Muchas gracias por todo el apoyo que está recibiendo este triste intento de historia. Perdonen enormemente por la demora, espero que les guste el capítulo.

Cómo siempre los personajes no me pertenecen yo solo los ocupo sin fines de lucro.

Capitulo XIV. Ritual I.

El tormentoso mar del norte custodiaba la infame prisión mágica de Azkaban, el frío antinatural hacia que el solo acto de caminar llevara a aquellos que se aventuraban en sus pasillos cuestionarse su cordura sobre su decisión.

- Mi Lady. - escucho Narcissa decir al guardia que la guiaba, iluminando sus pasos con lo que apenas se podía llamar un amuleto patronus. - ¿Esta segura de esto?

Ella no respondió a la pregunta, prefiriendo ver la orden ministerial que su esposo había logrado conseguir, ordenando la liberación provisional de todo aquellos que habían llevado el apellido Black durante la guerra, a la espera de un juicio. Lucius se había ofrecido a tomar su lugar, prefiriendo que ella se encargara de conseguir los votos para cuando se llevara la audiencia, pero ella se había rehusado fervientemente, pues era la única que podría hacer que su testarudo primo escuchará lo suficiente como para hacer lo que tenían que hacer.

El crujido de la cerradura resonó en el pasillo, sacándola de sus vacilaciones. - Es aquí, esperare afuera.

Con cierta cautela se adentró en la celda, viendo como desde la pared contraria estaba la sombra de lo que alguna vez fue su primo. - Cissa, que sorpresa.

Aunque claramente demacrado, el que la reconociera le decía que el cautiverio y la exposición a Dementores no había destrozado completamente al mago frente suyo.

- Sirius. - Comenzó a decir. - Necesito que me escuches.

La risa hueca del mago fue desconcertante por decir lo menos. - Gracias, no gracias.

- Si no es por mi, hazlo por Bella, tu se lo debes.

Los ojos grises del mago cayeron al suelo. - No se de que...

Cualquier cosa que fuera a decir se corto por el grito colérico de la bruja, pues la calma que se había obligado a sentir se vio desaparecida por el rencor que durante años había albergado al mago frente a ella. - ¡No me mientas!, ¡Si hubieras cumplido con tu deber, ella hubiera tenido tu protección! ¡Tu la traicionaste!

- ¿¡Traición?! - El sonido de las cadenas golpeando entre sí fue espeluznante, mientras que las manos de Sirius parecían querer enterrarse en la piel de su cuello. - ¡Ella fue la que fue tras Alice! ¡Me escupió en el rostro lo que le había hecho!

El recuerdo del día en que Sirius había sido desterrado de Grimmauld Place seguía tan fresco en su mente como si hubiera sido quemado en ella a fuego lento. Como su hermana se había aprovechado de la reunión familiar para decirle a su prometido que "su puta traidora de sangre", ya no sería un problema para los propósitos de la familia Black, ni ella ni nadie de la familia McKilling, el dolor en los ojos grises del próximo Lord Black, era casi tan devastador como el dolor que había visto en Bellatrix cuando se enteró de la relación entre ambos, como contra todo pronostico el más joven de la camada Black, se las ingenió para derribar, no sólo a sus propios padres, sino que también había arrinconado a Bella y la estuvo a punto de matar, sin embargo su padre Cygnus lo atacó por la espalda antes de que lo pudiera hacer.

- Ella estaba lastimada. - Le confesó, aunque sabía que posiblemente era inútil. - Ella te amaba, y tú... simplemente decidiste estar con otra mujer a sus espaldas.

Las manos del hombre cayeron sobre de sus piernas, como si de pronto las fuerzas le hubieran sido arrebatadas. - Vete, no quiero seguir hablando de esto. - El dolor en su voz le hizo estremecer, pero no se iría sin hacer lo que tenía que hacer.

- Peter fue capturado. - la conmoción llego tan de pronto al rostro de Sirius que en cualquier otra circunstancia hubiera sido cómico. - Recibirás un juicio mañana durante la reunión del Wizengamot.

