Capítulo 19: "¡Senderismo!"
Entró sin tocar y lo vio inquieto en su cama.
—Yibo…
Había hecho el suficiente ruido con la puerta como para que el pobre se despertara de un brinco. Al ver esto, Xiao Zhan encendió la luz.
—Pesadillas —dijo simplemente, pasándose una mano por su frente perlada por el sudor. Ya estaba sentado en el borde de la cama, bastante agitado.
—¿Zombies? —preguntó con algo de culpa, aún bajo el marco de la puerta.
Yibo asintió.
El corazón de Xiao Zhan se llenó de ternura, lo sintió como un niño pequeño. No le dijo nada, caminó hasta la cama, se metió en ella y le hizo compañía. Se había acostado al otro extremo, dándole la espalda, pero sabía que con eso bastaría para que las pesadillas se disiparan.
Totalmente agradecido, Yibo suspiró con un alivio inmenso. Se moría de ganas por agradecerle y abrazarlo por tan noble acción, pues vaya que había tenido una pesadilla horrible. Pero no le dijo nada, se volvió a acomodar en la cama dándole la espalda también y suspiró pesadamente antes de que su voz sonara con suavidad.
—Recuerda que doy patadas mientras duermo.
Xiao Zhan recordó cuáles eran esas "patadas" y sonrió a pesar de que el otro no lo veía.
—Puedo vivir con ellas —se reacomodó hasta encontrar una posición cómoda—. Si te da frío puedes acercarte un poco.
—¡No te voy a abrazar! —exclamó casi escandalizado, como si no hubiesen pasado ya por eso.
—De acuerdo —eso sonó más como un "Sí, ajá. Lo que tú digas".
Ninguno dijo más. Esa noche Yibo terminó abrazado a Xiao Zhan, como aquella primera vez. Y Xiao Zhan se lo permitió, incluso se atrevió a regresarle el gesto y además a acariciarlo tal como cuando estaban en el sofá. Ese chico era bastante especial para él.
A la mañana siguiente Xiao Zhan despertó primero, sin una pizca de sueño antes del amanecer. Yibo seguía aferrado a él, le encantó sentirlo tan cerca al despertar, pero ahora no sabía cómo zafarse de él, pues necesitaba ir al baño con urgencia.
Batalló un poco, pero logró hacerlo sin que se despertara, lo arropó con cariño y hasta le dio un beso en la frente antes de salir. Aguantó la risilla al ver cómo fruncía el ceño ante el gesto.
Xiao Zhan fue al baño, hizo sus necesidades, se bañó y se lavó los dientes; todo esto mientras el dormilón de Yibo seguía como piedra en la cama. Luego de ducharse, fue a la habitación del menor y rio al ver que seguía en la misma posición en la que lo había dejado.
Caminó hacia él y se sentó a un lado en la cama.
—Wang Yibo —murmuró muy bajito, esperaba que con eso despertara, pero no fue así—. Bo Di —canturreó suavemente.
Pero el aludido seguía durmiendo como piedra.
Xiao Zhan se sintió culpable al querer despertarlo. Fue entonces que reparó en lo cansado que debía estar el pobre de su Bo Di, él no había dejado de trabajar durante todas esas semanas, sin mencionar que vivía con la constante preocupación de no saber si Xiao Zhan estaba bien o enfermo. Todo eso era agotador y el mayor se sintió un poquito culpable.
Pero aun así lo iba a levantar, no quería que se hiciera tarde.
—Yibo —le pellizcó una mejilla—. Es hora de levantarse.
—Mhn… déjame —le golpeó la mano que le estiraba la mejilla.
—Levántate.
—No.
—Yibo.
—No.
—¿Quieres que te saque a patadas? —recordó cómo lo sacó él una vez de su cama.
—No.
—Entonces seguramente quieres que te levante con… —comenzó a hacerle cosquillas.
Pero para sorpresa de Xiao Zhan, Yibo no reaccionó.
