Capítulo 59: "Wang Yibo es mío"

Desde que ese día comenzó, experimentó de todo tiempo de emociones.

Todo empezó en la mañana al despertar. Su corazón pegó un vuelco de felicidad al abrir los ojos y sentir el tibio cuerpo de su prometido junto a él. Pensó que había sido un sueño, pero comprobó que no era así cuando lo rodeó con sus brazos cariñosamente. No quería levantarse, poco le importó que se le hiciera tarde, pues había pasado algún tiempo desde la última vez que estuvo así con Yibo.

No quiso despertarlo, lo había visto cansado últimamente, así que se fue a trabajar deseando que las horas se pasaran rápido para poder verlo de nuevo.

Jamás imaginó que al llegar a casa no lo encontraría ahí, mucho menos que al llamarlo resultaría que estaba a cientos de kilómetros de él, llorando y bastante afectado emocionalmente. Eso lo enloqueció y ni siquiera lo pensó dos veces antes de ir a buscarlo.

El vuelo en avión era de tan sólo hora y media, pero le pareció tremendamente largo.

Cuando llegó al hotel en el que estaba, prácticamente cruzó el vestíbulo corriendo, y cuando al fin estuvo frente a la puerta, tocó con premura.

Yibo tardó un poco en abrirle, pero cuando lo hizo, Xiao Zhan pudo verlo portando su cubrebocas y detrás de él la habitación se veía un tanto oscura.

Inmediatamente entró al cuarto y cerró la puerta tras de sí antes de ir y abrazar fuertemente a su novio.

—¿Qué demonios pensabas, Yibo? —murmuró, aliviado por al fin tenerlo entre sus brazos—. ¿Por qué viniste tú solo aquí? ¡Y sin decirme nada! Estaba tan preocupado.

—Lo siento —se aferró con fuerza a ese abrazo, vaya que lo había necesitado—. Quería volver a casa esta noche y darte un par de buenas sorpresas, eso es todo. Ya no quería que peleáramos más, por eso fui en la noche a tu cama, yo… —hablaba atropelladamente, entonces se separó del abrazo y lo miró a la cara.

Xiao Zhan ya tenía su cubrebocas abajo, pero se desconcertó al ver que Yibo aún lo portaba. Notó algo extraño en él, sin previo aviso le quitó la prenda con cuidado y fue ahí cuando se espantó.

A pesar del maquillaje, a pesar de las luces bajas del cuarto… ese golpe no pasaba desapercibido por nadie.

—¿Qué te pasó? —preguntó en apenas un hilo de voz.

Pero Yibo no respondió, sólo giró el rostro hacia un lado. No sabía cómo decírselo.

Xiao Zhan tomó su rostro con cuidado y lo giró hacia él para verlo mejor. El menor hizo una mueca de dolor al sentir la presión en su piel inflamada.

—Oh Dios, ¿cómo te ocurrió esto? —poco a poco comenzaba a alterarse.

—No es nada —volvió a alejarse. Pero entonces Xiao Zhan encendió la luz principal y fue hasta él, levantó su mentón y con cuidado retiró el maquillaje de su rostro usando la manga de su camisa.

—¿¡Quién te hizo esto!? —estaba horrorizado.

Yibo suspiró, sabía que no dejaría de insistir hasta saberlo.

—Mi padre.

La ira invadió repentinamente a Xiao Zhan, una ira que Yibo nunca antes le había visto. Sus ojos poco a poco se pusieron rojos por el coraje y su mandíbula se apretó.

—No debiste hablar tú solo con él, no debiste —lo tomó por los hombros, zarandeándolo un poco debido a la impotencia que sentía—. Yo debía ir contigo, y así enfrentarlo juntos. ¡¿Qué pasaba por tu mente cuando decidiste hacerlo de esta forma?! —estaba tan enojado consigo mismo, con el padre de Yibo también.

—Era algo que tenía que hacer, no pensé que mi padre reaccionaría así —admitió.

