Capítulo 30: "En las buenas y en las malas"

Tuvieron que esperar un par de horas antes de encontrar un vuelo disponible, Xiao Zhan no había dejado de llamar a Yibo, pero éste no respondía. Eso sólo lograba preocuparlo más, pues quería decir que ni siquiera lo tenía con él. Wen Pei tampoco respondía a su teléfono, preocupando más a Xiao Zhan y a Mao.

—Tranquilo, es entendible que no respondan. Si se lesionó es muy probable que lo llevaran a urgencias, deben estar totalmente ocupados con ello.

Xiao Zhan dejó de caminar de un lado a otro en el aeropuerto, asintiendo y tratando de creer en esas palabras.

Abordaron el avión y durante esa hora y media Xiao Zhan veía el video de la caída de su amado. Analizaba y trataba de entender cómo fue que se cayó, pues no había explicación razonable. Yibo siempre había sido muy hábil, jamás imaginó que terminara lesionándose tan fácil como se ve en el video.

Lo vio una vez más. Pero no lograba entenderlo todavía.

Lo que realmente pasó fue que Yibo comenzó a hacer piruetas en su patineta, mostrándoles a sus amigos todo lo que podía hacer sin dificultad alguna, hasta que de pronto dirigió toda su atención a alguien en el público. Fue repentino y extraño. Algo había llamado su atención, distrayéndolo a tal grado que perdió la coordinación, se giró en un ángulo extraño y cayó de la patineta en medio de una pirueta simple.

No había sido una caída muy aparatosa, pero los que estuvieron cerca pudieron notar que el golpe en su rodilla fue tan certero y fuerte que no pudo levantarse del piso. Se había quedado ahí, agarrando su rodilla contra su pecho, hecho bolita y casi aguantando la respiración ante el dolor intenso en su pierna.

Al ver que no se levantaba, fueron corriendo en su auxilio. Pensaron que estaba bien, pues no había emitido exclamación alguna, pero el pobre permanecía inmóvil, mordiéndose los labios casi al grado de sangrar, pues sabía que seguían grabando y que había muchas fans cerca que no tardarían en subir eso a las redes.

El dolor era tan intenso que se quedó ahí tirado.

—Hey, Yibo ¿Estás bien? —Wen Pei había corrido desde lejos al ver lo que ocurrió, no tardó mucho en llegar a su lado. Trató de moverlo un poco, pero el pobre sólo cerró los ojos con más fuerza y exclamó un quejido entre dientes—. ¡Paramédicos! ¡Necesitamos paramédicos! —gritó el agente, alarmando a todos aquellos que pensaron que no era gran cosa y que Yibo estaba jugando.

Los demás anfitriones del programa se acercaron de inmediato a él, seguidos de los paramédicos, intentaron calmarlo, hacerlo hablar o algo, pero Yibo permanecía hermético.

—Muchacho ¿Qué te duele? —Wen Pei no sabía si tocarlo o no, estaba muy asustado por él.

—Mi pierna —jadeó al fin, su rostro estaba rojo por tanto contenerse, las venas en su cuello y cabeza estaban un poco resaltadas.

Los paramédicos hicieron a todos a un lado y comenzaron a revisarlo. Batallaron mucho para lograr que dejara de estar hecho bolita. Y cuando lograron subirlo a una camilla, el pobre exclamó finalmente un grito de dolor que había estado ahogado en su garganta.

Todo eso había quedado grabado en los celulares que luego subieron a las redes.

Xiao Zhan abrió todos los diferentes videos que había en internet, cada uno de un ángulo distinto. Unos más cerca que otros, pero en la mayoría no había un audio claro, hasta que encontró uno con buena calidad.

—No… —murmuró en pleno vuelo, Mao se inclinó hacia su lado para ver lo que estaba en la pantalla.

—¿Sigues viendo eso? Basta, no lo hagas —le quiso quitar el celular y los audífonos, pero Xiao Zhan los alejó de su alcance. Un nudo se formó en su garganta.

—Fue por mí.

—¿Qué?

—Su caída… él estaba concentrado en lo que hacía, hasta que una fan gritó mi nombre desde el público.

—Oh… y él reaccionó así pensando que tú estabas ahí.

Xiao Zhan asintió y se llevó una mano a la cabeza, angustiado.

—Hey, no te castigues así. No fue tu culpa.

