Capítulo 9

Mimí

-¡Me encantan!, eres un genio… Definitivamente eres lo mejor que me quedó de trabajar con DIOR- le decía a Yuzuru, las fotos que había tomado y los videos cortos eran excelentes.

-Ya te conozco también, así que fue fácil saber lo que querías, además de que Sora me orientó bastante con respecto al tema de la colección.

-Lo sé, ella es maravillosa.

-Entonces, te dejo, ya se llevaron mi equipo, en la semana te hablo para revisar los últimos detalles.

-Claro Yuzuru muchas gracias- le di un abrazo para despedirme de él.

Ya no había nadie, solo me estaba esperando Sora antes de poder irme a cambiar a mi camerino.

-Es todo Sora, muchas gracias, ya ve a descansar, ahorita solo voy al camerino para cambiarme y poder ir a cenar algo y dormir.

-Perfecto, mañana me encargo de los conjuntos entonces, cuídate, hasta mañana.

Ahora si estaba sola, di una vuelta por todo el set, mirando mi trabajo, mi esfuerzo, todo por lo que luché por fin estaba aquí, me sentía muy feliz.

Caminé al camerino para poder cambiarme y al momento de entrar me llevé una gran sorpresa.

-¿Qué haces aquí Yamato?- estaba sentado en un sofá color gris Oxford que era bastante amplio y cómodo, todavía en bóxer y con la bata, una vez salí del shock, entré rápidamente y cerré la puerta por detrás de mí, poniéndole el seguro a la puerta.

-Necesitaba verte…- su semblante era serio, tenía la mirada baja al momento que me habló, yo no sabía qué decir, no esperaba su presencia en mi camerino.

-¿Qué… qué pasó?...- dije con un tono nervioso- Yamato no decía nada, solo se quedó en silencio unos minutos…- ¿Ya… Yamato?- una vez que dije su nombre, me dirigió la mirada, se levantó y rápidamente se acercó a mí, acorralándome en la puerta.

-Siento…- el corazón parecía que iba a salir de su pecho, podía apreciar los rápidos latidos y su agitada respiración-… Lo que pasó durante las fotos no fue solo algo físico Mimí, yo siento algo fuerte por ti, no he dejado de pensar en ti, en esa noche… En…- No dijo nada más y me tomó de mi cabeza para acercarme a su rostro y comenzar a besarme, ante este movimiento quedé inmóvil, sin embargo, también quería besarlo, tocarlo. Pasé mis manos por su espalda, lo apreté hacia mí, podía olerlo, me embriagaba su perfume, sin pensarlo, introduje mi lengua en su boca y eso lo hizo reaccionar al punto de que me tomó de mí cadera, cargándome contra la puerta, yo rodeé su cuerpo con mis piernas y seguí besándolo. Abracé su cuello lo más que puede para tenerlo pegado a mí, lo deseaba, lo necesitaba.

Yamato

No había dejado de pensar en sus besos después de aquella noche, ahora que la tenía aquí, solo nosotros, no quería quedarme con las ganas de acercarme, no sé qué me pasa, nunca me había sentido así, me sentía incluso embriagado por ella.

-Mimí…- Me separé de ella para poder decirle lo que sentía, recargué mi frente contra la suya y cerré mis ojos- Hay algo en ti que me ha hecho enloquecer, debo admitir que en un inicio tu físico me atrajo muchísimo, y ahora que te conozco un poco más, y por lo que dice Taichi… Bueno, tengo que reconocer que hay una fuerza interna que me empuja mucho hacia ti, hacia querer estar contigo, hacia tomarte y…- suspiré, mi corazón no me dejaba concentrarme- Mimí, quisiera que me dieras…- Abrí mis ojos para poder observarla y para mi sorpresa estaba llorando, me preocupé- ¡Mimí!, ¿qué pasó?, ¿te hice daño?

Mimí

Lo que estaba pasando para mí era un sueño, después de tanto tiempo sintiendo nada, viviendo a partir de apariencias, de ser nadie…

-Lo siento Yamato… Yo…- mi sollozo me impedía articular palabra alguna, mi garganta estaba tan cerrada, solo quería llorar.

-No te disculpes Mimí, fue mi culpa, no debí… Agh soy un tonto.

Al ver la expresión de Yamato me sentí muy mal conmigo misma, no merecía estar así, debía hablar con él.

