúncienlas! Mucho menos subo historias en páginas de Facebook, ni siquiera en la mía.
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Tus brazos, mi refugio
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Kagome
No he derramado una lágrima desde el año en que el abuelo murió, decidí que de nada serviría sentirme así de vulnerable porque no regresaría en el tiempo, no tendría la oportunidad de pedirle disculpas y enmendar mi error, aunque llorase todos los días de mi vida.
Pero hoy, nuevamente he sentido esa opresión en el pecho y no he podido resistir.
Me he aferrado al cuerpo de Sesshoumaru imaginándome que es mi escudo, no me ha dicho nada, solo ha estado abrazándome hasta que he parado de llorar. Intento hablar, pero me falta la respiración, así que hasta que no me tranquilizo nos quedamos em silencio y él pacientemente espera por mi recuperación.
—Mis padres tenían 5 años menos de lo que yo tengo actualmente cuando me tuvieron.
Empiezo por el principio.
—Hasta donde sé, se conocieron en el colegio y se enamoraron. Mamá empezó a apoyar a papá en las empresas, era muy buena con todo lo relacionado a la publicidad y durante muchos años se hizo cargo de las relaciones públicas, así como del recurso humano, era increíble, porque a pesar de que el Grupo Higurashi tenía más de 250,000 empleados en aquel entonces, ella sabía a la perfección cuántos podía tener cada sucursal y en qué parte del continente se encontraba.
Escucho a duras penas su respiración, mientras que yo intento controlar la mía, aunque en sus brazos me siento con más fuerza.
—Ella se proyectaba un futuro brillante y libre y fue por eso por lo que, cuando salió embarazada a sus escasos 21 años se planteó la interrogante: ¿dejaré toda mi carrera, el apoyo a mi esposo, a las empresas, por ser madre? Era bastante joven, y es algo que puedo entender a la perfección, si yo hubiera pasado por lo mismo a su edad no sé qué habría hecho.
—¿Ellos querían... no tenerte? —me sorprendo con la pregunta, por su tono y la forma en que lo ha expresado sé que lo ha intentado disimular con cautela—. Lo siento, creo que eso ha sido algo imprudente de mi parte —niego.
—No tienes por qué disculparte porque yo hice la misma pregunta cuando me enteré de ello; pero no, mi madre nunca pensó en esa posibilidad, según lo que me aseguraron los abuelos ni siquiera se les cruzó por la mente. Nunca estuvo feliz con el embarazo, dicen que tuvo muchos problemas que la llevaron varias veces al hospital, se sentía frágil e inútil, no podían viajar porque especulaban que por la altura podía tener un aborto espontáneo y dentro todo, intentaban cuidarme.
No sé cómo se habrá sentido ella, cuando tengo esa necesidad de odiarla, intento atravesar la barrera del tiempo y el espacio tratando de percibir lo que ella estaba atravesando en aquellos momentos.
—Aunque odiaba la idea del dolor del parto, más detestaba la idea de una cicatriz en su cuerpo por culpa de la cesárea, sin embargo faltando casi 2 semanas para el término del embarazo al parecer me enredé con el cordón y tuvieron que operar de emergencia, así que su terror por la cesárea se convirtió en realidad. Todo fue tan rápido que no me sucedió nada, solo estuve en observación durante 3 días y aun así dicen que mi llanto se escuchaba por todo el hospital al día siguiente de mi nacimiento.
Eso nos hace reír a los dos.
—Durante el primer mes, ella casi no estuvo conmigo, decía que la herida le dolía mucho, cuando me sostenía yo lloraba más y me removía tanto en sus brazos que hubo una ocasión que por dicha fuerza uno de sus puntos se abrió y se infectó y desde entonces no pudo tomarme más.
Sé que podría ser imposible que eso le hubiese provocado la infección, pero nunca quise decir nada.
