Capítulo 47: "De vuelta a la rutina"
—Hogar, dulce hogar —suspiró Xiao Zhan al abrir la puerta de su hogar luego de dos meses y medio de estar lejos—. ¡Wow! —exclamó mientras entraba, cargado de maletas al igual que Wang Yibo.
—¿Qué pasa? —llegó detrás de él, dejando su cargamento pesado y a Nut en el piso.
—¿Por qué está tan sospechosamente limpio?
—Zhan Zhan, fueron dos meses sin tenerte a mi lado. Tenía que canalizar mi energía de alguna forma.
Tenía toda la razón. Pero seguía sorprendido, si su departamento ya era demasiado limpio antes, ahora parecía un hogar muestra. Le gustaba. Había extrañado demasiado su hogar. Descubrió que en su ausencia, su hogar ya sólo olía a Yibo, era un aroma bastante sutil, pero él lo reconocería en donde fuera.
Cuando Xiao Zhan fue a su habitación, lo primero que hizo fue lanzarse al colchón, a su preciada cama. Descubrió con satisfacción que las sábanas y almohadas olían a su novio, era una sensación muy grata.
Suspirando, se acostó de lado y vio la mesita de noche de Yibo, sobre ella había una lámpara de noche, de esas que usan los niños cuando le temen a la oscuridad, pero esta era especial, pues al encenderla iluminaba techo y paredes con pequeñas estrellas que parecían formar constelaciones, haciendo que se sintieran envueltos por una galaxia en movimiento.
—¡Wow! ¡Yibo! —lo llamó desde ahí.
—¡Ya voy! —estaba terminando de dejar las maletas en el recibidor, pero cuando entró a la habitación, se topó a su novio muy entretenido con su lámpara de noche—. Oh… eso —se avergonzó un poco, Xiao Zhan lo notó de inmediato.
—¡Es increíble! —estaba maravillado con la lámpara—. ¿Dónde la conseguiste?
—Internet.
Entonces Zhan Zhan recordó que su amado no soportaba dormir a oscuras o sin ruido. Le costaba recordarlo, pues cuando dormían juntos no era así, pero ahora que estuvo solo durante dos meses… bueno, el pobre no debió pasarla muy bien.
—Sí, también me traje la televisión de la sala por un tiempo, pero ya la devolví a su lugar —admitió Yibo a la muda pregunta de su novio.
—Oh... Lo siento, te dejé sólo mucho tiempo.
—Me lo tienes que pagar con intereses.
—¿Cómo quieres que te lo pague?
—Sólo sigue durmiendo a mi lado…
Xiao Zhan se enterneció ¿Cómo lograba ser tan angelical y tierno? Nadie le creería si dijera que Wang Yibo era así. De hecho, había pensado que le propondría algo indecoroso, por eso esa respuesta linda e inocente lo tomó por sorpresa.
—…desnudo —añadió luego de unos segundos.
Xiao Zhan casi se palmea la cara.
—Nunca cambias.
—Y nunca lo haré —se lanzó a la cama junto a su amado.
—¿Tienes sueño? —preguntó Xiao Zhan al sentir cómo se acurrucaba hacia él. Yibo sólo asintió—. Tenemos que desempacar.
—Mañana.
—Mañana hay que trabajar. Los dos tenemos que ir a filmar comerciales.
—No… —dramatizó—…no quiero.
—Wang Yibo, estuvimos de vacaciones dos semanas —rio.
—Pero extrañaba estar en casa contigo.
No podía recriminarle nada, él también había extrañado eso.
Xiao Zhan no tenía idea de la tortura que había sido para Yibo el hecho de vivir dos meses solo. Era verdad que sólo habían vivido juntos durante una semana y media antes de esa corta separación, pero eso había bastado para que resintiera su ausencia de tal forma.
Había extrañado cosas que ni siquiera se imaginó que podrían echarse de menos, tales como a Xiao Zhan levantándose muy temprano de la cama, con movimientos lentos para no despertarlo, sin saber que de todas formas lo hacía; también los ruidos que hacía en la casa: la puerta del baño, luego las pisadas en la escalera y el tintineo del collar de Nut al bajar tras él, el ruido de los trastes en la cocina y la música suave que Xiao Zhan ponía todas las mañanas mientras hacía el desayuno.
