Capítulo 31: "Analgésicos para Wang Yibo"

Wen Pei y Mao aguantaban su risa muy apenas, no podían creer lo que veían, Yibo estaba realmente dopado. Estaba insistiendo tanto en que Xiao Zhan se subiera a la cama junto a él, que las orejas de éste ya estaban rojas por la vergüenza.

—Xiao Zhaaaaaaan —arrastró bastante la última sílaba—. Súbete —comenzó a hacer tiernos pucheros, pero luego se enojó y terminó diciendo majaderías. Iba de un extremo a otro en cuestión de segundos. Eso dejó a Xiao Zhan muy sorprendido, pero miró a los otros dos y notó que no se asombraban.

—¿Así se pone cuando… está borracho?

Los dos asintieron sin dudarlo ni un segundo.

—Lo de los pucheros es nuevo —aclaró Wen Pei.

—Pero siempre se pone de mal humor —agregó Mao mientras se cruzaba de brazos y suspiraba—. No te va a dejar en paz hasta que te subas a su lado.

El pobre terminó accediendo con tal de que no hiciera más escándalo. Se recostó muy a penas sobre el borde del colchón, y con miedo de caerse, se acostó del lado izquierdo de la cama para no lastimarlo.

Wen Pei y Mao bien podrían haber salido de ahí para darles privacidad, pero no, ninguno se perdería eso por nada del mundo.

Cuando al fin se subió a la cama, Yibo intentó moverse de costado para abrazarlo, pero su pierna le dolió y se quejó chistosamente.

—¡Ay! Maldita pierna —se incorporó un poco y se subió la bata por encima de los muslos, luego puso ambas manos sobre su pierna dañada y trató de girarla como si de un tornillo se tratase.

—¿Qué haces? —inquirió Xiao Zhan, desconcertado.

Yibo lo miró con expresión un tanto vacía, se parecía demasiado a Lan Wangji borracho.

—¿Cómo me la quito? —preguntó, arrastrando cada palabra y dejando su boca ligeramente entreabierta.

—¿Qué dices? —se aguantó la risa.

—La pierna. No puedo abrazar bien a Zhan Zhan, ¿Cómo me la quito?

Los otros dos casi se mueren de risa ahí mismo. Wen Pei no desaprovechó la oportunidad y comenzó a grabar en secreto.

—No, Di Di, no te la quites —le acomodó la bata de nuevo y lo abrazó, esperando que así se calmara, pero eso no pasó.

—Ge Ge.

—¿Mh?

—Abrázame más.

Xiao Zhan obedeció y lo abrazó mejor.

—Ge Ge —dijo de nuevo—. Dame un beso.

—Yibo… no es momento de…

—¡Quiero un beso! —abrió mucho los ojos, casi suplicándoselo.

Xiao Zhan estaba en un gran aprieto. Miró de reojo a los otros dos y se sintió muy incómodo, pues no dejaban de verlos.

Entonces se inclinó y le dio un tierno beso en la mejilla. Yibo sonrió, pero de inmediato hizo un puchero de nuevo.

—De esos no… quiero uno aquí —señaló sus labios con movimientos torpes de sus dedos.

—Eh… —se quedó sin palabras—. Yibo, por favor —no lo iba a besar en frente de otras personas—. Vamos, duerme.

—Que malo, Ge Ge, dame un beso… sólo uno. Tú dijiste que te gustaban mis besos. ¿Era mentira?

—No, no, no era mentira. Sí me gustan, pero ahora estas muy dopado, duérmete —estiró la sabana para cubrirlo, o ahogarlo con ella, cualquiera de las dos opciones que fuese más efectiva.

—¡No quiero! —dio una patada con su pierna sana, echando lejos la sábana.

—Sí quieres, ven —se acurrucó mejor a su lado en la posición perfecta para que Yibo descansara su cabeza junto a su pecho. No había mucho espacio en la cama, así que Xiao Zhan estaba de costado, haciendo equilibrio para no caer de espaldas al piso.

A Yibo pareció olvidársele el asunto del beso cuando sintió las tiernas caricias de Xiao Zhan en su rostro, la intención del mayor era arrullarlo acariciando su piel con la punta de sus dedos, tal como algunos solían hacerle a los bebés.

—Zhan Zhan, hueles rico —dijo de pronto, seguido del sonido de Yibo aspirando fuertemente—. Muy rico —sonrió como estúpido.

El aludido rio.

—¿Ah sí? Tú también —palmeó su brazo.

—No, yo ya no huelo rico, estoy sudando —suspiró—. ¡Hace calor! —se quejó en voz muy alta—. ¡Calor! —gritaba como si diciendo aquello lograra regular la temperatura—. ¡Calooooor!

—Shh… Yibo, no grites —rio con nerviosismo.

—Hace calor —se separó de Xiao Zhan y se incorporó lo suficiente para comenzar a quitarse la bata de hospital. Lo logró muy rápido, pues no la tenía atada por detrás.