-Yamato…- Separé mis piernas de su cuerpo y las bajé para poder sostenerme en el piso, él, cuidadosamente, me ayudó, su sincera preocupación me prensaba el pecho y el corazón. Lo tomé de la mano y fuimos a sentarnos al sofá que estaba en el camerino- Escucha… Esto no es por ti…- se me volvió a quebrar la voz y, sin poderlo soportar más, estallé en llanto.

Yamato, claramente sobrecogido, me abrazó, sabía que no entendía nada y que estaba impotente ante no saber qué hacer.

Algunos minutos después, ya más serena, me separé de él y tomé valor para platicar con él.

-Lamento mucho lo que acaba de pasar Yamato, creo que me sentí más vulnerable de lo normal, además…- suspiré- No te conozco, no sé mucho de ti, pero hay algo, siento algo como…- Levanté la vista y ahí estaban esos ojos azules, hermosos, mirándome, con el gesto más comprensivo, la mirada más tierna, no me juzgaba, no me repudiaba, él no- Algo nos está pasando, siendo sincera me emociona mucho… Y también tengo miedo…

-Mimí, si quieres que te dé un momento a solas dime, no tengo problema…- Me decía Yamato con un tono calmado.

-No… He ido varios años a terapia como para que dejar que se vayan a la basura… Quiero hablar contigo, si después de esto te quieres ir, con todo el dolor de mi corazón, adelante, solo quiero que me escuches y me entiendas.

Yamato ahora se notaba sorprendido, sin embargo, no dijo nada, solo asentó con la cabeza y comencé mi relato.

-Te voy a resumir todo lo más posible…

El desfile había sido tan agotador, solo deseaba irme a casa, Wallace me comentó que habría un after party y que era necesario que fuéramos, por más que le rogué que me dejara descansar, me dijo que después de esa noche tendría mis vacaciones, así que podría sacrificar un poco y desvelarme, a regañadientes accedí.

Llegamos a la fiesta y estaban casi todas las modelos que habíamos participado en la pasarela, analizando el ambiente, decidí dejarme llevar un poco.

Estaba platicando con Bella cuando Wallace se acercó a darme una bebida, me despedí de ella y nosotros nos fuimos a bailar. Estando ya un poco ebrios, sentí cómo alguien se acercó por detrás de mí, por un momento reaccioné y estuve a punto de golpear a la persona, cuando me di cuenta que era Charlie Puth, quien había dado un pequeño show antes del after party.

-¡Hola!, te vi a lo lejos y te reconocí, un gusto, me llamo Charlie.

-¡Hola!, yo soy Mimí- le extendí la mano a manera de saludo, cuando él me tomó la mano me jaló hacia él y me dio un beso en la mejilla.

-Y yo soy Wallace, soy amigo y representante de Mimí- Wallace se puso en medio de nosotros, él era bastante… Protector, por decirlo así.

-Te traje una bebida, vi que pediste un sex on the beach- me entrega el vaso.

-¡Gracias!- me sorprendió que fuera tan observador.

Esa noche, muy a pesar de que Wallace no estuviera de acuerdo, Charlie y yo estuvimos platicando mucho, me pareció muy agradable a pesar de que había generado algunas polémicas tras sus declaraciones con respecto a su relación con Selena Gómez.

Varias veces después de eso no estuvimos viendo a escondidas, tanto de Wallace como de los medios, yo había firmado mi campaña con Dior y tenía mucha atención pública hacia mí, además de que ya habían salido algunas fotos de él y mías filtradas por paparazzis.

Todo empezó a ser cada vez más tumultoso, más fotos, más acoso, titulares bastante amarillistas "salen de hotel a plena luz del día", "Charlie y Mimí viven desenfrenadamente", y de los peores "Aseguran que Charlie quitó la virginidad a Mimí". Me daba tanto asco leer eso, pero no tanto como lo que me pasó después.

Habíamos tenido ya 8 meses saliendo, sinceramente no me di cuenta que no todo era color de rosa.

Habíamos vuelto a discutir, en esta ocasión me había lastimado tanto que me dejó moretones en el cuello.

-¡Entiende!, nunca serás como ellas, tu cuerpo no es como el de las modelos con las que tanto te codeas, Bella, Gigi, siempre serán mejores que tú, si salgo contigo es por lástima, mira tu cuerpo, mira tu cara, crees que encajas aquí, pero solo te aceptan forzadamente.