—No soy cosquilludo —murmuró sin abrir los ojos.
Xiao Zhan seguía intentando.
—Pero esto ya no es normal —rio—. ¿Eres insensible en todo el cuerpo o qué?
—No en todo el cuerpo —murmuró sugestivamente.
—Oh… entonces sólo tengo que encontrar el lugar —lo tomó como un reto.
Yibo rio un poco, aún estaba bastante adormilado.
—¿Será aquí? —le hizo cosquillas en los costados, no funcionó. Intentó en su vientre, tampoco hizo efecto. Llevó sus dedos a su cuello, luego a sus axilas ¡Pero nada ocurría!
—Cinco minutos más —murmuró antes de darse la vuelta hasta quedar boca abajo.
—¡No puede ser que no sientas cosquillas! —exclamó, en verdad asombrado.
—No grites…
—¡Levántate! —saltó a la cama y se arrodilló junto a la oruga en la que se había convertido Yibo, envuelto en esos cobertores.
—Mhn… ¡Hey! —se quejó cuando sintió una nalgada.
—Arriba.
—¿Me acabas de nalguear? —lo miró con sus ojos apenas abiertos, la luz que venía de las ventanas lo cegaba terriblemente. Xiao Zhan había abierto sus cortinas de par en par.
—Sí —rio a carcajadas—. Ya levántate, vamos a salir hoy ¿Lo olvidaste?
Entonces Yibo recordó todo, parecía que incluso había olvidado dónde se encontraba.
—Oh… es verdad.
—Ve a darte una ducha, vamos a hacer senderismo.
—Hm… —se quejó, volviendo a meter la cabeza bajo la almohada.
—¡Arriba! —lo nalgueó muchas veces seguidas.
—Deja mi trasero en paz —murmuró desde su escondite.
La verdad era que a Xiao Zhan le había encantado hacerle eso, jamás se había atrevido a tener ese tipo de confianza con él, pero le gustaba.
Pero entonces a Zhan Zhan se le hizo fácil tomar un muslo de Yibo y apretarle la cara interna de éste. Fue en ese momento que el menor se retorció y soltó una fuerte carcajada.
Había encontrado su punto sensible.
—¡Al fin sientes cosquillas! —siguió presionándolo, riendo con él al ver cuánto se retorcía.
—¡Ya, ya, ya! —suplicaba, moviéndose de un lado a otro y soltando patadas.
Xiao Zhan lo dejó en paz, pero el pobre de Yibo quedó acostado sobre un montón de sábanas revueltas y desordenadas. Su respiración agitada tardó en componerse. Pero eso sí, ya no estaba adormilado, en lo absoluto.
—Levántate —se lo dijo al mismo tiempo que le daba una fuerte nalgada.
—Ya voy —suspiró mientras miraba al techo. Se quedó tan pensativo que Xiao Zhan regresó sobre sus pasos y abarcó todo su campo de visión.
—¿Estás bien? ¿Te pegué muy fuerte? —preguntó con verdadera preocupación.
Yibo le sonrió de lado.
—Estoy bien. Es sólo que nunca he sido una persona madrugadora. Me cuesta mucho levantarme por las mañanas —se talló los ojos con fuerza y bostezó.
—¿Te motivaría saber que estoy preparando pancakes?
¡Oh! Eso lo hizo reaccionar de inmediato.
—Estoy haciendo pancakes con mucha mantequilla y miel ¿Quieres?
—Sí —se levantó, relamiéndose los labios.
Xiao Zhan se acercó bastante a él, y una vez muy cerca de su cara, le dijo:
—Pues ya levántate y dúchate —le revolvió el cabello, aunque no sabía si lo dejó mejor o peor.
Yibo lo obedeció de inmediato.
Después de desayunar, fueron a vestirse con ropa abrigadora para salir.