—No directamente, pero…

—De ninguna manera lo fue. Es tonto que lo digas ¿De acuerdo? Y no dejes que él te escuche decirlo o se enojará.

Tenía toda la razón.

Xiao Zhan se mordió el labio inferior y asintió. Contuvo sus lágrimas con éxito, pero no podía sacarse de la cabeza el grito que su amado soltó cuando lo subieron a la camilla. Se sentía morir, quería estar ya a su lado. Recordaba también que esa pierna ya estaba algo lastimada desde su viaje a Aspen, desde entonces ya tenía vendajes neuromusculares en ella. Temía mucho por su salud.

Esa hora y media de vuelo se le hizo más eterna que nunca.

Cuando llegaron al aeropuerto de Shanghái, Xiao Zhan comenzó a llamar de nuevo a Yibo mientras Mao intentaba contactar a Wen Pei. Ninguno respondía, se estaban volviendo locos, ambos, pues no sabían a qué lugar ir.

—¡Wen Pei! —exclamó Mao con emoción cuando al fin le respondió—. ¡¿Por qué no responden las llamadas?!

—Ponlo en altavoz —pidió Xiao Zhan en voz baja. El otro hizo caso y así pudieron escuchar a Wen Pei al mismo tiempo.

—Lo siento, imaginé que estarían preocupados. Quise contactarme con ustedes, pero… —soltó un suspiro cargado de pesadez—…todo pasó muy rápido. Yibo tenía mucho dolor y la atención en el hospital fue muy lenta —se oía cansado.

—¿Cómo está él? ¿Está bien?

El agente de Yibo no se sorprendió al escucharlo.

—Está mejor, pero aún no le han administrado analgésicos suficientemente fuertes, tiene dolor.

—¿En qué hospital están? —preguntó Mao al ver que Xiao Zhan se quedó sin palabras.

—¡¿Ya están en la ciudad?! —se asombró—. Qué rápidos.

—Sí, vinimos lo antes posible, pero no sabemos a dónde ir.

—Te mandaré la ubicación en un momento. Yibo se pondrá feliz al verlos.

—¿A los dos? —se burló Mao—. Al único al que quiere ver es a otro —miró al serio Xiao Zhan que estaba parado a su lado, nada lo haría reír en ese momento.

—Tienes razón —rio Wen Pei a través de la línea—. No le diré que vienen, que sea una sorpresa.

—Bien, llegaremos lo antes posible.

Terminaron la llamada y Mao recibió de inmediato la ubicación del hospital, no quedaba muy lejos. Xiao Zhan permaneció serio durante todo el camino, estaba ansioso.

Cuando llegaron al hospital, fueron directamente a la sala de urgencias. No querían dejarlos entrar porque ya había una persona con el paciente. Xiao Zhan tuvo que revelarle su identidad a la enfermera de guardia para que les permitiera entrar a ambos. Se arriesgó a que ella hiciera un escándalo, pero increíblemente fue muy amable y respetuosa.

—No diré nada, entren por esa puerta para que no sean vistos. Wang Yibo está en el cubículo del fondo, todos estamos cuidando que nadie más se entere de su presencia aquí.

Xiao Zhan sintió un poco de alivio, pues al menos no tendrían que preocuparse por eso.

—Muchas gracias —se inclinó levemente hacia ella, en verdad agradecido.

Caminaron por el lugar indicado y descubrieron que en efecto, no había ni un paciente en los cubículos adyacentes, también el acceso al personal había sido limitado.

Wen Pei sintió cierto alivio cuando los vio llegar.

—¿Y Yibo? —preguntó Xiao Zhan de inmediato al ver que Pei estaba en un cubículo vació, no había paciente sobre la cama.

—Le están haciendo unos estudios —respondió con una repentina seriedad—. Lo traerán en un rato.

—¿Llevan en urgencias todo este tiempo y aún no le quitan el dolor? —preguntó Mao, asombrado.

La expresión de Pei se ensombreció un poco más.

—Tienen que hacerle cierta serie de estudios antes de administrarle cualquier analgésico más fuerte de lo normal.

—¿Por qué? —preguntó Xiao Zhan, totalmente desconcertado. No sabía de medicina, pero si de algo estaba seguro era de que lo primero que debían de hacer en un caso así era quitarle el dolor.

—No lo sé —se cruzó de brazos y miró hacia otra dirección.

