Muchas gracias por todo el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia.
Espero que disfruten este capítulo tanto callo yo disfruté escribirlo, es un poco lento, pero les aseguro que valdrá la pena.
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo VIII. La historia de tres dragones pt IV.
En la mesa de la casa Ravenclaw, Hermione se encontraba leyendo un libro sobre algunas de las raíces etimológicas de los hechizos que deberían aprender a lo largo de su formación en Hogwarts, la noche anterior había encontrado en la área restringida de la biblioteca un libro sobre protecciones de sangre, por lo que decidió primero leer lo más que pudiera sobre posibles palabras que tuvieran poder oculto antes de pensar en tomar el libro con confianza, gracias a lo que habían descubierto la primera vez que Harriet la había convencido de aventurarse en aquella parte de la biblioteca, ya que un libro había gritado tan fuerte que apenas y pudieron escapar del cuidador.
- El libro de latín no dice como se conjuga para el futuro predecible, ¿verdad? - le preguntó a Harriet que había estado asaltando los platos cercanos de tocino para cumplir con su promesa, pues no tardaría en regresar Hedwig y era mejor tener todo listo para cuando por fin llegara.
- ¿Latín? - preguntó una voz detrás de ella, y no hizo falta voltear a ver para saber que Ron estaba desconcertado por su lectura.
- Algunos hechizos lo utilizan. - explicó por ella Harriet, poniendo un par de huevos duros en su plato y en el de ella. - Aunque, no existe una preposición como tal, sino que cada una lleva a un resultado, versus, contra, usque, hasta, y ahora no me acuerdo de las demás.
- Ohhh... - dijo Ron sentándose a lado de Hermione empujandola para poder estar cómodo, haciendo que esta se quejara de su descortesía, pero parecía que no fue suficiente para hacerle ver su error, pues parecía pensativo. - Bill me habló de ello, al parecer usan runas, graban en ellas lo que se quiere lograr y en que circunstancias debe haber para activarlas, pero ni idea de cómo lo hacen.
- ¿Bill? - preguntó Hermione, lo que decía parecía extrañamente ambiguo, pero a su manera, fácil de entender.
- Mi hermano mayor, fue Head Boy de su generación, ahora trabaja de rompe maldiciones para Gringrots, está en Egipto. - Dijo un poco cabizbajo.
Su reacción no pasó desapercibida por ninguna de las dos, y tuvieron la correcta idea de no preguntar más sobre el tema, pero antes de poder cambiar a algo que pudiera levantarle el animo, el profesor Filius se acercó desde la mesa de principal.
- Señor Weasley, buenos días. - dijo el profesor con una sonrisa para llamar su atención. - Espero que este respetando el trato al que llegamos.
Las orejas de Ron se pintaron de carmín haciendo juego con su cabello. La presencia del menor de los Weasley en una mesa ajena a la de su casa no paso desapercibida por ningúno de los profesores, pues aunque no era en contra de las reglas se esperaba que los alumnos respetarán la norma tácita, por lo que después de la primera semana se le llamó la atención al niño, este pidió poder seguir haciendolo para estar con sus amigas y como condición para ser la excepción a la norma, se le había encomendado la tarea de entregar todas sus tareas sin posibilidad de falta, razón por la que se había perdido la visita a Hagrid la noche anterior para terminar un ensayo sobre historia, pero que no fue gran problema cuando Harriet le presto el libro del que ella había tomado la información aún con sus notas para que solo faltara editarlo. - Si señor, lo hice ayer en la tarde.
- Me alegro. - escucharon decir, pues parecía divertido de la reacción del niño. - Sobre el tema de su petición, señorita Potter, el profesor Snape ha aceptado.
Las sonrisas de ambas niñas llenaron casi por completo sus rostros, haciendo sentir orgulloso al hombre y haciendo que Ron pusiera mala cara, estaba más allá de él por que Harriet soportaba tarea extra del temible profesor de pociones, pero antes de que pudieran agradecer, escucharon más ruido del normal de la mesa de Slytherin.
