Capítulo 15: "Dile que lo amas"

Decidido, salió de la habitación de Xiao Zhan, dispuesto a ir a la sala a esperarlo, pero se detuvo a medio camino cuando escuchó la voz de su Ge Ge cantando.

Se paró fuera del baño y acercó su oído a la puerta.

¡Estaba cantando "No Sense"! ¡Recordó algo que Mao le había dicho, y ahora comprobaba que tenía razón! ¡Tenía toda la razón!

Una preciosa sonrisa se abrió paso en la expresión de Yibo. Quedó tan embobado por eso, que no se dio cuenta de que Xiao Zhan estaba por salir del baño, éste abrió la puerta y se espantó al verlo ahí parado, pegado a la entrada del baño.

—¿Qué haces aquí?

—Cantas muy bonito, Ge Ge.

—¿Me escuchaste?

Yibo le guiñó un ojo. Xiao Zhan se avergonzó.

—Ve a secarte el pelo o enfermarás.

—¡Ya voy! —salió corriendo rumbo a su cuarto. Yibo escuchó que le hizo cariños a su gata antes de terminar de arreglarse.

Le encantaba, a Yibo le encantaba cómo era Xiao Zhan. Amaba que cantara en la ducha, específicamente que cantara sus canciones.

Suspirando como estúpido enamorado, fue a la sala a esperar pacientemente a que su amigo estuviera listo.

Guardó mucho cuidado con la prenda que tenía oculta en su chamarra, era su gran tesoro. Aún no podía creer que fue capaz de hacer aquello, se estaba desconociendo y temía caer más bajo.

Minutos después Xiao Zhan apareció en la sala, listo para ir al aeropuerto. No vestía tan a la moda como siempre, pues se suponía que querían pasar desapercibidos, pero aun así se veía increíblemente bien sólo con sus jeans negros y su jersey de mezclilla. Él se veía bien con lo que fuera que se pusiera y Yibo no podía dejar de admirarle aquello.

—Te ves muy bien —lo elogió con sinceridad. Las mejillas de Xiao Zhan se sonrojaron ligeramente, pero no le dejó ver que eso lo avergonzaba.

—Gracias —dijo con media sonrisa antes de ir hacia sus maletas y guardar algo más—. Tú también te ves muy bien —fue sincero, lo dijo mientras lo veía de pies a cabeza.

Yibo le guiñó un ojo, coqueto.

—¡Por cierto! Charlé con Mao anoche y me dijo que tú y él hablaron. Me pidió que te mandara saludos.

Oh sí. Yibo recordaba muy bien esa charla. Se le puso la piel de gallina.

Lo que ocurrió fue que Xiao Zhan le pidió a Mao que se tomara unos días de vacaciones, justo el tiempo que él pasaría con sus padres. Algo renuente, y preocupado por su seguridad, Mao se negó hasta que Xiao Zhan logró convencerlo de que él estaría bien, pues su deber como guardaespaldas se limitaba a cuando estaba en asuntos de trabajo, y ese no era el caso.

Fue así que el guardaespaldas volvió a su ciudad natal: Shanghái, donde se encontró por casualidad a Yibo. El joven estaba en aprietos mientras varias fans alocadas lo perseguían, y como él se había escapado de su agente y de su guardaespaldas, no había nadie quien lo ayudara.

Mao salió al rescate y ambos lograron perderse juntos. Aprovecharon para ir a comer y charlar. Encontraron un restaurante privado en el que eligieron una mesa apartada del resto, nadie los molestaría. Su mayor tema de conversación durante la comida fue Xiao Zhan. Mao le contaba muchas anécdotas de sus viajes con Zhan Zhan, tanto las cosas buenas como las malas.

—Definitivamente él es mucho más fácil de cuidar que tú.

—¿Por qué lo dices? —lo miró feo, aguantándose las ganas de reír.

—¡Tú te escabulles todo el tiempo! Él es más tranquilo, y no anda en patineta por todos lados —suspiró—. Me evitar tener que correr detrás de él.

—Ahora entiendo por qué estás más gordo, te falta ese ejercicio que hacías al perseguirme.

—Qué gracioso —alzó una ceja y terminó su comida. Los dos pidieron un café y siguieron charlando por un rato más.

—Hay algo que he querido hablar contigo desde hace algún tiempo.

Yibo se extrañó al ver su seriedad.

—Dime.

—Deben tener mucho cuidado.

—¿Quién? ¿Por qué?

—Tú y Xiao Zhan. Y no te hagas el desentendido, sabes muy bien a qué me refiero.

Yibo frunció el ceño.

—De hecho, no. No te entiendo.

