Capítulo 49: "Chongqing"
Cuando Xiao Zhan los llamó para decirles que iría a pasar unos días con ellos, se emocionaron mucho, pero cuando les dijo que llevaría a Yibo… la emoción aumentó tanto que su madre dijo que comenzaría a acoplar la recámara de invitados para Wang Yibo.
En ese momento Xiao Zhan y Wang Yibo cayeron en cuenta de algo muy importante.
—Rayos… —murmuró Xiao Zhan luego de la llamada, pensando en lo que había dicho su madre. Y es que era obvio, no iban a dormir en la misma cama estando en casa de sus padres, ni siquiera en el mismo cuarto habiendo varias habitaciones vacías en casa.
—Son sólo unos días sin sexo a cambio de ir a conocer tu hogar y pasar tiempo con tus padres. Lo vale por completo.
—¿Estás seguro?
—Sí.
—¿Seguro?
—¡Que sí!
—No te creo —rio—. En un par de días estaremos buscando la manera de tener sexo —se incluyó, pues se conocía bien a sí mismo.
Yibo tragó en seco, tenía toda la razón, pero no quería verse tan loco admitiéndolo.
—Entonces tendremos que saciarnos bien antes de viajar.
—¿Qué estás sugiriendo, Wang Yibo? —fingió escandalizarse.
—Te extraño —murmuró en voz baja, invadiendo su espacio personal y aspirando su delicioso aroma en el cuello.
A partir de la consulta con el médico no habían tenido relaciones, y no porque Xiao Zhan se lo negara, sino porque respetaba su espacio y lo conocía suficientemente bien como para saber que en ese estado Yibo no tendría ganas de hacer nada de eso. Pero ya habían pasado varios días y se necesitaban el uno al otro.
—No haremos la hélice ni nada parecido ¿Bien?
Yibo no pudo aguantar su risa al escucharlo decir aquello.
—No, no lo haremos —se abochornó un poco al recordarlo—. Pero quiero hacerte el amor —deslizó su nariz a lo largo del cuello de Xiao Zhan, rozándolo con cariño. El mayor suspiró al sentir su respiración en su cuello, seguida de varios besos suaves y cálidos.
—¿Estarás bien? —era la primera vez que le preguntaba eso antes de alguna actividad física. Yibo se sintió un poco incómodo.
—Puedo hacerlo —aseguró. Lo tomó con suavidad de la cintura y lo pegó a su cuerpo, mirándolo muy de cerca en la espera de su aprobación. Sonrió cuando Xiao Zhan posó las manos en su trasero y lo atrajo a un beso.
Entre besos y caricias se fueron acercando a su habitación hasta llegar a la cama. Se desvistieron con calma, prenda por prenda y acariciando su piel al hacerlo.
Yibo se acomodó encima de su novio y tomó sus piernas para anclárselas a la cintura. Acarició sus pantorrillas y sus muslos hasta llegar a sus caderas. Quería acariciar cada rincón de su cuerpo, quería amarlo y hacerlo suspirar entre besos y caricias como en aquel último encuentro en Aspen. Quería sacarle esos tiernos gemidos cargados de pasión. No tardó mucho en lograrlo, bastó con deslizar un par de dedos a lo largo de su miembro, estimulándolo muy sutilmente al mismo tiempo que besaba y mordisqueaba su cuello.
—Me gustas tanto —suspiró—. Me gustas demasiado —lo apretó fuertemente contra él. Jamás tendría suficiente de Xiao Zhan.
—Te amo —le respondió en un suspiro al mismo tiempo que arqueaba un poco su espalda ante las atenciones recibidas.
Amaba cómo lograba hacerlo sentir tan consentido, amado y tan sexy al mismo tiempo.
Fue un encuentro diferente a los demás. Hicieron el amor despacio, disfrutando de cada segundo mientras memorizaban el cuerpo del otro con cada caricia.
De vez en cuando Xiao Zhan soltaba pequeñas risas ante las traviesas manos de su novio, quien le hacía cosquillas en la cara interna de uno de sus muslos, y luego hacía lo mismo en su ombligo.
Cuando llegó el momento de prepararlo, fue cuidadoso y paciente, utilizando suficiente lubricante y la dedicación necesaria. No había duda de que había aprendido bastante bien desde el viaje a Aspen. Xiao Zhan permaneció acostado de espaldas al colchón hasta que estuvo lo suficientemente dilatado por su amado.
Estando listo, le pidió ir arriba en esa ocasión. Tumbó a Yibo con cariño sobre el mullido edredón y le colocó un preservativo. Y ahí, ante su mirada pesada y fija, Xiao Zhan poco a poco se fue penetrando a sí mismo con el mimbro de su amado. No pudo evitar que su rostro se contrajera en una incómoda mueca de dolor al principio, pero esa molestia inicial desapareció luego de unos momentos, fue así que terminó sentándose por completo sobre la erección de Yibo, teniéndolo entero dentro de su cuerpo.
—Oh Dios… —murmuró el menor ante esa magnífica vista. Agitado y adolorido, Xiao Zhan se sostenía con las palmas de sus manos apoyadas en el torso de Yibo. Éste tenía sus manos en las caderas de Zhan Zhan y con cuidado lo empujaba hacia su pelvis, impidiéndole la escapatoria.
—No voy a huir —jadeó el mayor al sentir el fuerte agarre de sus manos.
—Lo siento —sonrió—. No puedo evitarlo —suspiró y acarició con las puntas de sus dedos toda la piel que tuvo al alcance. Vio el efecto que eso tuvo en su Ge Ge y no dudó en seguir haciéndolo. Se concentró en pasar sus dedos por toda la piel de Xiao Zhan, por su vientre blandito, por su pecho, sus hombros, su espalda e incluso sus muslos que descansaban a cada costado de él.
Cuando Xiao Zhan se sintió listo para comenzar a moverse, lo hizo con seguridad y firmeza, moviendo sólo sus caderas ondulantes sobre las de Yibo, arrancándole suspiros que no tenía previstos.
Dejó que el menor permaneciera recostado mientras él hacía el resto del trabajo, pero Yibo no quería quedarse sin hacer nada, así que tomó el miembro de su amado y comenzó a masturbarlo tal como le gustaba: enfocándose sólo en la punta durante unos momentos antes de estimular toda la longitud un par de veces y luego repetir desde el principio. De esa forma sabía que no se correría de inmediato, pero lo disfrutaría lo suficiente para perder la cordura un rato.
Xiao Zhan pasó de ondular sus caderas a sentarse una y otra vez sobre el regazo de su novio, arrancándole fuertes gemidos que sólo eran opacados por los suyos.
Yibo no soportó mucho el hecho de quedarse quieto, así que jaló a Xiao Zhan hacia su pecho, lo apretó y giró en la cama sin salir de él. Se acomodó entre sus piernas y empezó a embestirlo despacio, pero lo suficientemente profundo como para hacerlo retorcerse debajo de su cuerpo.
—Ah… Yibo… no creo aguantar mucho.
—Está bien —besó su oreja con cariño, sin dejar de embestirlo lentamente—. Yo también estoy por terminar —admitió con la voz algo entrecortada—. Zhan Zhan, mírame —se detuvo un momento y se miraron fijamente a los ojos.
Sí, sentía mucha pasión y lujuria en ese momento, como siempre, pero ahora había algo más. Ese algo lo había hecho detenerse para admirar la hermosura de ese ser al que tanto adoraba.
—¿Qué sucede? —no le reclamó que se detuviera, al contrario, alzó una mano y acarició su mejilla. Yibo inclinó su rostro hacia esa mano, disfrutando de la caricia.
—Te amo mucho. Yo… sólo quería decírtelo.
Quería que ese momento durara para siempre, si pudiera, lo congelaría en el tiempo y se quedarían así el resto de la eternidad.