Las palabras parecían querer salir de los labios del mago, pero solo se movían sin poder pronunciar una sola.

- Necesito que intervengas para que Bella no sea dirigida a la sala de espera, quiero que digas que a diferencia de ti necesita un tratamiento para curar su mente.

- ¿Quieres que mienta?

- No. - Debatió internamente que tanto debería de compartir con el, llegando rápidamente a la conclusión que la honestidad podría hacer maravillas. - La mujer que cuida a tu ahijada, tiene un presentimiento sobre las acciones de Bella, ella cree que es reversible, pero es necesario un ritual. - añadió convenientemente a Harriet a la conversación, sabiendo que el Sirius que ella conoce estaría por demás agradecido con la mujer que se había encargado de velar por la pequeña cuando el no pudo.

- ¿La has visto?, ¿Está bien?, ¿Como es ella?, ¿Es feliz? - La desesperación en su rostro le hizo sonreír.

- Te acuerdas como decían que James se parecía a la tía Dorea, pues es un vivo retrato de ellos, aunque tiene los ojos de Lily. - Una sonrisa nostálgica nació en el rostro del hombre. - Ella está bien, fue seleccionada en Ravenclaw, y por lo que me ha dicho Draco es bastante inteligente, y si creo que es feliz.

- ¿Quien la cuida? - le preguntó cuándo lo que le decía pareció empezar a cobrarle sentido.

- Te acuerdas de las historias que solía contarnos la tía Cassiopeia, sobre cómo Vallah Black había conquistado a una de las hijas de Merlin y Morgana, y cada cierto tiempo la archibruja Lyra veía a los descendientes de sus hermanas prosperar.

Sintió como la mirada de Sirius se clavo en sus ojos, y la revelación le hizo negar violentamente con la cabeza. - Es un mito.

- La he visto, he hablado con ella, te aseguro que es real. - Le confirmó con seguridad.

- ¿Bella?, ¿que clase de ritual necesita? - Parecía que las palabras le tuvieron que ser arrancadas, pero era un paso tan bueno como cualquier otro.

- No lo se, pero confió en ella, y ella cree que fue magia la que la hizo ser como era desde poco antes de que se casara con Rodolphus. - Le dijo lo poco que sabía.

Durante unos segundos todo lo que se escucho en la celda era la respiración agitada de Sirius, mientras que parecía que su rostro mostraba toda clase de sentimientos. - Nunca la perdonaré por lo que hizo... pero Toujours Pur.

- Toujours Pur, Sirius. - Le contestó con Una sonrisa.

OwO

La azabache se acerco a sus amigos tratando de hacer equilibrio para no dejar caer los regalos, pero la tarea era aún más difícil cuando sus ansias por ver sus rostros la hacían temblar de la emoción.

- Vengan. - Dijo por fin rindiéndose dejando los paquetes en el suelo, cada uno era diferente a su manera, igual que sus amigos.

Draco al ser el más cercano fue el primero en llegar a ella, y de inmediato un paquete apenas más grande que una caja de chocolates se encontraba en sus manos. Hermione fue la siguiente, y le fue entregado un baúl parecido al que siempre cargaba su amiga con ella. Por último Ron se acerco viendo que la caja más grande era para el, y cuando la tomo, se preguntó exactamente como Harriet era capaz de cargarla tan fácilmente.

- ¿Que esperan? - Les dijo saltando sobre las puntas de sus pies, "esto será ¡Fantástico!"

Tanto Dan como Emma, prestaron atención al regalo que recibió su hija, pues según sus propias normas debían de regresar un obsequio del mismo valor, sin embargo ver cómo los ojos de su hija se abrían totalmente impresionados hizo que se detuvieran a pensar que podría haber recibido.

- Harriet, no puedo aceptar esto. - La escucharon decir, mientras que trataba de entregar de nuevo el baúl a la azabache que la veía como si la estuviera hiriendo.