—El abuelo, que ya se había retirado un poco para dedicarse más a los viñedos volvió a tomar las riendas y el control de la financiera para así darle también espacio a mi padre para que ayudara a mi madre a cuidarme. Mi padre fue el único hijo de los abuelos, dicen que hubo otro hijo, pero nunca han querido hablar sobre ello y por prudencia nunca he insistido tampoco. Los abuelos nunca han negado que mis padres hicieron todo lo que pudieron por cuidarme, pero el estado mental de mi madre iba empeorando cada vez, hoy en día sabemos que lo que ella tenía era depresión post-parto, sin embargo en aquellos días esa posibilidad era casi remota de ser tratada —me mofo—. Incluso hoy en día a muchas mujeres les cuesta aceptarlo.
Tomo aire una vez más, adoro cómo Sesshoumaru pacientemente me está escuchando dándome pequeños besos, de cuando en vez, en la cabeza.
—Al parecer yo estaba desnutrida, tenía problemas de alergias y no sé qué otras cosas más. Mis abuelos me habían visto durante mi primer mes, mientras se aseguraban de que no tenía ningún problema debido a mi abrupto nacimiento y después de ello se alejaron, más que todo para darle espacio a mis padres de convertirse en unos, pero cuando cumplí los 5 meses y me volvieron a ver se dieron cuenta que ellos no estaban cumpliendo su rol y todo se estaba desmoronando.
No sé qué tan grave pudo haber sido aquello, pero siempre tuve la impresión de que, si nada hubiese cambiado, mamá se hubiese ido y alejado de nosotros dos y eso hubiese sido la muerte para ambos.
—A pesar de su propia reticencia de no intervenir decidieron hacerlo llegando a un acuerdo que ellos me llevarían a la Hacienda, que me criarían allá porque además debido a mi mal nutrición tenía problemas para respirar y tolerar casi cualquier clase de alimento, no parecía mayor de 3 meses, mi peso estaba muy por debajo de lo deseado. Mi padre, ante la falta de coherencia de mi madre en ese momento, propuso que estaría bien, que yo estuviese una temporada con ellos y luego me traerían de regreso, ya fuese en un par de meses o en un año, pero mis abuelos se negaron. Dijeron que un niño necesitaba seguridad emocional y un ambiente sólido para sentar sus propias bases, si ellos accedían a ayudarlos, solo lo harían con la condición de que les brindaran la tutela completa a ellos dos y por lo menos, mientras no cumpliera la mayoría de edad o los 15 años no podría abandonar la hacienda, mis padres podrían irme a ver cuánto quisieran las veces que lo desearan, pero regresarme a vivir con ellos, eso era innegociable.
Tomo un poco de aire y me acomodo mejor en el pecho de mi peli plata y él también lo hace.
—Papá pidió tiempo para pensarlo, pero al día siguiente aceptó. Mamá, tras mis llantos, había pasado una de sus peores noches y eso lo hizo decidir. Hicieron el documento, me sacaron nuevos y me llevaron a la Hacienda. La abuela contrató uno de los mejores pediatras y me dieron atención médica, a las 6 semanas ya estaba en mi peso normal, a las 8 ya lo había rebasado.
—Debiste de haber sido una bebé muy hermosa.
—Bueno, hubo un tiempo que me puse casi una bolita, uno de los amigos de la hacienda me decía "boli" de cariño, la abuela tiene todavía esas fotos vergonzosas con mis brazos y piernas rechonchas.
—Sea como sea, siempre serás hermosa Kagome.
Me da un beso en la cabeza y eso me tranquiliza, así que continúo con mi relato.
—Cuando cumplí el año, mis padres fueron a visitarme con mi madre ya más recuperada. Para navidad y año nuevo también la pasaron con nosotros, el aniversario de los abuelos siempre era motivo de celebración, así que durante 3 años esas fiestas las respetaron religiosamente hasta que el 4° se excusaron para el aniversario de ellos, el 5° fue para año nuevo indicando que tenían mucho con la financiera y que era imposible pasar todo el tiempo fuera, para el 6° se olvidaron de mi cumpleaños y a partir del 7° no los volví a ver en persona hasta que cumplí los 14 que aparecieron sin previo aviso.
De alguna manera puedo sentir lo tenso del cuerpo de Sesshoumaru bajo el mío, que al contrario me siento como si estuviese en el agua y poco a poco fuese liberando peso y sintiéndome más liviana.