En ocasiones, durante ese tiempo a solas, Wang Yibo se despertaba con el ruido de la rasuradora eléctrica de su novio. En esos momentos brincaba de la cama y corría al baño, pero era ahí cuando se daba cuenta de que todo era producto de su imaginación y de sus inmensas ganas de verlo de nuevo.
Había extrañado levantarse y que el desayuno estuviera listo para ambos. A veces eran pancakes, a veces huevos en diferentes presentaciones, fruta, o avena; y cuando tenían mucha prisa, Xiao Zhan preparaba un batido de frutas para beber en el camino. Yibo adoraba el de mango con fresas, pero odiaba el de vegetales.
Otra cosa que increíblemente extrañó, fue el pequeño desorden que creaba en su habitación. Y es que Xiao Zhan no podía evitarlo, como siempre estaba bebiendo agua, tenía vasos en su mesita de noche, siempre. También tenía demasiados zapatos, tantos, que no cabían en su inmenso vestidor y terminaba ocupando espacio de la habitación para ellos. Pero él no era el único que hacía eso, pues Wang Yibo era otro loco por los zapatos, y tenía la misma cantidad loca, tuvo que dejar en su otra casa los que no usaba con regularidad para no llenar el cuarto con ellos.
Un día, en medio de sus charlas por videollamada, propusieron la opción de usar uno de los cuartos vacíos del departamento como closet de puros zapatos, pues no estaban dispuestos a dejar de adquirir más y más.
Algo que no le había dicho a Xiao Zhan, era que mientras estuvo solo, se la pasó oliendo sus perfumes, pues tenía una gran colección de ellos. Los olía uno por uno, descubriendo cuáles sí le gustaban y cuáles no. Y mientras los clasificaba, descubrió que muchos de ellos ya los había percibido con anterioridad, precisamente en Xiao Zhan, pero en diferentes lugares y situaciones. Cada fragancia le traía un recuerdo diferente, pero había uno de Gucci que amaba con locura, pues le recordaba a la noche de los premios Tencent, cuando durmieron juntos por primera vez. Debido a que durmió aferrado a Xiao Zhan, respiró toda la noche ese delicioso aroma, grabándolo con fuego en su mente.
Otra cosa que Yibo hacía, era utilizar el gel de baño y el champú de su novio, éstos olían a jazmín, a esa fragancia que su novio tanto adoraba. También se la pasó colocando aceite de jazmín en su difusor, pues le recordaba mucho a aquella vez que Zhan Zhan fue hasta Shanghái sólo para cuidarlo, ocasión en la que, inesperadamente, terminaron teniendo sexo oral por primera vez. No importaba que ya lo hubiesen hecho mil veces más luego de esa noche, Wang Yibo seguía sonrojándose ante el recuerdo de esa noche en particular.
Salió de sus pensamientos cuando sintió la fragancia del perfume de su novio muy cerca de él.
—¿En qué tanto piensas? —estaba sentado a su lado, inclinándose hacia él.
Yibo restregó su rostro contra la pierna de su novio y suspiró.
—En lo mucho que te extrañé.
Xiao Zhan sonrió, le revolvió el cabello y lo besó.
—Descansa, iré a desempacar.
Yibo no dijo nada, simplemente se paró de la cama y fue tras él, no lo iba a dejar hacer aquello solo.
Al día siguiente vuelven a sus rutinas, y a diferencia de muchas personas, ellos amaban sus rutinas diarias.
Xiao Zhan se levantó tan temprano como de costumbre, pero esta vez no se salió en silencio de la cama, antes de ello, se inclinó sobre su novio y besó su mejilla.
Yibo sonrió entre sueños y fue despertando poco a poco, recuperando sus sentidos y siendo consciente de los ligeros ruidos que hacía su novio en el baño, luego bajando las escaleras y finalmente en la cocina. Todo eso lo hizo despertar con una sonrisa.
