Capítulo 20: "Quiero besarte, quiero tocarte"

Xiao Zhan sonrió y acarició su mejilla. No se atrevió a decirle nada, si abría la boca en ese momento era muy probable que dijera algo poco apropiado.

—¿Por qué tú no te quemaste con el sol? —preguntó el menor con voz ronca.

—Porque yo sí me puse protector solar, pensé que usarías el sentido común y harías lo mismo.

Yibo frunció el ceño.

—Me arde —se quejó—. Zhan Ge.

—Dime.

—Acuéstate conmigo.

El aludido se puso nervioso. Se lo había pedido con tanta simplicidad que… sintió escalofríos de sólo imaginar esas palabras en otro contexto.

—Iré a terminar de hacer la cena —tomó el paño húmedo, lo extendió y se lo puso en toda la cara a Yibo antes de huir de la sala.

—Hey —se quejó y se levantó con pereza del sillón para ir tras él. En ese momento se dio cuenta de lo mucho que le dolía el cuerpo entero. Habían caminado demasiado.

Notó también que su Ge Ge se había puesto repentinamente serio y tenso. No entendía el motivo, y eso le angustiaba.

—Zhan Ge ¿Tienes frío? —preguntó al ver que se frotaba los brazos a pesar de estar frente a la estufa encendida.

—Un poco.

No fue necesario que dijera más Yibo volvió a la sala y encendió la chimenea, seguido a eso, fue a la cocina por Xiao Zhan y lo obligó a sentarse ya en la mesa.

—Pero falta servir los platos y… —fue interrumpido.

—Déjamelo a mí. Descansa —lo tomó de los hombros y lo obligó a sentarse. Y es que no se había puesto a pensar en el hecho de que, si él estaba cansado, era obvio que su Ge Ge también lo estaría. No era justo que se encargara él solo de la cocina.

Xiao Zhan sonrió y soltó un suspiro de alivio.

Era algo muy lindo en ambos, se preocupaban sinceramente por el otro, y buscaban que todo fuese equitativo.

Wang Yibo puso la mesa, sirvió la cena y fue a la alacena en busca de un vino especial, tenía planes para esa noche, y ese vino engañoso lo ayudaría a llevarlos a cabo.

Cenaron con completa tranquilidad, continuaron charlando, como si no hubiesen estado juntos por casi cuarenta y ocho horas seguidas.

—¿Más vino? —preguntó Yibo al ver que se terminó la primera copa.

—Paso, gracias.

—Sólo una más.

—Estoy bien así.

—¿Me vas a dejar beber solo?

Xiao Zhan lo miró con un desdén muy mal fingido.

—Sólo una más. No tienes de qué preocuparte, estamos los dos solos, nadie más nos ve.

Xiao Zhan pareció pensarlo.

—Estás seguro conmigo, si te emborrachas no te grabaré ni te molestaré por ello.

—¿Lo prometes?

—Lo prometo.

—Bien —extendió su copa para que le sirviera más.

Wang Yibo sonrió triunfante.

Fue hasta la tercera copa cuando Xiao Zhan comenzó a sentirse extraño. Yibo lo notó al ver que se tallaba los ojos y que además se veía algo perezoso.

—Zhan Ge ¿Tienes sueño?

El mayor sonrió, cerró los ojos y negó suavemente con la cabeza.

¡Sí tenía sueño!

—Así que eres un borracho dormilón… quién lo diría.

—No soy un borracho —frunció el ceño y bebió más de su vino—. Aún estoy bastante cuerdo.

Era verdad, aún no estaba borracho, pero sí comenzaba a hacerle efecto el alcohol.

—Xiao Zhan, platícame algo.

—¿Qué quieres saber? —meneó su copa de vino y le dio un pequeño sorbo.

—Uhm… cuéntame sobre tus días en la universidad.

El aludido sonrió ampliamente. Recordaba esa época con mucho cariño.

—Fueron días muuuuuuuy buenos.

—Cuéntame.

—La universidad fue lo mejor. Estudiaba lo que más amaba, tenía buenos amigos y salía mucho con ellos.

—¿Extrañas esos días?

—Sí, pero también soy bastante feliz en el presente —sonrió, luego soltó una risita que Yibo no supo interpretar—. Recuerdo que… me pusieron un apodo.

Yibo alzó una ceja.

—¿Cuál?