Los cuatro voltearon un poco sorprendidos, hasta el momento ningún Slytherin se había hecho particularmente popular por ser expresivo. Vieron a Draco tomar una caja frente a él, y casi correr hacia ellos, apenas deteniéndose para evitar empujar al maestro de encantamientos.
Mas de uno parecía desconcertado por la súbita acción de Draco, incluso sus dos "amigos" más cercanos parecían no saber qué sucedía, pero antes de que cualquiera pudiera preguntar algo, este habló mostrándose demasiado feliz.
- Profesor Flitwick, ¿Me permitiría sentarme en la mesa de su casa? - dijo sin dejar de sonreír, ganándose una sonrisa de Harriet que parecía casi tan extasiada como el.
El pequeño hombre volteo a ver a su homónimo de la casa de los astutos, y vio al profesor de pociones casi tan desconcertado como el, pero no tenía razón para negarse así que obligó a su voz a salir. - Si señor Malfoy, aunque espero la mismo dedicación que el señor Weasley, y eso es entregar todas sus tareas y trabajos, este es un privilegio por lo que debe de ganarse.
- Por supuesto profesor. - dijo con el orgullo que lo caracterizaba.
El profesor se movió y dejó sentar al joven al otro lado de Harriet, el pequeño grupo se estaba ganado más miradas de las esperadas, pero parecía que a estos poco o nada les importaba, hablado con los ojos aún en su presencia, sabiendo que había terminado, Filius se despidió, y retomo su camino a la mesa principal para poder ver todo lo que sucedía.
El silencio reino durante unos segundos, hasta que los gemelos Weasley hablaron más alto de lo normal rompiendo la tensión.
- Nadie logra escapar del encanto Weasley. - dijo George golpeando el costado de su gemelo.
- No, sólo falta que Angelina caiga ante mis encantos. - dijo llamando la atención de la nombrada, que le aventó una cuchara a la cabeza, haciendo que poco a poco todos comenzarán a hablar.
Draco Malfoy sentia todas las miradas sobre su espalda, pero antes de que pudiera arrepentirse, miró a Harriet quien ya habia comenzado a llamar la atención de sus otros dos amigos.
- Hermione, el es Draco. - dijo haciendo su cuerpo hacia atrás para que pudieran verse. - Draco, ella es Hermione ayer no los pude presentar.
- Mucho gusto. - Dijo Hermione haciendo salir su voz con más trabajo del necesario.
- Igualmente. - dijo Draco, sabía que la amiga de Harriet era una "sangre suci... Ejem... Nacida de muggles", y se preparo todo el mes para tratar de hablar bien con ella, pues era obvio que ambas estaban pegadas a la cadera. - ¿Es un libro sobre etimología? - dijo alcanzando a leer la portada.
- Si, ¿porque?
- Mi madre me habló de ellos, dice que aunque el latín se ocupa mucho, también el arameo y el idioma gótico es un buen comienzo, pero demonios incluso el inglés antiguo es una patada de hipogrifo. - dijo sonriendo, y su última expresión hizo reír a Ron que lo había estando viendo.
- ¡idioma! - dijo Hermione, aunque eso era un paso más a lo que queria. - ¿Gótico?
- El de los godos y vicigodos. - dijo Draco mientras compartía con Harriet uno de los dulces que su mamá le había enviado. - Es complicado por qué tiene su propio alfabeto, pero lo bueno es que una vez lo aprendes es más fácil las runas, ¿quieren? - dijo mostrando la caja que tenia panqueques glaseados.
Por cortesía acepto mientras sentía a Ron pasar sobre ella, para llegar a los dulces.
- Son esos los que estuvieron en Italia, ¿no? - dijo Ron mordiendo su dulce - "¡Por la tanga de Merlín, es delicioso!"
- ¡Señor Weasley! - escucho desde la mesa principal, al parecer lo había dicho en voz alta, y la voz de la profesora McGonagall había aplacado las risas de todos los que lo habían escuchado. - Un pie extra a su trabajo de transfiguración.
El rostro completamente rojo de Ron hizo reír a sus amigos, pero Draco le sonrió. - Te presto el libro que me recomendó mi madre, ya sabes por el cumplido a su comida.
