Capítulo 45: "Quiero intentarlo de nuevo"
El agua caliente rodeaba sus cuerpos, la presión de los chorros era perfecta para relajar sus músculos cansados después de un día tan largo, pero nada era mejor para cerrar el día con broche de oro que una intensa sesión de caricias y besos en el jacuzzi.
Hace poco más de una hora se habían metido a él, sin ropa y listos para relajarse un rato. Cada uno se había sentado en un extremo opuesto, disfrutando de las burbujas y de la temperatura. Ambos descansaban su cabeza sobre una toalla en el borde, disfrutando en completa paz el momento. Sobre ellos el techo tenía un tragaluz tan amplio que podían ver las estrellas en esa noche de cielo despejado, la pared detrás del jacuzzi tenía también un ventanal amplio desde donde podían ver un oscuro y nevado bosque. Lo único que alumbraba el cuarto del jacuzzi eran pequeñas velas artificiales que daban la suficiente luz para distinguir lo más necesario.
El momento era perfecto, relajante y tan pacífico que Yibo se cansó de tanto silencio y quietud. Abrió sólo un ojo y descubrió con mucha sorpresa que su novio parecía haberse quedado dormido. ¡Pero no quería eso! Él tenía otros planes para esa noche.
Con movimientos sigilosos se deslizó a través del jacuzzi hasta llegar a su lado. Lo miró unos segundos y descubrió que, en efecto, estaba dormido.
—Adorable —pensó, mirando su perfil y suspirando ante la belleza de ese hombre.
Cada vez que pensaba en lo afortunado que era al tenerlo a su lado, una sonrisa estúpida se formaba en su rostro por largo rato. Xiao Zhan era perfecto, y verlo interactuar con Emma sólo había logrado que su admiración hacia él incrementara.
Suspiró como tonto enamorado y lo admiró en silencio por unos momentos más. Sin embargo, no resistió mucho y puso manos a la obra. Comenzó a deslizar sus dedos desde el borde de su barbilla, descendiendo por su manzana de Adán y llegando hasta sus clavículas. En todo momento estuvo al pendiente por si despertaba, pero al ver que no lo hacía, continuó. Las yemas de sus dedos bajaron por su pecho lentamente, llegaron a su ombligo y de ahí en adelante se movieron con más cuidado hasta encontrar lo que buscaba desde un principio.
Deslizó sus dedos sobre su pene y percibió cómo su amado soltaba un leve ruidito entre dientes, aún dormido. Fue un poco más travieso y atrapó entre sus dedos sólo el glande, estimulándolo de tal forma que sabía enloquecería a su novio. Haciendo eso logró arrancarle un gemido entre sueños.
Yibo puso su mentón sobre el hombro de Zhan Zhan y comenzó a besar su cuello al mismo tiempo que tomaba su pene dentro de un puño, apretándolo suavemente antes de comenzar a masturbarlo.
—Ah… —abrió los párpados de par en par, despertando ante ese placer—…Yibo ¡Ah! ¿Qué haces? —lo miró a los ojos, con expresión confundida. Pero sus brazos actuaron por inercia, rodeando a su novio con cariño.
—¿No te gusta? ¿Quieres que me detenga? —murmuró sensualmente contra su oreja, mordiéndole el lóbulo.
—Ah… no, no te detengas —acarició su espalda húmeda y suave, atrayéndolo más hacia él. El menor ocultó su rostro en el cuello de su novio, besándolo y repartiendo todo tipo de atenciones placenteras.
Que fortuna era despertar así.
De pronto Yibo se acomodó entre las piernas de su novio, haciéndole notar que ya estaba excitado desde hace tiempo.
—Zhan Zhan.
—¿Mh? —estaba aún adormilado y bastante perdido debido a las atenciones que le daba su pareja.
—Sé que dije que quería que sólo tú me lo hicieras por ahora, pero… —suspiró contra la piel de su cuello antes de mirarlo a los ojos—. ¿Puedo hacértelo esta vez?
Xiao Zhan sonrió ampliamente, para empezar, no podía decirle que no a esa linda expresión. Y para terminar… ¡Él quería que se lo hiciera! Lo extrañaba.
—Hazlo —le dijo antes de unir sus labios en un anhelado beso que subió de tono inmediatamente.
El mayor abrió más sus piernas y las ancló en las caderas de su novio, impidiéndole la escapatoria.
El pulso de Yibo se elevó hasta los cielos ante esa aprobación. No iba a desaprovechar la oportunidad, le demostraría a Xiao Zhan todo lo que había logrado aprender en esos días.
Los besos se volvieron más hambrientos, más profundos. Las caricias se sentían con una mayor intensidad debido a la temperatura caliente del agua.
Yibo tenía sus manos sobre el pecho de Xiao Zhan, con sus palmas abiertas, sintiendo cada centímetro de piel a su alcance. Las mantenía presionadas sobre sus pectorales, percibiendo incluso el latir de su corazón, tan potente y cada vez más acelerado.
El menor mantenía su boca firme sobre la de su amado hasta que Zhan Zhan, sin poder contenerse más, lo tomó del rostro y profundizó el beso, instándolo a separar los labios para tocar su lengua con la de él, buscando que ese beso les robara el aliento a ambos. Eso ocasionó que se perdieran por largos minutos en ese beso en el que parecía que más que besarse buscaban absorberse uno al otro dentro de esos movimientos lentos pero profundos y certeros.
Xiao Zhan se separó un momento del beso, pero sin soltar sus manos de ese bonito rostro. Se miraron fijamente durante unos segundos. Yibo se mordió el labio inferior al mirarlo, se lo quería comer ahí mismo. El mayor tenía su boca entreabierta, estaba sonrojado y jadeante, pero no quitaba su mirada de Yibo, una mirada seria, brillante y arrebatadora.
No hicieron falta palabras. Yibo de pronto apretó las caderas de su novio por debajo del agua, pellizcándolas hasta hacerlo fruncir el ceño y los labios.
Yibo tragó con fuerza al escucharlo gemir cuando tomó su miembro entre ambas manos, masturbándolo. Xiao Zhan echó su cabeza hacia atrás, pero mantuvo el contacto visual en todo momento, su amado lo miraba como si el tiempo y espacio hubiesen dejado de existir.
