Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia. Perdonen la demora con el capítulo, espero que les guste.
Como siempre los personajes no me Pertenecen Yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo VII. La historia de tres dragones Pt. III
El alba del amanecer encontró a la familia Granger listos para su día a día, el ser propietarios de su propia clínica hacia que sus obligaciones fueran muchas más de lo que sería si fueran socios en una clínica más grande, pero debían admitir que tenía sus claras ventajas, como las vacaciones que podían costearse cada verano. Para ambos padres no había sido sencillo aceptar que su hija estudiara lejos de ellos, aún continuaban siguiendo viejas costumbres como el poner tres platos durante las comidas o pasar por su habitación antes de acostarse para darle las buenas noches, solo para darse cuenta que se encontraba a cientos de millas de distancia.
Pero comenzaban a encontrar alivio en las cartas que llegaban por lo menos una vez a la semana, pergaminos llenos de sus anécdotas, o solo diciéndoles cuánto estaba aprendiendo. Cuando la habían dejado en la estación King's Cross una terrible preocupación se había apoderado de sus corazones; su pequeña Hermione había sido la luz de sus vidas desde el día en que vino al mundo, por eso había sido duro verla regresar de la primaria llorando por qué sus compañeros la ignoraban o incluso la llegaban a molestar, no muchos niños aceptaban la madurez de otro de la mejor forma, ni siquiera muchos adultos lo hacían, y esa misma madurez hacia fácil olvidar que Hermione seguía siendo una niña, y por ello se habían preocupado por verse separados de ella, no habrían de estar a su lado si las cosas se tronaban difíciles, si ese ideal de la escuela mágica no era lo que ella esperaba, más por qué estaban seguros que si llegaba a suceder, su pequeña se haría la fuerte solo para no causar su preocupación, sin embargo la primera carta que les llegó solo a dos días de su partida, había logrado borrar un poco su preocupación, en el pergamino les contaba sobre la niña de nombre Harriet que compartía habitación con ella, como también compartía su amor por los libros y hacia las clases más divertidas al no dejarle ser la mejor tan fácilmente.
Pero las cartas a partir de ese momento fueron llenadas del nombre de la niña, Harriet esto o Harriet aquello, y eso les inquietaba casi de igual manera, pero no podrían hacer nada mas que apoyarla, si por la forma en la que solía describir a la pequeña sería algo a tomar en cuanta.
Daniel Granger se encontraba friendo tocino, cuando en la percha improvisada que había construido fuera de la ventana de su cocina vio a la lechuza blanca que comenzaba a ser cada vez más familiar, abrió la ventana para dejar que Hedwig terminara su encargo, y vio a su tocino con pesar sabiendo que se separaría de el.
La lechuza vio al tocino que se encontraba cerca de la estufa, como si le tuviera que enviar el mensaje a alguien especialmente lento. Daniel no sabía si era normal en las lechuzas del mundo mágico ser tan inteligentes o si esa en particular era especial para hacerlo sentir estúpido.
- Toma. - Le dijo entregándole una tira de tocino, y aprovechando para recoger la carta que tenía en la pata. - ¿Podrías hacerme el favor de esperar para enviar una carta de regreso? - Daniel no era un hombre que se sintiera cómodo hablado con los animales, pero sabía por experiencia propia que esa lechuza en particular era extremadamente temperamental, y en más de una ocasión se había enojado e ido por la forma en que le hablaba, la lechuza lo vio con sus grandes ojos, y dio un suave asentimiento mientras que se paraba en la percha y se acicalaba.
"Salve parentum bene spero, te amo te desidero..." (Hola padres, espero que se encuentren bien, los extraño y los amo)
El hombre se tallo los ojos, sabía que era una mala idea decirle a su hija que sabía latín, más cuando solo había tomado la clase en la universidad para conocer a la que sería su esposa, para ser dentista se necesitaba más el griego que el latín y eso era para poder identificar los antecedentes de la medicina en general.
- Emma, ¿Tienes tu diccionario de latín a la mano? - Llamó desde la cocina a su esposa, esperando que no aprovechará la ocasión para burlarse de él.
Pero sus esperanzas se fueron al caño cuando escucho la risa venir desde arriba. - Te dije que no le mintieras.
- Solo son un par de palabras que no entiendo. - se trató de defender aunque sabía que era inútil.
- Haber dímelas...
