Capítulo 27: "Pastelito"

Había empezado a quedarse dormido. Estar sobre el cálido pecho desnudo de Xiao Zhan, escuchando el ritmo tranquilo de su corazón y sintiendo sus caricias lo hicieron cerrar los ojos poco a poco, hasta sumirlo en un profundo sueño que no duró mucho.

—Yibo —le habló con cariño, acariciando desde su hombro hasta su codo—. Bo Di.

—¿Mhn? —frunció el ceño y restregó su cara contra la piel desnuda de Xiao Zhan, fue ahí cuando abrió los ojos con algo de espanto. Sintió el cuerpo desnudo a su lado y se exaltó. Entonces recordó dónde estaba y se tranquilizó.

—¿Olvidaste que estabas aquí? —preguntó en un tono divertido y suave.

Yibo asintió levemente con la cabeza antes de volver a acurrucarse sobre él, buscando su calor. Xiao Zhan se enterneció al sentir las manos tímidas de él deslizándose por su piel, aún un poco cohibido. Así que le respondió con un fuerte abrazo.

—Ya es media noche, tienes que irte.

—No quiero.

—Perderás tu vuelo.

—Tomaré otro.

—Yibo…

—Mhn… —se quejó, haciendo una pequeña rabieta.

Y como si los hubiese escuchado, Wen Pei llamó a Yibo a su teléfono, este vio quién era y casi lo lanza a lo lejos. No quería irse de ahí.

Sin embargo, contestó.

—Estoy esperándote afuera. No tardes porque ya debemos estar en el aeropuerto —la voz de su manager se escuchó fuerte y clara.

—El avión sale a las tres de la mañana.

—¿Estabas dormido? —preguntó al percibir su tono adormilado.

—Mmh… no.

—Mentiroso, ya sal de ahí. Y salúdame a Xiao Zhan.

Yibo respondió con un gruñido antes de colgar. Xiao Zhan había escuchado todo, pues estaba a unos centímetros de él.

—Debes irte —suspiró y se incorporó hasta quedar sentado en el colchón. Las sábanas que lo cubrían terminaron en su regazo. Yibo seguía acostado, mirando cada centímetro de piel expuesta que tenía en frente. Se le hizo agua la boca, quería probar esa piel una vez más, sólo un poquito más.

—Cinco minutos —se abalanzó sobre él hasta atraparlo debajo de su cuerpo. Lo único que separaba sus pieles era una delgada sábana de algodón que Wang Yibo jaló hasta deshacerse de ella. Asaltó los labios ya hinchados de Xiao Zhan y escuchó cómo este gemía placenteramente al sentir cómo se frotaba una vez más contra él.

Yibo aprendía rápido, y a pesar de que aún era principiante, logró causarle mucho placer a su amado con sólo ese movimiento de sus caderas.

Sin embargo, llegó el momento en el que eso no era suficiente, querían sentir algo más, querían estar más unidos.

—Zhan Ge —suspiró al separarse del beso—. Zhan Ge, hagámoslo completo.

—¿Qué? Yibo, no… —fue interrumpido por un beso de lengua que inició un fuego que sería difícil de apagar.

—Por favor.

—Está bien —él también se moría por hacerlo completo—. Pero no ahora, no estamos listos.

Tenía toda la razón.

—La próxima vez que nos veamos será así.

Yibo lo miró, sabía que su Ge Ge era honesto.

—Bien —aceptó.

Pero eso no significaba que se iba a quedar con las ganas, no señor. Xiao Zhan supo interpretar eso, así que se quitó a Yibo de encima y se recostó a su lado, llevó una mano al miembro de su amado y comenzó a estimularlo.

—Xiao Zhan —jadeó suavemente, era demasiado bueno con sus manos. Quiso regresarle el mismo placer, pero simplemente no pudo, su mente estaba cegada en esos momentos ante esas manos tan hábiles.

—¿Está bien así?

Yibo cerró sus ojos y frunció el ceño profundamente.

—Sí… ah, sí.

Cuando volvió a abrir los ojos, pudo ver que Xiao Zhan se masturba a sí mismo mientras también lo estimulaba a él. Esa escena aumentó su excitación lo suficiente para que un arrebato se apoderara de él y empujara a Xiao Zhan contra el colchón, echó su cuerpo entero sobre él y lo miró muy de cerca, ambos con la respiración agitada.

Estudiaban cada centímetro de sus rostros, memorizado sus expresiones, aprendiendo qué les gustaba y qué no.

Yibo extendió su mano y acarició el bonito rostro de su Ge Ge, lo amaba, lo amaba tanto que dolía. Y tenerlo así, debajo de él, en esas circunstancias… cielos, se sentía la persona más afortunada del mundo.

—Oye —murmuró quedito, Zhan Zhan pudo sentir el cálido aliento de Yibo tocar su piel.

—¿Mhn? —inquirió mientras acariciaba sus brazos y luego su espalda.

—Te amo —no podía dejar de decírselo.

Una preciosa sonrisa marca "Xiao Zhan" se expandió en todo su rostro. Esa calidez, ese brillo, todo eso Yibo quería grabarlo con fuego en su memoria y corazón.

—Yo también te amo —soltó en un suspiro cargado de amor mientras le apretaba ambas mejillas.

Yibo lo miró fijamente unos momentos más antes de besarlo de nuevo. Sus labios ya estaban rojos e hinchados, pero eso no fue impedimento para que se comieran a besos una vez más.