Zhan Zhan de pronto rodeó la angosta cintura de su pareja y lo atrajo hacia su cuerpo, el agua que los rodeaba se agitó un poco ante sus movimientos. Una vez más, Xiao Zhan se rindió ante uno de sus besos, un beso que lo sumergió en lo más profundo de un sentimiento cálido, lleno de confianza y un amor difícil de describir con palabras. Se sentía tan bien dentro de su abrazo, rodeado por sus caricias, que no encontraba una mejor manera de regresarle un poco de ese amor mas que ofreciéndole su cuerpo entero. Xiao Zhan estaba a merced de Wang Yibo, no había vuelta atrás.
La sesión de besos se alargó un poco más, estaban tan cómodos ahí que no les importaba el hecho de que sus cuerpos ya eran un par de pasas arrugadas por el agua.
Xiao Zhan acariciaba esa espalda sin cansarse, descendiendo de vez en cuando a su trasero para darle la atención debida.
—Me encantas, me gustas demasiado, Zhan Zhan —murmuró contra la piel de su cuello, causándole cosquillas al sentir pequeños besos revoloteando por su cuello y hombro. La suave risa que soltaba por esas cosquillas fue sustituida por leves jadeos al sentir mordidas en vez de besos.
—Wang Yibo ¿Ya vas a comenzar? —jadeó, arqueando su espalda al sentir que nuevamente comenzaba a masturbarlo mientras repartía besos por doquier.
—Tú empezaste —murmuró, mordiéndolo.
—No… tú… ah —ya no pudo coordinar ni siquiera sus pensamientos. Abrazó a Yibo por el cuello y atrapó sus labios entre los suyos, degustando el sabor de su piel, sintiendo cómo esos labios no sólo lo acariciaban, sino que lo incitaban y seducían sólo como él sabía hacerlo. Su cuerpo entero ardía en pasión. Le faltó la respiración cuando Yibo jadeó y deslizó una mano tras su espalda, tomándolo por la cintura para pegarlo a su cuerpo, de esta forma sus caderas quedaron unas contra las otras, frotándose por debajo del agua.
Yibo se apartó un poco de él al escuchar palabras incoherentes.
—Oye… ah… espe…ah…
—¿Qué pasa, Zhan Zhan? —jadeó, separándose un poco más de él y dejando de restregarle su miembro contra el suyo.
—Vayamos a la cama —pidió en medio de un suspiro, tomando a Yibo de la nuca y pegando su frente a la de él—. Por favor.
Yibo le daría gusto en lo que lo que sea que le pidiera. Se apartó de él y permitió que se levantara. Pero apenas lo vio incorporarse y darse media vuelta, la boca se le hizo agua al mirarlo. Lo observó de pies a cabeza, el agua escurriendo por su piel aperlada, la cual se erizaba ante el cambio drástico de temperatura.
No lo aguantó más y se echó sobre él. Lo atrapó desde atrás y pegó su cuerpo al de Xiao Zhan, éste perdió el equilibrio y terminó cayendo hacia delante. Lo único que impidió su caída fue el vidrio del ventanal frente a él, se apoyó con ambas manos, dejando la huella de su calor sobre el vidrio.
—¡Wang Yibo! —se quejó, asustado por pensar que se pudieron haber caído, pero el menor no hizo caso, sólo lo apretó más contra su cuerpo y empezó a restregar su miembro erecto contra su trasero, una y otra vez, frotándose sin ningún pudor. Xiao Zhan pudo mirar el tenue reflejo de ambos sobre esa ventana, y no pudo más que sonrojarse al vislumbrar el sexy movimiento de caderas de su novio.
—No pude soportarlo más —jadeó sobre su hombro, mordiéndolo al final.
—Yibo… Zài Zài, por favor, vamos a la cama —las piernas le temblaban por la emoción del momento, si así era ahora, no quería imaginarse cuando las cosas se pusieran peor, definitivamente no aguantaría ahí de pie.
—Bien —besó su cuello y lo dejó liberarse del posesivo abrazo.
Ambos salieron con prisa del jacuzzi, tanto así que sólo se detuvieron a apagarlo antes de salir casi corriendo rumbo a su habitación. Yibo se había echado encima su bata de baño y tomó la de su novio antes de perseguirlo y alcanzarlo a medio camino para cubrirlo con ella también.
Pero no la necesitaron mucho tiempo, pues apenas llegaron a la recámara tiraron sus batas y se tumbaron sobre la cama. Xiao Zhan fue el primero, esperando con brazos abiertos a su pareja. Yibo se acostó sobre él, feliz al ver lo dispuesto que estaba.
—Te quiero, Zài Zài —suspiró al sentir cómo dejaba un camino de besos en sus mejillas, luego en su mandíbula y finalmente en su cuello, causando que el pulso de Xiao Zhan se acelerara aún más.
—Y yo te amo —apretó su cintura con una mano mientras usaba la otra para acariciar su pecho.
—Yo también te… te ah…
Yibo lo interrumpía a propósito, volviéndolo loco al entretenerse con uno de sus pezones, besándolo y succionándolo hasta hacerlo perder la cabeza.
Los besos de él deberían ser considerados adictivos. Xiao Zhan aún se sorprendía por la rapidez con la que Yibo aprendía, pues sólo él había logrado causarle tal grado de excitación en toda su vida. El menor supo que lo que hacía estaba dando frutos cuando bajó una mano al miembro de Xiao Zhan y sintió bastante humedad en él.
No pudo esperar más, se levantó en busca del lubricante que tenían en la mesita de noche y con algo de prisa colocó un poco del líquido sobre su dedo medio. Xiao Zhan miraba cada uno de sus movimientos mientras se mordía el labio inferior. No podía evitar estar algo nervioso debido a su experiencia pasada, pero confiaba en que su amado lo haría mucho mejor.
Inmediatamente Yibo llevó ese dedo hacia la entrada de su pareja y lo introdujo muy lentamente, buscando provocarle la menor molestia posible. Esta vez no se quedó sentado entre sus piernas, no, ahora se recostó sobre él y dedicó especial atención a uno de sus pezones, distrayéndolo así de lo que ocurría entre sus piernas.