Hedwig vio con impaciencia al hombre estúpido, sintiéndose orgullosa de haber entregado su otra entrega primero.
OwO
En un bosque oculto en un valle que nunca debió existir Lyra veía la carta que había llegado en la madrugada, se pellizco el puente de la nariz pensando lo que se le pedía hacer.
"Mamí..."
Desde que leyó esa palabra supo que una de dos, o su hija había hecho algo estúpido o le pediría algo, leer esa simple palabra le recordó cuando su hija se las había ingeniado para incendiar una gran parte del bosque que resguarda su hogar, y con un puchero y esa hermosa palabra se había librado del regaño que estaba segura se merecía. Era consciente que la había malcriado en más de una manera, pero era su pequeña y le era difícil decirle que no.
Aunque en realidad esta vez no le pedía nada del otro mundo, sabía por experiencia propia que algo relacionado con su hija no era sencillo.
Al parecer la familia de uno de sus amigos llamada Malfoy veía con malos ojos a la de otro de sus amigos, unos llamados Weasley. Ella nunca fue una gran partidaria de las relaciones sociales, como podría verse gracias a su vivienda en un bosque en medio de la nada, y si quería ayudar a su pequeña Harriet necesitaba ayuda.
De su escritorio tomo un teléfono, había sido difícil hacerlo funcionar en el hogar mágico, pero había sido beneficioso en más de una ocasión, más cuando no era supervisado por el gobierno como la red flu, marcó el número familiar de uno de sus pocos amigos.
"Bueno"
- Hola Aberforth, llama Lyra, ¿Estas ocupado? - Dijo viendo el reloj que descansaba junto a su escritorio que estaba encantado para decir la hora de cualquier lugar en el mundo solo pensado en el, y en ese momento apenas eran las seis de la mañana en Hogsmeade.
"Sabía que eras tú, No muchas personas conocen este número." Escucho en su voz un pequeño rastro de diversión, sabiendo que al hombre solía gustarle hacerle ver sus errores. "Pero, no, no estoy ocupado, estoy limpiando el bar ya sabes, y supongo que esta llamada no es para preguntar sobre mi exitoso negocio, ¿o si?"
- No, en realidad quería un poco de ayuda. - Le respondió imaginando al hombre cepillarse la barba con la mano.
"¿Ahora que hizo la pequeña Harriet?" Al parecer la capacidad de su hija para meterse en problemas comenzaba a ser conocida.
- ¿Que sabes de los Malfoy y los Weasley? - Dijo leyendo con cuidado lo que llamaba caligrafía su hija, algo difícil de hacer cuando a primera vista parecían más rayones que letras.
"Mmmm... son polos opuestos por completo, los Weasley en sus tiempos fueron una familia prominente, pero les gusta gastar más de lo que tienen y pues como sabes no muchos pueden hacerlo, los Malfoy no son tan nobles como les gustaría pensar, pero inteligentes para los negocios como ninguno otro, se las arreglaron para casarse con varias familias de sangre pura, en realidad se enemistaron cuando los Weasley despreciaron a los Malfoy para un matrimonio, y desde entonces no están en los mejores términos" Le dijo, y comenzó a hacer planes en su cabeza.
- ¿Algo más que deba saber? - Ambos se conocían lo suficiente para que no se tomarán los modales a pecho.
"Este es un rumor, así que tómalo como quieras, pero se dice que el padre del actual patriarca de la familia Malfoy obligó a su hijo a tomar la marca, y por eso lo termino matando"
- ¿Entonces el...? - su voz se tornó fría, y todo lo que se podría escuchar era el sonido de su respiración luchando por seguir su curso.
"No creo que tuviera algo que ver directamente, se sabe que aunque es un duelista capaz, no le gusta ensuciarse las manos, y no creo que tuviera algo que ver con la muerte de los Potter" las palabras le tranquilizaron lo suficiente para seguir con el plan que tenía.
- ¿Algo que pueda ayudar a que se comporten como jodidos adultos? - Preguntó, aún sintiéndose afectada por lo que le pasó a los padres de su pequeña.
"Los hijos mayores de la familia Weasley se las están arreglando para avanzar en el mundo, el mayor está obsesionado con los dragones, y el que le sigue está siendo reclutado por Gringotts, al parecer es bueno con las runas, y el padre es conocido por una ligera obsesión con los muggles, la mayoría cree que es estúpido, pero en realidad es bastante inteligente a su manera, ya sabes lo que dicen de los genios..."
