Capítulo 23: "Ge Ge, quiero un beso"

Antes del amanecer, Xiao Zhan abrió los ojos y se topó con el rostro dormido de Wang Yibo pegado al suyo. Si giraba su cabeza un par de centímetros, estaba seguro de que terminaría besando esos labios.

La tentación era tremenda.

¿Hacerlo o no hacerlo?

Decidió contenerse, no era justo si Yibo estaba dormido.

Suspirando suavemente, se levantó de la cama y vio la hora. No lo pensó dos veces antes de levantarse, estirar sus músculos y correr al baño.

Un poco más tarde, Yibo abrió los ojos y se desconcertó al no encontrar a su Ge Ge en la cama. En su lugar estaba Nut descansando plácidamente.

—Buenos días —le dijo a la gatita, acariciándole la cabeza. Ella le respondió dejándose acariciar y ronroneando un poco—. ¿Dónde está tu padre? —le preguntó con voz adormilada antes de tallarse los ojos y tirarse bocarriba en la cama. Él no podía levantarse de inmediato, tenía que permanecer unos momentos tumbado antes de finalmente dignarse a poner un pie fuera de la cama.

Al levantarse fue directo al baño y enseguida comenzó a buscar a Zhan Zhan, pues no escuchaba ningún ruido en todo el lugar. Por un momento se planteó la posibilidad de que se hubiese fastidiado de dormir junto a él. ¿Y si se había ido a dormir a su cuarto?

Yibo comenzó a preguntarse el motivo por el cual Zhan Zhan no estaba a su lado al despertar ¿Y si roncaba y no se había dado cuenta? ¡Qué vergüenza! Pero no, no podía ser eso, Wen Han y él habían compartido cama por un tiempo, también Seungyoun durmió mucho tiempo con él y nunca mencionó nada al respecto.

Se estaba rompiendo la cabeza pensando en algún motivo, hasta que se asomó con cuidado al cuarto de Xiao Zhan y no lo encontró ahí, ni si quiera había rastros de él.

¿A dónde se habría ido?

Lo encontró hasta que se le ocurrió asomarse a la terraza. Estaba recargado contra el barandal de madera, mirando al horizonte y dándole la espalda a él. Yibo lo miró de pies a cabeza. Estaba tan adorable con su gorro y esa chamarra larga que le llegaba por debajo de las rodillas, con un pants deportivo bastante holgado, calcetines diferentes y un par de cómodas pantuflas.

Xiao Zhan miraba hacia el barranco que había más allá de la terraza, la cual estaba prácticamente al aire, rodeada de montañas y con una vista espectacular hacia el norte, así que el sol estaba saliendo a su derecha, iluminándolo como si de una deidad celestial se tratase.

Absorto, Yibo lo miró por más de cinco minutos, ahí parado sin mover ni un músculo, hasta que se dio cuenta de lo tonto que se veía y decidió ir por una chamarra antes de salir a hacerle compañía.

Al escuchar el ruido de la puerta deslizable, Xiao Zhan giró un poco su rostro para verlo, fue ahí cuando le dedicó una preciosa sonrisa adornada con los rayos del sol matutino.

Dios mío… —pensó Yibo. Esa imagen, ese momento… quedaron profundamente grabados con fuego en su mente.

Xiao Zhan parecía un ángel.

—Hermoso —dijo en voz baja, pero lo dijo a fin de cuentas.

Xiao Zhan soltó una risita preciosa que lo hizo reaccionar.

—Sí, es hermoso, ven a ver —se volvió a apoyar en la baranda, viendo cómo el sol se asomaba cada vez más, tiñendo todo con sus rayos. Yibo se paró a su lado, hombro con hombro a pesar de todo el espacio que había.

—Todos los días vienes a ver el amanecer ¿Verdad?

El aludido asintió con una sonrisa. Tenía ese hábito, y cuando podía, lo hacía sin cansarse.

—Es mi momento preferido del día —vio a Yibo a la cara.

Sus rostros estaban bastante cerca, Yibo podía ver las perfectas imperfecciones del rostro de Xiao Zhan sin una pizca de maquillaje, su incipiente vello facial lo hacía ver más real, más… lindo. Los rayos de sol alcanzaron el bonito rostro de Xiao Zhan, iluminando sus ojos que ahora se veían castaños por la luz.

A Yibo le nacieron unas inmensas ganas de abrazarlo, de tocarlo, de sentir su cuerpo junto al suyo.

Y esta vez no se contuvo.

Lo abrazó por la cintura, de lado, apoyando el mentón sobre su hombro.

Verlo así, sentirlo cerca y compartir un momento íntimo como ese lo abrumaron con una cascada de emociones que no se detenía, su pecho estaba adolorido por tanto amor que se moría por dar. Así que tuvo que externarlo un poco por medio de ese abrazo.

Xiao Zhan no dijo nada, ni una broma, ni un reclamo, aceptó el abrazo y correspondió con un brazo alrededor de Yibo.

—Estás tibio —murmuró al sentirlo cerca.

—Tengo frío.

—Acércate más —lo pegó a su cuerpo. El corazón de Yibo casi se sale de su pecho—. ¿Quieres? —le mostró la taza de té que tenía en su otra mano.

Yibo ni lo pensó, tomó esa taza y le dio un sorbo.

—Para no perder la costumbre —sonrió, recordando viejos tiempos. Ambos rieron un poco y siguieron apreciando el paisaje tremendo que tenían ante ellos.

—No me quiero ir de aquí nunca —suspiró Xiao Zhan.

Tristemente ese hermoso viaje terminaría en unos días.

—Yo tampoco —admitió, seguía abrazándolo por la cintura, de lado, viendo hacia delante—. Zhan Ge, volvamos pronto. Tengamos unas vacaciones así cada cierto tiempo.

