Muchas gracias por todo el apoyo que esta recibiendo este triste intento de historia. De Verdad agradezco mucho sus comentarios, y me gustaría poder responder a todos ellos, pero se me complica muchas veces, lo siento.
Y no suelo hacer esto, pero por favor comenten si les gusta el rumbo que está tomando, y como dijeron en un gran filme, "Por favor amigo te chupare el pito"
Como siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo IX. La historia de tres dragones. Pt. V
Hagrid se encontraba alrededor de su cabaña preparando sus cosas para una pequeña visita al bosque prohibido, pues cuando naciera el dragon del huevo dudaba tener tiempo para hacerlo, aunque el huevo en cuestión según lo poco que había leído le faltaban algunos meses para eclosiónar.
Las visitas de la señorita Harriet habían sido más que bienvenidas a lo largo del semestre, pero cuando volteó a verla junto a sus amigos, algo en sus sonrisas no le causó una buena sensación, algo que se hizo aún más evidente cuando la pequeña azabache abrio un poco más los ojos e inclinaba la cabeza a un lado, una señal que rápidamente había tenido que asociar con que le pediría algo.
- Hagrid... - Dijo con un tono cantado, haciendo que el medio-gigante esbozara una mueca. - ¿Crees que me puedas hacer un pequeño favor?
Para Hagrid era fácil dejar llevarse por sus sentimientos, por lo que escondió sus ojos de la mirada de la niña frente a él para poder hablar. - Señorita Harriet, su madre me pidió que no le siguiera la corriente en sus travesuras.
Tanto Draco como Ron compartieron una mirada incrédula, era de conocimiento común en su mundo lo que le había pasado a los Potter, pero no dijeron nada en ese momento, seria una conversación para otro momento.
Harriet se puso una mano en el pecho haciendose la ofendida, sabiendo perfectamente la conversación que tuvieron su madre y Hagrid, aunque lo que menos quería era causarle un problema a Hagrid, también quería hacer que la estancia de Ron fuera más agradable, pues el estaba haciendo un esfuerzo extra para estar con ellas y lo menos que podía hacer era conseguirle un poco de diversión.
- ¿Me crees capaz de hacer algo así? - Hagrid se quito la mano del rostro y vio a la pequeña, y aprovecho para ver a Hermione a su lado que rodaba los ojos exasperada.
- Hablemos de eso adentro, comienza a hacer frío. - Dijo cambiando de tema, esperando casi inútilmente que Harriet desistiera de hacerle la pregunta, sabiendo perfectamente que no podría decir que no.
Draco ciertamente no esperaba que el lugar por dentro estuviera en tan buen estado, los muebles parecían hechos a medida para el hombre, haciéndolo ver a él junto a sus compañeros mucho más pequeños de lo que eran, lo que no sabía era que había sido poco tiempo el que la casa de Hagrid había sido así, pues tanto Harriet como Lyra no creían correcto que el guarda de llaves estuviera viviendo en las condiciones en las que lo había estado haciendo, así que se las habían arreglado para pasar un par de muebles y demás regalos para el hogar de Hagrid, hechos específicamente para el.
Hermione evitó mirar el huevo que descansaba cerca a la chimenea, aún no sabía cómo se suponía que habían a ayudar a ello en específico, su miedo se intensificó cuando Ron abrió mucho los ojos junto a Draco.
- ¿Eso es lo que creo que es? - Dijo Draco como si quisiera acercase a él, pero al mismo tiempo no hubiera suficiente espacio entre ellos.
- Demonios, si. - dijo Ron, y antes de que Hermione pudiera alzar la voz por su lenguaje volteo a mirar a Hagrid. - ¿Cómo lo conseguiste?
- La otra noche fui a la cabeza de cerdo a tomar una pinta. - Dijo Hagrid sentándose en el sillón de cuero de topo que comenzaba a pensar era el paraíso en vida. - Había un hombre con capucha jugando a los naipes, ya sabes, me invitó a jugar, platicamos un poco de animales y me comentó que tenía un huevo de dragon, yo le dije que era mi sueño tener uno.
