Capítulo 21: "Celos en la montaña"
Con pereza, intentó estirarse sobre la cama como tenía por costumbre, pero algo se lo impidió. Xiao Zhan se removió con incomodidad, ahí se dio cuenta de que no estaba solo en la cama, tampoco traía su pijama puesta, y podía sentir claramente la piel de alguien más junto a él.
—Oh… —el aire se atoró en sus pulmones cuando abrió los ojos y se encontró con el rostro durmiente de Wang Yibo junto al suyo.
Tenía sus ojos fuertemente cerrados y el ceño fruncido, parecía que tenía un mal sueño, y que en él estaba enojado con alguien. Murmuraba algo en voz muy baja, tanto así que no se distinguía qué era lo que balbuceaba.
Xiao Zhan lo miró largo rato, tratando de recapitular y recordar cómo fue que terminaron así. Por lo que podía notar, ambos estaban semidesnudos, no fue necesario levantar las sábanas para que se diera cuenta, lo sintió al recorrer sutilmente el cuerpo de Yibo con sus manos.
No pudo evitar sonreír como un tonto. Sus cuerpos estaban enredados uno con el otro.
Movió un poco sus piernas, y sin proponérselo terminó presionando su rodilla justo entre las piernas de Yibo, el pobre soltó un gemido nada disimulado al sentir aquello en sus sueños.
Xiao Zhan se avergonzó un poco al hacerlo, pues había logrado notar cuán despierto estaba el miembro de él. No supo qué hacer. Terminó quedándose a su lado, siendo abrazado por él de esa forma tan… posesiva. Notó que había estado descansando su cabeza sobre uno de los brazos de Yibo. Se incorporó un poco y apoyó su cabeza sobre el pecho de él para dejar descansar su brazo, pero al hacerlo sólo logró maravillarse con el pausado ritmo de los latidos de su corazón.
¡Cómo amaba poner su cabeza ahí!
Yibo comenzó a removerse en la cama, levantó su brazo recientemente aplastado para rodear a Xiao Zhan con él también. El pobre no tenía escapatoria, Yibo lo tenía acorralado por todas partes, pero eso no le molestó, al contrario, se dejó hacer.
Lo que alertó sus sentidos fue el momento en el que Yibo se movió hasta quedar de costado, frente a frente con él. Pensó que abriría los ojos, pero seguía profundamente dormido, sin embargo, apretó a Xiao Zhan hacia su cuerpo y frotó sus caderas contra las de él.
Eso enloqueció a Xiao Zhan. Era la primera vez que sentía su miembro rozando de esa forma con el de alguien más, y aunque fuese de manera indirecta debido a la ropa interior, era enloquecedor.
¿Qué demonios había ocurrido en la noche? ¿Por qué Yibo hacía eso? ¿¡Y por qué se sentía tan bien!?
—Xiao Zhan —jadeó suavemente entre sueños.
—¡Oh por Dios, está soñando conmigo! —extendió su mano hasta acariciar su rostro. Se veía adorable durmiendo, pero le causaba mucha risa ver su ceño fruncido. Quería concentrarse en eso y no en su latente erección. Su respiración era profunda y fuerte al igual que la de él.
Tenía que controlarse, o buscar un escape para aliviar esa necesidad.
Pero las caderas de Yibo ondulando hacia las de él no ayudaban en lo absoluto. A Xiao Zhan le era cada vez más difícil soportar aquello, quizás iba siendo hora de que buscara a Xuan Lu de nuevo.
No… ya no podría, no después de haber confirmado esos sentimientos hacia él. Sería como traicionarlo.
—Aunque tampoco es como que podamos estar juntos —sintió una tristeza abismal en su corazón con ese simple pensamiento. ¿De qué servía estar tan seguro de su amor por Wang Yibo? ¿De qué? Si de todas formas ese amor era considerado una abominación en su país. Esa tristeza que había estado arrastrando desde hace meses se hizo presente de nuevo.
Se sentía impotente, más que nunca, pero era un riesgo que aceptó desde el momento en el que decidió pasar más tiempo con él. Sabía que su amor incrementaría, y que su autocontrol iría decayendo poco a poco.
Tal como ahora… ¿Por qué había bebido tanto una noche antes? No debió hacerlo sabiendo que podría desatar algo peligroso.