—¿Una vez al año?

—¡No! Al menos una vez cada tres meses.

—Eso es muy pronto —rio—. Tendríamos que hacer espacio en nuestras agendas.

—Bueno, una vez cada seis meses.

—Me parece bien —suspiró pesadamente y sonrió—. En serio no me quiero ir —repitió.

—Disfrutemos el tiempo que nos queda aquí ¿Qué quieres hacer hoy?

—Por lo pronto… muero de hambre, preparemos el desayuno —lo miró y no pudo aguantar la risa—. ¿Te viste al espejo?

Yibo se mortificó, no, no se había visto al espejo.

—¿Qué tengo? —se separó de inmediato de él y se palmeó la cara, preocupado por tener saliva seca en la comisura de los labios, lagañas o algún moco. Pero no tenía nada.

Xiao Zhan se rio con más ganas, acortó de nuevo la distancia entre ambos y le acarició el rostro con una mano, comenzó por tocar la mejilla, la apretó un poco y luego deslizó su mano abierta hacia arriba hasta resbalar sus dedos en el desordenado cabello de Yibo.

—¿Tengo algo raro? —seguía preocupado.

—Nada raro —su expresión se suavizó mucho, se acercó más a él y Yibo tragó tan fuerte que su manzana de Adán subió y bajo muy notoriamente—. Sólo te vez… diferente —sonrió.

—¿Mal? —en verdad le preocupaba.

—Nunca podrías verte mal —lo dijo tan serio, que Yibo no tuvo oportunidad de bromear al respecto, lo sintió tan sincero que sólo logró ruborizarse.

—Gra-gracias —tartamudeó como tonto. Xiao Zhan nuevamente sonrió y siguió acariciando su cabello. Parecía impotente, incómodo, pero Yibo no supo descifrar bien qué era.

Xiao Zhan no se animó a decirlo, pero se veía realmente tierno con su peinado matutino muy alocado, con marcas de almohada en su cara y sus ojitos adormilados. Era simplemente adorable.

—¿Qué quieres desayunar? —le extendió la taza de té a Yibo para que se la terminara él, y entró a la cabaña.

Yibo bebió lo que restaba del té, justo del lado que Xiao Zhan había bebido antes, logrando un beso indirecto. Sonrió por ello, tenía que conformarse con eso.

—Lo que tú quieras —lo siguió—. Me daré una ducha rápida —dejó la taza en la cocina y corrió al baño. Por alguna extraña razón no quería perder tiempo en esas cosas, quería estar junto a él todo lo posible.

Pero apenas entró al baño, se miró al espejo y…

—¡Xiao Zhan!

El aludido rio desde la cocina.

—¡¿Porqué no me dijiste que tenía rastros de saliva?! —salió del baño y lo encaró con vergüenza y diversión a la vez.

Xiao Zhan rio más fuerte.

—Porque te ves adorable.

—¡Claro que no! Esto es traición, si veo que tienes comida entre los dientes, no te diré nada.

—¡No seas así!

—Tú empezaste —se metió al baño y se miró una vez más al espejo.

Estaba horrible, él se veía horrible recién levantado. Nunca había sido una persona matutina. A diferencia de Xiao Zhan, quien se veía precioso durmiendo y al levantarse, ya lo había confirmado. Sin mencionar que era bastante madrugador. Ese día todavía ni amanecía y él ya se había preparado un té para salir a ver el amanecer.

Suspiro y se metió a bañar rápidamente.

Cuando salió pudo escuchar una preciosa voz cantando con mucho sentimiento. Inmediatamente la reconoció como la de Xiao Zhan. Estaba cantando mientras cocinaba.

Se acercó en completo silencio a la cocina y escuchó, deleitándose con la preciosidad de su voz. Ni siquiera necesitaba música para que se escuchara tan bien.

Esa canción Yibo la conocía gracias a Xiao Zhan. Sabía que era de su cantante favorita, Stefanie Sun, a la que más admiraba en el mundo. Se sabía todas sus canciones y era un fanboy increíble cuando se trataba de ella.

Sin que Xiao Zhan se diera cuenta, se sentó en la barra que separaba la cocina del resto y se deleitó con su canto. Apoyó los brazos cruzados sobre la barra y su cabeza sobre éstos. Cerró los ojos y disfrutó.

Xiao Zhan terminó de cantar mientras seguía muy concentrado en el desayuno.

—Wow… —murmuró Yibo, logrando que el otro pegara un brinco por el susto.

—¡¿Cuánto llevas ahí?!

—En serio espero ese autógrafo —dijo con sinceridad.

—Yibo… —no sabía si reír o molestarse por el susto.

—Cantas precioso.

Xiao Zhan suspiró y le sonrió.

—Gracias. ¿Tienes hambre?

—Hm…

—¡Ya quita esa cara!

—¿Cuál cara?

Esa cara de tonto enamorado —quiso decir, pero no se animó—. Sólo no me mires así.

Yibo entristeció un poco.

—¿Te molesta?

Xiao Zhan negó con la cabeza. Ese no era el problema. Lo que pasaba era que él tenía la misma cara al verlo, y le costaba cada vez más trabajo contenerse. Xiao Zhan se estaba convirtiendo en una bomba de tiempo.

Inquieto, sirvió un par de platos y se los dio a Yibo.

—Ten, llévalos a la mesa.

Yibo asintió, y cuando se giró para ir a la mesa, Xiao Zhan aprovechó y le dio una palmada en el trasero.

—¡Oye!

No se la pudo regresar porque tenía los platos en las manos. Se les estaba haciendo costumbre eso de las nalgadas, pero a ninguno parecía molestarle.

