Capítulo 10

Mimí

La luz que entraba por la ventana me empezaba a molestar en los ojos, por un momento me sentía algo desorientada. Mientras intentaba reincorporarme sentí que me tomaban del brazo y me exalté un poco hasta que vi que era Yamato, entonces recordé lo que pasó anoche y me sonrojé un poco.

-Buenos días Mimí- me decía muy sonriente, él ya estaba vestido, por lo que me imagino que se había levantado antes que yo.

-Buenos días Yamato- me cubría con una sábana un poco avergonzada.

-Este… Wallace vino a tocar la puerta y para ver si estábamos despiertos ya- se notaba bastante avergonzado también, al parecer Wallace si notó a Yamato.

-Ay no qué pena- me cubrí la cara con la sábana.

-No pasa nada, no es como si hubiéramos hecho algo ilegal.

-Seguro Wallace se la pasará molestándome y molestándote con respecto a esto- tomé el valor y me desperté para ponerme una pijama y salir de la habitación, sabiendo que Wallace sería bastante insistente y poco prudente ante la situación.

-Te advierto que seguramente Wallace hará comentarios bastante… Imprudentes, así que te pido una disculpa por eso.

-No te preocupes, lo entiendo.

De pie frente a la puerta de mi habitación di un último suspiro y salí de lo más normal, como si no pasara nada.

-¡Buenos días!- me dirigí alegremente a Wallace.

-Buenos días chicos, hicieron mucho ruido anoche, no me dejaron dormir.

Me quedé helada, no quise ni si quiera mirar a Yamato, le había advertido sobre los comentarios de Wallace pero siento que esta no me la iba a perdonar.

-Es broma- suelta una carcajada y me vuelvo a quedar helada- supe que Yamato estaría aquí cuando vi su casco, me imagino que regresaron muy noche eh- su sonrisa ahora era pícara.

-Algo…- quería esconderme en algún lado de la casa y desaparecer- hubieras ido ayer para que dieras tu visto bueno a la sesión- dije para tratar de desviar el tema.

-Recuerda los pendientes que tenía y hoy seguiré con eso, yo ya desayuné, así que me retiro y los dejo en su casa, nos vemos en la noche- se despide de Yamato, se acerca a mi oído y me susurra algo bastante incómodo- regresas la caja de condones a donde estaba después de tomar los que necesites- me dio un beso en la mejilla y se fue.

La vergüenza se apoderaba todavía más de mi cuerpo, necesitaba hacer algo para que no se sintiera incómodo el momento.

-¿Te apetece un café?- le preguntaba a Yamato intentando hacer ligera la situación.

-Si, por favor- su tono era el de siempre, no quise mirar su rostro, quería pedirle disculpas, pero al mismo tiempo quería desaparecer- Mimí… Disculpa por este momento, yo…

-Al contrario…- tomé el valor de girarme y mirarlo- no me arrepiento de lo que pasó, solo que tengo mucha pena por ello- me llevé la cara al rostro para cubrir un poco mi expresión, sentí cómo Yamato me retiró la mano.

-Me gustó mucho lo que pasó anoche- dijo mientras me sonreía y me dio un beso en los labios- permíteme prepárate yo el desayuno, soy buen cocinando.

Me quedé un poco en shock ante la acción de Yamato, pero me sentía muy feliz. Busqué un par de tazas en la alacena mientras Yamato comenzaba a preparar comida, parecía que estaba haciendo omelette. Mientras él estaba en eso, yo acomodé la mesa con todo lo necesario para desayunar, terminé antes que él, así que lo espere paciente en la barra mientras lo miraba cocinar, era tan guapo.

-Me ayudas con los platos por favor Mimí- me decía Yamato mientras sostenía el sartén con los omelette, rápidamente se los acerqué para que los sirviera, yo ya había puesto el café. Una vez que lo sirvió, nos sentamos a desayunar.

-¡Te quedó delicioso!, aunque siento que le faltó un poco de azúcar y soya fermentada- ante mi comentario Yamato puso un gesto de desagrado tan evidente que me molesté un poco- ¿qué pasa, por qué tienes esa expresión?

-¿Comes huevo… con azúcar… y soya fermentada?

-Sí, ¿qué tiene de malo?- seguía con mi disgusto.

-Digamos que no es muy… común, ni se escucha apetitoso.

-¡Qué grosero!, a ver, ¿tú cómo comes el huevo?

-Bueno, yo le pongo mayonesa.

-… ¿le pones mayonesa al huevo y me criticas por ponerle azúcar y soya fermentada?

-Créeme que no se escucha muy delicioso lo que dices.

-Bueno, ¿y qué más no te gusta?, ¿el jugo de frutas?

-¿Jugo… de frutas?- por un momento dejó de comer su omelette- ¿te refieres a un jugo mixto?

-Claro.