- Sabes que son ilegales, ¿verdad? - pregunto Draco, viendo al hombre y la imagen que había tenido sobre el hombre comenzaba a cambiar, "se las había arreglado para conseguir un huevo de dragon"
- Lo sé, pero se que no sera tan difícil, aparte de que ya crié a Fluffy, no creo que un dragon sea un gran problema. - dijo con confianza.
- ¿Qué es un Fluffy? - Preguntó Hermione, no sabiendo si quería escuchar la respuesta.
- No debi decir eso. - Se regaño en voz baja mientras que desviaba la mirada. - De todos modos, le gane y me lo dio, aunque ahora que lo pienso parecía que se quería deshacer de él.
- Claro que se quería deshacerse de él. - dijo la castaña exasperada. - Ya escuchaste, es ilegal.
Harriet hizo lo que hacía en esos momentos, y tomó a Hermione de la cintura y la sento en su regazo. - Ya lo resolveremos, no va a nacer en un par de meses. - le dijo al oído, y casi de inmediato la sintió relajarse.
- ¿Quieren dulces de café? - Dijo Hagrid, esperando que otro cambio de tema, le ayudara.
- En realidad, Hagrid, sobre ese favor del que hablamos. - Dijo Harriet mientras veía a Ron y a Draco hablar señalando el huevo. - ¿Crees que me puedas ayudar a conseguir un transmisor de la red pública?
Los ojos de Hagrid se abrieron un poco, no había esperado escuchar algo así. - ¿Eso es lo que me ibas a pedir? - preguntó incrédulo.
- Claro. - Dijo la azabache.
El cuidador de llaves se rasco la barbilla, pensando. - Puedo encargarlo en la tienda del pueblo, pero se tardará un par de semanas en llegar.
Perdido en sus pensamientos, no presto atención a las sonrisas de los niños al escuchar su respuesta, pues lo que el no sabia era que la profesora McGonagall había prohibido aquel instrumento que se había propuesto a conseguir, por una excelente razón en específico.
OwO
Durante un par de semanas la casa Slytherin había permanecido extrañamente tranquila, y todo por una sencilla razón, uno de los suyos se había separado de ellos para pasar sus tiempos libres con los de otras casas y con el se había llevado a sus dos "amigos", se sabía que los miembros de la casa de los astutos no solían tener mucho contacto con los pertenecientes de otras casas a menos que necesitarán algo, sin embargo el vástago de la casa Malfoy, había roto ese esquema por completo, no sólo siendo amigo de dos Ravenclaw y que una de ellas fuera "Sangre sucia", sino que también estaba manchando el sagrado nombre de Slytherin siendo amigable con un Gryffindor.
Los mayores lo habían dejado ser, pensando que era una especie de trampa, sin embargo conforme pasaron los días esa creencia se había vuelto ilusa.
Un par de quintos años, habían pensado acorralar al menor en una situación en la que viera con quien le convenía estar, haciéndole ver su error al escoger amistades, sin embargo su propio orgullo no les hizo verificar si había un par de oídos cerca, algo que de hecho había.
Daphne Greengrass no había escuchado el plan para atacar a Malfoy a propósito, pues había permanecido en la sala común de su casa haciendo una tarea que se habría de entregar después de Halloween, y antes de que pudiera irse, había escuchado más de lo debido y era consciente que si era vista, la harían algo para no alertar a Draco sobre el plan en su contra.
En primera instancia Daphne sabía que no tenía nada que ver ella, por lo que ni siquiera debería de importarle, desde su punto de vista, Draco pudo haber sido más cauteloso a la hora de entrar al círculo de amigos de "la niña que vivió", sin embargo no veía mal el que lo hubiera hecho, pues prácticamente era el sueño dorado de todos los niños. Sin embargo un pensamiento errante la hizo reconsiderar su posición, su padre le había enviado una carta una semana antes, donde le pedía no enemistarse con el hijo de los Malfoy, ella no estaba en Slytherin por su cara bonita, y si algo le había enseñado su padre, era a reconocer sus oportunidades, debía ser inteligente si quería sacarle provecho a la situación y no dejar que se supiera que ella tuviera algo que ver.