Se estiró con fuerza y permaneció tumbado bocarriba, mirando el techo durante un rato hasta que la voz de su Xiao Zhan lo llamó desde la cocina.
—¡Cariño, despierta, se nos va a hacer tarde!
—¡Ya estoy despierto! —se estiró una vez más y comenzó su día con un calorcito muy agradable en su pecho.
Desayunaron juntos, se arreglaron un p5oco y se fueron rumbo al trabajo. Xiao Zhan dejó a su novio en el set de filmación donde grabaría ese día, y se fue directamente al suyo.
Los siguientes días luego de ese, fueron muy similares y bastante agradables para los dos. A veces se duchaban juntos, procurando no tocarse mucho para no terminar esa ducha rápida en un mañanero que, bien sabían, no duraría muy poco y los haría llegar tarde.
—Zhan Ge, luego de grabar el episodio, los chicos y yo iremos por unas cervezas. Sólo será un rato, Wen Pei también irá. ¿No te molesta quedarte solo unas horas en la noche?
Xiao Zhan sonrió.
—Por supuesto que no me molesta —se sorprendió un poco por la pregunta—. No hay problema, yo estaré trabajando hasta tarde el día de hoy. Si necesitas que vaya por ti, me llamas.
—Gracias —sonrió ampliamente y se subió al auto con él. También había extrañado mucho eso. Miraba cómo su amado conducía tranquilamente por las calles de Beijing. De pronto sostuvo el volante sólo con una mano, y la otra la puso sobre la pierna de Yibo, simplemente descansándola ahí—. ¿No deberías de poner ambas manos al volante? —se mortificó.
Xiao Zhan rio.
—Puedo manejar perfectamente así —dejó la mano en su lugar y Yibo comprobó que tenía razón, así que mejor puso su mano sobre la de él y la apretó con cariño. Iban a tener un día tan ocupado que se verían en la noche sólo para dormir.
—No me esperes para cenar —besó sus labios antes de bajarse del auto.
—Te amo —acarició su mejilla una vez más, dejándolo ir.
Como Yibo ya estaba fuera del auto, sólo le dedicó una seña de corazón con sus dedos y se despidió, mirando todo a su alrededor para asegurarse de que nadie lo reconocía. A simple vista pasaba por cualquier ciudadano promedio, aunque para ello debía dejar su patineta en casa, usar ropa sencilla, gorra, lentes de sol y mascarilla.
Xiao Zhan lo dejaba en un punto estratégico en el que casi no tenía que caminar para llegar a su destino, sólo un par de metros y ya estaba ahí, seguro y a salvo.
El mayor tenía que hacer algo similar al llegar a su trabajo, no quería que reconocieran su auto, así que lo estacionaba lejos y trataba de pasar desapercibido.
Bien podrían cada uno ir con su chofer, pero disfrutaban mucho ir al trabajo juntos por la mañana. Era lo más cercano a la rutina de una pareja normal y no querían abandonar la costumbre.
—Te extrañamos mucho en estas dos semanas ¿Descansaste en aspen? —inquirió Feng Ge con curiosidad, todos guardaron silencio para escucharlo.
Wang Yibo recordó todo lo sucedido en Aspen y tragó en seco. Su mente trabajaba a mil por segundo, recordándose no mostrar expresión alguna o sus hermanos se irían sobre él con preguntas.
—Sí.
—¿Sólo "Sí"? ¡Cuéntanos! ¿Qué hiciste allá durante tanto tiempo? —inquirió Zhang Ge, los demás asintieron enérgicamente, excepto Han Ge y Wen Pei, éste último miraba todo en silencio, algo nervioso por lo que Yibo pudiera decirles.
—Yo… esquié.
—Pero si dijiste que no te gustaba.
—E hice snowboarding.
—¿Sólo eso? Debiste de haber hecho mucho más en dos semanas.
El pobre comenzó a ponerse nervioso.
—Yo… —fue interrumpido.