Xiao Zhan se deleitó acariciando esa fuerte y amplia espalda. Deslizó sus manos hasta llegar a su angosta cintura, sintió cada músculo y disfrutó de la suavidad de esa piel hasta que sus manos se toparon con dos bultos muy bien formados. No lo pensó dos veces antes de apretarlos con firmeza, arrancándole un gemido en medio del beso por ello.

Se entretuvo un rato con sus glúteos y terminó bajando a sus muslos, esas piernas bien trabajadas y ágiles. Las apretó y las jaló hacia él para pegar sus caderas. Yibo gimió de nuevo.

—Tenemos que ser rápidos —le recordó Xiao Zhan. Yibo sólo frunció el ceño y aceptó. Tenían el tiempo encima, pero no se querían ir así.

Para sorpresa del mayor, Yibo comenzó a restregarse contra él de forma ondulatoria, meneando sus caderas hacia adelante y hacia atrás. La fricción los volvía locos, y el hecho de saberse desnudos en los brazos del otro ayudaba bastante. Xiao Zhan escondió su rostro en el cuello de Yibo y dejó besos y mordidas húmedas en toda su extensión, cuidando que no quedara ninguna marca.

Motivado por eso, Yibo aumentó el ritmo de sus caderas, imaginando por un momento que no sólo se frotaba contra él, sino que entraba y salía de su cuerpo.

Xiao Zhan abrió sus piernas y las enredó en la cintura de Yibo. Eso fue la locura para el menor, quien, extasiado, mordió y succionó el cuello de su Ge Ge sin ningún cuidado. Sus cuerpos estaban sudorosos, su cabello era un desorden total, y sus corazones no dejaban de latir desenfrenadamente.

—Bo Di —jadeó en su oído justo cuando se dejó venir, haciendo que el otro también se corriera en el instante.

El vaivén de sus caderas se hizo más lento hasta que terminó dejando todo su peso sobre él.

Sus respiraciones tardaron en volver a la normalidad después de ese orgasmo compartido, pero al hacerlo, Xiao Zhan trató de quitarse a Yibo de encima.

—Pesas mucho —se quejó, sin embargo, no hacía un gran intento por moverlo.

—Pobre de ti —respondió con voz ronca, apoyando su mentón sobre el pecho de él para verlo mejor—. Zhan Zhan, no me quiero ir.

—Yo tampoco quiero que te vayas.

—¿Y si la próxima semana volvemos a Aspen? Aunque sea un fin de semana.

—Si nos vamos el sábado tendríamos que volver el domingo, no es conveniente —acarició su cabello con cariño—. Mejor esperemos a que tengamos más tiempo libre y volvamos a escaparnos una semana.

Yibo hizo un tierno puchero.

—Pero podríamos vernos este fin de semana. Iré a visitarte a Shanghái.

—¿¡En serio!? —su carita se iluminó, como si fuera un niño y no un adulto joven que acababa de correrse sobre el vientre de alguien más.

—Haré todo lo posible, lo prometo —se estiró hasta alcanzar sus labios—. Ahora lo que debes hacer es irte, Wen Pei se enojará porque lo estás haciendo esperar mucho.

Yibo rio. Si su manager supiera lo que acababa de ocurrir ahí. Se volvería loco, lo regañaría peor que sus padres, bueno, no tanto.

—Toma una ducha rápida y ve —le dijo, intentando incorporarse. Yibo se quitó de encima de él sintiendo la viscosidad en su piel. Cuando bajó la mirada y vio el pequeño charco que había en el vientre de Xiao Zhan, se sonrojó hasta las orejas con mucha intensidad.

—Lo siento —se avergonzó tiernamente, Xiao Zhan estaba en las mismas. Vio cómo Yibo se estiraba hacia la mesita de noche y tomaba un pañuelo desechable. Enseguida lo limpió y secó con dedicación.

—No sólo es tuyo —respondió, tomando un pañuelo y limpiando a Yibo también. Ambos, con sus mejillas completamente sonrojadas se dedicaron a limpiarse tranquilamente.

—Estás sudando —notó Yibo.

—Sudo mucho.

—Bastante —insistió sólo para molestarlo.

—Tú también, así que ya cállate —rio—. Ve a darte un baño, no querrás irte así al aeropuerto.

Yibo se le quedó mirando en silencio.

—No pensarás irte así al aeropuerto, ¿Cierto? —inquirió con un claro tono de advertencia.

El menor no pudo mantener más su expresión seria y terminó riendo.

—Me daré una ducha rápida —le dio un fugaz beso antes de pararse de la cama y salir corriendo de la habitación, sin ningún reparo en su desnudez y con la confianza plena de tomar las cosas de su Ge Ge.

Xiao Zhan se quedó en la cama, apoyado de espaldas con sus codos y sonriendo como un bobo enamorado. Se tiró al colchón y se llevó ambas manos a la cara antes de soltar un pequeño grito contenido.

¿En verdad estaba pasando todo eso? ¿En serio era correspondido por Wang Yibo?

No podía creerlo, y estaba seguro de que le tomaría un tiempo acostumbrarse a la realidad. Se levantó y se envolvió en una bata antes de buscar algo de ropa para su amado, para su… novio.

—Dios —se rio de sus propios pensamientos, estaba tan feliz que las mejillas le dolían de tanto sonreír.

—Ge Ge —lo llamó desde el baño.

—¿Qué ocurre? —envuelto en su bata, se asomó al baño y lo vio ahí parado bajo el chorro de agua sin ningún pudor, pues la puerta del cancel estaba abierta y él lo miraba de frente mientras se lavaba el cabello. Xiao Zhan lo recorrió con la mirada desde el pecho hasta…

—Yibo, cúbrete —desvió la mirada, avergonzado. Eso enterneció al menor—. ¿Qué necesitas? —miró hacia el techo mientras se rascaba la mejilla.