A la mañana siguiente, era treinta y uno de octubre, día de todos los santos, los arreglos para la celebración de la noche, empezaban a ser presentes, y todos estaban impacientes por qué llegara para tener el banquete.
Como empezaba a ser costumbre, Draco se sentó en la mesa de los Ravenclaw, junto a Ron que le regresó sus apuntes de encantamientos que le había pedido para la tarea. El rubio casi se golpea el rostro cuando su amigo lo hizo a plena vista de los profesores, pero nadie había acusado a Ron de ser el más discreto del mundo.
- A la próxima si quieres hay que hacerlo frente a Flitwick. - Le susurro, haciendo que Ron volteara a ver a los lados, tratando de averiguar si había sido visto.
- Draco, si sigues dejando que vea tus trabajos no va a aprender. - Dijo Hermione que estaba sentada frente a ellos mientras que Harriet servía café en dos tazas, parecía que habían tenido una noche larga.
- Pará qué lo sepas, no le copie. - Se defendió Ron con una mueca. - Me ayudó a ver en qué estaba pasando por alto.
Hermione sintió sus mejillas sonrojar. - ¿Entonces supongo que pudiste hacer el encantamiento? - Dijo esperando que lo logrará, ellas ya habían tenido la clase que les tocaba ese día, y les habían dicho que estudiar.
- Mas o menos, aún no logro hacer que flotee la pluma. - Dijo viendo a Harriet, esperando que le diera una pista para hacerlo.
- Es leviOsa, y con un movimiento fluido. - Le explico Hermione haciendo el movimiento con su mano.
Ron rodó los ojos, escuchando la misma explicación que le había estando dando desde que le dijeron que había que hacer el hechizo flotante.
- De todos modos. - Dijo golpeando a Draco en el costado, pero a diferencia de otras veces, el rubio no le regresó el saludo, cuando volteó a verlo, leía con atención una carta, pero desde su lugar no había podido ver que decía.
- Me voy a adelantar, ¿Harriet si quieres el libro de pociones que te dije? - Dijo apresurado, llamando la atención de Ron y Hermione, pero la azabache alzó la mirada y asintió.
- Por favor. - dijo levantándose y dándole un apretón en el hombro a Hermione. - Te veo en el salón, no tardó.
Ambas tenían defensa contra las artes obscuras, con el profesor Quirell, aunque aprovechaban el tiempo para leer más de la materia que el tartamudo profesor parecía haber olvidado enseñar.
Harriet y Draco salieron del comedor aprovechando que un grupo grande de Huffepuff's se dirigía a los invernaderos.
- ¿Entonces? - Dijo Harriet cuando ingresaron a un salón vacío en el segundo piso.
Draco sacó la nota que había encontrado en su mochila cuando había metido las notas de encantamientos, y se la entregó a Harriet.
En ella con letra fluida le advertía en pocas palabras que un par de quintos años lo planeaban engañar para incursionar en un baño de niñas, para que mostrará su astucia, pero que advirtieron a la profesora McGonagall sobre ello, terminaría perdiendo puntos y posiblemente castigado.
Harriet hizo una mueca, era sutil pero sí lo hacían bien, Draco podía llegar a ser castigado por un par de semanas y lo más probable que no le permitieran estar junto a ellas, pues lo harían ver como un pervertido.
- ¿No te puedes negar? - le dijo lo primero que se le ocurrió, y supo que había sido algo estúpido cuando Draco la vio como solía ver a todos los demás. - Ya, perdón.
- No es eso, si me niego caería mi reputación, y en Slytherin la reputación lo es todo. - dijo sentándose en el suelo, mientras que Harriet se sentaba junto a él.
- Mmm... Puedo salir contigo cuando te digan que lo hagas, que supongo será durante el banquete. - Dijo Harriet mientras jugaba con su túnica.
- ¿Y que? ¿Qué nos atrapen a los dos? - dijo Draco de mal humor, pero cuando volteó a verla, ya no estaba. - ¿Qué carajos?
Se estuvo a punto de levantar cuando sintió que le tocaban el hombro y salto del susto, no fue hasta que escucho la risa de Harriet que su corazón pudo tranquilizarse un poco.