Entre el forcejeo de ambas por hacer que la otra recibiera el baúl, este término resbalando mostrando su contenido.

Calderos de oro, plata, bronce, marfil, obsidiana y algunos otros materiales junto con muchos instrumentos más, cayeron estrepitosamente al suelo.

Con miradas incrédulas voltearon a ver a la madre de la niña que se había sentado a un lado de Arthur.

- ¡Mamá! - Gritó Harriet mientras que se acercaba corriendo a los brazos de su madre. - ¡Dile que está siendo ridícula!

La mujer parecía empezaría a hablar, pero Emma fue más rápida, queriendo defender la postura de su hija.

- Harriet. - Comenzó viendo cómo escondía su rostro en el pecho de su madre. - Se que tus intenciones son buenas, pero es un regalo muy costoso...

- Disculpe que la interrumpa. - Dijo la bruja con una sonrisa. - Se que puede ser un poco inapropiado de mi parte darle un regalo de esta índole a su hija, pero le pido por favor, deje que lo reciba.

Emma estuvo a punto de contestarle a la mujer, sin embargo vio como se levantaba y tomada de la mano de la pequeña azabache se acerco a su hija que estaba recogiendo los instrumentos que estaban en el suelo.

- Dragoncita, tienes algo que decirle a tu amiga. - le dijo mientras que con chasquear de dedos, todo lo que seguía en el suelo regresaba a su lugar.

- Lo siento. - Le dijo débilmente.

- Bien hecho. - La felicitó mientras que se colocaba de cuclillas para poder ver a los ojos a su pequeña. - Hermione, ¿Verdad? - Le preguntó, solo para recibir un suave asentimiento como respuesta. - Mucho gusto, me llamó Lyra, me ha dicho Harriet que ambas están tomando clases especiales de pociones, estoy segura que sabes que muchas pociones son más eficaces o fáciles de preparar si se cuentan con los instrumentos necesarios para poder hacerlas.

Emma vio como Lyra tomaba el baúl del suelo y se lo daba a Harriet. - Se que conoces a mi dragoncita, y puede que ya lo sepas, pero suele adelantarse sin explicar las cosas, déjame hacerlo por ella, es una tradición que los cerveceros o curanderos den a los aprendices sus primeros instrumentos como regaló si ven en ellos aquello que se necesita para la fina elaboración de una poción, es una forma en que nosotros los que vamos quedando detrás sigamos de alguna forma con ustedes, dejándoles el poco legado que en nuestras vidas pudimos adquirir, yo te pido dejes que en nombre de mi y mi familia, aceptes este regalo.

Los ojos de su Hermione vieron con adoración a la mujer frente a ella, mientras que una vez más Harriet le entragaba el regalo que había querido darle a su hija.

- Yo no se que decir... - Dijo débilmente Hermione, mientas que acercaba el baúl a su pecho.

- Gracias. - Dijo Dan a un lado suyo, y estaba segura que lo decía por muchas más razones que las de seguir una tradición.

- Gracias. - Repitió la pequeña castaña, mientras que intentaba limpiarse las lágrimas que en algún momento habían comenzado a caer de sus ojos. - No la defraudaré.

Una suave risa rompió la tensión que había en la habitación, mientras que la mano de Lyra revolvía el cabello de Hermione. - Esfuérzate por ti misma, es un pequeño paso a lo que la magia tiene preparado para ti, y asegúrate de sobretodo estar orgullosa de ti.

Con un asentir Hermione prometió en silencio nunca defraudar a las brujas que tenía frente suyo.

OwO.

Draco vio toda la interacción que había sucedido frente a el, mientras que volteba a ver a Ron que al igual que el no sabía hacia donde mirar sin sentirse incómodo por la situación.

Viendo el regalo que tenía en sus manos, aún sin abrirlo supo que de alguna manera Harriet se las había arreglado para darle algo especial, el que no lo sabía, pero solo con sentir el cariño que le tenía era más que suficiente para el.