—A decir verdad, creo que la decisión fue la mejor que pudieron haber tomado. Mis abuelos se convirtieron en mis padres educándome, dándome su amor y todo su apoyo. Cuando me enfermaba, el rostro que recuerdo es el de ellos, cuando me despertaba por alguna pesadilla era mi abuelo quien siempre me llegaba a arrullar, si tenía miedo po motivo, era mi abuela quien me decía que me quedara con ellos en su cama, para aquella época ni siquiera recuerdo haber visto mucho a mis padres, lo que te he contado es porque lo he ido descubriendo a través de muchos años, porque tampoco es que los abuelos me hayan contado toda la verdad.
Me mofo de esas palabras recordando algo muy doloroso, aunque en realidad nunca derramé una lágrima o me lamenté por no tener a mis padres conmigo, para mí, solo fueron unos extraños.
—Mis abuelos fueron los mejores padres que tuve. El viñedo es toda una villa, una enorme casa, varias pequeñas de todos los trabajadores pasando en los alrededores del campo, incluso hasta hay una pequeña iglesia, una escuela y un parque, allí fue a donde viví, y siempre fui feliz. No me hizo falta nada y lo tuve todo, mi niñez fue perfecta, caminando descalza en el campo, aprendiendo a la par de los trabajadores del abuelo, recuerdo que él a veces me cargaba en sus hombros y conmigo les daba órdenes a todos —eso me hace reír porque es de lo pocos recuerdos que tengo de mi niñez—, incluso hoy en día algunos de los trabajadores más viejos me molestan con esa imagen.
—Debe de haber sido algo muy divertido y tierno a la vez —asiento sonriendo.
—El abuelo se desvivía por mí. Me enseñó a tratar a todos por igual. En aquellos tiempos cuando el trabajo era demasiado duro, se ponía una enorme mesa debajo de un frondoso árbol y todos comíamos uno a la par del otro, y no creas que el abuelo en la cabecera o en algún puesto designado por ser el dueño, no —canturreo negando—, estaba en medio de todos y yo junto con ellos. Me educaron para ensuciarme las manos, para trabajar a la par de todos, que el dinero solo va y viene y que unos somos más afortunados que otros, pero que eso no nos da derecho a sentirnos superiores o a mirar de menos a los demás.
El abuelo era alguien sencillo, con mucho poder, pero nunca abusó con él.
—Mi educación fue estricta y en casa, los abuelos contrataron a los mejores maestros y ellos mismos me servían como auxiliares, ¿saltarme una tarea? Eso significaba una vuelta por todo el viñedo y creo que hubiera muerto en el intento, aunque solo el miedo de creer que podían obligarme me hacía estudiar más, porque estoy convencida de que nunca me hubieran obligado a hacerlo. Cuando cumplí los 13 yo ya sabía todo lo que enseñaban en prepa, no había descanso para mí, ni materias optativas, tal vez mis optativas era ver los cultivos, obtener alguna enseñanza de mi abuelo para extraer mejor las uvas, para saber cuales podían ser altas y cuales bajas, qué tipos de vinos se podían producir, la clasificación de los viñedos, en fin, todo lo que al negocio se refería.
—Te inculcaron el amor por ello.
—Y lo tomé como propio. Amo el viñedo como los amo a ellos dos.
Me levanto y le extiendo la mano para que él haga lo mismo, pero niega levantándose solo y me toma entre sus brazos cargándome con ese amor que solo él sabe hacerlo. Nos metemos al pent-house dirigiéndonos a la sala para sentarse conmigo en uno de los sillones grandes.
—Al cumplir los 14 mis padres se aparecieron con su abogado diciendo que era hora de que yo regresara, los abuelos discutían que tenían un acuerdo y la potestad por escrito, que ellos habían estado de acuerdo, el abogado los amenazaba con demandarlos por no me acuerdo qué cosas, así que tomé uno de los caballos y me fui al pueblo, allí estaba un abogado que decían que se había regresado de la ciudad y le pedí consulta, llevaba un dije de oro que mis padres me habían regalado de pequeña y se lo ofrecí como pago lo cual no aceptó, pero sí me dio el consejo.