—Zhan Zhan —susurró—. Abre más tus piernas.
—Lo siento… ah —jadeó, complacido por las atenciones.
Muy pronto Xiao Zhan, el ruidoso, apareció.
Estaba consciente del ruido que hacía, eso lo avergonzaba mucho, pero sabía también que su pareja lo disfrutaba en grande. Y es que esos gemidos eran producto del enorme placer que le provocaban sus ardientes caricias sobre su piel, sus besos cálidos que le robaban el aliento, y de esa lengua ágil y poderosa que lo hacía desfallecer.
Xiao Zhan intentaba controlarse, pero simplemente le resultaba imposible. Wang Yibo le arrancaba esos sonidos casi sin tocarlo, le bastaba con dedicarle una de esas miradas profundas y penetrantes para que Xiao Zhan se estremeciera y comenzara a retorcerse bajo su cuerpo por la emoción anticipada.
Para Wang Yibo, escuchar la deleitable voz de Xiao Zhan murmurando su nombre entre gemidos era tremendamente excitante, casi como tocar el cielo. Y el simple hecho de pensar en cuántas mujeres deseaban tenerlo así en su cama… ¡Wow! Se sentía el hombre más afortunado del mundo porque él sí podía tenerlo en su cama, y no sólo eso, podía tenerlo en su corazón, y a eso nada se le podía comparar.
Sin detener su labor, varios pensamientos asaltaron su mente en ese momento: estando en público tenía que limitar mucho su trato hacia él, a pesar de que se encontraban en otro país, se contenía un poco porque sabía que el riesgo de ser reconocidos seguía existiendo. Pero no sabía si podría contenerse aún más estando en su país, pues Yibo se moría por poder caminar por la calle, abrazado a él, robarle un beso en plena luz del día y decir en voz alta y entre la gente cuánto lo amaba. Quería que todos supieran que los dos se amaban y que nadie tenía derecho a meterse en su relación.
Sin embargo, debía conformarse con lo que podían tener. Simplemente se limitaban a guardar toda esa pasión para expresársela mutuamente tras las puertas de su hogar. Justo como ahora, podía entrelazar sus manos, abrazarlo, besarlo y mostrarle con cuánta pasión lo adoraba.
A veces temía que Xiao Zhan no le creyera cuando le decía cuánto lo amaba, que lo adoraba con locura y que quería pasar el resto de sus días a su lado, sabía que lo tomaba por loco enamorado a temprana edad. Y no era así.
—Xiao Zhan.
—¿Qué pasa? —preguntó entre suspiros, tratando de mantenerse cuerdo bajo sus atenciones.
—Te amo —lo dijo muy en serio, mirándolo fijamente a los ojos. El aludido esbozó una tierna sonrisa y le acarició la mejilla.
—Yo también te amo.
—Lo digo muy en serio.
—Yo también —sonrió más ampliamente.
—Es que… Zhan Zhan, créeme, te amo demasiado. Tanto que… —se llevó una mano al pecho—…en serio duele.
—¿Estás bien? —dejó de lado la pasión del momento y se acercó a él—. ¿Te duele el pecho?
—Sí. Bueno, no así —suspiró, algo exasperado—. ¡Sólo quiero que entiendas que te amo! —lo empujó contra el colchón y lo rodeó con ambos brazos, apretándolo muy fuerte mientras repetía una y otra vez cuánto lo amaba.
—¡Yibo, Yibo! —detuvo esos besos que le causaban tantas cosquillas y acunó tiernamente su rostro entre sus manos—. Lo entiendo perfectamente, porque yo me siento igual —besó sus labios y luego una de sus mejillas—. Te amo, y sé muy bien que tú también me amas —lo miró a los ojos con ese hermoso sentimiento brillando en ellos.
Wang Yibo tragó en seco, tratando de deshacer el nudo que se había formado en su garganta.
—Cariño —pasó una mano por los cabellos de Yibo—. Hazme tuyo —le pidió con una sonrisa, sin detener el contacto visual ni un segundo.
Yibo se mordió el labio antes de abrazarlo de nuevo y llenarlo de besos. Ese fue el mejor incentivo para que continuara con lo que había dejado a medias.
Una vez más buscó dilatar a su amado, lo hizo con paciencia y amor. A diferencia de la primera vez, ahora le dedicó el tiempo necesario y de una forma totalmente diferente, pues mientras hacía su labor, llenaba de atenciones el cuello de su amado y sus labios también.
Con una mano cálida lo llenó de caricias mientras con su profunda voz le decía cuánto lo deseaba, cuánto le gustaba su cuerpo y su piel. Besó su cuello hasta el cansancio, dejó un recorrido de besos y saliva a lo largo de su piel, haciéndolo gemir al sentir la succión de sus labios cada pocos centímetros. Xiao Zhan podía sentir cómo esas atenciones le provocaban un hormigueo intenso en su vientre bajo y entrepierna.
Lo único que podía hacer era intentar regresarle un poco de ese maravilloso placer, pero su mente nublada ante tanta excitación no le dejaba hacer mucho, sólo podía removerse un poco debajo de su cuerpo, gimiendo sin pudor alguno y enredando sus dedos en su suave cabello aún mojado.
—Yibo… ah… hazlo ya —onduló sus caderas hacia él, mostrándole que estaba más que preparado.
Apresurado, dejó de prepararlo con sus dedos y se estiró hasta el buró en busca de un preservativo. Se lo puso con algo de torpeza, y cuando lo logró se volvió a acomodar sobre su amado.
Xiao Zhan sonrió al verlo con más seguridad que la primera vez. Ahora su mirada lo estremecía de sólo toparse con ella.
Abrió más sus piernas para darle un mejor acceso, descansó sus talones sobre su perfecto trasero y rodeó su cuello con ambos brazos.
—¿Estás listo?
Xiao Zhan asintió dulcemente.
Yibo tragó en seco, un poco nervioso al traer a su mente recuerdos de su última experiencia. Había hecho sufrir tanto a su amado que incluso lo hizo llorar, no quería que eso se repitiera. Tenía mucho miedo.