—¡Oh no! Déjate eso puesto —logró retener la tela antes de que la lanzara lejos y se mostrara desnudo ante los tres. Wen Pei siguió grabando en silencio, pero Mao se apresuró a ir del otro lado de la cama y así ayudar a Xiao Zhan para que Yibo no fuera un completo exhibicionista.

—Listo —dijo Mao cuando le amarró nudos a esa bata para que no se la quitara.

—¡No! —se quejó, intentando arrancársela de nuevo, miró muy feo a su ex guardaespaldas por ello—. Hace calor.

—Mao ¿Puedes pasarme mi mochila? —preguntó con amabilidad.

El aludido le extendió esa única mochila que había llevado consigo desde el set en Beijing. Se sorprendió cuando vio a Xiao Zhan sacando su típico abanico eléctrico de bolsillo. Inmediatamente lo encendió y lo puso cerca del rostro de Yibo.

—¿Mejor?

El aludido asintió con una tonta y dulce sonrisilla.

—Eres muy bueno… —extendió su mano y acarició con torpeza el mentón de Xiao Zhan. Lo miró con esos ojos de persona ebria por largo rato, sólo parpadeaba de vez en cuando, pues no quería dejar de verlo—…y eres tan guapo.

Xiao Zhan se puso de nuevo nervioso.

—Tú también eres muy guapo.

—Sí, pero tú más. Qué bueno… que bueno que eres mi novio —sonrió dulcemente. El corazón de los tres ahí presentes se derritió ante esas palabras y esa linda cara—. No quiero que nadie más te vea, que nadie te toque, eres mío ¿Si? —unió sus cejas en un claro gesto de preocupación.

Xiao Zhan se aguantó la risa con ganas.

—Soy tuyo —le dijo, ya sin importarle que los otros dos los vieran—. Di Di, mejor duerme, antes de que digas más tonterías y te arrepientas después.

—Nunca me arrepentiré. En serio eres muy lindo —extendió su mano y lo rodeó por la cintura—. ¿Me das un beso?

De nuevo volvió al tema. Xiao Zhan no sabía qué hacer, así que sólo lo rodeó con sus brazos e intentó arrullarlo como a un niño pequeño, palmeando su costado y su barriguita.

—Shh... shh… duerme.

—Beso.

—Shh…

—Quiero un beso.

—No —le dijo al fin.

—¿No? —sus ojitos se llenaron de lágrimas poco a poco.

Ninguno podía creer lo que veía.

—Oh no, no llores —limpió sus lágrimas, notando que su llanto era en serio. Nunca lo había visto derramas tantas lágrimas.

—Ya dale un beso para que se calme —dijo Wen Pei.

Xiao Zhan se sonrojó literalmente hasta las orejas. Sólo lo ignoró.

—No llores —acarició su mejilla y vio su rostro de cerca.

—Hey —Mao codeó a su compañero—. Deberíamos dejarlos solos ¿no? —sugirió en voz muy baja.

—Shh…no —siguió grabando disimuladamente.

Mao rodó los ojos y se quedó ahí también.

Entonces, repentinamente Yibo atrapó a Xiao Zhan con un brazo y lo apretó con fuerza excesiva.

—¡Yibo! —se quejó un poco mientras reía, pues usaba mucha fuerza—. Hey ¿Qué te pasa? —lo descubrió olfateando fuertemente su aroma antes de restregar su carita en su pecho.

—Estoy triste.

—No estés triste.

—Estoy enojado.

—Yibo… —rio.

—¡No me quieres dar un beso!

—Ya, shh —besó su mejilla de nuevo.

—¡Ya dije que ahí no! —se quejó como todo un niño caprichoso.

Xiao Zhan terminó suspirando y rodando los ojos.

—¿Qué? —le preguntó, desconcertado al ver que se le quedaba viendo fijamente a los labios—. ¿Tengo algo en la cara? —preguntó mientras se pasaba un a mano por el rostro.

Entonces Yibo extendió su mano y con su dedo índice le picó los labios.

—Bonitos.

Xiao Zhan rio.

—Tus labios son bonitos —comenzó a delinearlos torpemente con su dedo—. Booooniiiitooooos —canturreó.

—Ya —murmuró en tono de advertencia, deteniendo su mano.

El menor se zafó del agarre y la llevó de nuevo a esos labios. Zhan Zhan rodó los ojos.

—Quiero morderlos —se acercó peligrosamente a él.

—¡Hey! —hizo su cabeza hacia atrás—. No es momento, contrólate —lo regañó entre dientes y en voz muy baja.

El aludido frunció ceño y labios en total desacuerdo. Un puchero de enojo comenzó.

—Quiero morderlos ¿Puedo morderlos? Por favor —resaltó mucho las últimas palabras, como si diciendo "por favor" fuese a lograr algo.

—No.

—¿Ahora?

—No.

—¿Y ahora? ¿Puedo morderlos?

—NO.