—Conociste a una chica ¿Verdad? Dinos, ¿Cómo se llama? —Feng Ge lo codeó, con expresión pícara.
—¡No! —se exaltó, incluso se sonrojó.
—¡Oh! Se sonrojó, Wang Yibo se sonrojó —exclamó Zhang Ge.
Estaba perdido, ahora insistirían mucho más. Pero afortunadamente alguien salió a su rescate.
—Déjenlo en paz, ya se avergonzó. Debió pasarlo muy aburrido, pues escuché que hubo muchas tormentas ¿No es así? —inquirió Wen Pei.
Yibo asintió repetidas veces.
—Sí, pude salir muy poco —al menos no mentía.
—Vaya… que desafortunado.
—Yibo —murmuró Feng Ge en voz baja, temiendo que alguien más fuera de su mesa en ese bar los escuchara—. Hay rumores que dicen que Xiao Zhan estuvo en Colorado durante esos días también.
—¿Ah, en serio? —fingió muy mal su sorpresa, pero para su sorpresa, parecieron creerle.
—Sí, lo vieron en el aeropuerto, esperando un vuelo a esa ciudad. ¿No lo viste por allá?
—No. Que mal, debió avisarme para poder vernos —renegó, tratando de sonar lo más normal posible, supo que no lo hacía bien cuando se topó con la expresión de fastidio que Wen Pei le dirigía. El pobre comenzó a sudar frío.
—Ya es tarde, es hora de regresar a casa —dijo Han Ge, terminando su bebida sin alcohol y mirando a sus amigos—. ¿Nos vamos? —le preguntó a Yibo con una sonrisa cálida, de esas que sólo un padre le dedica a sus hijos. El aludido asintió y se terminó el resto de su cerveza de un solo trago.
—Wang Yibo, Wang Yibo —suspiró Feng Ge—. ¿Cuándo te enseñamos a ser un alcohólico? —dramatizó.
Yibo sólo rio y señaló sus bebidas, ellos eran iguales, el único responsable eran Han Ge.
—¿Alguien más quiere que lo lleve? —inquirió el mayor de todos, pero los demás dijeron que tomarían un taxi.
Wang Yibo estaba por ponerse de pie, pero entonces sintió una patada debajo de la mesa, era Wen Pei, quien lo miraba casi con los ojos saliéndose de sus cuencas. Después de golpearlo, le hizo una señal con la cabeza y se puso de pie.
—Yo también ya me voy, pero iré al baño antes —dijo en voz alta, dándole a entender a Yibo lo que quería. El menor lo siguió sin entender del todo lo que sucedía. Y cuando al fin estuvieron solos, lo tomó de los hombros y lo zarandeó—. ¡¿Estás loco?!
—¿Qué te pasa?
—Wang Han te va a llevar a tu casa.
—¿Y? —alzó una ceja, mirándolo feo por el maltrato.
—O el alcohol te hizo mal, o de verdad estás tonto.
—No te entiendo.
Wen Pei se palmeó la cara.
—Sólo dime, Wang Yibo: ¿Dónde vives ahora? ¿Con QUIÉN vives ahora?
—Oh… —su expresión se quedó serena unos segundos antes de alarmarse por completo—. ¡Oh por Dios!
—Exactamente, se dará cuenta de todo.
—No, no tiene por qué ser así —comenzó a pensar con velocidad. El pobre se mordía los labios, nervioso—. Le daré la dirección de mi casa, no del departamento de Xiao Zhan.
—Oh… buena idea.
—Demonios.
—¿Qué?
—No traje las llaves de la casa, se dará cuenta.
—Dile que yo te llevaré.
—No, sería una grosería, no puedo hacerle eso.
—Inventa una excusa.
—¿Se te ocurre alguna, acaso?
Ninguno tenía una buena idea en ese momento, y el alcohol que habían bebido no ayudaba del todo.
De pronto Yibo golpeó su puño contra su palma abierta, había tenido una idea.
—No tiene por qué darse cuenta. Zhan Zhan regresará hasta más tarde al departamento.
—¿Estás seguro?
—Sí.
