Perdonen la demora, pero como he dicho la escuela no me deja mucho tiempo libre, espero puedan comprender, de igual manera espero que disfruten el capítulo, como siempre les agradezco enormemente el apoyo.
Los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.
Capítulo XI. Sin Saber.
Sin poder esperar un minuto más, Harriet se apresuró a la torre Ravenclaw, el camino desde la oficina del director fue para la pequeña azabache extrañamente largo, más cuando no sabía cómo actuarían sus amigos ante lo que habían vivido esa noche, si bien la habían defendido de los profesores, no sabia que sucedería cuando bajara la adrenalina, pues a pesar de su creciente confianza entre ellos, no creía que el verla matar a un troll fuera una experiencia grata para ninguno de ellos, y si era sincera consigo misma, la sola idea de perderlos, hacía que su ansiedad creciera muy por encima de lo normal.
Sabía desde que encontró a su madre que ella no era completamente normal, una prueba de ello era su infancia, y aunque apenas podía recordar su vida antes de su encuentro y la amaba más que a nada, ambas solían permanecer recluidas en su casa por conveniencia de ella, por lo que tenían poco o ningún contacto con otras personas aparte de ellas mismas, siendo las pocas veces que lo tenía personas mucho mayores, que en su mayoría la solían tratar con pinzas por temor a su madre, solo el viejo Aberforth era el único que hablaba con ella como una persona, pero siendo sinceros una persona de más de un siglo de vida no podía ser catalogada como amiga de una niña.
Por eso Hermione, Ron y Draco eran como un oasis en el desierto, ni siquiera sabía exactamente cómo se las había ingeniado para poder hacerse amiga de ellos, había sido tan natural, como si simplemente fuera algo que debía ser.
Y Harriet no podía estar más feliz por ello.
Sin embargo, estaba esa pequeña posibilidad de haberlo arruinado todo, podía recordar sus miradas cuando el troll cayo al suelo... la incredulidad... y aunque lo negara, el miedo en sus ojos.
- Existo hasta que dicen mi nombre, y en ese momento muero. - Fue sacada de sus pensamientos por el águila que custodia la entrada de la sala común, en cualquier otro momento había podido responder de inmediato pero había estado tan distraída que no había podido escuchar completamente el acertijo.
- Merlin... - Dijo frotándose los ojos, lo último que necesitaba era quedarse afuera de la sala común. - ¿Crees poder repetirlo?
Durante tortuosos segundos el guardián quedo en silencio, por palabras de los mayores, era actitud común en el, más cuando pasaba el toque de queda y alguien había quedado fuera. Afortunadamente para ella, la boca del águila se volvió a abrir y las palabras volvieron a pronunciarse. - Existo hasta que dicen mi nombre, y en se momento muero.
- El silencio. - Dijo por fin, esperaba de todo corazón que esa fuera la respuesta, no tenía la mínima intención de ir con el profesor Filius, más cuando tenía la sensación de que su madre posiblemente seguía con el.
La puerta se abrió lentamente como si la misma estuviera renuente a dejarla pasar, al entrar la ansiedad volvió con fuerza a ella, y cada paso que daba su dormitorio la sentía en aumento. Por un momento tuvo la idea de quedadse en la sala común, había visto a algunos hacerlo antes, y actuar en la mañana como si nada hubiera pasado, pero lo descarto por completo al saber que solo estaría posponiendo lo inevitable, así que se armo de un valor que en realidad no sentía y camino los últimos metros a la alcoba que compartía con Hermione, sin detenerse a pensar más, abrió la puerta casi de golpe, con la ilusa esperanza de ver a su amiga dormida en su cama, sin embargo su recibimiento fue todo menos lo que esperaba.
Apenas había logrado dar un paso adentro cuando sintió como el aire abandonaba sus pulmones, una mata de cabello castaño y más tupido de lo normal casi la derriba, y si no se hubiera sostenido de la puerta sabía que en ese momento estuviera en el suelo.