Se sentaron a desayunar tranquilamente, sin embargo, Xiao Zhan aprovechó para tocar cierto tema en particular.

—¿Tus padres no te han preguntado dónde estás? —inquirió con curiosidad, pues Yibo era bastante hermético cuando se trataba de su familia.

—Les avisé antes de venir.

—Ya veo… —quería preguntar más, pero Yibo no ayudaba nada—. ¿Ya hablaste con tu padre para que te enseñe a conducir? —le preguntó con una sonrisita.

—No, no creo hacerlo.

—Entonces nunca aprenderás.

—¿Me puedes enseñar tú? —lo miró a los ojos con seriedad, tras esos ojos fríos Xiao Zhan pudo sentir un poco de tristeza.

—Lo haría con gusto, pero tu padre quiere hacerlo.

—Seguramente ya lo olvidó.

—No creo que… —fue interrumpido.

—Mi relación con él no es muy buena —confesó al fin, miró a Xiao Zhan con un poco de tristeza—. Es casi un desconocido para mí.

—Yibo…

—No me malentiendas, lo respeto mucho, y le agradezco de todo corazón que siempre apoyara mi carrera sin importar qué, pero no nos llevamos muy bien. Sé que en el fondo él prefiere que me case, tenga hijos y continué con el negocio de la familia —suspiró y se encogió de hombros.

Xiao Zhan se quedó en silencio, así que Yibo también pasaba por ese tipo de presión.

—Vaya, te entiendo.

—Lo sé —le dedicó una linda sonrisa—. Me gusta que nos entendemos mutuamente en muchas cosas —su sonrisa ladina se expandió.

—Pero sí te voy a decir que deberías buscar una manera de llevar mejor tu relación con él —le aconsejó con sabiduría.

—Lo sé, lo intentaré, Ge Ge.

—Eres un buen Di Di.

Ambos se echaron a reír. Yibo jamás despreciaría un consejo de Xiao Zhan.

—Y es comprensible que tus padres quieran que te cases y formes una familia —suspiró—. Los míos se mueren porque lo haga ya. Afortunadamente tú aún eres joven y no pueden presionarte tanto.

—De todas formas lo hacen, y no sólo ellos.

—Todo mundo lo hace —suspiró más pesadamente que antes—. Es muy irritante.

—Lo sé.

—Tampoco es como que no quiera formar una familia, pero siento que es muy pronto —rio—. A veces se me olvida que ya estoy muy cerca de los treinta.

Una alarma se encendió dentro de Yibo.

—Aún estás muy joven, no te vayas a casar —hizo una mueca de desagrado muy chistosa, fue más graciosa aún porque tenía la boca llena de comida—. Espérate muchos años más.

Xiao Zhan rio.

—¿Qué? ¿Quieres que me case a los cincuenta?

—Podría ser.

—Tonto —siguió riendo—. Si quiero tener hijos no puedo espera tanto, no quiero parecer un abuelo para ellos.

Yibo frunció el ceño.

—¿En serio quieres tener hijos pronto?

—Pienso que a los treinta y seis sería una buena edad.

Yibo no respondió, siguió comiendo en silencio, pensativo.

Treinta y seis… —pensó con alarma, no faltaba tanto para eso.

—¿Y tú? ¿A qué edad te gustaría ser padre?

—A los treinta es una buena edad.

Xiao Zhan rio a lo grande, pero se detuvo al ver que el otro no bromeaba.

—¿Lo dices en serio?

—Por supuesto —no había titubeos.

—Vaya, ¿Y cómo te gustaría que fuese la madre de tus hijos?

—No importa mucho.

—¿Qué? —rio—. Claro que importa ¿qué te ocurre? —se burló. Luego pensó un poco en las edades de ambos y sonrió de oreja a oreja—. Entonces cuando yo esté teniendo a mis hijos, tú estarás en las mismas.

Yibo sonrió de lado, claro que sí.

—Pero aún falta tiempo para eso, así que… —se levantó de la mesa y se estiró perezosamente—… ¿Qué vamos a hacer hoy?

Xiao Zhan miró hacia el ventanal de la terraza, notando la ventisca que había.

—No hace muy buen clima.

—Tal parece que así estará todo el día —aseguró Yibo al ver el pronóstico del clima en su teléfono.

—¿Tarde de películas?

—Que así sea —sonrió, recogió la mesa y los dos fueron a tirarse a la sala.

Pusieron The Untamed, eligieron un capítulo al azar y pasaron horas viendo la televisión, hasta que llegaron al episodio en donde YanLi muere. Los dos miraban la escena en completo silencio, ya habían visto la serie completa varias veces, pero nunca podían evitar sentirse conmovidos por esas escenas tan tristes.

Yibo desvió la mirada hacia su Ge Ge, y entonces lo notó.

—Zhan Ge —murmuró bajito, éste de inmediato se limpió las lágrimas del rostro—. ¿Estás llorando? —se acercó a él.

—No, no, quítate —no quería que lo viera llorar.

—Eres tan sensible —sonrió de lado.

—Tonto —pensó que se burlaba, pero no era así. Lo confirmó cuando Yibo lo obligó a mirarlo. Tomó su rostro con una mano y la orilla de su manga larga con la otra.

Xiao Zhan se llenó de una infinita ternura cuando Wang Yibo comenzó a limpiarle las lágrimas suavemente con el puño de su camisa.

—Gracias —sonrió y acarició la mano que sostenía su rostro.

—En serio eres muy sensible.

—No siempre. Eso sólo que esa escena me partió el corazón. Esos tres hermanos no merecían terminar así, perdieron todo, y poco a poco se fueron perdiendo ellos hasta que sólo quedó Jiang Cheng.