El rostro entero de Xiao Zhan se iluminó al escuchar esas palabras.
—Te amo, pastelito —enredó sus dedos en los largos cabellos de Yibo y los estiró suavemente.
Yibo esbozó una preciosa sonrisa, jamás lo había admitido y nunca lo haría, pero amaba que le dijera así. Era tan cursi y empalagoso que sentía una sobrecarga de azúcar, pero le encantaba.
—Conejito —murmuró muy cerca de los labios de su novio, sin dejar de sonreír como idiota.
—Pastelito —respondió en el mismo tono juguetón.
—Conejito.
—¡Pastelito!
Comenzó lo que parecía ser una competencia de sobrenombres.
—Conejito —abrió las piernas un poco más, empujando las de Xiao Zhan para que las alzara un poco y le diera un mejor acceso. Así se impulsó más hacia dentro del cuerpo de su amado.
—Pa… ¡Ah! —arqueó su espalda—. Ah… Yibo —cerró sus ojos con fuerza, había llegado bastante profundo, se sentía lleno de él. No pudo evitar soltar una risa divertida al pensar en lo ridículo que sonó gimiendo así.
Ambos empezaron a reír. Y así, entre risas traviesas, caricias, besos húmedos, labios mordidos y bastantes gemidos, hicieron el amor en toda la extensión de la frase.
Después de un rato de haber terminado, los dos se hacían pequeños cariños, cubiertos ya por las sábanas y bastante relajados.
Wang Yibo se acostó bocabajo con su cabeza sobre sus brazos cruzados, mirando hacia su novio. Zhan Zhan estaba muy cerca de él, recostado de lado con la mitad de su cara enterrada en la almohada.
La luz de la habitación era bastante tenue, pero era lo suficiente para que pudieran verse con claridad.
Ninguno decía nada, los dos estaban inmersos en un cómodo silencio, mirándose de vez en cuando y sonriendo cuando sus miradas se encontraban. Eran como un par de enamorados que apenas se estaban conociendo, experimentando la emoción de un nuevo amor, con la única y gran diferencia de que se conocían desde hace tanto tiempo, y llevaban ya los suficientes meses de relación como para considerarlos unos recién enamorados.
A cualquiera le costaría mucho creer que esos dos ya tenían más de tres meses de novios, pues seguían comportándose como dos traviesos que se enamoran mutuamente día tras día.
Xiao Zhan no podía despegar la mirada de Yibo, de su hermosa y suave espalda, tan pálida y apetecible. No se resistió y extendió una mano para acariciarlo. Se incorporó un poco sobre su costado hasta apoyar el codo sobre la almohada y la cabeza sobre su puño cerrado. Así pudo acariciar más cómodamente toda la espalda de su novio, comenzando desde su nuca y descendiendo por su columna hasta sus últimas vértebras.
Repitió aquello incontables veces, usando sólo la punta de sus dedos, relajándolo tanto que comenzaba a tener mucho sueño.
Acarició su nuca, sus hombros y finalmente su cabello.
—Conejito.
—¿Hm?
—Debo confesar que… pensé que no ibas a acceder a que tuviéramos sexo.
—¿Por qué? —su tono era bastante suave e íntimo, Yibo se encontraba en la misma situación, aunque estaba ya algo adormilado.
—Por lo de mi corazón.
Xiao Zhan sonrió de lado. La verdad era que estuvo a punto de negarse, precisamente por esa razón.
—Has vivido con esto durante toda tu vida. Te conozco, eres responsable y nunca harías algo que pudiera dañarte. No eres tan imprudente como yo —admitió con una leve sonrisa que hizo fruncir el ceño de Wang Yibo.
—Tonto.
—Hablo en serio. No pienso fastidiarte todo el tiempo diciéndote qué hacer y qué no hacer. Eres lo suficientemente maduro para tomar tus propias decisiones.
Yibo abrió un poco más los ojos, sorprendido por esa respuesta. Pues todos los que lo rodeaban se la pasaban diciéndole qué no debía hacer y qué sí, preocupándose por él y su "débil corazón", como si no supiera cómo sobrellevarlo después de tantos años conviviendo con esa enfermedad.
Lo hacían sentir irritado, pero Xiao Zhan… Dios, él era perfecto. Con eso se dio cuenta de lo bien que lo conocía ya, y eso simplemente lo espantó un poco. En el buen sentido, claro.
—Gracias —fue lo único que pudo decir.
—Pero no te emociones, si veo que eres imprudente, te detendré —le advirtió.
Yibo se maravilló aún más, no pudo decirle nada, simplemente extendió un brazo hasta atraparlo por la nuca y abrazarlo, asfixiándolo.
—¡Yibo! —se quejó, tratando de zafarse del brusco cariño.
—Te amo —besó su cabeza.
—Yo también, pero ya suéltame. No puedo respirar.
—Dramático —lo soltó y vio que ya estaba rojo por la falta de aire—. Lo siento —rio al recibir su mirada llena de reproche, pero esta no duró mucho, pues se volvió a acomodar junto a él.
—Muévete hacia allá, me quiero acomodar —le pidió, con un tono "ofendido".
Yibo le dio complacencia y se acostó bocarriba para recibirlo en su pecho. Xiao Zhan acurrucó su cabeza sobre el costado izquierdo de Yibo y se arrulló a sí mismo con ese pausado y potente latir.
—Has mejorado mucho en esto—dijo de pronto Xiao Zhan, murmurando al aire a sabiendas de que su novio seguía despierto.
—¿Te he satisfecho? —preguntó con voz ronca, pero con ese tinte de arrogancia que hizo reír a Xiao Zhan.
—Más de lo que esperaba cuando lo hicimos por primera vez. Aprendes bastante rápido —suspiró, totalmente pleno.
—He aprendido del mejor —eso lo dijo muy en serio.
Xiao Zhan soltó una pequeña risa más antes de cerrar los ojos y caer poco a poco en el mundo de los sueños.
Era la primera vez que estaba en Chongqing, y estaba maravillado con todo lo que veía a su alrededor desde el taxi, pues Xiao Zhan tenía algo que contar sobre cada lugar por el que pasaban. Se veía tan emocionado que Yibo no podía estar más feliz por él, por verlo así de sonriente al estar al fin en casa.
—Esta fue la pendiente donde intenté aprender a andar en bici —señaló la calle en la que estaban entrando. Yibo miró por el vidrio parabrisas y se espantó.
—¡¿Lo dices en serio?! —se espantó.
—Sí —rio, no con orgullo, pies había sido demasiado imprudente.
—Si yo fuera tu padre, te habría dado un buen regaño —frunció el ceño.
—Vaya que lo obtuve, no sólo de mi padre —recordó esos tiempos.
Era demasiado inquieto y a veces sus papás no sabían qué hacer con sus travesuras.
—Di di.
—¿Mnh? —estaba muy ocupado mirando todo por la ventana.
—¿Serías un padre muy estricto?
Esa pregunta le hizo poner total atención a su novio. Lo pensó unos segundos antes de responder sabiamente.
—Lo necesario para evitar que casi se maten aprendiendo a andar en bici —respondió con seriedad.
Xiao Zhan se avergonzó y rio con una mano sobre su rostro.
—Si un hijo hiciera eso, lo dejaría tres meses sin videojuegos y sin salir.
—¿¡Tres meses!? —se escandalizó—. Que malo.
—No me importa. Serviría para que aprenda a no poner en riesgo su vida.
Xiao Zhan rio ahora con nerviosismo al imaginarse lo que le esperaba a sus futuros hijos.
Cuando el auto se estacionó frente a una hermosa casa, Yibo sonrió. Era tal cual la imaginaba. Sentía algo lindo al saber que ahí creció el amor de su vida.
