Cien palabras

Kwadi

Miyako bostezó.

Se sentó un poco más firme en el banco y sonrió al cielo despejado. Después del frío que había empapado las últimas semanas, el abrazo del sol era bienvenido. Sentía las mejillas tibias.

Miró el reloj de nuevo. No tenía ningún apuro, era domingo después de todo, pero Iori era siempre puntual y la tardanza le sabía fuera de carácter.

—¡Miyako-san!

Iori, con las orejas rojas, se disculpó con una larga reverencia.

—Lamento haberte hecho esperar.

Miyako rechazó la idea con una sonrisa y un gesto de su mano. —No hay problema. Me gustan los días así.


Kwadi: la sensación de vagancia después de estar un rato calentándose al sol en un día de frío.