—Báñate conmigo.

Los ojos del mayor se abrieron enormemente.

—No, báñate rápido porque te están esperando afuera ¡Perderás el avión!

—No lo haré, y Wen Pei puede esperar un poco más —salió de la regadera, empapado y aún con champú—. Ven —tomó la mano de Zhan y lo arrastró a la regadera con todo y bata. El aludido sólo reía, dejándose hacer por él—. Quítate esto, quiero verte —su vergüenza inicial pasó a segundo plano, cada vez tenía más confianza, y es que Xiao Zhan lo hacía sentir seguro y cómodo.

Yibo le arrancó la bata y la lanzó lejos, sonrió de lado cuando tuvo de nuevo ese cuerpo desnudo frente a él.

—Zhan Ge —se sonrojó por lo que estaba a punto de decir—. Eres muy lindo.

El aludido rio y sonrió ampliamente al mismo tiempo que lo empujaba bajo el chorro de agua caliente.

—¡Hey! —se quejó cuando sintió las manos de él revolviéndole el cabello.

—Ya, báñate. Estoy nervioso porque puedes perder el avión.

Yibo suspiró pesadamente y rodó los ojos. Le hizo caso y comenzó a quitarse el jabón del cuerpo.

—Ayúdame —le pidió con una sonrisa sexy, el otro correspondió igual y comenzó a deslizar sus manos por todo su cuerpo, suspirando al sentir esa suave piel bajo sus dedos.

Yibo cambió de lugar con él y ahora fue Xiao Zhan quien terminó bajo el chorro de agua. El menor rio al ver su linda carita empapada.

—¡El agua está hirviendo! —se quejó.

—Así me gusta —tomó el champú y derramó bastante sobre la cabeza de Xiao Zhan.

—¡Me acabas de echar media botella! ¿Estás loco?

—Lo siento —rio, revolviendo bruscamente su cabello para hacer mucha espuma.

—Pareces un niño chiquito —se quejó. Eso le dolió a Yibo a pesar de que sabía que sólo era una broma.

—¿Tú crees? —lo arrinconó contra la pared, la piel de Xiao Zhan se erizó al sentir la fría pared contra su espalda. Vio los ojos severos de Yibo y supo que cometió un error.

—Sabes que bromeo.

—Lo sé, pero aun así… no quiero que pienses que soy un niño, por favor —casi suplicó con voz seria y expresión triste—. Sé que son seis años de diferencia, pero… no es tanto.

Xiao Zhan rio.

—Hey —atrapó su mejilla con una mano y lo atrajo a sus labios en un corto y tierno beso—. Debo confesarte algo —se separó del beso, Yibo estaba por volverlo a besar, pero se detuvo al ver su expresión divertida. Miró su cara y sonrió, se veía tan chistoso con el cabello aplastado hacia su rostro por el agua, seguramente él se veía igual.

—Dime —pidió al ver que no continuaba.

—Me gusta que seas menor, eres… adorable —deslizó sus dedos por una de sus mejillas.

—Te gustan chiquitos.

Inconscientemente Xiao Zhan bajó la mirada a la entrepierna de su Di Di, notando que su miembro ya estaba de nuevo despierto quién sabe desde cuándo.

—Yo no diría "chiquitos". Wang Yibo, no sabía que ocultabas eso bajo tus pantalones.

—¡Tonto! —se avergonzó y lo golpeó en el pecho con un puño, Xiao Zhan se quejó.

—¿Tienes que ser tan brusco?

Yibo respondió asaltando sus labios una vez más, ya les ardían un poco, pero eso no fue impedimento. Sus lenguas se encontraron entre suspiros y hábiles movimientos que sólo lograron aumentar sus latidos.

—Zhan Zhan —murmuró contra su boca—. Por favor —suplicó.

—¿Qué es lo que quieres? —preguntó sugerentemente mientras despejaba la frente de Yibo de cualquier cabello, se veía tan lindo, tan masculino y natural. Sus abundantes pestañas impedían que el agua entrara en sus ojos.

—Quiero follarte.

Xiao Zhan casi se atragantó, se esperaba cualquier respuesta menos esa.

—Yibo —dijo en apenas un hilo de voz. Su mirada era tan intensa que el calor aumentó en el cuerpo del mayor.

—¿Puedo? —preguntó antes de besar su cuello. Las piernas de Xiao Zhan se volvieron gelatina, sólo pudo preguntarse qué demonios estaba pasando.

—Yi… Yibo —jadeó al sentir su lengua traviesa reptando por la piel de su cuello, sus manos grandes ciñéndose en su angosta cintura, y su pelvis pegándose a la suya. Si no estuviera atrapado entre el cuerpo de él y la pared, seguramente ya se habría derretido sobre el piso.

—En verdad quiero esto —suspiró cerca de su oído—. Xiao Zhan —suspiró su nombre completo—. Por favor.

El aludido puso sus manos en la cintura de Yibo y lo acarició con cariño.

—Yibo, espera —hizo que se separara de él para mirarlo.

—No quieres —murmuró al interpretar su expresión.

—No es eso, bueno sí —rio con nerviosismo—. No pensé que tú quisieras hacérmelo a mí —dijo con tacto mientras lo acariciaba.

—¿Qué? —parpadeó confundido—. Espera… ¿Tú me lo quieres hacer a mí?