-Pero no es lo mismo…- su mirada era inquisitiva, estaba por decirme algo cuando sonó su teléfono- ¿Qué pasó Taichi?... Si… Si… Qué te importa… Nos vemos después- cuelga la llamada.

-… ¿Era Taichi?- le pregunté, aunque más bien era una pregunta de afirmación.

-Si.

-¿Y… qué te dijo?

-Andaba de metiche preguntando si estaba contigo- noté como se sonrojó ligeramente y me miró a los ojos- y le dije que sí, no tengo necesidad de ocultarte.

Cuando me dijo esas palabras sentí cómo mi corazón se aceleró y mis ojos se llenaron un poco de lágrimas, quise aventarme a abrazarlo y besarlo, sin embargo me quedé inmóvil, solo mirándolo, atónita a lo que escuchaba.

-¿Qué pasó, no te gustó el omelette?- me miraba algo preocupado.

-Ammm… No, no es eso, es que…

-Escucha…- me interrumpió dejando su cuchara en el plato y mirándome atentamente- No sé qué me hiciste Mimí, te repito, desde que te conocí sentí una fuerza muy grande hacia ti, debo admitir que me negaba, sin embargo algo en ti… Tu mirada, tu personalidad, tu estilo, tu manera de expresarte… Tu cuerpo por supuesto- se sonrojó- Cuando te digo que no he sentido esta conexión con nadie antes que contigo, es la verdad, incluso yo…- se detuvo un momento, parecía dudoso de decirme algo- Yo era virgen antes de estar contigo- me desvió un poco la mirada, al parecer se sentía apenado.

-Yamato…

-Espera, no quiero que me juzgues y no quiero juzgarte si tu…

-Yo también lo era- lo interrumpí- lo que te conté con Charlie, pues a pesar de que estuvo a punto de… bueno, eso, nunca antes habíamos tenido relaciones sexuales, ni con él ni con nadie- me sentía apenada de tener que darle explicaciones de algo tan íntimo, pero él estaba siendo sincero conmigo.

-¿D… de verdad?- me miraba impaciente.

-Si.

-Eso significa que ahora eres mía Tachikawa.

El ambiente de un momento a otro cambió, de ser incluso algo tierno, pasó a ser tenso, pero en el sentido sexual. Esa frase "ahora eres mía", incendió mis adentros, a tal punto que mi sexo reaccionó y me cosquilleó un poco.

-Entonces tu también eres mío- repliqué.

-Solo tuyo Mimí.

Después de esas palabras, Yamato y yo nos dejamos guiar por el deseo, no nos importó dejar el desayuno, me tomó de la mano y me llevó nuevamente a mi habitación, pero ahora no se contenía, ni yo con él.

Una vez que llegamos a mi habitación, sabiendo que Wallace no estaba, no me importó poder hacer lo que quisiera, así que me puse de rodillas, desabroché el pantalón de Yamato y tomé su miembro para empezarlo a masturbar, no tardó mucho en tener su miembro erecto, así que en cuanto tuve la oportunidad, acerqué mi lengua a la punta de su pene, el gimió un poco, lo que me hizo querer escucharlo más, así que ahora pasé mi lengua por su miembro, lo lamía como si fuera helado y él gemía cada vez más, ahora quería probarlo todo, por lo que metí mi boca y él soltó un grito de placer, me tomó de la cabeza "ah, sí", sus palabras me daban placer a mi también, yo seguía y seguía en su miembro y Yamato se notaba cada vez más excitado "para, no quiero terminar en tu boca, quiero terminar dentro de ti", ante esas palabras, me levanté, me desvestí y él hizo lo mismo, rápidamente buscó un condón y se lo puso "voltéate", me acomodé de manera que le di mi espalda y él me tomó de la cadera, me acarició apretándome contra él, aún sin penetrarme, para sentir mi cuerpo contra el suyo, antes de penetrarme, metió sus dedos para sentirme "me encanta saber que estás húmeda por mí", me dijo antes de penetrarme lentamente, los dos gemimos al mismo tiempo, disfrutando el roce de nuestras partes. Él empezó a moverse lentamente, tomando fuertemente mis caderas, yo, sin contenerme, empecé a gemir por el placer que me generaba saber que Yamato Ishida me estaba haciendo suya y yo lo tenía mío. Cada que aumentaba sus movimientos, se acercaba a mi cuerpo, me tomaba de mi pecho derecho y seguía dándome más, ¡y más y más!, "Yamato!", le grité como seña de que estaba a punto de terminar, él me penetró ahora más duro, su mano pasó de mi pecho a mi garganta y lo apretó ligeramente, esto nos excitó tanto, que cuestión de unos momentos y los dos llegamos al orgasmo al mismo tiempo. Ahora, sin temor de nadie, sin ataduras entre nosotros, nos hicimos uno, sinceramente y con toda la conexión posible entre dos personas, algo tan astral que parecía fantasía, pero era real, estábamos aquí los dos, haciéndonos uno solo.