—Los rumores de que ustedes dos son pareja siguen en el top de Weibo.

—Ni me lo recuerdes —rodó los ojos—. Pero no te preocupes por eso, no son más que invenciones.

—¿Estás seguro?

Yibo se puso repentinamente nervioso, pero respondió con severidad.

—Sólo rumores.

—Bueno, los rumores de que son pareja sí son sólo mentiras, me consta. Pero no me vas a negar que tú sientes algo por él y no es simplemente amistad o hermandad.

Ahora sí, la sangre se le fue hasta los pies. Palideció tanto que Mao se preocupó.

—Y no me vayas a decir que no es así, porque tu reacción me lo acaba de confirmar —extendió su mano hasta tocar con dos dedos la carótida izquierda de Yibo. Su pulso estaba por los cielos.

Yibo le apartó la mano con un golpe, enojado.

—Por favor, sé muy cuidadoso —continuó el guardaespaldas.

—No haré nada que pueda dañarlo —respondió al fin, admitiendo con ello sus sentimientos.

—No se lo has dicho ¿Verdad?

El rostro de Yibo mostraba en ese momento demasiadas expresiones, muchas de ellas completamente desconocidas para Mao.

—Ya te dije que no haría nada que pudiera dañarlo.

El guardaespaldas asintió.

—Él te quiere mucho.

Yibo se alertó ¡¿Qué había dicho?!

—Lo sé, él me aprecia como su mejor amigo. Eso debe de bastarme —apoyó sus codos sobre la mesa y la frente contra sus puños cerrados.

—Pero no te basta.

Yibo bajó la mirada y con tristeza negó suavemente.

—Wang Yibo.

El aludido lo miró a los ojos, notó una leve sonrisa en el rostro de Mao.

—No debo decirte esto, no me concierne, y estoy traicionando la confianza de Xiao Zhan al hacerlo, pero al confirmar lo que acabo de confirmar… —se rascó la nuca, indeciso—. No puedo quedarme callado.

El corazón de Yibo se aceleró vertiginosamente, no podía esperar más a que continuara.

—Xiao Zhan te quiere.

—Ya lo sé —se exasperó—. Él me quiere como mejor amigo.

—Él te quiere.

—Deja de repetirlo —le dolía en el alma que le siguieran restregando eso en la cara.

—Wang Yibo —fue severo—. No me estás escuchando: ÉL TE QUIERE.

—Oh… —entendió. Mao no iba a decir más, así que tenía que entenderlo con esas palabras.

—Durante el tiempo que he estado con él he logrado conocerlo bastante bien, también a su familia. Y sé que es una persona que lucha por lo que ama, va tras sus sueños sin importarle lo que piensen los demás.

—Pero él no vendrá detrás de mí nunca —sonrió con tristeza, entendiendo el punto.

—Así es, no si eso implica un riesgo tan grande para ti. En verdad le importas y le preocupas, al grado de reprimir todo sentimiento con tal de no dañarte. Y ahora veo que tú también lo estás haciendo.

—¿Qué quieres lograr con todo esto, Mao? —le tembló la voz—. Sabes que, aunque no ilegal, una relación entre los dos podría ser perjudicial. Podríamos perder nuestras carreras, esto dañaría a nuestras familias e incluso podríamos ir a la cárcel si el gobierno se lo propone.

—Son muchos riesgos, lo sé —no quería arrepentirse de decirle aquello a Yibo—. Pero tienes que saber que China no es todo el mundo.

Tenía toda la razón.

—Es complicado aquí, pero en muchas partes del mundo no —continuó.

—Mao, detente —se llevó ambas manos a la cabeza, comenzaba a dolerle.

—Sólo piénsalo.

—No… lo he pensado demasiado tiempo, pero no puedo decirle lo que siento. Si él se siente igual sería terrible.

—¿Tanto miedo tienes de enfrentar esto?

Yibo lo miró con una expresión muy similar a la de un niño castigado.

—Sí. No soportaría verlo sufrir más.

—¿Y si ambos están sufriendo por lo mismo?

—No solucionaría nada ese hecho, pues no podemos hacer nada.

—Claro que sí. Se irán una semana al otro lado del mundo, a un país donde aceptan ese tipo de relaciones con más facilidad.

—Pero es sólo una semana —rio secamente.

—Suficiente tiempo para que hablen y aclaren sus sentimientos. Pongan las cartas sobre la mesa y vean las posibilidades.

—No.

—¿Por qué estás tan negado?

—Ya te lo dije: no quiero ponerlo en riesgo, y tampoco quiero que se sienta presionado. Él ya tiene tantas preocupaciones ahora, que no quiero añadirle una a la lista.

