Capítulo 50: "De fiesta en Chonqing"

Al darse cuenta de que había caído encima de su novio, se hizo a un lado inmediatamente y comenzó a revisarlo.

—¿Estás bien? —le preguntó con preocupación, pues a pesar de que la caída había sido mínima, había escuchado el ruido sordo de las rodillas de su novio estampándose contra el concreto.

Con ayuda de Yibo, Xiao Zhan se giró y quedó sentado en el suelo, riendo un poco para ocultar el palpitante dolor en sus rodillas.

—Sí, sí —rio y le restó importancia.

—¡Cielos! Menos mal que traes jeans —espetó esa tercera voz con asombro al ver los tremendos raspones en las rodillas de Xiao Zhan, incluso la tela se había rasgado.

Yibo miró a esa persona con enfado, dedicándole una de sus peores miradas, pues por su culpa se habían caído.

—Ven —Yibo se levantó y le extendió una mano a su novio para que hiciera lo mismo—. ¿Puedes caminar?

—Gracias —estuvo a punto de decirle "cariño", pero se contuvo al recordar que no estaban solos—. Sí, estoy bien —aseguró y luego miró al joven frente a ellos—. ¿Xin Yue? ¡¿Eres tú?! —se asombró.

—No he cambiado nada, ¿verdad? —sonrió.

—Te ves más viejo —lo molestó.

—Y tú te ves más joven ¿Cómo es eso posible?

—Ya no estoy gordo —rio.

—¡Qué va! Claro que no estabas gordo, aunque ahora estás mucho más delgado —lo observó.

Por un momento Yibo quedó totalmente fuera de lugar, parado a un lado de los dos, viendo ese reencuentro de viejos amigos. Se sintió muy incómodo. ¿Xiao Zhan lo presentaría? Quizás no.

—¡No nos veíamos desde la universidad!

—Ya hace mucho tiempo.

—Lamento haber hecho que cayeran, no era mi intención, pero me impresionó mucho verte por aquí. Sobretodo así, sin tus asistentes y guardaespaldas —rio un poco, contagiando a Xiao Zhan.

—Sí… uhm… las cosas han cambiado un poco desde que salí de la universidad.

—¿Un poco? Zhan Zhan, eres tremendamente famoso. Deberías tener más cuidado, sería peligroso si alguien más te reconociera.

—Trataré de ser más cuidadoso.

—¡Por cierto! —espetó de pronto, bastante animado—. ¿Hasta cuándo estarás en la ciudad?

—Sólo unos días más, ¿por qué?

—Llegaste en el momento perfecto. Habrá una reunión de exalumnos de la universidad. Toda nuestra generación se reunirá. Cenaremos en un restaurante, este viernes. ¿Quieres venir?

Xiao Zhan se sorprendió, lo pensó durante unos segundos y miró a su novio. Ninguno de los dos se había quitado aún el cubrebocas, tenían miedo de que alguien más los reconociera.

—Puedes llevar a Yibo —lo señaló con la cabeza y una sonrisa. El aludido se asombró, no sabía que ya lo había reconocido—. Todos llevarán a alguien.

—¿Y tú?

—Iba a llevar a mi esposa, pero no encontramos a alguien que cuidara a los niños.

—¿Tienes hijos? —estaba asombrado.

—Tres.

—¡¿Tantos?!

Su amigo rio y señaló a tres pequeños a lo lejos, trepados en los juegos y siendo supervisados por su madre.

—No he visto noticias de que tengas siquiera pareja, pero… ¿No tienes algún hijo escondido por ahí? —alzó una ceja, travieso.

—¡No! —se escandalizó—. Por supuesto que no.

—¿Y no quieres tenerlos? ¿Por qué no te has casado?

Una vez más, la presión social recaía sobre sus hombros. Yibo pudo ver cómo su novio se tensaba un poco ante esa pregunta.

—Claro que quiero hijos, pero casarme… —titubeó, ¿cómo le explicaba que el que estaba a un lado suyo era su novio? ¿Cómo le recordaba que no podía contraer nupcias con su novio en el país?

—¿No te vas a casar?

—Lo haré —aseguró con una sonrisa algo enigmática.

Xin Yue hubiese continuado con las preguntas incómodas de no ser porque en ese momento llegó corriendo una pequeña no mayor de cinco años, ésta se aferró a las piernas de su padre y miró a los desconocidos con algo de timidez.

—Papi, tengo sed. Quiero un jugo.

El hombre acarició su cabecita y le prometió ir por un jugo, pero antes le presentó a sus amigos. La pequeña los saludó a ambos con un gesto tierno de su mano y sin soltar las piernas de su padre.

Yibo y Xiao Zhan se llenaron de ternura al verla, era adorable.

Luego de intercambiar teléfonos, Xin Yue quedó en mandarle la ubicación y el horario.

—Vas a ir. ¿Verdad? No te puedes perder esta reunión, no has asistido a ninguna desde que nos graduamos. Además, va a ir Mei Mei —alzó ambas cejas de forma pícara mientras codeaba a Xiao Zhan. El pobre se quedó como piedra, en especial al sentir la pesada mirada de su novio sobre ambos.

—Sí, yo te confirmaré mi asistencia más tarde —rio con nerviosismo.

—Oh vamos, no me digas que no te acuerdas de Mei Mei, porque ella sí que te recuerda. Todos sabemos que te sigue amando —rio un poco, recordando ciertas cosas—. Ella podrá haber salido con la mitad de la generación después de haber estado contigo, pero todos sabemos que jamás te olvidó. Va a todas las reuniones anuales con la esperanza de encontrarte en ellas. Estoy seguro de que esta vez no será la excepción.

Yibo abrió mucho sus ojos al escuchar todo eso. No pudo evitar mirar a su novio con expresión asesina, por primera vez no logró contenerlo. Afortunadamente su cubrebocas evitaba que se dieran cuenta de la cantidad de vinagre que, figurativamente, estaba bebiendo en ese momento.

Lo único que resonaba en su mente una y otra vez, era el "Te sigue amando. Te sigue amando. Te sigue amando." ¡Demonios! Estaba hablando de amor de verdad.

—Deberías venir, echarle un vistazo y quién sabe, quizás esta vez sí terminas casado y con hijos.

Yibo apretó los puños y comenzó a balancear su peso de un pie a otro, demostrando lo incómodo que estaba en ese lugar. Su cuerpo gritaba: "Vámonos de aquí o terminaré diciendo algo de lo que nos arrepentiremos"

—Sí… eh… yo lo pensaré —se rascó la nuca, muy nervioso.

—¡Papi! ¡Tengo sed! —se quejó, colgándose de su padre. Éste se despidió y se fue de ahí.

Xiao Zhan se quedó parado en su lugar, esperaba que Yibo le dijera algo, pero eso no ocurrió, o al menos no le dijo lo que imaginaba que diría.

—Ven, siéntate aquí —lo tomó suavemente del codo y lo llevó a una banca cercana para revisar sus rodillas—. ¿Arde?

Xiao Zhan negó con la cabeza, analizando lo que alcanzaba a ver del rostro de su novio y tratando de adivinar lo que pasaba por su mente.

—Yibo… —fue interrumpido por él.

—Así que… ¿Mei Mei?

A Xiao Zhan se le escapó una risa extraña y nerviosa a pesar de que eso no era gracioso, al menos no para Wang Yibo.

—Ella es mi ex novia de la universidad.

—¿La primera con la que te acostaste?

—Sí.

Yibo frunció los labios, cosa que Xiao Zhan pudo percibir a pesar de no verlo.

—No es algo importante.

—Claro que lo es. Uno nunca olvida algo así, y menos si es contigo.

Xiao Zhan no supo si soltar una exclamación de ternura o si debía preocuparse.

—Me estás sobrestimando. Esa primera vez no fue tan buena.

—Mei Mei no piensa eso —se burló con sarcasmo.

—Yibo… ¿Estás celoso?

—Por supuesto —se bajó el cubrebocas y le mostro una espléndida sonrisa—. Y no puedo hacer nada al respecto, ni siquiera la conozco, pero… —rodó los ojos, sentía una revoltura extraña de emociones.

—Pastelito.

—¿Qué?

—Si no estuviéramos en público, te besaría.

El aludido le respondió rodando los ojos una vez más y girando el rostro hacia un lado.

—No tienes idea de lo adorable que te ves estando celoso.

—No estoy bromeando —lo miró, molesto.

—Lo sé, eso sólo me provoca más ganas de besarte —suspiró.

Yibo no pudo permanecer enojado mucho tiempo, menos con esa preciosa mirada que su novio le dirigía, y esa sonrisa…. ¡Dios! Entendía a la perfección a esa tal Mei Mei, si fuera ella, tampoco podría olvidarlo nunca.

—¿Vas a ir a la reunión? —espetó de mala gana.

—¿Vendrías conmigo?

—¡Sí quieres ir! —se escandalizó.