El menor refunfuñó, giró el rostro con indignación y respondió:

—Ok.

Pero su molestia duró muy poco, pues pronto volvió a jugar con esos labios, hasta que Xiao Zhan se cansó y mordió ese dedo con sus dientes anteriores.

Jamás se imaginó que recibiría tal reacción por parte de Yibo. Él se espantó, alejó su mano y la resguardó en su pecho con la otra mano, totalmente asustado por lo que le hizo.

—Me mordiste…

—Sí —contuvo muy bien sus ganas de reír.

El susto se le pasó rápido, pues muy lentamente volvió a acercar ese dedo a sus labios, casi como si lo hiciera en cámara lenta. Cuando tocó los labios de Xiao Zhan, éste de nuevo lo mordió, ahora un poco más fuerte que antes.

Esta vez no se asustó, al contrario, se echó a reír como loco. Su carcajada era hermosa y sincera.

—Tienes unos dientes muy bonitos —le dijo después de recuperar su aliento.

—Gracias —le sonrió de una forma muy linda.

—Quiero unos dientes así.

—Pero los tuyos también son hermosos.

—No como los tuyos —tocó de nuevo los labios de su amado, éste lo mordió una vez más, haciéndolo reír como niño pequeño.

Poco a poco se veía más tranquilo y somnoliento.

—Ge Ge.

—¿Mh?

—Cuando te conocí, me gustó mucho tu sonrisa.

Xiao Zhan rio, no sabía qué decir.

—Me gustaron mucho tus dientes —alzó el rostro para verlo mejor—. Lo primero que pensé fue… —se quedó pensativo por un rato.

—¿Qué pensaste? —preguntó con curiosidad.

—Pensé que parecías un adorable conejito.

El mayor se sonrojó ante esas palabras. Yibo lo notó y sonrió de lado, travieso.

—Conejito —repitió con una sonrisa boba al ver que lograba avergonzarlo.

—No me digas así —dijo entre risitas tiernas, sin olvidar que había dos personas más ahí, observándolos.

—Conejito —insistió sin borrar su sonrisa. Feliz por haber encontrado un perfecto apodo para él. Xiao Zhan sólo rogaba al cielo que no fuera a recordar nada de eso cuando el efecto de los analgésicos se pasara.

Wen Pei y Mao de echaron a reír, no habían logrado contenerlo más. Pero entonces Xiao Zhan les dirigió una mirada severa muy poco común en alguien tan afable y gentil como él. Eso bastó para que dejaran de reír.

Xiao Zhan notó el efecto que causó en ellos y se le escapó una risita nerviosa. Iba a decirles que se fueran, pero Yibo atrajo la atención de los tres cuando comenzó a hablar de nuevo.

—Oh… eres el chico más lindo que he visto… —murmuró con sus ojos muy abiertos, fijos en Xiao Zhan.

Todos se desconcertaron un segundo, y al siguiente ya estaban aguantando sus ganas de reír, incluyendo a Xiao Zhan.

—¿Eres modelo? —extendió una mano hacia su novio—. ¿Quién eres? ¿Cómo te llamas?

—Soy Xiao Zhan —detuvo la mano que le acariciaba todo el rostro de forma torpe—. Y soy tu novio —dijo en voz muy bajita, incluso los otros dos batallaron para escucharlo.

—¡¿MI NOVIO?! ¡Demonios! —se llevó una mano a la boca, estaba totalmente sorprendido. Seguía haciendo exclamaciones de asombro mientras lo miraba de cuerpo completo.

—¡Shh! —Xiao Zhan no pudo contener más su risa.

—¿En serio? ¿No bromeas?

—No bromeo —dejó de reír, le era muy difícil controlarse.

—Oh… —miró a los otros dos ahí y señaló a Xiao Zhan—…¿Escucharon? ¡Es mi novio!

Los aludidos contuvieron sus carcajadas muy a penas.

—Oye —le picó una mejilla a Xiao Zhan—. Ven —hizo una tierna seña con su dedo índice para que se acercara más a él.

—¿Qué pasa? —se acercó.

—Acércate más —Xiao Zhan obedeció y se acercó hasta que sintió el aliento de Yibo contra su oído—. Te voy a contar un secreto, un súper secreto.

—Dime.

—No le digas a nadie, pero… yo soy Spiderman.

Wen Pei no aguantó su risa, se tapó la boca fuertemente con una mano y siguió grabando con la otra, lo más discreto posible.

Xiao Zhan se mordió los labios para no emitir ruido alguno, Mao se encontraba en las mismas.

—¿Spiderman? —le tembló la voz debido a la carcajada que necesitaba soltar.

—¡Salvo vidas todos los días! —frunció el ceño—. No tengo tiempo para nada, pero… —puso una mano sobre el trasero de Xiao Zhan—… amado novio modelo, podemos escaparnos juntos. ¿Te escaparías conmigo?

No pudo contenerse más y soltó esa carcajada, acompañado por los otros dos que tampoco resistieron más.