Las llamas de la chimenea volvieron a encenderce, pero nadie salió de ellas, sin embargo la voz de su padre fue la que acompaño al mar verde.

- ¿Arthur?, ¿Lyra?, ¿Draco? - rápidamente se acercó a la chimenea donde metió el rostro para ver a su padre.

- ¿Papá?

- Draco que bueno que eres tú. - le dijo con claro alivió. - Lamento mucho no estar ahí, se que prometimos estar contigo al regreso de Hogwarts, pero necesitó...

La conmoción de escuchar emociones en la voz de su padre fue más que suficiente para hacer que durante unos segundos dejara de escucharlo, sin embargo rápidamente trato de regresar a la conversación..

- ... se que no es lo que esperábamos, pero sabes que el deber de un jefe de casa nunca termina, algún día tu también lo tendrás sobre tus hombros.

- Si padre, no se preocupe.

- Perfecto, comunícame con la señorita Le Fay para decirle.

Sacando la cabeza de la chimenea, vio como la mayoría de los reunidos en la casa lo veían.

- Señorita Le Fay, mi padre necesita hablar con usted. - Le dijo lo más respetuoso que podía, pues si su padre la solicitaba de esa forma lo menos que podía hacer era mostrar el mismo respeto.

- Por supuesto. - en un par de zancadas estaba a su lado. - Y para aclarar puedes llamarme Lyra.

Sujetandolo del cuello de su camisa, lo metió junto con ella a la chimenea.

- Lucius, ¿Que sucede?

- Ya recibí la llamada de Madame Longbottom, nos va a permitir liberar a Bellatrix...

- Eso es perfecto. - Escucho decir a Lyra. - Es de suponer que hoy se hará el ritual, ¿no?

- Usted es la que decide en ello. - Dijo su padre. - Pero la señora Longbottom tiene una condición.

- ¿Condición?

- Quiere participar en la ceremonia.

Durante unos segundos ambos mayores estuvieron en silencio, y el estuvo a punto de preguntar a qué se referían, pero vio la mano de su padre hacer la señal de silencio, para después hacer el gesto que le diría más tarde.

- Supongo que sería estúpido negarse en este momento, dile que está bien, ya tienes el trasladador.

- ¿Cuenta con todo lo necesario?

- Sería de ayuda que alguien mas que comparta sangre con Bellatrix esté presente, un hijo o algo.

- Tiene otra hermana, pero esta desterrada de la familia Black y no creo que se preste. - y esa era la primera vez que escuchaba decir algo sobre la otra hermana de su madre.

- Supongo que con nosotros debe de bastar.

- Solo queda pedirle que ¿sí puede llevar a Draco con usted?, Narcissa aún se encuentra en Azkaban y solo que vuelva la encontráremos allá.

- Ese es el plan entonces, los dejo solos para que se pongan al corriente.

La vio salir de la chimenea y se quedo solo con su padre una vez más.

- Ya escuchaste Draco, necesito que te comportes, estarás seguro a lado de Lady Le Fay.

- Si, padre.

- Perfecto. - Lo escucho decir, solo para que antes de sacar la cabeza de la chimenea escuchara su voz una vez más. - Y Draco, te quiero hijo.

Aquella era la primera vez que escuchaba decirle ello, por lo que con un nudo en la garganta se obligó a contestar, pese a sentir como su pecho se agitaba violentamente. - Yo también lo quiero Padre.

OwO.

- Arthur, gracias por la hospitalidad. - Dijo Lyra mientras que se acercaba a los padres de la amiga de su hija. - Señores Granger, perdonen enormemente la molestia, espero que comprendan que esta circunstancia estuvo fuera de nuestras manos, y cómo pudieron ver su hija se encuentra perfectamente, disculpen el haberlos alarmado.

- No se preocupe. - Dijo Daniel Granger comprendiendo que pese a lo pudo haber sucedido, nada pasó a mayores, y los bruja que tenía frente suyo, se aseguró frente a todo que no le hubiera sucedido nada a los niños. - Es impactante por decir lo menos.

