Capítulo 58: "Papá Wang"

Compró su boleto de avión temprano por la mañana para salir de la ciudad a media tarde. Antes de tomar su vuelo, habló con Wen Pei y le pidió ayuda para hablar con su entrenador de motociclismo y con el equipo.

—¿Al fin decidiste ser prudente? —espetó luego de escuchar la noticia de Yibo, éste rodó los ojos—. Haces bien. Imagino que las cosas entre Xiao Zhan y tú mejoraron ya.

—Aún no hablo con él.

—¿Y qué esperas?

—Quiero darle la sorpresa junto con algo más. Después de todo no nos podemos casar así como así —lo dijo con tal naturalidad que Wen Pei se quedó congelado, incluso palideció—. Vamos, no te hagas el sorprendido porque estoy seguro de que Mao ya te platicó.

—Lo hizo —no se estaba haciendo el sorprendido, sino que tenía la esperanza de que todo fuera una broma de parte de Xiao Zhan y Wang Yibo.

—¿Por qué pones la misma cara que puso Mao? Pensé que se alegrarían.

—Nos da gusto a ambos, pero nos preocupan. Casarse, aunque sea en otro país, es desafiar directamente al gobierno. Si no fueran figuras públicas no habría tanto problema, pero… —fue interrumpido.

—Ya, no te preocupes. Somos cuidadosos.

—¡No se trata sólo de eso, Yibo! —espetó con autoridad, poniéndose bastante serio—. Y no lo son. Dieron mucho de qué hablar en tu última carrera.

Yibo recordó el escándalo que se hizo en las redes cuando el público reconoció a Xiao Zhan en las gradas. Y es que ese no había sido el problema, sino el hecho de que Zhan Zhan se había puesto histérico al ver el accidente de Yibo.

Trataron de calmar el escándalo confirmando que ambos eran excelentes amigos, casi hermanos, y por eso la preocupación de Xiao Zhan había sido tal. Sin embargo, no muchos lo creyeron. En los grupos de fans a favor del "Yizhan" no dejaban de compartir teorías, esparciendo rumores intensos por todo el internet, aunque dichos rumores no distaban mucho de la realidad.

—No puedes culpar a Zhan Zhan por reaccionar así —recordó el video en el que su novio prácticamente tacleó a Mao para que lo dejara correr hacia él. Se había sorprendido mucho al ver aquello, le dolía ver el pánico y la angustia en su expresión. Tal fue su espanto que ni siquiera se detuvo a pensar en el hecho de que Mao lo superaba en tamaño y peso, jamás podría contra alguien como él, pero en ese momento Xiao Zhan sólo pensaba en alcanzar a su amado y asegurarse de que siguiera con vida. Pues para Yibo habían sido sólo unos cuantos segundos tirado en el piso, inmóvil, sin saber que realmente habían pasado varios minutos antes de que alguien llegara a su lado y comprobara que seguía con vida.

—No lo culpo, yo me sentí igual que él —suspiró—. Por eso me alegra mucho saber que ya tomaste la mejor decisión —. Puso una mano sobre su hombro—. Déjamelo a mí, yo hablaré con tu entrenador y con el equipo. Pero ayúdame a ser más cuidadoso, tú y Xiao Zhan. No permitan que se hagan más chismes, no les den de qué hablar —pidió con verdadera angustia, y ahora más que nunca al saber que sus planes de matrimonio iban muy en serio.

—Está bien.

—Demonios… ya te vas a casar —dio paso a la felicidad que se ocultaba detrás de su angustia—. ¡Pero si todavía eres un mocoso malcriado! —le revolvió los cabellos con brusquedad.

—¡No lo soy! —se removió hasta zafarse del "cariño" que le proporcionaba.

—Xiao Zhan se sentirá muy aliviado cuando lo sepa —le aseguró.

Yibo asintió, sí, sabía que su amado estaría más tranquilo al saber que esa sería su última temporada en las carreras, ya no se dedicaría a ellas de manera profesional, lo dejaría como uno de sus pasatiempos preferidos, pero sólo eso.

Un par de horas antes del atardecer, Wang Yibo aterrizó en su ciudad natal. No le había dicho a nadie que iría, no quería seguridad ni guardaespaldas, tampoco quería que Xiao Zhan lo acompañara. Hablaría con su padre, era algo que necesitaba hacer por su cuenta.

Cuando llegó a su casa no pudo evitar sentir una fuerte nostalgia, a pesar de que había vivido la mitad de su vida fuera de ella, la extrañaba.

Presionó el timbre y una mujer desconocida abrió la puerta.

—¿Diga?

Yibo alzó una ceja.

—Es mi casa, ¿puedo entrar?

La mujer se desconcertó.

—Espere aquí un momento —le cerró la puerta en la cara y se fue.

Yibo no cabía en sí de la impresión. Sus padres habían cambiado el servicio doméstico y éstos no lo reconocían. ¿Acaso no sabían que era el hijo de sus padres?

Momentos después la puerta se abrió de golpe, dejando ver a una bella mujer que aparentaba mucho menos edad de la que tenía.

—¡Yibo! —sonrió ampliamente antes de rodearlo con sus brazos—. ¡¿Pero qué haces aquí?! —miró hacia atrás de él, buscando algún guardaespaldas o incluso a Xiao Zhan, pero nada.

—Hola, mamá —correspondió el abrazo con mucho cariño—. Te extrañé —dijo de pronto, sorprendiéndola aún más.

—Hijo, ¿qué sucede? No es que no me alegre tenerte en casa, pero… ¿por qué vienes solo? ¿qué haces aquí? —estaba preocupada—. Ven —lo jaló del brazo y lo metió a la residencia.

Yibo miró a su alrededor, notando que habían remodelado su hogar.

—No ocurre nada malo —sonrió—. Tuve tiempo libre y quise venir a verlos —se sentó en la sala junto a su madre. Pronto, les trajeron té y las galletas preferidas de Yibo, esas que su madre solía preparar porque tanto él como su padre se las acababan como si no hubiese un mañana.