Ron sonrio agradecido, Merlin sabía que las dos niñas se rehusaban a ayudarlo más de la cuenta, era bueno que Draco por fin bajara de su pedestal.
OwO
- ¿Es necesario hacer esto? - preguntó Lucius Malfoy viendo a su alrededor, los árboles y la tierra reinaban el lugar, y era claro que estaba muy fuera de su zona de confort.
- No, pero es mejor entablar una conversación cordial, antes de que piensen que Draco tiene motivos ocultos. - le recordó su esposa, mientras veían a la mujer que había comenzado todo, inspeccionado las salas de la casa Weasley.
- Podemos pasar, al parecer solo hay salas que alertan de la presencia y la intención. - dijo haciendo un gesto para que avanzarán.
El patriarca de la familia Malfoy tuvo que esconder su sonrisa, al parecer los Weasley no habían podido mantener el mantenimiento de las salas, pero no hiria bien que vieran su desprecio, madame Le Fay parecía ser más que un nombre, y si tenía que ver un poco de su orgullo escondido por una buena apariencia, que así fuera.
La casa con distintos tipos de arquitectura y que sostenía apenas por magia los saludo, junto a un pequeño letrero a lado de la puerta que decía "la Madriguera". Lyra golpeó la puerta de madera, y la saludo una varita en el rostro mientras veía a un hombre con poco pelo rojo, y pecoso fruncir su entrecejo, detrás de él había una mujer un poco rellena que cubría a un par de niñas que jugaban a la hora del té, aunque la pelirroja parecía aburrida, y la pequeña rubia resignada.
- ¿Quien eres? - le dijo el hombre evaluandola con la mirada.
- Mucho gusto, mi nombre es Lyra Lily Le Fay, vengo con una petición para su familia. - dijo Lyra sin dejar que su malestar de tener una varita apuntando a su rostro se mostrará.
El hombre bajo la varita, pero seguía sosteniendola con fuerza cerca suyo.
- Pasa. - dijo, sin ver a las personas detrás de ella.
- En realidad vengo acompañada, pero antes de que diga algo, déjenos hablar, por favor. - dijo viendo a los ojos al hombre.
Arthur Weasley vio la sinceridad en el rostro de la mujer, y asintió, sin esperar la sorpresa que le causó ver a la familia Malfoy detrás de ella.
Estuvo a punto correrlos de su hogar, cuando recordó su trato, así que se hizo a un lado dejándolos pasar.
Pesé a la increíble incomodidad del ambiente las niñas vieron con sorpresa a los recién llegados.
Lyra se acercó a ellas sonriendo.
- Hola, ¿Cómo se llaman? - dijo sin impórtale en lomas mínimo la tensión que había causado su llegada, mientras buscaba en su bolsa un par de dulces que solía cargar para Harriet en caso de que se le acabaran.
- Yo soy Ginny y ella es Luna. - dijo la pelirroja, señalando a su amiga.
- Mucho gusto, yo soy Lyra, ¿les gusta el té? - dijo esperando que su suposición no fuera cierta, y cuando ambas negaron sonrió. - ¿Qué les gusta hacer?
- Volar. - respondió Ginny de nuevo, parecía que Luna había escogido no hablar con ella.
- Que sorpresa, a mí también, pero como ya estoy muy vieja, ya no puedo, pero mi escoba desea que alguien pueda hacerla volar otra vez, ¿pueden hacerlo?
Ginny asintió casi con desesperación, haciéndola sonreír, mientras de su saco tomaba el palo de escoba, vio con atención a la pequeña Luna, alcanzado a ver como abrazaba a ella un bolso con la imagen de lo que parecía ser un conejo, pero que claramente no lo era.
- Toma, recuerda no acelerar mucho, ni subir muy alto. - le dijo dándole la escoba, no era de velocidad como la que se solía ocupar en los juegos de quidditch, pero estaba en mejor estado que todas las escobas de su hogar, salió de la casa abrazando el palo contra su cuerpo, y afortunadamente su madre había estado ocupada viendo a los otros invitados como para detenerla.
