CAPÍTULO 1

Mimí

Martes 2 de marzo, 9:36 horas, estoy despertando, descansé como hace rato no lo hacía, sin preocupaciones, apuraciones, sin compromisos. Si no fuera por Wallace, no tendría donde dormir, agradezco que me apoye en todo esto de verdad.

Me levanté al baño, de regreso a mi cuarto me asomé al cuarto de Wallace, él seguía dormido muy plácidamente, al parecer estaba igual o más cansado que yo, tenía hasta la boca abierta y roncaba tan fuerte que podría espantar a los vecinos, solo me reí internamente y decidí darme una ducha y alistarme, para cuando Wallace despierte estar lista y salir a desayunar a algún lado, necesito sentirme libre por primera vez después de mucho tiempo.

Wallace se alistó rápido, salimos y buscamos un lugar en mi amado Odiaba, necesitaba sentir mis raíces.

-¡La comida de verdad está deliciosa Mimí!, no confiaba en ti por tus gustos raros, pero me he tragado mis palabras- me decía Wallace visiblemente satisfecho con su comida.

-Te dije, solo que me juzgas mucho por mis gustos.

-Bueno, tienes que aceptar que a veces haces combinaciones que no son muy antojables.

-Miedo a éxito, tengo buen gusto en todo.

-Pues mira, tengo mis dudas.

-¡Ay Wallace!, solamente lo dices para molestarme- reí un poco, tenía tanto tiempo de no sentirme relajada.

-Mimí, tiene tanto que no te veo así de tranquila y feliz, debo admitir que, aunque en un inicio no me agradó tu decisión, creo que fue buena idea retirarte por un tiempo del modelaje.

-Honestamente Wallace, me costó mucho, muchas personas dependían de mí, familias, o sea, ¿estás de acuerdo que no puedo solo decirles no hay trabajo y ya?, tengo apenas 21 años, he dedicado 6 años de mi vida a esto, me sentía acabada, no tenía vida privada, en serio ni ganas de tener un romance, los paparazzi siempre siguiéndome, era horrible, aunque me gustaba mucho. Aunque esto me ayudó a forjar la fortuna que tengo ahora para poder hacer realidad mi compañía, y no me molesta empezar desde abajo, quiero lograr una familia en mi empresa, no solo trabajadores.

-Y hablando de ello, ¿ya tienes el nombre que le piensas poner?, recuerda que la reunión es el siguiente lunes y necesitas tener ya todo armado para mostrarlo a la empresa Coreana.

-Aún no me decido, tengo un par de opciones, pero ya que haga el boceto podré decidirme.

-Bien, es tiempo de que nos pongamos a trabajar, y de conseguir un abogado para ya por favor.

-No te preocupes, ese ya lo tengo resuelto, lo veré hoy en la noche.

-¿Confías en él?

-Sin duda.

-Bueno, es que como solo hablas de él y no me lo has presentado.

-Tranquilo celoso, tal vez no confíes en mi gusto culinario, pero créeme que sé escoger a mis amistades.

-Bueno señorita Dior, ya terminamos, quieres regresar a trabajar o quieres despejarte un poco más.

-Quisiera despejarme todo el día de hoy, me espera mucho trabajo por delante.

-De acuerdo, sigamos, iré a caja y vamos a donde quieras.

Espere a Wallace afuera mientras pagaba la cuenta. Miraba alrededor, escuchaba el viento, las personas, los autos, respiraba, sentía. Sentí que Wallace tocó mi hombro y salí de mi trance.

-Vamos princesa.

Solo sonreí, amaba mucho que me llamara así, aunque en un inicio sentía ese apodo muy infantil, con el tiempo le tomé algo de cariño, Wallace era un pilar muy importante en mi vida sin duda, no sabría que hacer sin él.

Wallace era apenas un año más grande que yo, pero eso no era impedimento para que tuviera la carrera que tiene, las relaciones que tiene, el trabajo que hace.

Lo conocí apenas llegué a USA, mi papá se estableció en su trabajo y su jefe, padre de Wallace, nos invitó a una cena. Tenía apenas 10 años, había cambiado de país, no era muy fácil para mí, pero me adapté. Siempre he sido muy positiva, sincera, honesta y, aunque no lo parezca, lucho siempre por lo que quiero, no me rindo, busco justicia, me han tachado de muchas cosas, mamona, payasa, berrinchuda… No, no soy eso, veo por mí, y por otros, solo que no dejo mi persona de lado por los demás, todos somos importantes, todos tenemos nuestro lugar. Me considero bastante perfeccionista también, pero eso no significa que sea duro trabajar conmigo.

Tenía 15 años cuando estaba de paseo junto con Wallace y con mamá en Beverly Hills, papá estaba con el papá de Wallace haciendo negocios y los íbamos a encontrar en un par de horas. Mientras mamá estaba en una tienda de antigüedades, Wallace y yo estábamos platicando afuera, comiendo un helado, pasaba la gente, hacía calor. Yo usaba un sombrero blanco con un listón rosa, un vestido de tela ligera en color blanco, con flores rosas y ramitas verdes, unas sandalias muy monas y mi bolsa con barbitas que tanto me gustaba. No me gusta tirarme flores, pero la verdad es que siempre he sido muy bonita, con mi piel blanca, mis ojos grandes, color miel, con unas pestañas envidiables, mi cabello largo, castaño claro, suave, mi cuerpo esbelto, pero con curvas.