Cerca de ellos pasaron un par de médicos que se encargaban del caso de Yibo. Los dos hablaban sobre el hecho de que aún no sabían qué era exactamente lo que tenía, pero que en caso de ser lo que sospechaban, necesitarían llevarlo a cirugía lo antes posible.

A Xiao Zhan se le vino el mundo abajo al escuchar aquello, no podía creer que su amado estuviera viviendo eso. Luego de pensar en su salud, pensó de inmediato en su carrera, pues si la lesión era tan grave… no, no quería ni pensar en ello. Sabía que lo más importante ahora era que estuviera bien, pero estaba consciente también de que la carrera de Yibo lo era todo para él.

Los tres decidieron ir la sala de espera hasta que regresaran a Yibo a su cama. Afortunadamente Xiao Zhan había sido inteligente, y antes de abandonar su set de grabación en Beijing, tomó una sudadera con gorra y unos lentes de sol de su camerino, de esta forma logró verdaderamente pasar desapercibido.

Mientras esperaban, Xiao Zhan vio a lo lejos una tienda de regalos del hospital. Sonrió de lado y codeó a su guardaespaldas para que mirara hacia la misma dirección que él. Los dos asintieron en un mudo acuerdo y fueron hacia allí.

Zhan Zhan buscó entre todas las cosas lo más ideal, pero todo lo que tenían ahí era demasiado cursi o tonto. Pensó en una tarjeta, pero en cambio se le hizo muy frío. Miró los dulces que vendían, todo se veían bastante malos. Fue cuando llegó a la sección de peluches que encontró algo perfecto para él: un lindo conejito blanco no más largo que la extensión de su brazo. Era tremendamente suave y esponjoso. Muy adorable y quizás demasiado tierno, pero Xiao Zhan quería dárselo.

—¿Qué opinas? —se lo mostró a Mao, éste lo miró y se echó a reír, alzándole el pulgar.

—Lo amará.

¿Y cómo no? Si Yibo adoraba a los conejos tanto como a los felinos.

—Hey —saludó a Yibo cuando lo trajeron de vuelta a su cama, el pobre venía de muy mal humor, su dolor no había disminuido y sólo lo movían de un lado a otro para hacer muchos estudios—. ¿Todavía duele? —le preguntó al ver su mueca de verdadero fastidio, estaba harto.

Yibo sólo asintió y dejó que lo ayudaran a pararse de la silla de ruedas para recostarse de nuevo en la cama, el pobre ya tenía el labio inferior hinchado de tanto que se lo mordía para no hacer ningún ruido cuando sentía dolor.

Con un pesado suspiro, se recostó por completo en la cama, cuidando que su trasero no quedara expuesto por culpa de esa bata que muy apenas cubría lo necesario.

—¿Dónde está mi teléfono?

Wen Pei lo sacó de su bolsillo y se lo dio. Cuando Yibo lo desbloqueó, vio la gran cantidad de llamadas que tenía de su novio. Su corazón se contrajo y un nudo se le formó en la garganta. Quería verlo, quería que estuviera con él en ese momento.

Su vista se nubló por las lágrimas que no permitió que salieran. Se sorbió la nariz y se talló el rostro con el puño. No iba a llorar, tenía que ser fuerte.

—Demonios —suspiró mientras se pasaba una mano por el cabello, hastiado—. ¿Cuándo me van a dar el medicamento? —masculló entre dientes, mirando todo a su alrededor como si fuera un león enojado, sus ojos estaban rojos por todo el cúmulo de emociones que se estaba guardando.

Wen Pei no aguantaba verlo así, se acercó a su lado y puso una mano sobre su hombro.

—Pronto van a tener los resultados de tus estudios. Ya te van a dar medicamento para el dolor —trató de calmarlo, pero Yibo estaba muy de malas, su dolor lo ponía irritable.

—Sólo… —se llevó ambas manos al rostro—… sólo denme algo.

—Tranquilo —apretó de nuevo su hombro—. ¿Qué puedo hacer para que te sientas mejor?

—¡Quiero que me den algo para este maldito dolor! —espetó con furia—. Estoy bien del corazón, no es necesario que me hagan más estudios, sólo quiero que me quiten este dolor —señaló su pierna inflamada—. ¡¿Es mucho pedir?! —sus gritos se escucharon aún afuera del cubículo, poco le importaba llamar la atención, después de todo ya el hospital entero estaba enterado de que él estaba ahí. Incluso lo habían buscado para pedir autógrafos cuando lo llevaban de estudio a estudio por el hospital. Yibo sólo los mandó por un tubo, ni siquiera se contuvo y maldijo a diestra y siniestra.