—Solíamos jugar a medir nuestra fuerza, jugábamos "Vencidas" con nuestras manos, yo siempre salía victorioso. Nadie me pudo ganar, nunca.

—¿Y cómo te decían? —sonrió divertido. Bebió de su copa y esperó con ansias la respuesta.

—"Mano derecha fuerte".

Yibo escupió el vino que estaba bebiendo y se atragantó un poco.

—Zhan Ge —rio—. ¿Cuánto tiempo llevas soltero? —se burló descaradamente.

El aludido tardó en entender a lo que se refería, pero cuando logró entender, se dio cuenta de que había dicho una tontería al mencionar su apodo. De inmediato los colores se subieron a su cabeza y deseó que lo tragara la tierra.

—No, no quise decir eso. Me apodaban así en la universidad porque siempre fui campeón en las vencidas, tengo brazos fuertes y… —silenció al ver que Yibo seguía riéndose sin importa qué.

—"Mano derecha fuerte" —rio—. ¿Eres diestro?

Xiao Zhan asintió. Eso hizo reír más a Yibo.

—Ya deja de burlarte —le hizo una fea mueca de fastidio.

—Es que es tan gracioso. Pero… —se limpió una lagrimita—… ya, en serio ¿Cuánto tiempo llevas soltero Zhan Zhan?

El aludido resopló y comenzó a hacer cuentas.

—Tenía veinte años cuando rompí con mi última novia.

Yibo casi se asfixió con su propio oxígeno.

—¡¿Llevas ocho años soltero?!

El otro asintió con seriedad.

—Wow…

—¿Y tú?

—Unos cinco años.

—¿Tuviste novia estando e UNIQ?

—Sí, pero nada serio, no duramos ni una semana.

—Oh…

—Es muy complicado tener algo serio cuando se tiene esta profesión.

Xiao Zhan no pudo estar más de acuerdo con él.

—Pero… —continuó Yibo—… ¿Desde entonces no tienes sexo? ¿Por eso te apodan el "mano fuerte"?

El aludido se asombró por el tipo de pregunta tan íntima, era la primera vez que era tan directo al respecto.

—Primero que nada: no me apodan "mano fuerte". Y segundo: el apodo no se debe a eso ¡No seas pervertido! —rio.

—No me cambies de tema, te hice una pregunta. ¿No has tenido sexo desde entonces?

—Que directo —murmuró por lo bajo. Xiao Zhan suspiró, esperaba zafarse de esa cuestión, pero vio que sería imposible. Se rascó el puente de la nariz con algo de incomodidad y volvió a suspirar antes de responder—. Sí lo he tenido.

—¿Hace cuántos años? —se burló.

—Hace unos cuantos meses, en realidad —respondió con una expresión pensativa, no estaba seguro del tiempo.

—¿Qué? —palideció—. ¿En serio?

—Sí —respondió con naturalidad.

—¿Con quién? —su expresión ligera y bromista desapareció.

—No se lo he dicho a nadie, pero confío en ti.

—Dime —espetó.

—Xuan Lu.

—¿Qué? —palideció aún más. No estaba seguro de haber escuchado bien.

Xiao Zhan apretó los labios y desvió la mirada.

—Uhm… sí.

—¿Lo hacían muy seguido? —preguntó sin tacto, con un tono serio y hasta algo molesto.

—A veces.

Yibo se llevó una mano a la cabeza, entonces recordó algunos momentos durante la filmación del drama. Había ocasiones en las que ambos desaparecían por largos ratos, pero nunca supieron a qué se debía.

—¿También durante el rodaje?

—Yep.

Yibo apretó los puños, confirmando sus sospechas.

Sintió una fuerte impotencia, acompañada de una profunda tristeza. Xiao Zhan pareció notarlo y entendió lo que estaba pasando.

—Pero… —murmuró al notar que Yibo no diría más—…no fueron más que encuentros casuales.

Yibo se hundió más en su estado atónito y frustrado. ¿Cuánto tiempo llevarían acostándose?

—Dadas las circunstancias de nuestras vidas nos es imposible tener una pareja formal, y tampoco es como que me interese tener una por el momento.

Una vez más sintió cómo su corazón se quebraba. Yibo estaba a punto de pedirle que no hablara más.