—¡¿De qué se ríen?! —se molestó mucho, pero sólo logró hacerlos reír más fuerte cuando intentó callarlos lanzándoles su telaraña desde sus muñecas—. ¿EH? ¡No funciona! ¡He perdido mis poderes! —dramatizó y miró a Zhan Zhan—. No podré protegerte… ¡No! ¡No! —empezó a mortificarse en serio. Todos dejaron de reír al ver lágrimas en sus ojos.

—Oh no, no llores.

—¡No podré proteger a mi novio! —se llevó ambas manos a la cara, sollozando de verdad.

—Yo te protegeré, no necesitas protegerme. Ya, ya shh… —intentaba calmarlo, pero no lo lograba.

De pronto y sin previo aviso, Wang Yibo asomó uno de sus ojos entre los dedos de sus manos que cubrían todo su rostro, por ese recoveco miró a su novio. Ya había dejado de llorar.

—¿No me vas a consolar?

—Eso estoy haciendo —se mordió el labio, aguantando de nuevo la risa.

—Dame un beso.

Y así, volvieron al mismo punto sin retorno.

—Zhan Zhan —murmuró, al parecer ya había logrado recordar quién era.

—¿Mh?

—Déjame ver a Xiao Xiao.

—¿A quién? —alzó una ceja, no conocía a nadie que se llamara así.

—¡Xiao Xiao! —gritó.

—¡No grites! —susurró, poniéndole un dedo en los labios—. Yibo, ya cálmate.

Error. Esa era una palabra clave para hacerlo enojar más.

—¡No! Quiero ver a Xiao Xiao.

Todos estaban desconcertados. Se miraron entre si y sin entender.

—¿Es el nombre de tu conejo? —señaló Mao al conejito blanco de peluche que no había soltado.

Yibo lo miró con cara de pocos amigos.

—Claro que no —espetó—. Xiao Xiao es… —bajó la mano hasta el borde del pantalón de Xiao Zhan y comenzó a jalarlo.

Eso bastó para que el asunto quedara más que claro para todos. Fue en ese momento cuando Wen Pei agradeció el hecho de estar grabando todo. ¡Xiao Xiao era el miembro de Xiao Zhan! Pero al parecer ni siquiera éste sabía que así lo llamaba de cariño.

—¡Wang Yibo! Ya cállate —Xiao Zhan casi se sofocó con su propio oxígeno, deseando que la tierra lo tragara ahí mismo. Quería tomar la almohada y asfixiarlo hasta que se durmiera.

—Xiao Xiao… —hizo pucheros.

Zhan Zhan escuchó las risas de los otros dos y enseguida los miró severamente.

—¿No se van a ir ya? ¿Cuánta vergüenza más quieren que pase? —preguntó con algo de molestia, pero sin dejar de reír debido a los nervios.

Fue ahí cuando notó que… ¡Wen Pei los estaba grabando!

—¡Oye! ¡Borra eso! —lo apuntó con un dedo.

El aludido se echó a reír y terminó con la grabación.

—De acuerdo, ya nos vamos —alzó ambas manos en señal de paz, ¿Qué más daba? Ya tenía la información suficiente para molestar a Yibo por unos días, no, por VARIOS AÑOS. Enseguida fue arrastrado por Mao, quien se aguantaba la risa muy a penas.

—Co-ne-ji-to —murmuró Yibo cuando al fin estuvieron solos—. Dame un beso, sólo un… —fue callado por los labios de Xiao Zhan sobre los suyos. Yibo sintió cómo tomaba su mandíbula con cariño y lo besaba muy despacio. Aún dopado, supo distinguir que ese era un muy buen beso, bastante placentero y delicioso.

Le gustó tanto, que tomó la cintura de Xiao Zhan con una mano, lo hizo con firmeza para atraerlo más a su cuerpo. Intensificó el beso y bajó su mano hasta apachurrarle el trasero.

Xiao Zhan cortó el beso de inmediato.

—Oye, no, aquí no —susurró, viendo los ojitos entreabiertos de su novio, quién muy apenas estaba consciente.

—¿No me dejas manosearte? —preguntó en tierno tono de puchero.

Xiao Zhan se aguantó la risa.

—Hazlo, pero despacio ¿Sí? Sólo un poco —susurró. No podía no darle gusto.

Yibo esbozó una sonrisa ladina cargada de picardía antes de volver a tomar ese trasero con una mano. Apretó una nalga y sonrió más mientras la amasaba con fuerza.

—Oye —se quejó, sonrojado—. ¿Tienes que ser tan brusco?

—Me gusta mucho —soltó en un suspiro—. Tu trasero es muy suave, y… esponjosito. Siempre me ha gustado.

—¿Siempre? ¿Desde cuándo? —quiso saber, en verdad curioso.

—Cuando nos vimos por primera vez en el set —sonrió como tonto. En ese momento su lengua no tenía freno.

—¿En la grabación del drama?

