Muchas gracias a todos los que han leído este triste intento de historia.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo III. Primer Día Pt. I.
La luz del amanecer se filtró por las ventanas de la torre Ravenclaw, declarando un nuevo día, los primeros años que habían tenido la fortuna de dormir por los nervios que sentían se despertaron ansiosos por la perspectiva de su primer día en Hogwarts, desafortunadamente esto no fue igual para todos.
· Recuérdame por que no puedo quedarme a dormir. – dijo la voz áspera de Harriet que apenas y podía mantener sus ojos abiertos.
Hermione no estaba en mejores condiciones que su compañera de cuarto, con pesadas bolsas negras adornando sus ojos miro a la azabache, mientras sofocaba un bostezo con la palma de su mano.
· Por que, en primera fue tu idea salir a la sala común a ver los libros. – comenzó a enumerar con sus dedos, viendo cómo su compañera de cuarto resoplaba mientras luchaba para ponerse sus calcetas. – Segunda, es el primer día, debemos ir a clase.
-Oye, tu fuiste la que trajiste una docena de libros al cuarto. – Acusó interrumpiéndola a propósito, causando un sonrojo en la niña. – Y es el primer día, nos vamos a presentar y escuchar las reglas de clase.
· Esa es la tercera razón, debemos saber cuales son las reglas de clase. – dijo aunque su argumento perdió peso al bostezar nuevamente. – Apenas acaben las clases y cumplamos con nuestras tareas podemos dormir.
Un resoplido nada femenino escapo de los labios de Harriet, se coloco su corbata en el cuello de su camisa, pero no la anudo sabiendo que sería inútil intentarlo cuando apenas y podía mantenerse en pie, y que decir de intentar el hechizo que lo hacía por ella, no amaneció con el animo de ser ahorcada por un hechizo fallido.
Camino hacia la puerta, tomando su bolsa para clases y su baúl con sus dotaciones de dulces, pero antes de poder salir, Hermione se paró frente a ella, causando que alzara una ceja.
Estaba por preguntar que le sucedía, cuando sintió sus manos tomar su corbata y comenzar a hacer el nudo con gran maestría.
· Lista. – Con un ultimo golpecito, y con una tierna sonrisa la castaña se alejó de ella, dejando intrigada a Harriet, que veía entre su pecho y a la niña que caminaba recogiendo sus cosas.
· ¿Por qué hiciste eso? – preguntó cuando ya iban a medio camino hacia al gran salón, y el silencio era casi insoportable.
· ¿Qué? – Contestó con verdadera intriga.
· Mi corbata.
· Por que la tenías desatada. – Dijo, como si fuera algo obvio, y la pregunta que le habían obligado a contestar fuera estúpida.
Harriet sintiéndose verdaderamente idiota, prefirió dejar el tema, y siguió caminando, tratando de pensar en que momento se había perdido, solo para terminar culpando a su falta de sueño.
Cuando llegaron al gran comedor, apenas había unos cuantos alumnos en las mesas desayunando.
Y cuando se habían sentado, su jefe de casa se acerco a ellas.
· Buenos días señoritas. – Dijo jovial el pequeño hombre. – Espero que hayan tenido una buena primera noche.
· Buenos días, Profesor Flitwick. – Termino por contestar Hermione. – Fue una noche muy productiva.
· Ohh… - El profesor de hechizos cayo en cuanta de la apariencia de ambas niñas y asintió casi solemnemente. – Ya veo, me permito darles un concejo, durante mis años de vida, he descubierto que si no duermes lo suficiente cuesta mucho más aprender y comprender lo que estudiamos, y aunque admito que la noche aquí en Hogwarts es perfecta para leer y aprender, nunca está demás un buen sueño, procuren tomarse su tiempo para descansar, y es más, una siesta siempre debe ser bien recibida.
· Gracias maestro. – Dijo Harriet luchado por no caer dormida sobre el plato que tenía enfrente.
Tanto Hermione como maestro Flitwick, se divirtieron por la expresión de la azabache. – Aquí tienen sus horarios, en su primer hora tiene a la profesora McGonagall, es estricta procuren no dormirse en su clase. – Les advirtió con una sonrisa, les entrego un par de pergaminos que eran sus horarios y estuvo apunto de irse, cuando se volvió para verlas. – Y señoritas, les recomiendo probar el café del otro extremo de la mesa, suele ser mas… vigorizante.
Ambas niñas se voltearon a ver, sin poder ver la gran sonrisa que tenia su jefe de casa cuando se iba, ambas tomaron una taza de la mesa y caminaron hacia donde había dicho el profesor, y aunque había varias teteras, rápidamente descubrieron una que resaltaba del resto pues era mas alta y delgada que las otras, siendo en realidad una cafetera italiana, Hermione le dio su taza a Harriet para poder tomar la cafetera y servir a ambas tazas, oliendo el embriagante aroma casi jadearon, mientras caminaban a "sus" lugares ambas aprovechaban para acercar sus narices a la taza aunque fuera mal visto, comenzando a sentirse revitalizadas solo con el olor.