Bajaron sus maletas de la cajuela y atravesaron el jardín del frente. Yibo miraba con admiración las bonitas flores y plantas que ahí había, se imaginaba el esmero con el que la madre de Xiao Zhan las cuidaba.
Cuando tocaron el timbre, inmediatamente les abrieron la puerta y una bella mujer apareció ante ellos.
—¡Ya llegaron! —exclamó con sincera felicidad.
—¡Mamá! —Xiao Zhan se inclinó y la abrazó con bastante amor.
—Cariño, que bueno que ya están aquí —se separó del abrazo y lo tomó de las mejillas, tratando de comprobar algo—. ¡Qué bueno! Ya no estás tan delgado, mi niño.
Xiao Zhan se echó a reír.
—No mamá, ya no. Y no creo salir con el mismo peso de aquí en unos días —besó la frente de su madre, tomó las maletas y entró a su casa, respirando el aroma de su hogar que siempre extrañaba.
—¡Wang Yibo! —lo saludó efusivamente, igual que a Xiao Zhan.
El aludido correspondió el abrazo, era la primera vez que ella hacía algo así con él. Se sintió en verdad muy bien recibido.
—Nos da mucho gusto que aceptaras la invitación, espero que te sientas como en casa —lo tomó de las manos mientras lo miraba fijamente a los ojos.
Una vez más, Yibo pudo percibir en esos ojos la misma calidez que su novio emanaba siempre que le hablaba.
—Muchas gracias por su hospitalidad —hizo una pequeña reverencia.
—No, cariño, no es necesaria tanta formalidad. Después de todo eres parte de la familia —le apretó más las manos.
Al escucha aquello, Xiao Zhan soltó por accidente una maleta y giró su rostro con sorpresa hacia ellos.
—¿Qué dijiste, mamá?
—Sólo la verdad, Yibo ya es parte de la familia. Tu padre dijo lo mismo. Además, siempre quisimos que tuvieras un hermano.
Yibo palideció y Xiao Zhan soltó el resto de las maletas.
¿Hermano?
¿En serio pensaba eso?
De ser así, muy pronto sus padres se darían cuenta de lo incestuosos que podían llegar a ser.
—Ven, entra y ponte cómodo. Zhan Zhan te enseñará cuál será tu habitación —lo estiró suavemente de las manos para que entrara, pues se había quedado congelado en su lugar después de escuchar lo de "hermano". Xiao Zhan estaba en las mismas.
De pronto la pequeña felina soltó un fuerte maullido haciéndose notar.
—¡Oh Nut! Tú también viniste —la sacó de la jaula que yacía junto a Yibo y su maleta. Entonces notó que ninguno de los dos se movía—. Vayan, vayan. Pero no tarden mucho, Zhan Zhan, tu padre está terminando de hacer la cena.
—Sí… —miró a su novio—. Ven, Yibo, te enseñaré tu cuarto.
—Sí, gracias.
El trato entre ambos de pronto se volvió cordialmente distante, al menos frente a la señora Xiao.
—Demonios, Zhan Zhan, ¿oíste lo que dijo? —le preguntó cuando ambos estaban solos en el segundo piso, en medio del pasillo de todas las habitaciones.
—Sí —se llevó ambas manos a los costados de su rostro, entrando en una graciosa desesperación.
—¿Qué dirán cuando sepan que tú y yo… —fue silenciado por una mano sobre su boca.
—Ya nos preocuparemos por ello cuando llegue el momento —estaba nervioso y preocupado. Si había algo que no soportaba, era el hecho de decepcionar a sus padres, o causarles problemas. Así que estaba muy angustiado, tanto que había comenzado a morderse las uñas.
—Tranquilo, cuidaremos nuestras acciones estos días, no sospecharán nada.
—Es que ese es el problema. Yo quiero que sepan, pero no sé cómo hacerlo sin romperles el corazón —admitió.
—Oh… ¿Les quieres decir?
Xiao Zhan asintió con una sonrisa hermosa.
—No quiero ocultar lo nuestro a mis padres, ya se lo ocultamos al mundo y con eso basta.
Tenía toda la razón.
Xiao Zhan suspiró pesadamente.
—Bueno, ya veremos cómo solucionar eso. Ven, vamos a tu cuarto.
Yibo sonrió como tonto al escuchar eso: su cuarto. Ya tenía una habitación en casa de Xiao Zhan, y fue la misma señora Xiao quien se encargó de acoplarla para él.
Se sentía especial.
Dejaron las maletas en sus respectivas habitaciones, Yibo de inmediato se sintió cómodo en su recámara, pero no sé detuvo a apreciarla del todo porque ambos bajaron al escuchar que la cena ya estaba lista.
—Hola, hijo —el señor Xiao salió de la cocina con un refractario en manos, portando un tierno delantal y guantes de cocina que se quitó para saludar a su amado primogénito.
—¡Papá! —hizo lo mismo que con su madre, lo abrazó e incluso le dio un beso en la mejilla al igual que su padre a él.
—Ya te extrañábamos —confesó.
—Y yo a ustedes —suspiró con una sonrisa—. Pero ya estoy en casa.
—Y con buena compañía —agregó, mirando a Yibo quien permanecía detrás de Xiao Zhan, en silencio y observando todo muy atentamente.
Seguía sorprendido por la forma en que esos dos se saludaron, tan cálidos y cariñosos entre sí. Para él era algo extraño ver aquello.
—Muchacho —le dijo a Yibo a modo de saludo, extendiéndole una mano.
Yibo inmediatamente correspondió y sintió el firme apretón de mano que le dio el señor.
No lo iba a negar, Xiao Zhan tenía toda la razón cuando decía que su padre le causaba miedo a sus amigos, pues era bastante serio. Pero ese miedo disminuyó un poco al ver cómo quería a su hijo, y sobre todo, al ver lo hogareño que era, usando ese delantal muy similar al que Xiao Zhan tenía en su departamento.
—Gracias por recibirme en su casa durante estos días —dijo, en el tono más educado que pudo.
Xiao Zhan casi se reía al verlo tan rígido. Sabía que estaba nervioso.
—Eres bienvenido en esta casa. Sabemos lo mucho que te estima nuestro hijo, y lo importante que es tu amistad para él. Nos da gusto tenerte aquí.
A pesar de que lo decía con seriedad, Wang Yibo sintió cómo su corazón dio un vuelco de felicidad, felicidad que se desbordó de su cuerpo con una sonrisa nerviosa y adorable.
—Gracias, muchas gracias —fue lo único que pudo decir.
—Vamos a cenar —Xiao Zhan le pegó en el brazo ante la divertida mirada de su padre y se fueron a sentar al comedor.
Los cuatro se sentaron juntos a la mesa y disfrutaron de una deliciosa cena en familia, con charlas amenas, risas y mucho cariño flotando en el aire.
Wang Yibo ahora entendía por qué su pareja era como era. Pues cómo no sería así después de haber crecido en ese ambiente tan cálido y con esa comida exquisita.
No pudo evitar elogiar la cena, pues si la comida de su Zhan Zhan era tremendamente deliciosa, esa cena lo superaba, y eso ya era mucho decir.
—Él quiso cocinar hoy para festejar su llegada —explicó la señora Xiao con una linda sonrisa—. Hemos estado emocionados desde que llamaste —le dijo a su hijo, quién no podía estar más feliz al verlos tan contentos.
—Gracias a los dos —le hizo un gesto lindo con los ojos, pestañeando una vez hacia ella en muestra de su cariño, también hacia su padre.
—Y… cuéntenos, ¿cómo va todo en sus vidas? —inquirió el señor con una leve sonrisa.
Los otros dos se miraron mutuamente durante unos segundos, pensando muy bien en qué decir. El problema era tener cuidado para no descubrir el hecho de que vivían juntos, pues no había manera de inventar una excusa para ello.