—¡Iré a hablar con él ahora mismo! —estaba alterado.

—No es prudente que lo hagas en ese estado, cálmate —le dijo con mucho tacto y tranquilidad, pero Xiao Zhan no se tranquilizó ni un poco.

—¡¿Cómo pides que me calme?! —se exaltó—. No puedo, menos al ver tu… tu rostro —se le partía el corazón.

Yibo lo tomó de la cintura con cariño y lo arrastró hasta la cama, donde ambos quedaron sentados uno junto al otro.

—Cálmate —acarició su mejilla con una mano, podía ver cómo el pecho de su prometido subía y bajaba debido a lo alterado que estaba—. Por favor —besó su mejilla, con cuidado, pues su labio roto aún le dolía.

Poco a poco Xiao Zhan se fue calmando. Yibo entendía cómo se sentía, pero no quería verlo así de alterado.

—Pero… —fue interrumpido.

—Sé cómo te sientes, Zhan Zhan, y agradezco que te preocupes por mí, pero si te soy sincero… el simple hecho de tenerte aquí hace que los problemas ya no sean tan malos —susurró en su oído, acariciando su cintura hasta finalmente atraparlo en un suave abrazo lleno de amor.

El mayor se conmovió y correspondió el abrazo con mucha fuerza. Posó una mano en la nuca de Yibo y otra en su espalda, respiró su aroma y logró tranquilizarse.

¡Ah, qué bien se sentía volver a estar en los brazos del otro!

Era verdad que los problemas parecían aminorar cuando estaban juntos.

—No justifico a mi papá —se separó del brazo y lo miró a los ojos—. El maldito golpe aún me duele —masculló—. Pero mi madre vino hace unos momentos y me explicó muchas cosas que no sabía. Papá jamás me había puesto una mano encima, y el hecho de que lo hiciera ahora… bueno, está preocupado.

—¿Qué quieres decir? —hizo una fea expresión de odio, cualquiera que se atreviera a tocar a su amado se ganaba automáticamente todo su desprecio.

Yibo soltó un largo y pesado suspiro antes de explicarle todo lo que su madre le había dicho. Xiao Zhan lo escuchó con atención y sólo pudo horrorizarse, pues cada cosa que le decía tenía mucho sentido. Su amigo Kou, quien le había dado consejos para tener relaciones por primera vez con Yibo, ya le había dicho algo al respecto, pues él era pareja de un chico que era una figura pública. Ahora entendía por qué llevaban siete años ocultando su relación.

Después de toda esa explicación, Xiao Zhan entendió cómo se sentía Yibo y su familia.

Suspirando, el mayor posó una mano al costado del rostro de su novio y le acarició la mejilla con el pulgar, mirando cada rincón de su cara.

—De todas formas iré a hablar con tu padre.

—Pero… —fue interrumpido.

—No pelearé, sólo necesito tomar la responsabilidad que me concierne. Por favor, dame la dirección de tu casa.

—Iré contigo.

—No.

—Zhan Zhan, no hagas esto.

—Es necesario, no puedo simplemente no dar la cara. Y necesito hacerlo solo, ya pasaste por mucho el día de hoy. Mejor toma un baño y relájate un poco, no tardaré mucho —besó la punta de su nariz—. ¿De acuerdo?

Sin estar convencido del todo, Yibo asintió. Confiaba en la facilidad de palabra y en la madurez de su novio, pero temía por su integridad física.

—No, mejor voy.

—No, Yibo, por favor.

Tardó un poco más en convencerlo, pero al final lo logró y se fue directo a casa de sus suegros antes de que se hiciera más tarde.

Cuando llegó a su destino se bajó del taxi y miró la residencia Wang, quedó sorprendido. Era mucho más grande que su casa en Chongqing, y eso ya era decir mucho. Al tocar el timbre, una chica del personal de la residencia le abrió y lo invitó a pasar al recibidor mientras ella anunciaba su visita.