Pero decidió enfrentar esos temores.
Se acomodó mejor entre sus piernas, tomó su miembro y lo llevó a la entrada de su novio, introduciéndolo muy despacio. En todo momento estuvo al pendiente de sus expresiones y de sus sonidos. Se sintió aliviado al verlo fruncir el ceño, pero gimiendo suave y largamente. Eso significaba que lo que le hacía se sentía bien.
Logró introducir más de la mitad y Xiao Zhan ya estaba aferrándose a su espalda con fuerza.
—¿Estás bien? —susurró contra su mejilla, llenándola de suaves besos.
—Sí —suspiró y sonrió al sentir que le mordía una mejilla—. Tonto —rio y lo abrazó más fuerte—. Puedes seguir, estoy bien —aseguró. Yibo se dio cuenta de que no mentía porque pudo sentir que acariciaba su espalda y se veía bastante relajado—. Confío en ti, sigue.
Más confiado, Wang Yibo continuó y lo penetró por completo. Xiao Zhan mantuvo el contacto visual con su pareja, pero su rostro entero se contrajo en una mueca de dolor combinada con placer.
Al verse rodeado y apretado por ese calor dentro del cuerpo de su novio, Yibo soltó un pequeño gruñido, lleno de placer. Se esperó unos momentos antes de comenzar a mover sus caderas, momentos que aprovechó para consentir a Zhan Zhan, llenándolo de besos y caricias que incluso lo hicieron soltar pequeñas risas por las cosquillas que le causaba. Yibo sonrió al escucharlo reír con esa tranquilidad. Esta vez sabía que lo hacía bien.
—¿Me puedo mover? —preguntó sobre sus labios. Pero como respuesta obtuvo un sensual movimiento de caderas de Xiao Zhan que los hizo gemir a ambos—. ¿Eso… eso es un sí?
—¿Tú que crees, tonto? —rio antes de rodear más fuerte su cuello, atrayéndolo a él.
Entonces Yibo comenzó un rítmico y profundo vaivén. La habitación se vio llena de sonidos bastante excitantes, sus gemidos se mezclaban, el sonido de sus cuerpos chocando uno con otro era en verdad muy lascivo.
La espalda de Xiao Zhan se arqueó y Yibo se detuvo un momento.
—¿Estás bien?
—¿Por qué paras? ¡No pares! —bajó sus manos hasta tomar el trasero de Yibo y lo apretó al mismo tiempo que alzaba las caderas para profundizar la penetración.
Yibo lo miró con ojos muy abiertos, vio cómo su expresión se… ¡Lo estaba disfrutando!
Con una sonrisa ladina, Wang Yibo se vio bastante motivado una vez más. No volvería a detenerse.
—¡Ah! ¡Así! —apretó los labios para retener los gemidos que querían salir, Wang Yibo se percató de ello e inmediatamente lo reprendió, inclinándose hacia él y mordiéndole los labios hasta hacerlo jadear.
—No hagas eso —lo regañó—. No te contengas.
Xiao Zhan juntó ambas cejas en un gesto bastante tierno, casi parecía un puchero. Y es que le daba algo de vergüenza ser tan ruidoso. Yibo lo entendió sin necesidad de palabras.
—A mí me encanta —jadeó contra su oído antes de lamer su oreja de extremo a extremo—. Me pone más duro —admitió sin un atisbo de pudor, suspirando en esa oreja sin detener el movimiento de sus caderas.
Cuando se apartó un poco de él, pudo ver el tierno sonrojo en todo el rostro de Xiao Zhan. Yibo sonrió con su ego por los cielos. Tenía debajo de él a un hombre de veintiocho años, completamente a su merced y avergonzado por su culpa.
—Ah… —jadeó Yibo, agitado y muy excitado—. Demasiado estrecho.
Entonces sus miradas se encontraron una vez más, pero en esta ocasión ninguno deshizo el contacto. Se miraron fijamente. Cuando Yibo aumentaba la fuerza de sus penetraciones podía ver cómo el bonito rostro de Zhan Zhan se contraía en una leve mueca de placer. Pero él quería hacerlo gritar su nombre, y no lo había logrado aún.
Fue ahí cuando tuvo una gran idea. Recordó que su amado alguna vez logró meterse en una maleta, lo que indicaba que poseía una buena elasticidad, suficiente para…
—Levanta tus piernas —le pidió. Puso sus manos en la cara posterior de las rodillas de Xiao Zhan y comenzó a elevar sus piernas lo suficiente para tener un mejor acceso a él
El mayor jadeó y se retorció al sentirlo más profundo, tomó sus propias piernas y las detuvo en el aire para que Yibo pudiera apoyarse en la cama y embestirlo con más fuerza. Xiao Zhan quería más, necesitaba mucho más. El Yibo rudo de aquella primera vez se había desvanecido, quizás se había asustado, pero lo quería de vuelta.
—Zài Zài… ah… ven —extendió su mano, Yibo se inclinó sobre él y sintió que lo jalaban de la nuca hacia abajo. Se preocupó, pues las rodillas de Xiao Zhan quedaron casi sobre sus hombros ¿No le dolía? Tal parecía que era igual de flexible que él—. Yibo… —suspiró muy cerca de sus labios—. No tengas miedo, no me voy a romper.
Eso sorprendió al menor.
—¿Quieres que… sea más rudo? —tragó en seco.
Xiao Zhan asintió sin apartar la mirada de él, sonriéndole de una forma que le puso la piel de gallina.
—Sé que te gusta así, y… a mí también —admitió—. Así que te digo lo mismo: no ten contengas.
—Pero, ¿y si te duele?
Xiao Zhan negó con su cabeza, sin soltar la nuca del otro.
—La primera vez dolió, ahora sé a lo que me atengo. Confía en mí y sigue ¡Por favor! —rio.
—Tú lo has pedido —besó sus labios antes de separarse de él y comenzar a hacer lo que había querido desde el principio.
Apoyó ambos brazos fuertemente contra el colchón, a cada lado de Xiao Zhan; le pidió que sostuviera sus piernas por los muslos, manteniéndolas separadas y hacia arriba; y entonces comenzó.