—Hemos tenido mucho trabajo —se adelantó a explicar Xiao Zhan.
—Pero se están cuidando, ¿verdad? —inquirió ella con preocupación—. ¿La carga de trabajo no es muy pesada? —miró especialmente a su hijo.
—Ya no es así desde que trabajo en la misma agencia que Yibo.
—¡Oh! —se emocionó—. Entonces me imagino que pasan mucho tiempo juntos.
—Bastante —respondió Yibo sin pensar, con una sonrisa traviesa que desapareció al sentir una patada bajo la mesa.
—Me da mucho gusto —sonrió y luego pareció recordar algo—. Zhan Zhan, ¿Cómo ha estado Guang Guang?
Ante esa pregunta, Wang Yibo tragó con fuerza lo que masticaba y giró su rostro mecánicamente hacia su novio. ¿Había escuchado bien? ¿Le estaba preguntando por Xia Zhi Guang?
Xiao Zhan mantuvo su linda sonrisa y le respondió que su querido amigo estaba muy bien, con mucho trabajo y viajando por el mundo.
Pero cuando Xiao Zhan miró a su novio y se dio cuenta de la mirada que le dirigía, sintió un helado escalofrío.
Entonces recordó. Durante el rodaje de The Untamed, Yibo solía hacerle muchas preguntas sobre Guang Guang y Peng Chu Yue. Ahora entendía por qué, ¿Acaso estaba celoso?
—Hace unos meses vino a la ciudad y llegó de paso a visitarnos, pensó que con suerte te encontraría aquí.
—Suerte que no fue así —pensó Wang Yibo, alzando sus cejas inconscientemente mientras meneaba su comida en el plato, se le había ido el apetito.
—Sí, me platicó que pasó a saludarlos —sonrió con cariño al recordar a su querido amigo—. Lo llamaré para ver si de casualidad está cerca de la ciudad, quizás pueda venir un rato.
Ahora fue el turno de Yibo para patearlo bajo la mesa, apretando la mandíbula y los palillos en su mano.
Xiao Zhan sufrió por el golpe, pero supo disimularlo, sus ganas de reír al ver sus celos superaba cualquier dolor.
—¿Tienen planes para estos días?
Yibo salió de su ensimismamiento ante la pregunta de su suegro.
—No realmente —respondió Yibo y miró a su novio, quien también negó, encogiéndose de hombros.
—¿Qué te gustaría hacer? —le preguntó ella a su invitado.
Yibo lo pensó unos momentos y sonrió.
—Me gustaría conocer la ciudad, y visitar los lugares a los que Zhan Zhan solía ir cuando era joven.
Los señores se echaron a reír al escucharlo decir aquello último. Xiao Zhan fingió ofenderse enormemente e incluso le dio un fuerte golpe en el brazo.
El pobre se sonrojó hasta las orejas ante su error, pero no lo rectificó, Xiao Zhan se lo merecía por ponerlo celoso.
Además, no se sentía aún en la confianza de responderle a su novio como de costumbre, o de tratarlo como solía hacerlo, pues estaba frente a sus suegros y los respetaba demasiado.
Terminando de cenar, todos se fueron a descansar a sus habitaciones, Xiao Zhan acompañó a su novio a la suya y se despidió de él para dejarlo dormir, pero Yibo lo retuvo unos momentos, tomándolo por la cintura al asegurarse que la puerta tras ellos estaba cerrada y que nadie los vería.
—No sé cómo haré para dormir sin ti —dijo en voz muy baja, pegándolo más a su cuerpo.
Xiao Zhan sonrió de lado y lo tomó de las mejillas antes de suspirar.
—Yo tampoco, me he acostumbrado tanto a ti que será difícil —admitió en el mismo tono.
—Aunque no extrañaré tus ronquidos.
Mentira, hasta eso extrañaría, ya se había acostumbrado incluso a ellos.
—Tonto —lo golpeó y se quedó en silencio unos momentos—. Oye —le acarició el brazo—. ¿Quieres conocer mi habitación?
Los ojos de Yibo brillaron por la emoción y asintió enérgicamente.
—Ven —lo tomó de la mano y salieron al pasillo, fue ahí cuando Yibo lo soltó inmediatamente, mirando hacia todos lados, temeroso—. Tranquilo, ya se fueron a dormir, no saldrán de su cuarto —aseguró.
—De todas formas —susurró, negando con la cabeza.
—Bien, bien.
Entraron al cuarto de Xiao Zhan. Yibo sonrió al ver que Nut yacía sobre la cama, marcando su territorio.
Miró todo a su alrededor y sonrió más al confirmar que el lugar iba muy bien con su novio. Observó todo con detalle, desde el color crema de las paredes, hasta los tonos azules de las cortinas y sábanas.
—Oye… —quería molestar a Xiao Zhan—. ¿Por qué está tan limpio? Me lo imaginaba más desordenado, ya sabes, vasos medio vacíos, zapatos en el piso y un buró lleno de cosas.
Xiao Zhan dramatizó su reacción, lo miró con los ojos y boca muy abiertos, como no creyendo que se estuviese burlando de él con eso.
—¿Es en serio, Wang Yibo? —rio con incredulidad. Se estaba dando cuenta de cuánto le gustaba molestarlo de esa forma, pues no tenía nada más con qué fastidiarlo. Fuera del pequeño desorden en su cuarto, Xiao Zhan no tenía nada más por qué ser inculpado.
—Ah, ya sé por qué está tan limpio. Es porque no has estado aquí en mucho tiempo —se burló.
Xiao Zhan apretó los dientes y lo miró con advertencia al mismo tiempo que le pellizcaba la cintura, notando que cada vez tenía más de dónde agarrar para hacerle eso. Iba a burlarse de él, pero Yibo se distrajo cuando encontró un librero repleto de libros de la universidad y de lectura común.
—¿Y esto? —señaló con sorpresa al descubrir varios libros de poemas también.
Xiao Zhan se alertó y se paró entre el librero y su novio, algo avergonzado.
—¿Te gusta la poesía? —insistió Yibo, con una sonrisa traviesa.
—Sí, desde que estaba en la secundaria.
—Adorable —en verdad le encantaba. Iba a molestarlo más con ello, hasta que descubrió un par de repisas que lo dejaron con la boca abierta—. ¡Te gusta One Piece! —miró la gran colección de manga que tenía ahí—. ¡Y Naruto también! —lo miró con la boca muy abierta—. Ge Ge… ¿Eres Otaku?
Xiao Zhan se echó a reír con ganas, por un momento temió despertar a sus padres.
—No exactamente, pero… crecí mirando esos animes.
Los ojitos de Yibo brillaron.
—¡Yo también! —siguió observando las repisas—. Tienes todos los tomos de Naruto —estaba maravillado—. Aún no he podido terminar de leerlo.
—¿¡No has visto el final!?
—Sólo el del anime, no he terminado de leer el manga.
—Tienes que hacerlo. Puedes tomarlos cuando quieras.
—¿Me los estás regalando?
—No.
Yibo hizo una tierna expresión de desilusión.
—Lo siento, pastelito, pero es mi gran colección. ¿Tú me darías tus LEGO?
—Si seguimos viviendo juntos, sí.
Xiao Zhan rio.
—Así no cuenta.
El menor se encogió de hombros y le respondió sin mirarlo:
—De todas formas no volveremos a vivir separados.
Xiao Zhan no supo si fueron las palabras, o la certeza con la que las dijo, pero sí supo que causaron un gran impacto en él. Algo dentro de su pecho dolió por tanta emoción que no pudo evitar caminar hacia él y abrazarlo desde atrás, apoyando su cabeza contra la de él.