Sin embargo, ella no dejaba de verlo con preocupación.

—Que bueno que estás en casa, a tu padre le dará mucho gusto verte —suspiró, aliviada—. Dime que te quedaras unos días. No, mejor quédate hasta tu cumpleaños, no falta mucho y podríamos pasarla juntos —le dijo mientras tomaba una de sus manos con mucho cariño.

Parecía una excelente idea, Yibo quería y podía aceptarlo, pero no sabía cómo terminarían las cosas después de cumplir con la tarea que lo llevó ahí en primer lugar.

—Hoy regresaré a Beijing, ni siquiera traje equipaje.

Tenía que volver con su amado para solucionar sus problemas.

—Oh… entiendo, pero ¿entonces que te trajo aquí?

—Voy a hablar con papá.

Ella palideció.

—¿Sobre qué exactamente?

—Tú sabes bien.

—Hijo… —lo miró con angustia.

—¿Crees que se enoje mucho?

—Ni siquiera tiene idea, así que sí, se va a enojar. ¿No quieres esperar un poco?

—¿Para qué? se va a enojar sin importar cuándo se lo diga —negó con la cabeza—. Tengo que hacerlo ahora.

—¿Por qué la prisa?

—Xiao Zhan y yo… —miró hacia todos lados—. ¿Papá está en casa?

Ella negó con la cabeza, esperando ansiosa a que terminara de explicarse.

Yibo sonrió y tomó un respiro antes de darle la noticia.

—Nos vamos a casar.

La reacción de la mujer fue digna de grabar. Al principio palideció, luego sonrió enormemente al mismo tiempo que sus ojos se desbordaban en lágrimas, para finalmente abrazarlo con una fuerza maternal casi destructiva.

—¡Mamá! —se quejó por el abrazo.

—¡¿Desde cuándo tomaron esa decisión?! —se separó del abrazo, tomándolo por los hombros.

—No tiene mucho —sonrió con calidez, tener la aprobación de su madre le daba una paz muy grande.

—¿Cuándo será la boda?

—Ni siquiera tenemos fecha —rio—. No va a ser pronto, ambos estamos muy ocupados y la situación es difícil, pero lo haremos.

—Me imagino que será una boda en el extranjero, como les dije desde un principio. ¿Ya pensaron en algún lugar? ¿Qué tipo de recepción querrán? ¿Habrá muchos invitados? —estaba tan emocionada que olvidaba la gravedad la situación.

—Mamá, tranquila —tomó sus manos mientras reía. Yibo tenía un brillo especial en su rostro—. Aún no hemos hablado sobre eso, además… por el momento estamos peleados.

—¿Por qué?

Yibo desvió la mirada.

—Por una tontería, pero ya lo estoy arreglando.

—Y la "tontería" fue de… —alzó una ceja, lista para defender a su hijo de cualquiera, incluso de Xiao Zhan.

—Mía.

—Oh.

—Sí —rio—. Pero lo solucionaré hoy al volver a casa.

—¿De casualidad tiene que ver con las motos?

—Sí… —la miró con una expresión chistosa de culpa—…ya me convenció de no dedicarme a ellas de forma profesional. No quiere decir que las abandonaré, pero bueno —suspiró—, ya no correré en la pista a diario y me dedicaré de nuevo al baile y a la actuación.

—¡Que alegría! Tengo que hablar con él para agradecerle que te hiciera cambiar de opinión. Tu padre y yo hemos estado muy preocupados desde tu primer accidente —lo miró con enojo, pero ya podía estar más tranquila.

Yibo la miró entonces con una sonrisa, no podía evitarlo, la había extrañado tanto que no podía dejar de ver a su madre.

—¿Tengo algo en el rostro? —preguntó ella el sentir su mirada. Para su sorpresa, Yibo extendió una mano y le acarició la mejilla con un tacto delicado. Ella se quedó congelada, su pequeño no hacía eso desde que era apenas un niño.

—Te ves tan linda como siempre —le sonrió con dulzura.

—Oh mi niño —lo atrapó de nuevo entre sus brazos y no lo dejó ir a pesar de las súplicas de Yibo por liberarse y poder respirar—. En verdad tuviste que extrañarme mucho —se burló.

—Lo hice —se liberó al fin, respirando—. ¿Recuerdas que te platiqué que Xiao Zhan me llevó unos días a casa de sus padres?

¿Que si lo recordaba? ¡Pero claro que sí! Yibo no dejaba de hablar cuando le platicó aquello.

—Ellos son muy buenas personas, Zhan Zhan les habló sobre nuestra relación, incluso del compromiso, y lo tomaron muy bien al final.

—¿Al final?

—Sí, bueno… digamos que al principio fue un gran impacto. No se imaginaban que su hijo… bueno, tú sabes.

Ella asintió. Se imaginaba cómo se habrían sentido al recibir la noticia sin siquiera imaginarse la posibilidad. A ella no le había ocurrido eso, había notado algo en su hijo desde que conoció a Xiao Zhan años atrás. Pero su esposo… a él sí le caería la noticia como una bomba.

—Me gustaría que algún día los conozcas, sé que se llevarían bien. El papá de Zhan Zhan da miedo al principio. Pero ahora que lo pienso… ¡Es como papá! Porque en realidad es muy divertido. Y su mamá… —sonrió—…es adorable.

—¿Ya la quieres más que a mí? Me voy a poner celosa —le estiró las mejillas con más fuerza de la necesaria.

Yibo se quejó y le quitó las manos con fastidio marcado en su rostro. Odiaba que hiciera eso, pero al mismo tiempo era por eso que amaba tanto a su madre. El cariño entre ellos siempre había sido así de extraño: ella lo abrazaba bruscamente, lo zarandeaba, lo empujaba y jugaba con él como si fuese un niño también. Siempre fue así desde que era pequeño, eso lo divertía mucho, aunque en ocasiones terminaba enojado porque su mamá le aplastaba de más sus mejillas, y más se enojaba al ver cómo ella se reía de sus tiernos pucheros. No había duda de que no era una mamá normal, pero la amaba por eso. Y la amaba porque además de ser tan cariñosa como la madre de Xiao Zhan, era tosca con él y podían jugar así aunque ya fuera un joven de veintidós años.