—Los dos nos respetamos y nos tenemos mucho cariño. Estábamos atravesando por circunstancias similares y las cosas se fueron dando. Teníamos necesidades qué cubrir, ella lo entendía de la misma forma que yo, así que nos veíamos esporádicamente para tener sexo —se mordió los labios al ver la reacción de Yibo, el pobre estaba impactado.

—Si son tan cercanos ¿Por qué no fue a verte cuando estuviste en el hospital? —preguntó una vez más, con la diferencia de que esta vez no se refería a una novia ficticia. Estaba enojado.

—Lo intentó, vaya que sí. Pero se encontraba al otro lado del país.

Yo también —pensó Yibo.

—De todas formas estuvo en contacto conmigo todo el tiempo.

—¿Ah, sí? —resopló y desvió la mirada hacia un lado. Su ceño y sus labios estaban fruncidos. Ahora ya sabía quién era la persona que le mandaba tantos mensajes a su Zhan Ge.

—¿Estás enojado? —preguntó con tacto.

—No.

—Lo estás ¿Por qué?

—Porque nunca me lo dijiste.

Xiao Zhan rio suavemente.

—Me daba algo de vergüenza admitirlo. En realidad no se lo dije a nadie, eres el primero en saberlo. Lu Lu y yo acordamos no hablarlo con nadie, pero eres importante para mí y confío en ti —se encogió de hombros y le sonrió.

—Tú… —lo miró—. ¿Sientes algo especial por ella?

—Debo confesar que cuando la conocí tuve un pequeño crush en ella, pero sólo eso. Ahora la quiero mucho, pero… —fue interrumpido.

—Si tus padres te piden que te cases pronto ¿Se lo pedirías a ella?

Esa pregunta descolocó por completo a Xiao Zhan.

—¿Qué? No, por supuesto que no —estaba muy desconcertado—. Yibo, creo que no me estás entendiendo. Ninguno de los dos tenemos un interés serio en el otro. Ella no se casaría conmigo y yo tampoco con ella. Además… —repentinamente se tornó tímido—…la atracción sexual que Lu Lu siente por mí es más bien porque ama al personaje. Ama a Wei Wuxian.

Yibo lo miró con una ceja bastante alzada.

—Lo prometo. Antes de involucrarnos de… esa manera, los dos hablamos seriamente de los "Términos y condiciones". Llegamos a un muy buen acuerdo y así ambos satisfacemos esas necesidades.

—Vaya, que buenos amigos son —esbozó una gran sonrisa cargada de sarcasmo.

—Yibo —se quejó—. No seas así —rio un poco.

—¿La quieres?

—¡Claro! Es mi mejor amiga, y es… —no encontraba la palabra correcta—… ¿Mi sexfriend? —sus mejillas se sonrojaron al admitirlo por primera vez en voz alta. Yibo se percató de ello y ya no pudo estar tan molesto con él.

El menor suspiró y se terminó de golpe su copa de vino.

—No te creía así, Zhan Ge.

—¿Cómo? —rio—. Yibo, soy un hombre —se encogió de hombros—. Y no hice nada malo. No me digas que no has aplicado la misma solución.

Yibo frunció los labios en una mueca de completo desagrado y giró el rostro hacia un lado. Si sus mejillas no estuvieran enrojecidas ya por el sol, Xiao Zhan se habría percatado de su enorme sonrojo.

—Dime ¿No has tenido alguna amiga en este tiempo?

—No —fue muy tajante.

—¿Nada de nada?

—Ya te dije que no.

—Oh… ¿Eres virgen? —se asombró demasiado.

Wang Yibo se echó a reír.

—¡Por supuesto que no!

Xiao Zhan lo miró fijamente. Apoyó el codo en la mesa y descansó la mejilla en el dorso de su mano, con el placer culposo de la curiosidad brillándole en los ojos.

—Vaya… entonces cuéntame quién fue la afortunada.

Yibo se tensó.

—No lo haré.

—Yo te dije mi secreto, dime el tuyo.

—No la conoces de todas formas —se encogió de hombros.

—Bueno, entonces cuéntame cuándo fue —soltó una risita cantarina sin cambiar su cómoda posición—. O al menos cómo fue —alzó una ceja, pícaro.

—Demonios, eres bastante indiscreto estando ebrio.

—No estoy ebrio —aseguró, a pesar de sentirse ligeramente mareado. Aun así estaba muy consciente de lo que hacía y decía—. Vamos, cuéntame.