Yibo acarició los brazos que lo rodeaban y sintió cómo sus cuerpos se balanceaban muy suavemente en medio de ese cálido abrazo.
—¿Qué sucede? —preguntó con un tono suave.
—Te amo —susurró contra la piel de su nuca y le dio un pequeño beso—. Y mi colección es tu colección, toma lo que quieras.
—Espero que no te arrepientas.
—No hagas que suceda —rio y se separó del abrazo. Él también recorrió su habitación con la mirada, pues tenía mucho de no estar ahí.
Pero lo mejor de todo, era ver a Yibo tan entretenido con cada cosa que encontraba.
Esa había sido su habitación desde que era pequeño, así que aún conservaba algunos juguetes y figuras de sus superhéroes favoritos. Y al parecer eso emocionaba mucho a Yibo.
—¡¿Sabías que esta figura de Spiderman ya es considerada de colección?!
—Lo sé —sonrió, orgulloso por nunca haberse deshecho de ella.
—Es tan antigua —seguía maravillado.
Después de unos segundos Xiao Zhan cayó en cuenta de lo que su novio dijo.
—¡Hey! Esa figura es más joven que yo y le estás diciendo antigüedad, más respeto, por favor.
—Lo siento, señor —hizo una pequeña reverencia hacia su novio, ganándose una patada en las nalgas como castigo.
—Tonto —contuvo todo lo que pudo sus risas, pues podría despertar a sus padres.
—¿Y esa puerta? —preguntó Yibo con curiosidad. Una era la principal de la recámara, la otra era el armario, pero había una tercera.
—Oh, guardé lo mejor para el final —sonrió y abrió esa puerta.
—¿El baño? —inquirió sin entender del todo.
—Ven —tomó su mano y lo arrastró al baño, ahí dentro había otra puerta. Xiao Zhan la abrió y Yibo entendió todo.
El baño comunicaba las habitaciones de ambos.
—Oh… —se asombró.
—Mis padres nunca usan este baño, es prácticamente mío, así que tendremos algo de privacidad —sonrió dulcemente y lo tomó de las caderas para atraerlo de frente a él—. ¿Qué ocurre? —acarició su mejilla con cariño, abarcando todo su espacio personal.
Yibo se veía extrañamente nervioso y hasta un poco incómodo.
—¿Y si entran y nos ven? —puso ambas manos en el pecho de Xiao Zhan y lo empujó con suavidad para que se alejara de él—. No quiero meterte en problemas —lo miró con una expresión adorable, estaba en verdad preocupado por ello, por él.
Xiao Zhan se volvió a acercar a él, invadiendo su espacio personal de nuevo, y tomando su rostro entre ambas manos, le dijo:
—No me meterías en un problema. En algún momento se los voy a decir, además, no puedo contenerme tanto —suspiró.
—¿En serio no puedes? —sonrió de lado, bastante coqueto.
—No.
—Yo tampoco —confesó—, pero estamos en casa de tus padres y siento que les falto el respeto.
Xiao Zhan se alejó un poco de él y lo miró con incredulidad, sin borrar su sonrisa divertida.
—¿Qué hiciste con mi Wang Yibo desvergonzado?
El aludido le frunció el ceño.
—Son tus padres, no lo puedo tomar a la ligera. Me importará una mierda el resto, tú y tu familia no.
A pesar de que lo dijo en un tono serio y hasta algo molesto, Xiao Zhan no pudo contener sus ganas de pellizcarle ambas mejillas.
—Yo también te amo, Yibo —sonrió más y besó sus labios.
—Estás muy raro hoy —murmuró después del beso.
—¿Raro? ¿Cómo?
—Mucho más feliz de lo habitual.
Xiao Zhan se echó a reír.
¡Pero claro que estaba feliz! Si la felicidad emanara literalmente de los poros, Xiao Zhan ya estaría empapado de ella.
—Es porque estás aquí —confesó sin ninguna inhibición.
—¿No estás preocupado?
—Amor —suspiró y acarició sus brazos de arriba abajo—. Estás demasiado tenso.
—Tus padres piensan que nos queremos como hermanos.
—Como hermanos incestuosos.
—¡Xiao Zhan! —lo regañó entre dientes, golpeándolo en el brazo.
¿En qué momento se habían invertido los papeles? Ahora su novio era el desvergonzado.
—Lo siento, es sólo que me causó mucha gracia cuando mi madre dijo eso.
La verdad era que se había espantado, ya después le dio risa.
—No nos preocupemos tanto por eso, dejemos que pase el tiempo, ya veremos lo que nos trae.
Yibo terminó suspirando y asintiendo. Lo que menos quería era ser un motivo de discusión entre Xiao Zhan y sus padres.
—¿Vamos a dormir?
Yibo sonrió de lado y asintió.
—Hasta mañana —se estiró un poco hasta alcanzar los labios de Zhan Zhan y los besó suavemente antes de separarse y dirigirse a su recién asignada habitación, pero se detuvo cuando escuchó unos pasos detrás de él. Su novio lo seguía muy de cerca—. ¿Qué haces?
—Vamos a dormir.
—Tú vas a dormir allá —señaló la puerta abierta de su habitación detrás de él—. Y yo acá.
El mayor le hizo una mueca de puchero tan adorable que Yibo tragó en seco, su manzana de Adán hizo un movimiento demasiado notorio.
—No, no me pongas esa cara.
Xiao Zhan intensificó el nivel de ternura, aunque por dentro se moría de risa al estar haciendo eso.
—Por favor.
—No.
—Por favor.
—No.
—Por… —fue interrumpido.
—¡Que no! ¿Y si nos encuentran durmiendo en la misma cama? ¿Qué excusa daríamos?
—Les diría que te da miedo la oscuridad. Después de todo no es una mentira.
Yibo lo golpeó de nuevo.
Xiao Zhan rio un poco y finalmente se puso serio.
—Está bien, te dejaré dormir solo, aunque extrañes mis ronquidos.
—Gracias —rodó los ojos y se dio media vuelta para ya irse a dormir, pero inmediatamente volvió sobre sus pasos, besó los labios de su novio, le quitó la camiseta que traía y se fue a dormir.
—¿Y eso por qué? —le preguntó a la distancia, antes de que Yibo cerrara la puerta.
Yibo alzó la camiseta y sonrió victorioso.
—Te reemplazaré con esto —sin decir más se fue a dormir.
Xiao Zhan se quedó parado en medio del baño, sonriendo como venía haciéndolo desde que se enamoró de Wang Yibo.
En verdad se moría por hablar con sus padres y decirles la verdad, quería sentir que los tenía como aliados también en eso.
Finalmente cada uno se metió a su cama y las horas pasaron. Xiao Zhan no logró conciliar el sueño en ningún momento. Se acostaba de un lado, luego del otro, buscaba lo fresco, luego lo tibio, pero ninguna posición le ayudaba a dormir bien.
A veces le asustaba un poco lo dependiente que se estaba volviendo de Yibo, pues en verdad lo necesitaba para poder dormir. Era como su oso de peluche personal, calientito y perfecto para darle placer cuando deseaba.
Se sacudió esos pensamientos sucios de la cabeza y se quedó acostado bocarriba, acostado entre una revoltura tremenda de sábanas y con Nut durmiendo al pie de la cama.
Pasaban de las tres de la mañana cuando, fastidiado, se levantó de la cama y cruzó el baño para llegar a la habitación contigua. Abrió la puerta con mucho cuidado y sonrió lleno de ternura al ver que la luz estaba encendida, pero su novio dormía profundamente en la cama.
Se mordió el labio inferior con emoción al ver que Yibo hablaba en serio en cuanto a la camiseta, pues la había puesto encima de la almohada que ahora abrazaba.