El Sr. Gotaru, ya era viejo, creo que más bien ya había llegado a disfrutar de su retiro, según lo que me enteré murió hace casi 6 años.
—Cuando regresé todos los de la hacienda estaban alerta, varios habían salido a buscarme y cuando me bajé del caballo vi cómo mi padre indignado se acercaba a mí para regañarme, pero los abuelos le salieron al paso y simplemente me abrazaron dando gracias a Dios porque estuviese bien, yo no comprendía nada porque lo único que quería era que mis padres me dejaran en paz. Le dije al abogado que no podía demandar al abuelo porque la adopción existía, y que si ellos seguían insistiendo sería yo quien los demandaría por abuso infantil, porque casi había estado a punto de morir de desnutrición por su descuido. No los dejé hablar, recitaba como poema todas las implicaciones legales que el abogado me había indicado, pero les aseguré que podíamos conciliar.
Tomo aire, porque no sé si a partir de ese momento fue cuando todo cambió.
—Les dije que nunca había tenido un sentimiento hacia ellos, ni odio ni amor, tal vez lo único que estaba en mi corazón era agradecimiento por haber accedido a darme una vida mejor y ¡vaya que era mejor! Porque lo tenía todo y especifiqué que no hablaba de dinero, porque si se fijaban yo andaba vestida de manera sencilla no como ellos que solo se disfrazaban, pero que aceptaría irme solo si cumplían con tres condiciones: la primera que dejaran en paz a los abuelos, la segunda que si yo no me sentía a gusto me permitirían regresar y la tercera que podría tener libertad de ver a los abuelos cuantas veces quisiera y de hablar con ellos cuantas veces lo deseara. Después de días de discusión todos aceptaron.
Siento como si una nube negra otra vez estuviese opacando mi vida al recordar esos momentos.
—Cuando me trasladé a la casa de ellos sentía que todo el clima era pesado y lúgubre. No podía relacionarme con el personal de servicio porque eso estaba prohibido, ¿cómo era posible que yo estuviese sentada a la mesa comiendo con ellos? Mi madre se escandalizó cuando el primer día que me levanté temprano estaba desayunando con ellos y conversando sobre sus vidas, sus nombres, quiénes eran, sus familias, de dónde venían, sentí por un momento que había hecho algo terrible y desde entonces el personal de servicio no me volvió a hablar, solo sonreían cuando yo pasaba junto a ellos.
Recuerdo incluso que empecé a comer en mi habitación, solo algunas cosas porque todo lo que cocinaban para mis padres me caí mal, pasaba enferma sin decirlo y fui adelgazando, aunque mi madre creyó que lo hacía para estar a la moda como el resto de las chicas que se mataban de hambre para tener buena figura, no es que mis padres fueran malos, sino que siempre han estado atados al qué dirán, a un falso condicionamiento que los medios ofrecen.
—En el colegio, me hicieron los exámenes respectivos y aseguraron que tenía la capacidad de entrar a la Universidad si yo lo deseaba, pero mis padres se opusieron, siempre creí que era porque si aceptaban le darían la razón a los abuelos de que mi crianza había sido mejor de lo que ellos esperaban, pero nunca indagué sobre ello. La vida en el colegio fue traumática y detestable —me hago más ovillo en los brazos de Sesshoumaru—, viví con todos los de la hacienda en donde en esos días duros de trabajos todos nos sentábamos en la misma mesa comiendo del pan que nos pasábamos unos con otros y ahora me encontraba en esa realidad en donde la separación de grupos se daba dependiendo del capital que tenían tus padres y debido a la posición de tu familia, además por mi apellido todos querían que yo estuviese en un grupo determinado. Si me esforzaba en el estudio me criticaban burlándose que lo único que tenía que hacer en el futuro era contratar a alguien para que lo hiciera todo por mí, "¿por qué tienes que esforzarte? No necesitas ser alguien ordinario para convertirte en extraordinario cuando ya lo eres", se burlaban.
