Mil perdones por la gran demora, realmente quisiera disculparme por ella.

En fin, como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capítulo V. La historia de tres dragones. Pt. I

Las juntas entre el personal docente de Hogwarts se daban por lo menos una vez cada dos meses justo antes del toque de queda, pues aunque para la mayoría de las materias los profesores tenían la libertad de elegir como las impartían, el director tenia que saber que era lo que sucedía dentro de la escuela, y que mejor manera de saberlo que por los maestros, que a su vez tenían la ayuda los prefectos para poder controlar a toda la población estudiantil.

-Supongo que el profesor Quirrell no podrá acompañarnos hoy. – Dijo el director sin parecer inmutado por la ausencia de aquel que impartía una de las clases más importantes, aunque ninguno de los presentes se sorprendió, desde que la vacante se desocupaba cada año, era difícil darle el crédito que debía a la materia. - ¿Cómo ha ido el año hasta ahora? – dijo ocultando perfectamente su ansiedad por saber de una niña en específico.

Los cuatro jefes de casa bufaron, algunos mas fuerte que otros, pero la expresión en sus rostros decía lo incómodamente difícil que había sido el comienzo de ese año en especial.

-Después del incidente de las varitas. – comenzó Pomona, recordando como muchos de sus pequeños tejones habían pensado que utilizar la varita de otra persona era algo sencillo y sin repercusiones, sufriendo un par de quemaduras, aunque los jóvenes de su casa no habían sido los únicos que sufrieron por aquella suposición, causando que fueran un par semanas difíciles para Madame Poppy cuando las varitas no respondieron bien a la interacción de alguien diferente a sus dueños. – Los primeros años parecen adaptarse bien a los invernaderos, aunque hay un pequeño en especial que me ha impresionado mucho.

Albus asintió respetuosamente, no era lo que había querido escuchar pero era bueno saberlo, Merlin sabia que la herbología era uno de los artes más infravalorados entre los alumnos al estar mas emocionados por la idea de utilizar una varita.

Vio expectante a su subdirectora y a su maestro de pociones, que habían permanecido casi completamente callados desde su llegada, eso en realidad no era algo digno de mención en otras ocaciones, sin embargo había algo diferente en su silencio a lo que no le podía poner nombre.

-Dime Filius, ¿Tu que piensas? – dijo el gran mago viendo de reojo a Minerva.

El profesor de encantos estaba mas que feliz con sus nuevas garras, mas en específico con dos de ellas, aunque sabía que no debía tener preferencia entre ellos era difícil hacerlo cuando ambas niñas habían demostrado ser unas de las mas prometedoras brujas que había tenido el placer de guiar. – Hasta el momento no he tenido mas problemas que el de las varitas, sin embargo me siento muy seguro de ganar la copa de este año.

Ese último comentario lo dijo más para incentivar una respuesta de su amiga Minerva al notar que la mujer no había sido ella últimamente, y siendo consciente de su actitud competitiva esperaba que la idea de perder la copa de la casas fuera suficiente para hacerla reaccionar.

Sin embargo los esfuerzos del pequeño hombre, no dieron ningún resultado favorable, al ver que la mujer ni siquiera pareció escucharlo. Y el no fue el único que noto aquello, siendo el propio Albus el que trataba de entender que era lo que sucedía, pero que por el momento decidió no tratar de presionar por respuestas.

-En ese caso le deseo la mejor de las suertes a su casa. – dijo sonriendo, dejando que alguien decidiera cuando romper el silencio que comenzaba a cubrir su oficina, pero rápidamente se dio cuenta que nadie parecía querer hacerlo, ni sus jefes de casa ni mucho menos los demás profesores. – Si no hay nada mas que decir, podemos dar por concluida esta junta.

Ni siquiera había terminado de hablar cuando Minerva se levanto y salió de la oficina sin decir una palabra, el resto se levanto con más calma y salieron sin la misma prisa que la jefa de Gryffindor.

Severus caminaba rumbo a sus habitaciones en las mazmorras, no le tocaba guardia hasta más tarde en la noche, y quería aprovechar el tiempo para acomodar un poco su creciente horario, estaba por comenzar a pensar cómo se acoplaría para sus actividades, cuando una voz detrás suyo lo detuvo.