Xiao Zhan ni siquiera pudo sentarse, mentiría si dijera que no estaba temblando por dentro, pero se armó de valor y se mantuvo firme por fuera.

Minutos más tarde la señora Wang apareció en el recibidor con una expresión de completo asombro, jamás se imaginó que el novio de su hijo tendría el valor de pararse ahí.

—Xiao Zhan —murmuró, impresionada.

—Buenas noches, señora Wang —hizo una ligera reverencia con su cabeza, demostrando su excelente educación.

—Imagino cuál es el motivo de tu visita, pero no creo que sea buen momento —lo miró con angustia.

—Yibo me explicó todo lo que pasó y lo que usted le dijo también. Entiendo las circunstancias y es por eso que he decidido hablar con el señor Wang, tengo que hacerlo.

Ella lo miró unos momentos en completo silencio, debatiéndose internamente.

—Bien, ven conmigo —aceptó, no muy convencida.

Llegaron ante dos grandes puertas de madera, ella dio un par de pequeños golpes sobre la puerta y enseguida una voz cansada le respondió desde el interior.

—Espérame aquí —le dijo a Xiao Zhan antes de entrar al estudio de su esposo.

Fueron sólo unos segundos de espera, pero para Xiao Zhan fue una eternidad, sus manos sudaban y su cuerpo temblaba internamente.

—Dile que pase —esa voz grave resonó desde adentro, Xiao Zhan sólo se tensó más, pero logró ocultarlo muy bien.

Cuando puso un pie dentro del estudio, lo primero que vio fueron las paredes de los costados con inmensos libreros de piso a techo, repletos de libros muy bien acomodados. Había una pequeña sala de sillones individuales de piel con una mesita al centro y una elegante alfombra debajo de ésta. Al fondo estaba un amplio escritorio de caoba y detrás de él había un ventanal con vista a un jardín que pintaba ser precioso y extenso. Detrás de ese escritorio se encontraba también el señor Wang, sentado en su cómoda silla y dirigiéndole la mirada más pesada y penetrante que jamás había recibido.

¡El hombre era un retrato de Wang Yibo, pero con unos veinte años más!

Ahora sabía de dónde había sacado su novio esa mirada.

A pesar de verse amenazante, se veía también muy, pero muy cansado.

Xiao Zhan se presentó ante él, saludándolo de la misma forma en que saludó a la señora Wang.

—Ya sé quién eres: el "amigo" de mi hijo, ¿verdad? —se mofó, pero su semblante serio no cambiaba. Su tono estuvo lleno de sarcasmo, así que Xiao Zhan no le discutió su argumento—. ¿Qué haces aquí? ¿Vienes a reclamarme algo? —se masajeó el puente de la nariz.

—No. Vengo a presentarme formalmente, por cuestiones ajenas a mí no pude venir junto con Yibo a hablar con usted, pero lo hago ahora.

—¿Qué quieres que te diga? —no apartaba esos ojos penetrantes de él.

—Hablé con él, me dijo muchas cosas y lo entiendo, entiendo por qué se preocupa por Yibo y por qué reaccionó como reaccionó. No vengo a juzgarlo… —fue interrumpido.

—Ni siquiera tienes el derecho.

Xiao Zhan tragó en seco. Ya había logrado ponerlo más nervioso.

—Amo a su hijo —fue directo al grano, manteniéndose firme, ni siquiera el señor Wang lograba imaginar el pánico que el pobre estaba experimentando—. Nuestra relación es muy seria. Créame cuando le digo que los dos intentamos que lo nuestro no sucediera, sabíamos que enfrentaríamos muchos obstáculos, pero no pudimos evitarlo, y así llegamos hasta donde estamos.

El señor permaneció estoico, escuchándolo.

—Queremos casarnos.

—No pueden hacerlo aquí.

—No me importaría hacerlo en otro país.