—No vayamos entonces —zanjó el tema así de fácil. Realmente no le importaba mucho, aunque muy en el fondo sí tenía ganas de ver a sus viejos amigos.

—No, vamos a ir —sentenció Yibo.

No le iba a "prohibir" cosas a su novio, pero tampoco lo iba a dejar ir solo, no con esa mujer asechando.

—¿Qué haces? —preguntó Yibo al ver que Xiao Zhan mandaba un mensaje.

—Le confirmo a Xin Yue que sí iremos. Listo —le dedicó una preciosa sonrisa—. Gracias por acompañarme.

—Da igual —rodó los ojos. Se estaba comportando como un crío, y estaba consciente de ello, pero no podía evitarlo.

Su enojo pasó a segundo plano cuando vio de nuevo las rodillas de su novio, estaban raspadas y ensangrentadas, eso definitivamente dejaría cicatrices.

—Vamos a casa, tenemos que desinfectar eso —hizo mueca de dolor—. ¿En serio no te duele? —lo miró, preocupado.

Xiao Zhan soltó una risita y negó, la verdad era que su umbral del dolor era muy alto. O eso parecía hasta que se puso de pie y tuvo que flexionar sus rodillas. El pobre se echó a reír.

—Sí, duele un poco —siguió riendo.

—¿Quieres que te lleve en mi espalda?

El mayor se enterneció por completo.

—En serio, si pudiera, te besaría ahora mismo —suspiró, enamorado.

—Entonces vamos a casa y bésame —sonrió de lado, bastante coqueto. Se acercaron a la calle y tomaron un taxi.

—Veamos el lado bueno —dijo de pronto Yibo cuando estaban por entrar a la casa—. Tienes unos nuevos jeans rasgados.

Xiao Zhan se echó a reír, tenía toda la razón.

—Sólo espero que las manchas de sangre se quiten.

Apenas pusieron un pie dentro de la casa, la señora Xiao los recibió y se espantó al ver las rodillas de su hijo.

—¡¿Pero qué sucedió?!

—Nos caímos andando en patineta —respondió Xiao Zhan.

La señora miró de inmediato a Yibo.

—A ti no te pasó nada —dijo al inspeccionarlo—. ¿Estás bien?

—Adivina quién amortiguó la caída —dijo Xiao Zhan, riendo.

Su madre rio y negó con la cabeza.

—Ven acá, vamos a desinfectar las heridas —lo tomó del brazo y se lo llevó a la sala—. Primero quítate ese pantalón. Iré por el botiquín.

Xiao Zhan miró a su novio y luego a su madre.

—¿Aquí? —inquirió, en verdad desconcertado por la petición.

—O si prefieres vamos al baño. No pensé que te fuera a dar pena con tu amigo.

Yibo soltó una risa inesperada.

—¿Te da pena, Zhan Zhan? —inquirió, con un tono sugerente y bastante divertido, sólo quería molestarlo.

El aludido lo miró con enojo, pero sus orejas ya estaban bastante rojas.

—No, no me da pena —miró ahora a su madre—. Pero yo puedo hacerlo, no te preocupes —aseguró, pues sabía que ella estaba ocupada en la cocina, su padre llegaría a casa en cualquier momento y siempre tenía mucha hambre a la hora de la cena, no quería retrasarla.

—Pero… —lo miró con preocupación y acarició su rostro—….mi niño, te caíste.

Por un momento Xiao Zhan sintió como si el tiempo hubiese retrocedido veinte años. Su corazón se llenó de dicha. Tomó la mano de su madre y la besó.

—Sé que estás ocupada con la cena. Yo me puedo curar y luego iré a ayudarte en la cocina.

—Pero… —fue interrumpida.

—Yo puedo ayudarlo también —intervino Yibo—. Después de todo yo caí arriba de él —se sentía un poco avergonzado al haber salido ileso.

La mamá de Xiao Zhan finalmente aceptó y así estos dos subieron al baño que unía sus habitaciones. Zhan Zhan se sentó en el borde de la bañera y le indició a Yibo el lugar en donde estaba el botiquín.

—Así que te da pena que te vea en ropa interior —murmuró Yibo, sentándose a su lado en la bañera. Xiao Zhan ya se había quitado el pantalón.

—Claro que no, idiota, me preocupaba que mi madre se diera cuenta de que ni tú ni yo nos avergonzamos por eso. Siento que se daría cuenta de algo.

Tenía razón.

—Y más aún si hacías esto —señaló la mano de Yibo que acariciaba su muslo.

El menor sonrió y le dio varios apretones a su pierna, casi como si estuviera manoseando fruta para ver si ya está madura. Eso sólo hizo reír a Xiao Zhan.

—Ya, deja mis piernas —le dio un manotazo.

—Bien, veamos —abrió el botiquín y sacó lo necesario para curar esos raspones. No eran la gran cosa, pero sí se veían muy dramáticos. A partir de ahí Yibo limpió y desinfectó las heridas con cariño y delicadeza.

Fue entonces que Xiao Zhan puso atención en las rodillas de su amado, traía un short puesto, así que pudo apreciarlas fácilmente, notando que tenía muchas cicatrices en ellas que no parecían haber sido de su infancia, sino de hace pocos años. Con razón tenía tanta experiencia curando ese tipo de raspones.

—Listo —le dijo luego de poner una última capa de spray desinfectante para heridas—. No te pongas curita por ahora, deja que cicatrice un poco —sopló con cariño las heridas, tratando de que el líquido que acababa de ponerle no ardiera tanto, pero Xiao Zhan parecía que en verdad no sentía dolor, pues lo miraba con una dulce expresión.

—Gracias —tomó la barbilla de Yibo y lo atrajo a sus labios. Y es que verlo así, preocupado por él, cuidando tan cariñosamente de sus raspones… era adorable. Quería comérselo a besos ahí mismo.

—De nada —respondió con una dulce sonrisa al separarse del beso, esa sonrisa sólo se la mostraba a su novio, a nadie más.

Después de cenar esa noche, Xiao Zhan le pidió a Yibo que durmiera con él en su habitación. Éste tardó en aceptar, pues aún le mortificaba ser descubierto por sus padres y causarle problemas. Pero de todas formas terminó yendo a su habitación antes de dormir.

—Sabía que vendrías —Xiao Zhan sonrió con victoria al verlo entrar por la puerta del baño—. Ven —palmeó el espacio libre en la cama, junto a él—. ¿Te duelen los pies? —preguntó al verlo caminar raro.

—Sí, no traía el calzado correcto hoy.

Entonces Xiao Zhan recordó todo lo que habían caminado por la ciudad y el parque.

—Acuéstate —le señaló la almohada, Yibo obedeció y vio que su novio se sentaba al pie de la cama, en pose india antes de tomar sus pies y ponérselos sobre las piernas.

Inmediatamente supo qué era lo que Xiao Zhan haría, sonrió de lado y soltó un pesado y largo suspiro.

—Gracias, conejito —cerró los ojos y se dejó llevar por la magia que hacían sus manos. De vez en cuando se le escapaban suspiros de placer.

Xiao Zhan sólo se aguantaba las ganas de reír y seguía masajeándole los pies sobre sus calcetines. Muy pronto se los quitó y le dio especial atención a cada uno.

—Zhan Zhan… eres muy bueno en esto —suspiró.

El aludido sonrió de lado y siguió concentrado en su trabajo.

—Sólo es cuestión de hacer presión en los lugares adecuados.

—Ah… ahí, ahí se siente muy bien.

Con un pie entre sus manos, apretó con sus pulgares cierto lugar en la planta del pie, haciendo que Yibo suspirara profundamente. Estaba tan relajado que ni siquiera abría los ojos.

Xiao Zhan lo observó en silencio sin dejar de masajearlo. El pobre sí tenía sus pies muy cansados, pero había estado tan feliz siguiéndolo de un lado a otro que no se detuvo a decirle.

También aprovechó la oportunidad para ver sus pies de cerca, eran bastante lindos y muy delicados para ser de un chico.

—Tienes pies muy bonitos —dijo de pronto, acariciando cada dedo y pellizcándole el meñique.

—¿Tienes fetiches que no sepa? —inquirió, abriendo sólo un ojo para mirarlo.

Xiao Zhan soltó una risa muy chistosa y negó con la cabeza.

—Creo que soy yo quien debería hacerte esa pregunta —deslizó traviesamente una mano hasta ponerla sobre la entrepierna de Yibo.

—¡¿Qué haces?! —se escandalizó.

—Hey, no soy yo quien tiene una carpa levantada en su pantalón desde hace rato —se burló. Gracias a que ambos traían un simple short deportivo, pudo ver desde que empezó a levantarse, hasta que estuvo completamente alzado.

Yibo bajó la mirada a su entrepierna y se avergonzó. Tomó un cojín y se cubrió con él.

—¿Tan bueno estuvo el masaje? —se burló Xiao Zhan.