—Pues… sí —se encogió de hombros.

—Oh… vaya problema —rio secamente, desvió la mirada pero no soltó a su amado—. Zhan Ge ¿No me dejarías hacértelo?

—Es que… —se rascó la mejilla, incómodo—. Creo que dolería.

—¿¡Y prefieres que me duela a mí!? Que considerado —rio.

De pronto se sintieron incómodos, sabían que el momento de hablar de ello llegaría. Ninguno daría su brazo a torcer tan fácilmente.

—No nos preocupemos por eso ahora ¿Si? —la voz de la razón habló. Xiao Zhan atrajo a su amado a sus labios y le robó un tierno beso—. Dijimos que lo haríamos completo hasta después, así que por ahora ocupémonos de esto —sin recato y sin vergüenza tomó el miembro de Yibo con una mano, éste soltó un gemido profundo al sentir cómo comenzó a estimularlo.

—Ah… Zhan Ge, eso se siente muy bien —estuvo de acuerdo en dejar la conversación de lado y ocuparse del ahora. Apoyó su frente en el hombro de él y suspiró con cada caricia. Sentir las manos de Xiao Zhan sobre su pene era… una maravilla indescriptible.

—¿Y esto? —llevó una mano a su trasero y lo apretó con fuerza, arrancándole un jadeo pesado.

—Aleja tu mano de ahí —dijo entre risas, refiriéndose a su trasero. Y es que de pronto tuvo miedo de que intentara algo más con él.

—No haré ni intentaré algo que no quieras, te lo prometo —fue muy sincero.

—Bien —permitió que siguiera apachurrándolo.

Entonces los dos escucharon el teléfono de Yibo sonando con insistencia, seguramente era Wen Pei llamándolo de nuevo. Ya se habían demorado bastante.

—Tenemos que apresurarnos —suspiró Yibo—. Xiao Zhan, déjame al menos hacer esto, prometo no hacer nada que no quieras, pero déjame hacerlo por esta vez.

—¿Qué quieres decir?

—Sólo dame tu permiso.

—¿De qué? —se desesperó.

—¿Confías en mí?

Lo miró dudoso por unos segundos antes de asentir.

Entonces Wang Yibo lo giró y lo pegó a la pared fría mientras el agua caliente no dejaba de caer sobre ellos.

—Sé que te gustará —murmuró contra su nuca. Xiao Zhan tuvo miedo.

Yibo tomó sus nalgas y las separó un poco.

—¡Yibo! —exclamó con espanto, intentando zafarse de su agarre, pero el menor lo retuvo.

—Confía en mí —casi suplicó.

Aún algo tenso y nervioso, Xiao Zhan asintió y se sostuvo con las palmas abiertas de la pared frente a él, sintió cómo Yibo arrastró sus caderas un poco hacia atrás, obligándolo a alzar un poco su trasero. Xiao Zhan comenzó a temblar ligeramente.

—Tranquilo, Zhan Zhan —repartió besos pequeños en su nuca y hombro, relajándolo un poco antes de volver a tomar su trasero entre sus manos, separándolo lo suficiente antes de llevar su miembro a él.

—¡Hey, hey, hey! —movió su trasero hacia un lado. Yibo inmediatamente puso sus manos sobre las de él, apresándolo contra la pared e impidiendo que escapara—. ¡Yibo! —se quejó.

—¡Ya no te muevas! —se quejó.

—Mejor dime qué vas a hacer.

—Si lo que piensas es que lo voy a meter, no, no lo haré —espetó. Agradeció que Xiao Zhan no pudiera verle la cara, o si no se habría dado cuenta de su inmenso sonrojo.

El mayor ya no dijo nada, cerró sus ojos con fuerza y suspiró. Su erección había desaparecido por completo. Yibo lo notó cuando bajó sus manos a su miembro, comenzó a estimularlo suavemente para que despertara una vez más, no tardó mucho en lograrlo. Muy pronto Xiao Zhan comenzó a suspirar pesadamente a pesar de las caricias inexpertas de su amado.

Fue entonces que Yibo llevó de nuevo su pene a ese trasero, se restregó contra él antes de deslizarlo entre sus nalgas, éstas lo apretaban lo suficiente como para enloquecerlo.

Xiao Zhan suspiró satisfecho al sentir aquello, no se sentía tan mal después de todo, incluso comenzó a excitarse más y más, pues Yibo no había dejado de masturbarlo con una mano mientras usaba la otra para acariciar uno de sus pezones. No había duda de que su Di Di aprendía muy rápido.

—Yibo —jadeó.

—¿Sí? —mordió su hombro.

—Eso se siente muy bien —admitió.

—Te lo dije —pegó por completo sus caderas a ese trasero y lo empujó con fuerza contra la pared, comenzó a embestirlo. Y una vez más la imaginación de ambos hizo magia.

—Más rápido —pidió con prisa, en parte porque tenían el tiempo encima, y por otro lado Xiao Zhan en verdad quería sentirlo más.

Sonrió de lado y accedió a su petición.

—¿Así?

—Ah… sí.

Las caderas de Wang Yibo se meneaban sensualmente contra las de Xiao Zhan. Deslizó la punta de su pene a lo largo de la línea de su trasero una y otra vez, veía cómo su pene desaparecía entre esas nalgas antes de volver a aparecer al término de éstas. Era una escena que guardó con fuego en su mente para las noches de soledad y necesidad.