—De todas formas su matrimonio no sería oficial en China—se encogió de hombros—. Y sólo lograrían que todos los ojos se pusieran sobre ustedes. Desde el momento en el que decidan casarse y eso se haga público… —resopló—… no podrían poner un pie aquí sin correr riesgo de muerte.

—Lo sé, ahora lo sé.

—¿Entonces?

—Estoy dispuesto a hacer mi vida en otro país, Yibo piensa lo mismo.

—Estarían tirando a la basura sus carreras. ¿Harías que Yibo deje de lado lo que más ama? ¿No crees que podría reprochártelo algún día? O quizás tú terminarías reprochándoselo a él, no estoy seguro de cómo es su relación en ese aspecto —hizo un ademán de desinterés con su mano al aire.

Xiao Zhan se quedó en silencio unos momentos.

—En todo caso, eso sería algo que los dos tenemos que hablar y determinar antes de hacer cualquier cosa. De todas formas no quiere decir que nos vayamos a casar en un par de meses.

—Y mientras tanto… ¿qué? Van a seguir con su relación clandestina, "ocultándose" de la gente y corriendo riesgo de muerte por arriesgarse a salir juntos en moto.

Xiao Zhan abrió mucho sus ojos.

—Oh vamos, no finjas sorpresa, el país entero supo que eran ustedes dos. Me hablas de ser responsable y cuidadoso, pero no han demostrado serlo hasta ahora. Si ya saben el riesgo que corren al estar juntos, ¿Por qué no toman la decisión correcta de terminar con esto de una vez por todas? —le dedicó una fría mirada idéntica a la de Yibo, no, peor.

—Porque nos amamos —respondió con mucha seguridad, sintiéndose un estúpido por lo ridículo que sonaba su argumento en contra del de él.

El señor Wang soltó una carcajada.

—Sólo lograrán que les hagan daño. Una relación así es un riesgo mortal en este país. Que no te sorprenda si un día Yibo sufre un accidente y no vuelve a casa, o quizás seas tú a quien decidan atacar, no se sabe.

Xiao Zhan no podía creer la frialdad con la que decía cada palabra, su tono era filoso y agresivo. Pero sus palabras eran ciertas, no podía debatir aquello, él tenía la misma preocupación.

—Mientras ustedes sigan con esa relación, no quiero ver a mi hijo, no hasta que se den cuenta de lo que están haciendo y del riesgo que están corriendo.

—La sociedad no acepta esto, estamos muy conscientes, pero por eso mismo somos muy cuidadosos. Y de ser necesario… nos iríamos a vivir a otro país, pero no nos separaremos.

El señor Wang lo miró con sorpresa y dolor al mismo tiempo.

—No pueden hacer eso… —suspiró, se estaba cansando—… entiende, tú eres el mayor, deberías ser el más sensato. Corren un riesgo inimaginable, en especial por tratarse de ustedes dos. ¿Me entiendes? —se estaba desesperando.

—Lo entiendo… —sí, entendía que estuviera preocupado y que tuviera miedo—…pero yo protegeré a Yibo con mi vida, jamás permitiré que le hagan daño, ni siquiera usted.

—Lo dices por el golpe —no fue una pregunta.

—No tenía derecho a hacer eso.

—Es mi hijo, claro que sí. Y lo haré las veces que sean necesarias con tal de que recapacite.

La sangre de Xiao Zhan repentinamente comenzó a hervir de puro coraje.

—¡No va a volver a ponerle una mano encima! —ni él tenía idea de dónde estaba sacando tal valor y coraje—. Yibo es su hijo, sí, pero ya es mayor de edad e independiente. Y si vuelve a golpearlo, no me quedaré mirando cómo sucede, se lo prometo.

No solía ser agresivo, pero se trataba de la integridad física de su amado, no permitiría que nadie le pusiera una mano encima, ni siquiera su padre.