—Tú primero —recuperó su actitud perspicaz mientras le servía más vino.

—Uhm… —miró hacia el techo, tratando de recordar esa primera vez—… fue hace muchos años, no recuerdo tanto.

Yibo se preocupó ¿Su Zhan Ge sería tan precoz?

—Tenía diecinueve años.

—¿Fue con tu novia?

Xiao Zhan rio.

—No. Era una compañera de la universidad.

—Con una compañera, vaya, veo que no pierdes la costumbre —se burló con bastante sarcasmo. Xiao Zhan sólo le rodó los ojos—. ¿Y?

—¿Y qué?

—Cuéntame más.

—¿Quieres detalles? —rio—. Pervertido.

Yibo se avergonzó un poco.

—Te daré más detalles si tú también me los das—sonrió de lado, travieso.

—Olvídalo —notó que Xiao Zhan no tocaba ya la copa de vino.

—Bebí suficiente —dijo al notar la mirada de él en su copa. No iba a beber más.

Yibo se quedó con un mal sabor de boca. No le gustó todo lo que supo de Xiao Zhan. No le gustaba cómo le hacía sentir saber aquello. Tenía una gran impotencia y unas ganas enormes de apretarlo contra su pecho y gritarle que lo odiaba por amarlo así.

—Ah… iré a estirar los músculos —recogió su plato y se levantó de la mesa. Yibo lo siguió atentamente con la mirada, vio que se dirigió a la terraza, y notó que apenas puso un pie afuera… se tambaleó hasta casi caer al piso.

Yibo saltó de su silla y dando grandes zancadas llegó a su lado a tiempo para tomarlo de la cintura y darle estabilidad.

—¡Xiao Zhan! ¿Qué sucede? —se angustió.

El aludido se llevó una mano a la cabeza, entonces soltó una risilla extraña que desconcertó completamente a Yibo.

—Creo que sí estoy borracho.

Yibo suspiró. No había sido buena ida que saliera a la terraza y que el aire frío le golpeara así. Eso sólo consiguió que el alcohol hiciera un mayor efecto en él.

Sólo fueron dos copas y media —pensó, conteniendo su risa muy a penas—. Vamos a dentro —rodeó su cintura con firmeza y casi lo arrastró al interior.

—Wang Yibo… —murmuró, alargando la última sílaba.

El aludido lo miró a los ojos. Xiao Zhan sí se veía borracho.

—¿Qué? —se detuvo a medio camino para escucharlo, pero el aludido no dijo nada más, sólo lo miraba fijamente—. ¿Qué? —insistió, comenzaba a crispar sus nervios.

Xiao Zhan extendió su mano hasta picarle la punta de la nariz, al hacerlo, soltó una inmensa carcajada.

—¿Qué demonios te ocurre? —esta vez no pudo contener una pequeña risa.

Xiao Zhan seguía riendo mientras era arrastrado escaleras arriba rumbo a su habitación. Vio que era bastante complicado, así que optó por tomarlo en sus brazos para subir más rápido, pero Xiao Zhan lo detuvo.

—¡No me cargues! Yo puedo subir solo.

—Estás muy mareado, no puedes.

—Sí puedo.

—Que necio —murmuró por lo bajo, dejándolo hacer lo que quisiera. En verdad pensó que bromeaba cuando decía que con más de una copa de vino se embriagaba, más aun cuando vio que se tomó dos sin problemas. Pero nunca contó con la loca idea que tuvo de salir al frío. El aire le había pegado duro.

Yibo lo acompañó hasta su habitación, al entrar vio que Nut descansaba sobre la almohada de su amo.

—Ven, siéntate aquí —le señaló la orilla de la cama.

—No.

—Xiao Zhan —le habló muy en serio.

—No.

—Cielos, eres otra persona estando ebrio.

—¡Que no estoy ebrio! —renegó, a pesar de que había admitido su estado de ebriedad apenas unos momentos atrás.

—Sí, lo que digas —le causaba mucha gracia, pero no podía dejarlo así—. Zhan Zhan, ponte el pijama para que duermas mejor. ¿Puedes hacerlo?

—No.

—Xiao… —fue interrumpido.

—No —lo miró con el ceño fruncido.

—¿No qué?

—Pues no.

Yibo se llevó una mano a la boca para contener sus carcajadas.