No muy convencido del todo, dejó que se fuera.
Durante el camino a casa, Wang Han le hizo pocas y certeras preguntas sobre su viaje. No era entrometido, pero era bastante listo.
—¿No te aburriste estando encerrado por la tormenta?
—No —respondió de inmediato.
—¿Qué hiciste para no aburrirte?
—Jugar ajedrez, bailar, ver películas.
—Ya veo, y… ¿descansaste? Te veo cansado, regresaste con más ojeras que antes.
Los nervios volvieron a él, ¿cómo le explicaba que se la había pasado haciendo el amor con su novio? ¿Cómo le decía que él y Xiao Zhan habían parecido conejos en celo?
—Es sólo el cambio de horario, aún no nos acostumbramos.
Han Ge alzó una ceja.
—¿"Acostumbramos"?
Wang Yibo sintió un escalofrío recorrerle toda la columna vertebral.
La había cagado.
—Quise decir: aún no me acostumbro —rio con nerviosismo, una especie de "Je, je, je" salió de su boca mientras se rascaba la nuca.
—Llegamos —se estacionó a un lado de la acera, frente a ese bonito departamento.
Yibo sintió como si la campana lo salvara, pero esa sensación fue sólo porque no se dio cuenta de lo que estaba por ocurrir.
—Qué bonito lugar, no tenía idea de que te gustaran los dúplex. ¿Es tu auto? —preguntó al estacionarse justo detrás de un Audi gris—. Espera… ¿Tienes un TTS? —su curiosidad podía más que su autocontrol, se había contenido bastante, pero en ese preciso momento no pudo más.
—No es mío, yo no… —se congeló de pies a cabeza cuando descubrió que frente a la puerta del departamento estaba Xiao Zhan con llaves en mano, entrando—… oh por Dios —se llevó una mano a la cara, rogando al cielo que Han Ge no lo hubiese visto aún.
—¿No es ese Xiao Zhan?
—¡Trágame tierra! —pensó, hundiéndose en el asiento.
—Yibo. Ese que entró a tu departamento es Xiao Zhan.
El aludido se quedó callado, mirando a la nada y tratando de encontrar una excusa válida, pero primero: no existía ni una sola excusa creíble, y segundo: era hora de decirle la verdad, Wang Han era como su segundo padre.
—Wang Han —comenzó a jugar nerviosamente con sus manos y a morder sus labios.
—¿Si? —el aludido se giró levemente hacia él, no dejaba de examinar cada uno de sus gestos. Estaba a la espera de una confesión que ya se esperaba.
—La verdad es que… me estoy quedando con Xiao Zhan mientras a mi casa le hacen unos arreglos.
—¿Ah? —alzó una ceja, completamente desconcertado—. No seas mentiroso, admite que vives con él —soltó al fin—. Ese auto es más el estilo de él —dijo con una sonrisa, mirando el auto frente al suyo—. Tiene buen gusto.
Yibo seguía pálido. No era capaz de decir ni una sola palabra.
—Sí, yo vivo con él —dijo en voz baja, pero seguro—. Pero… —su nueva mentira fue interrumpida antes de que iniciara.
—Y son pareja.
—Han Ge —comenzó a temblar ligeramente, no sabía identificar si estaba por regañarlo o felicitarlo—. Él y yo… sí.
—Oh no, esperaba estar equivocado —se angustió—. Lo sospechaba desde hace un tiempo —suspiró y se pasó una mano por el rostro, reflexivo—. Te voy a ser muy sincero, Wang Yibo.
El aludido tragó en seco al ver su repentina seriedad, se vía molesto.
—Tenía la esperanza de que sólo fuesen alucinaciones mías.
—¿Por qué lo sospechabas?
—Eres bastante obvio.
No era la primera persona que se lo decía.
—Te mentiría si te dijera que me tomó por sorpresa, pero lo que sí te puedo asegurar es que me dejas muy preocupado —su seriedad incrementó.
—Han Ge, no tienes por qué.
—Claro que sí, conoces los riesgos de una relación así, en especial de SU relación.