Luna estuvo a punto de salir junto a Ginny cuando del saco de la mujer vio saltar a un animal, haciendo que gritara.
Todos se sobresaltaron con su grito, pero al ver su rostro hizo que el corazón de todos se tranquilizaran un poco, más los Weasley, pues desde que la madre de Luna había muerto, la familia Lovegood no había sido la misma, y ahora la pequeña estaba sonriendo por la extraña y pequeña criatura que tenía en sus manos la mujer.
- Hey pequeño, no puedes estar saltando. - Dijo Lyra tratando de calmar al animal que trataba de salir de su agarre, y antes de darse cuenta, las manos de la pequeña Luna rodearon las suyas, y el pequeño se calmo.
- ¿Es un Snorkack de cuernos arrugados? - Preguntó la pequeña acariciando las pequeñas protuberancias que sobresalían de entre las orejas del animal.
- No sabría decirte, lo encontré hace un par de días, y estaba lastimado, he estado buscando que es, pero parece que no existe.
- Claro que existe, es el. - Dijo la niña firmemente. - Mi papá me hablo de ellos, viven bajo tierra y se hacen invisibles para salir de sus madrigueras.
- Ohh... - Dijo abriendo sus manos, y el animal salto al regazo de Luna. - ¿Puedes cuidarlo?, al parecer tienes mucha más experiencia que yo.
La niña lo abrazo y salió de la casa para buscarle alimento. Aunque también era para salir de la incómoda sensación que había en el hogar de su amiga.
Cuando las niñas partieron, la tensión del aire se hizo más evidente.
- Creo que ya se conocen, pero... - comenzó a decir Lyra solo para ser interrumpida por Arthur.
- Si ya nos conocemos, ¿Que quieren?
Lyra suspiro, al parecer iba a ser más complicado que con los Malfoy.
Antes de que Lyra pudiera responder, Lucius dio un paso al frente, e inclinó su cabeza.
- Señor y señora Weasley, en nombre de la familia Malfoy pido disculpas por mi actitud hacia ustedes y su familia por años anteriores. - su voz resonó dentro de la madriguera como si fuera una maldición explosiva, haciendo que los mencionados abrieran los ojos por la impresión.
- ¿Es esto un engaño Malfoy? - Dijo Arthur con desconfianza.
- Soy sincero con mis palabras.
- ¿Como en tu juicio? - Atacó Arthur, rehusando a caer en un engaño.
Y por primera vez desde hace mucho tiempo, Lucius tenía una prueba de su inocencia, se alzo la manga de su túnica, mostrando su piel libre de marca. - Arthur, ve mi brazo, no hay marca tenebrosa, no soy partidario del señor oscuro.
Con miles de pensamientos en su cabeza, Arthur veía de un lado a otro, hasta que dio con su esposa, que estaba tan desconcertada como el. - Comencemos por el principio, ¿Cual es la petición que querían?
Lucius bajo su manga, y se acerco a la mesa a la que la señora Weasley los guiaba.
- Mire señor Weasley, mi hija, es amiga del menor de sus hijos, Ron, tengo entendido, y del hijo del señor Malfoy, y me pidió de favor que hiciera que las familias de sus amigos fueran cordiales entre ellas, para que su amistad no sufriera, sé que es difícil olvidar rencores pasados, pero si usted acepta, bien no ser amigos de la familia Malfoy, poder ser cordiales entre sí, yo lo tomaría como un favor personal, y me gustaría decir que cumplo con mis favores. - Dijo juntando sus manos enfrente suyo, viendo al hombre a los ojos.
- ¿Favores? - Dijo Molly viendo con cierta desconfianza a la mujer.
- Por supuesto, sé que el señor Weasley es un respetado agente del ministerio, lastimosamente también se que este, no le da el respeto que merece, más cuando es uno de los pocos que ve el potencial en los artefactos muggles. - Dijo haciendo que una familia se irguiera y la otra hiciera una mueca. - Pero lejos de querer meter a la fuerza cosas muggles entre los nuestros, quisiera pudiera ver la oportunidad de un... - Lyra movió su mano buscando la palabra adecuada. - Negocio.