Esas fueron las palabras que me dijo antes de que llamara a Wallace para que fuera por mí al hotel donde nos estábamos quedando. Cuando se dio cuenta, me quitó el teléfono y lo rompió, se puso más agresivo, me jaloneó más, me levantó del piso y me arrojó contra la cama, se puso encima de mí y me empezó a destrozar la ropa, por más que gritaba sentía que nadie me escuchaba. Dejé de moverme, me resignaba a que me iba a pasar lo peor, dejé que Charlie hiciera lo que quisiera con mi cuerpo casi inerte, no me sentía viva ya.

Tocaron la puerta estrepitosamente y eso me hizo reaccionar, en un momento de descuido de Charlie, lo pateé con todas mis fuerzas y corrí a la puerta, al abrirla era Wallace con algunos policías, Wallace se apresuró a abrazarme y taparme con su abrigo, mientras los policías se llevaban a Charlie arrestado.

Los siguientes meses fueron horribles, lo habían dejado libre, estaba llena de rabia por eso, sin contar la cantidad de noticias falsas, comentarios de odio y acoso que recibí, "Mimí denuncia a Charlie Puth, él se declara inocente: ella es agresiva, no la conocen", "Mimí se aprovechó de la fama de Charlie para que Dior la contratara para su campaña", "Mimí se merece lo que le pasó, Charlie es un hombre maravilloso: son los comentarios de las fans de Charlie en redes sociales", "Dejen de hacerle caso a una loca que se medica", y miles y miles de comentarios así.

-En resumen, eso fue lo que pasó…- Yamato se notaba inerte, su mirada perdida, su expresión había cambiado drásticamente, lo cual me hizo pensar que en cualquier momento me iba a dejar sola, como siempre me pasaba- Duré bastantes años en terapia y, lo que más me ayudó, fue que Dior, a pesar de todo, creyó y confió en mí, Natalie Portaman fue maravillosa conmigo, me arropó, me defendió y gracias a ella fue que salí poco a poco adelante.

Me levanté, me quité la bata y caminé hacia el espejo de cuerpo completo que estaba a un lado del sofá.

-Tuve anorexia Yamato, sigo sufriendo un poco por eso, además de ansiedad, depresión, estrés postraumático, soy desconfianza en exceso y por eso mi círculo de amigos es reducido. Era muy inocente y a partir de ahí, mi sed de justicia creció, he tenido sube y bajas tremendos. Cada día me miraba al espejo y no reconocía a la mujer que estaba ahí, esa mujer del espejo era extraña, no me gustaba, la odiaba…- Sentí cómo rodaban más lágrimas de mis ojos- Gracias a Wallace que siempre estuvo conmigo y Taichi a la distancia es que pude salir adelante, fue mi círculo de apoyo por años. Una vez que mi psicóloga me dio de alta, tomé la decisión de retirarme de ese ambiente y es por eso que regresé a Japón y ahora tengo mi empresa- me limpié mis lágrimas y me giré para verlo, le sonreí- Ahora me miro al espejo y me reconozco, me reconozco como una mujer fuerte, valiente, con temple, decidida, honesta, trabajadora, responsable, alegre y que se ama.

Una vez que dije esto, Yamato se levantó, se acercó a mí, me puso la bata y me abrazó.

Yamato

Recuerdo la primera vez que la vi, me imaginé de todo, salvo lo que me acaba de contar. Cada parte de su relato me movía más, me ahogaba más, me lastimaba. Una vez que miró al finalizar su discurso, no vi a esa Mimí empoderada, vi a una joven, inocente, llena de sueños que fue lastimada, ultrajada, humillada y que estaba sanando. Sin pensarlo más, tomé su bata y me acerqué a ella para cubrirla y darle todo el amor que le quería dar.

-Te agradezco por lo que me acabas de contar, no me puedo imaginar lo que pasaste.

-Gracias Yamato- la encaminé al sofá para que se recostara y descansara un poco de toda la adrenalina que exudó al contarme su historia.

-¿Necesitas que te traiga algo?

-No, quédate aquí un momento conmigo por favor- me suplicaba hasta con la mirada.

Como el sofá era bastante amplio, decidí acostarme junto con ella, me acomodé a su espalda y la abracé contra mí, quería que sintiera mi calidez. Ella se acomodó en posición fetal y yo la abracé con más fuerza.

No sé cuánto tiempo había pasado, nos habíamos quedado dormidos, ella se despertó algo exaltada.