—Cállate —se sonrojó hasta las orejas. La verdad era que se había relajado mucho, y estaba disfrutando tanto que… simplemente pasó, a veces sucedía sin motivo ni razón aparente.

Xiao Zhan se deslizó entonces sobre el cuerpo de su novio hasta recostarse sobre él, acariciando con una mano ese miembro duro que exigía atención inmediata.

—Zhan Zhan… no.

—¿Por qué estás tan tenso y nervioso? No estoy intentando que tengamos sexo, sólo quiero… —silenció cuando Yibo tomó su mano, impidiendo que siguiera acariciándolo indebidamente.

—No.

—Yibo —lo miró con completa incredulidad, jamás lo había rechazado así.

—¿Y si tus padres se dan cuenta?

—No va a ser así.

—Seamos razonables. Si tú me ayudas con esto —señaló su miembro erecto—. No nos detendremos ahí, eso nos llevará a algo más, nos besaremos, haremos… ¡Además, tú eres muy ruidoso!

Xiao Zhan no sabía si carcajearse u ofenderse, Yibo se veía realmente preocupado por el asunto, estaba muy serio y nervioso al mismo tiempo.

—¡Está bien, está bien! Tú ganas, te dejaré en paz —se le quitó de encima.

—Zhan Ge, ¿estás enojado conmigo?

—Claro que no —se volvió a acostar sobre él y besó la punta de su nariz—. Entiendo tus motivos.

—No quiero meterte en problemas con tus padres. Además… si nos descubren haciéndolo, sería una forma horrible de anunciarles nuestra relación.

Xiao Zhan rio, tenía toda la razón.

—¿Qué haremos con eso? —señaló la entrepierna de su novio con la mirada.

—Ignorémoslo —nunca le había costado tanto decir eso.

—¿Crees que desaparecerá así como así?

—Tiene que. Y si no, iré al baño.

—¿Y qué harás exactamente? —lo miró con picardía. El corazón de Yibo se aceleró más.

—No me estás ayudando —tragó en seco.

—Lo siento —rio y se hizo a un lado para acotarse ahora sobre la cama, se estiró perezosamente y bostezó—. Intentemos dormir.

Yibo asintió, apagaron las luces y se acurrucaron juntos. Xiao Zhan dejó que su novio lo rodeara con los brazos desde atrás, apretándolo suavemente contra su cuerpo.

Al día siguiente decidieron quedarse en casa, afuera hacía más calor que el día anterior y simplemente no tenían ganas de asolearse más. Se quedaron en la recámara de Xiao Zhan gran parte del día, leyendo mangas en la comodidad de dos sillones puff.

Yibo miraba discretamente a su novio por encima del manga, sonriendo a escondidas al verlo tan entretenido con la historia. Parecía un niño pequeño, tumbado en total comodidad sobre ese sillón, con una camiseta y un short bastante frescos. Yibo se encontraba en las mismas, pero no podía concentrarse del todo en la lectura, no al tener a su novio justo enfrente, luciendo tan hermoso como siempre. Sólo quería acortar la distancia entre ambos y comérselo a besos.

¿Era adicto a él? Quizás.

—Yibo… ya —le advirtió al sentir que estiraba el pie envuelto en calcetín hasta alcanzar el suyo que estaba desnudo, pisándolo y molestándolo.

—¿No te da cosquillas?

—Sí, pero… Esto está muy bueno, hace años que no leía mis mangas.

—Uhm… —respondió y no obtuvo más palabras de su novio.

Algo aburrido, Yibo empezó a ponerle el pie en todas partes, le hacía cosquillas en donde quiera que alcanzara. Xiao Zhan ya no le reclamaba, simplemente se dejaba hacer y permanecía concentrado en su lectura, esperando que, al ignorarlo, Yibo se cansara y dejara de molestarlo, pero no fue así. El menor picó la mejilla de su novio con el pie, una y otra vez.

—¡Yibo! —se quejó, riendo y mirándolo con reproche.

—Ponme atención —infló las mejillas y levantó los labios como si fuese un niño mimado.

Xiao Zhan sólo rodó los ojos y siguió ignorándolo.

Mala decisión.

Yibo se fue resbalando poco a poco de su puff, hasta quedar en una incómoda posición que le permitió seguir molestando a su novio con el pie.

—Te huelen los pies.

—No es cierto.

—¿Estás seguro? —no apartó la mirada de su manga, pero sí alzó una ceja.

Entonces Yibo tomó el pie con una mano y se lo llevó a la nariz para comprobar sus palabras, preocupado de que fuesen ciertas. Pero sonrió divertido al ver que eran puras mentiras.

—¿Cómo lograste eso? —se burló al ver la facilidad con la que se llevaba el pie a la cara.

—Lo puedo poner detrás de mi cuello, ¿quieres ver?

—A ver —dejó de lado su manga y lo miró con asombro.

Yibo empezó a hacer la contorsión y Xiao Zhan no podía estar más maravillado.

—¡Wow! —le aplaudió.

El rostro del menor estaba rojo por el esfuerzo.

—Chicos, les traje unos… oh —se quedó parada bajo el marco de la puerta, como ésta estaba abierta no pudo haber tocado antes de entrar—. ¡Yibo! ¿Cómo es que haces eso? —estaba demasiado sorprendida.

El aludido trató de deshacer su acrobacia, pero no pudo, así que sólo le sonrió con timidez.

—Es demasiado flexible —se rio Xiao Zhan, poniéndose de pie para ir por la bandeja que su mamá les llevaba—. ¡Se ve delicioso! Gracias mamá —tomó el vaso de té helado y lo disfrutó plenamente, ajeno del conflicto que vivía su novio.

—Si necesitan algo, estaré abajo —les guiñó un ojo y se fue.

—¿No te has cansado? —inquirió Xiao Zhan, comiendo los bocadillos que su madre le llevó y mirando la incómoda posición de su novio.

—Zhan Ge… ¿Me puedes ayudar? Creo que me atoré.

El aludido casi escupió todo lo que tenía en la boca y después de reírse un poco corrió a ayudarlo.

—Mejor no lo hagas de nuevo —le acomodó la pierna en su lugar—. Se te va a terminar saliendo un hueso.

Ahora fue Yibo el que rio.

Luego de comerse lo que la señora Xiao les llevó, se acostaron en la cama para mayor comodidad. Como estaban con la puerta abierta, optaron por acostarse en posiciones opuestas: Yibo con la cabeza al pie de la cama y los pies hacia la almohada mientras que Xiao Zhan estaba al revés.

En esas cómodas posiciones siguieron leyendo manga el resto de la tarde, aunque eso sí, ninguno de los dos podía evitar tener contacto físico con el otro. Yibo tenía su pierna atravesada sobre el cuerpo de su novio y éste le acariciaba la suave piel con sus dedos, a veces le hacía cosquillas en el pie y Yibo se las regresaba con cariño. Todo esto sin dejar de leer.

La señora Xiao había vuelto a pasar por la habitación para ver si todo estaba en orden, pues los había notado muy callados y bastante tranquilos durante el día, pero al ver esa escena decidió no molestarlos y se fue de ahí riendo entre dientes y pensando en que esos dos seguían siendo unos niños. Lo único que llamó su atención fue ver que su hijo nunca había sido tan cercano con alguien como con él. Se sentía feliz por ambos, pero había algo que encendía una alerta en su interior, y no sabía a qué se debía con exactitud.

—Acéptalo, perdiste la apuesta y ahora tienes que cumplir.

—No quiero.

—Xiao Zhan, ¿no eres un hombre de palabra? —cuestionó Yibo con completa seriedad.

—Cariño, ¿por qué están discutiendo? —inquirió el señor Xiao al acercarse a su esposa luego de verlos discutiendo en la sala.

Ambos los miraban desde el comedor.

—Hoy en la tarde hicieron una apuesta, y Zhan Zhan perdió.

—Oh, ya veo. ¿Y qué apostaron?

Su esposa se echó a reír, pero no respondió y siguió escuchando la discusión.

—Me voy, Zhan Zhan, iré a comprar la cera.

—¡No! ¿Podemos cambiarlo por otra cosa?

—No.

—Yibo, por favor —casi suplicó, nunca pensó que perdería contra Yibo en el ajedrez de una forma tan rápida, por eso había apostado con tanta seguridad.

—No —rio.

—Hijo, creo haberte educado lo suficientemente bien como para cumplir tu palabra —intervino el señor, quien hasta ahora había permanecido junto a su esposa como expectante.

Sin que los demás se dieran cuenta, la señora le hizo una señal con la mano a Yibo para que se acercara a ella, éste obedeció y se inclinó para que ella le susurrara algo al oído.

—No tienes que ir a la tienda, tengo cera para depilar en el baño —murmuró en voz baja. La cara de Yibo se iluminó, no podía creer que su suegra lo estaba ayudando.

—¡Gracias! —le sonrió ampliamente y luego miró hacia su suegro y novio—. Zhan Zhan, vamos al baño, tienes que cumplir —le dijo fuerte y claro, pero su novio estaba ocupado escuchando las burlas de su padre.