Yibo vio que Xiao Zhan se ponía el gorro que le dio su madre y no pudo evitar sentir ternura, se veía adorable con ese feo gorro. No lo pensó dos veces antes de ir en busca de esa bufanda fea que había elegido para él, solamente para que combinara con su gorro.
—¡Oh! Te tomaste muy en serio lo de la bufanda —exclamó luego de que Yibo se la enredara en el cuello.
—No estaba bromeando.
Xiao Zhan rio al imaginárselo en las tiendas, buscando una bufanda "fea" que le hiciera juego. Se acomodó la prenda y percibió un delicioso aroma proviniendo de ella.
—No es nueva, espero que no te moleste.
—¿Es tuya? —se asombró.
—Era. Ahora te pertenece.
El olor agradable ya tenía sentido, olía a él.
—Eres adorable. Muchas gracias, Bo Di.
—Lo que sea por mi Ge Ge —le guiñó un ojo.
Terminando de abrigarse muy bien, salieron de la cabaña por primera vez desde que llegaron. Comenzaron a caminar cuesta arriba, siguiendo la ruta marcada. Si seguían ese camino, llegarían a un precioso mirador en la punta de la montaña, pero para eso tendrían que caminar bastantes kilómetros.
El día estaba hermoso, hacía el mismo frío de siempre, pero el cielo estaba por completo despejado. La nieve se veía intacta a pesar de los rayos del sol, ésta tenía un brillo especial que cegaba un poco a las personas que iban por la ruta.
Xiao Zhan y Yibo se pusieron sus lentes de sol y continuaron como si nada, sin embargo, las manos del menor se congelaban a pesar de sus guantes, y Xiao Zhan se dio cuenta de ello al verlo intentar tomar calor.
—Ven —tomó ambas manos y le quitó los guantes, se las llevó a los labios y les sopló su aliento tibio.
—Oh… eso se siente muy bien —estaba temblando.
—¿Tienes mucho frío?
Estaban a menos diez grados centígrados, y Yibo se había rehusado a ponerse una camiseta térmica extra.
—Un poco.
—Tienes las manos congeladas —se quitó sus propios guantes y trató de cubrir con sus manos las de él—Vaya...—notó por primera vez y con mucha sorpresa que el tamaño era bastante diferente, pues intentaba cubrirlas, pero no lo lograba del todo.
Yibo sonrió de lado, sí, sus manos eran más grandes que las de Zhan Zhan.
—Ya no tengo tanto frío —admitió luego de sentir el calor de su Ge Ge.
—¿Quieres que volvamos a la cabaña?
—No, claro que no —se asombró—. Aún nos falta mucho por recorrer.
—¿Estás seguro de aguantar?
Yibo rio.
—Por supuesto que sí ¿Por quién me tomas? —presumió—. Vamos. Y si me da frío sólo te pediré que me abraces.
—No suena mal —le puso los guantes y continuaron. Yibo no dijo nada más, no se esperó esa respuesta de él. Estaba contento por ello.
Luego de varios kilómetros se detuvieron para descansar un poco a la orilla del camino. Ahí se quitaron los guantes de nuevo y unieron sus manos.
—Tus manos son muy lindas, Ge Ge.
—¿Tú crees? —sonrió—. Me parecen muy comunes.
—No, son muy lindas —insistió mientras tomaba una de ellas y la analizaba minuciosamente, al hacerlo también la acariciaba y le jalaba los dedos juguetonamente.
—Pues… gracias. Las tuyas también lo son.
Yibo no respondió con palabras, sólo envolvió las manos de Xiao Zhan con las suyas. Fue un gesto bastante cálido y cariñoso. Xiao Zhan pudo sentir el amor en ese acto. Se desconcertó unos segundos, lo miró a los ojos y tragó en seco al descubrir cierta mirada en él.
El lindo momento fue interrumpido por un pequeño grupo de excursionistas que pasaba junto a ellos por el camino.