Yibo también se sintió triste al pensarlo.

—Pero luego Wei Wuxian reencarnó y pudo solucionar las cosas con su hermano.

—Y con Lan Wangji —le sonrió. Yibo correspondió esa sonrisa y asintió—. Lo único que no pudo recuperar jamás, fue a su Shijie.

—Eso es triste.

—Lo sé —suspiró—. Aunque debo admitir que si Xuan Lu no hubiera interpretado el papel tan bien como lo hizo, no estaría llorando ahora mismo —rio entre lágrimas.

—La admiras mucho ¿Verdad?

—Es una excelente actriz —sonrió.

—¿Vas a buscarla de nuevo?

—¿Eh?

—Cuando bebimos me dijiste algunas cosas sobre ella.

—Oh… ¿Te dije que ella y yo…?

—Todo, me dijiste todo —casi masculló cada palabra.

Xiao Zhan se sonrojó hasta las orejas.

—¿Vas a buscarla de nuevo? —repitió—. Ya sabes, para tener sexo.

El aludido se llevó una mano a la boca, arrepentido de haber hablado de más. Ya lo recordaba, pero la lengua no se le habría soltado tanto si no fuera por el alcohol.

—¿Estás molesto conmigo? —preguntó con una expresión triste.

—Sí.

El corazoncito de Xiao Zhan se partió a la mitad.

—Pensé que éramos lo suficientemente cercanos como para que me platicaras incluso este tipo de cosas —se cruzó de brazos y lo miró con fijeza.

—¡Claro que lo somos! Es sólo que me daba un poco de vergüenza contártelo. Y Lu Lu me pidió que no dijera nada, era un secreto entre los dos.

—¿Te gusta? ¿Le gustas? —quería ver qué le respondía estando ahora sobrio.

Xiao Zhan rio.

—Claro que no —rio más—. Los dos nos queremos mucho, pero no como para tener una relación formal.

—Entiendo —se sintió aliviado, sin embargo aún podía sentir un poco de celos.

—Y sobre tu pregunta inicial… no, no podía buscarla de nuevo para eso.

—¿Ahora no? —alzó una ceja, esperando que le dijera más, que le explicara el porqué.

—Ya no.

—¿Por qué?

—No podría hacerlo —le dedicó una mirada muy significativa.

—¿Hay alguien importante en tu vida ahora?

—La hay —respondió de inmediato.

—¿Quién? —no sabía si estar feliz o no.

—Te lo diré después, primero tengo que asegurarme de que el sentimiento sea recíproco.

—¿Cómo lo harás?

Xiao Zhan suspiró, trémulo, y con una sonrisa nerviosa.

—No tengo idea, pero con el simple hecho de pensarlo… siento escalofríos.

—¿Tan malo es?

—¡No! A decir verdad… nunca me había sentido de esta forma con alguien más, pero tengo algo de miedo.

—¿Por qué? —lo único que podía hacer era insistir con más preguntas—. ¿Miedo al rechazo?

—Miedo al peligro.

Yibo no entendía mucho.

—Si me confieso a esa persona… correría mucho riesgo por el simple hecho de ser la persona elegida por mí. No quiero que sufra, no quiero que le hagan daño por mi culpa, no me lo perdonaría jamás. Es lo único que me detiene, por eso no… por eso no he dado el siguiente paso.

—Oh vamos, dime quién es.

—No puedo aún. Pero cuando pueda, serás el primero en enterarte —rio—. ¿Estás de acuerdo?

—Bien.

—¿Y qué hay de ti? —inquirió con una sonrisa pícara—. ¿Alguna novia de la que no me hayas platicado?

—He salido con chicas, ya te lo había dicho, pero nada importante.

—¿No te has enamorado?

—Sí.

—¿Y qué pasó?

—Aún no le digo lo que siento.

—¿Miedo al peligro?

—Miedo al peligro —confirmó. Ambos suspiraron y se recargaron en el sillón mirando al techo. La vida era muy complicada a veces—. Zhan Zhan —dijo después de un rato—. La chica que te gusta… ¿Sabe cocinar? —recordó que era una de las cualidades que Xiao Zhan pedía en su chica soñada.

Yibo jamás esperó que su Ge Ge soltara una gran carcajada al escucharlo preguntar eso.

—¿Por qué te causa tanta gracia?

—No, no sabe cocinar —se limpió una lagrimita provocada por su risa.

—Debería —frunció el ceño. Su Ge Ge se merecía lo mejor, aún si no era con él, quería que fuese feliz y que tuviera lo mejor de lo mejor. No podía imaginarse a Xiao Zhan casado con alguien que no supiera cocinar.

Luego recordó que él tampoco sabía hacerlo, y se mortificó.

—Zhan Ge.

—¿Mh?

—¿Me enseñas a cocinar?

El aludido giró su rostro bruscamente para verlo a la cara, asombrado.

—Seguro —sonrió de lado con una felicidad difícil de contener.

Los siguientes días a ese fueron bastante placenteros para ambos, descansaron todo lo que no habían podido descansar en meses, se disfrutaron el uno al otro y holgazanearon a sus anchas.

Wang Yibo se sorprendió al conocer en esos días a un Xiao Zhan mucho más relajado, cómodo y feliz. Había hecho a un lado la elegancia, la ropa cara, el glamour, todo para ser simplemente él mismo. Yibo se enamoró más de él.

Habían pasado varios días de pereza en los que ninguno se afeitó, se limitaban a bañarse, comer, salir a caminar, volvieron a ir a la montaña a esquiar, pero sin preocuparse tanto por cómo se veían. Eran ellos mismos.