El señor lo miró en completo silencio y con una seriedad que congelaba a cualquiera, no dijo nada, sólo miró fijamente a ese joven ante él durante un tiempo que pareció una eternidad para Xiao Zhan.

—¿En verdad crees que puedes protegerlo? Quizás de mí, pero no de lo que les espera si siguen en esa relación.

—Haré lo que sea necesario.

El hombre se rio, no de Xiao Zhan, sino por la impotencia que sentía.

—La única manera en la que puedes protegerlo es separándote de él —lo miró fijamente a los ojos, con una fuerza que casi le hace apartar la mirada a Xiao Zhan; sin embargo, se mantuvo firme.

—Señor… si un día le dijeran que la relación con su esposa se ha vuelto ilegal, ¿qué haría?, ¿la dejaría por el riesgo que implica que estén juntos?

El hombre permaneció estoico.

—Es lo mismo que sentimos Yibo y yo, no podemos terminar con nuestra relación.

Se quedó en silencio unos momentos, analizando con cuidado esas palabras, hasta que se decidió a hablar.

—Si yo estuviera en esa situación… —su voz era grave y pausada—…me alejaría de ella, preferiría estar lejos antes que perderla.

Xiao Zhan se quedó sin palabras.

—Por favor, lárgate de aquí —se dio media vuelta en su silla, mirando por el ventanal y dándole la espalda—. Ya sabes dónde está la salida.

—Lo protegeré con mi vida de ser necesario. Quizás… —lo pensó muy bien—…quizás nos separemos un tiempo hasta que podamos irnos a otro país, pero nunca nos alejaremos definitivamente uno del otro, de eso puede estar muy seguro —se quedó en silencio unos segundos, pero ya no obtuvo respuesta—. Me retiro —se despidió con esas palabras, pero el hombre mayor lo detuvo.

—Se están condenando, uno de los dos terminará muerto —a pesar de que no lo aparentaba, le dolían esas palabras en el alma.

Xiao Zhan permaneció en silencio tanto tiempo, que el señor Wang tuvo que girar su silla para comprobar que no se hubiese ido ya, para su sorpresa, Zhan Zhan seguía ahí de pie, mirando hacia un punto indefinido del piso. Parecía tener un debate interno. Estuvo a punto de decirle algo, pero las palabras del señor no dejaban de repetirse en su mente una y otra vez.

—Con su permiso —hizo una leve reverencia y se fue. Su mente era un caos, tenía un conflicto interno más grande que cuando llegó a esa casa. Al salir del estudio se encontró a la señora Wang, quien lo guio hasta la salida con lágrimas en los ojos, había escuchado todo.

—Zhan Zhan… por favor, si necesitan algo, o si le ocurre algo a Yibo… por favor, llámame sin dudarlo, no importa la hora, ¿sí? —le acarició una mejilla.

Él asintió con una leve sonrisa, la cual se quebró un poco al sentir el fuerte abrazo de la mujer.

—Por favor, cuídense mucho. Cuida mucho de mi niño.

—Lo haré. Ni siquiera lo dude —dijo con convicción.

Xiao Zhan pidió un taxi y volvió al hotel, sin embargo, no pudo subir a la habitación. Tenía demasiados pensamientos que lo agobiaban. El señor Wang tenía razón en muchas cosas, y no podía sacárselo de la cabeza. Se quedó en el bar del hotel, tomando un vaso de jugo y meditando el asunto hasta que llegó a una conclusión. Sacó su teléfono y marcó ese número que se había vuelto tan familiar.

—¿Señora Wang?

—¿Qué sucede?, ¿todo está bien? —se alarmó.

—Todo está bien. Necesito un gran favor, ¿podría comunicarme con su esposo?

—Zhan Zhan…

—Por favor.

—Bien —aceptó a duras penas—. Espera un momento.

Se tardó unos segundos antes de que la voz grave del señor Wang resonara en el auricular.

—¿Qué quieres?