—Zhan Zhan, ellos nos miran como si pensaran que somos unos "Mangas cortadas" —dijo al notar las miradas traviesas de algunos al verlos tomados de las manos, otros sólo los miraron con cierto desagrado.
Xiao Zhan se echó a reír por el término que utilizó.
—Que piensen lo que quieran —en verdad no le importaba, total, no los conocía.
—¿No te importa que piensen que tú y yo somos pareja? —era la primera vez en la vida que decía esas palabras, y se sintió tan bien al decirlas que su corazón se aceleró.
Xiao Zhan rio de nuevo.
—Yibo, no los conocemos y ellos no nos reconocen ¿Qué más da?
Era verdad. Ahí nadie los conocía, ellos pasaban a ser una pareja más del montón. Si estuvieran en casa y los vieran en esa situación… ya serían víctimas de todo tipo de críticas y amenazas. La piel se les puso de gallina de sólo imaginarlo. Era una gran tranquilidad estar ahí.
—Quiere decir que podemos hacer cualquier cosa y nadie nos criticaría ¿Verdad?
—No exactamente, pero sería algo así.
—¿Entonces me puedes abrazar, Zhan Ge? Tengo bastante frío —admitió.
—Oh Bo Di —se quitó su chamarra y se la puso en los hombros antes de abrazarlo y presionarlo contra su cuerpo—. ¿Mejor?
Poco a poco fue tomando más calor.
—Mucho mejor —suspiró, deseando estar en la cabaña, acurrucado con él en la cama.
—Este lugar es hermoso —murmuró Xiao Zhan al mirar a su alrededor. El viento invernal soplaba con suavidad, moviendo el cabello de ambos que salía por debajo de sus gorros.
—Lo es —estuvo de acuerdo—. ¿Continuamos? —se puso de pie y le extendió la mano a Xiao Zhan. Éste sonrió y aceptó su gesto, pero no lo soltó ni siquiera cuando comenzaron a caminar.
—¿No te incomoda? —preguntó el mayor con sutileza, había un ligero nerviosismo en su voz. Yibo lo miró y sonrió de lado mientras apretaba su mano.
—Para nada —siguió apretándola—. Pero quisiera saber ¿Por qué Ge Ge quiere sujetar mi mano?
Sintió que el otro se puso ligeramente tenso.
—¿Y por qué no? —lo miró y le dedicó una linda sonrisa.
—No evadas mi pregunta.
Ahora Xiao Zhan era el nervioso, sin embargo no soltó la mano de Yibo.
—Porque me hace feliz —respondió finalmente.
—Somos dos chicos, hombres, tomados de la mano y subiendo una montaña.
—¿Y?
—La gente va a hablar.
—Déjalos que hablen y digan lo que quieran.
—Podrían pensar que eres… homosexual.
—No lo soy —rio.
Yibo frunció ligeramente los labios. Siguieron el camino en silencio, ambos iban meditando esas palabras. Yibo estaba muy seguro de lo que sentía, y hacía esas preguntas sólo para saber qué pensaba su Ge Ge al respecto. Pero Xiao Zhan… su mente era un enigma para Yibo.
Ahora Yibo no quería que el camino se terminara, no mientras pudiera sostener la mano de Zhan Zhan.
—Zhan Ge.
—¿Mh? —dejó de mirar el paisaje y lo miró a él. Sonrió al verlo tan abrigado con su gorro, bufanda y la enorme chaqueta que le había prestado.
—Mira eso —apuntó un lugar a varios kilómetros—. Parece que es un restaurante.
—¿Será una parada a medio camino?
—Quizás ¿Quieres llegar por algo de comer? Tengo hambre —sonrió con algo de vergüenza.
—Tú siempre tienes hambre.
Yibo se encogió de hombros.
—Vamos —afianzó más su mano a la de él y apresuraron el paso.
Todo a su alrededor estaba cubierto de un manto blanco. Ninguno de los dos podía dejar de ver el paisaje, era precioso lo que tenían ante sus ojos.