Fue así que Xiao Zhan confirmó una vez más que Yibo era bastante lampiño, pues luego de tanto sin afeitarse, muy apenas comenzaba a brotarle el vello facial. En cambio él… al segundo día sin afeitar ya se sentía bastante extraño.

—Tú eres muy peludo —se burló Yibo.

—¡¿Qué?! —se hizo el ofendido—. Soy un hombre maduro, eso es muy diferente —dijo en tono de broma, pero sin dejar de ser dramático con tal de pelear.

—Sólo tienes 28 —rio.

Xiao Zhan le sacó la lengua.

—¡Wow! Con ese gesto te acabas de restar 20 años —se burló.

—Yibo Ge Ge tendrá que cuidar bien de mí.

Los colores se subieron gravemente al rostro del menor. Recordó sus animes favoritos y cómo las chicas les decían eso a sus chicos antes de entregarse a ellos por primera vez.

—¿Dije algo malo? ¡Hey! —lo golpeó para que reaccionara.

—Nada, nada —se cubrió el rostro enrojecido.

—¿Qué quieres comer hoy? —preguntó, cambiando el tema por su bien.

Yibo lo miró por largo rato.

—¿Y bien?

Yibo salió de sus pensamientos y respondió:

—Lo que sea está bien —el pobre estaba aún algo consternado.

Esa era la última noche de ambos ahí, así que Xiao Zhan tenía algo mente: quería ver a Yibo ebrio, pero éste se dio cuenta de su propósito al ver que Xiao Zhan le ofrecía vino en cada oportunidad que tenía. Sin embargo, no le rechazó ni una copa, bebió, bebió y bebió hasta que el mayor quedó espantado con su buena resistencia al alcohol.

Xiao Zhan se dio por vencido, ajeno a que el mismo Yibo estaba cuidando sus límites, pues sabía que nada bueno ocurriría si se embriagaba, podría decir cosas que no debía. Así que terminaron de cenar y fueron a reposar la comida en la sala.

—¡Hey! —Xiao Zhan lo tomó de la cintura al ver que chocaba con un mueble. Yibo se soltó a reír como tonto—. Tal parece que tu resistencia sí tiene un límite.

En realidad… Yibo estaba muy cuerdo, pero se había mareado un poco, bien podría seguir tomando y pasaría mucho tiempo antes de que estuviera realmente borracho.

Pero entonces tuvo una idea.

—Zhan Ge, estoy ebrio —mintió, arrastrando cada palabra. Vaya que era buen actor, pues el otro le creyó.

—Oh… ven, será mejor que te sientes —lo tomó con cariño del brazo y lo llevó hasta el sillón. Yibo sonrió internamente.

—Zhan Zhan, siéntate conmigo —palmeó sus piernas.

—¿Quieres que me siente sobre ti? —rio. Su risa aumentó cuando Yibo asintió con seriedad—. No. Te aplastaría.

—No lo harás ¡Ven!

Xiao Zhan hizo caso y se sentó, pero no sobre sus piernas, eso puso de mal humor al menor.

—Zhan Ge ¿por qué querías embriagarme?

—¿Qué? —rio con nerviosismo—. Yo no quería hacer eso ¡Por supuesto que no!

—Mentiroso —recargó la cabeza sobre su hombro y subió las piernas al regazo de Xiao Zhan, éste de inmediato lo rodeó con los brazos, casi como si cargara a un bebé.

La verdad era que sí, ese había sido su plan inicial, pero no pudo llevarlo a cabo por completo. Quería embriagarlo para hacerle ciertas preguntas directas, pero decidió que no sería así como obtendría respuestas de él.

—¿Querías embriagarme para vengarte? —preguntó, casi acertando—. ¡Responde! —lo zarandeó, molesto.

Xiao Zhan soltó una risita y lo miró a los ojos. Vaya, sí se veía enojado.

—Tenías razón, eres muy gruñón estando borracho.

—¡No soy gruñón! —soltó una patada al aire.

No estaba siendo gruñón, estaba siendo un muy buen actor en ese momento.

—Gruñón y adorable —acomodó un mechón rebelde de cabello tras su oreja. Ese gesto tomó por sorpresa a Wang Yibo—. Pero no voy a hacer nada malo contigo. Deberías dormir.

¿Por qué eres tan adorable? —se preguntaba Yibo internamente—. No quiero dormir.

—Vamos a dormir juntos.

—Sí —sonrió de lado, sin soltarse de él, estaba siendo demasiado pegajoso—. Zhan Ge —canturreó—. ¿Te gusta dormir conmigo?

—Sí —le pellizcó una mejilla.

—¿Qué más te gusta de mí?

Xiao Zhan se puso nervioso.

—Todo —aseguró.

—¡Dime!

—Te digo que todo —posó una mano sobre su pierna y la acarició con cariño, luego suspiró con tristeza—. Yibo.

—¿Mh? —alzó el rostro para verlo mejor. Se puso nervioso cuando Xiao Zhan se acercó bastante a él. Cerró los ojos y enseguida sintió un dulce beso en su frente despejada.

—Me gusta todo de ti.

El rostro entero de Yibo se puso rojo, tanto que Xiao Zhan se preocupó.

—Estás ardiendo —tocó su frente, luego rio—. ¿Te avergonzaste?

—Dame un beso.

Fue el turno de Xiao Zhan para sonrojarse hasta las orejas.

—¡¿Qué?! —se escandalizó, porque sí, llevaba mucho tiempo deseando darle un beso… pero un beso en los labios.

—Quiero un beso —exigió con seriedad.

Xiao Zhan cedió. Se inclinó sobre él y besó su mejilla, fue un beso largo y cálido, Yibo pudo sentir los perfectos labios de él sobre su piel.