Cuando estaba por terminarme mi helado, se acerca un señor, Wallace inmediatamente se acercó a protegerme, me estaba interrogando pero yo me sentía algo incómoda. Mamá salió de la tienda e inmediatamente se acercó para ver qué pasaba.

Historia corta larga, esa persona era un representante y dijo que me veía potencial para ser modelo de granes marcas y bla, bla, bla. Mamá no le creyó y nos fuimos, el señor le dejó su tarjeta por si en algún momento me llegaba a interesar.

La realidad es que en ningún momento de mi vida llegué a pensar en dedicarme a eso, ni de juego. Cuando nos encontramos con papá y el papá de Wallace, mamá les platicó lo que había pasado y resulta que el papá de Wallace lo conocía, dijo que era verdad a lo que se dedicaba.

No le presté mucha atención. Con el paso de los días, me entró la espinita de si pudiera ser modelo, de cómo sería ese mundo. Siempre he sido una persona muy fashionista, me encanta la moda, me encanta el espectáculo, la farándula, pero no había pensado en estar dentro de ese mundo.

Después de una plática intensiva con mi mamá y mi papá, los convencí de que me dejaran ser modelo, con algunas condiciones, las cuales acepté sin más, pues no pensé que fuera algo que me quitara mucho tiempo o fuera mucho trabajo.

Error.

Empecé con una campaña de shampoo para Herbal Essences, la cual no pensé que causaría impacto, pues no se enfocaban mucho en mi cara, sin embargo, gracias a lo póster en tiendas y publicidades grandes por la ciudad, me buscaron más y más y más. Fue abrumador.

Wallace siempre fue mi refugio, pasaron tantas cosas, que él se involucró en este mundo y escaló tanto como para poder ser ahora mi manager.

La última campaña que tuve fue para Dior, y duró tantos años que me llamaban la chica Dior. Fue la campaña que más disfruté, donde más me cuidaron, donde aparte conocí a grandes actrices y modelos, como Natalie Portman, esa mujer era increíble en todos sentidos, me arropó mucho y me ayudó más.

Recordar todo eso hacía que se me pusiera la piel chinita, eran tantos, de verdad tantos recuerdos, algunos me llegaban a incomodar.

-Y bien Mimí, ¿ahora qué quieres hacer?

Miré la hora, eran ya las seis de la tarde, en un par de horas sería mi encuentro con mi abogado.

-Creo que es mejor ir a casa, a las ocho tengo por fin la cita con mi abogado.

-Cuanto misterio, de menos dime su nombre- hizo cara de puchero, es tan lindo.

-No, hasta que me diga si sí trabajará conmigo, ya que lo obligue a aceptar te lo presento.

Regresamos a casa, me puse unos zapatos más cómodos, me retoqué el maquillaje, me pasé el cepillo por mi cabello. Aunque era un "cita de trabajo", el abogado con quien hablaré es un amigo de años, e íbamos a platicar. La cita era en un café, quería estar presentable pero cómoda, quería ponerme al día con él, quería sentirme viva, respirar, no sentir que me miraban o me perseguían.

Wallace me llevó en uber al café y después se fue de fiesta con amistades suyas.

Le mandé mensaje para ver si ya estaba dentro, me contestó que en 10 minutos estaba, que lo esperara en una mesa adentro.

Estaba nerviosa, sentía como si estuviera en una cita romántica, tenía tanto tiempo sin tener un equipo de trabajo pendiente de mí, era como si estuviera desnuda.

El mesero se aceró, pedí un café latte en espera de mi amigo.

Llegó mi latte a la mesa, le di un sorbo y sonó mi celular, había llegado, contesté al mismo tiempo que miraba a la entrada. Era él, alto, moreno, cabello castaño despeinado, una sonrisa amable, preciosa, encantadora. Se había puesto tan guapo. Levanté la mano para que me viera. Logró ubicarme y se dirigió a mí.

-¡Tachikawa!- me abrazó efusivamente- ¡si pudiera te alzaba por los aires!, pero no creo que sea el lugar adecuado.

El mismo hombre de siempre, amable, atento, caballeroso, lindo, inteligente, guapo.

-No puedo creer que hayan pasado años en que nos dejamos de ver Mimí, de verdad estoy muy feliz de que hayas decidido regresar y me tienes muy intrigado… ¿negocios?, pensé que por lo menos me extrañarías ingrata.

-¡Claro que te extrañé tonto!, eres de los pocos amigos reales que tengo… No sabes lo que es este cambio para mí.

-Me puedo dar una idea- sonríe picaronamente.

-Por favor no empieces con eso- lo miré retándolo.

-Vamos Mimí, no me des la negativa a la primera.

-No es la primera, mejor ya, a lo que venimos.

-Bueno está bien, adelante Tachikawa.

-Tenemos mucho de qué habar Taichi.