-Severus. – El profesor de pociones se dio media vuelta para ver al profesor Filius caminar hacia el. – Quería tomar un poco de tu tiempo si no es molestia.

Si bien no eran amigos, el profesor de encantamientos nunca lo había tratado diferente a cualquier otro, incluso durante sus días de estudiante el hombre había intercedido por el en más de una ocasión.

-Por supuesto. – Dijo Severus con su usual tono de voz. – Me dirigía a mis habitaciones, si gustas acompañarme.

Ambos caminaron hacia las mazmorras siendo consientes que los pasillos podían tener más de un oído curioso, guardaron silencio hasta que pudieran hablar con libertad.

Snape abrió la puerta y dejo que el pequeño profesor entrará antes que el, solo para asegurarse que nadie los hubiera seguido.

-¿Quieres una taza de té? – preguntó por mera cortesía el profesor de pociones, mientras veía al hombre pertenecer junto a la silla de invitados, esperando ser invitado a tomar asiento.

-No, pero gracias. – respondió con una sonrisa el jefe de Ravenclaw. – En realidad es muy corto lo que vengo a decirte.

-Perfecto, toma asiento. – Dijo mientras se sentaba detrás de su escritorio.

-Gracias. – tomando la invitación, se sentó frente a el. – Vengo como un simple mensajero de la señorita Potter.

La ceja de Snape se alzó ante la declaración, sorprendiéndose de lo traicionado que se sentía.

"Supongo que era muy bueno para ser verdad"

Pues al final de su primer clase con la niña, había tomado una decisión, aunque odiaba cualquier cosa que tuviera que ver con James Potter, la pequeña azabache, tenía más rasgos de su madre que de su odiado padre, por lo que le había estado asignado tareas extra para ayudarle con la elaboración de pociones, y no le había fallado, hasta ese momento.

-Supongo que quiere dejar de tener tarea extra. – dijo suspirando con cansancio.

-¡Merlin, no! – dijo Filius casi saltando de su silla, siendo consciente del temperamento del profesor de pociones. – Ella se encuentra feliz de tener la asignación extra, en realidad me pidió que hablara con usted para que pudiera aceptar también a su amiga Hermione Granger. – Dijo tratando de no haber causado un malentendido.

Afortunadamente para Filius su explicación hizo que Severus casi sonriera, por el recuerdo de Lily haciendo algo parecido.

-Granger. – Dijo recordando a la niña de cabello tupido, aunque claramente inteligente aún se dejaba guiar más por los libros que por su ingenio, un rasgo que tenía que cambiar, pero que bien no era malo. – Tu que piensas, ¿está lista para ello?

Filius sonrío irguiéndose un poco más en su silla, por el orgullo que le causaban ambas. – Es una joven muy inteligente, estoy seguro que te sorprenderá si la aceptas.

Sabiendo que el hombre no solía ser parcial en sus decisiones, le daría el beneficio de la duda a la niña.

-Está bien, dile que a la próxima agradecería que lo hiciera personalmente, para evitar molestarlo.

El profesor de encantamientos sonrío, pero hizo un ademán con su mano como si rechazara su idea. – No es molestia por lo menos para mí, me alegro que aceptes hacer esto por unas de mis garras.

-Estoy seguro que tú tampoco quieres que su intelecto se desperdicie. – Dijo con lo que podía decirse era un toque de humor.

El hombre se sonrojó un poco, pues se suponía que debía ser secreto el que los libros que eran intencionalmente colocados sobre su escritorio eran para que ambas niñas buscarán después. – No, no me gustaría.

Con una cordial despedía Filius se retiró, deseando ver que era lo que le deparaba a la pequeña Harriet en el futuro, viendo lo que había sido capaz de hacer en tan poco tiempo.

Snape se recargó en su silla tomando un pergamino que descansaba sobre su escritorio, aunque la caligrafía dejaba algo que desear lo que le interesaba era el contenido de este y no la manera en que estaba escrito.