—Si me sigues maltratando voy a terminar queriéndola más —espetó con fingido enojo.

Ella se rio abiertamente.

—Bo Bo, no seas dramático, no te maltrato —lo abrazó por los hombros y le revolvió el cabello tan fuerte que lo dejó por completo despeinado.

—¡Ah! ¡Mamá! —se quejó en serio.

—Lo siento, sabes que no puedo evitarlo —rio y besó su mejilla. Además, lo había extrañado demasiado—. Ya, no te hagas la víctima —le pellizcó un costado—. ¡Vaya! Xiao Zhan te ha alimentado muy bien, ¿verdad?

—¡Mamá! —se quejó, alejando la mano que le pellizcaba la cintura. Pero tenía toda la razón. Desde que vivía con Zhan Zhan era muy difícil no engordar, pues ahora comía más que antes.

—Me temo que te sucederá igual que a tu padre —se burló.

—¿De qué hablas?

—Él era exactamente igual a ti cuando nos íbamos a casar, tenía tu misma complexión —lo miró mejor—. Incluso el mismo corte —le pasó la mano por los cabellos una vez más, nostálgica.

—¿Y qué pasó? —ya se imaginaba por dónde iba esa historia.

—Nos casamos, se enamoró también de mi comida, y engordó.

Ambos se echaron a reír con ganas.

—No me va a pasar así —aseguró.

—El metabolismo se hace más lento con la edad, cariño, ya te llegará la hora —se burló un poco.

—Me preocuparé de eso cuando suceda, ahora comeré todo lo que quiera —se encogió de hombros. Total, las calorías que ingería en el día las perdía teniendo sexo con su prometido. Bueno… hace mucho que no lo hacían, quizás por eso estaba engordando.

—Dime algo, Yibo —se inclinó hacia él, como si quisiera que le compartiera un secreto—. ¿Quién se le propuso a quién? —preguntó con un brillo maternal resplandeciendo en sus ojos.

Las mejillas de Yibo adquirieron un tierno tono rosado, parecía incluso acalorado.

—Oh… ¿Él te lo pidió? —inquirió al ver su reacción. Yibo asintió—. ¡Adorable! Y que bueno que lo hizo, a tu edad yo ya estaba casada con tu padre, y a los tres años te tuvimos.

—¿Me estás pidiendo que me apresure a casarme y tener hijos?

—Sí —fue muy directa—. Quiero disfrutar de mis nietos antes de ser anciana.

Yibo soltó una risa muy dulce.

—Mamá, tú aún eres muy joven. Papá es el anciano.

—¿Qué dijiste? —entró a la sala, haciendo que su esposa e hijo pegaran un brinco del susto.

Habían estado tan centrados en su conversación que no lo escucharon entrar.

El señor Wang fingió estar molesto por el comentario de su hijo, pero no pudo mantener la farsa tanto tiempo, pues le había tomado por sorpresa verlo ahí, una sorpresa muy grata. No pudo ocultar más su felicidad y se aproximó a él para abrazarlo. Yibo se quedó impactado, su padre jamás lo abrazaba, así que correspondió con mucho cariño.

—Soy sólo unos años mayor que tu madre —le dijo durante el abrazo.

—Seis años, querido —añadió ella desde el sillón, viendo con felicidad el afecto entre padre e hijo.

El señor chasqueó la lengua y le restó importancia. El problema era que ella se veía mucho menor de lo que realmente era, y él siempre se vio mayor.

—Hola, hijo —lo soltó del abrazo y lo miró con bastante cariño. Yibo se sorprendió por ello, quizás debería desaparecerse por más tiempo para ser recibido así por él—. Me da gusto que estés aquí —fue muy sincero.

—Me da gusto estar en casa de nuevo —admitió con una sonrisa llena de tranquilidad, o al menos así se sintió hasta que recordó el motivo de su visita.

—¿Qué te trae por aquí? ¿Te quedarás para tu cumpleaños?

—Yo le pregunté lo mismo —rio la señora.

—Sería bueno que pasaras un cumpleaños en casa —insistió él—. Podríamos hacerte una cena y así invitarías a tus amigos, a los de tu grupo, los de la tele y a tu amigo Xiao Zhan, ¿sigues en contacto con él? He sabido que últimamente está demasiado ocupado —bebió un poco del té que recién le llevaron.

Yibo tragó en seco, miró a su madre de reojo y notó que estaba igual que él.

¡Ja! ¿Le preguntaba si estaba en contacto con Xiao Zhan? ¡Por Dios! Vivía con él. Aunque debido a su situación actual con él podría decirse que no estaban en contacto. Yibo rio internamente por su tonto pensamiento, pero volvió a prestar atención a la conversación cuando su padre empezó a hablar de los medios. Ahí se dio cuenta de que le prestaba bastante atención a Xiao Zhan, pues de todos sus amigos, su nombre fue el único que recordó.

—Sí, ha tenido mucho trabajo, casi no hemos hablado —y vaya que fue honesto.

—Entonces podrías invitarlo, quizás se anime a venir.

Yibo apretó la taza de té entre sus manos, preguntándose si sería buena idea decirle ahora mismo sobre su relación verdadera con él. Si lo hacía, era casi un hecho que arruinaría esa buena imagen que su progenitor tenía de Xiao Zhan.

—Sí, tal vez.

—Querido, estamos en deuda con Xiao Zhan.

El señor Wang alzó una ceja. Yibo se tensó.

—¿Por qué? —miró a su hijo—. ¿Rompiste algo caro en su casa? Seguramente fue mientras patinabas. Ya te dije que… —fue interrumpido por la risa de su hijo.

—Claro que no es eso, nunca patino dentro de ninguna casa —aclaró. Y por supuesto que no se atrevería a hacerlo dentro del departamento que ahora compartía con su amado, pues… ¿Y si rallaba el piso de fina madera? No quería averiguar qué tanto le importaban a Xiao Zhan sus pisos.