Estuvo a punto de preguntar qué sucedía, cuando sintió las manos de Hermione aferrarse a su espalda, y logró escuchar un tenue sollozo escapar de sus labios, mientras la sentía esconderse en su pecho. No entendía que estaba pasando, Hermione nunca había mostrado ese lado suyo, desde que la conoció había sido la fuerte, la independiente, la que no tenía miedo de decir sus ideas, aunque eso hiciera que la mayoría a su alrededor la tomarán como una sabelotodo, incluso cuando Draco o Ron decían algo rudo hacia ella, no se quedaba callada, y les respondía la mayoría de las veces para hacerlos callar, y pese a esa perspectiva que tenía de ella, en ese momento estaba llorando en su pecho, aferrándose a ella con una fuerza que no sabía era poseedora.
Totalmente desconcertada, Harriet solo pudo darle un par de palmadas en la espalda, esperando fuera suficiente para detener su llanto, se sentía impotente y bastante culpable de escucharla llorar, pues estaba segura que lo sucedido apenas una hora antes era la causa de sus lágrimas.
Fueron apenas un par de minutos en los ambas se quedaron en medio de la habitación.
Cuando por fin el llanto de la niña entre sus brazos se detuvo, Harriet estuvo a punto de arrodillarse ante ella, quería pedirle perdón por haber sido la causa de sus lágrimas, pero antes de que pudiera hacerlo, Hermione alzó la mirada, sus ojos y mejillas estaban rojas por el llanto, su nariz escurría, pero sus ojos cafés le hablaban de algo que no podía alcanzar a comprender.
- Por favor dime qué no te expulsaron. - su voz sonaba tan anhelante, tan rota que Harriet se pregunto que había pensado para sonar así.
- No, no me expulsaron. - le respondió, y en el segundo en qué lo hizo la sintió aferrarse nuevamente a ella. - ¿Por qué pensaste que lo harían?
- Dios... No lo sé. - le dijo sin levantar la mirada para verla. - El director es el único que tiene la facultad para hacerlo, y casi ningun alumno es llamado a su oficina a menos que sea para eso, y cuando te llamaron para hablar con él y el resto, yo solo... Yo solo... Pensé que me quedaría sola otra vez.
Harriet se aferró a ella, sabiendo perfectamente a lo que se refería con esas simples palabras.
- No voy a ir a ningún lado. - Dijo sobando su espalda tratando de calmarla. - Me vas a tener que aguantar por lo menos otros seis años y medio.
Una risa acuosa escapó de los labios de Hermione.
- Ven vamos a la cama. - Dijo avanzando sin apartarla de sus brazo. - Por cierto, mañana no necesitamos ir a clases, el director nos excuso, te apetece ir a la biblioteca, creo que podemos convencer a la señorita Pince de dejarnos tomar un par de libros sobre pociones avanzadas.
Los pocos metros hasta las camas fueron avanzados sin separarse. Algo difícil para ambas, ya que Hermione debía de caminar de espaldas mientras que Harriet se las arreglaba para no tropezar con ella.
Cuando llegaron al pequeño espacio que separaba ambas camas, ninguna de las dos hizo ningún movimiento para dirigirse a las propias, y en un acuerdo tácito, Harriet se dejó caer sobre su colchón con su amiga aún entre sus brazos.
Durante unos segundos ambas se limitaron a pensar en lo que había pasado, y en todo lo que ello podría significar para su pequeño grupo, sabían que tarde o temprano debían hablar de ello, pero por lo menos en ese noche ninguna pronunció palabra alguna.
El destino y sus caminos son para los mortales, ya sean mágicos o mundanos, completamente indescifrables, miles de hombres y mujeres se habían perdido buscando comprenderlos, y sin embargo nunca podrían alcanzar a entenderlos por completo.
En una noche parecida a aquella una familia había sido destrozada por la mano de un monstruo encarnado en hombre, un padre había muerto luchando buscando que las dos personas que más amaba en el mundo pudieran escapar de las fauces de aquel que los había marcado como enemigo, una madre había visto su destino, y en sus últimos momentos abrazo a su pequeña hija contra su pecho pidiéndole ser fuerte, suplicándole perdonarla por dejarla sola en el mundo, y se levantó para enfrentar al ser que había venido por la sangre de su mayor tesoro, negándose a dar un paso atrás, vio a la muerte a los ojos, y no suplico por una oportunidad para ella, sino pidió que su hija viviera, dándose a si misma como sacrificio para que ello sucediera, y en aquella noche del treinta y uno de octubre, una niña había perdido a su familia y había comenzado su historia. Después de diez años, esa misma noche aquella niña había encontrado a tres personas que desde ese mismo momento se unirían a su familia.
OwO.