Le había prometido que no lo grabaría, eso era lo único que lo detenía, pues de no haber prometido aquello, ya habría sacado su celular para documentar eso.

Suspirando y aguantando su risa, se acercó a Xiao Zhan y le quitó el suéter. El aludido lo miraba casi de forma ausente, o así fue hasta que sintió que le desabrochaba la camisa, ahí comenzó a verlo con atención.

Yibo desabrochó los primeros botones sin problema, pero fue cuando iba a medio camino que se dio cuenta de lo comprometedora que era la situación.

No, no lo es. Somos hombres, amigos, y lo estoy ayudando. Sólo eso —trataba de convencerse a sí mismo sin lograrlo del todo, pues con cada botón su corazón se iba acelerando más.

Le sacó la camisa y…

Demonios —pensó, tragando en seco al verlo con tanta piel expuesta y a tan poca distancia. Eran sólo centímetros lo que los separaba.

Bajó la mirada por su pecho, Xiao Zhan era delgado, pero a pesar de ello se veía bastante bien.

—Tienes que trabajar más tu abdomen —murmuró para romper el hielo. Bajó más la mirada y se topó con su ombligo, con ese adorable y sexy ombligo. Tragó en seco cuando vio ese caminito de vellos que comenzaba ahí y se perdía bajo su ropa interior.

Xiao Zhan soltó una risita tonta, pero no se movió de su sitio, tampoco dijo nada.

Yibo buscó la parte superior del pijama y se lo puso. Ahora sólo le faltaba quitarle el pantalón, pero algo dentro de él le decía que no era buena idea. Y como de costumbre, ignoró a esa vocecita en su interior que le gritaba "No lo hagas", y lo hizo. Llevó sus manos al pantalón y comenzó a desabrochar el cinto.

—Uhm… Bo Di —se quejó—. ¿Qué haces? —preguntó al sentir que le bajó la bragueta también.

—No puedes dormir con esta ropa —se justificó antes de bajarle el pantalón, acariciando sutilmente sus piernas en el acto.

Inconscientemente se pasó la lengua por los labios. Ya lo tenía frente a él, portando sólo su linda ropa interior de color negro. Al mirar con algo de atención, notó fácilmente lo que había debajo de esa prenda. Su rostro se puso casi morado al recordar aquella mañana en que le vio el tamaño de la erección matutina.

—No tienes que desvestirme.

—Quiero hacerlo —fue muy sincero, su corazón casi se le salía del pecho—. Xiao Zhan, en verdad quiero hacerlo —suspiró.

—Hazlo —respondió con voz grave y mirándolo fijamente.

Yibo le sostuvo la mirada durante unos segundos, en completo silencio.

—¿Qué? —reaccionó.

Xiao Zhan acortó un poco la distancia entre los dos y tomó el rostro de Yibo entre sus manos. El pobre tragó en seco, lo tenía en frente, medio desnudo y casi pegado a su cuerpo.

—Eres muy lindo —apretó sus mejillas—. Me dan ganas de… —se mordió los labios y miró los de Yibo.

—¡Xiao Zhan! —exclamó en apenas un hilo de voz al ver que inclinaba su rostro hacia el de él. Cerró los ojos y entreabrió los labios, pero nunca, jamás, esperó que hiciera aquello.

Xiao Zhan mordió su mejilla izquierda.

—¡Ah! —se quejó y lo empujó un poco. Estaba molesto al no recibir lo que esperaba.

El aludido se separó de él y rio.

—Siempre quise hacer eso —estaba demasiado risueño.

—B-basta, ya tienes que dormir —si no se alejaba de él, terminaría haciendo cosas poco apropiadas.

—No.

—Sí —no se animó a intentar ponerle un pantalón, mejor lo empujó a la cama y trató de cubrirlo con las mantas—. Descansa —lo arropó con fuerza antes de darse media vuelta y correr a su habitación.

Yibo se desvistió y se metió a la cama sólo en ropa interior, estaba agitado, demasiado abrumado. Estuvo girando de un lado a otro en su cama. Era tal su inquietud, que ni siquiera recordó su costumbre de dejar la luz encendida, o la televisión. Mandó todo al traste y se cubrió hasta la cabeza con las sábanas.

De pronto escuchó el ruido de su puerta abriéndose, se descubrió la cabeza y vio a un Xiao Zhan medio desnudo, tambaleante y despeinado entrando a su cuarto.