—¡¿En serio apostaste eso?! Hijo, te va a doler.

—¡Lo sé! —se llevó una mano al rostro, en verdad preocupado.

—Pero ve, tienes que cumplir tus compromisos —lo empujó hacia Yibo, sin dejar de reír.

—Bien, bien —suspiró y siguió a su amado hasta llegar al baño. La señora Xiao había ido a buscar la cera para dejársela a Yibo y volvió con su esposo a la sala a tomar el té. Ambos esperaban entre risas escuchar los gritos de su pobre hijo.

—Qué tonto, ¿por qué apostó eso? —inquirió el señor.

Su esposa rio y negó suavemente con la cabeza.

—No pensó que perdería.

—¿Qué apostó Wang Yibo?

—Dejarse cortar el cabello por nuestro hijo.

—Vaya, que bueno que no perdió —bebió de su té y comenzó a leer el periódico local en su Tablet.

No pasó mucho tiempo antes de que escucharan los alaridos de Zhan Zhan. Yibo lo estaba haciendo sufrir.

—Pobre —murmuró ella, bebiendo también de su té.

—Mhn.

Mientras tanto, en el baño estaba Xiao Zhan sentado en el borde de la bañera, con su pierna extendida hacia su novio, suplicándole que con una sola tira de cera bastara.

—No, van a ser las dos piernas.

—¡Eres cruel!

—Gracias —comenzó a calentar entre sus manos la otra banda de cera.

—No era un cumplido, estúpido —al pobre le salían pequeñas lágrimas de dolor a pesar de que reía un poco.

—Aquí vamos —se la puso en la pantorrilla y Xiao Zhan cerró con fuerza sus ojos—. Cariño, eres demasiado peludo.

—¡Cálla….ah! ¡Idiota! ¡Eso dolió! —le pegó un puñetazo en el brazo.

Yibo se hizo a un lado y se carcajeó de lo lindo.

Repitieron eso una y otra vez hasta que las piernas de Xiao Zhan quedaron libres de cualquier vello, pero con su pobre piel bastante irritada.

—Como trasero de bebé.

—¿A qué costo? —abrazaba uno de sus peluches que Yibo le llevó para que pudiera morder y dejara de gritar.

—No seas exagerado. Te depilaste otras partes más sensibles y no te quejaste así, ¿verdad?

—No, porque la chica que lo hizo tuvo mucho cuidado. Tú fuiste un salvaje.

—Lo siento —se sentó a su lado y tomó las dos piernas de Xiao Zhan para ponerlas sobre su regazo. No podía dejar de acariciárselas, eran muy bonitas, masculinas, fuertes y tremendamente suaves—. Me gustan tus piernas, pero me gustan más con vello.

Entre lágrimas, y mordiéndose los labios, Xiao Zhan le propinó un buen golpe en el muslo con su puño cerrado.

—Idiota.

De pronto alguien tocó a la puerta. Xiao Zhan de inmediato bajó las piernas del regazo de su amado y se separó un poco de él.

—Chicos, ¿todo en orden? —era su padre.

—Sí, puedes entrar.

El aludido asomó la cabeza y su esposa hizo lo mismo. Se echó a reír al ver a su hijo con sus piernas deslumbrando por la ausencia de vello, más aún al ver su carita llorosa.

—Hijo, no debiste apostar eso —lo miró con compasión.

—No lo vuelvo a hacer.

Yibo no podía dejar de reír entre dientes, cubriéndose la boca con una mano para no ser tan obvio, pero sus suegros lo vieron y se contagiaron.

Le habían seguido el juego en algo como eso, jamás imaginó que llegaría a tal nivel de confianza.

—Oh cariño, sigues teniendo tu piel muy sensible. Toma un baño con agua fresca antes de dormir —le acarició las piernas y soltó una pequeña risa antes de inclinarse y darle un beso en la frente—. Ya nos vamos a dormir, descansen, chicos.

Se despidieron de ambos y salieron de ahí.

A pesar de todo, Yibo se sentía un poco mal por su novio, así que se encargó de prepararle el baño antes de irse a la cama. Obviamente no se ofreció a acompañarlo en la tina, ni siquiera a permanecer en el baño junto con él, pues se conocía bien y sabía que si lo veía desnudo, se le echaría encima como depredador a su presa.

Y como Xiao Zhan sabía muy bien eso, tuvo el total descaro de salir del baño nuevamente sólo con una toalla rodeando sus caderas, muy por debajo de donde debería de estar. Yibo lo vio, tragó en seco y se cubrió con las sábanas hasta la cabeza para no verlo más.

Zhan Zhan se echó a reír.

—¿En verdad no quieres ver nada de nada?

—No quiero —su voz salió amortiguada por las sábanas.

—No te creo.

Yibo pudo apreciar el ruido seco de la toalla cayendo al piso. No pudo evitar tragar con fuerza una vez más. Sabía que si miraba, aunque fuese sólo un poco, terminaría cediendo a eso que Xiao Zhan lo incitaba.

—Zhan Zhan, por favor —suplicó—. No me hagas esto. En verdad quiero estar contigo, pero no puedo hacerlo en casa de tus padres, están a un par de habitaciones de aquí, en verdad no puedo.

Sintió cómo un peso extra entraba a la cama, colándose por debajo de las sábanas y llenando sus sentidos del exquisito aroma del desodorante de su novio combinado con su jabón de baño.

—Te he presionado mucho, ¿verdad? —lo atrapó entre sus brazos y no lo dejó ir—. No insistiré más, lo siento —besó su mejilla.

Yibo abrió los ojos y descubrió con su tacto que Xiao Zhan llevaba ropa, por un momento temió que se metiera desnudo a la cama.

—No me malentiendas, te amo, me encantas, pero por eso mismo estoy seguro de que no podré controlarme.

—Lo sé, porque me pasa lo mismo —suspiró y besó su frente.

Se quedaron en silencio durante un buen rato, haciéndose pequeños cariños y disfrutando de su compañía mutua.

—Zhan Ge.

—¿Mhn?

—Creo que estoy engordando.

—¿Crees? —se burló, totalmente sarcástico y ganándose un golpe en el estómago.

—He comido demasiado estos días, sin mencionar todo lo que comimos en Aspen —suspiró—. Tengo que hacer más ejercicio.

—Así me gustas —restregó su cabeza contra el cuello de su amado, parecía un pequeño gatito buscando su calor.

Yibo sonrió como bobo ante esas palabras.

—¿Aunque me ponga gordo y feo?

—Nunca te verías feo.

—Mi padre era igual de delgado que yo a mi edad, pero comenzó a engordar después de casarse. Me temo que la genética es muy fuerte.

Xiao Zhan rio.

—¿Engordarás cuando nos casemos?

—Si sigues cocinando tan delicioso, sí.

Xiao Zhan lo abrazó más fuerte aún.

—Eres hermoso, sea como sea, lo eres —aseguró.

—De todas formas, cuando volvamos a casa haré más ejercicio, regresaré al gimnasio.

—Tómatelo con calma —murmuró—. No te esfuerces de más.

—No lo haré.

—Cariño, ¿tomaste tu medicina?

—Sí —murmuró en voz baja—. ¿Tomaste tus vitaminas?

—En la mañana —bostezó—. Oye… mañana es la reunión de exalumnos, ¿en serio quieres ir? Porque si gustas podemos quedarnos en… —fue interrumpido.

—Quiero ir.

Por supuesto que quería, no se iba a perder la oportunidad de conocer a los amigos de la universidad de su novio, era una manera de conocerlo mejor y de conocer a esa famosa ex novia que tuvo. Esperaba que sí asistiera, quizás podría demostrarle que Xiao Zhan estaba ahora con alguien mucho mejor.

—Quizás te aburras un poco, será muy tranquilo: una cena en un restaurante elegante al que jamás he ido —suspiró.

—Está bien, quiero ir y descubrir por qué te pusieron ese apodo tan horrible.

—¿El de "mano derecha fuerte"? —rio.

—Ese —se quedó pensativo unos momentos—. Zhan Zhan, no traje ropa como para ir a una cena así.

—Sabes que puedes tomar lo que quieras de mi armario.

—Gracias —murmuró, más dormido que despierto.

Xiao Zhan besó su frente y así Yibo se quedó dormido con una ligera sonrisa.

—Anda, dime quién de todas es —inquirió con verdadera curiosidad.

—Adivina.

—No tengo idea, Zhan Zhan, dime ya.

Estaban en la fila de reservaciones, esperando a que los dejaran pasar. Cada vez que una chica amiga de Xiao Zhan se acercaba a saludarlo, Yibo le preguntaba: "¿Es ella?", y el aludido siempre respondía con negativas.

—Tal parece que no vendrá —Yibo miró su reloj y notó que ya pasaba de la hora acordada.