La luz de la luna golpeó su rostro y Hermione no podía comprender que estaba sucediendo, trato de ver a su alrededor pero le fue imposible, como si no tuviera un cuerpo que manejar para lograr hacerlo, su primer instinto fue entrar en pánico como lo haría cualquier niña que de pronto se ve a sí misma en un bosque desconocido en medio de la noche, pero aquel pensamiento fue arrancado de su mente con extrema eficacia cuando delante de ella corrió alguien familiar, la paz que sintió al verla le impidió ver las diferencias entre la joven y su amiga, por lo que avanzo detrás de ella.
- ¡Harriet! - Grito tratando de llamar su atención, pero era como si no pudiera escucharla. - ¡Harriet, Espera!
Viéndola correr sin detenerse a esperarla la siguió lo mejor que podía, y fue cuando su cerebro comenzó a ver más a fondo lo que tenía enfrente suyo, y cuando la joven que había estado siguiendo abrió la puerta de una pequeña choza, comprendió que aquella no era su amiga.Sin embargo no pudo desviar su mirada, aunque sentía su corazón martillar en contra de su pecho al verse en un entorno tan desconocido, todo ocasionado por un simple sentimiento, como si su ser el exigiera seguir siendo una observadora de aquello que se presentaba frente suyo.
Como si fuera la lección más importante que tendría en su vida, y aunque no podía comprender lo que sentía, siguió aquel sentimiento.
La joven que la guío hasta ese lugar se arrodilló junto a una mujer que se encontraba sentada, su rostro cubierto de sudor se contrajo de dolor, y un grito resonó en la pequeña choza, un hombre alto entro corriendo desde un extremo por un momento pensó que terminaría en el suelo cuando esté se precipitó en su dirección, sin embargo el golpeó nunca llegó, al verlo atravesarla como si de aire se tratará.
Sin saber que sucedía solo pudo volver la mirada hacia ellos.
El hombre tenía una varita en su mano, cantaba furioso hechizos y letanías que nunca había escuchado sobre el vientre de la mujer, sus ojos recorrían una y otra vez a lo largo de la mujer, la desesperación comenzaba a verse en su rostro, con cada palabra pronunciada, hasta que de pronto cayó de espaldas como si las fuerzas le hubieran sido arrebatadas, respiraba profundamente tratándose de controlar, sus rasgos se rompieron cuando las lágrimas comenzaron a surcar sus mejillas, se arrastró de rodillas hasta la mujer de nueva cuenta, tomando su mano con desesperación como si de su salvación se tratará.
- Por favor... No me dejes. - Exclamó el hombre sosteniendo su mano en contra de su mejilla.
- Es hora, amor mío. - le respondió la mujer en un suspiro entrecortado, y aún entre el dolor le trato de sonreír.
Tan hermosa como trágica era la escena, fue cortada por la joven que se levantó de su lado, su cabello negro se revolvió salvajemente cuando ella negó a sus palabras, sus ojos verdes se veía la desesperación que la comía por dentro, y con apenas un susurro dijo. - No.
La joven corrió hacia la puerta, los dos mayores trataron de detenerla, pero las circunstancias de la situación les impidió hacerlo, y solo pudieron gritar su nombre cuando ella ya había abandonado la choza.
- ¡LYRA!
Hermione corrió detrás de la joven, viéndola internarse cada vez más en el bosque.De pronto la vio caer en contra del suelo, las lágrimas brillaban en sus ojos, pero una mirada feroz las mantenía a raya.
La vio tomar una varita blanca como la nieve de entre sus ropas, y de un simple movimiento corto su muñeca, la sangre salpicó la tierra, frente a ambas.
- Por favor... Escucha mi plegaria... No la separes de mi lado... Te lo imploró... - Su cabeza golpeó el suelo. - Te daré lo que sea.
De pronto todo sonido murió, y una exquisita esencia de flores lleno el lugar, Hermione sintió un escalofrío cuando dos mujeres se acercaron a la joven que estaba arrodillada, eran tan hermosas que la niña dudo siquiera que pudieran ser reales.
- Tus palabras tienen un peso más allá de lo que te imaginas. - Dijo una de las mujeres acercando su mano hacia el rostro de Lyra haciendo que sus miradas se encontrarán. - ¿La amas tanto, como para darte como sacrificio?