Mao sonrió de lado. Yibo era más maduro de lo que se imaginó.

—Entiendo —dejó de contradecirlo. Suspiró y le sonrió—. Me sorprendes, Wang Yibo. Has madurado.

—Oh, cállate —rodó los ojos.

—Pero sí necesitas saber una cosa —se puso tan serio, que Yibo sintió miedo de lo que estuviera a punto de decirle—. Si te digo todo esto es también porque los padres de Xiao Zhan tienen planes.

—¿Qué planes?

—Quieren encontrar a una buena esposa para él.

Una vez más, Yibo palideció.

—Pero él no lo aceptaría.

—Lo terminará haciendo, haría lo que fuera por ellos.

Yibo se dio cuenta de que tenía razón. De pronto una alarma se encendió dentro de él.

—Entiendo las circunstancias. Si le dices lo que sientes es un hecho que no podrán tener una relación dentro del país, nunca podrían dejar que la gente se dé cuenta de eso. Pero si no se lo dices… —suspiró—… terminará casándose con alguien a quien no ama, pues no tendría nada que perder.

Yibo comenzó a morderse las uñas.

—¿Él te ha dicho cosas sobre mí?

Mao se echó hacia atrás, riéndose.

—Xiao Zhan no deja de hablar de ti. Está al pendiente siempre de tus actualizaciones en internet y de lo que haces.

El corazón de Yibo se aceleró aún más.

—Pero… —no sabía cómo preguntárselo, era la primera vez que decía todo aquello en voz alta—… ¿Él te ha dicho que… —carraspeó y desvió la mirada—. ¿Te ha dicho que tiene esos sentimientos por mí? —lo miró.

Mao suspiró y negó con la cabeza.

—No lo ha dicho, creo que teme por tu seguridad incluso conmigo —rio—. Pero no es necesario que me lo diga, se nota bastante en su forma de ser contigo, en su día a día.

—Oh…

Entonces no se lo había dicho ¿Y si eran sólo suposiciones de él?

Yibo no podía con la incertidumbre, ahora menos que nunca.

—¡No te desanimes! Lo que te digo es muy en serio.

—Sólo me dejas más inquieto que nunca —admitió, fastidiado.

Mao se echó a reír.

—Tenía que decírtelo antes de que se fueran de viaje.

Yibo le hizo una fea mueca.

—Por cierto. Desde que sacaste ese nuevo sencillo, Xiao Zhan no ha dejado de cantarlo todo el tiempo, en especial cuando se baña —rio—. Quizás lo compruebes en unos días.

Los ojos de Yibo se abrieron mucho. ¿Su más grande ídolo cantaba su música?

—Tienes a un enorme fan en Xiao Zhan.

Emocionado, Yibo recordaba esa charla con Mao, estaba comprobando que era muy observador y acertado en sus sospechas.

—Yibo ¿Nos vamos? —la preciosa voz de su Ge Ge lo sacó de sus recuerdos.

—Sí —se puso de pie y vio cómo metía a una obediente Nut en su jaula especial para transportarla en viajes, pues claro que iría con ellos. Era como la hija de Xiao Zhan.

—Por cierto ¿De qué tanto hablaron Mao y tú? Me dijo que te preguntara.

Yibo se quedó congelado en su lugar.

—¿Qué?

—Sí, dijo que estuvieron hablando de mí —sonrió—. ¿Qué tanto dijeron? —frunció el ceño y rio.

—¡N-nada!

Eso sorprendió a Xiao Zhan ¿Se había puesto nervioso?

—Se nos va a hacer tarde, vámonos.

—Sí. Hum… ¿Y tus maletas?

—En el auto.

—¿Trajiste un auto? Espera ¿Sabes conducir acaso?

Las mejillas de Yibo se pusieron rojas de la vergüenza.

—No sé conducir —admitió—. El chofer nos espera.

—¡¿No sabes conducir?!

—Ya vámonos —se puso de pie y fue hacia las maletas de Xiao Zhan, tomó una, pero notó que en verdad estaba muy pesada. Luego vio que él tomaba dos maletas del mismo tamaño como si nada. Eso sólo lo avergonzó un poco más.

—¿Te ayudo? —se ofreció al ver que batallaba con esa maleta, la más pesada de todas.

—¡No! —con su orgullo algo dañado, se la echó al hombro y salió del departamento. Xiao Zhan lo siguió con dos maletas iguales y con la jaula de Nut también.

—Tenemos que solucionar eso. Yibo, déjame enseñarte a conducir.