-¡Son las 2 de la mañana!- escuché que gritó, lo cual me despertó- tenemos que irnos, no podemos dormir aquí.

-Sí, está bien- un poco soñoliento todavía, me vestí como pude y salimos de ahí.

Debido a lo tarde que era, la única manera de regresar era en mi moto, por lo que me ofrecí a llevarla a su casa, ella aceptó.

Mimí

Me preocupaba mucho que manejara a altas horas de la noche, por lo que le propuse que se quedara a dormir, que Wallace no tendría problema, él aceptó.

-Solo no hagas mucho ruido, aunque tiene el sueño pesado no quisiera que se despierte- le susurré a Yamato, él solo asintió.

No sabía qué hacer, no lo quería dejar en la sala, así que pensé que él se podría quedar en mi recámara y yo en el sofá de la sala, así que lo acompañé a mi habitación.

-Aquí es, no tengo una pijama para ti, pero hay un baño también por si necesitas cambiarte o algo.

-Muchas gracias.

Se estaba quitando sus calcetas y acomodando sus pertenencias en el buró que estaba a un lado de mi cama. Lo vi tan normal, como si viviera conmigo, su cabello rubio, algo alborotado por el casco, vestido absolutamente de negro, esa vibra tan sexy. Mi parte racional me decía que no lo hiciera, pero mi instinto me gritaba que podía confiar en él. Una vez que dejó su celular, me acerqué por detrás para abrazarlo. Sentí cómo se sorprendió y se giró para mirarme, me sonrió y me miró dulcemente. Sin siquiera pensarlo, me alcé de puntas y lo comencé a besar. Él, sin dudarlo, respondió ante el beso, este beso era dulce, tierno, lento. Conforme pasaban los segundos, mis manos subían por el pecho de Yamato para posteriormente pasarme a la espalda y presionarlo hacia mi cuerpo. Cuando empecé a bajar mis manos, Yamato me separó delicadamente de él.

-Mimí, no quiero incomodarte ni obligarte a nada- entendió perfecto mis intenciones.

-Yamato… Quiero estar contigo…- le suplicaba con mi mirada que estuviera conmigo, quería que fuera él.

-…¿segura?

-Totalmente…- tomé sus manos y las puse en mi cintura.

-Tienes…- sabía que se refería a los preservativos.

-Yo no… Pero creo que Wallace tiene una caja en la cocina… - los dos reímos ante eso.

Rápidamente saló en busca de su escondite de condones, al no saber qué iba a pasar, tomé la caja y me la llevé. Antes de entrar a la habitación, me detuve, miré la caja y me pregunté si estaba segura de esto, no lo pensé mucho y entré a la habitación.

Él estaba de pie, mirando su celular, cuando cerré la puerta se giró y dejó su celular donde estaba.

-Aquí… Aquí los tengo- la valentía que sentía antes se convirtió en nerviosismo al saber lo que estaba a punto de pasar.

Me paralicé un poco, Yamato, al notar esto, ser acercó, tomó la caja, la dejó a un lado de su celular y me abrazó.

-Yo no te voy a dejar, yo no te voy a humillar, te lo prometo- después de decirme esto, me separé un poco y mirar sus ojos, quería ver si podía ver la sinceridad en ellos, y así fue.

Yamato

Me estaba volviendo loco, había mucha tensión dentro de la habitación, estábamos solos, ella estaba ahí, mis manos morían por tocarla y, a la vez, moría por protegerla, por abrazarla, no quería que se fuera.

Sabía que estaba nerviosa, así que tomé la caja con los condones y la abracé.

-¿Lo que dices es verdad Yamato?

-Nunca en mi vida había sido tan sincero Mimí.

No pude más, así que comencé a besarla, el beso empezó lento, nuestras manos estaban nerviosas y a la vez ansiosas de recorrer nuestros cuerpos. Decidí dar el primer paso, así que mis manos fueron bajando de su cintura a su cadera, apreté un poco, deseaba esas caderas desde hace tiempo. Mi miembro empezó a reaccionar, ella lo notó, pasó sus manos por encima de mi pantalón y eso hizo que mi excitación subiera mucho más. El nerviosismo empezó a bajar, Mimí se soltó un poco, sus manos subieron de mi miembro a mi abdomen, acariciaba mi pecho y después mi espalda, cuando sentí sus manos en mi piel por encima de mi ropa, la tensión me atravesaba el cuerpo como agujas, quería quitarme las agujas, desnudarla y hacerla mía.