- Esto. - dijo su voz desde ningún lugar. - lo he estado practicando, aunque a la luz si se ve, pero si nos escondemos en una esquina podriamos pasar desapercibidos.
- ¿Solo nosotros? - le preguntó refiriéndose al resto del grupo.
- Claro. - Dijo volviendo a la normalidad. - ¿Qué puede salir mal?
Draco acompañó a Harriet a su salón que estaba en el segundo piso de manera provisional con el cierre del corredor principal del tercer piso. Vio a Hermione esperando fuera del salón y parecía querer preguntar algo, pero la campana de advertencia para las clases lo impidieron, y casi lo corrió para que se fuera a su propio salón.
El rubio camino hacia el corredor de hechizos, la nota no había dicho quien le advertía o quien le iba a tender la trampa, esperaba que sólo fuera una broma para hacerlo paranoico, pero justo antes de llegar a su salón, dos jóvenes mucho mas altos que el, le impidieron el camino.
- Malfoy - le llamo el primero y por mas que lo intento no se acordó de su nombre. - Te hemos estado viendo, y creo que tienes verdadera madera de Slytherin
- Gracias. - respondió simplemente.
- Ahora, debes demostrarlo. - le dijo el segundo que era mucho más grueso que su amigo.
- ¿Cómo? - Preguntó haciendo sonar su voz desesperada cómo lo haría si no supiera que era una trampa.
- Dejamos un paquete en el baño de las niñas del segundo piso. - le respondio el primero.
- ¿Cómo entraré sin que nadie se entere? - el fingir su voz le costaba cada vez más trabajo, pero necesitaba que sonara real.
- ¿Eres de Slytherin? - pregunto el más grueso, con claro desprecio en su voz, ganandose un asentimiento de él. - Pues se astuto.
Y con eso se fueron, se preguntó si de verdad había algo en el baño, o solo le dijeron eso para que no se pudiera ir hasta que lo atraparan.
Las clases pasaron con relativa normalidad, pues incluso los profesores parecían querer que el banquete comenzará cuánto antes.
Harriet pudo esquivar las preguntas constantes de Hermione, preguntándole sobre los trabajos en clase, había descubierto que su amiga era especialmente feliz cuando su extenso conocimiento podía ayudar.
- Entonces... - Dijo con voz baja, mientras veían a la profesora de herbologia, comenzar a plantar un par de semillas que se supone era su proyecto anual. - ¿Que clase de plantas son estas?
Escucho un par de risas a su lado, y podía suponer que eran por la expresión en el rostro de Hermione, pues parecía escandalizada con su pregunta.
- Son brotes de planta del diablo. - Dijo con dientes apretados. - ¿No estabas escuchando?
Harriet giró los ojos, no sabia por qué Hermione se tomaba tan a pecho las cátedras de los profesores.
- En realidad tengo mucho sueño. - Dijo tapándose la boca, lo cual fue una mala idea cuando sus labios se llenaron de tierra.
- Si quieres podemos irnos a la torre después de esto. - Dijo Hermione, notando que la azabache estaba ocultando algo, y aunque parecía que ni ella se había dado cuenta, aquel cambio había comenzado desde hacia una semana cuando el Halloween era inminente, de repente parecía perdida en sus pensamientos o descuidada con lo que sucedía a su alrededor.
Hermione había leído en grandes acontecimientos del siglo XX, lo que había pasado hacia diez años ese día, no había querido preguntarle a Harriet directamente porque no sabía lo que ella misma pensaba sobre ello, aunque dudaba que fuera un tema que su amiga disfrutará.
- No, creo que debes disfrutar el banquete, de todos modos es tu primer Halloween en el mundo mágico. - Dijo Harriet limpiándose el rostro con un pañuelo de franela que estaba sujeto a su cuello.
- ¿Estas segura? - Su voz sonaba anhelante ante su respuesta, esperando poder ser de ayuda a su primer amiga.
La azabache sonrío y golpeó la nariz de Hermione dejando una mota de polvo en la punta. - Segura.
Limpiándose la suciedad en su rostro Hermione le sonrío, esperaba que después de esa noche todo mejorara.