Él tenía toda la razón
—¿Alguien más lo sabe?
—Muy pocas personas: mi madre y mis amigos más cercanos.
—¿Y Wen Pei?
—También.
—Eso explica mucho, no entendía por qué te dio una patada en el restaurante.
Yibo casi se echa a reír.
—Mao también lo sabe, ellos fueron los primeros en saber.
Han Ge suspiró pesadamente y entonces lo miró a los ojos durante varios segundos.
—Yibo, dime algo. ¿Eres feliz?
Los ojos del menor mostraron un brillo encantador.
—Lo soy —aseguró sin un atisbo de duda.
—¿Vale la pena el riesgo?
—Totalmente.
Han Ge extendió una mano hacia él y palmeó el lado derecho de su rostro con un cariño en verdad paternal.
—Entonces sigan adelante. Pero por favor, Wang Yibo, por favor, tengan mucho cuidado. Si algún día necesitan ayuda, no dudes en buscarme, seré muy discreto.
El corazón de Wang Yibo palpitaba con fuerza, y unas inmensas ganas de abrazarlo nacieron desde lo más profundo.
—Han Ge, muchas gracias —no contuvo su impulso y lo abrazó con fuerza. El aludido se sorprendió, era la primera vez que hacía eso con él y no le molestaba en lo absoluto. Correspondió y lo retuvo en sus brazos unos momentos, palmeando su espalda.
—Sólo quiero que estés bien y seas feliz —se separó del abrazo y le sonrió—. Ahora entiendo porque de un día para otro cambiaste de opinión.
—¿A qué te refieres?
—Un día comentaste en el programa que te gustaban las chicas menores, pero tiempo después dijiste que quien te gustaba era mayor que tú, pero nunca mencionaste que fuera mujer —suspiró—. En serio llevaba mucho tiempo sospechando esto —una linda sonrisa apareció en su rostro—. ¿Tu padre no lo sabe?
Yibo negó con la cabeza.
—Si me lo permites, voy a darte un consejo.
El menor escuchó atentamente.
—No se lo digas aún, no lo hagas a menos que estés cien por ciento seguro de que lo suyo va en serio.
—¡Va muy en serio!
—¿Cuánto tiempo llevan juntos?
—No importa el tiempo, importan los sentimientos.
Wang Han lo miró sin decir nada, esperando la respuesta a su pregunta.
—Cuatro meses —respondió al fin.
El mayor suspiró muy pesadamente.
—Bien —se pasó una mano por el rostro, estaba algo cansado—. Dejen de ser tan obvios y tómense muy en serio las consecuencias de esto. Sean cuidadosos —en verdad estaba muy preocupado. Wang Yibo sabía que su amigo no se iría nada tranquilo, lo conocía lo suficiente para notarlo.
—Tendré más cuidado ahora —tomó muy en serio sus consejos—. Lo prometo.
—De acuerdo —volvió a suspirar—. Ve a casa o Xiao Zhan comenzará a preocuparse —sonrió—. Salúdalo por mí.
Wang Yibo esbozó una gran sonrisa, pensando en lo maravilloso que sería que su padre reaccionara de tal forma. Quizás si hiciera las paces con él, antes de confesárselo, podría lograrlo.
Se despidió de Han Ge y salió del auto, el mayor bajó la ventana del lado del copiloto y le dijo:
—Hiciste una buena elección, Xiao Zhan es una buena persona. Pero sin duda alguna él se llevó el premio mayor —le guiñó un ojo.
Yibo se sonrojó y se quedó congelado en su lugar durante unos momentos, nunca nadie le había dicho eso. Su sonrisa tonta se ensanchó y se despidió de su amigo con un gesto de mano.
Atravesó el pequeño jardín hasta llegar a la puerta principal de su hogar, abrió con sus llaves muy silenciosamente y entró. Todo esto sin dejar de pensar en mil cosas a la vez. Estaba feliz de que Han Ge ya supiera sobre su relación, pero le preocupaba el hecho de que cada vez más personas sabían y la gran mayoría se daban cuenta por sí solos.