Xiao Zhan soltó un pesado suspiro y se armó de valor una vez más.

Caminaba de un lado a otro en la habitación, parecía león enjaulado. No se animaba a salir a dar una vuelta porque sería un gran riesgo hacerlo sin tener seguridad que lo protegiera. Y tampoco quería que una desgracia más se le sumara a ese horrible día. Sólo quería que Zhan Zhan volviera de con sus padres y saberlo con bien. No soportaba la incertidumbre, casi se arrancaba el cabello y se mordía las uñas por la angustia.

Muchas posibilidades pasaban por su mente: ¿Y si su padre golpeaba a su novio?, ¿y si las cosas sólo empeoraban?

Había sido un error no haber acompañado a Xiao Zhan, lo sabía. ¡¿Por qué lo había dejado ir solo?! ¿Acaso el miedo le había ganado?

Quizás.

Terminó su llamada y enseguida le hizo una señal al bartender.

—¿Me puede dar un… —estaba a punto de pedir algo de alcohol, lo necesitaba para calmar sus nervios—…olvídelo —dejó propina sobre la barra y subió de una vez por todas a la habitación con su novio.

Sentía todo su cuerpo pesado. El recuerdo vívido de Yibo quemaba su mente, ese recuerdo de él estando dispuesto a alejarse con tal de no destrozar la relación con su padre luego de que ambos confesaron su relación. Ese día en Chongqing Xiao Zhan había quedado totalmente sorprendido por la madurez de su amado, cosa que ahora le admiraba, pues para él era muy difícil tomar esa decisión de hacerse a un lado, le quemaba el alma el simple hecho de considerarlo como posibilidad.

Si Yibo estaba dispuesto a sacrificarse por él en ese momento, ¿por qué no habría él de hacer lo mismo? Y con mayor razón ahora que sabían el riesgo que corrían.

El señor Wang tenía razón: él era el mayor, era quien debía poner el ejemplo y guiar a su amado. Y después de haber meditado la situación con la cabeza fría pudo llegar a esa conclusión: Haría lo que fuese necesario con tal de que el amor de su vida estuviera bien.

Sin embargo, con el simple hecho de pensar en una separación, el alma de Xiao Zhan se hundía en un profundo abismo de desolación. Su energía se drenaba al grado de sentir un agotamiento sorprendente. Y todo esto con sólo imaginar su vida sin él.

Vaya. Sí dependía en cuerpo y alma de Wang Yibo. Eso era un arma de doble filo bastante peligrosa. ¿En qué momento se había dejado caer en una relación de tal magnitud? Un año atrás no se habría imaginado estar pasando por algo así. Nunca creyó que el amor le pegaría tan fuerte.

Suspirando, entró a la habitación de hotel y estuvo a punto de buscar a su novio con la mirada, pero antes de que pudiera dar un paro más, Yibo ya lo tenía agarrado por los brazos mientras lo inspeccionaba minuciosamente.

—Bo Di —murmuró—. ¿Qué pasa? —su tono era cansado.

—¿Estás bien? —preguntó de inmediato, quitándole el cubrebocas para mirarle mejor el rostro.

Entonces Xiao Zhan entendió, su amado buscaba algún golpe o herida en su cuerpo.

—Estoy bien, no me hizo nada —tomó sus manos y las besó con cariño.

Yibo soltó un gran suspiro de alivio.

—¿Cómo te fue? No me vas a abandonar, ¿verdad? —un atisbo de miedo se distinguía en su voz si se escuchaba con atención.

Era curioso que preguntara eso después de haberse comportado tan infantil últimamente, después de que el mismo Xiao Zhan pensara que había sido abandonado por Yibo.

Xiao Zhan tragó en seco, el otro lo notó y se espantó.

—¡NO! ¿¡Él te convenció!? —lo tomó de los hombros y lo agitó con más fuerza de la necesaria—. ¡No me vas a abandonar! ¡Te lo prohíbo!