Cuando estaban a sólo unos metros del restaurante, Yibo se soltó del agarre y corrió a la orilla del camino, se agachó en el suelo y le dio la espalda a Xiao Zhan.
—¿Qué ocurre? —se desconcertó—. ¿Estás bien? —se preocupó al verlo ahí agachado. Nunca se esperó que Yibo se levantara, se diera media vuelta hacia él y le arrojara una gran bola de nieve—. ¡Oye! —se asombró. Luego miró la expresión traviesa del otro y sonrió—. Me la pagarás —se agachó para recoger nieve también, hizo una bola bastante grande y se la lanzó, pero Yibo fue ágil y la esquivó mientras reía con ganas.
—Nunca me vas a alcanzar —corrió lejos de él.
Así comenzaron una tonta e infantil pelea de bolas de nieve. La gente que los veía sólo sonreía y negaba suavemente con la cabeza, pensando: "Parece que estos niños nunca han visto la nieve".
—¡Ven acá! —Xiao Zhan corrió bastante rápido y lo alcanzó para lanzarle una bola de nieve. Ésta se impactó directamente contra la espalda de Yibo.
El pobre se estremeció y se retorció antes de tirarse al suelo.
Xiao Zhan caminó hacia él y lo miró desde su altura.
—Levántate —su respiración y la del otro estaba bastante agitadas.
—Soy hombre caído.
Xiao Zhan rio.
—Tonto, ya párate o te congelarás.
—Espera —abrió y cerró sus piernas y brazos.
—¿Un ángel de nieve?
—Yep.
Xiao Zhan le extendió una mano y Yibo la aceptó para levantarse. Se sacudió la nieve y miró su ángel.
—Precioso ¡Divino! —exclamó el mayor en un tono bastante sarcástico y exagerado.
Yibo río entre dientes y dijo:
—Está horrible.
—Así es —palmeó su espalda—. Vamos a comer, tengo hambre.
Yibo asintió y comenzó a caminar a su lado, tomándose la confianza de colgar su brazo sobre los hombros de Xiao Zhan. Éste sólo lo miró y sonrió. Se sentía tan cómodo ahí, estaba feliz de poder ser más abierto y aceptar esos gestos lindos de él sin miedo a ser juzgado.
Aprovecharon esa parada para comer algo, reponer energías y beber mucha agua.
Para sentarse a comer se quitaron las capas de chamarras que traían encima, junto con los gorros, guantes y bufandas. Ya estaban algo cansados.
—¿Quieres regresar? —preguntó Yibo mientras comía. Xiao Zhan se extendió a través de la mesa hasta alcanzarlo y acomodarle el cabello.
—Quedaste despeinado después de quitarte el gorro —justificó su acción. Yibo le sonrió en respuesta mientras masticaba.
—Gracias —le dedicó una linda mirada que estremeció a Zhan Zhan.
—Y no, no quiero regresar aún. ¡Vamos a la cima de la montaña! Nos falta muy poco.
—Estamos a medio camino —le recordó. Sólo habían caminado cinco kilómetros, sonaba poco, pero no lo era cuando lo hacías en un terreno rocoso, con nieve y muchas inclinaciones.
—Lo sé.
—¿Estás seguro de que quieres continuar? ¿Te sientes bien?
Xiao Zhan sonrió enternecido.
—Estoy muy bien —puso una mano sobre la de él—. He estado tomando mis vitaminas y me siento bien.
Yibo lo siguió mirando con ligero reproche.
—En serio, lo prometo.
—Más te vale.
—Pero dime ¿Tú quieres regresar ya?
—Vayamos al mirador —sonrió de lado y le extendió su plato repleto de papas fritas. Había pedido una orden extra—. ¿Quieres?
—¡Sí! Le robó un par y las sumergió en la malteada de fresa que había pedido.
Wang Yibo lo miró con la boca semiabierta.