Hojas de pimienta fosilizada:

Mayor concentración de jugó cortada en tiras largas y gruesas, hervidas a fuego moderado, menor espesor y olor y color tenue.

Menor concentración de jugo cortada en diagonal y con tallo, hervidas a fuego alto, más espesa, y de color y olor fuerte.

Si el jugo es menor, mayor es su concentración para el propósito de alterar la condensación de la sangre. (Probada en sangre de ratón)

El hombre de cabello negro asintió, siendo aquello lo que quería que descubriera. Era claro que la niña había tenido experiencia en ese ejercicio en particular, saber para qué funcionaba cada ingrediente era especialmente fundamental para cualquier cervecero que se respete, y más si se sabía cómo y de qué forma lograr que se desperdicie menos cantidad de ingredientes y la forma de manipularlos a placer.

Sabía que Dumbledore tenía especial atención en la niña, y que posiblemente su propia interacción con ella sería vigilada en un futuro cercano, más si la suposición del hombre era correcta y su antiguo maestro seguía en el mundo.

Debía tener cuidado de que tan cercano se volvía a Harriet, pero le era difícil si cada que la veía a los ojos la veía a ella.

Esperando no cometer otro error, tomo su propio libro de pociones y comenzó a hojearlo para decidir la próxima tarea de sus nuevas aprendices.

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Teniendo la primera guardia para cuidar los pasillos, Minerva McGonagall caminaba en su forma animago, era mucho más sencillo sorprender a los niños que decidían saltarse el toque de queda de esa forma.

Y aunque su intención debía ser cuidar a todos los alumnos de Hogwarts, tenía su especial atención en una en particular.

Antes de que comenzara la junta, había visto a la azabache caminar junto a su amiga a la choza de Hagrid, lastimosamente, su posición como subdirectora le había impedido ver si habían permanecido junto al medio gigante o se habían retirado a la torre Ravenclaw.

Los ojos rasgados del "gato" vieron hacia la choza tratando de ver cualquier movimiento que le dijera la situación de ambas, pero hasta el momento no había visto nada.

Dentro suyo sabía que lo que estaba haciendo estaba mal, pero esa pequeña parte de su conciencia se volvía cada vez más tenue conforme veía a la niña de lentes y cabellos negros.

Aún no sabía que era lo que le estaba sucediendo, pero era consciente que no era normal que viera de esa forma a la niña, o por lo menos que lo sintiera con aquella intensidad. Dándose cuenta que comenzaba a ser una necesidad el tenerla cerca, o por lo menos verla.

Un maullido lastimero se escucho en el pasillo del tercer piso, cuando la luz de la cabaña se apago dejando que la noche reinará e impidiéndole ver si la dueña de sus pensamientos estaba aún afuera.

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-Déjame ver si entendí. – La voz de Hermione estaba extrañamente calmada, siendo que la niña estaba caminando de un lado a otro dentro de la cabaña del guardabosques de Hogwarts. - ¿Quieres decir que en un par de días, va a nacer un dragón de ese huevo, y lejos de hacer que lo lleven a un lugar especial para su cuidado, lo quieres criar, dentro de una casa de madera?

El mitad gigante vio hacia la niña que estaba sentada al otro lado de la mesa, que parecía ajena a la conversación comiendo una barra de chocolate, mientras era regañado.

-Si, quiero decir, es mi sueño tener un dragón. – Dijo el gran hombre viendo al huevo que descansaba cerca del fuego.

-¡Es una locura! – Por fin se rompió, viendo con incredulidad a Hagrid, pero antes de que pudiera decir más, Harriet se levanto y la tomo de la mano tirando de ella para que se sentara sobre sus piernas.

-Calma, aún no nace. – Dijo poniendo su mano en la espalda de la niña que estaba sobre de ella, y haciendo círculos para que se tranquilizara. – Estoy segura que se nos ocurrirá algo, no por nada eres la bruja más inteligente de nuestro año.

Hermione vio a Harriet queriéndole decir que eso no funcionaría esa vez, sin embargo apenas vio sus ojos verdes, terminó por suspirar con cansancio. No entendía que le sucedía, sin embargo sabía que no le podía decir que no a esos hermosos orbes.