Mientras desayunaban ambas fueron tomando de sus tazas, sintiendo casi de inmediato la cafeína comenzando a hacer efecto en sus cuerpos.
· No creo que sea buena idea acostumbrarnos a esto. – Dijo Hermione terminando con su taza y dejándola en la mesa.
· ¿Por qué? Es delicioso. – Harriet ya pensaba en ir a servirse otra taza, solo siendo desanimada por el grupo de séptimos años que ya habían ocupado sus lugares.
· ¿No escuchaste al profesor? – dijo como si la acusada de haber dicho el peor tipo maldición. – Dijo que nada cambia un buen sueño, puede que solo nos haya perdonado el haber estado en la sala común por que es el primer día.
· No creo que eso este prohibido, creo que solo el salir de la sala común después del toque de queda. – termino por decir encogiéndose de hombros.
· El chiste que debemos dormir, no podemos depender del café.
· Esta bien, solo en emergencias. – negocio con una sonrisa que termino haciendo que la que comenzaba a ver como su amiga sonriera.
Apenas verificaron que tuvieran todo para su primer clase, ambas acordaron ir al salón cuánto antes, para evitar perderse en el gran castillo y sobretodo llegar tarde, esto último mas por consideración de Hermione que por otra cosa.
· Así que… - Comenzó Harriet viendo la puerta de madera cerrada frente a ella, solo se habían perdido en un pasillo pero no les tomo mas de cinco minutos volver a su camino, por lo que tenían bastante tiempo de sobra antes de que empezara la clase de Transfiguración que compartían con los Gryffindor. - ¿Cómo fue que descubriste ser una bruja?
Los ojos de Hermione viajaron del libro que utilizarían en clase a la niña a su lado. – Bueno, cuando era niña fue muy impáctate ver a un libro viajar del librero a mis manos, recuerdo que estuve a punto de tirarlo a la basura por eso, y eso que era mi libro favorito de toda la vida.
Ambas estuvieron tan absortas en su platica que no vieron a un gato atigrado viéndolas desde la puerta del salón, y solo se percataron que habían abierto la aula cuando algunos de sus compañeros de casa entraron para esperar a la maestra.
Cuando entraron, Hermione casi de inmediato camino el frente del salon, casi ignorando a Harriet, y esta termino encogiéndose de hombros nuevamente, empezando a entender que era difícil ir en contra de ella, camino atrás de Hermione como un cachorro tras su amo, las mesas eran de cuatro alumnos y justo cuando sonó una campana anunciando el comienzo de las clases, dos niños se sentaron a los extremos de la mesa.
· Lo logre. – Jadeo Ron a su lado, antes de recostarse sobre la mesa. – Lo bueno es que parece que la maestra se ha retrasado, con algo de suerte perderemos la clase si es que se le olvido.
A Harriet le costó mucho no reírse a viva voz cuando escucho el jadeo de horror de la niña a su lado por las ocurrencias del pelirrojo, y agradeció haber guardado la compostura cuando entre las mesas vio a un gato caminar como si fuera dueño del salón hasta que dio un gran salto, terminando sentado sobre el escritorio frente a ellos, el felino examino a los alumnos uno por uno, y mas de uno se sintió incomodo ante la mirada, más cuando de un momento a otro, el gato se convirtió en una mujer de mirada severa que veía directamente a Ron.
· Le recomendaría señor Weasley, que a la próxima llegue antes de la campana o me veré en la necesidad de tomar puntos de casa. – Ron se encogió un poco en su asiento cuando a mayoría de sus compañeros de casa lo voltearon a ver. – Me gustaría tomar esta oportunidad para darles nuevamente la bienvenida a Hogwarts, y aunque no todos pertenecen a mi casa, quiero que se sientan en la libertad de acudir a mi en caso de que tengan problemas en la escuela.
Más de un Ravenclaw asintió ante las palabras de la maestra.