Lyra asintió, había conocido a los suficientes para saber que no veían el mundo como las demás personas. - ¿Me imagino que no todos los negocios de los Malfoy son lícitos?
"Pues verás..."
OwO
Malfoy Manor era un ejemplo de lo que se esperaba de los sangre pura, la opulencia era tan clara como el día, viéndose en los finos acabados de la gran mansión, las mejores barreras custodiaban a la familia Malfoy, pues desde que habían llegado de Francia se habían hecho un nombre por sí mismos.
Lucius Malfoy se encontraba sentado detrás de su escritorio, su hijo se había descuidado dejando que los hijos de la familia Carrow lo vieran junto a un Weasley y la niña que vivió de todas las personas, dejándolo en una situación precaria, lamentablemente veía mucho de sí mismo en su Draco, incluido su preferencia sexual, claro que aún era un niño y era difícil de ver sin embargo el mejor que nadie sabia lo difícil que era ocultar algo de esa magnitud, y había querido ahorrarle mucho dolor futuro guiándolo, sin embargo la horrible marca en su brazo restringía sus movimientos en más de una manera, suspiro con cansancio, cuando su elfo doméstico apareció delante de él.
- Amo... hay alguien buscándolo en la puerta.
Hubiera castigado a su elfo por dignarse a interrumpirlo, si no estuviera intrigado por la presencia de un invitado indeseado, por un momento pensó que sería uno de sus "compañeros" pero sabía que de ser así los barrios de su casa lo hubieran alertado.
Se levanto de su silla y tomo su bastón, listo para lo que fuera.
Al llegar al vestíbulo de entrada, no supo que lo sorprendió más, si la mujer que estaba parada en medio viéndolo de vuelta, o que pudiera entrar a su casa sin invitación, algo que debía dar personalmente.
La mujer vestía un traje blanco que parecía ser muggle pero él podía saber que el material era seda de acromántula, más intrigado aún se acerco a ella.
- ¿Puedo saber qué desea? - Preguntó tomado la cabeza de su bastón con mayor fuerza.
- Vengo con una propuesta para usted, y a pedir un favor. - Le respondió la mujer con una sonrisa.
- ¿Su nombre? - preguntó, había algo en ella que le hacía eco, pero no podía identificar en donde la había visto, como un fantasma en la penumbra de su mente.
- Lyra Lily Le Fay.
Aquel nombre hizo que su corazón se detuviera por unos momentos, había sido en uno de los libros más esotéricos que tenía en su poder que hablaba de la línea Le Fay, en el, había un cuadro de las descendientes de la bruja Morgana, y si no se equivocaba estaba seguro la mujer frente a el, era una, tragó saliva y asintió.
- Podemos hablar en mi estudio. - Dijo sin saber que hacer, de todo lo que podía suceder, ese era un escenario que nunca imaginó pudiera ocurrir
Ambos caminaron hacia el estudio, encontrándose en el camino a Narcissa Malfoy, la esposa de Lord Malfoy que vio con curiosidad a la mujer que caminaba a lado de su esposo, era claramente más alta que el, podía decir que media casi siete pies de altura con un rostro claramente aristocrático, y al igual que a su esposo su rostro se le hacía extrañamente familiar, pero por circunstancias diferentes a la de el.
- Está es mi esposa, Narcissa. - Dijo Lord Malfoy, forzando sus modales para hablar. - Narcissa, ella es Lady Le Fay.
Los ojos de Narcissa se abrieron casi con horror, pero antes de poder responder algo, la voz de la mujer frente a ella resonó en el pasillo.
- Creo que esto se está saliendo de control, y posiblemente estén malinterpretado mi presencia, por favor, les pido me permitan explicar mi estadía en su casa y hablar cómodamente.
Los dueños del hogar, asintieron aunque dudaban que pudieran tranquilizar a sus corazones, no por nada Morgana Le Fay era conocida por haberse levantado en contra del propio Merlin.
El estudio del hogar, estaba rebosante de libros hasta donde alcanzaba la vista, Lucius Malfoy guió a la mujer a un par de sillones en los que atendía a sus socios comerciales, solo para sentarse frente a ella, olvidando por completo que también era acompañado por su esposa, aunque ella también se olvido de todo, y no tomo personal la falta de modales de su esposo.
