De Verdad muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia.

Trataré de avanzar en los primeros años solo para aclarar un par de cosas sobre la vida de Harriet, contendrán pequeños SPOILERs de lo que se avecina, así que espero que les gusten.

Las interacciones entre los personajes, al principio serán relaciones platónicas, como admiración y respeto, pero con el tiempo estas cambiaran, Harriet será en ciertos aspectos precoz, de Verdad espero que les guste.

Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo II. La niña que vivió.

La estación King's Cross, cada año veía en su plataforma nueve y tres cuartos a la nueva generación de magos y brujas de las islas británicas, cientos de jóvenes viajaban hacia las tierras altas de Escocia para continuar con sus estudios en los artes de la magia.

Hogwarts era considerada por muchos la mejor escuela de magia, ya sea por su historia milenaria, o por la gran cantidad de ilustres magos y brujas que cruzaron por sus puertas, siendo los propios fundadores iconos en la cultura mágica.

El ruido en la estación era casi sofocante, las familias no tan apegadas a las viejas costumbres, se despedían de sus hijos demostrando en frente de todos lo orgullosos que se sentían por ellos, sin embargo, los hijos de las familias más apegadas a las costumbres con las que su sociedad se ha guiado durante siglos, se tenían que conformar con ligeras amenazas disfrazadas de palabras de aliento.

Sin que nadie se percatara, una niña de cabellos negros y lentes de armazón delgado empujaba su carrito atiborrado de baúles entre las personas, su sonrisa no podía ser más grande, estaba ansiosa por conocer a los que serían sus compañeros por siete años, pues nunca había podido conocer a muchos niños de su edad. Estaba siendo acompañada por la mujer que consideraba su madre, hoy por primera vez desde que se habían encontrado una a la otra, se separarían, y era difícil decir quien estaba más nerviosa.

Harriet se detuvo frente a la puerta para abordar, y vio a su madre sonriéndole con los ojos llorosos. - ¿Segura que no quieres esperar otro año? - pregunto Lyra medio en broma, medio enserio. - Incluso podríamos contratar tutores si no quieres que yo te siga enseñando.

La pequeña sonrío y se lanzó a los brazos de la mujer, ella también la extrañaría, pero sabia que había cosas que no podían enseñarse con un tutor.

- Sabes que te amo, pero esto es lo mejor. - le contesto Harriet, dandole un beso en la mejilla.

La mujer sonrío, y se separo de su hija para poder verla. - Recuerda, divierte, no te desveles muy seguido, y sobre todo, recuerda que te amo, y si quieres que valla por ti solo manda una carta.

Ambas se volvieron a abrazar, escuchando el silbato que anticipaba la salida del tren, y antes de que pudiera arrepentirse, la pequeña se separo de su madre y subio al tren arrastrando sus cosas.

Con una sonrisa Lyra se despidió de su pequeña sabiendo que estaba creciendo, un sentimiento agridulce para la mujer.

Después de acomodar la mayoría de sus cosas, solo cargando consigo un baúl mucho más pequeño de lo convencional, Harriet encontró casi enseguida una cabina desocupada, ella hubiera querido que unos cuantos primeros años estuvieran para poder conocerlos, pero durante su pequeño recorrido solo había visto niños mayores a ella, por lo que solo le quedo esperar y ver si alguien quería sentarse con ella.

Cuando el tren comenzó a avanzar, abrió su pequeño baúl viendo que no hubiera olvidado nada, dentro habían todo tipo de dulces, y varios cartones de leche de chocolate, lo suficiente como para que le durara hasta las vacaciones de invierno, y todo se conservaría en perfecto estado gracias al hechizo de estasis que tenía el baúl. Tomo un vaso rosa que guardaba celosamente dentro, y se sirvió leche en el, con algo de suerte, le ayudaría a relajarse.

Antes de siquiera darle un sorbo a su bebida, un toque en la puerta de la cabina llamo su atención, sin saber que hacer, solo pudo responder vacilante. - Adelante.

Un par de niños pelirrojos se asomaron por la puerta, dos que claramente eran gemelos parecían mayores que ella, y no era difícil decir que los tres eran hermanos.

- Disculpe usted, señorita. - dijo uno de los mayores.

- ... Pero tenemos la tarea de guiar a nuestro hermanito. - Completo el otro.

- Le pedimos amablemente, si puede sentarse con usted. - Ambos corearon, haciendo una reverencia fluida.