—Zhan Ge…

—Quiero dormir contigo —sin decir más, se metió a la cama y además lo buscó bajo las mantas—. ¿Estás desnudo? —preguntó al tocar su costado.

—N-no. ¿Qué haces? —estaba muy nervioso, pero sus nervios venían a raíz del miedo que sentía de perder el control.

—Me gusta tu piel —deslizó descaradamente sus manos por toda su cintura, subieron por sus costados y terminaron en su pecho.

—Ah… —había intentado contenerse con todas sus fuerzas, pero un jadeo escapó de sus labios al sentir una mano fría sobre uno de sus pezones. No tenía idea de que fuese tan sensible en algún área arriba de su cintura.

—¿Eh? ¿Te hizo cosquillas? —Xiao Zhan no logró distinguir el verdadero motivo de ese gemido. ¡No eran cosquillas! —. Dijiste que no eras cosquilludo, veamos en qué otras partes sientes cosquillas. Se echó sobre él y comenzó su investigación.

—Xiao Zhan… espera, ¡No! —se removió un poco, pero en verdad no quería moverse. Su tacto era tan… excitante. Ser acariciado por él era una de sus más grandes fantasías, y justo ahora lo tenía encima, medio desnudo y manoseándolo.

—¿Sientes cosquillas aquí? —preguntó al tocar uno de sus pectorales. Yibo se estremeció y eso fue un sí para Xiao Zhan, quien continuó explorando esa piel—. ¿Y aquí? —había deslizado su mano hasta su esternón, continuó acariciando con las puntas de sus dedos lentamente hasta llegar a su ombligo. Yibo se tensó, su respiración era agitada y su pulso ni se diga.

Xiao Zhan bajó más sus dedos hasta que sintió el borde de la ropa interior. La piel de Yibo se erizó bastante cuando sintió que además de eso, Xiao Zhan había escondido el rostro en su cuello; podía sentir su respiración chocando contra su oído. Eso simplemente causó estragos en él y en su poca cordura.

—Xiao Zhan, detente —pidió al sentir un beso detrás de su oreja.

—¿Por qué? —su tono era suave, acompasado, su aliento tenía un toque exquisito de vino tinto. Era una combinación explosiva para los sentidos de Wang Yibo.

—Porque… —se había contenido, tenía sus manos pegadas al colchón porque sabía que no podría contenerse si le ponía una mano encima a esa hermosa piel—… porque te deseo. Xiao Zhan te he deseado desde hace mucho tiempo, y si sigues haciendo eso no podré contenerme y terminaré… —no pudo continuar.

—¿Terminarás? —preguntó con la misma suavidad, sus ojos expresaban el estado en el que se encontraba, no estaba en sus cinco sentidos.

—Zhan Zhan —lo llamó con un gran cariño al mismo tiempo que acomodaba su cabello tras su oreja, el mayor le sonrió por ello—. Oh Xiao Zhan —suspiró. Estaba poniendo todo de sí para contenerse, pero comenzaba a flaquear.

—¿Qué pasa?

—Debes regresar a tu cuarto.

—No quiero —se separó de él y comenzó a quitarse la parte superior de su pijama.

—¿Qué haces?

—Tengo calor —lanzó lejos la prenda y se acostó junto a Yibo, apoyó su cabeza muy cerca del cuello del menor y soltó un pesado suspiro—. Quiero dormir contigo. ¿Puedo?

—Sí… —no podía decirle que no, nunca.

—Gracias —respondió al mismo tiempo que subía una pierna sobre Yibo, el pobre soltó de nueva cuenta un jadeo, pues el muslo de Xiao Zhan había quedado justo sobre la erección que había adquirido desde hace ya un buen rato. Xiao Zhan pareció no darse cuenta, pues mientras se acomodaba no dejaba de rozar esa parte en específico.

—Oh Xiao Zhan… demonios ¿Qué haces? —jadeó al sentir esos labios sobre la piel de su cuello.

—Nada —volvió a depositar un beso en su cuello, esta vez más cerca de su manzana de Adán.

Yibo no se pudo contener más, giró en la cama hasta dejar el cuerpo de Xiao Zhan debajo del suyo. Dejó todo su peso sobre él, y éste pareció no molestarse por ello, sólo lo miraba con los ojos entrecerrados, con esa mirada algo perdida.