—¿Qué? —le preguntó con la boca llena—. Sí, sí. Ya sé que es raro, pero… —fue interrumpido.
—Me contuve porque creí que pensarías que es asqueroso, pero… —tomó una papa frita y la sumergió en su malteada de chocolate antes de comerla—… Yo también lo hago —sonrió ampliamente.
Xiao Zhan rio y siguió haciendo sus tonterías que sólo se atrevía a hacer cuando ya entraba en mucha confianza.
Entre risas, juegos y esas miradas furtivas, terminaron su comida y volvieron al camino. Todavía no era medio día, pero los dos ya se habían comido una hamburguesa doble y una malteada cada uno, sin mencionar la cantidad exorbitante de papas fritas que devoraron.
—Ge Ge, creo que voy a reventar —se recargó contra un árbol, se sentía bastante lleno.
—Me siento igual —apoyó ambas manos sobre sus rodillas. Habían comido de más.
—Zhan Ge, cárgame —extendió sus brazos hacia él.
Xiao Zhan lo vio y se echó a reír. Sin embargo, caminó hacia él y se agachó dándole la espalda.
—Sube —señaló su espalda.
—¿Qué? ¡No! ¡Estaba bromeando! —dio un paso atrás y Xiao Zhan lo miró por encima de su hombro.
—Yo no bromeo ¿Quieres que te lleve?
—Por supuesto que no —sus nervios lo traicionaron, titubeando un poco al final de la oración—. Vamos —pasó a su lado y le jaló el gorro hasta que éste le cubriera los ojos.
Xiao Zhan se quejó por ello y se puso de pie para seguirlo.
Mientras iban caminando, guardaron silencio por un rato, un cómodo silencio que les permitía percibir los sonidos de la naturaleza, el cantar de algunas aves y el soplido del viento colándose entre las ramas de los grandes pinos.
Todo era tranquilidad, hasta que el hiperactivo de Yibo de pronto lo tacleó suavemente de costado.
Xiao Zhan lo miró con cara de pocos amigos antes de regresárselo con un poco más de fuerza.
—¿Ya vas a empezar? —le preguntó el mayor, conteniendo su risa para verse más serio.
—Tú vas a empezar.
—Tonto —lo empujó.
—Tú primero —le regresó el empujón.
—Ya no me empujes —le dijo entre dientes, empujándolo de regreso.
—¡Oye! —se quejó antes de regresárselo una vez más.
—No puedes estar tranquilo ¿Verdad?
—No —Yibo le sacó la lengua.
—Pareces niño chiquito.
Yibo frunció el ceño y lo tacleó con más fuerza que todas las veces anteriores. Xiao Zhan trastabilló y terminó sobre un túmulo de nieve.
—¡Lo siento! —se espantó y de inmediato fue a ayudarlo a levantarse—. ¿Estás bien?
El aludido no dejaba de reír.
—Ya sé cuál es tu talón de Aquiles.
—¿Qué quieres decir? —le extendió una mano y lo ayudó a ponerse de pie.
—No soportas que te diga "Niño". Sólo bromeo cuando lo hago, no tienes que tomarlo en serio.
Yibo desvió la mirada, algo molesto y avergonzado.
—Es sólo que no me gusta que me veas como uno.
—No lo hago, pero me parece adorable que así lo sientas.
—Nos llevamos muchos años, pero… —no sabía cómo decirlo—… no lo siento así.
—Yo tampoco —sonrió suavemente y con mucha sinceridad—. Vamos —lo empujó para continuar. Les faltaba muy poco para llegar a la cima de la montaña.
Les había tomado muchísimo más tiempo del estimado, pero todo valió la pena cuando tuvieron esa increíble vista ante ellos.
—Esto es… —Yibo fue interrumpido.
—…Sublime —afirmó mirando al cielo de ese día soleado y frío.
La tarde era fría, el viento helado se había llevado ya las últimas nubes y así el sol resplandecía sobre ellos.