—Estamos en deuda con él porque logró convencer a nuestro hijo de que dejara las carreras de motos.

El señor abrió mucho los ojos.

—¿Hablas en serio?

Su esposa asintió.

Los dos se sorprendieron ante esa noticia porque sabían lo terco que era su hijo cuando se trataba de sus pasatiempos o sus mayores pasiones. Y el hecho de que Xiao Zhan lograra convencerlo, era digno de admirar por ambos, pues ni siquiera ellos lo habían logrado.

—Vaya, me gustaría conocerlo en persona para poder agradecerle que dejes de una vez por todas las motos.

—¡No las voy a dejar por completo! Sólo no me dedicaré de forma profesional a las carreras, pero seguiré montando motocicleta y participando de vez en cuando en alguna carrera.

—Demasiado bueno para ser verdad —suspiró el señor—. Pero bueno, eso ya es ganancia —frunció los labios.

Yibo tragó en seco, estaba muy nervioso, las manos le sudaban.

—¿Entonces te quedarás aquí para tu cumpleaños?

—Sobre eso… no, papá. Vine por otra cosa.

—¿Está todo bien?

—Sí, de hecho todo va bien y por eso quise venir a casa. Tengo algo muy importante que decirte.

—¿Qué sucede? —se puso serio al ver que su hijo estaba tan nervioso.

Yibo apretó los puños sobre sus rodillas. De pronto sintió que su cuerpo entero temblaba. ¡Estaba temblando cual hoja al aire!

—Yibo —puso una mano sobre su hombro—. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien?

—Papá, yo… —suspiró y se llevó una mano al rostro—…lo siento, necesito tomar aire —se puso de pie y salió casi corriendo al jardín trasero. Sentía que se asfixiaba.

Caminó hasta llegar a su viejo columpio y se sentó en él. Trató de calmar su respiración, pero le era muy difícil, de pronto sintió como si comenzara a hiperventilar. Quería llamar a su novio y pedirle apoyo moral, pero no podía o se daría cuenta de dónde estaba y se molestaría.

Logró calmarse un poco luego de unos minutos, pero entonces miró el brazalete en su muñeca izquierda y sintió algo extraño dentro de sí. Sintió un valor repentino que lo impulsó a levantarse del columpio.

Tenía que ser valiente, había llegado hasta ahí por una razón, y no se iba a ir de casa hasta lograr su objetivo.

—Hijo, ¿te encuentras bien? —el señor Wang salió al jardín luego de esperar un rato y no verlo volver.

—Papá… —sus rodillas temblaron, estuvo a punto de volver a sentarse en el columpio—. Sí… sí, estoy bien.

—Cuando eras pequeño siempre venías a sentarte aquí —recordó de pronto, con una sonrisa nostálgica mientras miraba el amplio y hermoso jardín lleno de plantas y césped verde muy bien cuidado.

—¿Por qué siguen guardando estos columpios? —inquirió con curiosidad, desviando un poco el tema para ganar tiempo y calmarse por completo, aunque dudaba que eso último fuese a suceder.

—Porque sabemos cuánto te gustan —sonrió.

—Pero nunca estoy en casa —miró los columpios con cierta nostalgia—. ¿No les estorba?

—No los vamos a quitar, tu madre y yo estamos seguros de que a nuestros nietos también les gustará jugar aquí.

Yibo se congeló en su sitio durante unos segundos.

—Papá… —suspiró, cerró los ojos y apretó puños y dientes durante unos segundos, armándose de valor—… lo que tengo que decirte es muy importante —se pasó firmemente ante su progenitor.

—Te escucho.

—Voy a ser muy directo. Papá, Xiao Zhan y yo estamos en una relación —trató de mantener el tono firme en su voz, pero trastabilló un poco en la última palabra. La voz le tembló.

El señor parpadeó, confundido.

—Sí, son amigos.

Yibo meneó la cabeza de un lado a otro, sin apartar sus ojos de la expresión de decepción que poco a poco se iba formando en el rostro desencajado de su padre.

—Nosotros somos pareja, lo hemos sido desde hace algún tiempo. Nuestra relación va muy en serio, él y yo… —silenció al ver cómo las lágrimas se amontonaban silenciosamente tras las gafas de él—. Papá…

—¿Los rumores siempre fueron ciertos? —preguntó con un tono lleno de decepción—. ¿Ustedes siempre han sido pareja? ¿Por eso vinieron a hacer campaña con pancartas fuera de nuestra casa? —su voz se mantuvo en el mismo tono plano, casi sin emoción a pesar de que sus ojos expresaban todo lo que no podía con palabras.

—¡No! No fue así, en ese entonces sólo éramos amigos —aseguró.

El señor desvió la mirada hacia un lado, pensando.

Esos pocos segundos fueron eternos para Yibo, quien no se atrevía a mover ni un solo músculo.

—Mi hijo, mi único hijo es… —no pudo continuar, su voz se quebró y se llevó una mano al rostro, se estaba desmoronando poco a poco.

—Papá, yo no quisiera que… —fue silenciado abruptamente por una mano pesada y grande golpeando su rostro por un lado.

Quizás el golpe no había sido tan grave, pero el significado que eso conllevaba dolió mucho más que cualquier paliza.

—¡Yibo! —gritó la señora Wang, apenas iba saliendo hacia el jardín y se topó con esa escena—. ¡¿Qué estás haciendo?! —enfrentó a su esposo, parándose entre los dos para defender a su hijo.

—No quiero volver a verlo —le dijo a su esposa, apuntando a su hijo con un dedo. El hombre apretaba fuertemente la mandíbula, se veía el coraje que muy a duras penas contenía—. No quiero volver a verlo hasta que decida rectificar su camino.

Wang Yibo permanecía con su rostro hacia un lado, sentía cómo su mejilla palpitaba dolorosamente, pero no podía ni siquiera moverse, seguía en shock. Sus padres jamás le habían puesto una mano encima de esa forma, pues nunca fueron partidarios de ello, y tampoco tuvieron la necesidad de recurrir a eso con un hijo tan bien portado.