—¿Yibo? —preguntó Xiao Zhan desde la sala, estirando el cuello desde el sofá más amplio para asomarse al recibidor.
—Hola —dejó sus llaves en la mesita de la entrada y lo miró—. ¿Cansado? —inquirió al ver que sólo se había quitado los zapatos y se había tumbado en el sillón más amplio.
—Sólo un poco, estuvimos grabando todo el día, pero logramos terminar —sonrió y lo miró, notando que estaba algo extraño.
—Que bueno —se quitó los tenis y sin decir nada más, se acostó bocabajo sobre su novio. Al hacerlo, soltó un suspiro pesado y lleno de alivio. Xiao Zhan lo rodeó con sus brazos, acariciando su nuca y su cintura; fue entonces que Yibo se sintió al fin en casa, ese era su hogar.
—¿Qué sucede? —preguntó con un tono suave y bastante conciliador.
—Zhan Zhan, somos muy obvios.
—¿A qué te refieres?
—Tenemos que ser más cuidadosos en cuanto a nuestra relación.
—Es lo que te he dicho desde un comienzo —suspiró y lo miró con reproche, Yibo alzó la mirada hasta toparse con esos grandes ojos que tanto amaba.
—Lo sé, y tienes razón —volvió a bajar la mirada, aplastando su mejilla contra el pecho de su novio, sintiendo su respiración acompasada tranquilizando su alma. Estaba tan cómodo ahí que no se quería mover.
—¿Quién se enteró? —preguntó Xiao Zhan sin dejar de acariciar su cabello.
—Han Ge. Y los demás ya lo sospechan.
Xiao Zhan se preocupó.
—Pero puedes estar tranquilo —alzó sólo su cabeza para apoyar el mentón en el pecho de su novio y así mirarlo a los ojos—. Han Ge aprueba nuestra relación, pero está preocupado, dice que eres demasiado obvio —rodó los ojos, dramatizando.
—¡¿Yo?! —se echó a reír, sin creerle ni una sola palabra.
Yibo esbozó una sonrisa por completo traviesa y continuó con su mentira.
—Sí, dice que eres muy obvio porque prácticamente babeas cuando me ves. Y tiene toda la razón —hizo una mueca de autosuficiencia tan graciosa que Xiao Zhan no pudo golpearlo como de costumbre debido a la risa que le causó.
—Tienes un poco de razón, me pasa todo eso, pero definitivamente no lo externo tanto como tú. Al menos no en público —le pellizcó una mejilla hasta hacerlo quejarse.
—Ya hablando en serio… Han Ge se quedó preocupado y me hizo reflexionar. Zhan Zhan no quiero perderte por un descuido mío. Así que seré más cuidadoso de ahora en adelante.
—Yo también lo seré —se inclinó un poco hacia delante para unir sus labios en un beso tranquilo e íntimo que terminó con una sonrisa en ambos. Xiao Zhan no dejaba de acariciar su suave cabello—. Te veo muy feliz —dijo de pronto, notando ese brillo especial en sus ojos.
—Es que estoy feliz de que Han Ge lo sepa —sonrió ampliamente—. Él es muy importante para mí. Y el hecho de que apruebe lo nuestro —suspiró sin dejar de sonreír—. Me hace feliz —besó fugazmente sus labios y se levantó—. ¿Quieres que te prepare algo de cenar?
—¿Lo dices en serio? —le brillaron los ojos.
—Sí —tomó su mano y la besó—. ¿Ramen?
—Está perfecto —sonrió aliviado.
—Ramen será.
Yibo se había dado cuenta de que su amado estaba algo cansado, lo notó porque no era normal encontrarlo acostado en el sillón de la sala. Entendía que estuviera así, todavía no se recuperaban del cambio de horario.
Preparó la cena y volvió a la sala con ella, pero descubrió que su amado ya estaba profundamente dormido, con Nut haciéndole compañía a un lado.
Lo pensó mucho antes de terminar despertándolo, pues no quería que se quedara dormido con el estómago vacío.
Continuará…
21/05/2020
10:10 p.m.