Fiel a su palabra, después de quitarse la batas protectoras, y limpiarse en el baño cercano, Hermione y Harriet se separaron.
El gran salón estaba rebosante de adornos, las velas que iluminaban el techo habían sido cambiadas por calabazas talladas, el aire estaba cargado del olor de los dulces de calabaza y papas dulces. Hermione se sentó en la mesa de los Ravenclaw, pese a que el ambiente era alegre por la festividad, había algo que no le dejaba disfrutarlo, y vio a su alrededor, todos estaban platicando animadamente, mientras que ella comía sola en medio de todos ellos.
Estaba a punto de levantarse para irse, cuando una conversación de un par de mayores la detuvo de hacerlo.
- ¿Y Potter? - preguntó un tercer año viendo de reojo a lo largo de las mesas esperando encontrarla.
- Dicen que decidió saltarse el banquete para tener una cita con el heredero Malfoy. - Dijo una joven de cabellos rubios. - Los vieron caminar cerca de los baños del segundo piso, juntos.
- ¿No ambos están en primer año? - Preguntó alguien que al parecer le había llamado la atención la platica.
- Has visto que se sienta junto a ella durante las comidas, por mucha amistad que tenga con cualquiera no me sentaría lejos de mi casa. - Le respondió. - Además, ¿los has visto? Son adorables cuando están juntos.
Hermione sintió como sus mejillas se sonrojaban, eran estúpidos los rumores que llegaban a inventar, ella misma se habría dado cuenta si su mejor amiga estaría interesada en alguien. Pero su mente le recordó con extrema eficacia y con un toque de propia crueldad como Harriet había estado actuando, el como parecía perdida en sí misma, pero antes de que pudiera esfumar aquel horrible pensamiento de su mente, las puertas del comedor se abrieron de golpe y el profesor Quirell entro corriendo hasta llegar a la mitad del comedor.
- ¡Troll en las mazmorras! - Gritó llamando la atención de todos. - Pensé que debían saberlo. - Dijo por ultimo antes de que su cuerpo quedara tendido en el suelo.
Los gritos de cientos de alumnos resonaron en la sala, y solo fue la voz del director la que logró hacerse oír entre estos.
- Prefectos, guíen a los estudiantes a sus casas. - Dijo el anciano director. - Profesores, conmigo.
Los nombrados no tardaron en hacer lo que decía el director, y los prefectos trataban tranquilizar a los estudiantes asegurándoles que todo estaba bajo control, más con Dumbledore cerca.
Hermione caminaba a prisa, pero fue un momento en que vio a Ron cuando pasaban por el segundo piso para llegar a las torres, que la conversación que había escuchado volvió a su mente.
En un momento en que su perfecta, Penélope, parecía estar distraída corrió hacia su amigo pelirrojo, y apenas pudo apartarlo sin ser vista para poder hablar con el.
- ¿Que sucede? - Preguntó el menor de los Weasley, viendo a uno de sus hermanos mayores guiando a todos.
- Harriet y Draco. - Dijo con el corazón latiendo dolorosamente contra su pecho.
- ¿Que tienen ellos?
- Escuche que estaban juntos en el segundo piso. - Vio el desconcierto en el rostro de Ron. - ¡Eso significa que no escucharon sobre el Troll!
El horror marcó las facciones del niño, que vio hacia todos lados con rapidez. - Bien, pero hay que ir rápido.
Ambos comenzaron a correr, guiados por Hermione que era la que había escuchado la conversación sobre la azabache.
OwO
Harriet había encontrado a Draco después de separarse de Hermione, y caminaron a los baños del segundo piso.
Antes de entrar a ellos, Harriet tomo su varita y lanzó el hechizo dilusorio sobre ella misma y sobre Draco.
- Listo. - Dijo abriendo la puerta.
Ambos comenzaron a buscar alrededor de los cubículos cualquier cosa fuera de lo normal, pero parecía que sus sospechas habían sido ciertas y los mayores no habían dejado nada para encontrar.
- ¿Y ahora? - Preguntó Harriet sentándose sobre uno de los lavabos.