En silencio, apagó la luz y buscó la manera de acostarse sin despertarlo. Era difícil, pues la cama estaba pegada a la pared y eso no le daba muchas opciones.
Desafortunadamente el tamaño de la cama individual tampoco ayudaba, así que el pobre terminó despertándose de todas formas al sentir que el colchón se hundía un poco del lado opuesto a la pared. Pegó un brinco al sentir a ese intruso.
—Tranquilo, soy yo —susurró.
—¿Qué haces? —preguntó con voz adormilada, muy apenas abría los ojos.
—No puedo dormir. Lo siento, no quería despertarte —lo empujó—. Hazte para allá, no tengo suficiente espacio.
Más dormido que despierto, Yibo se le quedó mirando, ausente, preguntándose internamente si realmente estaba ahí o si sólo era un sueño. No supo distinguir la realidad, así que simplemente dijo lo primero que se le vino a la mente.
—No, vete a dormir con Guang Guang —espetó de mala gana antes de volver a acomodarse en la cama, casi echando al piso a su novio.
Xiao Zhan no podía creer lo que escuchaba. Quizás había estado soñando con eso y ahora se lo echaba en cara.
—¡Yibo! No seas así —murmuró—. ¿En verdad sientes celos?
—Obvio. Hasta tus padres lo quieren.
—Wang Yibo, él es nueve años menor que yo, nueve — recalcó.
—¿Y sólo por eso no estás con él?
—¿Te estás escuchando, idiota? —rio—. Es como mi hermanito menor.
—Yo soy seis años menor ¿También soy tu hermanito? —espetó.
—Estás dormido, por eso dices estas cosas —lo empujó—. Muévete hacia allá, me voy a caer de la cama.
—No, quítate. Si él fuera como tu hermano menor, no dejarías que te manoseara tanto.
—¿Manosearme? ¿Cuándo? —se desconcertó por completo.
—Yo los vi. Siempre que tenía la oportunidad, te tocaba.
Xiao Zhan se palmeó la cara.
—Yibo… ya, no te enojes, eso fue hace muchos años. Déjame dormir contigo ¿Sí? —hizo un tierno puchero que aceleró el corazón del menor.
—No.
—No seas así.
—Tus padres se van a dar cuenta.
—No, porque volveré a mi habitación antes del amanecer. ¿Sí? Por favor —coló sus manos por debajo de la playera del pijama de su novio, tratando de convencerlo.
—¡No vamos a hacer nada de eso aquí! —se escandalizó. Al parecer había obtenido el efecto contrario del que Zhan Zhan esperaba.
Terminó suspirando, derrotado.
—Déjame dormir aquí, por favor. En verdad no puedo dormir solo, ya lo intenté, pero es imposible —pidió muy en serio—. Prometo portarme bien.
Yibo ya estaba un poco más espabilado, lo miró y se dio cuenta de que en verdad no había dormido nada.
—Bien —se apiadó de él—. Pero nada de caricias atrevidas ni… ni…
—Sí, sí, entendido —lo empujó de nuevo, abriéndose paso en esa cama individual.
Tuvieron que acomodarse prácticamente uno encima del otro, pero eso no fue problema para ninguno.
Yibo cayó rendido al sueño casi de inmediato, y Xiao Zhan apenas puso su cabeza sobre el pecho de su novio, se quedó profundamente dormido, sintiendo la protección de sus brazos alrededor de su cuerpo.
Horas más tarde Yibo fue el primero en despertar al sentir la luz de la mañana colándose entre las cortinas y dándole directo en la cara. Frunció el ceño e intentó moverse, pero sintió su cuerpo pesado y su brazo izquierdo completamente entumecido. Miró a su alrededor, por un momento olvidó donde estaba y se asustó al no reconocer las paredes, pero se tranquilizó al sentir una calidez muy conocida justo a su lado. Bajó la mirada y se topó con el rostro dormido de su novio recostado sobre su brazo izquierdo, aplastándolo. Eso explicaba el entumecimiento.
Iba a empujarlo para que la sangre volviese a correr por su brazo, pero no pudo. Xiao Zhan lo estaba aplastando con su cuerpo, pues no había suficiente espacio en la cama y tenía la mitad de su cuerpo abrazando al de Yibo.
El menor suspiró pesadamente, con una sonrisa pequeña y bastante tonta en su expresión.
El rostro de Xiao Zhan era iluminado por una delgada franja de luz matutina que se colaba por la ventana. Eso sólo lo hacía ver más etéreo y hermoso. Xiao Zhan siempre estaba perfecto, incluso durmiendo, con sus labios entreabiertos, sus ojos suavemente cerrados, su cabello por completo revuelto. Lo mejor de todo era que no traía camisa y podía acariciar su suave piel sin ningún impedimento.
Wang Yibo suspiró extasiado, en ese momento se encontraba en la casa de los padres del amor de su vida, y aunque éstos aún no supieran sobre la verdadera relación qua había entre ambos, estaba feliz de estar ahí.
Una vez más miró sus labios y no contuvo sus ganas de acariciarlos con sus dedos, eran tan suaves y lo suficientemente carnosos para proporcionar besos en verdad placenteros. Era adicto a esos hermosos labios. Miró el lunar debajo de su labio inferior y lo acarició con ternura antes de alzar su mentón con una mano y atraerlo a un dulce beso que lo hizo despertar con una sonrisa.
—Buenos días — susurró Yibo muy cerca de su rostro al verlo despertar. Xiao Zhan abrió sus ojos, y le sonrió con éstos, se veía adorable.
—Quiero despertar así todos los días —murmuró con una voz tremendamente sexy que erizó la piel de Yibo.
—Despiertas así todos los días —respondió, tratando de calmar lo que le causaba su novio, quería comérselo a besos y hacerlo suyo en ese momento.
—No, yo te despierto así. Nunca te levantas antes que yo —reclamó.
Tenía toda la razón.
Yibo soltó una pequeña risa, dándole le victoria en la discusión y zanjando el tema, pues estaba más ocupado mirando la belleza de ese rostro ante él. La franja de luz iluminaba sólo una parte del rostro de Xiao Zhan, a lo largo, alcanzando su ojo izquierdo y haciéndolo ver de un tono castaño tremendamente hermoso. Yibo se quedó embelesado mirándolo.
Pero entonces su burbuja de amor se rompió al escuchar que tocaban la puerta del cuarto contiguo.
—Zhan Zhan, hijo, el desayuno ya casi está listo. Despierta a Yibo y bajen.
Era la voz de su madre, Yibo sintió que la sangre se le iba hasta los pies, y cuando reaccionó, sacó a su novio de la cama casi a patadas.
—¡Tranquilo! —espetó en voz baja, algo mareado por lo rápido que se levantó.
—¡Ve a tu cuarto, ya! —masculló entre dientes y en voz baja.
—¿Zhan Zhan? —cuestionó la señora al no obtener respuesta.
Xiao Zhan se apresuró a atravesar el baño para responder desde su habitación.
—Sí, mamá. Bajamos en un momento.
—No se demoren mucho o el desayuno se enfriará.
A partir de ese momento, un día hermoso y fuera de lo común comenzó para ambos.
Bajaron a desayunar en familia, Yibo se sintió parte de ella inmediatamente. Los señores Xiao eran bastante buenos con él, lo habían recibido en casa con los brazos abiertos.
Otra cosa que le gustaba mucho a Yibo, era ver cómo amaban y preocupaban por su hijo. Definitivamente Xiao Zhan era muy amado por sus padres, y él les correspondía con el mismo cariño, era igual de afectuoso con los dos.
Lo envidiaba un poco.
Luego del desayuno, y mientras Xiao Zhan se bañaba, Yibo caminaba por la habitación de su novio, descubriendo más cosas con cada rincón que observaba.