—No te ves conforme —murmuró el mayor al separarse y ver un tierno puchero en él.

—No quería un beso en la mejilla.

—¿En dónde quieres que te bese?

La imaginación de Yibo se echó a volar, había tantas posibilidades. Podía aprovecharse de la situación y hacerle una broma pesada, podría también ser sincero y pedirle un beso en los labios, o podía…

—Bésame… —lo pensó unos segundos—… donde tú quieras.

Ante la expresión asombrada y acalorada de Xiao Zhan, Yibo puso una mano en su nuca y lo jaló hasta acercarlo a su rostro ¡Iba a besarlo en la boca! ¡Y Xiao Zhan se lo estaba permitiendo!

Estaban sólo a milímetros de unirse, sus corazones estaban desbocados y sus cuerpos temblaban de emoción. Yibo cerró los ojos y se dejó llevar, quería sentir un beso de él, pero éste fue a dar a su mejilla una vez más.

—Bo Di —murmuró muy bajito—. Estás muy borracho —le acarició el rostro con infinito cariño. Yibo abrió los ojos y notó el rostro sonriente de Xiao Zhan aún muy cerca del suyo.

—Pero sigo queriendo un beso.

—Ya te di varios besos.

—No donde yo quiero.

El tono de Yibo era serio, molesto, incluso un poco encaprichado.

Xiao Zhan soltó una risita divertida.

—Si estuviera sobrio no dirías estas cosas. Tú no quieres que yo te bese, eso guárdalo para alguien especial.

Yibo se enojó más.

—¡Tú eres especial! ¡Quiero que seas tú! —lo volvió a tomar de la nuca e intentó atraerlo de nuevo a sus labios, pero no pudo.

—Yibo —suspiró—. Eres adorable —acarició su cabello.

—No me digas eso, no es eso lo que quiero.

—¿Qué quieres?

—¿Tengo que repetirlo? ¡Quiero un beso!

Xiao Zhan no sabía ya cómo tomar eso.

—Soy un chico.

—¿Y qué?

—Tú también lo eres.

—¿¡Y qué!?

—No somos homosexuales.

Yibo rio.

—Claro que no lo somos.

Sí, lo sabía porque a él no le gustaban los hombres, le gustaba sólo Xiao Zhan. Si él no existiera, quizás sí buscaría a una mujer.

—¿Por qué quieres un beso? —preguntó con seriedad.

—Yo… —de nuevo, no podía decir la verdad—… sólo curiosidad.

Xiao Zhan iba a preguntarle si no había besado a nadie más, pero recordó que en muchas películas lo hacía con las chicas, además de que ya había tenido novias. Era un hecho que sabía besar.

—Xiao Zhan… sólo quiero un beso —casi suplicó.

La verdad era que Xiao Zhan llevaba mucho soñando con un beso de él, y ahora estaba ahí, sentado sobre su regazo, pidiéndole que lo hiciera. Era muy difícil para él contenerse. Se moría por hacerlo, pero el pobre estaba ebrio ¿Y si no era lo que realmente quería? ¿Y si era el alcohol lo que hablaba por él?

Salió de sus pensamientos cuando sintió las manos grandes de Yibo tomándolo de las mejillas, lo miró, éste lo observaba con penetrante mirada, exigiendo que le diera lo que pedía.

—¿Sólo curiosidad?

—Sólo curiosidad —respondió en el mismo tono de ebriedad que venía fingiendo desde hace rato—. ¿Lo hará? ¿En serio lo hará? Espero que sí —pensó. Se estaba arriesgando a que se lo quitara de encima a patadas, pero a juzgar por la manera en que él había correspondido al beso que le dio en los labios la última vez, sabía que por lo menos una pequeña parte de Xiao Zhan sí quería hacerlo.

Xiao Zhan se rascó la nuca con nerviosismo, desvió la mirada unos segundos antes de volver a los ojos fieros de Yibo. Volvió a desviar la mirada, más nervioso aún, y completamente sonrojado.

—Xiao Zhan —habló con severidad a pesar de que por dentro reía y se retorcía por los nervios—. ¿Lo harás?

—Ya cállate.

Oh no… me pasé —pensó con angustia al ver que Xiao Zhan se lo quitaba de encima y se ponía de pie.

Yibo hizo lo mismo, pero se quedó parado frente al sillón, viendo cómo él caminaba de un lado a otro, ansioso y agitado.

Lo mejor sería retractarse, decirle que estaba sobrio y que todo había sido una broma de mal gusto. Sí, sería lo mejor. Caminó hacia él, el pobre seguía moviéndose como león enjaulado, eso sólo angustió más a Yibo.

—Zhan… —antes de que pudiera siquiera terminar, el mayor dio un gran paso hacia él y lo abrazó con posesión. Lo tomó de la cintura para aprisionarlo con un brazo antes de buscar sus labios y besarlo con fuerza y fiereza, con pasión, dejándolo literalmente con la boca abierta.

Estupefacto, Wang Yibo no supo cómo reaccionar cuando sintió algo más que los labios de Xiao Zhan en ese beso.

¡Era tan distinto al beso que compartieron aquella noche! Muy diferente a aquel dulce beso con sabor a vino que compartieron en la cama. Este beso le quemaba los labios, le robaba el aliento dejándolo completamente asombrado, sonrojado y agitado.

Soltó un leve quejido al final del beso. Había sido su imaginación ¿O lo había mordido?

Sus labios se separaron, pero Xiao Zhan juntó su frente con la de él. Yibo soltó un pequeño jadeo, aún no podía creer lo que estaba sucediendo. Abrió y cerró los ojos repetidas veces, asegurándose de que en verdad no estaba ebrio y no había imaginado todo aquello.