La risa de Harriet inundó la cabina, asintiendo torpemente, al no poder contestar con palabras.

- Gracias. - Dijo el menor, sin saber qué le causaba tanta gracia, pero supuso que la coreografía de los gemelos debía ser la razón.

- Ya cumplimos nuestra parte del trato. - Dijo el gemelo de la izquierda.

- Ahora, no te metas en problemas, antes de llegar al castillo. - El otro gemelo amenazo, aunque se sentía extraño al hacerlo dada su propia inclinación a las travesuras.

- Vamos a ir a ver a la araña de Katie.

Y ambos se fueron dejándolos solos.

- Así que... - El pequeño pelirrojo vio a la niña sentada frente a el, sintiendo como su mirada se clavaba en la suya. - Me llamó Ron, ¿Cual es el tuyo?

- Harriet Potter. - dijo Harriet para después beber de su vaso, sus nervios parecían no querer detenerse.

- ¿Potter? - Los ojos del niño casi parecieron iluminarse, con la admisión del apellido, pues como la mayoría, creció escuchando de las historias de la casi mítica "niña que vivió". - ¿Tienes la?. - El pelirrojo señaló a su propia frente, y casi enseguida la niña lo imito para mover un poco su fleco para que se pudiera ver su famosa cicatriz.

Cuando el silencio reino durante unos minutos, sin saber cómo romperlo, Harriet abrió su baúl para poder tomar un par de barras de chocolate y le ofreció una a Ron. - ¿Quieres?

Los ojos de Ron que no habían dejado de observar la cicatriz, viajaron a la barra, y una gran sonrisa partió su rostro.

- Gracias, me encanta el chocolate, aunque prefiero las ranas.

- Me faltan pocas cartas para poder completar la colección. - dijo con orgullo la niña.

- ¿En serio? Yo igual, solo que últimamente solo me ha salido Dumbledore.

- No puede ser. - se lamentó la niña mientras le quitaba el empaque a su barra, para darle un gran mordisco. - Yo he estado buscándolo durante años, y nunca me ha salido.

Ron también comenzó a comer el chocolate. - Yo quiero a Circe, pero aún me falta Salazar Slytherin, pero estoy seguro que puedo vivir sin el.

- ¿Por que? Es de los más buscados.

El rostro de Ron pareció palidecer con la pregunta. - Bromeas, ¿No?

- No, estoy segura que es de las más buscadas.

- Sobre eso no, es Slytherin. - dijo el nombre como si el nombre fuera imperdonable.

- ¿Que tiene eso que ver? - La niña dejaba ver lo perdida que se encontraba.

- Todos saben que la fosa de serpientes, es el hogar de los magos oscuros.

La seriedad en los ojos del pelirrojo le impidió reírse de la declaración. - Ron, ¿Sabes cuantos magos han sido clasificados en Slytherin?

El niño pareció pensar la pregunta, pero aun así su entrecejo seguía fruncido, y termino por negar.

- Cientos, ahora imagina que todos ellos sean magos oscuros, te imaginas tantos caminado por ahí. - Harriet le dio un sorbo a su bebida, antes de continuar con la platica. - Sería imposible controlarlos a todos.

El pelirrojo le pareció extrañamente familiar ese tipo de conversación, como cuando su hermano mayor Bill trataba de explicarle su trabajo, aunque a diferencia de esas veces no se sentía que lo estaban tratando como estúpido.

- Ya veo, tu crees que serás clasificada en Slytherin, supongo. - Termino por decir, un poco cabizbajo.

- No lo creo, pero me han dicho que el verde resalta mis ojos. - la pequeña batió sus pestañas para remarcar su pequeña broma, tratando de aligerar el ambiente.

Afortunadamente para ella funcionó, haciendo reír a Ron.

- La verdad espero que donde sea que nos clasifiquen podamos seguir siendo amigos.

Las mejillas pecosas de Ron se colorearon de carmín con la declaración y solo pudo asentir incomodo.

Cuando la señora de la confitería llego con su carrito al compartimento, encontró a ambos jugando cartas. Y Harriet celebrando su primer amistad con otro niño, compró varios paquetes de ranas de chocolate para compartir entre ambos.

A mitad del viaje decidieron ir a cambiarse para ponerse las túnicas, y cuando ambos comenzaron a jugar nuevamente, una niña con cabello tupido llego abriendo la puerta casi de golpe. Viendo a ambos jugando con una rana café que saltaba de un lado a otro por entre los asientos, pero sorprendida viendo como en los asientos había varias envolturas de chocolates.

