Cien palabras
Desilusión
Llovían pétalos rosados. Las flores de cerezo hablaban de lo efímero, de suspiros en el aire.
Era la primera vez que alguien se confesaba con ella. Era la primera vez que alguien... que alguien la buscaba. A ella. Más allá de...
¿Cómo...? ¿Por qué Keito había-
Él sonrió. Era una sonrisa dolorosa de ver. —No tienes que decirlo, Sora-san, lo sé. Solo quería que lo supieras.
Y se fue.
Sora extendió la mano por reflejo, pero detuvo el movimiento y apretó el brazo contra su pecho, contra su corazón.
No quería darle alas a una ilusión que se rompió.