- ¿Que clase de negocio? - preguntó Arthur, a el le gustaba su trabajo, pero sabía que se había quedado estancado.
- Tengo entendido que usted es un excelente hechicero, y no sé si se han dado cuenta, pero pese a que el quidditch es un deporte fantástico, hace falta un poco de diversificación, hacer nuestros propios autos a nuestro estilo y organizar competiciones, llamar a la juventud más allá de los trabajos comunes, darles la oportunidad de una vida con diversiones a su alcance, y ahí es donde entra usted, si acepta, yo me encargaré de financiar su investigación, y usted el cerebro, para crear esta nueva diversión.
Los ojos de Arthur se fueron abriendo con la apasionada explicación, y antes de poder decir algo, Narcissa habló.
- Se hizo lo mismo después de la primera guerra mágica en el mundo muggle, ¿Por que no se hizo antes? ¿Como no lo pensé? - Dijo desconcertada, ella como su esposo fueron testigos de cómo muchas brujas y magos, entraban al mundo muggle buscando esas diversiones que eran descritas, y de ahí el odio de las familias a los no mágicos, la intolerancia al cambio que fue aprovechada por un mago.
- A las familias ricas, les gusta que su oro este acumulando polvo en sus bóvedas, y nadie quiere arriesgarse a perder lo que en generaciones se ha acumulado, más cuando mucho del dinero tendrá que circular al principio. - Dijo Lyra, después de todo ella podía haberlo hecho.
- ¿Y que sería diferente esta vez? ¿por qué aceptarían? - Preguntó Lucius, el prácticamente estaba dentro del negocio, con o sin Arthur él esperaba que Lyra cumpliera su palabra, pero aún así necesitaba saber en lo que se metía.
- Tengo entendido que mi hija, es algo así como una celebridad, "la niña que vivió" la llaman, me imagino que si los hijos de las familias la ven disfrutando de una carrera de autos, de un festival musical, de una feria, algunos de ellos e incluso algunos adultos podrían estar interesados en intentarlo, y como no tendría que ver con los muggles. - Dijo Lyra, viendo cómo la revelación tomaba por sorpresa a la familia Weasley, pero estos siendo conscientes que sus palabras tenían peso, aún cada treinta y uno de octubre se alzaban copas festejando a la niña.
- Yo... yo... - Tartamudeo Arthur, no creyendo poder tomar una decisión en ese momento. - Necesito tiempo.
- No. - Dijo Narcissa, alzándose en su asiento. - Es una decisión que debes tomar ya, no hay tiempo, no hay prórrogas, es si o no, no podemos esperar a que los tiempos pasen, no cuando podemos empezar ahora. - Pues no sabía si se hubiera hecho antes, la ancestral casa de los Black hubiera terminado como lo hizo.
Los ojos de Arthur vieron a una de las infames hermanas negras, su actitud, su coraje, todo ella gritaba poder, volteo a mirar a su esposa, ella lo vio a los ojos, y fue suficiente para hacerlo afirmar con la cabeza, pues él haría lo que fuera por su familia. - Aceptó.
- Perfecto, les parece un contrato, o quieren...
- Un votó inquebrantable. - Dijeron al unísono Narcissa y Molly.
- Está bien, un voto será. - dijo Lyra, empezando a pensar en lo que necesitarían. - Bien, ya que estamos dentro, creo que necesitamos establecer que haremos, y ver si no hace falta nada, pero antes. - Dijo mientras metía su mano a la bolsa de su saco, y sacaba una botella de whisky de fuego de medio milenio. - Un brindis está a la orden.
Molly conjuro un par de vasos, para brindar.
Cada uno tomo un vaso, y Lyra les sirvió el licor.
- Salud. - dijeron al unísono.
Sintieron el sabor fuerte de la bebida, el calor bajar por sus gargantas, y con una pequeña llamarada, tres familias comenzaron a trabajar juntas.
Después del primer vaso y escuchar las risas de las niñas fuera de la casa, los adultos dentro de ella parecieron relajarse un poco.