Sin dudar siquiera, Lyra vio a los ojos de la mujer. - Por favor, no te la lleves de mi lado, aún no.
La muerte le sonrió con ternura, mientras que sus ojos recorrían su rostro. - Yo no he de cobrar este favor, más sin en cambio lo haz de pagar a ella.
La mujer que había estado un par de pasos detrás, se acercó hasta ellas, dejando ver un par de alas que se extendían por su espalda, que se alzaban por los aires.
- Tu amor, es el más puro que jamás haya visto, viniste ante mi buscando que tu muerte le de vida a los que amas, pero no ha de ser así, tu no has de morir, haz de cuidar a los que amas.
Las mujeres se dieron media vuelta, dejando a Lyra en medio del bosque, con pasos temblorosos ella regreso a su hogar, cuando se detuvo en la puerta, la desesperación que había dejado atrás suyo cambio por el jubiló y la felicidad, la mujer que había estado a punto de morir tenía en sus brazos a dos hermosas bebes, mientras que el hombre abrazaba en su pecho a otra, ambos voltearon a verla cuando cruzó el umbral, y sus sonrisas que habían estado sosteniendo se perdieron.- ¿Que hiciste?
Lyra avanzo hasta ella tomado a una las recién nacidas en sus manos, con una ternura más allá de lo comprensible acaricio su mejilla. - Nada, solo lo que debía hacer.
Hermione se levantó sobresaltada, viendo a su alrededor comprobó que estaba en su alcoba en Hogwarts, a su lado vio a Harriet aún dormida, sus labios estaban ligeramente separados dejando salir suaves ronquidos de entre ellos, no podía comprender que significaba el sueño que había tenido, y no lo haría hasta mucho después. En ese momento solo quería comprobar que Harriet se encontraba a su lado, sin saber por qué lo hacía, junto sus labios con los de ella, en un tierno beso.
- Por favor, no te vallas de mi lado. - le suplico.
Sin saber lo que el destino les deparan.
OwO.
Después de una despedida apresurada, Lyra y Severus habían abandonado la oficina del director antes de que cualquiera de los presentes comenzarán a preguntar sobre su longeva vida, ambos se voltearon a ver, había tantas cosas que decir que sin palabra alguna se dirigieron a un pub en el pueblo de Hogsmeade, donde Lyra aprovecharía para ver a uno de sus amigos.
El pub "Cabeza de cerdo" era conocido por los lugareños no por su abierta hospitalidad, sino por su fama de no juzgar, el dueño era un viejo mago que era capaz de cualquier cosa con tal de detener cualquier altercado que sucediera dentro de su negocio, y más de uno había descubierto por las malas el poder que el hombre era capaz de ejercer.
Siendo la noche que era, y viendo la fachada del lugar, miles de recuerdos vinieron a la mente de Severus, en ese lugar había sido donde todo se había ido al carajo, pero pese a ello avanzo por el pub con la cabeza en alto, hasta que llegaron ante Aberforth, este le dio una mirada severa, pero sin decir nada les indico un par de taburetes para que se sentarán.
- Entonces, ¿Que hizo la pequeña Harriet ahora? - Dijo Aberforth sacando de debajo de la barra una botella de licor café, y tres vasos.
- Al parecer un troll logro entrar a la escuela, y de alguna forma mi hija termino delante de el. - Dijo Lyra tomado uno de los vasos y tomado un trago. - Parece ser que no estaba sola, y lo mato, por lo que el director me llamo queriendo saber cómo es que lo aprendió a hacerlo.
La mirada del hombre se endureció cuando fue nombrado su hermano, llamado la atención de Snape.
- Me imagino que no le hizo gracia saber quién eras. - dijo con una extraña sonrisa escondida en su barba.
- No, en realidad no.
Durante unos segundos el silencio gobernó en el pub, fue hasta que Lyra observo como se veían ambos hombres que se dio cuenta de ello.
- ¿Que sucede? - pregunto viendo a ambos.
El mayor se alzó en toda su envergadura, sin desviar la mirada del contrario.
- ¿Le dirás a alguno de tus maestros lo que digamos? - Pregunto directamente, a diferencia de su hermano no soportaba los juegos de capa y daga, el siempre había sido partidario del enfoque directo.
Casi por instinto Severus se cubrió la marca tenebrosa, mientras veía con cierto pavor al hombre frente suyo.