Con tristeza, deslizó su mano por todo el costado de Yibo, acarició su muslo y reptó por él hasta llegar a su cadera. Se detuvo ahí un poco antes de seguir hasta su cintura. Su cuerpo estaba tan cálido estando debajo de las cobijas. Subió más hasta rodear su espalda y darle un tierno abrazo. Lo apretó con más fuerza de la necesaria, deseando que con ese abrazo pudiera permanecer siempre a su lado.
—Si tan sólo pudiera decirte mis verdaderos sentimientos —pensó con tristeza. Pegó su frente a la de él y cerró los ojos. Fue entonces que se atrevió a hacerlo por primera vez: rogó al cielo. Suplicó que ese amor pudiera ser—. Por favor, si existe un Dios, por favor…
Lo apretó con tal fuerza que Yibo se quejó, resoplando con suavidad.
—¿Zhan Ge? —murmuró en un tono grave y ronco. Abrió muy apenas sus ojos.
El aludido se separó un poco de él y le dedicó una linda sonrisa.
—Buenos días —murmuró muy bajito.
Entonces las imágenes de lo sucedido una noche antes llegaron a la mente de Yibo, el pobre se atragantó con su propio oxígeno y se sonrojó hasta las orejas. Se dio cuenta de la posición en la que estaban, incluso sintió su pelvis pegada a la de él, eso lo avergonzó tanto que se soltó de inmediato y se alejó todo lo posible, tanto que… se cayó de la cama.
—¡Yibo! —se espantó e inmediatamente se asomó al piso desde el borde del colchón. La caída no fue poco dolorosa, pues la cama era muy alta—. ¿Estás bien? —se hubiera levantado de no ser por su erección que, ya en menor proporción, seguía presente.
—Estoy bien —se quedó tirado en el piso. Suspiró y se llevó una mano a los ojos, tallándolos con frustración.
—¿Por qué saltaste así? —rio con nerviosismo—. ¿Te asusté?
Yibo se levantó y se sentó en la orilla de la cama, miró a su Ge Ge de reojo, tratando de averiguar si recordaba lo que había ocurrido en la noche. ¡Se habían besado! Y él se había quedado dormido en medio del beso.
—¿Wang Yibo?
—No —se rascó la cabeza—. Bueno… no recordaba que estabas en mi cama —mintió.
—Por cierto… ¿Cómo terminamos así? —señaló la situación mientras se rascaba la nuca con incomodidad.
Algo dentro de Yibo se rompió.
—No recuerdas nada —murmuró en un suspiro, mirando al piso.
—No me digas que hice locuras —se preocupó en serio—. Dime ¿Qué hice? Sabía que no debía tomar más de una copa —se reprendió a sí mismo con dureza.
—Tranquilo —sonrió de lado. Puso una mano sobre el hombro de Xiao Zhan y lo atrajo hacia su cuerpo para abrazarlo—. No hiciste nada malo —murmuró suavemente.
—¿Estás seguro? Te noto extraño —correspondió el abrazo. Su piel se erizó al notar que los dos estaban sin camisa.
—Eres un borracho muy necio.
Xiao Zhan se separó del abrazo y lo miró con mucha vergüenza.
—No me digas que… —fue interrumpido.
—Y muy risueño, todo te daba risa.
—Y de la nada me dio sueño ¿Verdad?
—Te dormiste de pronto —alzó ambas cejas, recordando el momento—. Y caíste en un sueño tan profundo…
Xiao Zhan se pasó una mano por el rostro, muy apenado.
—¿Y cómo terminé en tu cama?
—Dijiste que querías dormir conmigo, te desvestiste y te metiste a la cama.
—¡Lo siento!
—No eres tú el que tiene que disculparse.
—¿Y tú sí? —rio—. Yo creo que no, al menos no después de soportarme estando ebrio. No quería que me vieras así, probablemente te decepcioné un poco.
Una alarma se encendió dentro de Yibo.
—¡Para nada! —se apresuró a aclarar—. No me has decepcionado, la verdad… Xiao Zhan, quiero conocer todas tus facetas.
El aludido lo miró fijamente a los ojos y le dedicó una linda sonrisa.