Había más gente en el mirador, unos observaban el paisaje, otros se tomaban fotografías, y algunos otros sólo descansaban en una banca después de la larga caminata.
—Ven —Xiao Zhan tomó a Yibo del brazo y lo alejó un poco de la gente que había ahí.
—¿Qué haces? —preguntó al ver que sacaba su celular y lo ponía frente a ellos en modo selfie. Activó la cámara y pulsó el botón de video.
—Wang Yibo ¿Valió la pena hacer todo este senderismo?
—Valió cada maldito segundo —respondió con una gran sonrisa.
—¿Te cansaste?
—¡Claro que no! —respondió con convicción a pesar de que las piernas le temblaban como gelatina.
Xiao Zhan rio y cambió el modo selfie para enfocar la cámara hacia el paisaje tan increíble que tenían ante ellos.
—Es bellísimo —la voz de Xiao Zhan salió en el video.
—Lo es —respondió Yibo, consciente de que su voz saldría también en la grabación—. Ge Ge, tomémonos una foto.
El aludido detuvo el video y cambió a modo fotografía. Los dos sonrieron a la cámara, Yibo rodeó los hombros de Xiao Zhan y lo acercó a él, mientras que el mayor inclinó su cabeza tiernamente hacia la de Yibo.
Tomaron varias, en una de ellas Yibo aprovechó para ponerle cuernos a su Ge Ge.
—Ridículo —respondió el aludido, dándole un codazo a Yibo por los cuernos.
—Pero te ves adorable.
—Ridículo —repitió antes de dirigirse hacia una banca cerca del barranco. Desde ahí podían ver a lo lejos cómo los deportistas hacían esquí profesional, o cómo algunos bajaban la montaña en su tabla.
—Mañana tenemos que ir a esquiar —sentenció Yibo.
—Así será —sacó un termo de su mochila—. ¿Quieres agua? —recordó que Yibo ya se había terminado la suya.
—No.
Xiao Zhan bebió de su termo, y cuando quedó satisfecho, Yibo le arrebató la botella y bebió de ella.
—Dijiste que no querías —se quejó.
—Ahora sí —se limpió el agua que corría por sus comisuras—. Gracias Ge Ge.
Se quedaron sentados en esa banca, descansando, mirando al cielo y a la gente pasar. Amaban que nadie les prestaba suficiente atención como para reconocerlos, o como para siquiera detenerse a mirarlos.
Algo cansado, Yibo recostó su cabeza sobre el hombro de Zhan Zhan y éste hizo lo mismo, posando su cabeza sobre la de él.
Estaban tan tranquilos y cómodos, que no querían moverse de ahí, pero el sol comenzaría a ocultarse en cualquier momento y era necesario que levantaran sus traseros de ahí para regresar.
Bajaron la montaña con mucho cuidado, resbalando más de una vez y molestándose el uno al otro durante todo el camino. Al llegar al pie de la montaña pudieron sentir que sus piernas parecían gelatina. Estaban exhaustos, pero aún les faltaba llegar a la cabaña.
Durante el camino no faltaron las charlas típicas entre ambos, aunque esta vez Xiao Zhan decidió preguntarle algunas cosas que le causaban mucha curiosidad desde hace tiempo.
—¿Irás a casa con tus padres pronto?
Yibo lo miró extraño.
—No sé. No lo creo ¿Por qué?
—Curiosidad. ¿No los extrañas?
—Sí. Extraño a mi madre.
—¿Y a tu padre?
—No somos tan cercanos, pero también lo extraño —admitió.
—¿Cómo es él contigo?
—Muy estricto —respondió sin pensarlo. Se veía bastante incómodo hablando sobre ello, así que Xiao Zhan optó por dirigir la conversación hacia otro rumbo. De esta manera se sumergieron en una charla trivial hasta que llegaron a la cabaña.