A pesar de seguir en shock, Yibo escuchaba cómo sus padres se adentraban en una fuerte discusión, su madre lo defendía a tal grado que el señor no tardó en darse cuenta de que ella ya lo sabía desde hace mucho. Eso sólo empeoró las cosas.

Yibo cerró los ojos, sólo escuchaba cómo su padre alzaba la voz cada vez más, gritando que era una abominación, que no era posible que su único hijo le hiciera eso.

—Has traído deshonor a la familia —sin usar fuerza, hizo a un lado a su esposa para encarar de nuevo a su hijo, pero Yibo no se atrevió a levantar la mirada a pesar de que tenía a su padre a sólo un paso de distancia frente a él—. ¡Esto que haces es una vergüenza! Ese joven debió influenciarte de alguna forma, están confundidos, eso es todo —intentaba convencerse a sí mismo.

Pasó de ser "Xiao Zhan" a "Ese joven".

—Según recuerdo él es mucho mayor que tú —continuó, analizando la situación tan rapidez, digno de un abogado del calibre de él—. ¡Podría demandarlo por abuso!—estaba tan alterado que no medía sus palabras y tampoco pensaba con mucha coherencia. Pero su hijo, al escuchar estas últimas palabras, alzó inmediatamente el rostro y lo encaró.

—¡No! No puedes demandarlo —no supo de dónde sacó el valor y el coraje para responderle así, nunca en la vida le había alzado la voz a su progenitor—. Él no ha hecho nada malo, y yo no soy menor de edad. Así que no te atrevas a tomas medidas legales en su contra.

Su padre era un excelente abogado, uno muy reconocido, así que sintió verdadero pánico cuando mencionó la palabra "demanda".

Como si fuera posible, el enojo en el mayor aumentó a grados exponenciales.

—Mientras sigas en ese camino deshonroso… —masculló entre dientes—…no serás más mi hijo. ¿Entiendes? —sus ojos ya estaban muy rojos—. ¡Largo de mi casa! —gritó tan fuerte y repentinamente, que tanto Yibo como su madre pegaron un leve brinco por el susto.

Supo que era una batalla perdida desde el momento en el que le dio esa fuerte bofetada, no ganaba nada al quedarse y discutir más con él, sólo empeoraría las cosas. Así que se dio media vuelta y salió de ahí lo antes posible, ni siquiera las súplicas de su madre lograron retenerlo, no podía ver más la expresión de decepción en su padre, no lo soportaba, le dolía incluso más que el golpe en sí.

La señora Wang persiguió a su hijo y lo tomó del brazo antes de que cruzara la puerta principal.

—Mamá, suéltame —pidió con la voz entrecortada.

—No te voy a dejar ir así.

—Por favor —suplicó, con su rostro hacia la calle, no quería ni siquiera que lo mirara a la cara.

—No te puedo dejar ir así ¡Menos después de cómo ha estado tu corazón!

Entonces Yibo la miró cara a cara.

—¿Cómo lo sabes? —estaba muy agitado.

—Eso no importa —sus ojos se llenaron de lágrimas—. No te puedo dejar ir así, por favor, quédate.

—No lo haré. Mamá, déjame ir —intentó zafarse del agarre, pero no lo lograría sin lastimarla en el proceso—. Estaré bien, sólo… sólo necesito irme de aquí, por favor. Te llamaré más tarde, ¿de acuerdo?

—Hijo…

—Estaré bien, lo prometo.

—¿A dónde irás?

—No… no lo sé, sólo quiero irme de aquí.

—Déjame llevarte.

—¡No! —agitó su brazo, pero en lugar de liberarse, fue atrapado por los brazos de su madre.

—Está bien, te dejaré ir. Pero prométeme que no viajarás estando así. Ve a un hotel, regístrate y mándame tu ubicación. Iré a verte más tarde.

—Mamá… —quiso deshacer el abrazo, pero ella lo evitó.

—Promételo.

—Lo prometo.

—Bien, puedes irte. ¿Te sientes bien? ¿El nuevo medicamento sigue funcionando?

Yibo frunció el ceño, sorprendido por todo lo que ella sabía.

—Sí.

—Bien —miró su rostro y el corazón se le hizo pequeño.

Yibo finalmente se soltó y se fue.

La señora Wang regresó al interior de su casa, descubriendo a su esposo aún en el jardín, mirándose la mano con la que había golpeado a su hijo por primera vez.

—¡¿Por qué hiciste eso?! —lo encaró ella con furia—. ¡Se trata de nuestro hijo! A pesar de todo… es nuestro hijo —sollozó.

—Precisamente porque lo es… —se dio media vuelta y entró a su hogar casi arrastrando los pies. El impacto había sido tal que aún no salía del shock. Su mujer lo siguió hasta la sala, donde él tomó asiento en el primer sillón y se dejó caer. Sentía su cuerpo pesado y un dolor en su alma que no sabía cómo describir.

Su hijo… su único hijo.

Cuando ella lo alcanzó y lo vio llorar, su enojo se esfumó. Su esposo nunca lloraba. A lo largo de su vida lo había visto llorar sólo dos veces: cuando nació Yibo, y después, cuando el médico les dio el terrible diagnóstico del corazón de su pequeño.

—¿Qué hice mal? —se cuestionó entre lágrimas, con los codos apoyados en sus rodillas y ambas manos sosteniendo su frente. Su esposa podía ver cómo sus gruesas lágrimas caían al piso de la sala, una tras otra hasta formar un pequeño charco.

Entonces ella lo comprendió, dejó de estar furiosa con él y se sentó a su lado. Entendía sus sentimientos, mas no justificaba sus actos. Sorprendiéndolo, lo abrazó y lo consoló.

—No hiciste nada mal.

—No debimos permitir que se fuera de casa siendo tan pequeño, no debió vivir su adolescencia en Corea, mira en lo que resultó. Allá son tan liberales y… —su esposa lo silenció.