Se encontró con viejos juegos de mesa, con sus primeras pinturas al óleo y acuarela, figuras de súper héroes y demás. Pero lo que más lo impresionó fue reconocer un estuche de violín bien cuidado. Lo tomó y al abrirlo descubrió un precioso violín dentro.
No cabía en sí de la impresión.
—Oh… tenía años de no verlo —dijo Xiao Zhan, recién saliendo del baño, sólo con una toalla rodeando sus caderas y otra sobre sus hombros para secar su cabello.
—Espera ¿Tocas el violín?
—Lo hacía.
—¿Ya no?
—Tengo mucho de no hacerlo. Estudié cuando era niño, hasta que entré a la preparatoria.
—Esos son muchos años. Toca algo para mí —pidió sin dudar.
—Hace mucho que no lo hago.
—No importa —en verdad quería escucharlo.
—Lo haré luego, está desafinado y… necesito practicar un poco antes.
—¿También tocas el piano?
—Sí —sonrió—. ¿Cómo sabes?
—Porque vi el piano en la sala.
—Mi padre me enseñó.
—Vaya. No tenía idea de que fueras tan hábil con la música —sonrió—. ¿Podrías tocar algo para mí? Más tarde.
—Seguro —se acercó y le dio un dulce beso. Yibo lo rodeó por el cuello con ambas manos y se dejó hacer. Comenzó a deslizar sus manos por su espalda, por mera costumbre, pero se detuvo cuando fue consciente de que eso podría convertirse fácilmente en algo más.
—Ya te extraño —confesó Yibo. Pensó que su novio le diría que era un exagerado, pero para su sorpresa respondió con un beso más profundo.
—Yo también.
Mao había insistido mucho en ir con ellos para cuidarlos durante su viaje, pero ninguno de los dos se lo permitió. Decidieron viajar sin seguridad, sabían lo arriesgado que era, pero estaban tomando las precauciones necesarias. Además, se habían encargado de esparcir el rumor de que los dos estarían en ciudades diferentes, trabajando, así que nadie tenía idea de que estaban en Chongqing.
Así salieron a pasear ese día a las calles de la ciudad, usando gorra, lentes de sol y cubrebocas a pesar del calor que hacía. Afortunadamente había mucha gente en las calles que vestía igual, así que lograron pasar desapercibidos.
Xiao Zhan le dio un pequeño tour por sus lugares preferidos, lo llevó a la tienda de antigüedades que siempre visitaba. De ahí salieron con un par de compras y luego se dirigieron a comer un delicioso hot pot, no importaba que hiciera un calor infernal, siempre sería un buen momento para comerlo.
Al salir, se fueron a caminar a un parque que Xiao Zhan frecuentaba mucho cuando era más joven.
—¿Tienes espacio para un postre? —inquirió Zhan Zhan con una sonrisa traviesa.
—Siempre, ¿qué tienes en mente?
—Ven —tomó su mano y lo llevó a una pequeña heladería frente al parque.
De entre todo el menú, cada uno eligió una paleta helada de diferentes sabores y regresaron al parque para sentarse en los columpios de la zona de juegos más alejada y con mayor sombra.
—Tienen una forma extraña —murmuró Yibo.
—¿Extraña? Tienen forma de paleta —no encontró nada extraño en ellas. Entonces prestó más atención y soltó una carcajada.
Las paletas tenían forma ligeramente troncocónica. Luego miró que Yibo lamía toda la longitud de una forma bastante lasciva, ahí terminó de entender todo.
—Wang Yibo, eres un pervertido.
—Tú fuiste quien hizo deducciones —no dejaba de mirar a su novio, en la espera de verlo comerse ese helado.
Xiao Zhan comenzó a comérsela como cualquier persona lo haría, sin embargo, Yibo no se vio decepcionado, pues era imposible comerse una de esas y no verse lascivo.
—¿De qué es la tuya? —inquirió Zhan Zhan. Yibo no respondió, se la extendió para que la lamiera, pero para su sorpresa, Xiao Zhan no sólo le dio una "probada", no, le dio un tremendo mordisco que le erizó la piel a Yibo—. Mango, buena elección —sonrió y le extendió la suya para que la probara también. A diferencia de él, Yibo metió todo lo que pudo de la paleta a su boca y la sacó, saboreándola de esa forma.
—¿Frambuesa?
—La dejaste llena de babas —se quejó, haciéndole una mueca fea.
—No sabía que eso te molestaba —le quitó la paleta de frambuesa y comenzó a lamerla, "quitándole" sus babas.
—Sólo lo estás empeorando. ¿Por qué crees que mordí la tuya?
—Lo siento —rio y le extendió su propia paleta—. Ten, te la cambio.
Xiao Zhan se enterneció.
—No te preocupes —se inclinó para besarlo en los labios, pero se detuvo a tiempo—. Lo siento, por un momento olvidé que estamos en público —suspiró y miró discretamente a su alrededor.
—Yo también —entristeció un poco. Había parejas en el parque, caminando tomados de la mano y besándose cuando les daba la gana. Pero ellos no podían hacer lo mismo.
Zhan Zhan notó el ligero cambio en su estado de ánimo, así que tomó su paleta helada y le picó la mejilla a su novio con ella.
—Hey —le dijo con media sonrisa—. No te pongas triste en nuestra primera cita.
Las cejas de Yibo se alzaron en una expresión sorprendida.
—¿Primera cita?
Xiao Zhan asintió con una hermosa sonrisa y rodeó la mano de Yibo que se sostenía de la cadena del columpio.
—Es la primera vez que salimos junto de esta forma, al menos estando en el país —miró a su alrededor—. Piénsalo, estamos en un parque, compartiendo un helado y tomados de las manos. Quizás no podamos besarnos aquí, pero sabes que te amo y que me muero por llegar a cas ay poder hacerlo.
Yibo sintió cómo su corazón se agitaba con esas palabras y con esa sonrisa tan hermosa ante él. Su novio tenía toda la razón. Le devolvió el apretón de manos y le sonrió.
—Oye —dijo de pronto, mirando hacia delante—. Deberíamos volver a este parque más tarde, o quizás mañana. Puedes traer tu patineta y yo mis patines.
—¿Patinas? Pensé que sólo sobre hielo.
—También en piso —sonrió ampliamente.
—Traigamos tu bici —se burló, ganándose un golpe de Xiao Zhan.
—Para tu información, ya sé andar en bicicleta, tonto.
Yibo se echó a reír más fuerte.
No querían ir a casa todavía, así que terminaron su helado y se quedaron en los columpios durante un rato. Xiao Zhan irradiaba felicidad al contarle tantas anécdotas, mientras que Yibo sólo podía sonreír y admirar lo hermoso que era en ese estado. Pero también veía que el pobre se estaba derritiendo por el calor que hacía, lo notaba al ver que gotas de sudor corrían por su cuello. No quiso interrumpirlo, así que sacó un pañuelo de su bolsillo y secó el sudor de su cuello y frente.
—Gracias —sonrió con ternura ante ese acto tan lindo, en especial tomando en cuenta la expresión seria de su rostro—. Veo que algunas costumbres se pegan.
—Lo sé —sonrió de lado y siguió atento, escuchando sus relatos con completa paz. Podría escucharlo hablar todo el día y no se cansaría. Lo escuchaba con bastante atención.
Cuando Zhan Zhan se dio cuenta de que hablaba demasiado, decidió detenerse y proponer algo.
—El sol está bajando, ¿qué te parece si vamos por nuestras cosas a casa y volvemos aquí para patinar?
Los ojos de Yibo brillaron.
—¡Vamos! —había estado punto de sugerirle empujarlo del columpio, se moría por hacer eso, pero estaba seguro de que Zhan Zhan se negaría porque estaban en público. Pero podrían patinar juntos y no habría problema, ¿Verdad? Siempre y cuando no los descubrieran.