Estaba tan furioso porque no quería llorar, no quería ser "débil", así que se desquitaba con el primero que se le pasara enfrente.

Wen Pei lo entendía, así que era inmune a su poco común "maltrato por malestar", así solía llamarle a esos episodios en los que se ponía histérico. Casi nunca le pasaba, pero cuando ocurría era porque en verdad estaba sufriendo.

—Iré a presionarlos, ahora vuelvo —suspiró y salió de ahí. Se sentía como un padre, preocupado por el malestar de su hijo, incluso estaba enojado y preparado para gritarle a quien fuese necesario para que ya aliviaran su dolor.

Fue y habló seriamente con los médicos, quienes amablemente le explicaron que había demasiados pacientes en urgencias, por lo que el proceso se estaba retrasando un poco.

—Sólo denle algo para calmar su dolor —pidió con desesperación.

—Lo haremos en cuanto tengamos los resultados, esos no han de tardar mucho. No podemos administrarle cualquier cosa sin estar seguros de su estado actual. Su historial es peligroso, sería un riesgo sólo darle algo para el dolor. ¿Si me explico? Es por su bien.

—Entiendo —suspiró con tristeza.

—Trataremos de agilizar el proceso todo lo posible, por favor esperen.

Wen Pei volvió al cubículo rodeado de cortinas, no se atrevió a entrar y decirle a Yibo que no había logrado nada.

Frustrado, miró hacia todas partes en busca de esa medicina con piernas que era capaz de quitarle cualquier dolor a Wang Yibo, pero no lo halló por ningún lado. Hasta que después de unos minutos lo vio llegar junto con Mao.

—¿Ya está aquí? —preguntó Xiao Zhan en un susurro.

—Está de muy mal humor —se talló el puente de la nariz, masajeándolo—. Entra ya para que se le pase.

Xiao Zhan soltó una leve risita contenida, no quería que Yibo lo escuchara. Entonces tuvo una gran idea. Tomó el peluche con una mano y lo metió entre las cortinas para que sólo pudiera ver eso.

El aludido miró a ese peluche y frunció el ceño. Se le había hecho adorable, pero no estaba de humor para jueguitos. Así que tomó su dura almohada y la lanzó con todas sus fuerzas hacia el conejo blanco.

—Deja de hacer estupideces, Wen Pei —bramó mientras otra vez le daban ganas de llorar. Estaba desesperado, sólo quería que lo medicaran, quería saber qué le diría el doctor y poder definir así su futuro. Le dolía demasiado la rodilla y su pierna, había sido una muy mala caída, y si bien no se había quebrado ningún hueso, temía haberse rasgado algún músculo o ligamento.

Ah... Cómo deseaba que Xiao Zhan estuviera ahí con él. No podía dejar de pensar en ello. ¡Lo quería a su lado! Eso sólo le hizo terminar llorando. No se atrevía a llamarlo y decirle lo que pasó. Al final terminó sollozando un poco, fue ahí cuando la cortina se corrió repentinamente.

—Bo Di.

¡Esa voz!

Eso bastó para que sacara su rostro del escondite que eran sus manos, y lo miró con ojos casi desorbitados.

—Xiao… Zhan… —dijo en apenas un hilo de voz.

Entonces el mayor se quitó los lentes de sol y lo miró con atención. Vio sus ojos rojos, sus lágrimas, vio su pierna inmovilizada por una férula provisional y el corazón se le partió.

No lo pensó más antes de ir hacia él y abrazarlo. No dijeron nada, sólo se fundieron en ese profundo abrazo. Wang Yibo no podía creer que estuviera en verdad ahí. Cerró los ojos y dejó que sus lágrimas salieran mientras respiraba el agradable aroma de su novio.

—En verdad estás aquí… —lloró.

—Aquí estoy —acarició su espalda y su cabello con mucho amor reconfortante.

—¿Cómo hiciste para llegar tan rápido? —se separó de él y lo miró mientras se limpiaba bruscamente las lágrimas. Odiaba que lo vieran llorar, él no lloraba, y menos frente a su Ge Ge, no quería que lo viera en esa situación tan deplorable.