La espalda entera de Xiao Zhan se arqueó al sentir cómo salía completamente de él sólo para volver a insertarse hasta el fondo, con fuerza y sin titubear. Incluso el aire había escapado de sus pulmones debido a la repentina intromisión.
No había duda de que Wang Yibo era Frío o Caliente, era todo o nada.
Gracias a la posición de sus cuerpos, Xiao Zhan podía apreciar claramente desde su lugar cómo el pene de Yibo entraba y salía sin piedad de su cuerpo, logrando que esos sonidos lascivos se hicieran mucho más sucios.
La visión de aquello, el sonido de sus cuerpos y los leves jadeos que soltaba Yibo con cada estocada le estaban volando la cabeza a Xiao Zhan. La combinación sólo había logrado excitarlo mucho más.
—Zhan Zhan —jadeó—. ¿Se siente bien así? —a pesar de que lo veía retorcerse de placer bajo su cuerpo, quería oír de su propia voz lo mucho que estaba disfrutando aquello.
—Por Dios ¡Sí! —cerró los ojos con fuerza y estiró sus rodillas hacia el pecho todo lo que pudo, hasta que no soportó mucho en esa posición y mejor terminó enredando sus largas piernas en la cintura de su novio.
Momentos después Yibo supo que en verdad lo hacía bien, pues había dado con cierto punto dentro de Zhan Zhan que lo hizo gemir en voz muy alta al mismo tiempo que lo abrazaba con tal fuerza que casi no lo dejó moverse más.
—Xiao Zhan —murmuró contra sus labios antes de besarlos durante unos segundos—. Oye… —jadeó, moviendo solamente sus caderas, pues el resto de su cuerpo era inmovilizado por el mayor—…no me puedo mover —dijo al fin.
—Lo siento —murmuró, avergonzado. Lo soltó y dejó que le siguiera brindando placer.
Cada embestida culminaba en un gemido fuerte y claro de Xiao Zhan, cuya voz salía grave y algo rasposa. Lo mejor de todo era que Yibo no se quedaba callado, le dejaba saber a su pareja lo mucho que disfrutaba haciéndole el amor de esa forma.
Se unieron en un profundo beso, Xiao Zhan le devolvió todas las atenciones que le daba, con ese beso. Yibo suspiró de placer al sentir la lengua de su novio buscando la suya con insistencia. Yibo dejó de penetrarlo unos momentos y dejó todo su peso sobre Xiao Zhan, recuperando el aliento unos segundos y aprovechando para mantener su boca unida a la de él.
Algo que Yibo le reconocía sin dudar a su novio, eran sus besos. Xiao Zhan era excelente besando. Todavía seguía sorprendido por lo que un simple beso de él causaba en su cuerpo. Justo como ahora, la lengua de su novio acariciaba a la suya con un ritmo perfecto, sabía cuándo succionar, cuándo acariciar con su lengua e incluso cuándo dar pequeñas mordidas, de esas que Yibo amaba porque podía sentir como si pequeñas descargas eléctricas recorrieran su cuerpo ante besos de esa excelente calidad.
Sus respiraciones se mezclaban. Xiao Zhan enredaba sus dedos en el cabello de Yibo y lo atraía a su boca para profundizar aún más el beso. Pero sus manos no se quedaban quietas ahí, no, bajaban por su nuca y se deslizaban sutilmente por toda su columna vertebral, delineándola y erizando la piel a su paso.
Al terminar el beso, un pequeño hilo de saliva quedó pendiendo entre ambos. Xiao Zhan esbozó una sonrisa traviesa antes de pasar su lengua por los labios de Yibo, haciéndolo soltar una pequeña risa. Pero la sonrisa de Xiao Zhan se convirtió en una mueca de completo placer al sentir que sin previo aviso Yibo volvía a salir por completo de su cuerpo y después se insertaba sin dudar en él.
—Ah… demonios —enterró sus uñas en la espalda de Yibo, arrancándole un gemido entre adolorido y placentero.
Entonces Yibo se separó, una idea había surcado su mente, quería cambiar de posición. Salió del cuerpo de su novio, abrió sus piernas y pegó la pelvis al trasero de Xiao Zhan, restregándose contra él un par de veces.
—Pon tus piernas aquí —las jaló hasta pasárselas una a cada costado.
Así terminaron en una extraña posición, Yibo con las piernas abiertas, sentado frente a Xiao Zhan, y éste recostado en la misma posición, descansando sus piernas a los costados de Yibo.
—¿Qué… dónde viste esto? —suspiró Xiao Zhan al sentirse tan cómodo, en especial porque Yibo ahora tenía un perfecto acceso al miembro de Xiao Zhan.
—En ningún lado, sólo se me ocurrió.
Xiao Zhan iba a molestarlo un poco más, pero su mente se puso en blanco cuando sintió que su amado volvía a penetrarlo, esta vez mucho más profundo. Pero lo que hizo de esa posición ahora una de sus favoritas, fue el hecho de que Yibo podía masturbarlo, y vaya que sus manos eran bastante ágiles.
El único inconveniente era que no tenía nada de qué sujetarse, y eso no le gustaba. Así que tomó una almohada y la abrazó con fuerza, pero Wang Yibo no pareció conforme con eso, en especial porque de un momento a otro se la llevó a la cara.
—No, eso no —Yibo tomó esa almohada y la lanzó violentamente lejos de ellos—. Quiero escucharte.
—Ah… —quería hablar coherentemente, pero no podía hacerlo mientras todo su cuerpo y la cama entera estuvieran moviéndose al ritmo de las estocadas de su pareja—… ¿Tienes un… fetiche, acaso?
—Sí —se moría por inclinarse sobre él y comérselo a besos, pero no quería deshacer esa posición que era en verdad placentera.
Decidió concentrarse en ello, en penetrarlo a diferentes ritmos, a diferentes profundidades y ángulos; quería saber qué hacía disfrutar más a su amado, y no tardó mucho en averiguarlo.