Draco pensó en una respuesta, mientras la veía, sabiendo que estaba ahí no era tan complicado ver como el aire se distorsionaba alrededor, y fue en un momento en que sus ojos viajaron a donde estaba sentada viendo hacia el grifo del lavabo, que no era como el resto, sino que la cabeza de la llave era una serpiente.
- ¡Eso! - Dijo apuntando a su descubrimiento.
Harriet saltó de su lugar y vio a donde apuntaba, durante unos minutos ambos vieron el fino trabajo, y era tan detallado que se sorprendieron de lo bien que había sido hecho.
- Supongo que debemos de romperlo. - Dijo Draco sacando su varita del bolsillo de su túnica.
Pero antes de que pudiera hacerlo, escucharon un ruido sordo, como si algo estuviera siendo golpeado contra el suelo.
Ambos vieron a la puerta que es donde venía el ruido, y dieron un par de pasos hacia atrás, jadearon cuando una gran mole de piel grisácea atravesó el umbral de la puerta cargando una masa.
El ser pareció poder escucharlos pues volteo a su dirección, sus pequeños ojos buscaban cualquier cosa a la que atacar, y agradecieron no haber levantado el hechizo, cuando dio un paso adelante dirigiéndose a los cubículos.
Ambos comenzaron a caminar por la orilla de los baños, haciendo el menor ruido posible, sin embargo cuando el Troll golpeó los cubículos con su masa, y un par de astillas llegaron a golpear a Harriet, haciendo que soltara un gemido.
El ser volteo de nueva cuenta a su dirección alzando su arma, listo para comprobar por si mismo que era lo que había alrededor, pero algo llamó su atención justo cuando preparaba el golpe.
Por la puerta entraron Ron y Hermione jadeando, pues habían sido alertados por el gemido de Harriet, que al parecer había sido mucho más fuerte de lo que había creído, por la sorpresa causada por su entrada Harriet deshizo la ilusión, dejándola a la vista junto a Draco.
Durante unos cuantos segundos que parecieron eternos, todos se quedaron quietos, y fue el Troll el primero en reaccionar alzando su maza nuevamente, Harriet viendo el peligro cerca, tomo una decisión para que sus amigos huyeran, corrió a la dirección contraria de la puerta y con su varita golpeó a la mole con los destrozos que había causado.
- ¡Hey Por aquí! - Gritó cuando hizo levitar un pedazo de escusado que le golpeó el rostro al monumental ser.
El troll se dio media vuelta hacia su atacante, dando pasos tambaleantes hacia ella, pero contrario a lo que quería sus amigos comenzaron a copiarla.
- ¡Tu monstruo!
- ¡Eres feo como tú solo!
- ¡Apestas!
Aunque el troll no podía comprender sus palabras, sentía los golpes que le eran lanzados, y viendo a tres reunidos decidió atacarlos, se dio la vuelta con su masa en alto, listo para acabar con sus vidas.
Y cuando Harriet vio sus intenciones, corrió en su dirección, y dando un gran salto alcanzó a subirse a la espalda del troll, este se sacudía violentamente, tratando de hacerla caer, pero estando bien sujeta a su cuello sus intentos fueron inútiles, Harriet separo uno de sus brazos del cuello, y apenas apuntando a la base de su cráneo pronunció un hechizo.
- Diffindo.
Antes de que pudiera hacer cualquier otro movimiento, los tres espectadores vieron como los ojos del Troll se nublaban y caía al suelo sin fuerzas, vieron con ojos grandes el pequeño corte en la nuca del ser, donde pese a la sangre se alcanzaba a ver un pedazo de la columna del troll.
Durante unos segundos, sus miradas veían entre Harriet y el troll que estaba a sus pies, no pudiendo creer lo que habían visto.
- ¡En nombre de Merlin! - El gritó los saco de su trance, y los niños vieron a la puerta donde los jefes de casa estaban parados junto al director, sus ojos veían a todos los presentes, Harriet trató de ocultar su varita y se separó sutilmente del troll, la profesora McGonagall que fue la que había alzado la voz, volvió a hacerlo. - ¿Que sucedió aquí?, mejor dicho ¿¡Que hacen ustedes aquí?!
Los cuatro compartieron miradas, sin saber qué decir.