—Xiao Zhan —jadeó suavemente, poniendo las manos en sus caderas por primera vez, presionó un poco ahí y otro poco allá—. Hey… —susurró.

—Dime…

—¿Puedo… puedo besarte? —sus manos temblaban, no, su cuerpo entero se estremecía a tal grado que sentía que el colchón se movía por su culpa.

Los ojitos de Xiao Zhan se abrieron por completo, pareció pensarlo unos segundos antes de asentir suavemente con la cabeza.

Oh Dios —pensó Yibo, su temblor aumentó considerablemente. ¡Tenía el cuerpo de Xiao Zhan bajo el suyo! ¡A su completa disposición!

No era correcto lo que estaba haciendo.

Pero se moría por al fin probar esos labios. ¿Debía besarlo o no?

Se decidió. Apoyó todo su peso en un mano sobre el colchón y extendió otra, bastante temblorosa, hacia la mejilla de Xiao Zhan. Lo acarició con un cariño infinito, se mordió los labios al observar los de él.

Miró sus ojos preciosos y sintió tanto amor a través de ese mirar que…

—Yibo… —suspiró, su cuerpo estaba laxo sobre el colchón.

El menor se fue inclinando despacio sobre él, estaba tan nervioso que podía escuchar el latir de su propio corazón. La mano que sostenía la mejilla de Xiao Zhan no dejaba de temblar.

Quizás olvides esto en la mañana, espero que sí —acortó la distancia entre ambos y rozó sus labios con los propios, fue apenas un roce, una sutil caricia que le mandó una corriente de electricidad por todo el cuerpo. Estaba por besarlo como era debido, pero Xiao Zhan se le adelantó. De la nada rodeó el cuello de Yibo con sus brazos y lo atrajo a un profundo beso que hizo desfallecer al menor.

Sus manos se aferraron al cuerpo de Yibo, aproximándolo al suyo con fuerza. El beso era arrebatador, había tomado por sorpresa a Wang Yibo, pero esto no le impidió seguirle el ritmo de inmediato.

Rápidamente su cuerpo se incendió en una pasión incontrolada que no estaba seguro de poder manejar.

Los labios de Xiao Zhan eran… no tenía palabras para describir cómo eran. Muchas noches había soñado con besar esos labios, y ahora podía confirmar que la realidad superaba a los sueños con creces.

Yibo tomó la nuca de Xiao Zhan y lo pegó más a él. Juntó sus pechos y fue testigo del alocado latir de sus corazones. Se sentía desfallecer con el simple hecho de estar besando sus labios. Trató de calmar ese impulso arrebatador y se concentró en memorizar el delicioso sabor de su aliento. Se concentró en disfrutar de todas y cada una de las sensaciones que ese beso le provocaba.

No pasó mucho antes de que deseara más, quería sentir algo más que los labios carnosos de Xiao Zhan entre los suyos. Mordió el labio inferior con suavidad, pidiéndole acceso a su boca con algo de timidez, pero no obtuvo respuesta. Xiao Zhan había dejado de moverse, sus brazos seguían colgando del cuello de Yibo, pero éstos estaban flojos.

Se había quedado dormido.

—Demonios —gruñó por lo bajo al comprobar que prácticamente había caído en coma.

Su entrepierna dolía, palpitaba y pedía a gritos atención.

Agitado, dejó caer sus caderas sobre las de Xiao Zhan, sintiendo su miembro a través de la ropa. Eso sólo logró excitarlo aún más, a pesar de que el otro no tenía ni un ápice de erección.

Demonios, demonios, demonios —no sabía qué hacer.

Quizás si intentaba despertarlo…

Volvió a unir sus labios con los de él, pero Xiao Zhan no despertó.

Yibo se dio por vencido y degustó con resignación esos labios por unos minutos más. Atrapó su labio inferior entre los suyos antes de darle un pequeño mordisco, era mucho más suave, carnoso y tentador de lo que imaginó. Y su sabor…

Su boca tenía un agradable sabor a vino combinado con algo más que no supo descifrar, lo único que sabía era que había firmado su sentencia: amaba a Xiao Zhan, era adicto a él y no había vuelta atrás.

—Xiao Zhan… —soltó un pequeño jadeo con resignación mientras apoyaba la frente contra la de él.