En la recepción del restaurante estaban todos los exalumnos de la generación de Zhan Zhan, al menos todos los que habían podido asistir, pues muchos de ellos ya tenían esposa e hijos de los cuales hacerse cargo. Así que no había más de veinte personas, y entre ellas parecía no encontrarse la tal Mei Mei.

Fue entonces que un par de chicas muy lindas entraron al restaurante y fueron saludadas de inmediato por todos los presentes, se notaba que les tenían aprecio.

—¿Es alguna de ellas dos? —inquirió Yibo de nuevo, parado junto a su novio, pero éste no le respondió, se le quedó mirando a ambas. De hecho, los dos se quedaron absortos mirándolas. Eran dos mujeres muy guapas, con un excelente gusto para vestir y un muy buen cuerpo. Una era más seria que la otra, los presentes la saludaban con verdadero cariño y algunos incluso con admiración y respeto. Eso llamó la atención de Yibo, pues estaba acostumbrado a que las chicas de su tipo (hermosas, y bien vestidas) eran siempre algo extravagantes en su forma de ser, tratando de llamar la atención en cada oportunidad, pero ella no era así.

Cuando se acercaron a ellos, la chica seria y hermosa se congeló al mirarlos, específicamente al mirar a Xiao Zhan.

Fue ahí cuando Yibo supo identificarla.

¡Demonios! ¿Será ella? En verdad es linda —pensó, mirándola y frunciendo el ceño y los labios.

No estaba equivocado.

—¿¡Zhan Zhan!? ¡¿Viniste?! —ante la mirada de todos, ignoró a los que le faltaba por saludar y fue directo hacia él para saludarlo con bastante efusividad, como a ningún otro de sus excompañeros.

—Hola, Mei Mei —respondió en medio del fuerte abrazo, mirando a su novio por encima del hombro de la chica, quien casi lo asfixiaba, bajo la atenta mirada de todos, algunos con envidia y otros aguantándose la risa ante el tormento que revivía Xiao Zhan.

—¡Han pasado tantos años sin vernos! ¡Nunca respondiste mis mensajes! Y tampoco has venido a las reuniones.

—Lo siento, he estado muy ocupado —se disculpó con una sonrisa muy apenada.

—Lo bueno es que estás aquí —sus ojos brillaban enormemente al mirarlo. No había duda de que seguía queriéndolo, Yibo reconocía muy bien ese brillo. Además, Mei Mei tuvo el descaro de posar su mano sobre el pecho de su novio, con demasiada confianza.

Eso sólo crispó más los nervios de Yibo. No podía dejar de pensar: "Quita-tu-mano-de-ahí".

—¿Wang Yibo? —inquirió ella con desconcierto al reconocerlo.

El aludido sólo alzó su mano derecha a modo de saludo, mirándola sin expresión alguna, pero muriéndose de celos por dentro.

—¿Trajiste a Wang Yibo a la reunión? —se desconcertó, pero con una gran sonrisa fue y lo saludó casi tan efusivamente como a Xiao Zhan, lo rodeó con sus brazos y dejó una de sus manos sobre su pecho mientras lo inspeccionaba de pies a cabeza—. Eres un hombre muy apuesto para sólo tener veintiún años.

—Veintidós —corrigió el aludido, con su misma expresión seria y las manos dentro de los bolsillos de su pantalón.

Xiao Zhan temblaba de nervios por dentro. Su incomodidad era inmensa.

—¿Y qué estás haciendo aquí? Gracias a los medios sé que eres cercano a Zhan Zhan, pero no sabía que lo eras tanto —sonrió, aún pegada a Wang Yibo. Si no fuera porque se trataba de la ex novia de su novio, quizás no le hubiera molestado tanto su cercanía, pues tenía un perfume exquisito. A Wang Yibo nunca le gustaban los perfumes de las chicas que se le acercaban, pero ella olía muy bien, se vestía muy bien y tenía un porte que lograba hacer que todos la admiraran. Era una combinación extraña y exótica que no pudo, de alguna manera, evitar disfrutar.

Pero seguía sintiendo desprecio por ella. No podía contenerlo. En especial porque seguía comiéndose a Xiao Zhan con la mirada a pesar de que no lo había soltado a él, permanecía parada a su lado, recargada ligeramente sobre su costado y con una mano en su pecho con tal ligereza que a penas la sentía.

Estaba tan concentrado analizándola a ella y a la situación, que olvidó que había hecho una pregunta a la cual Xiao Zhan se adelantó a responder.

—Vino de visita a la ciudad, no iba a dejarlo a su suerte —respondió con las palabras exactas que habían planeado los dos como excusa antes de llegar al restaurante, excusa que le dieron a todos cuando se sorprendieron al verlo ahí.

Es decir, sus amigos de la universidad estaban muy conscientes de la fama de Zhan Zhan, pero jamás imaginaron que llevaría a uno de sus amigos. Se desconcertaron al principio, pero eso pasó a segundo plano luego de la explicación que dieron. Todos, sin excepción, sabían quién era él, pero eran lo suficientemente maduros como para guardar la compostura a pesar de que había uno que otro fanboy presente.

Sabían que era un riesgo enorme aparecer así en público, pero fue un riesgo que estuvieron dispuestos a tomar, pues no estarían solos, sino en una reunión.

—¿Me puedo sentar con ustedes? —les preguntó Mei Mei, tomando a cada uno de un brazo y caminando en medio de los dos rumbo a las mesas que les asignaron al grupo.

—Uhm… sí —respondió Xiao Zhan, sintiendo de inmediato el peso de la mirada asesina de Yibo—. No podía decirle que no —pensó, mirando a su novio con una expresión que Yibo inmediatamente entendió.

Al llegar a la mesa, Yibo se adelantó a ofrecerle una silla a Mei Mei.

—Que caballeroso, gracias —halagada, se sentó, esperando quedar en medio de los dos, pero no fue así. Yibo se sentó junto a ella y Zhan Zhan al lado de él.

Por supuesto que Yibo no iba a ser caballeroso con ella sólo porque sí.

Xiao Zhan notó eso y rio para sus adentros.

Así comenzó la velada. Yibo miraba y escuchaba en silencio todas las conversaciones. Era un grupo de personas bastante animado, se trataban con la misma confianza de amigos de toda la vida, y aunque Xiao Zhan hubiese estado lejos tanto tiempo, lo incluían en cada charla.

Yibo estaba asombrado con la habilidad de su novio para ser tan carismático. Entendía por qué ninguno podía apartar la mirada de él cuando hablaba, no los culpaba.

Cuando Mei Mei se levantó al baño, Yibo tuvo la oportunidad de decirle a su novio lo que venía pensando desde que vio a esa chica.

—Así que… es ella.

—Ella es —respondió, incómodo y dándole un sorbo pequeño a su copa de vino.

—Zhan Zhan, es muy hermosa.

El aludido se había esperado todo, menos eso.

—¿Qué dijiste? —rio, incrédulo.

—Sólo digo la verdad. Que me esté muriendo de celos es otra cosa —admitió con su expresión completamente seria, esa que le demostraba a Xiao Zhan que no estaba jugando.

—Le gustaste.

—No, tú le sigues gustando. Demasiado, diría yo.

—Pero le interesaste.

Yibo frunció los labios.

—¿Quieres que te consiga una cita con ella? —inquirió Zhan Zhan con una sonrisa pícara, pues era la primera vez que veía a Yibo mirar así a una chica. Casualmente también era la primera chica que le causó algo en serio a él.

—¡No! —se escandalizó—. ¿Estás loco? —lo miró con una expresión exasperada, en verdad no se había esperado eso de su novio.

—¿Estás seguro?

—Mucho.

Sí, Mei Mei era hermosa, pero… ¿Cómo le decía la verdad? ¿Cómo le decía que sexualmente hablando le atraía más él que Mei Mei? Yibo se sonrojó hasta las orejas por su pensamiento tan… gay.

—Yibo…

—No —lo miró con hastío para disimular su vergüenza—. ¿Estás diciendo que me puedes compartir sin ningún remordimiento?

—Sólo estoy confirmando una vez más que eres increíble —suspiró, enamorado y asegurándose de contenerse muy bien ante los demás, atento a que nadie les prestara atención en ese momento.

—No juegues con eso.

—Estás sonrojado.

Sí, estaba muy acalorado. Después de todo, una mujer seis años mayor se le había estado insinuando sutilmente. Eso lo acaloraba.

—Me siento algo celoso —admitió Xiao Zhan.

—¡¿Tú?! ¡Ja! Yo no soy el que tiene una exnovia que aún lo ama.

—No me ama.

—Se nota que sí.

Xiao Zhan se preocupó, ¿sería verdad eso?

Mei Mei no tardó en volver a la mesa, con su lindo lipstick renovado en sus labios. Durante toda la cena trató de mantener una conversación con Xiao Zhan, pero le fue difícil debido a que Yibo estaba en medio de los dos. Intentó hacer lo mismo con él, pero Yibo se mantuvo tan serio y estoico como cuando no quiere hablar con nadie.