- Señorita Potter, señorita Granger. - Comenzó su jefe de casa, viendo el silencio en sus mejores alumnas. - ¿Por que no están en la sala común, como se les dijo?
- Profesor. - comenzó Harriet dando un paso al frente. - Me sentía mal antes del banquete, y Draco me acompañó al baño, me dijo que fuéramos a la enfermería, pero no creí que fuera necesario.
- Ellos no estaban durante el banquete, así que antes de ir a las nuestras casas, debíamos de avisarles sobre el troll. - Dijo Hermione, dando su propio punto de vista. - Pero este ya estaba aquí cuando llegamos, y Harriet se las arregló para salvarnos.
Los maestros estudiaban a sus alumnos, viéndolos con detenimiento, buscando en sus rostros cualquier signo de mentira, pero no lograron encontrar nada, aún conmocionados por ver a un Troll muerto en medio del baño, y peor aún que una niña de primer año fuera la causante de ello.
- Muy bien. - Dijo Dumbledore. - Cinco puntos de Ravenclaw y Gryffindor por desobedecer una orden de su director, señorita Granger y señor Weasley, y otros cinco puntos cada uno por no alertar del peligro a un mayor.
Los mencionados bajaron la mirada.
- Pero veinte puntos a Ravenclaw, Gryffindor y Slytherin por no dejar solo a un amigo, en momentos de necesidad. - Dijo con voz solemne, ganándose una gran sonrisa de los tres. - Ahora, por favor retírense a terminar su cena en las salas comunes de sus casas.
Los cuatro iban a comenzar a caminar, cuando la voz del director volvió a hacerse oír. - Señorita Potter, requiero una palabra con usted.
Harriet vio a los ojos al director, pero antes de que pudiera acercarse a él, o siquiera pudiera decir algo, sus tres amigos corrieron para colocarse delante de ella, protegiéndola.
- Director, fue en defensa propia.
- Ella nos salvo.
- Las reglas establecen que en circunstancias especiales de les permite a los alumnos utilizar su varita, si su integridad o la de otro peligra.
Los tres hablaron al mismo tiempo, impidiendo comprender lo que decían con entera claridad, pero las intensiones eran claras.
- Tranquilícense. - Dijo el director, deteniendo sus alegatos. - La señorita Potter no está en problemas, pero como dije necesito tener una palabra con ella, les aseguro que estará en su sala común en unos minutos, y el día de mañana podrán disfrutar su desayuno todos juntos.
Los tres se vieron entre sí, pero las miradas en sus jefes de casa, les decían que era mejor hicieran lo que se les ordenaba. Los tres salieron del baño, dandole una ultima mirada a su amiga, y esta les sonrío tratando de tranquilizarlos.
Los cinco adultos se acercaron al cuerpo tendido del Troll, y vieron el perfecto corte en su nuca, sabiendo que muy pocos sabían de ese punto débil en el ser, y mucho menos creían que una primeriza pudiera saberlo ni aprovechar para hacer lo que hizo, las conjeturas sobre Harriet comenzaron a llegar a sus mentes.
- Creo que necesitamos ir a mí oficina. - Dijo Dumbledore. - Llamaré a Hagrid para que lo saque de aquí.
El grupo recorrió los pasillos y escaleras en completo silencio, hasta llegar a una gárgola, que se apartó en su presencia, dejando al descubierto unas escaleras de caracol.
La oficina del director estaba repleta de cuadros de los hombres y mujeres que ocuparon el cargo anteriormente, miles de libros y diferentes objetos adornaban las paredes.
- Harriet. - Dijo el director mientras le señalaba una silla frente al escritorio. - Por favor siéntate.
La niña obedeció, mientras veía a los adultos caminar detrás del escritorio y flaquear al director mientras él se sentaba en el centro. De pronto su corazón comenzó a latir más rápido cuando las miradas de los cinco se clavaron en ella, y el silencio se hizo cada vez más sofocante con cada segundo que pasaba.
- Como dije no estás en problemas. - Dijo Dumbledore tratando de tranquilizar a la niña, viendo su creciente nerviosismo. - Solo quisiera hacerte unas preguntas, y te agradecería pudieras contestar con sinceridad.