—Yo también quiero conocerte más —bostezó con pesadez y se tiró de espaldas en la cama—. Ven —palmeó el espacio a su lado. Yibo sonrió y obedeció, acostándose bocarriba a su lado, ambos veían el techo en silencio. Sonrieron al escuchar el trinar de las aves, anunciando un nuevo día—. ¿Qué quieres hacer hoy? —preguntó mientras se estiraba.
—Vayamos a esquiar.
—Me parece excelente.
—Pero durmamos un poco más —se acostó bocabajo sobre el vientre de Xiao Zhan, aplastándolo con su propio estómago.
—¿Quieres que durmamos un par de horas más? —preguntó al mismo tiempo que acariciaba su cabello, ese simple gesto, después de lo de anoche… hizo volar los sentidos de Yibo.
—Sí.
—Bien, pondré el despertador —se estiró hasta alcanzar el celular de Yibo que estaba sobre la mesita de noche—. Desbloquéalo —le pidió. Yibo acercó su rostro al teléfono y éste se desbloqueó. Si cualquier otra persona se lo hubiese pedido, le habría respondido con un tajante NO. Pero a Xiao Zhan jamás le negaría algo como eso.
—Listo, despertador dentro de dos horas.
—¿No te molesta dormir un poco más? —preguntó, sabiendo que él era bastante madrugador.
—Por un día no pasa nada —sonrió. La verdad era que prefería quedarse un poco más en la cama con él—. Yibo.
—¿Mh? ¿Quieres que me quite?
—No es eso. ¿Te molestaría si… duermes conmigo?
El menor alzó una ceja, no entendiendo.
—Quiero decir —se sonrojó tiernamente—. ¿Puedo abrazarte?
—¿Es la palabra clave para patearme?
Xiao Zhan se rio con ganas.
—¡No! Mueve tu trasero y haz función de almohada para mí.
—Oh… está bien —sonrió de oreja a oreja y buscó la forma de acomodarse. Era la primera vez que ambos buscaban abrazarse para dormir estando conscientes, así que no sabían dónde poner sus extremidades.
—¿Cómodo? —preguntó Wang Yibo cuando su Ge Ge se acurrucó a su lado.
—Sí —soltó en un suspiro.
Wang Yibo se asombró al ver la facilidad con la que cayó rendido al sueño. Se suponía que el dormilón era él, no Xiao Zhan.
Con una sonrisa que no pudo eliminar de su rostro, Yibo se dio por bien servido con esa cercanía, lo apretó contra su cuerpo y se dispuso a dormir, con el mismo pensamiento taladrando su mente: Xiao Zhan no recordaba nada de lo ocurrido anoche.
Por una parte estaba aliviado, pero por otra… hubiera sido bueno que lo recordara, le habría evitado tener que confesarse en un futuro.
—Creo que prefiero esquiar —dijo al mirar a montones de deportistas profesionales sobre sus tablas para nieve.
—¿No quieres una tabla?
—Creo que no seré bueno en ella, prefiero esquís.
—Yo te enseño.
—Viviré enterrado en la nieve, mejor no —se veía indeciso.
—Anda, prueba con la tabla. Seré tu maestro —le sonrió con un sentimiento tan lindo y entrañable que Xiao Zhan no pudo negarse más.
—Bien, tú ganas —lo empujó—. Pero serás el encargado de levantarme cada vez que me caiga.
—Lo prometo —levantó su mano en señal de solemnidad.
Rentaron el equipo y subieron a la montaña en el teleférico. Disfrutaron el camino como dos niños pequeños. Yibo sonreía ampliamente al ver a su Ge Ge tan feliz y emocionado.
—Estamos a muchos metros del piso —se emocionó al ver hacia abajo.
—Lo sé —respondió sin mirar.
—¡Mira! —señaló algo a lo lejos, pero Yibo no se atrevió a bajar la mirada—. Bo Di, mira.
—Sí, sí —lo ignoró, ganándose un golpe en el brazo.
—¿Por qué no miras hacia abajo?
—Me da miedo —confesó francamente.
—Oh… ¿Es una broma?
—No —lo miró directo a los ojos, con mucha seriedad—. Me dan miedo las alturas.
—¡¿Qué?! ¿Y por qué te gusta esto?