Mientras lo penetraba, logró coordinar los movimientos de sus manos sobre su miembro, masturbándolo lentamente, viendo cómo el líquido preseminal comenzaba a chorrear sin cesar.
—¡Wang Yibo! ¡AH! ¡ahí! Tú… rápido… más.
El ego de Wang Yibo aumentó un poco más y sus inseguridades comenzaron a desvanecerse al ver que podía lograr que su novio gritara su nombre de esa forma.
No tardó en localizar el punto exacto que había hecho gritar a su amado, y cuando lo hizo, comenzó a rozarlo incansablemente con su miembro, entrando y saliendo, creando una deliciosa fricción que ya lo estaba enloqueciendo a él también.
Estaba tan concentrado en eso, que no se dio cuenta del momento en el que Xiao Zhan se impulsó hacia delante, empujándolo ahora a él contra el colchón. Todo esto sin que el miembro saliera de su cuerpo.
Xiao Zhan lo acorraló bajo su cuerpo, apresándolo contra el colchón usando las manos sobre sus brazos, estaba inclinado sobre él, pero sus pechos no se tocaban. Wang Yibo se deleitó unos momentos con la belleza que tenía ante sus ojos. Estaba precioso. Su pecho subía y bajaba debido a su respiración errática, una ligera capa de sudor comenzaba a cubrir su piel. Su cabello… ¡Ja! Su cabello era un completo desorden por culpa de Wang Yibo, y ni se diga de sus labios rojos e inflamados. Era un bonito desorden lleno de marcas y mordidas por doquier. No pudo evitar sonreír del lado, pensando por enésima vez en lo afortunado que era.
Cuando recuperó un poco el aliento, Xiao Zhan comenzó a mover sus caderas de atrás hacia adelante. En el primer intento su cuerpo entero se estremeció y su rostro se contrajo en una mueca de dolor, pues su cuerpo al fin había absorbido por completo a ese trozo de carne en su interior.
Yibo no dijo nada, lo apreció en silencio y simplemente estiró sus manos hasta los hombros de su novio, los acarició y descendió poco a poco por sus brazos hasta llegar a sus manos, esas que retenían con fuerza a sus brazos sobre el colchón. Las tomó con cariño y se llevó una de ellas a los labios, besando el dorso de ésta con tanto amor que el rostro de Xiao Zhan se sonrojó. Motivado, Xiao Zhan volvió a mover sus caderas de forma oscilatoria una y otra vez, viendo cómo ahora era Yibo quien se mordía los labios por el placer.
Yibo entrelazó sus manos con él, permitiendo que se apoyara en éstas, inclinado hacia delante para darse el impulso necesario para mover sus caderas sin perder el equilibrio.
—Mierda… —soltó Yibo entre dientes, eso alarmó a Xiao Zhan, quien no dejó de mover sus caderas ni un segundo.
—¿Qué pasa? —soltó en un jadeo.
—Mierda —repitió, con un rostro preocupado.
—Yibo… —fue interrumpido.
—No creo aguantar mucho —confesó.
—Yo tampoco —fue muy sincero, pues estaba al borde de su orgasmo.
—Ven aquí —Yibo se incorporó lo suficiente para terminar sentado con sus piernas abiertas y Xiao Zhan sobre su regazo, ésta pareció muy feliz al poder abrazarlo, pues inmediatamente lo rodeó con sus brazos y recargó la mejilla sobre el hombro de su novio.
Entonces Yibo retomó su tarea y siguió bombeando dentro del cuerpo de su amado. Sentía cómo su pene era envuelto y apretado por ese interior tan caliente, tan suave y húmedo. Si no fuera por el condón, su propio líquido preseminal habría hecho de esa entrada mucho más húmeda.
Las caderas de Xiao Zhan rebotaban una y otra vez contra el regazo de su novio, quien no tuvo piedad y aumentó con frenesí la fuerza de sus embestidas. Con sus grandes manos tomó la cintura de Zhan Zhan y lo encajó con fuerza contra su pelvis, buscando toda la profundidad que esa posición les permitía.
—¡Ah, demonios! —jadeó Yibo con fuerza, compitiendo contra los gemidos que su novio no había dejado de emitir con cada penetración—. Oh Zhan Zhan… ¡Ah! —apretó los dientes, casi rechinándolos ante el explosivo e intenso orgasmo que lo invadió de pronto. Enterró el trasero de Xiao Zhan fuertemente contra su pene, desahogándose dentro de él. Sin embargo, retomó el movimiento se sus caderas al notar que su novio aún no se corría, pero que estaba a punto de hacerlo, sólo un poco más y llegaría.
Xiao Zhan no dejaba de besar y de morder su cuello, succionando todo lo que tenía al alcance. Pero dejó de hacerlo cuando sintió que su amado lo penetraba una y otra vez, golpeando sus caderas con cada penetración. Inmediatamente su orgasmo llegó de forma arrebatadora. Un gemido gutural salió de su boca cuando sintió que Yibo tomaba la cabeza de su pene con una mano y lo estimulaba durante su orgasmo. Al principio fue explosiva la sensación, pero con el paso de los segundos se volvió un tacto insoportable.
—Yibo… basta… ah —suplicó al ver que no dejaba de masturbarlo a pesar de que ya había eyaculado por completo sobre él. Pero el menor no se detuvo. Y cuando Xiao Zhan intentó alejar sus caderas de él, éste lo tomó con fuerza, impidiéndole la escapatoria.
—No, Zhan Zhan, aún no hemos terminado —arrastró esa media sonrisa, socarrona como el demonio. Nada bueno venía de esas sonrisas. Xiao Zhan sabía que el costo de ellas era muy caro.
Pero el pobre no dejaba de pensar en qué demonios hacía. ¿Acaso se estaba vengando porque intentó eso con él en una ocasión?
¡No era justo!
—¡Demonios! ¡Yibo! ¡Para ya! —meneó sus caderas en busca de libertad, pero dejó de hacerlo al ver que sólo lograba que Yibo lo estimulara más con su mano mientras lo sujetaba fuertemente con la otra. Y su orgasmo lo había dejado tan agotado que no tenía la energía suficiente para pararse e irse de allí, sin mencionar que el miembro de Yibo seguía dentro de él.