Yibo asintió.

—Te vi en los vestidores. Entré por error a tu camerino mientras te cambiabas —rio y se echó hacia atrás, cerrando los ojos y recordando ese día. Era tan gracioso verlo, pues todos su movimientos y expresiones eran exageradas y muy poco propias en él, incluso la forma en que arrastraba las palabras era extraña—. Te veías muy sexy.

—¡¿Qué?! ¡Wang Yibo!

El aludido sólo rio más al sentir el golpe de su amado en el brazo.

—Me gusta, siempre me gustó, pero no te lo iba a decir. Era prohibido decirlo, así que shh —se llevó un dedo a los labios, pidiéndole confidencialidad.

—No te preocupes —aguantó su risa—. No diré nada.

—Bien —suspiró y por un momento Xiao Zhan pensó que al fin se había quedado dormido, pero no fue así. El pobre fruncía el ceño y se quejaba.

—Di Di ¿Qué pasa?

—Me duele —suspiró.

El corazoncito de Xiao Zhan se contrajo en tristeza. Sabía que no podían darle más medicamento, le estaban dando todo lo permitido.

—Lo sé, lo sé —suspiró y acarició su rostro, intentando mitigar el dolor con tiernas muestras de cariño. Yibo extendió su mano una vez más y apretó el trasero de su novio con firmeza—. Yibo…

El aludido se hizo el desentendido y siguió acariciando, hasta que comenzó a deslizar la mano hacia la parte delantera de su novio.

—¡Yibo! —masculló entre dientes cuando sintió que lo toqueteaba.

—¿Qué? —lo miró como si le reclamara por algo que era totalmente normal.

—Me estás manoseando, ya cálmate —trató de no reír, pero lo hizo y además se sonrojó mucho, pues le había gustado.

—También puedes manosearme, vamos, tócame —tomó su mano y la puso sobre su entrepierna. Xiao Zhan pudo sentir bastante gracias a la fina tela de la bata, sin embargo, no había nada despierto entre las piernas de su amado, afortunadamente.

—Yibo… estás loco. No, estás muy dopado —se rio y lo abrazó con mucha fuerza—. Deja de ser pervertido y duerme.

—Es el medicamento —a pesar de ser abrazado, logró jalar la intravenosa en su mano.

—¡Hey! No hagas eso —lo detuvo antes de que se la arrancara, pues aún le faltaba medicamento por entrar a su sistema.

—Me están poniendo algo en esto. Zhan Zhan… es culpa de esto que te esté manoseando ¿Ves? —le apretó de nuevo el trasero.

—No, me estás manoseando porque eres un pervertido. Ya, tranquilízate o pediré que te amarren a la cama.

—¿Me vas a amarrar a la cama? —sus ojitos adormilados brillaron.

Xiao Zhan se quedó en blanco unos segundos antes de entender y sonrojarse.

—¿Quieres que te ate? —preguntó, repentinamente serio y en voz muy baja—. ¿Te gusta que te aten durante…?

—Ya te dije que soy virgen —espetó con fastidio, empujándolo hacia un lado—. Pero si eres tú…sí, puedes atarme. O yo puedo hacerlo ¿Puedo atarte? —se emocionó.

—Ya lo veremos —rio, tranquilo al saber que no recordaría aquello.

—Ge Ge.

—¿Mh?

—Tengo miedo.

—¿A qué le temes?

—Al sexo.

—Oh… —se despegó un poco de él para verlo mejor—. ¿Por qué?

—Porque quiero hacerlo contigo, pero… si tú me lo haces va a doler.

—Y si tú me lo haces a mí, también.

—Sí, pero… —hizo una mueca chistosa, levantando sus labios—…¿qué?

—¿Qué?

Yibo se quedó mirándolo fijamente, había perdido el hilo de la conversación.

—Hablábamos de que yo iré arriba cuando tengamos sexo —fue muy directo. Yibo frunció el ceño.

—No… me va a doler, no quiero.

—¿Por qué dices que te va a doler? Voy a ser cuidadoso.

—Porque lo tienes grande.

Xiao Zhan casi se ahoga. No, no la tenía lo suficientemente grande como para que Yibo dijera eso.

—El tuyo es más grande que el mío —admitió con algo de bochorno, en voz muy baja y bastante serio.

Yibo se quedó en silencio un rato, mirando hacia el techo.

—Pero es muy… lindo… —sus ojos se cerraban y abrían con pesadez—…¿un pene puede ser lindo? —comenzó a filosofar.

—Oh, ya cállate —se cubrió el rostro con una mano.

—¿Le puedo tomar una foto?

—¡No!

—Necesito un nuevo fondo de pantalla.

—No.

—Y te dejo tomarle una foto al mío.

—Uhm…

Era tentadora la propuesta, pero no, no lo haría.

—Quiero una foto de Xiao Xiao.

—¡¿Por qué le pusiste nombre?! —se llevó una mano a la boca, conteniendo sus propias ganas de reír.