- Se que dije que si, y no me estoy retractando, pero exactamente qué busca de mi, señora Le Fay. - Dijo Arthur un poco incómodo, y se mostraba con el vaso bailando entre sus dedos.
- Lyra por favor. - Dijo, viendo a todos para que supieran que iba para ellos. - Bien, tengo entendido que conoce los artefactos muggle, esperaba que supiera cómo son y funcionan los llamados automóviles y motocicletas.
Con las mejillas sonrojadas por lo que guardaba su garaje, Arthur asintió.
- Bien, ese es una maravillosa noticia. - Dijo Lyra. - Lo que quiero es que descubra cuánto tiempo le toma a un mago promedio, hacer desde cero uno de ellos, ya sabe, piezas, puertas, todo, y que sea seguro.
Los labios de Arthur se hicieron una fina línea, perdido en su pensamiento. - No se, un par de semanas.
- Un numero Weasley. - Exigió Lucius, ganándose un puntapié de su esposa.
- Seis semanas, es complicado pasar de una pieza a otra, y exige mucho tiempo. - Dijo sin importarle la grosería de Lucius.
- ¿Y si un mago hace algo solamente, por ejemplo, una puerta, así solo hace eso y no tiene que pasar de una tarea a otra? - Preguntó Molly, recodando como hacían las pociones en San Mungos, el poco tiempo que trabajo ahí.
- Eso, eso sería perfecto, se les tendría que enseñar, pero una vez estuviera hecho, sería mucho más rápido. - Dijo Arthur.
- ¿Cuantos magos y brujas necesitas? - Dijo Lyra, comenzando a hacer planes.
- Los que se puedan. - dijo, si iba hacer eso, lo haría lo mejor que pudiera.
- ¿Donde los sacaremos? - Preguntó Narcissa.
- La mayoría de los magos que atienden tiendas, son miserables en ellas, que tanto pueden hacer dentro de una, estoy seguro que más de uno quisiera la oportunidad de exigirse más, y un incentivo extra. - Y Lyra hizo un ademán de dinero con su mano, haciendo sonreír a Lucius.
- Necesitas un lugar, materiales, ¿que son?
Molly tuvo que golpear el costado de su esposo para hacerlo reaccionar. - Perdón... metal, tela, piel, incluso sé que usan cerámica en algunos casos, pero sube el precio.
- Bueno, ¿puedes hacer un modelo más caro que otro? - Preguntó Lucius, hacía tiempo que no se sentía tan motivado.
- Por supuesto, pero necesitamos que no parezca muggle, y sinceramente no tengo gustó en el arte. - Dijo haciendo reír a los presentes.
- Ya encontraras a alguien, un nacido mestizo creo que sabría de que hablas y que buscas. - Dijo Molly, ella no entendía particularmente a los autos, pero estaba segura que habría más de uno que lo haría.
- Si, ¿cuánto tardarías en entrenar a un grupo de magos para comenzar? - preguntó Lyra.
- Mmm... no más de dos semanas, en lo que hago los moldes, y práctico la transformación de los materiales. - Dijo Arthur rascándose la cabeza. - Pero son hechizos sencillos, con un par de graduados de Hogwarts estoy seguro que lo harán bien.
- Si, pero quiero que no confíes tanto en tus empleados, te deben respeto y te lo tienen que dar, y agradecería a tu esposa estuviera presente para que estén en raya, y no se te suban a las barbas. - Dijo Lyra completamente sería.
- Seguro. - Respondió Molly aunque le preocupaba lo mucho que parecía conocerlos.
- Perfecto. - Dijo con una sonrisa. - Los materiales.
- Serán caros, no hay mucho en el país, y lo poco lo suben de precio. - Dijo Lucius sabiendo que ahí es donde el entraba. - Incluso trayéndolo del continente, será un gasto extra.
- Tengo un conocido, él y su gente produce metal en el Africa, acero y demás. - Dijo Lyra sonriéndole a Lucius, haciendo que el también lo hiciera. - Puede embarcarlo en una nave muggle y lo recogemos aquí, solo necesitamos a alguien dentro del muelle, o pagar, pero será mucho menos.
- ¿Solo metal? - Preguntó Lucius.