Entonces se separó de él y lo miró. Xiao Zhan le sonreía de una forma… no sabía cómo describir esa sonrisa, nunca se la había visto antes, pero era tan… sexy. Se veía completamente atractivo, sin una pizca de vergüenza hasta que distinguió el sonrojo en sus pómulos.

—Querías un beso. Espero haber saciado tu curiosidad —soltó lentamente su cintura, pero al hacerlo, las piernas de Yibo se volvieron gelatina y casi termina cayendo sobre su trasero de no ser por los brazos de Xiao Zhan que lo atraparon a tiempo y lo ayudaron a sentarse en el sillón—. ¡Hey! ¿Qué pasa?

Sí, Yibo quería un beso. Pero eso había sido… tan sensual. Bajó la mirada a sus pantalones y…

Oh Dios —se avergonzó tanto que tomó el primer cojín que tuvo al alcance y lo puso sobre su regazo.

—Yibo —se angustió y se sentó a su lado—. ¿Estás bien?

—Sí… —hizo contacto visual con Xiao Zhan y eso bastó para que sus mejillas se tornaran rosadas de nuevo.

—Oh no… no debí hacerlo ¿Verdad? —se preocupó más al ver que no dejaba de acariciarse los labios—. ¿Me sobrepasé un poco?

¡Ja! ¡Fue un beso con lengua y mordida al final! ¿Y todavía le preguntaba si se había pasado?

Yibo no pudo responder, lo golpeó en el brazo con el puño y finalmente habló:

—Tú… estuviste bien, muy bien —seguía asombrado, jamás pensó que una persona tan adorable, inocente y tierna como Xiao Zhan pudiera dejarlo a ÉL con la boca abierta y las piernas hechas gelatina. Nunca le había sucedido eso, con nadie más en su vida.

—¿En serio? —se avergonzó un poco. No se atrevió a decirle que eso era algo que quería hacer desde hace mucho. Quería decirle que si ese beso fue así de bueno era porque en sus sueños ya lo había besado un millón de beses.

—Muy bueno —lo miró de reojo, aún avergonzado y cubriendo su regazo—. Zhan Zhan.

—¿Si?

—¿Me puedo acostar en tus piernas un rato? Me duele la cabeza.

—Oh… sí, claro que sí — se acomodó para que Yibo pudiera recostar su cabeza sobre sus muslos. Notó cómo éste soltó un suspiro lleno de satisfacción al hacerlo.

Yibo estaba por pedirle algo, pero el otro se le adelantó. Xiao Zhan puso una mano sobre el costado de su Bo Di y la otra la usó para masajear suavemente su cuero cabelludo.

—Gracias —suspiró de nuevo, su pulso aún no se tranquilizaba, su cabeza le dolía por la impresión ¿Tanto le hacía sentir Xiao Zhan cuando lo besaba? Tal parecía que sí—. Ge Ge —murmuró de pronto—. ¿Estás temblando? —preguntó al sentir cómo se estremecía.

—Cállate —murmuró antes de soltar una risita sin dejar de masajear su cabeza.

Sí, Xiao Zhan temblaba por la emoción de al fin haberlo besado, pero sentía algo extraño. De nuevo ese raro déjà vu volvió a su mente. Eso, más la emoción del momento le había causado un temblor tremendo en todo su cuerpo.

Cuando caminaba como león enjaulado no dejaba de pensar en las posibilidades y en los probables escenarios a futuro. Él era el mayor, quien debía poner el ejemplo y no actuar impulsivamente, pero al final no pudo evitarlo. Su amor y sus ganas de besarlo superaron cualquier obstáculo. Y ahora ahí estaba, temblando por un beso.

No pasó mucho antes de que Yibo terminara profundamente dormido. Xiao Zhan se dio cuenta de que era una buena manera de hacerlo dormir: masajeando su cuero cabelludo.

Xiao Zhan se quedó ahí, en silencio con Yibo dormido sobre su regazo, pensando en mil cosas.

¿Qué demonios estoy haciendo? —se preguntó a sí mismo mientras miraba al joven sobre él.

Sólo de algo estaba seguro: no se arrepentía de nada.

Cuando sus piernas comenzaron a adormecerse por el peso de Yibo, decidió que era hora de ir a dormir. Mañana sería el último día que pasarían en ese maravilloso lugar.

Suspiró.

Si por él fuera, pasaría ahí el resto de su vida, siempre y cuando Yibo estuviera con él. Se había acostumbrado tanto a la presencia de él en su día a día, que le sería muy difícil volver a su hogar y retomar su rutina.

En verdad no quería que esas vacaciones terminaran.

Suspirando, se levantó con cuidado del sillón, notando que Yibo tenía un sueño tan pesado como roca. Lo tomó en sus brazos e hizo su mayor esfuerzo por no terminar soltándolo a medio camino, pues sí pesaba un poquito.

Ambos ya estaban sólo en pijamas, así que lo acostó en la cama y se metió junto a él. Por primera vez se atrevió a acostarse con él en una tierna y verdadera pose de cucharas, siendo él la cuchara mayor. Enterró su rostro en el cuello suave de él y cayó rendido al sueño.

A la mañana siguiente Xiao Zhan se despertó con un peso extra encima. Abrió los ojos y se topó a Yibo durmiendo totalmente sobre él, bocabajo y con la cabeza sobre su pecho.

Feliz, Xiao Zhan lo abrazó y luego se estiró perezosamente. ¡Lo que daría por despertar así todos los días!

Alzó un poco su cabeza y casi se ahogó al contener su risa por ver a Nut durmiendo sobre el trasero de Yibo. Estaba echa bolita sobre él.