- Disculpen, ¿han visto a un sapo? - dijo después de procesar todo el dulce que debieron haber comido para tener tantos empaques regados.

- ¿Sapo? - Dijo Harriet viendo a Ron, esperando que el lo haya visto, pero el solo se encogió de hombros. - Lo siento si lo vemos te busco.

- Gracias.

La niña se fue tan rápido como llego, dejando a ambos preguntándose quien era ella, más por se extraña actitud, pero después de que la rana de chocolate golpeo a Ron en la frente dejando una gran mancha comenzaron a reír al punto en que sus rostros estaban rojos.

Poco antes de llegar, la puerta se volvió a abrir, mostrando a un niño de tez blanca con el cabello rubio casi platinado, alzando la mirada haciéndolo ver un poco mayor a lo que era. - Escuche que en esta cabina estaba Harriet Potter, ¿Eres tu?

La nombrada sonrío, y asintió. - ¿Tu eres?

- Malfoy, Draco Malfoy. - Dijo haciendo una pequeña reverencia ante la niña.

Ron casi se reía ante su nombre, pero viendo la sonrisa de Harriet, temió que ella fuera igual que los Malfoy. La azabache estiro su mano como se le había enseñado para que Draco pudiera terminar su presentación, dejando que sus labios tocaran entre los nudillos de su mano.

- Mucho gusto. - termino por decir cuando nuevamente estuvo erguido. - Me quería presentar antes de llegar al castillo, ya que me gustaría mostrarle qué hay mejores compañías que otras. - Dijo viendo de reojo a Ron.

- Ohh... El gusto es mío, y agradezco su atención. - Contestó, ganándose una mirada dolida de Ron, y una gran sonrisa de Draco. - Estoy segura que tiene razón, por lo que le invito a tomar asiento con nosotros, por supuesto sus amigos también están invitados, mientras más mejor. - termino con una hermosa sonrisa que les fue imposible a todos negarse ante su invitación.

Los tres invitados tomaron asiento, y Draco se encontró sin saber que hacer, ese no era el plan que tenía en mente, quería acercarse a la famosa niña que vivió, pero sentarse en la misma cabina que un Weasley, era casi un sacrilegio para su familia y no quería pensar en la reacción de su padre si se lograba enterar, y ni siquiera sabia por qué aceptó la invitación.

- ¿Quieres? - fue sacado de sus divagaciones cuando una caja de bombones suizos estuvo abierta ante el, recordando que eran los favoritos de su madre tomo uno, viendo que todos se encontraban comiendo junto con el.

- ¿Vieron la Copa Mundial de quidditch? - pregunto Harriet cuando el silencio le comenzaba a desconcertar, mientras se acomodaba sus lentes.

Y como si fuera la compuerta de una presa, los niños se envolvieron en una acalorada conversación.

- Los húngaros fueron una bestia toda la temporada, pero no tenían nada en contra de Francia. - Declaró Ron, había estado siguiendo los partidos durante la temporada, siendo su sueño algún día jugar profesionalmente.

- Bromeas ¿No? - Cradde dijo casi con burla, pero con una gran sonrisa. - La alineación de Bulgaria era perfecta para ganar, pero su buscador había sido él repuesto, no tenía tanta práctica como el titular.

- Aun así. - se sumo a la platica Draco, y aunque no se sentía cómodo estando de acuerdo con el pelirrojo, admitió que tenía razón. - Francia no gano solo por la snitch, ya tenían una ventaja casi aplastante, la captura solo fue otro clavo a Bulgaria.

A partir de ese momento, la platica giro entorno a otras copas mundiales y de equipos nacionales, ganándose uno que otro regaño de los prefectos que les pedían guardar la compostura en el tren.

Cuando llegaron a su destino, una voz les indico que podían bajar pero que recordaran dejar sus cosas, e incluso antes de poder bajar del tren, otra voz llamaba desde fuera.

- Primeros años conmigo. - Un gran hombre agitaba una campana como si su voz y el mismo no fueran suficientes para llamar la atención. - Primeros años, por aquí.

El grupo de primerizos caminaron hacia Hagrid llamando su atención, que sonrío ante ellos.

- ¿Ya son todos? - pregunto cuando el grupo de niños estuvo frente a el, pero nadie sabia la respuesta a su pregunta. - Síganme.