Recuerdo todas las burlas que hacían sobre mi carácter ofendiéndome que solo era una campesina, aunque eso realmente nunca me importó, lo que sí me molestaba era ese estigma, no había sido educada así.
—La solución de mi madre era convertirme en una de esas personas y al final, casi después de 6 semanas, colapsé. Una noche aparecí en su habitación con mis maletas hechas y les dije que tenían dos opciones: la primera era la de contactar al equipo de vuelo, al piloto, copiloto, asistentes de vuelos y a todo el personal privado y que me regresaran esa misma noche con los abuelos, ofreciéndoles no solo el doble de sus salarios por las horas extras, sino el triple y que no se discutiera ese punto porque sabía a la perfección que podíamos costearlo. Si no cumplían mi petición, quedaría la segunda: exponer a los grandiosos Higurashi como una farsa de familia ante la sociedad, lo que significaría la muerte social para ellos; me dijeron que no me atrevería, pero les enseñé un manifiesto que estaba listo para ser enviado a una de las revistas más amarillistas del país, y mientras se investigaba la verdad, el buen nombre sería mancillado por todos, porque siempre es más fácil difamar que hablar en bien. Al segundo, papá tomó su celular y puso a mi disposición el Jet privado y al personal, esa misma noche regresé.
Cuando termino de decirlo me levanto de su protección, nos sentamos frente al otro a la base del sillón. El suelo de cerámica impoluta está helado, pero realmente no me importa. Nunca me han gustado las alfombras, porque nunca me acostumbré a ellas.
Sesshoumaru me toma de la mano apretándola con cuidado, es como si con su tacto me estuviese dando valor, no sé si sabe que lo que viene a continuación es lo que me tiene así, pero creo que lo intuye.
—Sé que podría ser que no entiendas a mis padres, porque sé que no han sido los mejores del mundo ni siquiera se le acercan; siempre he creído que son buenas personas, sé... que en sus intenciones jamás está el que yo pudiera salir lastimada de alguna manera... y por eso —trago con dificultad—... cuando veo que hay alguien embarazada cerca de mí, le sigo la pista además que es obligación para todas las mujeres que trabajan en el banco recibir ayuda psicológica después del parto, para evaluar si no tienen alguna depresión y así poderlas ayudar.
—¿Le brindas atención psicológica a todas las mujeres del banco que han tenido un bebé? —asiento—. Increíble, eso parece... muy costoso.
—Lo es y a su vez no lo es.
Trago otra vez con dificultad cerrando mis ojos. Esa fue por una de las cosas por las que peleé cuando me senté a la mesa de la junta, fue bastante dificultoso que aceptaran porque decían que el costo sería demasiado alto, pero tenía la aprobación de los abuelos y solo entre nosotros 3 contamos con la mayoría de los votos y para ese tipo de decisiones solo se necesitan el 60% de aprobación. Él guarda silencio, como siempre, esperando por mi continuación.
—Las mujeres que tienen depresión post-parto no sienten un apego a sus bebés, esa conexión que la mayoría tiene, tratan de ignorar ese pensamiento de sentir ese odio o repulsión porque ese bebé les ha cortado la vida o experiencias que pudieron tener si no hubiesen salido embarazadas, y mientras más luchan más se frustran, algunas pueden con ese sentimiento, otras no. Mi madre, llegó a ese extremo, casi a perder la razón, a ignorar la realidad a su alrededor. No fue su culpa en sí, y trató durante mucho tiempo de obligarse así misma a amarme como las demás mujeres lo hacían con sus bebés, pero le fue imposible. Sé que las intenciones de ellos es que sea feliz, aunque cada uno tiene su propio concepto de lo que es felicidad, por ejemplo, ¿qué te hace feliz a ti Sesshoumaru?
Se queda pensando un rato y veo un leve sonrojo en sus mejillas.
—Mi felicidad estaba basada en la sonrisa de Rin.
—¿"Estaba"?
—Te lo dije antes, ¿verdad? Me haces decir las cosas más vergonzosas que un hombre pueda decir en voz alta.