—Me gustan los deportes, pero odio mirar hacia el vacío desde un lugar muy alto, así que no, no miraré.
Xiao Zhan rio un poco.
—Bien, no veas.
Llegaron a la cima, se bajaron del teleférico y se dirigieron al área para principiantes. Wang Yibo le enseñó con una paciencia infinita y con dedicación. Era muy bueno explicando y enseñando, Xiao Zhan se dio cuenta de ello y lo admiró aún más.
—Lo haces bien, Ge Ge —lo felicitó.
—Me he caído la mitad de las veces —rio, agitado.
—Pero estás aprendiendo —le extendió una mano para que pudiera levantarse—. ¿Estás bien?
—Sí —sonrió y aceptó su mano. Xiao Zhan sonrió y le acomodó mejor el visor que traía puesto. Ambos traían uno igual, acompañado de una chamarra bastante abrigadora y especial para salir a hacer ese tipo de deportes.
—¿Quieres ir a intentar la primera pendiente? No es muy larga y está bastante despejada.
—¡Vamos!
Xiao Zhan se cayó una y otra vez. Yibo se reía de sólo verlo y escuchar sus carcajadas al caer a la nieve. No había logrado bajar una pendiente sin caerse, pero se estaban divirtiendo muchísimo.
Después de un par de horas más intentándolo, finalmente Xiao Zhan logró bajar una pendiente completa sin caerse. Ambos lo festejaron escandalosamente.
—Yibo, iré a sentarme en aquel lugar —señaló un sitio a unos metros más debajo de donde estaban.
—¿Ya te cansaste? ¿Estás bien?
Xiao Zhan se enterneció por su preocupación.
—Estoy bien, tranquilo —posó su mano en uno de sus brazos y lo acarició con cariño—. Pero quiero que también disfrutes de esto. Te la has pasado enseñándome, ve, sube la montaña y recorre toda la pista tú solo, disfrútala.
—¿En serio?
—Sé que te mueres por hacerlo.
Y tenía toda la razón.
—Descansaré unos momentos y bajaré al pie de la montaña, ahí nos reuniremos.
—Bien —respondió Yibo—. Pero luego iremos por chocolate caliente al pueblo.
—Trato hecho.
Chocaron sus puños y cada uno se fue por un camino diferente.
Cuando Xiao Zhan llegó al pie de la montaña, buscó un lugar dónde sentarse al final de la pista, quería ver cuando su Di Di bajara. Y así fue.
—Wow —exclamó con verdadero asombro cuando apareció en su campo de visión, venía bajando la montaña deslizándose con una velocidad increíble. Cuando un obstáculo se le presentó en frente no lo pensó dos veces antes de evadirlo con una leve pirueta—. ¿Este niño cree que es de hule? —exclamó sin pensar, pero cuando escuchó sus propias palabras se sintió como su madre, pues era una frase típica de ella.
Wang Yibo llegó al final de la pista y se sacó el casco para buscar a Xiao Zhan con la mirada por todas partes. Cuando lo encontró, sus ojos brillaron y su sonrisa se hizo presente. El mayor corrió hacia él y le aplaudió.
—Wang Yibo, soy tu fan ¿Hay algo que no hagas bien?
El aludido lo recibió con su cálida sonrisa que muy pronto se convirtió en una ladina y socarrona.
—Cocinar.
Xiao Zhan se rio a lo grande.
—En eso tienes mucha razón —pasó un brazo por los hombros de él y comenzaron a caminar juntos—. Vayamos por ese chocolate caliente.
Fueron al hotel que había junto a la pista. Era el lugar al que llegaban todos los turistas y deportistas para tomarse un respiro y descansar. El restaurante tenía la mejor fama del lugar, pues todo lo que servían era exquisito.
Se sacudieron la nieve antes de entrar y dejaron sus tablas y equipos en recepción. Eligieron una mesa para dos junto al ventanal con vista a la pista y se sentaron ahí, uno junto al otro a pesar de que podían sentarse frente a frente, pero Yibo ya había tomado la costumbre de ponerse siempre a su lado.
Ordenaron chocolate caliente para entrar en calor, y mientras esperaban a que les llevaran su orden, Yibo fue al baño. Cuando regresó, sintió un torbellino terrible de emociones al ver a dos chicas sentadas en la mesa con Xiao Zhan, con SU Xiao Zhan.