Todos caminaron detrás del hombre hasta que llegaron a las orillas de un lago, donde había unos cuantas lanchas para cruzarlos del otro lado. - Cuatro por bote.

Los cinco se voltearon a ver, y se terminaron por encoger de hombros, subiendo tres en un bote en el que una niña ya estaba arriba de el, y Ron y Harriet se sentaron junto a la niña que les había preguntado por un sapo, y otro niño que parecía trataba de no llamar la atención.

- Sujentense fuerte, y cuidado con el calamar. - Dijo Hagrid con diversión en su voz, siempre era un placer ser el primero en ver las reacciones de los pequeños ante el castillo.

Algunos niños veían temerosos el lago, esperando no ver un tentáculo entre la oscuridad. Pero todos jadearon sorprendidos cuando las luces del castillo se vieron en los cielos estrellados.

- Si. - dijo el mitad gigante con una gran sonrisa. - Siempre vale la pena ver esas reacciones.

Cuando llegaron a la orilla, Hagrid ayudo a los niños a bajar de los botes, viendo de reojo a un sapo diferente a los que había en el lago, lo recogió antes de que se fuera. - ¿alguien extravío un sapo?

- ¡Trevor! - uno de los niños grito, a su lado, y vio sus ojos brillar ante el animal.

- Veme mañana para darte una pecera que no se ocupa para que no se te escape de nuevo, cuídalo hasta entonces.

Neville asintió con entusiasmo.

Una mujer se acerco al grupo, examinado silenciosamente a todos. Su semblante severo se suavizó un poco una vez vio como los niños parecían tener una extraña mezcla entre entusiasmo y miedo.

- Aquí están profesora McGonagall, sanos y salvos. - dijo el medio gigante llamando la atención de la mujer.

- Gracias Hagrid, me encargaré desde aquí. - la alta mujer vio nuevamente a los nuevos estudiantes. - Síganme.

Y sin otra palabra, la mujer comenzó a caminar, trayendo detrás de ella a los niños que la seguían como patitos a su madre.

- Antes de darles la bienvenida a la escuela, van a ser examinados, para poder determinar su casa. - Minerva dijo mientras los guiaba por el castillo, perdiéndose los rostros de desconcierto en la mayoría de los niños, que fueron provocados por sus palabras. - Sus casas, serán como sus familias mientras asistan a Hogwarts, con ellos vivirán por siete años, sus actos serán recompensados o castigados, y al final del año, sus casas podrán ganar la prestigiosa copa de casas.

De pronto se detuvo, por fin volteando su mirada a los niños. - Será mejor aprovechen su tiempo para verse presentables, les llamaré cuando sea hora.

Y dejándolos solos, la nueva generación de magos y brujas, volteaban a verse los unos a los otros, preguntándose a que clase de prueba serán examinados, los hijos de familias mágicas, y una niña que había leído de antemano sus libros, veían a sus manos tratando de recordar los hechizos que habían tratado de entender.

Y antes de que pudieran discutir el conocimiento que tenían, la puerta por donde se había ido la profesora McGonagall, se abrió ante ellos, dejándoles ver el gran salon, miles de velas se alzaban en el techo, era, a falta de una mejor palabra, mágico. La mujer se acerco a ellos.

- Cuando escuchen su nombre, se sentaran y el sombrero seleccionador decidirá su casa.

El suspiro de alivio fue audible para los que estaban cerca de la puerta. Sin la presión de una prueba inexistente, los primeros años se permitieron ver a su alrededor.

- Leí en "Hogwarts: una historia" que el techo está encantado para hacerlo ver así. - Dijo la niña castaña con el cabello tupido al mas cercano a ella, que era Harriet, quien le sonrío en respuesta, aunque ella misma lo había leído.

- Me pregunto que tipos de runas o hechizos fueron los que se ocuparon. - dijo como respuesta, aunque su atención estaba en la selección que había comenzado, perdiéndose la mirada de desconcierto de la niña a su lado.

- Granger, Hermione.

La niña salió de su estupor, al escuchar su nombre, y casi tropezó al caminar hacia el banquillo, no había pensado que alguien mas se hubiera preguntado lo mismo que ella, pero aquella niña lo había hecho, y no sabia que hacer con ese conocimiento.

Y antes de darse cuanta, tenia el sombrero seleccionador sobre su cabeza.