Como dos niños pequeños, corrieron a casa por patines y patineta y volvieron al parque a disfrutar. La señora Xiao los miró y no pudo evitar pensar lo mismo: parecían un par de niños.
"Volvemos más tarde, iremos al parque" fue lo que dijo su hijo de veintiocho años mientras salía corriendo de la casa, con sus patines en una mochila y Yibo siguiéndolo con su patineta en mano.
Al llegar al parque se aseguraron de que no hubiera mucha gente en el lugar. Era un día entre semana, bastante caluroso y sin tanta gente alrededor. Había algunos padres con sus pequeños hijos en los juegos o andando en bicicleta. No los creía un riesgo para ellos, así que dieron rinda suelta a sus ganas de jugar.
Yibo sonrió al ver la emoción en su novio, quien no se molestó en buscar una banca vacía para sentarse y ponerse los patines, no, simplemente se sentó en el suelo y se los puso. Pero cuando se levantó con la ayuda de Yibo, casi termina en el suelo de nuevo.
—¿Desde cuándo no los usas? —inquirió sin soltar sus manos.
Xiao Zhan soltó una risa nerviosa, bastante chistosa.
—Cursaba el primer año de la universidad.
Yibo se palmeó la frente.
—Te vas a caer, mejor no lo hagas.
—Sólo fue hace unos 8 años.
—Creo que estás haciendo mal la cuenta, fue hace mucho más.
De nuevo, Xiao Zhan rio.
—Ya, suéltame. Patinar es como andar en bici, nunca se olvida.
—Y lo dice el que aprendió hace poco a andar en bicicleta —pensó, preocupado.
—Yibo, suéltame —rio.
El aludido, aunque renuente, lo hizo.
Sorprendentemente Xiao Zhan sólo trastabilló al principio, pero luego logró controlar muy bien su equilibro, consiguiendo patinar con facilidad.
—Te lo dije —giró sobre sus talones para ver a Yibo, el pobre estaba sorprendido.
—Bien, tenías toda la razón —se subió a su patineta y lo siguió de cerca. Ambos patinaban casi hombro con hombro a través del parque. El aire cálido de verano chocaba contra sus rostros, y su cabello que estaba despeinado por haber usado gorra todo el día, terminó peor ahora que no las usaban.
El menor miró a su novio de reojo, iba muy relajado, con sus manos descansando detrás de su espalda, mirando el paisaje alrededor y disfrutando del momento. El atardecer estaba llegando, así que ambos eran cubiertos por su luz anaranjada.
—¿Qué ocurre? —inquirió Xiao Zhan al sentirse observado. Yibo sonrió de lado.
—Estás bastante alto con esos patines.
El mayor rio, sí, estaba bastante alto con ellos.
—Tendré que pararme de puntillas para besarte.
—No seas exagerado, además, no se te ocurra hacer eso.
—Lo sé, sólo bromeo —entristeció un poco, sabía que no podía siquiera tomarlo de la mano, mucho menos podría besarlo. Era frustrante.
Sin embargo, decidió dejar eso de lado y se enfocó en grabar ese momento en su memoria. Estaba feliz de estar ahí con su Ge Ge, sin importar los impedimentos y las restricciones, estaba bastante feliz por lo afortunado que era. Ni siquiera podía dejar de mirarlo, y es que era hermoso.
—Si sigues viéndome así me voy a poner nervioso —admitió de pronto Xiao Zhan, mirándolo de reojo.
Yibo rio.
—¿Aún te pongo nervioso? —preguntó con verdadero asombro.
—¡Claro que sí, idiota! —se quejó. Yibo pudo apreciar un ligero sonrojo asomándose desde debajo de su cubrebocas.
Xiao Zhan se sintió aún más observado, así que apresuró el paso, pero Yibo era bastante bueno tomando velocidad aunque fuese en su patineta.
—No escapes de mí —le siguió el ritmo.
—No lo hago, lo que pasa es que eres demasiado lento —apresuró aún más el paso y Yibo se sombró por ello, tuvo que esforzarse para seguirle el ritmo. Era mucho más cansado y difícil en patineta.
—¡Quiero uno patines! —se quejó.
Xiao Zhan se detuvo y volvió hacia él.
—¿Quieres que cambiemos?
El menor se alarmó.
—Yo… creo que no soy muy bueno con patines —admitió. Ya lo había intentado antes y sólo terminaba en el suelo.
—Yo te enseño.
—¿Seguro?
Zhan Zhan no dijo nada más. Y así como se sentó de pronto en el piso para ponerse los patines, hizo lo mismo para quitárselos y volver a sus converse.
Yibo se los puso, sintiéndose afortunado de que su novio y él calzaran casi lo mismo.
Xiao Zhan se quedó con la patineta mientras Yibo trataba de mantener el equilibrio con los patines, pero el pobre sí terminó en el suelo. Fue después de un rato de práctica con la ayuda de su novio que logró mantenerse de pie para deslizarse.
En realidad no pasó mucho tiempo antes de que, una vez más, Yibo sorprendiera a Zhan Zhan con su rápido aprendizaje. Era increíble cómo era capaz de dominar una actividad física en cuestión de horas.
En poco tiempo ya estaba patinando con más seguridad.
—Mira Zhan Zhan, soy más alto que tú —se burló.
—Vaya, ya era hora —le regresó la broma, haciendo que Yibo se bajara el cubrebocas y le sacara la lengua—. Ahora enséñame a usar esta cosa.
—No es "esta cosa", es mi patineta. Más respeto, por favor.
Xiao Zhan rodó los ojos y lo golpeó en el brazo.
Muy pronto Yibo ya estaba enseñándole cómo usarla, además de buen aprendiz, era un excelente maestro, Xiao Zhan lo notó y no dudó en elogiarlo, pues él no era tan bueno con las actividades físicas y ya lograba mantenerse de pie sin ayuda.
De pronto Yibo tuvo una idea extraña, mientras ayudaba a su novio, se subió con él a la misma patineta.
—¿Qué haces? —inquirió el mayor, preocupado cuando sintió las manos de Yibo rodeándole la cintura desde atrás—. Yibo… no —susurró, mirando con pánico a su alrededor. Nadie les prestaba atención, pero aun así…
—Tranquilo, en este momento no le importamos a nadie, todos están en sus propios asuntos.
Yibo ya lo había notado y por eso se atrevió a hacer aquello.
—Además, sólo somos dos amigos que se enseñan mutuamente.
Xiao Zhan tragó en seco y terminó asintiendo. Dejó que Yibo se afianzara más a su cintura y que fuera él también quien tomara la velocidad necesaria.
—¿Estás seguro de que se puede hacer esto? Es decir, las patinetas son individuales. Nos vamos a caer, es mucho peso para una sola patineta y…
—Shh… tranquilo —soltó una risa muy linda sobre su hombro. Xiao Zhan volvió a tragar en seco, seguía angustiado y estaba a punto de bajarse y terminar con ello—. No nos vamos a caer, vamos demasiado lento —tenía toda la razón.
—Xiao Zhan ¿¡Eres tú!? —exclamó una voz cerca de ellos. Los dos miraron en esa dirección. Zhan Zhan se tensó tanto que perdió la concentración y el equilibrio. Yibo lo tomó más firmemente de la cintura para que no cayera, pero todo ocurrió demasiado rápido, no pudieron mantener el control y cayeron al piso juntos.
De alguna forma, y sin proponérselo, Xiao Zhan terminó amortiguando todo el peso de su novio sobre su espalda mientras él caía de rodillas al suelo.
—¡Oh! Sí eres tú —se acercó a ayudar, terminando de confirmar su identidad.
Continuará…
06/06/2020
7:50 p.m.