Xiao Zhan sonrió con ternura y le alejó la mano del rostro para que dejara de tallarse.

—Tomé el primer vuelo que encontré.

—¡Ni siquiera trajo equipaje! —dijo Mao desde afuera de las cortinas.

Xiao Zhan rio y le restó importancia.

—¿Es Mao?

—Él también se preocupó mucho por ti. Estábamos juntos cuando vimos el video de tu caída.

—Me imaginé que subirían ese video —resopló.

Xiao Zhan no se atrevió a decirle que ya era tendencia en Weibo.

—Pero está bien, de no ser así, no estaría ahora aquí —tomó sus manos de nuevo y evitó que siguiera tallándose el rostro—. Ya no hagas eso, te vas a lastimar —le pidió con suavidad mientras tomaba el puño de su sudadera y secaba sus lágrimas con delicadeza. Luego miró su pierna derecha y vio lo inflamada que estaba su rodilla y su muslo—. ¿Cómo estás? —con tristeza, acarició su mejilla.

Yibo estaba tan enajenado con el contacto y el acercamiento, que casi olvidó el problema inicial. Wen Pei tenía razón cuando decía que Xiao Zhan era su mejor medicina.

—Bien.

—¿Qué es lo que tienes?

—Aún no están seguros.

—Me dijo Pei que aún no te dan algo para el dolor —se angustió—. ¿Por qué?

Yibo desvió la mirada, no quería tocar ese tema.

—Sólo son muy lentos —se quejó—. No deben de tardar en venir y darme algo —su mal humor había desaparecido.

Xiao Zhan suspiró pesadamente.

—Te distrajiste mientras patinabas ¿Verdad?

De nuevo, Yibo se tensó.

—¿Por qué lo dices?

—Vi el video, vi lo que pasó —lo miró muy seriamente.

Yibo esbozó una pequeña sonrisa.

—Debo admitir que cuando gritaron tu nombre, pensé en serio que estarías entre el público, por eso me distraje.

La expresión del mayor se llenó de culpabilidad.

—Y no fue tu culpa —se adelantó a decir Yibo.

—Hemos estado muy distraídos estos días —tomó su mano y besó el dorso de ésta con cariño. El corazón de Yibo se aceleró por ese simple y dulce gesto.

—Te he extrañado.

—Lo sé, porque yo también te extrañé a ti —dijo en voz baja, pues no había paredes que los rodearan.

El menor sonrió como un tonto enamorado. Intentó moverse en la cama, pues estaba incómodo en la posición en la que se encontraba, pero soltó un quejido de dolor cuando intentó mover su pierna.

—No te muevas, te ayudaré —se acercó—. Rodea mi cuello con tus brazos —se inclinó más hacia él. Yibo hizo lo que le pidió y así logró acomodarse mejor con su ayuda.

—Gracias —suspiró aliviado.

—Necesitas una almohada —notó.

—Te la aventé hace unos momentos.

—Ah… es cierto —frunció el ceño—. Oye, que malo eres —rio.

—Pensé que eras Wen Pei —se encogió de hombros.

—De todas formas, que malo.

Entonces Yibo dirigió la mirada a ese pequeño conejito de peluche que reposaba en una orilla de la cama. Zhan Zhan notó eso, así que lo tomó y se lo extendió.

Wang Yibo lo tomó entre sus manos y esbozó una sonrisa idéntica a la que Lan Wangji hizo en el drama cuando vio el dibujo de un conejo en la lámpara de Wei Wuxian.

—¿Sí lo quieres? Si no, yo podría… —fue interrumpido.

—¡Sí lo quiero! —lo abrazó contra su cuerpo para que no se lo quitara.

—Bien —sonrió y suspiró mientras lo observaba. La preocupación seguía latente en su ser—. ¿Necesitas algo? ¿Tienes hambre, sed? —no sabía qué hacer por él, se sentía con las manos atadas.

Yibo notó eso y le sonrió lo más que pudo debido a su malestar.

—Sólo quédate conmigo —pidió casi en un susurro.

Xiao Zhan sonrió de medio lado y tomó una de sus manos para entrelazar sus dedos dulcemente.

La espera por el medicamento y los resultados era larga. Wen Pei y Mao habían decidido ir a la sala de espera para darles un poco de espacio y privacidad. Sólo esperaban que nadie se diera cuenta de que Xiao Zhan estaba ahí, o se haría un escándalo total.