La pobre no tuvo otra opción más que charlar con otra persona, pero en todo momento se mantuvo atenta a su querido ex.

Xiao Zhan se asombró al ver que muchos de sus compañeros ya estaban casados, él era de los pocos que aún no lo hacían. Obviamente pasaron toda la cena molestándolo por ello, haciéndole malas indirectas sobre Mei Mei, quien de casualidad también seguía soltera.

—¿En verdad no se habían vuelto a ver desde la universidad?

Xiao Zhan asintió.

—¿Y no han pensado en salir de nuevo? Hacían una hermosa pareja, todos los envidiábamos.

Xiao Zhan se atragantó un poco con lo que comía, carraspeó y se adelantó a hablar antes que ella lo hiciera.

—Lo nuestro fue muy… —miró a su ex, ésta le regresó una mirada tierna—…fue muy corto. No podríamos considerarlo algo serio, ¿verdad? —le sonrió con gentileza.

Ella negó con la cabeza.

—No importa que haya sido poco tiempo, atesoro cada recuerdo de nuestra relación.

Xiao Zhan tragó con fuerza y miró a su novio, en medio de ambos. Yibo no dijo nada ni levantó la mirada, estaba muy concentrado comiendo su filete.

—Te lo dije —Xuan Yue, quien estaba al lado de Xiao Zhan, lo codeó con fuerza—. Ella aún te quiere, ¿por qué no le pides una cita?

Un poco exasperado por la insistencia en el asunto, Zhan Zhan tuvo que tomar el control de la situación.

—Por el momento no estoy interesado en salir con nadie —sonrió amablemente, diciendo aquello lo suficientemente alto como para que ella y algunos otros escucharan—. Tengo tanto trabajo que no podría tener una pareja en este momento.

Mei Mei se desilusionó en serio, le estaba dejando muy en claro que no le interesaba. Pero no se iba a quedar de brazos cruzados.

—¿Y tú? ¿Tienes novia? —le preguntó a Yibo, incluyéndolo directamente en la conversación a pesar de que Xiao Zhan había intentado eso antes y no había dado frutos.

—No.

—¿Te gustaría salir conmigo? —le sonrió, bastante coqueta y con una seguridad en sí misma que era en verdad atractiva.

Yibo seguía masticando su filete, lo pensó durante unos segundos y finalmente respondió.

—Quizás.

Los ahí presentes se sorprendieron mucho, en especial Xiao Zhan.

Mei Mei no cupo en sí de la impresión, pies había estado segura de que obtendría un no. Lo había hecho sólo para ver la reacción de Xiao Zhan, pero… no le molestaba en lo absoluto salir con Wang Yibo, era un chico en verdad atractivo y muy sexy.

—Vaya, pásame tu WeChat —le pidió, entusiasmada y aún sorprendida por su victoria.

Ante la expectación de todos, Wang Yibo sacó su móvil, le dictó su número y la aceptó en WeChat.

Xiao Zhan mantuvo su expresión amable, pero cualquiera que le prestara la atención debida, se daría cuenta de que su puño estaba por romper el cuchillo que sostenía.

—¿No te molesta salir con alguien mayor? —inquirió ella, mirándolo con ternura, pues aunque fuese tan serio y a veces intimidante, le parecía un jovencito adorable.

—Me gustan mayores —sonrió de lado, derritiendo el corazón de Mei Mei—. ¿Verdad, Zhan Zhan? —le dedicó una sonrisa tan angelical que el mayor sólo pudo apretar la mandíbula. Esa se la iba a cobrar muy cara.

Entonces Mei Mei y Yibo se enfrascaron en una especie de conversación, poniéndose de acuerdo para verse en un futuro muy cercano.

Xiao Zhan escuchaba todo eso y sólo hacía muecas que no podía contener mientras comía su cena en silencio. ¿En qué momento los papeles se habían invertido?

Escuchaba la conversación de esos dos atentamente, y de pronto sus celos se calmaron al confirmar que todo eso había sido sólo una mala broma por parte de su novio, pues lo escuchó decirle algo a Mei Mei.

—Oh… lo siento, estoy viendo mi agenda y me acabo de dar cuenta de que mi próximo fin de semana libre es hasta dentro de seis meses. Que mal, lo siento.

—Ya veo —lo miró a él y luego la expresión divertida en Xiao Zhan—. Quizás yo podría visitarte algún día. Mi agenda también está bastante apretada, pero podría hacer un espacio—miró una vez más a su exnovio y sonrió de lado—. Zhan Zhan, ¿no te molesta que salga con tu amigo?

Mei Mei era una mujer bastante lista.

—Me parece una excelente idea, en especial porque no tiene mucha experiencia con mujeres —le guiñó un ojo—. Sabes a lo que me refiero.

—Oh… ¿en serio?

Wang Yibo quedó en shock. ¿Su novio en verdad acababa de hacer aquello? Su rostro enrojeció una vez más e incluso comenzó a toser. Eso sólo ayudó a confirmar lo que Xiao Zhan dijo.

—¡Que adorable! —soltó una risa encantadora—. No te preocupes, cariño, puedes aprender conmigo —le guiñó un ojo.

—¡No es así! ¡Él miente! —fue lo más coherente que pudo decir.

—¿No eres virgen? Eso fue lo que entendí.

—¡No lo soy!

Vaya que no lo era.

—Bueno, en ese caso te ayudaré a adquirir más experiencia. No sé qué te habrá contado Zhan Zhan, pero no le creas. Han pasado muchos años después de nuestro último encuentro, y éramos completamente inexpertos —rio—. Te aseguro que las cosas han cambiado. Aunque… —miró a su ex—…no cambiaría nada en él —lo miró sin vergüenza, con una expresión de deseo y enamoramiento que le puso la piel de gallina a los dos.

—Mei Mei —carraspeó Zhan Zhan, incómodo.

—¿Qué tiene de malo decirlo? Fue nuestra primera experiencia de ese tipo, es algo que no se olvida. Además, para haber sido la primera vez de ambos… —rodó los ojos en un gesto bastante sugerente—… fuiste muy bueno. Ustedes que son chicos seguramente hablan mucho sobre eso entre ustedes —rio y miró a Yibo—. Si te presume que es bueno en la cama, créele, porque es totalmente cierto.

—¡Mei Mei! ¡Los estás avergonzando! —intervino su amiga por primera vez, mostrando la pena y la decencia que Mei Mei se ahorraba.

Yibo quería gritarle que él sabía muy bien eso porque lo había vivido en carne propia, pero se contuvo.

Tanto Yibo como Xiao Zhan habían empezado a jugar con fuego en esa situación, y estaban quemándose poco a poco.

Cuando la cena terminó, algunos se fueron a sus casas, pero el resto sugirió hacer lo mismo de cada año: ir a un club nocturno, bailar y beber hasta tarde.

—Zhan Zhan ¿Quieres ir? —murmuró en voz baja, cerca de él.

—¿Vas a seguir con tu jueguito tonto?

El menor no aguantó su risa.

—No, ya logré lo que quise.

—¿Hacerme enojar?

—Sí, eres sexy cuando te enojas.

—Cállate.

—¿Vamos a ir o no?

—Vamos —tenía ganas de salir un rato y distraerse, ¿y por qué no? Podría recordar viejos tiempos con sus amigos.

Fue así como terminaron en un club nocturno abarrotado de gente, con poca iluminación y un ruido increíble. Eligieron una mesa alejada del escándalo en la que podían charlar sin tanto esfuerzo.

Uno de los amigos de Xiao Zhan invitó las cervezas para todos.

Después de un rato de charla a gritos y de jugar a "las vencidas" entre todos, quedó más que claro que Xiao Zhan seguía siendo el campeón, honrando su feo apodo. Yibo se echó a reír al escuchar a los amigos de su novio llamarlo así cuando les ganó a todos, incluyéndolo a él. Se había espantado al experimentar por primera vez la fuerza del brazo de su novio de esa forma.

Afortunadamente Mei Mei se había mantenido un poco al margen, en especial al ver que ellos dos no se separaron, sentándose con otro grupo de chicos lejos de ella.

Entonces Yibo notó que su amado sólo llevaba media cerveza cuando él ya iba por la cuarta. No pudo evitar sentir ternura por él.

—Zhan Zhan ¿Quieres que te pida algo sin alcohol? —le dijo al oído.

El aludido sonrió con algo de vergüenza y respondió:

—Iré a la barra a ver qué hay para tomar —sonrió y se alejó a hacer su pedido. Yibo se quedó a solas con los amigos de su novio, estos eran muy amables, pero empezaron a preguntarle por su amistad, por cómo se conocieron y el por qué eran tan cercanos a pesar de la diferencia de edades. Yibo sólo respondió que se hicieron muy buenos amigos en el set de grabación, y que ahora eran mejores amigos. Se sintió muy extraño al dar esa explicación tan lejana a la realidad actual. Pero más extraño aún al ver el interés de todos en eso.