—¿Por qué? —carraspea y luego hace un gruñido que me hace sonreír.
—Porque hasta que te conocí me di cuenta de que esa no era felicidad, solo era algo como complacencia o alguna clase de empatía por lo que sintiera ella, pero contigo —me acaricia la mejilla—... ahora contigo Kagome, estar a tu lado, eso es lo que significa la felicidad para mí.
Otra vez mis ojos se humedecen, no creí que fuese a decirme a eso, creí que diría estar en su casa con Rin o hacer un trabajo bien hecho. No sabía que juntar los pedazos de mi corazón roto y destrozado doliera al estar pegando esos trozos que han estado dispersos. Me arrodillo abrazándolo y le doy besos en su hombro cubierto por su camiseta, pero me separo porque la posición no es cómoda y me vuelvo a sentar.
—Para mí significa muchas cosas: verte y estar contigo también, pero mi felicidad siempre tuvo nombre: mis abuelos, la hacienda, el viñedo y todo lo que eso significaba, sin embargo para mis padres la felicidad es la estabilidad económica, seguir una tendencia, tener lo último y más caro del mercado, que nuestro apellido sea reconocido a nivel mundial, que seamos los mejores, tener más dinero que cualquiera, que lo material sea lo que rija nuestras vidas, no es que estén involucrados en algo ilícito o algo así, porque gracias a Dios hemos sido bendecidos con una excelente posición y su idea es conservarla.
Tomo todo el aire que puedo por la boca y lo expulso por la nariz.
—Mis padres empezaron a ejercer presión y llegaban constantemente a la hacienda de los abuelos, así que les dije, que me iría a los 17 a hacer último año de prepa, que me dejaran ese tiempo en la hacienda y aceptaron. Durante todo ese periodo y a pesar de que para el resto tenía poca edad, el abuelo empezó a enseñarme el negocio de la financiera, cómo hablar, a no intimidarme porque los otros pensaran que yo era muy pequeña o porque era mujer, aprendí muchísimo y finalmente llegó el tiempo de hacer mi último año de colegio.
Eso me hace erizarme, no sé si por lo gélido de la cerámica o por el temor del recuerdo.
—Como te dije, no era muy buena en mis relaciones del colegio, todos seguían tan o más pretenciosos de lo que yo recordaba y eso me parecía odioso, pero hacía mi mejor intento por adaptarme porque en esta ocasión no me detendría ni flaquearía. Aceptaron que a esa edad empezara a ir a la financiera todos los días, tenía un trabajo de medio tiempo en clasificación de documentos, mis notas eran excelentes y de hecho hasta adelantaba todo lo que podía, los maestros me odiaban porque decían que era demasiado engreída y para llevar la fiesta en paz, me permitían faltar, las donaciones de mis padres permitían que mi ausencia no se notara y siempre conservaba el primer puesto, no por ese soborno sino porque todo lo que ellos enseñaban para mí era incluso obsoleto.
Creo que la mejor manera de llevar la fiesta en paz era aceptar mis términos y condiciones.
—Cuando —me cuesta decirlo, pero hago mi mejor esfuerzo—... casi a unos 6 meses antes de la graduación del colegio y como yo casi solo pasaba en la financiera, no porque alguien me obligara sino porque yo misma quería hacerlo... lo conocí... Naraku era un chico que iba a 3er año de negocios en la universidad, era muy inteligente y bastante guapo... y para serte sincera nunca me gustaron los chicos de mi edad, siempre me resultaron completamente inmaduros.
—Entonces tengo un punto ganado con mis 30 —bromea levantándome el rostro y sonrío tristemente asintiendo.
—Tienes más que un punto Sesshoumaru.
—Sabes que aquí estoy Kagome, para escucharte todo lo que tengas que decir —muevo mi cabeza dándome ánimos internamente.