- Nunca traicionaría a Lyra, ni mucho menos a la hija de Lily. - Dijo con los dientes apretados.
Aberforth se relajo, ante sus palabras, viendo la intensidad en la mirada del hombre, supo que no mentía.
- ¿Eso era necesario? - dijo Lyra llevando el vaso de su mano a su boca.
Y como única respuesta recibió un gruñido.
- Entonces, ¿Que tal han ido tus estudios? - Le preguntó Lyra viéndolo por el borde de su ojo.
El rastro de una sonrisa se formó en sus labios, solo Lyra podía hacerlo sentir como un niño nuevamente.
- No tan bien como quisiera. - Le confesó, sorbiendo un poco del licor que le había sido ofrecido. - No me he podido concentrar por completo desde hace algún tiempo, aunque debo de decir que tener a Harriet es un soplo de aire fresco, y te confieso que tiene un don para las pociones, he tratado de desgastar su paciencia con clasificación de ingredientes, pero es bastante... perseverante.
- Terca. - Dijo Aberforth con un gruñido. - La niña es terca.
- Ahora Abe, no porque haya descubierto la forma de preparar tu cabeza de cerdo especial, debes de ofenderla. - Le dijo con una sonrisa caprichosa muy parecida a la de su hija.
- Fue pura suerte. - Se defendió cruzándose de brazos. - Es imposible que lo haya descubierto, y me rehuso a llamarla señora.
- ¿Señora? - Preguntó Snape alzando una ceja ante la conversación.
- Ambos apostaron, si Harriet lograba descubrir la manera de preparar una bebida hecha solo por Abe, el la comenzaría a llamar señora. - Le proporcionó Lyra con claro orgullo para disgusto de su amigo.
- ¿Y si perdía?
- Tendría que limpiar el lugar. - Dijo Aberforth indicando el resto del bar.
Viendo a su alrededor Severus habló. - Yo también hubiera hecho lo imposible por descubrirlo.
Abe dio una risa seca, solo para después tomar una pose más firme. - ¿Como un Troll logró entrar a Hogwarts?
- Claramente no lo hizo solo. - Dijo Lyra. - Aunque me gustaría saber por qué había uno cerca.
Antes de que Severus pudiera proporcionar algo a la plática, la chimenea del pub estalló en llamas verdes, y Albus Dumbledore emergió sacudiéndose la barba de las cenizas que salieron del viaje.
- Creo que yo sería el indicado para responder eso. - Les dijo con una sonrisa, aunque ninguno de los presentes se las regreso.
- ¡Hijo de...! - Aberforth comenzó a decir y estuvo a punto de tomar su varita, pensando que el maestro de pociones es el que había avisado a su hermano de la plática que habían estado teniendo, pero la mano de Lyra le impidió hacerlo, y le señaló un espejo que descansaba sobre la chimenea, desde el que se veía la oficina del director de Hogwarts, solo para terminar escupiendo al suelo, clavando su mirada en su hermano.
El cantinero tomo un vaso y le escupió solo para servir otra copa y ofrecérsela a Albus.
- Gracias Abe. - Le dijo sin parecer afectado por su comportamiento.
- Sabias que estaba escuchando. - Acusó a Lyra.
- Si, no quería que Severus se sintiera presionado, y que mejor que obtener información desde la fuente. - Le dijo encogiéndose de hombros, con aparente desinterés.
El ambiente era pesado por la tensión, y fue Albus quien cortó el silencio. - El troll era parte una serie de trampas que se pusieron para custodiar cierto objeto.
- ¿Por que razón este objeto debe estar en la escuela? - Le preguntó Abe.
El director se acaricio la barba. - Tengo mis sospechas sobre el señor oscuro, y estas apuntan a que no está en realidad muerto, simplemente incorpóreo, y con Harriet en la escuela, era más seguro tener su posible atención en el objeto, que en ella.
Los dedos de Lyra acariciaron el vidrio de su vaso, las pequeñas piezas de información comenzaban a caer en su lugar, la aparente desconfianza en ella, sobretodo cuando se habló sobre su longevidad, y aquella pequeña abominación que había encontrado en la frente de su hija cuando esta se negó a sanar, dudaba seriamente que fuera una coincidencia que el director creyera que el señor oscuro no estuviera muerto, lo peor de todo es que parecía que su pequeña estaba en medio de todo quisiera o no, no pondría en palabras lo que comenzaba a sospechar, pero debía asegurarse de no cometer más errores más tratándose de los descendientes de sus hermanas, pues después de todo ya les había fallado en más de una forma, pero desafortunadamente sabia mejor que nadie, que por mucho que lo intentara habían cosas que no se podían evitar.