El aludido seguía avergonzado, pero le gustó la idea, hasta que recordó algo.

—Mi padre dijo que me enseñaría —respondió con un sentimiento agridulce en su tono.

—Oh… entiendo.

Mientras subían las maletas al auto, el celular de Xiao Zhan comenzó a sonar con insistencia, no era una llamada, sino un torrencial de mensajes.

Yibo notó eso y sólo frunció el ceño antes de subirse al auto sin decir nada más. Xiao Zhan lo siguió y se subió junto a él en el asiento trasero. Tenía una gran sonrisa mientras respondía los mensajes en su celular. Esta vez no soportó la curiosidad y se animó a hacer algo que nunca antes había hecho.

—¿Con quién hablas, Zhan Ge? —preguntó con un tono suave antes de apoyar su cabeza sobre el hombro de Xiao Zhan con la simple y sencilla intención de leer la conversación.

Entonces lo vio, estaba hablando con Peng Chu Yue. Su mejor amigo de XNINE. Se sintió ligeramente celoso, pues sabía que esos dos tuvieron una relación de amistad tan cercana e íntima como la que él había tenido en UNIQ con la mayoría de los integrantes.

—Con un amigo de XNINE —sonrió y permitió que Yibo siguiera recostado sobre su hombro, incluso apoyó su cabeza sobre la de él mientras escribía en el celular.

Wang Yibo leyó todo lo que pudo de la conversación y Xiao Zhan no se lo impidió. Ahí notó que no tenía nada de qué preocuparse, en el chat sólo había charlas comunes entre buenos amigos.

Entonces Yibo recordó otra charla que tuvo con Mao esa misma tarde que lo salvó de sus fans en Shanghái.

—¿Por qué nadie fue a visitarlo al hospital? —preguntó, dolido.

Mao soltó un pesado suspiro y le sonrió.

—Todos tienen una agenda muy ocupada, la mayoría no estaba en la ciudad o incluso en el país. Pero todos ellos lo estuvieron llamando y llenando de mensajes —sonrió.

Entonces Yibo entendió. Todos estaban muy lejos, pero… él también estaba muy lejos, y tenía una agenda llena de compromisos. Nada de eso le impidió tomar un avión y llegar a su lado en los momentos de necesidad.

—Sólo tú te atreviste a atravesar el país para ir a verlo. Es algo que Xiao Zhan jamás olvidará, tenlo por seguro.

Yibo sonrió ante ese recuerdo, mantuvo su cabeza sobre el hombro de su Ge Ge y se permitió cerrar los ojos unos segundos. Se sentía tan relajado y feliz, envuelto en el aroma de Xiao Zhan, en su calidez.

No fue consciente de nada más hasta que de pronto sintió una mano cálida sobre su mejilla.

—Wang Yibo —murmuró suavemente—. Bo Di, ya llegamos al aeropuerto —le palmeó la mejilla con suavidad y algo de torpeza, pues la posición no le permitía hacerlo con facilidad, Yibo seguía sobre su hombro.

El aludido se incorporó de inmediato, y con ojos adormilados le sonrió a Xiao Zhan. Tardó unos segundos en espabilarse y reaccionar.

Xiao Zhan se echó a reír.

—Estás muy adormilado aún. Quédate aquí mientras bajo las maletas ¿Si?

Yibo no respondió, seguía adormilado, vio que Xiao Zhan se bajó y entonces reaccionó y corrió a ayudarle.

Muy pronto los dos estaban en la sala principal, esperando su vuelo y tratando de pasar desapercibidos, ambos con gorra, cubre bocas y lentes de sol. Iban sin guardaespaldas ni nadie más, así que debían cuidarse el uno al otro.

—Zhan Ge —murmuró, sentado a su lado en la sala—. Tengo sueño.

Xiao Zhan siguió leyendo un libro en su celular mientras se palmeó el hombro.

—Te despertaré cuando tengamos que abordar.

—¿No importa se te lleno de babas?

—Ya lo hiciste en el auto.

—Buen punto —bostezó y se recargó contra él.

Sólo esperaba que en verdad nadie los reconociera.

Continuará…

27/01/2020

¡Mao ya lo sabía todo! Y no perdió la oportunidad para confirmar sus sospechas. Yibo ya le confesó la verdad, pero Xiao Zhan no le ha dicho nada, Mao se está guiando sólo por lo que ve. Así que seguimos sin confirmar lo que verdaderamente piensa y siente Ge Ge.

¿Qué creen que esté por venir? Hagan sus teorías locas y sus apuestas, que yo las leo completitas.

Mil gracias por seguir leyendo esta historia ¡Las adoro!