Momentos después llegó Xiao Zhan a la mesa, ya había hecho su pedido, sólo le faltaba esperar por él.

—¿Encontraste algo bueno? —preguntó Yibo con una leve sonrisa.

—Pedí un jugo.

El aludido rio, jamás imaginó que habría jugo en un club nocturno.

—Zhan Zhan, iré al baño, vuelvo en un momento.

—Bien —le dedicó una linda sonrisa y lo vio irse. Pero cuando eso pasó, su querida ex novia se plantó a su lado, tomando el lugar de Yibo.

—En verdad estoy sorprendida.

—¿Eh?

—Zhan Zhan, son demasiado obvios.

La sangre se le fue hasta los pies. Un mesero llegó con su jugo y Xiao Zhan lo tomó y empezó a beber de la pajilla inmediatamente, tratando de calmar el susto.

—No te entiendo.

—No te hagas el tonto, ustedes dos se traen algo. No sé si ya lo sepan o aún no se han confesado. Pero los celos de ambos fueron demasiado obvios. Zhan Zhan ¡Tú le gustas! —se emocionó.

El aludido casi se echa a reír.

—¿Tú crees? —se calmó un poco.

—¡Sí! —se emocionó—. ¿A ti te gusta?

—La pregunta aquí es: ¿A quién demonios no le gusta Wang Yibo?

—Buen punto —se mordió el labio—. ¿Crees que consiga algo con él? Es decir, puede ser que le gustes tú, pero eso no quiere decir que yo no pueda gustarle —sonrió, coqueta. Vaya que era linda.

—No.

—¿Es gay? —se asombró.

—No.

—Entonces es bisexual.

—Mejor déjalo en paz.

—¡También te gusta! —ya no estaba tan emocionada, sino decepcionada.

—Mei Mei —suspiró—. Ya deja ese tema de lado —si bien era divertido al principio, ya era algo agotador.

—Nunca lo imaginé, pero ahora creo que es muy probable.

—¿Qué?

—Que seas bisexual —dijo con una simplicidad increíble—. Que ambos lo sean.

Xiao Zhan no respondió y se desentendió bebiendo de su jugo.

—Yo también lo soy —confesó—. ¿Viste a la chica que traje conmigo? Es mi cita de hoy.

—¿Y aun así coqueteaste con nosotros?

—Ella sabe lo que siento por ti —su tono coqueto desapareció, y en su lugar lo miró con algo de tristeza.

—Mei Mei.

—Lo sé, lo sé. Ya me quedó muy claro que no sientes nada por mí —suspiró—. Pero yo aún te sigo amando, y quiero que lo sepas. No importa que salga con diferentes hombres y mujeres, tú siempre ocuparás el primer lugar en mi corazón. Después de todo fuiste mi primer novio, mi primera pareja.

Xiao Zhan se conmovió un poco y la miró con cariño.

—Gracias por eso, pero lamento mucho no poder corresponder.

—Quizás no ahora, pero si algún día cambias de opinión, ahí estaré —aseguró con su amplia sonrisa, esa sonrisa que tenía la misma energía que la de Xiao Zhan. Quizás por eso eran considerados una pareja perfecta cuando estaban en la universidad—. Has cambiado mucho físicamente —dijo de pronto, mirándolo con ilusión—. Pero sigues siendo el mismo de siempre, me encanta eso de ti —extendió una mano y le acarició el cabello.

—Tú estás idéntica —rio.

Ella se enorgulleció por eso.

—Xiao Zhan —dijo de pronto—. Quiero proponerte algo, a ti y a Yibo —su expresión cambió a una de completa seriedad. Se inclinó sobre el oído de él y comenzó a explicarle detenida y explícitamente.

Conforme avanzaba, las mejillas de Xiao Zhan se iban poniendo más y más rojas.

Mientras tanto, Yibo llevaba ya diez minutos en la fila para el baño. Estaba tan urgido que por un momento se planteó la posibilidad de ir afuera y hacer sus necesidades en algún callejón. Tardó otros diez minutos en volver a la mesa con su novio, pero cuando lo hizo, vio que su amado bebía algo en un vaso grande, directamente de la pajilla.

—¡Yibo! —se emocionó al verlo, pues se había desaparecido un buen rato.

—Había mucha fila en el baño —explicó y frunció el ceño—. ¿Qué estás tomando? —inquirió con curiosidad.

—Jugo —respondió con una sonrisa tonta.

—Zhan Zhan, eso no es jugo —le dijo uno de sus amigos, quien había alcanzado a escuchar su respuesta y se alarmó.

—¿Ah, no? —lo miró con sorpresa, examinándolo—. Pero sabe a frutas, es de frutas —ya se lo había terminado, sólo quedaban los hielos y un poco de jugo al fondo.

Alarmado, Yibo acercó su nariz al vaso y lo terminó por confirmar.

—Esto es vodka —suspiró y miró a su novio con preocupación—. ¿Te sientes bien?

—¿Por qué no debería de sentirme bien?

—Te acabas de tomar un litro de jugo con vodka —puso una mano en la frente de Xiao Zhan, sí, su rostro rojo era debido al calor de su cuerpo, ya estaba bastante ebrio.

¡Lo había dejado sólo por veinte minutos!

—Oh... Upsi —rio.

Sus amigos lo vieron con asombro, sólo una vez lo habían visto ebrio y fue bastante chistoso porque al día siguiente tuvieron examen en la universidad, y el pobre se presentó con una resaca terrible por haberse tomado sólo dos cervezas.

—Vaya, vaya. Zhan Zhan no ha cambiado en nada —se rio uno de sus compañeros, pero luego se acercó para ver si estaba bien.

—Estoy bien —aseguró al sentir las miradas sobre él.

Se veía bastante cuerdo para ser él y haber bebido todo aquello.

—Ten, toma esto —le extendió una botella de agua—. Ya no pruebes ninguna bebida.

—Pero ya pedí otro jugo —miró a su novio con un tierno puchero.

—No, bebe el agua.

Xiao Zhan comenzaba a ponerse un poco necio, y no era el momento ni el lugar para ello.

Preocupado, Yibo decidió llevárselo a casa, pero luego se dio cuenta de que no podía llegar así con él ¿Qué le diría a sus padres? No. Necesitaba encontrar la forma de bajarle la borrachera antes de eso.

—Vámonos a casa —lo tomó discretamente del brazo y lo empujó a la salida—. Tendremos que tomar un taxi —suspiró.

—No, puedo conducir.

—¡¿Estás loco?!

—Sólo me tomé un trago.

—Un trago de un litro, ven acá —al ver que no había nadie en la calle, lo tomó de la cintura con firmeza, pero Xiao Zhan estaba renuente, se veía más borracho que antes, sentir el aire fresco de la noche no le había ayudado en lo absoluto.

—Yo puedo conducir —insistió, sacando las llaves de su bolsillo. Yibo se las arrebató de inmediato y afianzó un brazo a su cintura, comenzando a caminar rumbo a la esquina para pedir un taxi. Zhan Zhan se tambaleaba un poco, así que Yibo apretó más el agarre en su angosta cintura, deseando tener la fuerza para simplemente echárselo al hombro y llevárselo a casa.

La calle no estaba muy transitada a pesar de ser viernes por la noche, el club estaba en una zona muy exclusiva y casi no se veían taxis comunes, Yibo tuvo que pedir uno a través de una aplicación.

Mientras lo hacía, Xiao Zhan se recargó contra su novio, estaba tan flojo como muñeca de trapo, apoyando su peso sobre el hombro de Yibo, hasta que se incorporó un poco y le mordisqueó la oreja.

—¿Qué haces? —se alteró el menor, mirando de inmediato hacia todas direcciones para asegurarse de que nadie los miraba.

—Quiero hacerlo contigo.

—¿Ahorita?

—Sí —murmuró contra su oído, causándole escalofríos.

Él también quería hacerlo, pero iban rumbo a la casa de sus suegros, no podían tener sexo ahí. Además, aún tenía que pensar en una forma de sacarlo de ese estado de ebriedad antes de llegar a casa.

Yibo se estaba estresando mucho.

—Demonios —se encontraba en un gran dilema.

—Vamos a un hotel —murmuró Xiao Zhan de pronto, con su voz grave y arrastrando las palabras. Sus murmullos le causaron cosquillas a Yibo en el cuello—. Hagámoslo en un hotel y luego vayamos a casa —sugirió. Para sorpresa de Yibo, su novio seguía siendo bastante listo a pesar de estar bajo los efectos del alcohol.

Irían a un hotel, pero… no podía cogerse a su novio en ese estado. Ya se había sentido muy mal hace meses cuando lo besó por primera vez mientras estaba ebrio.

—No, estás borracho.

—¿No podemos tener sexo así? —rio torpemente.

—¿Estás seguro de que quieres?

—Quiero hacértelo.

Yibo sintió sus rodillas de gelatina. Si su novio estaba borracho, y era éste quien se lo quería coger… no había problema, ¿o sí?