—En aquel tiempo podría haber dicho que me enamoré, pero no —niego—, hoy en día puedo decir que lo que sentí probablemente es que era afín con alguien en un mundo donde me sentía totalmente diferente. Él es un hombre que mis padres siempre han aprobado: paciente, con mucho conocimiento de la financiera, es bastante inteligente y aunque no proviene de una familia adinerada como la nuestra, sus padres fueron influyentes y le dieron la mejor educación posible, así que sí, posiblemente me deslumbró el saber que podía estar con alguien que mis padres no criticaran y con quien de hecho yo congeniaba. Para aquel entonces ya tenía un mes de estar viviendo sola en un apartamento, porque estábamos a punto de volvernos locos, mis padres siempre han tenido prácticas demasiado burguesas y nunca fui tan acorde a ello, aunque no me malentiendas, me gusta vivir bien, en espacios amplios y si por mí fuera tuviera una mansión en las afueras de la ciudad con amplios salones y árboles por todos lados, pero este lugar me resulta práctico, pero nunca he menospreciado a nadie como lo hacen ellos, así que a pesar de mi corta edad mis abuelos me apoyaron para vivir sola y pagaba el alquiler de mis ahorros.
Trago otra vez con dificultad, quizás he hablado demasiado y está demasiado reseca.
—¿Podrías... traer dos copas y la botella de vino por favor?
Se levanta diligentemente mientras intento controlar mi respiración y los latidos de mi corazón. No se tarda mucho, hemos dejado la botella en la mesa y las copas sabe a la perfección a donde están porque me ayudó a guardarlas tras limpiarlas.
—Me gradué antes que todos en un acto privado —continúo después de ingerir el primer trago—, sin embargo para el acto de graduación las autoridades indicaron que querían hacer algo en mi honor, porque era la primera riquilla con cerebro que lo lograba, aunque no fueron esas palabras las que emplearon.
Me río por lo bajo y él conmigo tomando un mechón de mi cabello para acariciarlo.
—Obviamente, para la noche estaba la famosa fiesta, a la cual pensaba asistir con Naraku porque ya teníamos casi 3 meses de estar saliendo. No estaba lista, aunque ya tenía preparado el vestido pero no estaba segura, así que él pasó en la limusina a recogerme.
Cierro mis ojos intentando no recordar lo que sentí para no recrear otra vez el recuerdo, lo único que necesito es decirle la verdad. Así que vuelvo a tomar aire.
—Yo... nunca... había tenido relaciones, Naraku... era mi primer novio... claro que... teníamos besos... algunas caricias... pero... nunca...
No puedo decirlo. Me quedo callada y con mi cuerpo estremeciéndose.
Sesshoumaru me toma de la mano y me hace sentarme encima de él, me acomoda de lado abrazándome sin decir nada y durante varios minutos permanecemos así.
—Esa noche... una terrible tormenta eléctrica azotaba la ciudad... no sé... realmente qué pasó... quisiera decírtelo pero... creo que nunca lo tuve claro...
—Kagome... —dice con suave voz y estoy segura de que quiere decirme que no tengo que continuar, pero niego con mi respiración agitada.
—Empezamos... con besos... caricias... pero para cuando me di cuenta que estaba solo en ropa interior... yo...
Empiezo a negar temblando.
—Dijiste que no, ¿verdad?
—No... lo sé... no lo sé...
No puedo más y empiezo a llorar pero él me abraza más fuerte.
—Recuerdo... que cada vez que él me embestía... yo lloraba rogando porque paraba... yo no... quería hacerlo... pero él decía que era imposible parar... que yo lo había permitido... que...
—Maldito hijo de puta... eso es lo que es Kagome... —siento como sus dientes rechinan cuando lo maldice y a mí solo me queda llorar—. Sé que es difícil, diablos que sé que es difícil detenerse Kagome, pero con esfuerzo se logra, nada justifica una violación, porque eso es lo que fue Kagome, no tuviste la culpa.
Empiezo a llorar como niña y los dos nos quedamos callados solo escuchando mi llanto y mis hipeos.
¿Sabes como supe que eras un caballero? Porque tú te detuviste, en ningún momento me forzaste y al contrario solo me brindarte compresión en aquel momento.
Quiero decirle que lo quiero, expresar todo lo que pienso, pero mi corazón se siente que se destroza a cada segundo recordando ese momento y lo único que me queda es desahogarme en sus brazos.