Ni siquiera lo pensó, mucho menos se detuvo a imaginar las consecuencias de sus acciones. Simplemente caminó con largas zancadas rumbo a la mesa, pero a medio camino la prudencia llegó a él y se detuvo. No, no podía actuar tan impulsivamente, ya no era un adolescente. Tenía que contenerse a pesar de los celos que le quemaban por dentro.
Él era más listo que ellas, y no iba a permitir que rondaran a su Xiao Zhan con tal desfachatez.
Notó que su amado se sonrojaba ligeramente al escucharlas, pero no lograba entender de qué era de lo que hablaban, así que se acercó a la mesa en silencio, tratando de no llamar la atención.
—Eres tan lindo ¿De dónde vienes? —preguntó una de ellas. Eran chicas americanas, bastante atractivas las dos.
—Gracias —se rio con incomodidad—. Vengo de China.
—¡Oh! ¿Vienes solo?
—No, estoy con alguien.
—Ya veo… ¿Tienes novia? —preguntó la otra chica.
—No.
—¡Excelente! —puso una mano sobre la de él.
Xiao Zhan estaba asombrado por la libertad con la que actuaba, insinuándose de esa forma hacia él. No estaba tan acostumbrado a ese comportamiento.
—¿Te gustaría venir con nosotras? Podemos enseñarte todo el lugar. Siempre tenemos muchos turistas, pero pocas veces vienen chicos de China a visitarnos.
—Sí hay muchos —corrigió la otra chica—. Pero nunca habíamos visto uno tan lindo como tú —le dijo, totalmente desvergonzada mientras ponía una mano sobre el muslo de Xiao Zhan, intentando provocarlo.
—Les agradezco mucho sus intenciones, son muy amables, pero vengo con alguien, y ya tenemos planes.
—¡Hablas tan lindo el inglés! —exclamó.
Xiao Zhan se sintió más incómodo aún. No sabía cómo zafarse de esa situación sin tratarlas descortésmente.
—Chicas, lo siento, en verdad. Pero no… ¡Hey! —se sobresaltó al sentir cómo la mano que estaba en su muslo subió mucho más, rozando descaradamente partes que no debería de haber tocado.
La culpable soltó una risita.
—Ven a nuestra fiesta hoy en la noche —sugirió, sin apartar la mano de donde la tenía.
El rostro entero de Xiao Zhan se puso rojo, tanto por la vergüenza como por la indignación. ¿Cómo era posible que una chicha fuese capaz de hacer aquello? No le gustaba, para nada.
—Ya tengo planes —molesto, tomó esa mano descarada y la quitó de su pierna.
—Pero… —fue interrumpida.
—¿No entiendes tu propio idioma? Dijo que no —apareció detrás de Xiao Zhan, con una mirada fiera y la mandíbula apretada. Casi escupía fuego hacia ellas.
Las chicas lo miraron y sus ojos brillaron más.
—¡Tú también eres un chico muy guapo! —exclamó una de ellas.
—Yibo… —murmuró Xiao Zhan con completa incomodidad, pidiéndole auxilio con la mirada, pues nunca le había tocado lidiar con chicas tan atrevidas, y a pesar de ello se preocupaba mucho por no ser descortés con ellas.
El menor puso una mano en el hombro de Xiao Zhan y las miró, atravesándolas con sus ojos tan severos.
—¿Te están molestando, amor?
—¡¿"Amor"?! —exclamaron las dos chicas.
Xiao Zhan giró muy despacio su rostro hacia él, gritando internamente y mirándolo con los ojos casi desorbitados.
—¿Ustedes son pareja? —preguntó una de ellas.
—Sí ¿algún problema? —preguntó Yibo, mordaz.
—Ninguno.
—Lo sentimos —entendieron que lo mejor era abortar la misión, así que se pusieron de pie y se alejaron de ahí.
—Yibo… —dijo en apenas un susurro—. ¿Era necesario que hicieras todo eso?
El aludido se sentó junto a él.
—Funcionó —arrastró una sexy sonrisa de lado mientras se relamía los labios. Xiao Zhan se perdió en esa hermosa vista, hasta que notó que Yibo seguía hablando—. Nos siguen mirando —murmuró—. ¿Crees que debamos besarnos para hacerlo más creíble?