Quería decirle cuán sexy era, quería gritarle que era el ser más perfecto sobre la faz de la tierra, pero increíblemente aún se sentía algo cohibido, además de que no quería espantarlo con la intensidad de sus sentimientos. Ya habría oportunidad de decirlo más adelante.

Mientras tanto dejó su pene entre las nalgas de él y se concentró mejor en estimular el miembro de su pareja. Notó que una mano no le bastaba para cubrir toda su longitud. Sinceramente estaba sorprendido por ello, pues vaya que se había fijado con anterioridad en la entrepierna de su Ge Ge, pero nunca logró notar mucho, pues era muy cuidadoso con su ropa para no ser tan exhibicionista, eso era lindo, pero a Yibo le había costado más esfuerzo imaginar cómo sería el miembro de su amado.

Vaya que lo había sorprendido al ver que era más grande que el promedio según las estadísticas.

Apretó el miembro de Zhan Zhan con una mano, presionó la cabeza y escuchó cómo el otro gemía profundamente cuando estimuló sólo el glande.

—¿Así te gusta? —gruñó contra su oído.

—Sí… sí —no podía pensar con cordura mientras estuviera sintiendo ese trozo de carne caliente en su trasero y esa mano traviesa y ágil en su miembro. Sus piernas comenzaron a temblar cuando sintió otra mano en uno de sus pezones ¿Cómo hacía para abrumarlo así tan fácilmente?

—Xiao Zhan… no te quedes callado.

—No lo hago —se mordió los labios.

—Mentiroso —besó su nuca, cuánto amaba esa nuca desnuda y suave, su cuello era precioso, tan largo y estilizado. Sonrió cuando dejó una mordida ahí y escuchó a Xiao Zhan gemir su nombre.

El mayor no aguantó más y se corrió abundantemente en la mano de Yibo, éste volvió a frotar su miembro entre las nalgas de su Ge Ge y no tardó mucho en venirse también, llenando la cintura de Xiao Zhan con su esencia.

Agitados, se quedaron inmóviles por unos segundos. El agua que corría sobre ellos se llevó todo rastro, dejándolos limpios al instante.

Xiao Zhan soltó un pequeño gemido, su cuerpo se sentía pesado.

—Di Di —murmuró, apoyando la cabeza en la pared—. Tienes que irte.

El corazón del menor se rompió un poco.

—No quiero —lo agrazó desde atrás, apretando ambas manos en su estómago—. No quiero irme —apoyó su mejilla en la nuca del otro—. ¿Y si me quedo contigo?

Xiao Zhan se giró dentro del abrazo y le dedicó una dulce sonrisa.

—No quiero perjudicarte, vamos, hay que salir porque Wen Pei ha de estar volviéndose loco —acarició su rostro con amor.

—¿Prometes que nos veremos pronto?

—Lo juro —besó su frente, eso hizo sonreír a Yibo. Éste estaba seguro de que se estaba viendo como un adolescente tonto y enamorado, pero no le importaba.

Finalmente salieron del baño, envueltos en toallas y limpios.

—Toma —le extendió ropa.

—¿Para mí?

—¿Para quién más? —lo molestó, sacándole la lengua.

Yibo rio y tomó las prendas, su corazón se aceleró al ver que también le prestaría ropa interior, idéntica a la que le robó. Se vistieron en la habitación de Xiao Zhan y el menor sonrió al ver el conjunto que le eligió, tenía muy buen gusto, le encantaba. Aunque estaba seguro de que Wen Pei se preguntaría el motivo de su cabello mojado y el cambio de ropa, pero no le importaba, ya le inventaría una mentira.

El teléfono de Yibo siguió sonando una y otra vez.

—Es hora de que te vayas —caminó hacia él y le acomodó el cabello—. Por favor cuídate mucho, no trabajes de más ¿Si?

—Lo haré —tomó su mano y la besó.

—¡Dios!

—¿Qué?

—Yibo, eres demasiado dulce —atrapó sus mejillas y le estampó un profundo beso en los labios. Le estaba costando demasiado trabajo dejarlo ir.

—Soy tu pastelito —murmuró después del beso, a centímetros de los labios de él.

Xiao Zhan se echó hacia atrás, riendo escandalosamente.

—Ya, pastelito, te están esperando.

—Sí —suspiró y se dispuso a salir al fin—. Nos veremos pronto.

—Lo prometo—suspiró como un tonto enamorado.

—Zhan Ge. Te amo.

El aludido respondió con una espontánea y preciosa sonrisa llena de brillo y esplendor, dejando a Yibo más enamorado todavía.

—Te amo Bo Di —pellizcó su mejilla y le robó un dulce beso. Ya estaban en el recibidor, pero no querían separarse aún.

Ni siquiera habían tenido una cita propiamente dicha, pero ya se decían abiertamente que se amaban. Había sido tanto el tiempo que contuvieron ese amor que no había necesidad de esperar más para decir esas dos palabras, se lo merecían.

—¡Espera! —Xiao Zhan salió corriendo hacia la sala, recogió el suéter amarillo y se lo puso con prisa a su amado—. Así Wen Pei no sospechará tanto.

Yibo rio, ese hombre ya sabía mucho de todas formas, pero no quiso decírselo.

—Me voy —con el tupper lleno de tortugas de chocolate bajo el brazo, y la otra mano en la cintura de Xiao Zhan, se negaba a irse de ahí.

—Bien… —se miraron fijamente durante un par de segundos, en silencio completo antes de unir sus labios una vez más, fue un beso profundo, acelerado y lleno de deseo por no separarse.

—Me voy —repitió, ni él mismo creía en esas palabras. Xiao Zhan soltó una risita.