—Te estás muriendo de sueño —sonrió con ternura al verlo cabecear.

—No, estoy despierto —la verdad era que tenía miedo de quedarse dormido y luego despertar para darse cuenta de que Xiao Zhan no estaba ahí.

Xiao Zhan acomodó dulcemente su cabello.

—Duerme, yo me quedaré al pendiente. Te despertaré si es necesario ¿Si?

Yibo lo miró, le sonrió con suavidad y asintió.

—Gracias —suspiró, aún soportando el dolor.

Xiao Zhan le pellizcó levemente la mejilla y lo dejó descansar. Notó que no pasó mucho tiempo antes de que terminara rendido al sueño. Su corazón se le partió en pedazos cuando lo escuchó quejarse entre sueños. Incluso se le salieron un par de lágrimas debido a su dolor. El mayor no pudo soportar ver eso, se puso de pie, dispuesto a ir y buscar a alguien que pudiera ya calmar su tormento.

Pero en ese momento una persona llegó al cubículo, corriendo las cortinas sin reparo, haciendo que Yibo pegara un brinco del susto y se quejara por haber movido su pierna involuntariamente. Xiao Zhan miró muy feo al médico que recién llegó, acompañado de una enfermera.

—Lo siento —dijo al ver que estaba dormido—. Oh… estás acompañado —miró a Xiao Zhan sin saber realmente quién era. El médico le sonrió y luego se acercó a Yibo—. Tenemos ya los resultados de todos tus exámenes. Tu electrocardiograma salió muy bien, así que te vamos a administrar un fuerte analgésico —le hizo una señal a la enfermera para que procediera a canalizarlo. Yibo inmediatamente extendió su brazo, necesitaba con urgencia algo que aliviara esa tortura—. Y en cuanto a tu pierna… —suspiró—. Afortunadamente no hay fractura, pero si encontramos una vieja lesión que se agravó con tu caída.

Yibo apretó sus puños, sí, estaba muy consciente de que se había lastimado la misma pierna a la que no le había puesto atención la última vez que se hirió.

—Tienes una distensión que afectó tanto a tu muslo como a tu rodilla. La inflamación en ésta es más que nada por el golpe que recibió al golpear el piso, pero lo que causó tu caída fue el dolor de tu muslo ¿Verdad? —pregunto con seriedad. Yibo asintió de la misma forma—. Sufriste un fuerte tirón, es normal que presentes dolor. Forzaste tu músculo de más, así que deberás estar en completo reposo por unos días.

Xiao Zhan observaba todo con atención, miró cuando la enfermera canalizó a Yibo y éste ni hizo ni una sola mueca al sentir la aguja, con eso comprobaba que su dolor inicial era mucho más intenso.

—¿Sólo fue una distensión muscular? —preguntó Yibo para asegurarse.

—La recuperación será mucho más rápida que la de una fractura o esguince, pero es necesario que tengas reposo absoluto por unos días. Más tarde te daré las indicaciones por escrito. Si no cuidas bien esta lesión, no dejará de molestarte nunca.

—Todo esto sólo por una distensión muscular —murmuró con fastidio.

—Hey, no lo subestimes —dijo el médico—. Duele tanto o más que una fractura. En este momento te estamos aplicando ya un analgésico fuerte. Estarás aquí un par de hora más antes de volver a casa, trata de dormir un poco —enseguida miró a Xiao Zhan—. ¿Puedes venir un momento?

El aludido asintió y salió detrás de él.

—¿Eres su familiar?

Xiao Zhan asintió, no lo iba a desmentir, después de todo era lo más cercano a familia que tenía en ese momento ahí.

—Bien, te entregaremos las indicaciones en unos momentos. Va a ser necesario que utilice una férula y muletas para que no fuerce de más esos músculos —explicó con mucha paciencia—. El medicamento que le administramos es un poco fuerte, así que no te sorprendas si empieza a actuar extraño.

—¿Extraño?

—Sí, como si estuviera… —buscó la palabra más indicada, pero no la halló—… ebrio, sí, como si estuviera ebrio. Cuando se sienta un poco mejor lo dejaremos ir a casa —le sonrió y se despidió.

Xiao Zhan se quedó ahí, parado en medio del pasillo y con una extraña preocupación dentro.

Volvió a entrar al cubículo y miró a su amado descansando sobre la cama, su expresión demostraba un alivio increíble.