Cada momento la deseaba más, quería sentir su cuerpo ahora sin la gente que estaba en la sesión de fotos, quería probar su piel, tomar sus pechos con mi boca y hacerla gemir. Ella me empezó a quitar mi playera, aunque yo sentía desesperación por desnudarla, quería que fuéramos al tiempo que ella deseaba. Después de eso, la tomé para recostarla cuidadosamente en su cama, ella estaba usando una blusa rosa, de una tela que se transparentaba un poco, y un pantalón blanco ajustado que le hacía una figura que amaba desde que la vi. Sus ojos me decían que deseaba esto, y también que quería ir lento, que quería confiar en mí, yo no la iba a defraudar, yo no.

Lentamente empecé a quitarle su blusa, dejando descubierto su abdomen, podía ver su hermosa piel rosada, rocé mis dedos a través de ella hasta llegar a su sostén, ella tomó mi mano y la dirigió a su pecho derecho, instintivamente lo apreté un poco, ella se sonrojó y gimió un poco. Eso me prendió un poco más, así que ahora me dirigí a desabotonar su pantalón, mientras ella se quitaba su sostén, cuando hizo esto, se levantó un poco y eso hizo que sus pechos estuvieran cerca de mi cara, la tomé de la espalda y acerqué ahora su pecho izquierdo a mi boca, su pezón ya estaba erecto, comencé a jugar un poco con mi lengua alrededor de su pezón, luego succionada lentamente, después mordí un poco, ante estas acciones Mimí se notaba muy extasiada. Nuevamente la recosté y mientras me quitaba mi pantalón y mi bóxer, ella hacía lo mismo.

Habíamos quedado totalmente desnudos, yo estaba ya encima de ella, su cabello largo y castaño se regaba por la cama, se notaba muy sonrojada y a la vez excitada, en sus ojos notaba el deseo, deseo que yo también sentía por ella. Intrépidamente quise sentir su sexo, así que con mis dedos bajé y me di cuenta que estaba totalmente húmeda, lista para mí y eso hizo que mi miembro me pidiera entrar en ella, solo quería que ella me lo pidiera.

Después de contemplar su hermoso cuerpo y su belleza, me acerqué para besarla y acariciar pada parte de su cuerpo y también para darle el placer que se merece. Así que nuevamente puse mis dedos en su sexo y ahora los introduje para estimularla. La respuesta de ella fue placentera, estaba disfrutando el momento, gemía tanto y me excitaba saber que era por mí, recordé la hora y dónde estábamos y tenía que callar sus gemidos, lo quería hacer con mi boca. Inmediatamente me acerqué comencé a besarla para que no se escuchara lo que estábamos haciendo, mientras seguía moviendo mis dejos y seguía gimiendo deliciosamente.

Unos minutos después, saqué mis dedos, me despegué de su boca.

-Yamato… Por favor… Quiero que ya entres… Necesito sentirte…

No dije nada, inmediatamente busqué un condón, me lo puse y me acerqué nuevamente a ella.

-¿Estás lista?- ella asintió tímidamente.

Ahora siendo yo quien estaba muy nervioso, ya con el condón puesto, me acomodé y entré lentamente en ella, los dos gemimos al mismo tiempo y comencé a moverme.

Mimí

Una vez que entró yo me sentía perdida en el placer, comenzó a moverse y no sabía que podía llegar a sentir todo esto que me pasaba. Lo tomé del cuello y los dos intentábamos no gemir para que Wallace no escuchara lo que estábamos haciendo. Lo miré y volví a besarlo, como habíamos hecho antes, comencé a gemir en su boca para no limitarme. Cada momento él aumentaba la velocidad y con ello sentía como mi cuerpo temblaba. Lo abracé por la espalda para acercarlo a mí y sentirlo mío, era más y más y más el placer, me sentía tan excitada que no pude más y sentí cómo mi cuerpo llegó al máximo al mismo tiempo que él.

Respirábamos casi al unísono para relajarnos. Una vez que ya estábamos más tranquilos, Yamato salió de mí y se recostó a un lado. Nos giramos para mirarnos a la cara, ahí estaban nuevamente esos hermosos ojos azules, esos ojos que me transmitían paz, confianza, honestidad.

Se acercó más a mí y me abrazó hacia él, sentí tan cálido su abrazo, cerré los ojos para disfrutar el momento. No sé cuándo me quedé dormida.