—No.
Como niño caprichoso, se salió con la suya. El movimiento de su mano pasó a ser tortuosamente rápido. Xiao Zhan no pudo hacer más que enterrar sus dedos en la espalda de Yibo, mordiéndole un hombro como protesta ante sus "maltratos".
Pero entonces ocurrió algo que Xiao Zhan jamás había experimentado y creyó que jamás lograría conseguir. Esa hipersensibilidad dio paso a un espontáneo segundo orgasmo, tan intenso como el primero y aún más abundante.
Yibo sonrió triunfante al ver su mano cubierta por el semen de su novio. El pobre seguía aferrado a él, con la respiración bastante agitada y hasta algo errática.
—Vaya… Zhan Zhan, conseguiste un segundo orgasmo en segundos. Qué envidia.
—Idiota… —fue lo único que pudo articular. Sentía su boca completamente seca, su cuerpo le dolía, y sólo tenía ganas de tirarse al colchón y no mover ni un músculo. Sentía el fuerte latir de su corazón incluso en los oídos, zumbando con fuerza.
Una pequeña risa escapó de los labios de Wang Yibo. Usó su mano libre y limpia para acariciar toda la espalda de su novio, consolándolo un poco.
—No me voy a disculpar, porque vi que lo disfrutaste bastante.
—Mhn —lo golpeó en la espalda con un puño.
—¿Estás bien?
—Sí —se separó del abrazo y miró el desastre que había entre sus piernas—. Demonios… —masculló entre dientes, se había corrido con abundancia, ensuciando bastante—. Ah… Yibo —jadeó al sentir que salía de él.
El menor también soltó un pequeño gemido al hallarse fuera del cuerpo de su amado. Se quitó el preservativo y se levantó de la cama para ir a desecharlo. Pero cuando volvió se encontró a su novio tumbado de lado sobre la cama, completamente exhausto. Enternecido, tomó un par de pañuelos desechables de su buró y se acercó a su amado para asearlo cariñosamente.
—¿Qué haces? —inquirió Xiao Zhan, algo cohibido e intentando ocultar un poco el desastre en el que se había convertido. Intentó quitarle los pañuelos para hacerlo él mismo, pero Yibo no se lo permitió.
—No te voy a pedir que te levantes ahora para que tomemos un baño —mientras lo aseaba, se inclinó sobre su novio para darle un dulce beso en la frente—. Sé cómo se siente estar en tu lugar —se burló, logrando que la expresión enternecida de su novio cambiara a una de fastidio por la burla, golpeándolo en el brazo por el comentario.
—Gracias —suspiró. Un repentino cansancio lo había invadido, sus párpados pesaban y su cuerpo entero le exigía descanso. Yibo lo notó al ver que sus ojos se cerraban aún en contra de su voluntad. Terminó de asearlo e inmediatamente se metió a la cama con él, cubriéndolos a ambos con las mantas y buscando su calor debajo de ellas—. Zài Zài —dijo en voz baja.
—¿Mnh? —murmuró mientras buscaba la forma más cómoda de acurrucarse.
—No quiero ser la cuchara grande hoy —estaba más dormido que despierto.
Yibo contuvo una risilla y besó sus labios con infinito amor.
—Yo lo seré —susurró contra sus labios—. ¿Tienes mucho sueño? —su voz era suave y conciliadora.
Zhan Zhan estaba tan cansado que sólo asintió, con sus ojos entrecerrados.
—Oye, espera. No te duermas aún —le hizo cosquillas, ganándose una patada bajo las sábanas.
Riendo, Yibo lo abrazó de frente, miró el reloj sobre su mesita de noche y esbozó una gran sonrisa antes de susurrar contra su oído:
—Feliz aniversario, Zhan Ge —llenó su cuello y mejilla de pequeños besos.
Xiao Zhan abrió sólo un ojo y sonrió ante esas deliciosas atenciones, podía sentir los carnosos labios de su amado dejando caricias por todo su rostro.
Miró el despertador y confirmó la fecha. Ya pasaba de media noche, así que ya era 14 de junio, su cuarto aniversario de mes, y el primero que lograban iniciar juntos.
—Feliz aniversario, cariño —aún adormilado, tomó las mejillas de Yibo y lo atrajo a un dulce y tranquilo beso.
—Hay que iniciar todos nuestros aniversarios así ¿No crees? —sugirió, entusiasmado.
—Mhn —asintió.
—Aunque podríamos iniciar así todas las madrugadas. ¿Qué dices?
—No estoy tan dormido como para aceptar algo así —murmuró sin abrir los ojos, su mejilla estaba aplastada contra la almohada, haciendo que su voz sonara diferente.
—No, todas las noches son todas las noches —afirmó con tono solemne.
—Wang Yibo.
—¿Si?
—Ya duérmete.
—No tengo sueño.
—Mh…
Yibo estaba bastante espabilado, ahora el que no podía dormir era él.
—¿Quieres que te haga compañía? —preguntó, abriendo muy apenas sus ojos. Se notaba el esfuerzo que hacía para no quedarse dormido.
Wang Yibo se llenó de ternura, su Ge Ge era capaz de lo que fuera por él.
—No te preocupes, duerme —acarició su cabello y eso bastó para que el mayor se rindiera al sueño—. Yo seré la cuchar grande —murmuró en voz muy bajita. Besó la punta de su nariz y se acomodó detrás de su novio, pegando las caderas a su trasero completamente desnudo, rodeándole la cintura con un brazo que Xiao Zhan inmediatamente tomó y abrazó entre sueños.
A la mañana siguiente, lo primero que vio Xiao Zhan al abrir los ojos fue un lindo desayuno sobre su buró, y cuando alzó más la mirada pudo apreciar al hombre que recién lo dejó ahí. Alcanzó a notar el brillo en los ojos de Yibo cuando se dio cuenta de que había despertado.
—Despertaste —murmuró con un tono dulce, sentándose en la orilla del colchón e inclinándose para llenar su mejilla de besos bastante suaves.
Xiao Zhan soltó un ruido chistoso y se dejó querer, percibiendo el agradable aroma a dentífrico proviniendo de su pareja.