Sus pensamientos fueron interrumpidos eficazmente por un escalofrío que recorrió su columna vertebral con tanta fuerza que la hizo estremecer, llamado la atención de sus acompañantes.
- ¿Que sucedió? - le preguntó Abe, y aunque parecía tranquilo, Lyra sabía que estaba haciendo lo posible para que sus emociones no salieran a flote.
- Nada, solo un presentimiento. - Les dijo sin dejar ver nada más.
OwO
Los partidos de quidditch en Hogwarts eran para la mayoría de la población estudiantil eventos que eran esperados con ansias, ya sea para olvidar momentáneamente el estrés de la escuela o simplemente por el amor al juego, aunque claro que no todos compartían ese amor por el deporte.
- En serio. - Dijo Hermione exasperada. - No entiendo que tiene de divertido ver a 14 personas volando por el aire, lanzándose bolas de boliche.
Hariet se río de la expresión en los rostros de Ron y Draco cuando ambos las invitaron a ver el juego en el que competían sus respectivas casas, era como si acabara de ofender lo más sagrado del mundo.
- No lo entiendes. - Dijo Ron con una expresión de suficiencia, probablemente sintiéndose bien en explicarle algo a Hermione. - Es el partido inaugural, y no solo eso, los bateadores de Gryffindor acaban de recibir escobas nuevas, ¡las fabulosas Ninbus 2000! ¡Serán imparables!
- ¿No los bateadores de Gryffindor son tus hermanos? - Le preguntó Hermione, recodando vagamente a un par de gemelos pelirrojos que corrían por los pasillos buscando problemas.
- Si, por eso sé qué el partido será increíble, ¡vamos!
Ignorando la última parte de su oración, Draco habló. - ¿Vas a probar el próximo año?
El entusiasmo de Ron cayo un par de niveles. - No creo, hace falta un buscador decente en el equipo, y yo no soy exactamente el más adecuado para el papel.
- Bueno, mi padre me dijo que habrá una fiesta en las vacaciones, podemos aprovechar para practicar un poco, quién sabe puede que con una buena escoba hagas algo decente. - Le dijo empujándole el hombro claramente bromeando.
Ron se río de la mueca de superioridad de Draco. - Seguro. - Aprovechando el momento tomo de su nuevo bolso una caja de varitas de regaliz, ambas le habían llegado cuando a sus hermanos se le habían entregado sus escobas, seguramente para que no se sintiera celoso de ellos, pero era una de las pocas cosas que no había recibido de segunda mano por lo que no diría que no. - ¿Quieren?
Los cuatro comieron sus dulces con entusiasmo, antes de notar que la mayoría del comedor salía de este, claramente hacia el campo de quidditch.
- ¿Entonces? - Preguntó Ron, refiriéndose al partido.
- Paso. - Dijo Hermione.
- Igual, no quiero estar en medio de ambos durante un partido. - Dijo Hartiet sonriéndoles a sus amigos.
- Entonces nos vemos. - Les dijo Draco siguiendo a su amigo pelirrojo por el comedor.
- ¿Biblioteca? - Preguntó Harriet cuando se quedaron solas en el comedor.
- Claro vamos. - Dijo apresuradamente Hermione con un ligero sonrojo en sus mejillas.
Harriet había notado que desde el incidente del Troll su amiga se solía sonrojar en momentos aleatorios, y había ocasiones en el que desviaba la mirada cuando la miraba a los ojos, era extraño, pero no quiera acorralarla para buscar respuestas, pues seguramente le diría cuando estuviera lista.
Ambas caminaron por los pasillos aparentemente desiertos, buscando llegar a la biblioteca, estaban por seguir por este cuando alguien les hablo por detrás de ellas.
- Oh... Señorita Potter, y Señorita Granger, ¿porque no se encuentran en el partido?
Ambas se voltearon, y vieron a su profesor de Defensa en contra de las artes oscuras, Quirell, que les sonreía desde el final del pasillo, y posiblemente lo más extraño de todo, que no tartamudeo en una oración completa.