—Bien, bien —llegó el taxi y de inmediato fueron al hotel más cercano, tuvieron que apresurarse, pues no querían llegar tan tarde a casa.

En menos tiempo del que se imaginó, ya estaba en la habitación con Xiao Zhan apresándolo contra la puerta, besándolo y acariciándolo endemoniadamente bien.

Yibo estaba sorprendido por lo candente que estaba su novio, aunque no era para menos, había permanecido en abstinencia varios días, él también estaba ansioso por hacer el amor con su pareja.

Comenzaron a desvestirse cuando el pobre de Xiao Zhan se mareó tremendamente.

—Hey, ¿estás bien? —con cuidado lo ayudó a llegar a la cama, de pronto se vio bastante pálido.

—Sí —frunció el ceño de forma adorable antes de llevarse una mano al estómago.

—¿Qué te duele?

—Aquí —señaló su estómago. Casi parecía un puchero infantil. Yibo se hubiera reído de no ser por el hecho de que de pronto su novio se levantó de la cama y salió corriendo al baño.

Fue tras él, imaginándose lo que estaba por ocurrir.

Y así fue. Cuando entró al baño pudo ver cómo su novio devolvía el estómago, de rodillas frente al retrete. No lo pensó antes de ir y consolarlo, frotando su espalda mientras vaciaba su interior. Pero realmente no lo pensó, pues al segundo siguiente quiso salir corriendo de ahí. Él jamás había soportado ver que alguien vomitara, ni siquiera el sonido de ello. Siempre terminaba vomitando.

Pero ahora tenía que ser fuerte por su novio. Así que se quedó a su lado, consolándolo y sorprendiéndose por todo lo que podía vomitar. Le dolía escucharlo.

La piel se le ponía de gallina al escuchar sus arcadas, quería regresar sobre sus pasos y salir de ahí.

—Es mejor así —suspiró, acariciando su espalda—. La resaca sería peor si no lo sacas.

El mayor dejó de vomitar, pero permaneció prácticamente abrazado a la taza, todo le daba vueltas.

—Toma —le extendió una toalla para que limpiara su rostro, el cual no dejaba que Yibo viera.

—Gracias —murmuró con voz adolorida y rasposa—. Que asco.

—Sí, que asco —le bajó al baño e hizo que su amado se sentara en el borde de la bañera—. ¿Cómo te sientes? —pasó esa toalla por todo su rostro, seguía pálido.

Él iba a responder, pero no pudo, en su lugar se inclinó de nuevo sobre el retrete y siguió vomitando. Yibo respiró profundamente y contuvo sus ganas de vomitar también. El simple sonido le revolvía el estómago.

Sabía que era mejor que sacara todo, lo reconfortó hasta que no pudo más y él también terminó vomitando en el lavabo del baño. Fue una escena por demás graciosa y desagradable al mismo tiempo.

Sin embargo, el malestar de Yibo no se comparaba con el de Xiao Zhan, el pobre terminó agotado por tanto vomitar. A pesar de todo ello, el estado de ebriedad no se iba. Preocupado, Yibo lo ayudó a recostarse en la cama y se encargó de refrescar su rostro con toallas húmedas, eso le ayudaría a espabilarlo más pronto. Pero eso no pasó.

Tuvieron que volver a casa en taxi, con su novio a cuestas aún bastante ebrio y con mucho malestar. Al parecer habían descubierto su debilidad más fuerte de todas: el vodka.

En casa todas las luces estaban apagadas, Yibo se sintió aliviado por ello, pues no quería que sus suegros vieran cómo había terminado su hijo. Desafortunadamente fueron descubiertos apenas cerró la puerta principal.

—¿¡Qué sucedió!? —se espantó la señora Xiao al ver que Yibo cargaba a su hijo en la espalda, muy apenas aguantando su peso.

—Larga historia —murmuró en voz baja.

—Ven, déjalo en la sala.

—No, mejor lo llevaré a su recámara.

—¿Quieres que te ayude? Puedo llamar a mi esposo.

—Oh, no, no —se avergonzó—. Puedo llevarlo —mentía. A pesar de que Xiao Zhan era bastante delgado, sus piernas y brazos ya temblaban por cargarlo.

Así Yibo subió muy a duras penas las escaleras hasta dejarlo acostado sobre su cama.

—¿Qué fue lo que pasó? —preguntó ella, en verdad angustiada.

—Sólo está ebrio. Confundió una bebida alcohólica con jugo —suspiró.

La señora parpadeó un par de veces, confundida, antes de echarse a reír. Yibo se vio contagiado por un momento.

—En su defensa puedo decir que sí parecía jugo.

—¿Y qué era?

—Un coctel con vodka.

—Oh no, Zhan Zhan nunca se ha llevado bien con el alcohol, menos con ese en específico.

—Ya me di cuenta —suspiró, pero terminó riendo al escuchar la risa de su suegra.

Ella contenía con dificultad su risa por su pequeño que aún seguía siendo tan vulnerable al alcohol. Yibo se contagió de nuevo de esas risas, pero se detuvo al sentirse culpable.

—Lo siento, no pude cuidarlo debidamente.

La señora se asombró mucho por ello.

—Oh, cariño. Es él quien debería cuidar de ti —sonrió y acarició su hombro con calidez—. Él ya es bastante grande, no te culpes.

Tenía toda la razón, pero él no podía evitar sentirse así.

—¿Cómo les fue en la cena? —cambió de tema.

—Bien.

—¿De casualidad asistió Mei Mei? —inquirió con una linda sonrisa.

Wang Yibo se alarmó.

—Sí.

—¿Zhan Zhan y ella hablaron?

—Sí… ¿la conoce?

—Muy poco, pero sí —no dijo más al respecto, pero el hecho de que ella se fuera a dormir con una sonrisa al saber eso, preocupó más a Yibo.

Luego de darle mil vueltas al asunto, se dispuso a quitarle la ropa a su novio. Lo dejaría al menos en ropa interior para que descansara mejor.

Pensó en hacerlo y luego irse a dormir a otra parte, pero no pudo. Se quedó sentado a su lado en la cama, acariciándole el cabello y viendo su serena expresión al dormir mientras reflexionaba sobre esa noche.

En sólo unas horas había logrado descubrir que Xiao Zhan era ese tipo de chico en la universidad, era bastante popular, tal aprecia que siempre estaba rodeado de amigos y alguna que otra admiradora secreta, siempre participaba en los eventos culturales y artísticos, pertenecía a muchos clubs y se dedicaba a la caridad también.

¿Su novio podía ser más perfecto?

También pudo percibir el cariño con el que sus compañeros lo trataban, pues no importaba que fuese ahora una celebridad, lo seguían tratando como su gran amigo.

Gracias a que estuvo callado durante toda la cena, pudo escuchar las tantas anécdotas que contaban, en la gran mayoría Xiao Zhan iba involucrado. Se enteró de que a pesar de no vivir tan lejos de la universidad, Xiao Zhan se fue a vivir un tiempo en los dormitorios de la escuela, así pudo convivir más con sus amigos y perdía menos tiempo en traslados.

Escuchó también que era muy extraño verlo caminar solo por el campus, pues siempre estaba rodeado de gente.

No le costó imaginar eso, su amado era un ser de luz, e inevitablemente las personas siempre terminaban buscándolo.

Sabía que su novio nunca se consideraba el más guapo, pero esa noche sus amigos lograron sonrojarlo recordándole todas las admiradoras que tenía, pues era de los chicos más guapos del campus, o al menos eso decían muchos.

Y cómo no iban a verlo guapo, si era un chico bastante fuera de lo común: amable, caballeroso, humilde, alegre y tremendamente adorable. Sin mencionar que siempre fue muy dedicado a sus estudios en la universidad, pues se graduó con honores.

Por esto y más, las personas lo admiraban y le tenían un gran cariño hasta hoy en día.

Yibo estaba maravillado por todas las cosas buenas que descubrió de Xiao Zhan esa noche, pero tampoco podía evitar pensar en qué él era el lado totalmente opuesto. No le era fácil socializar, solía ser tímido para comenzar a hablar con gente que no conocía, incluso en UNIQ le llevó un tiempo tomarles completa confianza a sus ahora hermanos.

Pero Xiao Zhan, a pesar de ser tímido, lograba romper esa barrera y hacer hermosas amistades. Desafortunadamente para Yibo, pues su novio se llenaba cada vez de más fans, admiradores y enamorados.

—Zhan Zhan, Zhan Zhan —suspiró, sin dejar de acariciar su cabello—. ¿Qué voy a hacer contigo? No quiero compartirte con nadie —murmuró en voz muy baja antes de darle un largo y suave beso en la frente.

Continuará…

La mayor cuestión aquí es: ¿Qué fue lo que le propuso Mei Mei a Zhan Zhan? ¡!

Y también esta: ¡¿Cuál fue su parte preferida?!

12/06/2020