"Esto es interesante... una voluntad fuerte, una insaciable sed de conocimiento, pero sobre todo el coraje necesario para hacer lo que crees correcto, serias perfecta en Gryffindor, pero... tu destino está en...

- ¡Ravenclaw!

Cuando el sombrero seleccionador fue quitado de su cabeza, los aplausos llenaron el salón, ella sonrío con cierta pena y mientras caminaba, vio como su túnica tomaba el color de su nueva casa, y se sentó en la mesa donde estaban el resto de garras.

Mientras seguía la selección vio como Neville a quien había conocido en el tren, era seleccionado a Gryffindor, y se unía a ella una de las gemelas que había visto, antes de llegar a la niña en la que tenía prácticamente toda su atención.

- Potter, Harriet.

Los murmullos llenaron todo el salón, mientras mas de la mitad de los profesores se levantaron mas en sus asientos viendo a la niña caminar hasta el taburete y el sombrero se colocaba sobre su cabeza.

"Ya veo... una prodigiosa mente, una astucia digna de admirar, y una valentía sin precedentes, serias una perfecta admisión a Slytherin"

"¿Podrías reconsiderarlo?"

"¿Por que si puedo preguntar?"

"Mi madre me advirtió que seria complicada mi estadía en Slytherin"

"¿Quieres seguir los pasos de tu madre?"

"No se si nos referimos a la misma persona... ya sabes... "

"Soy consciente de la mujer que llamas madre, no me subestimes, que no quiera ver mas de lo que quieres que vea no significa que no sea consciente de ello."

"Perdón"

"Descuida, pero me pregunto hasta donde podrás llegar en..."

- ¡Ravenclaw!

La mesa de las garras estallaron en aplausos antes de que siquiera el sombrero pudiera dejar su cabeza, llamando la atención del jefe de casa, sus pequeñas garras solían ser mas reservados, pero debía admitir que hasta el estaba feliz del resultado.

La profesora McGonagall vio con cierta tristeza a la niña que caminaba hacia la mesa de Ravenclaw, dentro suyo esperaba tener entre sus cachorros a la hija de los que fueron sus mejores leones, pero sonrío aun así.

El director de la escuela veía con más interés del debido a la pequeña, según lo que había escuchado de Hagrid la niña había preguntado durante su visita al callejón Diagon, la casa a la que pertenecieron sus padres, y esperaba que ella fuera clasificada en ella, pero creía que el pequeño percance no afectaba a sus planes para ella, sin saber lo equivocado que estaba.

La selección continúo, dejando a cada uno de los primerizos en las casas en las que sus aptitudes, les ayudarían a crecer.

El director se levanto de su trono, llamando la atención de los estudiantes de Hogwarts. - Me gustaría darles la bienvenida de vuelta a todos los que ya han recorrido estos pasillos llenos de enseñanza, en especial a los séptimos años que será la ultima vez que lo haga, y darles la bienvenida por primera vez a los primeros años, que su estadía aquí los guíe por su camino, y por ahora me gustaría decirles unas palabras antes de comenzar el banquete de bienvenida, copus y nasus, gracias.

Las sonrisas de los jóvenes le hicieron esbozar una propia mientras que con un gesto llamo a los elfos domésticos de la escuela, y la comida fue servida.

Harriet era consciente que estaba siendo observada por una gran variedad de personas, pero se sirvió en su plato tratando de ignorar a la gran mayoría, pues estaba casi segura que no podría llegar a hacerlo a la niña que estaba sentada a su lado.

- Creo que no tuvimos la oportunidad de presentarnos. - dijo Harriet dejando de lado su comida, haciendo que la niña de cabello tupido la viera un poco sorprendida. - Me llamó Harriet.

Ambas miradas se encontraron, y Hermione esbozó una pequeña sonrisa. - Mucho gusto, yo me llamo Hermione Granger.

La comida vino y se fue antes de darse cuenta, los murmullos llenaban el salón, diciendo que había concluido el banquete.

- Ahora que por fin estamos alimentados, me gustaría hacer un par de anuncios, antes de que nos retiremos a descansar. - dijo el director llamando la atención. - Para nuestros primeros años, el bosque prohibido, lleva ese nombre por una buena razón, aunque también seria un excelente recordatorio a nuestros cursos mayores, nuestro querido cuidador Flinch ha actualizado la lista de artículos prohibidos y estará disponible en la puerta de su oficina, las pruebas para los equipos de quiddich serán llevadas en la segunda semana del mes, y por último el pasillo del tercer piso se encuentra prohibido bajo cualquier circunstancia, a menos que quieran una muerte horrenda, buenas noches.