- Muy bien, Lucius Malfoy, no me gusta andar por las ramas. - Dijo Lyra cruzando sus piernas y viendo al hombre directamente a los ojos. - Mi hija me hizo llegar una carta en la que me pedía hablar con usted para que dejara a su hijo juntarse con ella y el menor de los Weasley, esto lo consideraría un favor personal, y le digo yo siempre pago mis favores.
Los ojos de los dos anfitriones se abrieron ante la revelación, no les fue difícil saber a quién llamaba hija, pero Lucius no era estúpido, y sabía cuando escuchar una buena propuesta.
Sacando un coraje que no sentía, se irguió en su asiento. - ¿Dígame que puede ofrecerme a cambio de hacerle este favor?
La mujer sonrío con suficiencia, como si todo estuviera cayendo según lo planeado. - Soy consciente que tuvo un juicio en el que se le juzgó por crímenes de guerra. - Lucius trago con dificultad aire, sabiendo que ese podía ser su último día con vida, una maldición resonó a su padre en su mente, pues si se le asociaba con los mortifagos, la mujer frente a él podría estar buscando venganza en nombre de su "hija", aunque claro que esto era algo qué pasó por alto Lyra que siguió hablando. - En el usted alegó estar bajo la maldición Imperius, ahora yo no soy tan estúpida como para creer esto, sin embargo sé que no es la única forma que se tiene para coaccionar a un mago, y gracias a mis años de experiencia, podría quitarle una marca que lo tiene prisionero.
La mano de Lucius viajó directamente a su brazo, donde la marca tenebrosa descansaba a la espera del Lord Voldemort.
- Claro que esto solo sería el comienzo, ya que si nuestros hijos son amigos, no veo por qué no nosotros no podríamos serlo también, y por ello yo lo ayudaría a expandir aún más su imperio, no hablo sólo de tratos en el continente como había estado haciendo, sino ir más allá de los mares y montañas, y hacer nuestro mundo, no como un subordinado sino como iguales. - Para cuando terminó, Lyra estiró su mano para que fuera tomada, esperando a que se tomará una decisión que podría cambiar todo el juego.
Lucios vio su esposa, sus ojos por primera vez se llenaron de esperanza, y Narcissa a su vez vio a la mujer. - ¿Usted podría ayudar a mi hermana también?
- Supongo, pero no de inmediato, tendría que esperar para que todas las piezas estén en su lugar.
Sin decir una palabra Lucius estiró su mano para tomar a la de la mujer, quien apretó su agarre y de un movimiento le arrancó la manga de su túnica, mostrando la marca que lo había estado persiguiendo durante años.
Lyra alzo su mano izquierda, y sin poder esperar se precipitó hacia la serpiente como un águila, sus dedos atravesaron la carne pálida del hombre, la sangre escurrió entre sus dedos, los gritos agonizantes rebotaban entre las paredes, para Lucius fue peor que la maldición crucios, y aunque fueron solo unos segundos la agonía se sintió como una eternidad, sin embargo así como el dolor vino se fue, cuando vio a su brazo este se encontraba completamente limpio, tan blanco como el día en que nació, sin un rostro de lo que había pasado.
Alzo su mirada para agradecer a la mujer, pero cuando la vio, tenía una pequeña serpiente tan negra como los abismos entre sus dedos, que se agitaba luchando contra su agarre, y antes de que pudiera hacer algo, la vio metérsela a la boca, y después de un par de mordiscos la sangre escurrió entre sus labios, solo para dejar una gran sonrisa en la mujer.
OwO
Draco Malfoy estaba sentado en la mesa Slytherin, estaba por terminar su desayuno cuando la lechuza de la familia aterrizó ante el, dejándole los dulces y la carta que le enviaba su madre, pero a diferencia de otras veces, la carta era más larga de lo normal, y no era enviada por su madre, sino que la letra de su padre lo saludo.
Se preparó mentalmente para una decepción, pues no creía que lo que fuera que hiciera Harriet le ayudará tan rápido, sin embargo apenas leyó la pequeña carta salto de su lugar con una sonrisa que ninguno de sus compañeros había visto hasta el momento.
"Querido Draco, a la luz de nuevos acontecimientos, me he visto en la necesidad de reconsiderar mi postura anterior, por favor siéntete libre de formar amistad con el menor de los Weasley y se te incita a formar una amistad con Harriet Potter.
Con amor tu padre y madre
Narcissa Cassiopeia Malfoy.
Lucius Abraxas Malfoy"