—¿Qué? —salió de su ensimismamiento.
Wang Yibo miró su expresión azorada y sus ojos muy abiertos antes de soltar una risita. Miró de reojo a las chicas que aún los observaban y puso manos a la obra. Rodeó a Xiao Zhan con un brazo por encima de sus hombros y lo atrajo hacia sí con una mano en su nuca.
El cuerpo entero de Xiao Zhan se tensó, cerró los ojos con fuerza, esperando sentir los labios de Yibo sobre los suyos. Ni siquiera le dio tiempo de negarse o de reclamarle, hasta que lo escuchó.
—Zhan Ge, abrázame —pidió en un susurro apenas perceptible, pero estaba tan cerca que Xiao Zhan lo escuchó con claridad, incluso sintió el aliento de él estampándose cálidamente contra sus labios.
Hizo caso y lo abrazó, simulando un beso entrañable.
Yibo soltó una risita traviesa que fue a chocar contra los labios de Zhan Zhan, éste lo miraba atentamente, cada centímetro de piel que tenía al alcance. Nunca había tenido el rostro de Yibo tan cerca (o al menos eso creía él).
—¿Se lo habrán creído? —preguntó Yibo aún muy cerca de él. Se separó y miró disimuladamente hacia su dirección. Ambas chicas estaban con la boca abierta y los ojos casi saliéndose de su lugar, se veían encantadas por lo que presenciaron.
Riendo, Yibo tomó la taza de chocolate que ya habían dejado en su mesa desde hace rato y le dio un sorbo, tratando de actuar natural después de lo ocurrido. Le preocupaba que Xiao Zhan estuviese tan serio. Más se angustió al ver que se llevaba una mano a los labios.
—Zhan Ge, no te besé.
—Lo sé.
—¿Te incomodé?
—No, no —seguía algo ido—. Lo que pasa es que… sentí un extraño déjà vu —seguía acariciando sus labios.
Yibo casi escupió el chocolate, comenzó a toser con fuerza.
—¿Qué? ¿A qué te refieres? —palideció.
—Nada —le sonrió—. Gracias por quitarme a esas chicas de encima.
—Cuando quieras —respondió luego de unos momentos.
Bebían de sus tazas tranquilamente hasta que un par de chicos llegó a su mesa.
—¡Hola! ¿Les molesta si nos sentamos con ustedes? El lugar está lleno.
Los aludidos miraron a su alrededor y comprobaron sus palabras.
—Seguro, adelante —aceptaron los dos.
—¿Es la primera vez que vienen? —preguntó uno de ellos, muy amigable al intentar sacarles conversación.
—Es mi primera vez —respondió Xiao Zhan con una linda sonrisa—. Él ya había venido antes —señaló a Yibo con un pulgar. Éste sólo asintió, pero no tardó en enfrascarse en una conversación con ese chico, pues ambos hablaban sobre la pista y diferentes tipos de tablas y técnicas. Xiao Zhan y el otro chico sólo bebían de sus tazas y los miraban.
Zhan Zhan estaba fascinado con la facilidad que tenía Yibo al hablar, su inglés era tan fluido que cualquiera imaginaría que lo hablaba desde bebé. Escuchó esa conversación, pero hubo ciertas cosas que no entendió del todo, sin duda el nivel de inglés de Yibo era mucho más avanzado.
—¿Ustedes son hermanos? —preguntó el chico, sacando a Xiao Zhan de sus pensamientos y haciéndolo reír.
—No —respondió Yibo.
—Se parecen demasiado.
—Claro que no —rio Xiao Zhan.
—Chicos, esta noche iremos a una fiesta, todo mundo irá ¿Quieren ir con nosotros?
—Tampoco conocemos a mucha gente, así que podríamos ir los cuatro y tratar de hacer más amigos —ofreció el chico que había estado callado hasta ahora.
Xiao Zhan y Wang Yibo se miraron mutuamente.
—Ya tenemos planes para esta noche, pero gracias.
—Bueno… ¿Al menos quieren ir de nuevo a la montaña? —preguntó con una sonrisa amigable—. Esquiemos juntos.