—Buenos días —le dijo con voz bastante ronca, su garganta le dolía.
—¿Cómo estás? Acarició su espalda desnuda, aprovechando que su novio dormía bocabajo.
El mayor hizo un rápido recuento de los daños en su cuerpo.
—Siento como si me hubiese arrollado un camión.
—Exagerado —soltó una risa pequeña antes de besar ahora su nuca. Amaba ver su espalda desnuda.
—Yibo —suspiró—. ¿Qué haces?
—Me gustas mucho, no puedo evitarlo.
El corazón de Xiao Zhan se aceleró ante esas palabras. Se sentía como un tonto enamorado.
—¿Tienes hambre? —dejó un último beso sobre su omóplato y lo miró al rostro con una sonrisa ladina tan fresca y agradable que Xiao Zhan se le quedó mirando en silencio por unos segundos.
—¿Uh? Sí, tengo mucha hambre —admitió, notando por primera vez el vacío que sentía en su estómago. Entonces miró la hora y descubrió que era bastante tarde, el sol había salido hace mucho y él no se había despertado ni una sola vez.
Se incorporó apoyándose en los codos y miró el desayuno que su novio le había preparado.
—¡Wang Yibo! —rio y se maravilló al mismo tiempo. Se talló los ojos para cerciorarse de que sí era lo que creía.
—Todos para ti —besó una vez más su mejilla—. ¿Quieres que le ponga la leche ya?
Xiao Zhan asintió con emoción y se sentó correctamente en la cama, aguantando el dolor pulsátil en su trasero, ya se estaba acostumbrando a ello, no era tan malo como la primera vez.
Wang Yibo le había preparado nada más y nada menos que un enorme tazón de cereal con leche, pero no era cualquier cereal ¡Eran Lucky Charms! Y lo mejor de todo era que sólo había malvaviscos en el tazón.
—¿En serio separaste todos los malvaviscos del cereal? —se le hizo agua la boca.
Yibo soltó una pequeña risa y asintió.
¡Eso era amor de verdad!
—Oh por Dios, eres tan adorable —se emocionó al ver que sobre la bandeja del desayuno había un pequeño florero ¡Con flores! Eran unas lindas florecillas blancas.
—Feliz aniversario —besó ahora sus labios. Xiao Zhan lo tomó de las mejillas y las acarició durante el beso.
¡Qué manera de despertar!
—¿Dónde conseguiste esas flores?
—Son silvestres, las encontré detrás de la cabaña.
—Están muy lindas.
Yibo se avergonzó un poco al mostrar ese lado tan cursi que había ocultado por tanto tiempo.
—Gracias —susurró sobre sus labios, atrayéndolo de nuevo a un beso.
No podía creer que su novio se había levantado temprano para separar el cereal, salir a buscar flores y prepararle esa linda bandeja. Pero lo más increíble era que… ¡Se había levantado temprano sin que Xiao Zhan lo empujara de la cama!
Pronto, Yibo fue por su propio plato de cereal y desayunaron juntos en la cama, en medio de un cómodo silencio, entre miradas y sonrisas traviesas. Yibo no podía apartar los ojos del torso desnudo de su amado, de las marcas que él mismo se había encargado de dejarle hace sólo unas horas.
Xiao Zhan terminó su plato y se levantó con algo de urgencia.
—¿Qué sucede? —se alarmó Yibo.
—Necesito ir al baño —rio, se enredó en una sábana y se paró con cuidado de la cama, tolerando muy bien las ya conocidas molestias antes de salir corriendo.
Una vez más se miró al espejo y descubrió todas las marcas en su piel, éstas de alguna forma lo hacían sentir bien, recordar cómo habían sido hechas le hacían feliz.
Luego de ir al baño, se lavó los dientes y arregló un poco su desordenado cabello antes de volver a la recámara aún envuelto en la sábana. Cuando entró, encontró a Yibo mirando por la ventana mientras cargaba a Nut entre sus brazos.
—Wow… —se acercó a él y miró el cielo a través del cristal.
—Se aproxima una tormenta —dijo Yibo.
—Se ve aterrador.
El cielo estaba gris, de un gris tan oscuro que parecía que estuviera anocheciendo en vez de ser casi mediodía.
Xiao Zhan encendió el televisor y buscó el noticiero local.
En efecto, e acercaba una terrible tormenta.
—Creo que nuestros planes de salir a esquiar se verán algo afectados —murmuró con decepción.
—¡¿Va a durar toda la semana?! —se exaltó Yibo, algo decepcionado porque en verdad quería volver a salir.
—Tendremos que quedarnos aquí hasta que las condiciones mejoren —siguió mirando el noticiero con mucha seriedad. La cosa iba en serio, se les estaba recomendando a todos que se quedaran en casa y se prepararan para esos días encerrados.
Yibo se veía decepcionado, pero Xiao Zhan encontró la forma perfecta para animarlo en un solo segundo.
—Oye… piensa en las posibilidades —alzó una ceja, en un gesto bastante sugerente. Contuvo su risa al ver que repentino brillo en los ojos de su novio, quien de inmediato recuperó su ánimo.
Viéndolo desde esa perspectiva, estar encerrado con su novio en un lugar apartado del mundo durante una semana no sonaba nada mal.
Se quedaron ahí parados, viendo por la ventana cómo la tormenta seguía formándose, lista para arrasar con todo a su paso.
—Yibo —dijo de pronto Xiao Zhan, sin apartar la mirada del cielo.
—¿Mnh?
—Aprendiste bien.
Esas simples palabras hicieron sonreír bastante a Wang Yibo. Por fin, sintió que había derrumbado esa barrera que se había formado entre ambos a partir de su primer encuentro. Esa última "no tan buena" experiencia le había impedido querer hacerle el amor de nuevo a su novio, por miedo a lastimarlo. Pero ahora que pudo ver cuánto lo disfrutó, sentía cómo esa barrera que él mismo había puesto ya estaba deshecha.
—Aprendí del mejor —le dio una nalgada que lo hizo saltar.
Continuará…
¡Gracias por todo!
13/05/2020
8:00 p.m.