—Porque…. Uhm… porque tú eres Xiao Zhan, eres Zhan Zhan y tu pene puede ser Xiao Xiao.

Eso para nada tenía lógica.

—Ya duérmete si no quieres que te asfixie con la almohada.

Yibo rio torpemente.

—Zhan Zhan nunca haría eso, él es muy bueno conmigo.

—¿Ah sí? —rio al ver que comenzaba a hablar de él como si no estuviera ahí—. Cuéntame más de ese tal Zhan Zhan.

Yibo suspiró como tonto enamorado, miró al techo y tomó una bocanada antes de comenzar.

—Él es… increíble, es un hombre alto, muy guapo, tiene unos ojos grandes que te dejan hipnotizado —sonrió como bobo, sin dejar de exagerar en su tono y sus gestos—. Y sus manos… sus manos son preciosas, son como las de un artista. ¡Ah! También es artista. Es fotógrafo, pintor, canta mejor que nadie y sabe actuar muy bien. Él… —su sonrisa se ensanchó—. Tiene un adorable lunar debajo de su labio inferior…ah… es hermoso. ¡Y tiene más! En su mandíbula y cuello tiene varios.

Xiao Zhan se aguantó las ganas de reír, pero no era de diversión, eran ganas de reír debido a sus nervios, nunca nadie jamás había dicho tales cosas de él.

—Y su cintura —ensanchó los ojos—. Es muy angosta, deberías verlo… también me gusta que siempre huele rico, sus manos son muy cálidas, cocina delicioso, siempre está cantando, amo su sonrisa, su piel, sus gestos, el tono de su voz, su cabello e incluso esa fea expresión que hace cuando lo molesto y piensa que soy infantil.

—Wow —ahora sí rio con ganas. Había dicho una lista tan larga que sentía sus orejas calientes debido a la vergüenza.

—Yo… —de repente arrastraba un poco las palabras—…yo estoy muy enamorado de él. Nunca había sentido algo así —confesó sin filtro alguno.

—¿Nunca te habías enamorado? —inquirió, con un nudo en la garganta.

Yibo seguía mirando al techo, algo perdido y muy dopado.

—Sí… o eso creí —tragó en seco—. Pero no se compara con lo que siento ahora. Nunca me había gustado un hombre, y luego llegó él. No sé cómo explicarlo, sólo sé que lo amo y quiero pasar todo mi tiempo con él. Y si al tener sexo tengo que ir… abajo, no me importa, sólo quiero estar con él —suspiró—. Pero ¡Shhh! —le puso torpemente un dedo sobre los labios a Xiao Zhan—. No le digas esto, pues me gusta pelear con él.

Aún con un nudo en la garganta, Xiao Zhan asintió y sonrió.

—Entonces estás muy enamorado.

—Mucho, pero tengo miedo de que él no sienta lo mismo que yo.

—¡¿Qué?! ¿Por qué?

—Sé que me ama, pero… no sé si tanto como yo a él —le dolió decir aquello, y a Xiao Zhan le dolió saberlo.

—Wang Yibo —tomó su rostro y lo obligó a mirarlo a los ojos—. Mírame, te prometo que Zhan Zhan siente lo mismo que tú, él te ama mucho más de lo que imaginas.

—¿En serio?

—Te lo juro —apretó ese bonito rostro entre sus manos hasta que sus mejillas se vieron rechonchas y más adorables.

Wang Yibo suspiró aliviado.

—Ya no tengo tanto miedo… —intentó moverse de lado, ya no quería estar acostado bocarriba.

—No te muevas.

—Estoy cansado, quiero ir a casa.

—Lo sé —suspiró y se inclinó más sobre él—. ¿Quieres dormir?

Yibo asintió en silencio.

—Pero quiero ver a Zhan Zhan.

—Aquí estoy.

Yibo parpadeó, confundido. Tomó el rostro de su amado y entonces abrió mucho los ojos.

—Zhan Zhan, llegaste —sonrió como idiota y lo jaló de la nuca para besarlo en los labios—. Oye…

—Dime.

—¿Puedes cantarme?

Xiao Zhan se asombró. Estaban en un hospital, no era lo ideal, pero tampoco podía decirle que no.

—¿Está bien si tarareo?

—¡Sí! —recargó su cabeza muy cerca del pecho de su novio.

Entonces Xiao Zhan comenzó a tararear muy suavemente "Wuji", exactamente igual a Lan Wangji cantándole a Wei Wuxian en la cueva de la tortuga.

Entre caricias, cariños y esa preciosa voz, Wang Yibo cayó finalmente rendido al sueño. Xiao Zhan no dejó de acariciar cada centímetro de su rostro. Tocó sus largas y abundantes pestañas, deslizó sus dedos por todo el puente de su nariz y sonrió al sentir ganas de morderle la punta, delineó sus labios y jugueteó un rato con ellos, hasta que el sueño comenzó a atacarlo a él también. Logró contenerse y decidió levantarse de la cama por si el médico volvía.

