Cien palabras

Razones

No había sido más que una broma, al comienzo. Una sugerencia sin invitación. Takeru no tenía idea por qué se estancó en su mente, el deseo. La necesidad. Había abierto un documento en blanco y, con Patamon a su lado, empezó a escribir. Palabras sueltas, primeramente. Una anécdota, luego. Y muchas memorias. Su historia. La historia de otros niños.

A Takeru le gustan las historias, le encanta contarlas. Quizá hubiese hallado un camino hacia las letras, aún sin aquella conversación. Él no sabe, no le importa.

No reniega de las cosas por cómo comenzaron. Él prefiere la certeza que existieron.