—Bien —repitió también. Yibo acarició su mejilla con una mano y Xiao Zhan acarició esa mano, buscando mayor contacto—. Te quiero, tonto.

—Te amo —besó su frente y al fin se separaron. Yibo abrió la puerta principal, y estuvo a punto de salir cuando una mano lo jaló del cuello de su suéter, introduciéndolo bruscamente al departamento y cerrando la puerta tras de sí. La espalda de Yibo se impactó contra la pared del recibidor y sintió el cuerpo de Xiao Zhan pegado al suyo mientras era besado ferozmente. Fue un beso como aquel que le dio en la cabaña cuando pensó que estaba ebrio, ese que le dejó las piernas echas gelatina. Bueno, esta vez no fue la excepción. Sintió la lengua de Xiao Zhan jugando con la suya, sólo para terminar en una perfecta y seductora mordida en su labio inferior.

—Wow… —suspiró después de tal beso. Sus mejillas estaban sonrojadas y sus labios hinchados.

—Con eso bastará de aquí a que nos volvamos a ver —se limpió con el pulgar el rastro de saliva que le quedó en la comisura de los labios. Yibo vio eso y su pulso se aceleró. Se quedó con la boca abierta y deseó que nadie más en el mundo viera esa faceta sexy y arrebatadora de su novio, pues tendría demasiada competencia.

Yibo tragó en seco y asintió, se quedó como tonto unos segundos antes de reaccionar y abrazarlo una última vez. Entonces se separó bruscamente y salió de inmediato, rápido y sin mirar atrás. Si no lo hacía así no saldría nunca de ahí, y ya era bastante tarde.

Pero cuando salió iba tan inmerso en sus pensamientos que sólo iba viendo el suelo. Fue así que terminó chocando de frente con Wen Pei.

—¡Hey! —se quejó el mayor, malhumorado—. ¡Te he estado esperando por HORAS! Tu avión está por salir ¡Vámonos! —lo regañó severamente, pero entonces lo miró con detenimiento bajo la luz de las farolas de la calle y frunció el ceño unos segundos antes de contener su risa—. ¿Qué demonios te hizo Xiao Zhan?

—¿Eh? —parpadeó confundido, frunció el ceño y se enojó un poco—. Nada.

Wen Pei lo tomó de los hombros y lo miró mejor.

—¿Qué te pasó en los labios?

Yibo se llevó una mano a ellos, los tenía muy hinchados y enrojecidos.

—¿Te bañaste? —tocó su cabello mojado—. Traes el suéter al revés —rio pícaramente—. ¿Qué tanto estuvieron haciendo ahí adentro?

El sonrojo de Yibo aumento considerablemente. Su ceño se frunció mucho y se molestó.

—¡Nada! —lo empujó y caminó hacia el auto, ahora sí con mucha prisa.

Wen Pei lo siguió, riendo sin recato alguno.

—Zhan Zhan hizo una cena picante, me irritó mucho la boca —inventó una tonta mentira cuando ya iban dentro del auto, los dos sentados en la parte de atrás.

—No me digas —usó un tono con fingida sorpresa.

—Es en serio.

—¿Y por eso te bañaste?

—Derramé la comida sobre mí.

—Vaya, que torpe.

—Sí, ya me conoces.

Wen Pei rio más.

—¿Qué tienes ahí? —señaló el tupper.

—Regalo de Xiao Zhan —abrió el contenedor y el auto se llenó de un delicioso olor a chocolate.

—Oh… —se le hizo agua la boca, extendió una mano para agarrar una tortuga, pero recibió un fuerte manotazo por parte de Yibo.

—Los hizo especialmente para mí.

Wen Pei se sobó la mano golpeada y lo miró con enfado antes de decir:

—No cabe duda de que enamorar por medio del estómago es una forma muy efectiva.

Yibo se escandalizó.

—¿Qué dices?

—Nada —le robó una tortuga ágilmente y la probó, recibiendo más golpes por parte de Yibo—. Uhm… ¡Delicioso! Dile a Zhan Zhan que ya tiene mi permiso.

—¿Permiso? —espetó de mala gana.

—Para casarse contigo.

—¡Tú…! —apretó los labios, no pudo decir nada más. Esa respuesta lo había tomado por completo por sorpresa, tanto así que su respiración se cortó por unos segundos.

—Es muy buen cocinero, así estaré tranquilo y sabré que no te morirás de hambre.

—Wen Pei… —murmuró muy apenas, mirándolo con un asombro difícil de describir. Yibo sabía que su agente tenía cierta idea de lo que sentía por Xiao Zhan, pero esto que decía lo decía en serio, no era broma. Estaba muy seguro, pues vaya que se conocían mutuamente después de tantos años de estar juntos.

—Tranquilo —lo miró a los ojos con una complicidad que le dio mucha confianza y tranquilidad al menor—. Lo sé desde hace mucho tiempo, y estoy feliz al ver que hoy pareces haber tenido una buena noche —sonrió con sinceridad.

Yibo seguía pálido, espantado. No sabía qué decir.

—Yo… no sé de qué hablas —desvió la mirada. Su mente trabajaba a mil por segundo, optó por guardar el secreto, era lo mejor para él y Xiao Zhan, nadie podía saber sobre su relación.

—No soy ciego, creo que incluso lo noté antes que tú —suspiró—. Cambiaste mucho desde que lo conociste, no creas que no lo noté. Tuviste un golpe de madurez increíble —rio—. El punto es que sé más de lo que imaginas, y estoy muy feliz por ti —le golpeó el brazo y aprovechó su estupefacción para robarle otro chocolate—. Dios, esto está delicioso.