- Le agradezco, y se que nada puede remediar lo que sucedió, pero si algún día necesitan algo y está a mi alcance no duden en solicitarlo. - Les dijo Lyra con sinceridad.

- Gracias.

- Me gustaría mucho poder hablar con ustedes, pero desafortunadamente necesito hacer algunos preparativos para la noche.

- ¿Va a realizar un ritual del solsticio? - Preguntó Hermione viéndola con ojos sumamente curiosos. - ¿Es hoy verdad?

- Algo así, si. - Le dijo sonriendo por la abierta curiosidad de la pequeña , y viendo como el hijo de la familia Malfoy salía de la chimenea y discretamente se limpiaba las lágrimas de su rostro, decidiendo rápidamente que lo mejor era no comentar nada al respecto a menos que él quisiera hablar de ello. - Draco, Harriet despídanse, y agradezcan al señor Weasley su hospitalidad.

- ¿Vas a venir con nosotras? - Preguntó Harriet ignorando momentáneamente a su madre, recibiendo un asentimiento de su amigo. - Fantástico, ¡Pijamada!

A los dos niños restantes que habían escuchado a Harriet gritar, les faltó solo un segundo para voltear a ver a sus padres con expresiones igualmente anhelantes, pues ninguno de los dos quería quedarse fuera de lo que fuera que tuviera a su amiga tan feliz.

Arthur sentía que a su hijo menor le había fallado al no poder cumplir con sus anhelos materiales tan fácilmente como lo fue con el resto de sus hijos, pues incluso la varita que portaba no era otra que el primer intento que había tenido Percy antes de que pudiera costear la creación de una varita personalizada, ya que el centro que estaba en resonancia con el, era el de un animal de las Américas, que el señor Ollivander odiaba trabajar, por lo que antes de que si quiera pensara a en comentárselo a su esposa que se las había ingeniado para traer de regreso a sus dos mayores, se acercó a Lyra.

- Lyra, sé que es repentino, pero ¿podrías por favor? - Le pregunto imaginando cuánto le gritaría Molly. - Es que debo ir por lo muchachos en la mañana al puerto.

- Si Arthur no te preocupes, planeaba pedirte que dejarás llevármelo.

OwO.

- Mione. - dijo Dan Granger a su hija, él había arrastrado a su pequeña familia lejos de la sala de la casa mágica para saber cómo debían de proceder. - Se que quieres estar con tus amigos, pero nosotros también queremos estar contigo.

Su pequeña hija junto sus manos frente a ella, y termino viendo al suelo comprendiendo lo que le quería decir, odiaba verla triste, sin embargo tenerla lejos era para el, como para su esposa una experiencia completamente nueva, y se rehusaba a desperdiciar un solo minuto lejos de ella.

Adentrándose nuevamente a la sala, vieron a los tres niños hablar animadamente entre ellos, y sintió como su corazón quería desgarrarse al sentir como su hija tomaba su mano seguramente tomando fuerza para ver como quedaba fuera.

- Señores Granger. - les dijo Lyra apenas los vio regresar, él sabía lo que vendría sin embargo no creía capaz de negarse si le llegaba a preguntarle sobre de llevarse a su hija lejos de el, ¿Quien diría que ser padre era tan difícil?. - Se que es repentino, pero me gustaría extenderle una invitación a su familia para que nos acompañe, comprendo que pueden tener planes para las vacaciones, pero en verdad me encantaría que aceptaran para poder empezar a redimir mi error, y no se llevaran una mala imagen del mundo mágico.

Los ojos de Hermione volvieron a el, ahora sumándose a la batalla su esposa, que conociéndola tal como lo hacía, en ese momento se encontraba tan entusiasmada por la mujer como su pequeña.

- Supongo que una noche fuera de la rutina muggle como ustedes dicen, podría hacernos bien. - dijo queriendo sentir que no había sido superado por las mujeres de su vida sin una palabra.

La estruendosa risa de la mujer le hizo sonreír. - Bien dicho.