Los murmullos no se hicieron esperar, pero antes de que cualquier conversación pudiera tomar mayor fuerza, los prefectos de las cuatro casas llamaron la atención de los primeros años, para guiarlos a las salas comunes.

Siendo guiados a la torre Ravenclow, los prefectos vigilaron a los niños para que no se extraviaran, al subir por unas escaleras de caracol, llegaron a una puerta custodiada por una águila de bronce.

- Recuerden, para poder entrar a la sala común, no hay una contraseña fija, deben contestar la pregunta que nuestro guardián les dará. - Dijo el prefecto acercándose mas a la puerta.

La águila fijo su vista en el joven, y su pico se abrió dejando salir una voz grave ante los niños. - ¿Que fue primero la la llama o el fénix?

- El círculo no tiene principio ni final.

La puerta se abrió con un tenue crujir, dejándoles ver una sala semicircular, de techo ovalado y lleno de estrellas, como si sobre de ellos estuviera el firmamento, mesas y sillones llenaban la sala, y los colores de la casa la adornaban.

- Sean bienvenidos a la casa de la sabiduría y el conocimiento. - Dijo el jefe de la casa llamando la atención de los niños que veían con genuino interés al pequeño hombre. - me presentó, soy su jefe de casa, Filius Flitwick, cualquier duda no duden en preguntar, ya sea a mí, a cualquiera de los prefectos o miembros de la casa, no es vergüenza preguntar lo que no sabemos, lo que nos avergüenza es permanecer ignorantes, está su casa se enorgullece de todos sus hijos, y como tal lo único con lo que podemos agradecerle es dar nuestro mayor esfuerzo para enorgullecerla de vuelta, se motiva a buscar el conocimiento, y como tal, hay diferentes grupos de apoyo para las asignaturas que se le puedan complicar, y por último todos los libros pertenecientes a la sala común, se quedan en la sala común, ya que cada uno de ellos, han sido regalos de personas como ustedes, que quisieron dejar parte de su conocimiento aquí donde aprendieron tanto.

Los niños vieron a su alrededor, los libros prácticamente cubrían toda la sala, algunos pequeños y nuevos, otros imponentes y viejos, pero cada uno de ellos con algo que contar.

- Buenas noches y bienvenidos. - Terminó Flitwick, haciendo una pequeña reverencia ante ellos, para después irse.

- Síganme a sus habitaciones. - Dijo la prefecta, llamando la atención de los niños nuevamente. - Compartirán con otra persona la habitación, así que procuren llevarse bien con sus compañeros.

Los primerizos la siguieron hasta una estatua de mármol blanco, de la fundadora de la casa, Rowena Ravenclaw, está se movió para dejarlos pasar, dejando ver una habitación con puertas y dos escaleras a los costados que llevaban a diferentes pisos. - Niños a la derecha y niñas a la izquierda, niños no se permiten en las habitaciones de las niñas, ni niñas en la de los niños, y créanme no quieren averiguar el castigo por desafiar esta regla, cual sea que sea su habitación, sus cosas ya estarán acomodadas.

- ¿Como es eso posible? - Preguntó uno de los niños, siendo nacido de muggles, aún le costaba asimilar la situación.

- Fácil mi pequeño aprendiz. - el prefecto sonrío. - Magia.

Todos rápidamente se dividieron en las habitaciones, y aunque fue un acuerdo tácito, Hermione y Harriet escogieron la misma habitación, la ultima antes de llegar a la parte de los niños.

Y tal como les dijeron, sus libros estaban acomodados en sus estantes privados, junto a los escritorios de madera que estaban junto a la puerta, y no les hizo falta saber que era real que se tomaban el conocimiento muy enserio. Sus baúles con ropa descansaban a los pies de las camas, y al costado de la habitación, estaba la puerta que los llevaba al baño.

- Supongo que somos compañeras. - dijo Hermione, viendo con genuino interés el librero de su ahora compañera de cuarto, pues aunque podía ver los libros obligatorios para la escuela, ciertamente no eran los únicos, y estuvo tentada a acercase a ellos sin permiso.

- Si lo somos, estoy segura que no vamos a divertir. - Contestó Harriet con una gran sonrisa.