· Ahora, antes de comenzar con la clase, solo quiero recordarles a todos un par de reglas que se deben seguir tanto dentro de las aulas, como en el resto de la escuela. – La profesora McGonagall tomo su varita en sus manos. – Todos tienen en su poder un artefacto que en las manos correctas pueden hacer maravillas, cosas tan hermosas como etéreas, todo dependerá de ustedes hasta donde son capaces de llegar. – Con apenas un movimiento sobre su escritorio, la fuerte madera se vio convertida en un millar de mariposas que volaron entre los alumnos, quienes veían maravillados al techo mientras las mariposas volaban entre ellos, con otro movimiento todas volaron de regreso hacia ella, para tomar nuevamente la forma de escritorio. – Y así como se es capaz de hacer maravillas, también se es capaz de dañar a uno mismo como a otros, se confía un artefacto a ustedes, con la esperanza que sepan diferenciar las circunstancias para usarlo, se les pide ser conscientes de lo que tienen en sus manos no es un juguete, ahora por favor todos saquen sus varitas, comenzaremos con un ejercicio simple para que comiencen a canalizar su magia.
Todos tomaron sus varitas, siendo que la mayoría las guardaban en sus estuches en las que fueron vendidas. Aunque dos de los niños veían con cierto recelo a sus propias varitas.
· Muy bien. – dijo cuando los niños tomaron sus varitas con el respeto que se les merecía, era claro que la mayoría lo habían hecho antes por lo menos para poder acomodarse junto con ellas, pero cuando volteo la mirada a una de las mesas de enfrente vio una varita que resaltaba cual diamante, de color hueso con una empuñadura negra, durante su larga trayectoria educando nunca había visto algo parecido y ni siquiera cuando había sido auror había visto una varita igual. – Señorita Potter. – llamo la atención de la niña que la sostenía. - ¿Podría decirme donde fue que le compraron su varita? – su mente ya planeaba sus palabras con Hagrid, ella sabia que había sido una mala idea dejar que el se encargara de llevar a Harriet al callejón Diagon, pero el director había sido bastante insistente en ello.
La niña volteo a verla, y su mirada verde se mostraba genuinamente sorprendida ante la pregunta. – No sabía que debía ser comprada, lo siento maestra, la carta solo decía que debía traer una varita.
Aquella afirmación solo causo mas dudas en la profesora.
"¿Se la habrán regalado?, si es así ¿Quién lo hizo? Y en nombre de Merlin ¿¡Porque Hagrid no los detuvo!?"
Y de pronto se dio cuenta que había permanecido en silencio durante unos minutos, y sus alumnos la veían preocupados, por lo que terminó aclarándose la garganta. – Por supuesto que no hay problema, solo es… inusual.
Debía acomodar sus prioridades, no podía sobreponer a una alumna sobre todos los demás, mucho menos durante una clase.
· Como podrán ver, en sus escritorios hay una cerilla, ahora quiero que cada uno tome su varita, y visualicen en su mente la cerilla, de que esta hecha, su forma, su textura, todo lo que puedan imaginar. – Algunos cerraron sus ojos para hacer el ejercicio, y todos parecían seguir sus ordenes. – Ahora vean cómo la cerilla toma la forma de una aguja, y toquen la cerilla con la punta de su varita.
Los jadeos fueron audibles, cuando mas de uno había logrado que la cerilla tomara la forma deseada, ella sonrío cuando todos veían sus varitas con asombro como si no creyeran que lo hubian logrado.
· Todos muy buen trabajo. – dijo cuando un par parecían desanimados ante sus esfuerzos. – El arte de la transfiguración es mostrar la voluntad para que su entorno tome la forma deseada, y la intención de hacerlo realidad, quiero que sepan que no es sencillo y aquellos que no lo lograron en su primer intento por favor no se desanimen, quiero que sientan su magia en su interior, deben sentirla para que pueda viajar por sus varitas para poder lograrlo, ahora sigan intentándolo.
Cuando camino por entre las mesas viendo a sus alumnos intentar con empeño, y la calma que reinaba en el salón se vio rota por un grito.
· ¡Maldita varita inservible!
Estaba por amonestar al alumno cuando alguien le gano.
· ¡Lenguaje! Estamos en un salón de clases debes tener respeto a la aula. – Dijo Hermione, casi saltando sobre Harriet para llegar al pelirrojo.
McGonagall vio desde atrás la interacción de sus alumnos, ya tendría tiempo de castigar la falta de respeto, por el momento quería saber si estaba lidiando con el famoso temperamento Weasley.
· ¡Ya lo se!, solo que esta varita heredada ya no funciona. – se quejó el pelirrojo, y estuvo a punto de azotar la varita contra la mesa.
· Ya intentaste pensar que es tu varita.
Y nuevamente todo el salon cayo en silencio, solo para que las risas comenzarán a retumbar entre las paredes del salón, mas de uno se preguntó si la famosa niña que vivió era estúpida, "Todos saben que no puedes ocupar una varita que no es tuya"
Sin embargo la profesora vio como la pequeña lejos de parecer molesta por las burlas, simplemente se concentró en el niño a su lado, que la veía como si de pronto le hubiera crecido una segunda cabeza.