- Si director. - Dijo haciendo un ejercicio de respiración, buscando tranquilizar su corazón.
- ¿Me puedes decir cómo supiste derribar al Troll? - Le preguntó con la mirada fija, pero dándose cuenta que sus maestros se hicieron ligeramente hacia delante tratando de escuchar la respuesta.
- Mi madre me enseñó. - Fue su simple respuesta.
- Ya veo. - Dijo.
Cuando la profesora McGonagall le había informado sobre la "madre" de la niña, pensó que se trataba de su tía Petunia, y que al pasar del tiempo la pequeña había visto en ella una madre, la varita inusual podía deberse a que de casualidad se había encontrado a un fabricante de varitas diferente a Ollivander, y había desechado sus preocupaciones, sin embargo, había sido un error de su parte.
- Tu madre. - Dijo, con calma, era claro que alguna bruja se las había arreglado para sacarla de las protecciones de Privet Drive. - ¿Como se llama?
La niña hizo una mueca. - Me dijo que le llamara si llegaban a hacer esa pregunta, ¿me permite? - Dijo apuntando con su dedo a la chimenea que permanecía a un lado de la habitación.
Los ojos de Dumbledore brillaron, asintió mientras que tomaba su varita con fuerza, si había logrado pasar por los barrios de la casa de los Dursley era una persona muy poderosa. - Adelante.
Harriet se levanto de la silla y camino a la chimenea, con su varita lanzó un hechizo incendio que le había enseñado Hermione, y de una pequeño recipiente que descansaba sobre la chimenea tomo polvos flu, y los lanzó al fuego.
- Casa de mamá. - dijo con voz fuerte, y por un momento pensaron que Harriet estaba jugando una broma, pero una voz un poco más grave que la de la niña se escucho.
"¿Harriet?, ¿cariño estás bien?"
- Si mamá, es qué pasó algo, y estoy en la oficina del director, me pregunto por ti. - Dijo Harriet apenas a un paso de la chimenea.
"¿Que hiciste dragoncita?" Dijo la voz con clara diversión, pero antes de que pudiera responder la voz volvió a hablar. "Hazte a un lado, voy a pasar"
Todos vieron con atención a la chimenea, mientras que el fuego verde brillaba con fuerza, una mujer alta salió de entre las llamas, su traje negro bailo entre el fuego, y ni siquiera se había sacudido las cenizas cuando abrazo a Harriet contra su cuerpo.
- No sabes cuánto te extrañe dragoncita. - Dijo mientras le revolvía el cabello a su hija.
- Yo también mamá. - Dijo Harriet antes de escuchar un carraspeó de atrás suyo, cuando se separaron lograron escuchar un gemido de sorpresa.
Lyra alzo su mirada y vio a las personas reunidas, los estudio con la mirada hasta que vio a cierto hombre que había conocido hacia algún tiempo.
Snape dio un paso atrás reconociendo a la mujer, no había cambiando nada desde su niñez, cuando le había inculcado el amor por las artes oscuras, y de pronto la revelación lo lleno, por eso Harriet se parecía tanto a Lily, habían sido ilustradas por la misma mujer.
Dumbledore veía con sorpresa a la mujer, el parecido entre ambas era excesivo, tanto así que si no conociera la verdad, juraría que era la verdadera madre de Harriet. Sin embargo antes de que pudiera indagar más en las apariencias, dos de las reacciones de sus profesores, lo hicieron volver a la realidad.
Minerva McGonagall, sintió todo su ser gritar, pero no era igual que con Harriet, era sumamente diferente que con ella, todo ella gritaba por miedo, sus nervios pedían clemencia, su instinto le suplicaba esconderse o suplicar por su vida, era tal la sensación que dio un paso atrás cerrando fuertemente los ojos.
- Severus. - Dijo Lyra, viendo directamente a los ojos del profesor de pociones. - Siento mucho tu pérdida, Lily... Lily te quería mucho pese a todo.
Los ojos de Snape se abrieron, después de todo ese tiempo, el dolor parecía rehusarse a abandonarlo, y sin embargo, aquella era la primera vez que alguien le decía aquello.