—Wen Pei… —no sabía qué decir—. ¿En serio lo sabes? —tragó en seco, estaba en pánico.

—Sé que lo amas, y sé que no es un capricho, lo has demostrado día tras día. Por un momento tuve miedo de que él no te correspondiera, tuve miedo de cómo podría eso repercutir en ti, pero Mao me tranquilizó cuando me dijo que él había notado el mismo amor en él hacia ti.

Una vez más se quedó sin aire.

—¿Mao habló contigo?

—Yo lo busqué y descubrí que los dos compartíamos la misma preocupación por ti, le hablé sobre mis sospechas y me tranquilizó al decirme lo que veía en Xiao Zhan.

—Cállate —lo silenció, pues el conductor estaba escuchando todo—. Cállate, nadie más puede saber sobre esto —estaba muy asustado—. Por favor… si alguien más se entera… no, no. Xiao Zhan podría perder su trabajo, su salud volvería a empeorar y… no por favor.

—Hey, tranquilízate —puso ambas manos sobre sus hombros—. Mírame, mírame a los ojos —le ordenó—. Bien, ahora respira profundamente y cálmate. Juro por mi vida que no diré nada, Mao tampoco lo hará ¿No es así? —miró al conductor por el retrovisor y éste sonrió.

—Yibo ya sabe que no diré nada —sonrió ampliamente—. ¿Verdad?

—¡¿Mao?! —se espantó—. ¿Qué haces aquí?

—Supe que estabas en la ciudad, Pei me buscó para que pasáramos el rato mientras tú visitabas a Zhan Zhan. Sabía que te tardarías una eternidad, así que fuimos a cenar.

Yibo no sabía qué decir o hacer.

—Pero puedes estar tranquilo —continuó Mao—. No le hemos dicho a nadie, y eso seguirá así.

Fue hasta ese momento que Yibo logró sentir un poco de tranquilidad.

—Gracias —suspiró y se recargó en el asiento, con el contenedor sobre su regazo. Fue ahí donde se dio cuenta de que su agente seguía robándole chocolates—. ¡Ya basta! —apachurró su mano entre la tapa y el tupper.

El aludido rio y le extendió una tortuga a su amigo conductor.

—Pruébalas, Zhan Zhan se lució.

—Gracias, pero paso —rechazó el dulce—. Me comí una docena esta tarde, no tenía idea de que las cocinaba para ti.

Yibo sonrió cálidamente al imaginarse a su ahora novio cocinando para él con tanta dedicación. ¡Ah! ¡Cómo lo amaba!

—Y dime —canturreó Mao, mirando a Yibo por el retrovisor—. ¿Ya son novios al fin?

Las mejillas del joven se tornaron rojas de la vergüenza.

—Sí.

Los otros dos hombres ahí vitorearon e hicieron una extraña especie de danza de la victoria. Yibo los miró, al principio desconcertado, después con una gran sonrisa.

—Eso explica la ropa al revés —jaló la etiqueta del cuello de su suéter. Yibo se avergonzó.

—¿Qué tanto estuvieron haciendo? —lo molestó Mao.

—Nada que les gustaría saber en realidad.

—¿Nos vas a contar? —inquirió Pei.

—No —recargó su cabeza en el asiento y cerró los ojos. Estaba cansado, había sido un día muy largo y no había dormido adecuadamente en los últimos días.

—Mao, mira nada más esa sonrisa —dijo en un tono divertido, con toda la intención de molestar a Yibo.

Y es que sí, no podía borrar esa sonrisilla traviesa como la de un niño que se sale con la suya.

Yibo no les respondió nada, permaneció con esa sonrisa y sus ojos cerrados.

—Estoy seguro de que llegaron a segunda base —dijo el conductor con completa certeza.

Wang Yibo casi se atraganta con su propio oxígeno.

—No digas estupideces —masculló entre dientes, tratando de ignorarlos mirando por la ventana.

—Acertaste —dijo Wen Pei, riendo también.

—Tendría mucha lógica que así fuera. El pobre de Zhan Zhan se ha estado guardando por mucho tiempo.

Yibo lo miró de reojo, atento.

—¿Por qué dices eso? —le preguntó a su exguardaespaldas.

—Porque le sobran propuestas a diario, como has de imaginar y comprender, él es muy solicitado. Pero ha rechazado cada oportunidad que se le ha presentado para estar con alguien. En un principio no entendía por qué un joven de su edad se rehusaba a tener encuentros sexuales causales como el resto de su generación. Pero ahora todo tiene sentido —sonrió.

—Ya lo hiciste sonrojar —se burló Wen Pei.

—Cállense —desvió la mirada una vez más. Su corazoncito se aceleró mucho—. Así que no te has acostado con nadie después de tu último encuentro con Lu Lu —pensó.

—No me sorprende, Yibo ha hecho lo mismo.

—¿Sigue siendo virgen? —preguntó Mao.

—¡Ya cállense! —espetó en verdad avergonzado. Se estaban aprovechando de él.

Los dos mayores soltaron risitas traviesas y guardaron silencio sólo por unos momentos.

—No sé si después de esta noche lo siga siendo —murmuró Wen Pei en un tono muy bajo de voz, pero lo suficiente para que Mao lo escuchara y se echara a reír como loco.