—Basta. Eso no tiene nada qué ver, y bien lo sabes. Nuestro hijo no está haciendo mal.

—¡Pero claro que sí! ¡Está con otro hombre!

—Él está enamorado de verdad, y deberías de estar feliz por eso. Además, ambos estamos conscientes de que Xiao Zhan es un joven excepcional, lo sabemos muy bien.

—¿Desde cuándo lo sabías? —preguntó sin mirarla.

—Me lo dijo apenas hace unos meses, pero me di cuenta desde mucho antes de que iniciaran su relación. Conozco a nuestro hijo, cariño, él lo quiso desde el momento en el que lo conoció. Luchó contra esos sentimientos durante un par de años, pero… —suspiró—…no pudo evitarlo. Él tenía tanto miedo de hablar contigo, pero ahora que las cosas entre ellos dos van tan en serio, quiso hablar contigo antes de dar un paso importante en su vida.

El hombre rio con incredulidad.

—¿Paso importante? ¿Qué? ¿Se van a casar? —se mofó, pero su risa se volvió histérica cuando vio la seriedad en el rostro de su mujer—. ¿De verdad piensan hacer esa estupidez? ¡Su relación no es válida! ¡SON DOS HOMBRES, POR DIOS!

—¿Y? —lo miró con completa seriedad—. Nuestro hijo luchó mucho tiempo contra esos sentimientos. Él siempre estuvo consciente de que se enfrentaría ante todo tipo de obstáculos, pero a pesar de eso… decidió amar.

El hombre no pudo más, sollozó y se limpió bruscamente las lágrimas.

—Entiende, mujer, se está enfrentando a una situación muy riesgosa. No se trata solamente de que yo esté en contra, todo el país lo está. ¿Tienes idea de lo que le hacen a ese tipo de personas en este país?

Desconcertada, ella frunció el ceño y lo miró de manera extraña.

—Sí, sé que no los toleran, lo sé, pero… —silenció al ver que su esposo negaba con la cabeza.

—Cariño, no es sólo eso —soltó un pesado y exhausto suspiro. Su esposa pudo ver qué más que enfado, estaba tremendamente angustiado. La furia sólo había sido una forma de canalizar ese pánico.

—¿¡Entonces qué!? ¡Explícate!

Él sabía muchas cosas gracias a su posición en la sociedad. A pesar de no trabajar directamente en el gobierno, tenía muchos contactos que sí lo hacían. Y sabía, gracias a las reuniones que tenía con ellos y a los clientes que había defendido, que ser homosexual era tremendamente peligroso en su nación.

—El gobierno no suele prestarle tanta atención a las pequeñas comunidades LGBT del país, siempre y cuando se mantengan con un perfil bajo y discreto, no les hacen nada. Pero cuando se trata de una figura pública…

—¿Qué?

—Se encargan de acabar con ellos por ser un mal ejemplo para la sociedad. ¿Cuándo has escuchado de algún famoso en nuestro país que sea homosexual?

Ahora que lo pensaba, nunca.

—Y no es que no haya —continuó él—. Porque sí los hay, pero esconden demasiado bien su relación, viven ocultos.

Supo que su esposo tenía razón.

—Cuando el gobierno se da cuenta de que una figura pública mantiene una relación de este tipo, comienzan a mandar advertencias. Y si la pareja involucrada no acata las reglas, las advertencias se convierten en amenazas, hasta que finalmente se toman medidas extremas y son eliminados.

—Eso no es cierto, el gobierno no se ensuciaría las manos a tal grado.

—Son muy inteligentes, jamás dejarán evidencia de que se trató de un asesinato. Siempre se maneja como un "Suicidio", o simplemente los declaran desaparecidos. Esto sucede sólo con las figuras públicas.

—¿Cómo sabes todo esto? —estaba impactada.

—Porque he tenido clientes… —suspiró y corrigió—…en el bufete hemos tenido clientes que intentan demandar al mismo gobierno, alegando que asesinaron a sus familiares, casualmente todo ellos eran homosexuales y figuras públicas, cuyas muertes fueron catalogadas como "suicidio".

—No sabía…

—No siempre atacan tan fuerte dese el principio. A veces comienzan afectando sus carreras, sus negocios y proyectos, cerrándoles puertas en todas partes hasta que terminan siendo nada… Hasta que algunos pierden la cordura al ver sus vidas frustradas —un miedo muy sincero apareció en sus ojos—. Esto ha existido siempre. Pero ningún caso ha llegado siquiera a juicio. Desde hace unos años comenzó una ráfaga de "suicidios" y "accidentes" entre figuras públicas, y todos ellos tenían algo en común.

—Oh no… —se horrorizó.

—¿Ahora entiendes por qué reacciono de esta manera?

Ella no pudo contener más sus lágrimas, la angustia comenzó a carcomerla por dentro. Su hijo era una figura pública nacional e internacional. ¡Por supuesto que corría un gran riesgo!

—Aun así, cariño. No debiste golpearlo.

El hombre se miró la mano que usó para abofetear a su hijo. Cerró el puño con fuerza, sí, no debió pegarle, pero su miedo le ganó, su miedo de no lograr hacerlo entrar en razón y terminar perdiéndolo.

Se registró en un hotel cercano a su hogar, en todo momento cubrió su identidad y procuró ser muy discreto. Cuando entró a la habitación que pidió, se miró en un espejo y el corazón se le contrajo en tristeza al ver cómo su mejilla y pómulo izquierdo estaban enrojecidos e inflamados, incluso su labio inferior estaba un poco abierto.

Su padre tenía manos muy pesadas, lo comprobó con ese golpe.

Lo primero que pensó fue: ¿Cómo evitar que Xiao Zhan viera ese golpe? No quería siquiera que se enterara.

Y como si lo hubiese llamado con la mente, su celular comenzó a sonar con una llamada entrante de su prometido.

Lo pensó mucho antes de responder. ¿Qué le diría? Seguramente ya había llegado al departamento y no lo había encontrado, ya era de noche.