Muy a su pesar, tuvo que zafarse de esa cómoda posición para salir de la cama e ir al baño. Cuando regresó, vio que Yibo permanecía acostado bocabajo con Nut nuevamente sobre su trasero. Aguantó sus ganas de reír y los arropó con cariño.

Se puso una chamarra y salió por última vez a apreciar el hermoso amanecer de Aspen. Extrañaría mucho hacer eso.

Sacó su móvil y tomó un video de lo que lo rodeaba, del trinar de las aves y el sonido del viento. Cuando terminó, echó un vistazo a su galería. Se perdió unos momentos viendo todo lo que tenía guardado, había infinidad de fotos y videos de Yibo, todos tomados en esas vacaciones, y muchos de ellos sin que el otro se diera cuenta. Lo había grabado a escondidas mientras improvisaba una coreografía en la sala, también cuando intentaba cocinar y se frustraba al ver que nada le salía. Tenía fotos de él antes de despertar y después de despertar. Su repertorio era amplio y tan variado que cualquier fan daría lo que fuera por tenerlo.

Riendo ante esos pensamientos, bebió de la taza de té que se había preparado con anterioridad. Se sentía tan pleno que incluso los problemas legales que le esperaban pasaban a segundo plano.

De pronto un mensaje entró a su teléfono. Era Xuan Lu, preguntándole cómo se encontraba.

Xiao Zhan sonrió con calidez ante el mensaje. No lo pensó dos veces antes de escribir aquello por primera vez.

—Hola Lu Lu. Tengo algo importante que decirte.

—¡Dime! ¿Es sobre tus vacaciones? No me has dicho dónde estás ni cuándo volverás.

—Es secreto —le escribió, junto con un emoji guiñando el ojo—. Pero hoy en la noche regreso a casa.

—Bueno, después me platicarás. Pero dime ¿Qué es eso importante que debes decirme?

—Lo encontré.

—¿Qué cosa?

—He encontrado al amor de mi vida.

—Oh…

Esa era la clave, la condición que habían puesto los dos desde la primera vez que se enredaron uno con otro. Habían quedado en que, si encontraban a esa persona especial se lo harían saber, poniéndoles así un fin definitivo a sus encuentros.

—Me sorprende, pero estoy muy feliz por ti, Zhan Zhan.

Él esbozó una linda sonrisa.

—Espero pronto saber quién es la afortunada.

—Luego sabrás, por lo pronto tengo que irme. ¿Charlamos luego?

—¡Adiós, cuídate mucho!

Xiao Zhan bloqueó su celular y le dio otro sorbo a su té antes de mirar una vez más el paisaje a su alrededor, se recargó en la baranda de madera con los brazos cruzados y respiró el aire puro antes de sentir unas pequeñas patitas apoyadas contra su espalda.

Se giró sobre sus talones y… su paraíso se completó.

Yibo estaba envuelto en una cobija mientras cargaba a Nut en sus brazos, la había puesto contra su espalda, eso explicaba lo que sintió. El pobre de Yibo traía una carita de sueño tan marcada que apenas podía abrir sus ojos. Y su cabello… ¡Ni se diga! Era un completo desastre que fue cubierto de inmediato por el gorro que Xiao Zhan se quitó y se lo puso a él.

—Buenos días —lo saludó con una sonrisa, examinando cada rincón de su rostro en busca de alguna señal de enojo por lo sucedido en la noche.

—Buenos días —apoyó su cabeza contra su pecho y bostezó con fuerza. Nut se removió y maulló al sentirse aplastada entre los cuerpos de ambos—. Uhm… lo siento, Nut —se apartó de Xiao Zhan y la acarició.

—¿Cómo amaneciste?

—Me duele la cabeza.

—¿Resaca?

—Mhn… —le quitó la taza y se acabó su té—. Necesito algo más fuerte.

Xiao Zhan rio.

—Iré a prepararte algo de café.

—No, está bien —lo detuvo tomándolo de la mano—. Veamos el amanecer juntos —pidió suavemente.

Xiao Zhan regresó sobre sus pasos y lo envolvió con sus brazos desde atrás para darle calor. Así los dos se quedaron largo rato mirando el paisaje ante sus ojos.

Continuará…

¿Me van a matar? Espero que no. Hasta ahorita es el capítulo más largo de todos. Espero que haya sido de su agrado y que esta extraña forma de sobrellevar las situaciones no les parezca extraño. La verdad es que no quería escribir una historia en la que pasan un tiempo de cortejo, luego se confiesan, son felices y luego tienen problemas. Es decir, sí, me encantan ese tipo de historias, pero quería algo más… real para ellos. Una relación entre ambos no sería nada fácil, menos aún considerando que ninguno ha tenido una relación con alguien del mismo sexo antes.

No sé ustedes, pero la verdad yo estoy disfrutando bastante al escribir y leer esto, porque me encanta imaginar que algo así ocurre en la vida real.

Por cierto, ¿Si entendieron por qué Yibo dice que no importa cómo sea la madre de sus hijos? Pues porque si sólo va a alquilar su vientre no hay necesidad de ver cómo es esa persona. Sólo importa ver sus antecedentes clínicos y asegurarse de que no padezca ninguna enfermedad que pueda afectar al bebé. Por eso a Yibo no le importa tanto ese aspecto. Desde aquí está decidido a que logrará estar con su Xiao Zhan de alguna u otra forma. ¿Es la ingenuidad de la juventud? Quién sabe.

Gracias por todo su apoyo! Me encanta leerlas en el grupo de fb! Me hacen el día, todos los días! Jajaja las amo!

09/02/2020

Pd: había pensado hacer dos actualizaciones hoy, pero decidí unir ambos capítulos.