—¿Te sientes mejor? —se sentó en una silla junto a la cama y extendió una mano para acariciarle el cabello.

—Sí —murmuró con los ojos entrecerrados, comenzaba a sentir mucho sueño—. Zhan Zhan… estoy sudando, no me acaricies el cabello —dijo en voz bajita, se estaba quedando dormido.

Xiao Zhan rio y se negó a dejar de acariciarlo, sí, estaba sudando, tenía su cabello húmedo por ello. Quizás había sudado mucho por el dolor que sentía y la agonía por la que pasaba, eso sólo lo hizo sentirse peor, pues no había podido hacer nada para aliviar aquello.

—Di Di —murmuró quedito, comprobando que no estuviera dormido.

—¿Hm?

—Quiero preguntarte algo.

Entonces Yibo abrió bien sus ojos y lo miró.

—Dime.

Sin dejar de acariciar su cabeza, buscó las mejores palabras para preguntarle sobre aquello tan personal, no quería parecer entrometido, pero no iba a estar tranquilo hasta saberlo.

—¿Electrocardiograma? —fue lo único que preguntó.

—Oh… eso —palideció un poco. Se quedó callado unos momentos—. No es nada.

—¿No me quieres decir?

—Ge Ge, en serio no es nada. Ya escuchaste al doctor, estoy muy bien.

Tenía razón. Pero Xiao Zhan quería saber por qué rayos necesitaron hacerle ese estudio. Sin embargo, no insistió más, si no quería decírselo ahora, respetaba su decisión.

—Está bien… ¿Quieres dormir?

Yibo asintió.

Xiao Zhan sonrió con dulzura y procedió a acariciar su cabello una vez más, haciéndolo sentir mimado y cuidado.

También había querido preguntarle sobre sus padres, lo mejor era avisarles para que estuvieran con él ¿O no? Pero no se animó a llenarlo de preguntas incómodas en ese momento, así que se limitó a hacerle compañía y cuidarlo con cariño.

Esperaba que los señores Wang se hubiesen enterado ya, pues Yibo podría tener veintidós años, pero aún era un joven que necesitaba y quería el cariño de sus padres.

Pasó un rato cuidando su sueño, acariciando su piel y mirando lo bonito que era a pesar de sus ojos hinchados y su naricita enrojecida.

Luego de haber hablado con el médico, Wen Pei y Mao regresaron al cubículo. Al entrar vieron a Yibo durmiendo, y de inmediato notaron que abrazaba al conejito de peluche.

—Adorable, simplemente adorable —rio Wen Pei.

Xiao Zhan le hizo un gesto con la mano para que bajara la voz.

—Lo van a despertar —se quejó al escuchar la risa de ambos.

—¿Sí o no? Es adorable, admítelo.

Xiao Zhan lo miró y sonrió de lado, era tremendamente adorable.

—Lo es —admitió y suspiró—. Pero ya, dejen de reírse.

—Mucho ruido… —se quejó Yibo sin abrir los ojos.

Wen Pei y Mao se callaron en ese momento, vieron cómo Yibo abría sólo un ojo para buscar con su mano la de Xiao Zhan, cuando la encontró, la tomó y se la llevó al rostro para que lo cubriera de la molesta luz.

—Zhan Ge… —murmuró quedito.

—¿Qué pasó? —se acercó a él al ver que hablaba muy bajo.

—Zhan Ge… acuéstate conmigo, hazme cariños ¿Si? —hizo una extraña y preciosa expresión de puchero.

El aludido comenzó a toser debido a que se atragantó con su propio aire. Los colores subieron a su rostro cuando escuchó las risitas de los otros dos ahí presentes.

—Yibo… ejem… —se aclaró un poco la garganta—. No es buena idea.

—¡Xiao Zhan! —se quejó—. Sube —señaló la cama—. Hay mucho espacio aquí —mentira, no había suficiente espacio para ambos, pero Yibo no iba a quitar el dedo del renglón—. Ge Ge… —comenzó a hacer un tierno puchero que dejó a los tres con la boca abierta.

Los analgésicos intravenosos habían comenzado a hacer su efecto muy pronto.

Continuará…

Imagino que tendrán muchas dudas con este capítulo, más adelante se irán resolviendo, o bien, pueden hacer sus propias teorías muajajaja!

01/03/2020