¿Y si le decía que tuvo que viajar de emergencia por cuestiones de trabajo? Sí, podía decirle que tendría que quedarse unos días lejos, así tendría tiempo de sanar su rostro y Xiao Zhan no se enteraría de nada.

Decidido, deslizó el ícono verde en la pantalla de su teléfono, pero no emitió ruido alguno. Enseguida escuchó la voz de Xiao Zhan.

—Hola. Estoy en casa, ¿aún estás trabajando?

Los planes de Yibo no contaban con que se le haría un nudo inmenso en la garganta al escuchar su voz. ¡Lo necesitaba!

—No.

Su cuerpo entero se sintió débil, triste. Fue como si hubieran activado un interruptor, pues sus lágrimas comenzaron a salir a borbotones con sólo escuchar la voz de él.

El plan se fue a la mierda.

—Yibo, ¿qué sucede? ¿Dónde estás?

Listo. Xiao Zhan ya se había dado cuenta de que algo no andaba bien con él. Así de simple.

—Lo siento —su voz finalmente se cortó y rompió en llanto.

Xiao Zhan se espantó.

—¿¡Estás bien!? ¡Dime dónde estás y voy por ti!

—Estoy muy lejos, lo siento. Me fui esta tarde, tomé un avión y… —sollozó, no podía contener su llanto. Pocas veces Xiao Zhan lo había escuchado así, y… por tan sólo un momento, hizo a un lado su optimismo y pensó algo terrible.

—¿Te fuiste? —le tembló la voz—. ¿Por qué te fuiste? Yibo, no, lo siento, ¡lo siento! No te vayas así. Hablemos, por favor.

—Espera, Zhan Zhan. No me fui de casa —se restregó la manga de su camiseta por el rostro, quería dejar de llorar, pero no podía—. Estoy en Luoyang. Yo… vine a hablar con mi papá sobre nosotros.

—Oh… —se le fue la sangre hasta los pies, se quedó en shock dos segundos antes de reaccionar—. ¿¡Fuiste tú solo!?

—Sí.

—¡Wang Yibo! —se preocupó mucho—. Dame tu ubicación, iré para allá.

—No.

—¿Ya vienes de regreso?

—No —se sorbió la nariz—. Ya no hay vuelos disponibles a Beijing, tomaré el de mañana a primera hora. Me estoy quedando en un hotel.

—Entonces yo iré —ya había encendido su laptop y estaba en busca de algún boleto disponible a Luoyang—. Pásame tu ubicación.

—Zhan Zhan, no, por favor.

—¿Por qué no quieres que vaya? —encontró un vuelo disponible que salía en hora y media. Ni siquiera lo pensó, le dio clic al botón: "Finalizar compra"

Yibo no respondió, no sabía qué decirle.

—Ya compré un boleto de avión. En tres horas estaré llegando a tu ciudad, si no me mandas tu ubicación, buscaré tu nombre en cada hotel, no me importa —fue tajante.

Yibo se echó a llorar con más fuerza, alejó el celular de su rostro, pero a pesar de ello Zhan Zhan logró escucharlo. El pobre se estaba muriendo de angustia.

—Está bien —dijo al fin—. Te mandaré mi ubicación.

—Amor.

El cuerpo entero de Yibo se estremeció al escucharlo decir eso. Quiso llorar de nuevo.

—Dime algo, ¿estás bien? ¿Pasó algo grave? —su tono era conciliador y suave a pesar de la gran preocupación que ahora mismo aceleraba su corazón.

—Sí, Zhan Zhan, estoy bien. Te esperaré aquí, ven con cuidado.

—Sí —iba a terminar la llamada, incluso despegó el teléfono de su mejilla, pero inmediatamente lo volvió a poner—. Yibo —dijo, apresurado.

—¿Si? —también había estado a punto de colgar.

—Te quiero.

Una sonrisa quebrada apareció en el rostro del menor.

—Yo también te quiero —soltó una pequeña risa en medio de su llanto. Eso era lo que había estado necesitando, sólo esas dos simples palabras.

Apenas terminó la llamada, recibió otra.

Contestó de inmediato al ver que se trataba de su madre, quien le pidió su ubicación, y así en pocos minutos ya estaba en el hotel cuidando de su pequeño.

—¡Oh por Dios! —tomó el rostro de su hijo entre sus manos con mucho cuidado—. Se está inflamado mucho.

—Está bien, mamá, no te preocupes —suspiró.

—No lo está, ahora vuelvo.

Salió en busca de hielo y regresó pocos minutos después. Hizo que su hijo se sentara en la cama para ponerle los hielos envueltos en una toalla contra su rostro.

—Hablé con tu padre —dijo de pronto, con un tono de voz muy serio.

—¿Qué te dijo? —preguntó luego de un rato de silencio, pensando si sería prudente preguntar o no.

—Xiao Zhan y tú corren riesgo de muerte al estar juntos.

Yibo frunció labios y cejas al escuchar eso, arrepintiéndose al instante luego de sentir el agudo dolor en su rostro.

—Ridículo. ¿Por qué mi padre te diría eso? Ah, sí, porque no puede soportar la idea de que su hijo esté con otro hombre, ¿verdad?

—Hablo muy en serio, hijo, sé cuándo tu padre dice la verdad y cuándo no. No mentía. Él sólo tiene miedo.

—Y mucha ira.

La señora se encogió de hombros, sí, tenía razón.

—Sólo dale tiempo, terminará aceptándolo. Pero por favor… por favor júrame que tú y Xiao Zhan serán muy cuidadosos.

—Lo juro.

—Y si pueden, váyanse del país.

—Mamá… —se espantó, más aún al sentir que las manos que estaban sobre sus hombros temblaban ligeramente.

—El gobierno acaba poco a poco con las parejas del mismo sexo.

—Tendría que matar a un gran porcentaje de la población, suena imposible.

—Lo hacen meramente con las figuras públicas, con aquellos que llaman más la atención —suspiró—. Ustedes ya tienen a todo un séquito de fans que quiere verlos juntos en una relación. Ellos no conocen el riesgo inmenso en el que los están metiendo. Ni siquiera yo tenía idea de la magnitud de esto.