Quería acariciarlo, apretar la piel que tenía al alcance, quería saborear la piel de su cuerpo además de sus labios, pero no lo hizo, no estando él en esa condición.

Trató de controlar su respiración para calmarse, pero no lo logró, y su erección no bajaba ni un poco. No tenía otra opción. Se levantó de la cama y corrió al baño.

Apenas se encerró, recargó su espalda contra la pared y bajó su ropa interior con premura.

Su erección era casi dolorosa. Tomó su sensible miembro entre sus manos y comenzó a masturbarse. Tenía la urgencia de liberar todo eso que no pudo darle a Xiao Zhan.

Estaba frustrado, ni siquiera tocándose y estimulándose a sí mismo lograba satisfacer sus necesidades. Quería sentir el cuerpo de Xiao Zhan junto al suyo, percibir su piel y su calor, no la pared fría del baño.

Apretó su miembro con una mano y comenzó a acariciar de manera ascendente y descendente, notando que ya había suficiente líquido preseminal como para lubricar su miembro entero.

Intensificó la velocidad y la presión que hacía con su mano derecha hasta que un leve gemido se escapó de sus labios. Estiró su cabeza hacia atrás, recargándola contra la pared mientras deslizaba su mano desde su vientre hasta su pecho. Acarició uno de sus pezones, tratando de recrear la caricia que Xiao Zhan le había hecho anteriormente. Sí, se sentía bien.

Ahora con ambas manos intentaba darse el placer que necesitaba, no lográndolo del todo, pues ninguna caricia se acercaba a lo que realmente buscaba, y eso le frustraba demasiado.

Disminuyó la velocidad, disfrutando de cada fricción hecha por sus manos sobre la piel sensible de su pene. En el baño podía escucharse claramente cuando aumentaba la velocidad y cuando la disminuía. El ruido de los fluidos de su cuerpo resbalando entre su mano y su pene eran totalmente perceptibles, eso, y los gemidos que no lograba contener al haber cerrado los ojos para imaginar que el que hacía todo el trabajo en su entrepierna era Xiao Zhan.

A su mente vinieron imágenes de Xiao Zhan, recordó su piel, su lindo vientre, su trasero y la sensación de sus labios sobre su cuello.

Eso bastó para que al fin alcanzara su orgasmo, éste fue largo e intenso. Su espalda se arqueó al mismo tiempo que un gruñido salía de entre sus dientes. Había cerrado su puño entorno a la cabeza de su pene para evitar hacer un desastre, pero de todas formas terminó ensuciando el piso y sus piernas.

Sudoroso y agitado, esperó a que su corazón se calmara un poco antes de enderezarse y lavarse. Cuando se acercó al lavabo pudo verse al espejo, sus mejillas estaban sonrojadas por el esfuerzo, tenía además varios mechones de su cabello adheridos a la piel de su frente debido a la ligera capa de sudor que la cubría. Siguió mirándose al espejo unos segundos más, preguntándose qué demonios había hecho, replanteándose el hecho de que su Zhan Ge estuviese seguro a su lado.

Lo había manoseado, se había aprovechado de que estuviese ebrio. Se sentía una escoria por ello.

Terminó de asearse y salió del baño, preguntándose qué debía hacer: volver a la habitación con Xiao Zhan, o dormir en otra parte. Sí, se sentía miserable, pero su necesidad de él era aún mayor, así que entró de nuevo y se metió a la cama con él. Su corazón se llenó de dicha cuando sintió cómo Xiao Zhan lo buscaba bajo las sábanas para acurrucarse a su lado, abrazándolo. Lo había hecho de una forma tan natural, como si fuese cotidiano, eso llenó a Yibo de una felicidad inmensa.

No le importaba nada más, sabía que sus sentimientos eran sinceros, así que disfrutaría de esos momentos que la vida le regalaba. Rodeó a su amado con ambos brazos y besó sus labios una vez más antes de dormir sintiendo su calor y su piel junto a él.

Continuará…

Aww Yibo, pobre cosita. Se siente culpable por lo que le hizo a Zhan Ge, pero se le olvida que sí le pidió permiso para besarlo, cosa que casi nadie en el mundo hace ya! De todos modos se siente mal por haberse aprovechado. No tiene idea de que para Xiao Zhan él es igual de irresistible e importante.

¿Qué opinan ustedes al respecto? ¿Qué creen que ocurra entre ellos de ahora en adelante?

02/02/2020