Al volver ya estaban casi a oscuras, arrastrando los pies, pero felices por haberlo logrado y por haber pasado tanto tiempo agradable juntos. En el camino tuvieron momentos en los que no dejaban de charlar sobre cosas triviales que les ayudaron a conocerse más mutuamente.
Apenas pusieron un pie dentro, soltaron un pesado suspiro lleno de satisfacción. Se quitaron el exceso de ropa y las botas de nieve, dejaron un desastre en la entrada de la cabaña, pero a ninguno pareció molestarle aquello.
—¿Qué quieres cenar? —preguntó Xiao Zhan dirigiéndose a la cocina. Yibo lo siguió.
—Lo que tú quieras está bien —caminó hacia él y puso su frente sobre el hombro de Xiao Zhan.
—Estás muy cansado, ¿Verdad?
Yibo sólo asintió con la cabeza. Fue entonces que el otro lo miró y por primera vez notó algo.
—Hey —lo quitó de su hombro y lo tomó de los brazos para mirarlo mejor—. Yibo, tu rostro está enrojecido.
El aludido alzó una ceja, no se había sonrojado, estaba seguro.
—Tu piel se quemó con el sol —acarició sus mejillas y frente, sintiendo el calor que emanaba de ellas. Yibo contrajo su rostro en una ligera mueca de dolor—. ¿Te arde? —dejó de tocarlo inmediatamente.
—Un poco. Pero tus manos frescas se sienten bien —las tomó y se las volvió a poner en el rostro—. Déjalas ahí —cerró los ojos y Xiao Zhan rio por ello.
—No nos podemos quedar así, tengo que hacer la cena.
Yibo se quejó.
—Ve a descansar en la sala. Haré algo rápido de cenar ¿Sí?
Sin renegar más, hizo caso y fue a sentarse. En realidad sólo llegó al sillón más amplio y se tiró en él. Estaba muy cansado.
Xiao Zhan lo notó y procuró cuidar de él. Mientras la cena estaba se cocinaba en la estufa, tomó un paño y lo humedeció.
—Yibo —lo llamó suavemente para que fuera por él, pero el otro no respondió.
Fue hasta la sala y se asombró al verlo profundamente dormido. Con una sonrisa tierna, Xiao Zhan fue hasta él y le colocó el paño húmedo sobre su frente. Miró sus mejillas ligeramente enrojecidas y sólo se llenó de ternura, se veía adorable.
Acarició su rostro durante unos momentos, sonriendo sin poder evitarlo. Ni él era consciente de la hermosa sonrisa que Wang Yibo le provocaba.
Nunca esperó que, mientras lo acariciaba, Yibo abriera lentamente sus ojos.
Sus miradas se encontraron y el tiempo se congeló en ese instante. Xiao Zhan había sido descubierto, ni siquiera se molestó en ocultar sus intenciones, pues… Yibo tenía sus lindos ojos fijos en él, qué más daba negarlo ya.
—Xiao Zhan —murmuró suavemente, sus labios apenas se abrieron antes de extenderlos en una preciosa sonrisa poco común en él. Tomó la mano de Xiao Zhan que acariciaba su mejilla y la apretó más hacia él, inclinó su rostro hacia esa mano y suspiró. Se veía bastante cómodo.
El mayor se quedó congelado en su lugar, no dijo nada y tampoco se movió. Ni siquiera quería respirar.
—Tus manos están frescas.
Continuará…
De nuevo Yibo está evadiendo las preguntas de Xiao Zhan, éste sólo quiere conocerlo más, pero Yibo es un hueso difícil de roer.
¡Yibo déjate querer!
Por cierto, ¿Ya notaron que no le gusta hacer senderismo? Jajaja pobrecito.
Prepárense para el próximo capítulo: "Quiero besarte, quiero tocarte".
¿Tienen alguna duda, pregunta, sugerencia? Cualquiera de estas pueden expresarlas en el grupo de Facebook, tengan por seguro que les responderé 3
02/02/2020