Yibo tragó en seco, pues en realidad ni Xiao Zhan ni él conocían al cien porciento esos riesgos.

—No se casen ahora, esperen todo lo posible y busquen la manera de poder hacer su vida en otro país, quizás Corea, no está tan lejos de aquí y podríamos ir a visitarlos.

—Mamá, tranquilízate —dejó los hielos sobre la cama y tomó las manos de su madre—. ¿Por qué estás tan alterada?

—¡Porque no quiero perderte! —exclamó en un grito lleno de angustia—. Tampoco quiero que le pase algo a Zhan Zhan —sollozó—. Por favor, habla de esto con él y formen un plan. Si en verdad quieren estar juntos, háganlo.

Estaba hablando de dejar de lado la vida a la que estaba acostumbrado, su trabajo, sus amigos. Pero si lo pensaba bien, todo eso valía la pena si a cambio obtenía una vida junto a Xiao Zhan.

—¿Ya hablaste con él? ¿Sabe que estás aquí?

—Viene en camino. Llegará en un par de horas.

—Bien, me quedaré contigo hasta entonces.

—No es necesario.

—Claro que sí —se sentó a su lado en la cama y lo atrajo a un cómodo y cálido abrazo—. ¿Hablarás con él sobre esto?

—Lo haré.

—Bien.

—Mamá.

—¿Mhn?

—¿Cómo supiste lo de mi corazón? ¿El médico habló contigo?

—No.

—Xiao Zhan… —murmuró en voz baja. Enseguida sintió que su madre asentía con la cabeza.

—No lo culpes, yo lo orillé a que me dijera la verdad. Presentía que algo te estaba pasando y tú no nos querías decir, así que le pedí que fuera sincero conmigo.

—¿Papá lo sabe?

—Quizás de haberlo sabido no te habría abofeteado.

—Entiendo.

—¿Crees que acepte mi relación con Xiao Zhan?

Ella suspiró pesadamente. Realmente no tenía idea, a pesar de sus veinticinco años de matrimonio con ese hombre, no sabía asegurar si lo haría o no, pues jamás lo había visto tan alterado como ahora.

—Esperemos que sí. Hijo, ¿ya comiste?

—No, pero en verdad no tengo hambre.

—Te voy a ordenar algo, tienes que comer —se paró de la cama, pero Yibo la retuvo jalando suavemente de su falda, tal como solía hacer cuando era sólo un niño.

—Ma… ¿Y si mejor me ayudas a intentar ocultar esto? —señaló el golpe en su cara—. No quiero que Xiao Zhan se dé cuénta.

—Lo va a notar de todas formas.

Era imposible no notarlo.

—Bueno, ¿me ayudarías a que no se vea tan aparatoso?

Suspirando, la señora Wang accedió y se sentó de nuevo junto a su hijo, tomó su bolso y sacó los pocos cosméticos que solía llevar con ella en caso de necesitarlos.

—Que bueno que tenemos el mismo tono de piel —sonrió, tratando de amenizar un poco el ambiente lúgubre.

Yibo también sonrió, pero se quejó de inmediato al sentir que la piel dañada de su labio inferior se estiraba de más.

Con paciencia y cuidado, poco a poco las marcas enrojecidas y amoratadas fueron desapareciendo gracias a la ligera capa de maquillaje, sin embargo, seguía notándose que algo había mal en ese rostro.

Hizo lo mejor que pudo y volvió a colocar los hielos sobre su herida.

—Zhan Zhan se dará cuenta a primera vista —aseguró ella, suspirando pesadamente.

—Trataré de que no sea así —su teléfono vibró, lo tomó de inmediato y leyó el mensaje.

—¿Es él?

—Ya llegó a la ciudad, y en cualquier momento llegará al hotel.

—Me gustaría saludarlo, pero creo que es mejor que los deje solos para que hablen.

—¿Estás segura?

—Sí, cariño —se puso de pie y se inclinó para besar su frente con delicadeza—. Volveré a casa. Si necesitas algo sólo llámame. Y por favor, no dejes que pase tanto tiempo antes de que nos volvamos a ver, ¿quieres?

Yibo sonrió, algo conmovido mientras asentía. Se puso de pie y le dio un largo abrazo a su amada madre.

—Nos veremos pronto.

—Quizás vaya a visitarte en tu cumpleaños, ¿Qué dices?

—¡Por favor! —su ánimo incrementó.

—Y no te preocupes por tu padre. Ya me encargaré de él.

Sin querer hacerlo, madre e hijo se despidieron una vez más.

La señora Wang bajó al vestíbulo, ahí logró ver a un joven muy alto y de buen porte entrando al hotel, yendo directamente hacia los ascensores. Su identidad estaba cubierta por un gorro, lentes y cubrebocas. Parecía que tenía mucha prisa, pues sus largas piernas daban pasos inmensos y apresurados.

No había duda, ese era Xiao Zhan.

Pensó en detenerlo y saludarlo, pero estaba segura de que lo que más deseaba en ese momento era reencontrarse con Yibo. Así que no se interpuso en su camino. Terminó lo que hacía y se fue a casa. Su hijo ya estaba en buenas manos.

Continuará…

¡Hola personitas!

¿Qué les pareció este capítulo? ¡Me encantaría saber su opinión!

Algunas ya tenían una idea de por dónde iba la cosa, pero también vi que otras imaginaban que sería una broma de parte de Di Di, pero ya vieron que no fue así.

Les dije que se armarían los pinches chingadazos! Sinceramente me dolió escribir la parte de la bofetada, pero al mismo tiempo me encantó jaja. Pobre Yibo por recibir tal golpe y tal impacto psicológico, pero pobre señor también, ¿Se imaginan ser él? No se nos vaya a petatear!

Muchas gracias por seguir leyendo y por apoyarme en cada actualización! Me motivan a seguir publicando esta historia!

06/08/2020

8:20 p.m.