Después de despedirse de Arthur, y ver como con un movimiento de mano, su camioneta se encogía al punto que parecía un juguete y era recogida por Lyra que la guardo en su saco, estaban listos para partir.

- Tómense de las manos fuertemente y no se suelten. - Les dijo la bruja. - Pueden que tengan un malestar estomacal, pero es normal.

Y sin ninguna otra advertencia, sintió como por un instante él y toda su humanidad eran empujados y jalados al mismo tiempo por un increíblemente angosto tubo, como su ser se reducía a la nada, y era dejado con fuerza sobre nieve fresca, que rápidamente se vio manchada por la pequeña comida que había ingerido esa tarde en la cafetería de la estación. El sonido de su esposa e hija imitándolo, le dijeron que el no era el único que podría decir que odiaba los transportes mágicos.

Cuando lo que tenía en el estomago yacía a sus pies, alzó la mirada justo a tiempo para ver un resplandor cubrirlo, y sentir como si se hubiera dado un baño particularmente minucioso, solo para recibir una mirada de disculpa de la mujer que los había traído.

- Perdonen por no decirles la verdad, pero cuando escuchan que pueden vomitar, mucha gente prefiere evitar la aparición. - Les dijo mientras que veía como al igual que el, tanto Emma, como Hermione eran envueltas en el mismo resplandor que limpio toda suciedad de sus cuerpos.

- Puedo decirle que lo comprendo. - dijo a regañadientes, y tomándose el tiempo de ver a su alrededor, de todo lo que había esperado cuando recibió la invitación, nada se comparaba a donde se encontraban, había llegado a imaginar una casa colonial, una mansión victoriana, e incluso por las diversas cartas de su pequeña, un castillo. Sin embargo se encontraban en el medio de un bosque, donde los árboles de tejo eran tan altos y tupidos que las sombras parecían arremolinarse y tragarse todo a su alrededor, y solo frente a ellos, estaba un lago congelado, mostrándose tan inmutable que parecía que la mano del hombre nunca lo había podido alcanzar. - ¿Donde...?

Cualquier cosa que tuviera que decir fue interrumpida súbitamente por la pequeña Harriet que corría a toda velocidad hacia el lago, su instinto protector se activó de inmediato, y trató de correr para alcanzarla, pero antes de que pudiera llegar a ella, está saltó, estaba seguro que escucharía el hielo romperse, y vería como la oscuridad y el frío se comería a la niña, pero ese suceso nunca llegó, alzó la mirada para observar completamente atónito como Harriet le sonreía estando suspendida en el aire a un par de metros sobre el lago, y ser jalada hacia el cielo por una fuerza misteriosa que la hizo desaparecer en lo que parecía la nada.

- Esa niña va a ser mi perdición. - Escuchó detrás suyo, y sintió una mano sobre su hombro, al voltear a ver, observó la misma mirada de disculpa que le había dado cuando la conoció. - Nunca he podido hacer que deje de hacer eso, esa es la entrada, no es necesario hacer lo mismo, pero en ocasiones ayuda para no tener miedo al hacerlo.

Asintiendo casi mecánicamente, vio como los dos amigos de su hija se volteaban a ver, para un solo segundo después imitar las acciones de la azabache.

- Vengan. - Sin ningún tipo de miedo, Lyra los hizo caminar por encima del agua congelada, y por extraño que pareciera, era capaz de sentir como un tipo de energía comenzaba a circular por su cuerpo. - Ahora solo den un pequeño salto.

Tomo la mano de su hija y ella la de su esposa, y sin saber qué esperar, hicieron lo que les dijeron, sintiendo como su cuerpo parecía perder todo peso, y la falta de gravedad hacía que todos sus órganos se movieran dentro suyo, se alzaron por encima del lago, y cruzaron al otro lado, la experiencia era extrañamente parecida a dar un clavado, y cuando salieron del otro lado, su respiración se corto de repente, viendo a su alrededor sin poder siquiera procesar lo que observaba.