Miró esa pierna inmovilizada y se angustió, se veía horrible.

Tuvieron que pasar un par de horas antes de que Yibo comenzara a despertar, se sentía como si hubiese dormido una larga siesta en la tarde y hubiese despertado hasta la madrugada, se sentía de mal humor.

Aún un poco adormilado, fue dado de alta poco antes de medianoche. El médico les dio todas las indicaciones por escrito y les entregó un par de muletas que debía usar por unos días hasta que sus músculos sanaran. Trajo consigo también a un par de enfermeras que le ayudaron a vendar su pierna antes de ponerle la férula definitiva, era negra, incómoda y gruesa.

—Ya te puedes cambiar de ropa —le dijo el médico con una sonrisa—. Vendrán con una silla de ruedas para ti en un momento.

Yibo frunció el ceño, seguía adormilado, despeinado y algo desorientado. No dijo nada, sólo asintió con la cabeza y se talló los ojos. Fue Xiao Zhan el responsable de escuchar todas las indicaciones a seguir.

—Zhan Zhan —murmuró con voz ronca—. ¿Qué hora es? —bostezó.

—Es medianoche —tomó la bolsa con las pertenencias de Yibo que le entregaron en urgencias, ahí estaba toda su ropa—. ¿Te ayudo a cambiarte? —preguntó con suavidad.

Yibo frunció más el ceño y se negó rotundamente. Pero luego se preguntó cómo demonios se vestiría con esa férula obstruyendo su objetivo.

—Cuidado —lo ayudó a sentarse en la orilla de la cama. El pobre estaba muy mareado.

—Yo puedo —insistió, rechazando su ayuda.

—No —fue tajante después de verlo intentar y sufrir dolor—. Déjame ayudarte, por favor

Yibo no pudo negarse a eso, terminó asintiendo y así Xiao Zhan sacó la ropa interior de la bolsa de urgencias, sonrió al ver el color.

—¿Rosa?

—Déjame en paz —gruñó. Xiao Zhan rio y se agachó frente a la cama, cerca de sus pies.

—Anda, mete un pie y luego el otro —lo ayudó subiendo su ropa interior desde los tobillos hasta la férula, donde batalló con ella antes de lograr subir ese bóxer a su lugar.

Cuando pasó las manos por su trasero, aprovechó la oportunidad y lo apretó cariñosamente, con una mano en cada nalga. Fue adorable.

Yibo no pudo mantener más su mal humor y sonrió de lado.

—Tonto —le dijo.

Xiao Zhan rio, si tan sólo se hubiese visto a sí mismo hace unas horas, no diría eso.

—Me gusta tu trasero —con esas simples palabras, y un apretón más lujurioso, Xiao Zhan logró poner el rostro de Wang Yibo rojo. El pobre desvió la mirada, aún algo embotado por las medicinas—. Levanta los brazos —le pidió, para enseguida sacarle al fin esa bata de hospital, revelando su torso desnudo. Yibo sintió frío, hasta que Xiao Zhan le puso cariñosamente su camiseta. Yibo se sentía muy amado por esos simples gestos… lo estaba vistiendo.

—Gracias —susurró muy bajito antes de apretar la mandíbula.

—¿Duele mucho?

No podía mentirle, así que sólo asintió.

Xiao Zhan suspiró.

—Iremos a tu casa y podrás descansar —sonrió de lado, tratando de animarlo, pero nada parecía lograrlo, así que añadió—: y me quedaré a cuidarte hasta que mejores ¿Estás de acuerdo?

El rostro del menor se iluminó.

—Déjame cuidarte estos días.

Yibo se asombró mucho.

—Zhan Zhan, tienes cosas que hacer, estás muy ocupado en este momento, no puedes hacer esto.

—Tú dejaste todo para ir por mí.

—No lo hagas para devolverme el favor.

Xiao Zhan rio.

—Idiota, no lo hago por eso. Bien lo sabes.

Yibo se conmovió demasiado.

—Déjame cuidarte estos días ¿Si? —tomó su mano y la apretó con cariño. Yibo asintió, no pudo hablar debido al nudo en su garganta.

Xiao Zhan continuó vistiéndolo, agradeciendo al cielo que su ropa se conformaba por una camiseta y pantalones cortos muy holgados, así no tuvo problema para terminar de vestirlo. El problema llegó cuando intentó dar un paso y se dio cuenta del dolor que eso le provocaba.

—Hey, tranquilo amigo —le pidió el médico al entrar al cubículo y ver su intento por caminar. Acercó la silla de ruedas a él y le pidió que se sentara—. Nada de caminar solo ¿entendido?

Yibo asintió y así fue llevado hasta la entrada del hospital, donde Wen Pei apareció en su auto, junto con Mao, listos para ayudar a subir a Yibo el auto. Fue difícil y doloroso para él, pero se tranquilizó durante el camino, pues iba en el asiento trasero con Xiao Zhan, descansando sobre su hombro.