Wang Yibo se llevó ambas manos a la cara, totalmente abrumado, pues Mao era para él como un hermano mayor que siempre lo protegió, y Wen Pei… bueno, no era tan joven como para ser su hermano, ni tan grande como para ser su padre, pero sí lo quería como a una figura paterna. Así que estaba siendo molestado prácticamente por un hermano y un padre.

—Son unos idiotas —murmuró, cruzándose de brazos y mirando por la ventana. Sin embargo, segundos después la misma sonrisita tonta se instaló en su rostro permanentemente.

—Tengan mucho cuidado —dijo Mao después de un rato—. Ahora que tienen una relación deben ser muy cautelosos y no permitir que nadie más se dé cuenta de esto.

—Él tiene razón —lo secundó Pei—. Por el bien de ambos, no dejen que nadie más sepa.

—Lo sé, seremos muy cuidadosos.

—Bien, entonces quítate ese suéter y póntelo correctamente.

Yibo le hizo caso a su "hermano mayor".

—Y si necesitan algo, sólo díganoslo ¿De acuerdo? —continuó Mao—. Ya hablaré yo con Zhan Zhan, pero toma estas palabras en cuenta: confíen en nosotros dos ¿Verdad Pei?

El aludido asintió.

—Gracias —los miró y sonrió.

—Pero dinos ya —murmuró Wen Pei—. ¿Llegaron a segunda base?

Yibo arrastró una sonrisa matadora que dejó a los otros dos muy sorprendidos.

—Hagan sus propias conclusiones —dijo simplemente antes de cerrar los ojos de nuevo y recargarse contra el respaldo para descansar un poco.

Sin embargo, no podía dejar de pensar en lo que estaba ocurriendo. Sí, estaba más feliz que nunca, pero… estaba muy consciente de que el mundo se les podría venir encima si daban algún paso en falso, corrían demasiado riesgo, pero a pesar de todo eso decidieron seguir.

Estaban conscientes de los riesgos y de lo que podría ocurrir, pero por el momento no querían preocuparse tanto y mejor decidieron disfrutar esa felicidad, nada les arruinaría esa alegría de estar juntos al fin.

Pero entonces un recuerdo fugaz llegó a su mente: su padre.

Aún no podía sacarse de la cabeza la llamada que le hizo su papá el día en que regresó a su casa después de Aspen.

—¿Por qué estuviste tanto tiempo fuera del país? Retrasaste todos tus proyectos durante una semana —le había preguntado con seriedad, sin embargo no lo estaba regañando. En verdad quería saber qué estaba pasando con su hijo, pues no era normal que hiciera eso.

—Necesitaba descansar, fui a Aspen.

—¿Fuiste solo?

—No —comenzó a pellizcarse su propia mano debido a la ansiedad que comenzó a sentir—. Fui con Xiao Zhan.

—Eso imaginé —suspiró—. Él es buena influencia para ti, es un chico maduro y tiene bien centrados los pies en la tierra, me agrada.

Los ojos de Yibo casi se le salieron al escuchar eso.

—¿E-en serio? —casi brincaba de la felicidad.

—Lo que no me gusta es que los vean juntos.

Su felicidad se desvaneció un poco.

—Ya sabes, los medios inventan cada mentira con tal de vender, que son capaces de comenzar a especular cosas que no son.

—¿Cosas que no son?

—Hay mucha gente enferma que los quiere a ustedes juntos, como pareja. No entienden que sólo interpretaron el papel de una pareja de hombres, pero no por eso deben de serlo en la vida real —resopló—. No saben separar la fantasía de la verdad. Lo que no quiero es que esa amistad termine afectando tu carrera.

—¿No quieres que seamos amigos? —su tono de voz se volvió muy bajo y triste. Sobre todas las cosas, Yibo respetaba y admiraba mucho a su padre. Su relación no era buena, pero eso no significaba que no lo amara.

—No es eso, hijo, pueden ser amigos, pero eviten que los vean en público. ¿Entendido?

—Sí —se sintió un poco menos triste.

Esa conversación lo asedió durante semanas, y ahora que Xiao Zhan y él eran no sólo amigos… se le puso la piel de gallina de sólo imaginar a su padre enterándose de su relación con él.

No, no quería que eso sucediera. Cuidaría esa relación con su vida, no dejaría que nadie les hiciera daño sin importar el costo.

Salió de sus pensamientos cuando su bolsillo vibró. Sacó su celular y su sonrisa se ensanchó al triple cuando vio el mensaje de su pareja:

"Te quiero, pastelito"

Comenzó a reírse como loco por el nombrecito. Debía admitir que se le ocurrió en el momento y lo había dicho sin pensar, ahora parecía ser su nombre oficial de pareja. Tenía que buscarle uno apropiado a su amado, uno igual de ridículo y meloso para que se sintiera igual que él cuando lo llamara así.

Continuará…

Resulta que no sólo Mao estaba enterado de esto, sino que Wen Pei lo supo también todo el tiempo. ¿Qué cosas no?

Sobre el sexo, pobres… no va a ser cosa fácil para ellos ceder, pero alguno tendrá que ofrecer sus nalguitas al final ¿Ustedes quien creen que cederá primero?

Ya se los había dicho en el grupo de Facebook, pero lo digo ahora por aquí: los dos serán versátiles. Amo la versatilidad en el Yizhan, no puedo encasillarlos en seme y uke nada más.

Pd: si ven algún error no duden en decírmelo, he estado subiendo estos últimos capítulos sin editarlos ni revisarlos.

Pd2: ¿Cuál creen que será el apodo ridículo que le pondrá Yibo a su amado? JAJAJA se van a reír cuando lo sepan.

23/02/2020