—Nos quedaremos aquí un poco más —respondió Yibo.
Finalmente los chicos se despidieron y ambos chinos se quedaron solos en la mesa, sorprendidos por cómo era la gente en ese lugar. Se sintieron un poco asfixiados a pesar de que no se trataba de fans alocadas.
Se quedaron ahí, bebiendo de su chocolate caliente durante un rato, hasta que decidieron ir a la montaña una vez más.
—Esta vez quiero intentar con esquís —pidió Xiao Zhan.
—¿Estás seguro?
—Completamente —sentía que le sería más fácil usarlos que la tabla. Y sorprendentemente así fue. Logró dominarlos con una facilidad increíble. Después de un par de horas de práctica, recorrió toda la pista junto con Yibo. Este iba en su tabla y Xiao Zhan lo alcanzaba rápidamente en sus esquís. Pero antes de que llegaran a la última curva, a Xiao Zhan se le salió el pie de uno de sus esquís, ocasionando una graciosa colisión en la ladera del camino. Fue el tronco de un frondoso pino el que evitó que siguiera rodando cuesta abajo.
—¡XIAO ZHAN! —gritó, espantado al verlo caer y rodar así, incluso había chocado con ese pino. Inmediatamente se deslizó hacia él, y aunque escuchaba sus carcajadas no dejaba de preocuparse—. ¿Estás bien? —se arrodilló a su lado y se quitó la tabla de los pies para poder revisarlo mejor. Palpó y revisó todo su cuerpo en busca de alguna fractura o lesión. Lanzó su casco y visor lejos, frustrado porque no lo dejaban ver bien.
—Tranquilo Yibo, estoy bien —aseguró, aún riendo—. Fue una caída muy estúpida.
Yibo lo tomó de los hombros y lo zarandeó.
—¡Me asustaste! —estaba pálido y muy agitado.
—Lo siento —dejó de reírse al ver lo espantado que seguía—. Lo siento —repitió, acunando su rostro entre sus manos envueltas por esos gruesos guantes.
—Oh Dios —suspiró y lo arrastró a un brusco abrazo.
—Tranquilo… estoy bien.
Yibo no sabía cómo explicarle la horrible sensación que paralizó su cuerpo al verlo caer. Sabía de muchos deportistas profesionales que habían muerto por un accidente de ese tipo. Temió lo peor.
—Xiao Zhan… si te pierdo… si te pierdo yo me muero —el temor se había apoderado de él. Tanto así, que el filtro para sus palabras desapareció.
—No me perderás, no me perderás —respondió con asombro al notar la seriedad del asunto. Lo abrazó con fuerza hasta que se tranquilizó.
Aún agitado, Yibo se separó del abrazo y lo revisó una vez más para asegurarse. Xiao Zhan seguía asombrado por la reacción de Yibo, no esperó ver eso en él.
—Está oscureciendo, será mejor que abandonemos la pista. Ven —se puso de pie y le extendió una mano a Xiao Zhan, éste la aceptó y se puso de pie, soltando un quejido al hacerlo.
—¿Qué te duele? —se espantó.
Xiao Zhan rio.
—El trasero, caí sobre él.
Yibo le dio una nalgada.
—Vámonos.
—¡Hey! —rio y lo alcanzó. Bajaron lo poco que les faltaba, entregaron el equipo y fueron a cenar juntos. Al terminar pidieron un taxi y llegaron a la cabaña después de un largo día de diversión y deporte.
—¡Estoy muerto! —exclamó Yibo al entrar a la cálida cabaña.
—Yo también —estiró su cuerpo, tanto, que Yibo pudo ver su vientre y esa línea de vellos debajo de su ombligo. El menor se rio por ello—. ¿Qué? —preguntó al ver que se reía de él.
—Nada —le sacó la lengua.
—Me duele todo el cuerpo.
—Usemos el jacuzzi.
Continuará…
Como podrán ver, Xiao Zhan sí tiene fuertes sentimientos hacia Yibo, comenzó a sentirlos hace mucho tiempo, pero los confirmó hace no tanto. Por eso no puede ni imaginarse estando con alguien más, pero… tampoco se ha imaginado cómo sería hacerlo con él. Los dos están algo verdes en este aspecto.
07/02/2020