—Yibo —dijo de pronto Wen Pei desde el asiento del piloto—. Tus padres hablaron conmigo. Quieren venir a verte.

—No es necesario —dijo de inmediato, sorprendiendo a Xiao Zhan por su tono tajante.

—Fue lo que les dije. Mañana hablarán contigo por teléfono, les dije que estarías dormido hasta entonces.

—Gracias —suspiró aliviado. Xiao Zhan vio todo eso en silencio, ya luego hablaría con él sobre el tema.

Wang Yibo volvió a quedarse profundamente dormido, tanto así, que cuando llegaron a su hogar, tuvieron que ver cómo bajarlo en brazos.

—Yo lo haré —dijo Xiao Zhan cuando vio que Wen Pei y Mao se debatían sobre quién lo llevaría hasta su cama.

Sin problema alguno, y sorprendiendo con su fuerza a los otros dos, Xiao Zhan levantó en sus brazos a su amado. Wen Pei traía las llaves del departamento consigo, fue quien abrió y fue encendiendo las luces del lugar.

Xiao Zhan no pudo más que maravillarse, no sabía por qué, pero se imaginaba la casa de Yibo un poco más… desordenada. Pero era todo lo contrario, estaba pulcramente organizada.

Con su novio en brazos y la cabeza de éste contra su pecho, siguió a Wen Pei hasta que llegaron a la recámara principal, donde Xiao Zhan pudo recostar a su amado en su cama.

—¿Estás seguro de que te quieres quedar con él? —preguntó Wen Pei en voz baja.

Xiao Zhan asintió.

—Por supuesto que sí.

—Bien, Mao y yo nos iremos, pero llámanos si necesitan algo ¿De acuerdo?

—Gracias —lo miró fijamente—. Por todo.

—No me agradezcas aún. Todavía no les he mostrado el video que grabé de ustedes —rio.

Xiao Zhan se palmeó el rostro. Ya luego hablaría de eso con él. Wen Pei ya se iba a ir, pero se detuvo unos momentos para ver cómo Yibo dormía abrazando a ese peluche que Xiao Zhan le había regalado. No pudo evitar reír un poco.

—En verdad le gustó.

—Sí —suspiró y terminó bostezando con fuerza.

—Será mejor que tú también descanses. Hay una habitación libre al fondo del pasillo, entra a la derecha, porque en la izquierda Yibo no deja entrar a nadie. Y si lo haces, procura no tocar nada ¿Entendido?

—Uhm… sí —se desconcertó un poco, pero estaba tan cansado que no se detuvo a hacer preguntas.

—Pei —Mao asomó la cabeza al cuarto—. Vámonos, dejemos que descansen.

—Bien —sonrió y les dedicó una última mirada a esos "niños", no podía evitar verlos como un par de jovencitos.

Así fue como Xiao Zhan se quedó solo con su amado. Ni siquiera se animó irse a dormir a otra parte, arrastró la silla del escritorio de Yibo a un lado de la cama, se sentó ahí y montó guardia toda la noche. Dormitó en algunas ocasiones, pero estuvo al pendiente de su novio, pudo escuchar cómo el pobre se quejaba entre sueños. Eso le partía el corazón.

—Xiao Zhan… Xiao Zhan.

El aludido pegó un brinco de su silla al escuchar su nombre en voz de su amado.

—¿Qué pasa? —encendió la luz del buró—. ¿Estás bien? —intentó aclarar su vista, sus ojitos apenas se abrían por el cansancio, lo mismo le ocurría a Yibo.

Yibo aclaró un poco su voz.

—No duermas ahí, hay espacio en mi cama —palmeó el lugar junto a él.

—No, te puedo lastimar.

—Duerme de este lado.

—Pero…

—No podré dormir bien si no duermes conmigo —no mentía, lo mismo le ocurría a Xiao Zhan.

Suspirando, el mayor se quitó los zapatos.

—¿Te molesta si me deshago de un poco de ropa?

—Por mí puedes dormir desnudo.

Xiao Zhan rio por ello, tomó nota mental.

—No es necesario tanto —se desvistió hasta quedar sólo en ropa interior, la verdad era que tenía por costumbre dormir en ropa interior o a veces incluso sin nada. Se metió junto a Yibo en la cama y lo abrazó antes de que se lo pidiera.

—Oye…

—¿Mh?

—Gracias.

—¿Por qué?

—Por todo —suspiró suavemente antes de acurrucarse hacia él todo lo que su pierna le permitió.

—Siempre estaré para ti —besó su frente y a Wang Yibo se le formó un nudo en la garganta que no pudo deshacer debido a su cansancio.

—Te amo… —fue lo último que dijo antes de caer rendido al sueño, esta vez, en los brazos de su ser más amado.

Continuará…

06/03/2020

¿¡Cuál fue tu parte favorita!? O más bien: ¿Qué locura de Yibo fue tu preferida? Jaja