· Permíteme. – Harriet extendió su mano, y casi de inmediato la varita en cuestión estuvo en su poder, la niña cerro los ojos durante un segundo.
Todos veían expectantes, mas buscando una nueva oportunidad de burlarse que esperando lo lograra, y cuando la punta de la varita toco la cerilla frente a Ron, los jadeos fueron audibles, la simple pieza de madera cambio de color y tomo la silueta que debía tomar.
· Te tomara un poco mas de esfuerzo, pero estoy segura que podrás lograrlo, y cuando consigas una propia será más fácil para ti. – devolviendo la varita, Harriet le sonrío a su amigo como si su hazaña fuera lo mas normal del mundo.
Ron vio su varita y de pronto cerro sus ojos, repitiendo en voz baja la misma oración "Eres mi varita"
Y cuando toco su cerilla termino por tomar la forma de aguja.
· ¡Lo hice! ¿¡Viste!? ¡Lo hice!
Nadie quiso aclarar que el mitad de esfuerzo estaba hecho, viendo lo feliz que parecía.
Al otro lado de la mesa, Neville vio la varita de su padre… "¡No! Mi varita" y haciendo el ejercicio, vio con asombro como su propia cerilla comenzaba a transformarse.
Sonrío como jamás lo había hecho y agradeció en silencio a Harriet, no lo había ayudado directamente, pero eso no quitaba que lo hubiera hecho.
· Muy bien, antes de irse, quiero que para la próxima semana hagan un ensayo de dos pies sobre las limitantes de la transfiguración. – dijo sabiendo que faltaba poco para escuchar la campana que anunciaba el final de la clase y escucho un par de resoplidos, pero eso no borro su sonrisa, parecía que esa generación estaría llena de sorpresas. – Y señorita Potter, si pudiera quedarse un minuto.
Hermione vio a la azabache, preguntándole en silencio si sabia que sucedía, pero vio como se encogió de hombros como si ya hubiera visto que sucedería.
· Te espero afuera. – Dijo Hermione en un susurro ante la mirada de la profesora McGonagall, ella nunca había tenido una amiga verdaderamente cercana, o para concluir una amiga, y ahora se encontraba cerca de una niña que no sólo parecía disfrutar de su compañía, sino que era verdaderamente inteligente, que disfrutaba tanto como ella de un libro, y aunque quería mantener cierta distancia con ella, parecía que no podía hacerlo, como si su cuerpo le exigiera estar cerca de ella.
· Claro, pero si no salgo pronto ve a pociones, no quiero que te retrases.
Ambas se sonrieron, y Hermione terminó por salir del salón, definitivamente disfrutaba estar con ella.
Cuando estuvieron solas, la profesora vio a la niña, y se preguntó en silencio, como un millón de veces antes, si había cometido un error aquella noche de Halloween hacía años atrás.
· Señorita Potter, su varita, ¿Alguien se la dio?
La niña ladeo su cabeza, y la vio con lo que podría decir era condescendencia. – Si profesora, me la dio mi madre.
La mujer mayor abrió los ojos tanto que parecía que en cualquier momento se le fueran a salir de sus cuencas con aquella declaración. - ¿Disculpe?
· Bueno, no es mi madre, madre, se que ambos murieron para salvarme, pero ella es mi mamá, ¿si me di a entender?
Los brillantes ojos verdes la veían con una intensidad casi insana, haciendo que el corazón de Minerva se saltara un par de latidos ante lo que escuchaba. – Está mujer, es tu tía, ¿No? – Rogó en silencio, por que así fuera, aunque lo creía imposible, sabiendo lo que vio aquella noche.
· Mmm… se podría decir que si, aunque un poco lejana.
Sabía que debía investigar cuánto antes ello, pero no creía que fuera bueno instigar a la niña por respuestas, y por lo menos en ese momento tenía que descubrir lo que más le aquejaba.
· ¿Sabe de que es su varita?
Todo el rostro de la niña se pinto de carmín, haciendo que la estoica mujer lo hiciera igual cuando se dio cuenta de ello.
· Profesora, esa pregunta es un poco personal. – Harriet tallo sus manos con nerviosismo, evitando activamente la mirada de la mujer. – Digo, no importa si de verdad quiere saber, pero…
Por lo regular, Minerva era capaz de controlar su estado de animo, pero en ese preciso momento, sintió como su vientre bajo se le revolvía, algo dentro suyo despertó, y no estaba segura de querer saber que es lo que era.
· No… no hace falta. – La mujer vio como la niña suspiraba casi con alivio, aunque sus mejillas seguían rojas, vio por primera vez la belleza de la pequeña, y eso le asustó de sobremanera. – Puedes retirarte. – La profesora McGonagall ignoró a propósito la manera casual en la que le termino hablando.