- Bueno, podemos usar el sistema en otras áreas, se sabe que los invernaderos no se dan a basto. - Dijo Lyra sabiendo hacia dónde se dirigían los pensamientos del rubio.
- Greengrass es un buen socio, aunque no es un amigo, es dueño de los boticarios, no es alguien que nos conviene tener en contra tan pronto. - Dijo con sinceridad.
- No necesariamente debe ser nuestro enemigo, puedes darle la oportunidad de traerlo de nuestro lado, los dueños de los invernaderos los quieren para ellos solos, y solo venden lo poco que les sobra, si damos una competencia, los precios bajaran, y en consecuencia los boticarios se harán más accesibles, y comenzarán a vender más. - Dijo Lyra, había estando pensando en ello toda la mañana.
La sonrisa salvaje que apareció en el rostro de Malfoy fue un excelente indicador de lo que sucedía. - Los viejos arrogantes no sabrán que los golpeo. - Dijo Lucius mostrando su dentadura.
- ¿Y cómo quedaría el capital? - Preguntó con las mejillas sonrojadas Arthur.
- Por mí parte esperaba comenzar con dos millones de galones, ya sabes para los materiales y la contratación de personal, aparte de tu taller. - Dijo como si nada, pues a lo largo de su vida había logrado juntar una absurda cantidad de dinero. - Por supuesto también un pago para ti, en lo que se levanta el negocio, digamos quinientos mil galeones.
- Yo podría poner otro millón, pero no sé cómo eso nos dejaría. - Respondió Lucius, esa cantidad era lo suficiente grande para ser parte del trato, y ni dejar vacía su bóveda, sabía que debían hacer "contribuciones" al ministerio para hacer funcionar todo.
Los ojos de los Weasley se abrieron con las absurdas cantidades de oro que las personas frente a ellos manejaban.
- Creo que es hora de ser honestos, y quiero que digan si no es aceptable o si lo es, con total confianza. - Dijo Lyra, viendo a las dos familias. - Seremos socios en esto, y como tal iguales, y tratando de evitar problemas futuros, las ganancias, les parece que sea repartida en tres partes iguales, aunque tengo que aclarar que los primeros seis meses todo irá a trabajar nuevamente.
- En que se basa para hacerlo de esta forma. - Preguntó Molly, no pudiendo creer que lo que escuchaba fuera real.
- Arthur es el que va hacer prácticamente el trabajo duro, hablará con los empleados, los capacitará, blah, blah, ese es un trabajo muy importante, por lo que merece ser recompensado por ello, y Lucius se encargará de los negocios, un trabajo para el que es excelente, los tres seremos dueños de la empresa, y las decisiones importantes deberán ser tomadas por los tres, y yo sin embargo, lo que puedo hacer es lo que les dije, conectar con los pocos amigos que tengo, y dar el dinero. - Explicó viendo a todos.
Durante unos segundos todos permanecieron en silencio, fue así hasta que Lucius se levanto de su silla, y les pidió a Lyra y Arthur que lo acompañaran. Dandole la mano izquierda a la persona de su derecha, y su mano derecha a la de su izquierda, hicieron el voto.
OwO
- ¿Oíste la transmisión del partido de la liga nacional la semana pasada? - Preguntó Draco, mientras el pequeño grupo avanzaba por el pasillo para ir a la choza de Hagrid.
- No pude, McGonagall no deja que tengamos transmisores en la sala común. - Respondió Ron, mientras que veía a Harriet y Hermione discutir sobre una tarea de la próxima semana.
- Te lo perdiste, ¡fue fantástico! - Dijo Draco, haciendo que Ron hiciera un puchero. - Pero creo que podemos conseguirte un pequeño transmisor, ya sabes nada del otro mundo.
- ¿Pero como lo conseguirás aquí adentro?
Fue cuando llegaron a la choza de madera, y Hagird estaba atendiendo a su perro.
- Yo creo que sé cómo. - Respondió Harriet mientras veía al medio gigante recoger sus botas.
Un escalofrío recorrió la espalda de Hermione.
"Por que siento que no será tan fácil"