El mayor quedó en shock por unos segundos antes de que una linda y leve sonrisa ladina apareciera en su faz. Yibo era adorable incluso siendo tan intimidante como en esos momentos. Jamás le había hablado en ese tono lleno de pánico y enojo al mismo tiempo, pero lejos de enojarse, se llenó de ternura.

—Tú estabas dispuesto a terminar conmigo en Chongqing. ¿Lo recuerdas?

—Sí, pero obviamente no te iba a dejar. Lo dije solamente para calmar el momento.

Xiao Zhan abrió mucho los ojos. ¿¡Así que había sido un ofrecimiento falso!?

—¿¡Mentiste!? —no sabía si reír o enojarse.

—Bueno… me dolió mucho ver cómo te estaba causando problemas con tu padre. Su relación es tan estrecha y tan sincera que por un momento estuve dispuesto a hacerme a un lado para evitar que perdieras ese lazo con él. Pero luego de decirlo lo pensé mejor y me arrepentí. Por supuesto que no podría separarme de ti, idiota.

Xiao Zhan lo miró unos segundos en silencio antes de sonreír y negar suavemente con la cabeza. Yibo no tenía remedio, y lo amaba así tal cual.

Sin decir nada, lo tomó de la nuca y lo atrajo hacia su cuerpo para darle un adorable beso en la frente, cargado de amor y de un sentimiento de protección bastante palpable.

—¿Qué pasa? —preguntó Yibo al escuchar el suspiro de su novio. Lo miró directo a la cara sin importarle que descubriera el ligero sonrojo que adornaba su rostro en ese momento. El beso en la frente lo había tomado por completo desprevenido, y nunca lo había admitido en voz alta, pero amaba cuando Xiao Zhan se comportaba protector y cariñoso como en esos momentos.

—Nada —lo meditó unos segundos antes de retractarse—. No, sí es algo —admitió—. Te extrañé demasiado.

Ahora fue el turno de Yibo para soltar un pesado suspiro.

—Yo también —hizo un esfuerzo descomunal para que su voz no se quebrara, seguía endemoniadamente sensible.

—Que estúpidos fuimos, ¿no? —sonrió de lado.

—Yo fui el estúpido. Lo peor es que sí lo sabía, pero no pude evitar seguir comportándome así—confesó Yibo.

—Está bien —suspiró. Estaba suspirando demasiado.

—¿Cómo te fue con mi padre? —preguntó con verdadera curiosidad, yendo directo al grano al verlo tan decaído.

—Hablamos con tranquilidad —sonrió tristemente.

—Te pidió que me dejaras.

Xiao Zhan asintió en silencio.

El menor sintió la misma pesadez en su cuerpo que Xiao Zhan, fue a buscar dónde sentarse y muy pronto su novio lo siguió, sentándose a su lado en la cama.

—Y tiene motivos muy válidos —aseguró—. Es extraño, pero presiento que lo que le molesta no es el hecho de que te guste un hombre, sino que te guste un hombre precisamente en este país —quiso bromear un poco.

—Vámonos a vivir a otra parte —dijo de pronto, muy en serio.

—Yibo… —su mirada triste no se iba—… yo también lo quisiera así, pero por el momento no es conveniente para la carrera de ninguno de los dos. Estás retomando tus proyectos, no sería justo.

—No me importa.

—A mí tampoco —admitió—. Pero seamos realistas, con el dinero que tenemos podríamos vivir unos años en el extranjero sin trabajar, pero… ¿Y luego?

—No lo sé, en verdad no lo sé —suspiró, fastidiado, su cabeza ya le dolía, había sido un día demasiado largo.

—Quedaríamos vetados del país, nuestras familias correrían riesgo… ahora que lo pienso, es verdaderamente difícil sólo irnos así como así.

Tenía toda la razón.

—¿Entonces me quieres dejar? —espetó Yibo con enojo.

—No, idiota, no —se frustró. Los dos se miraron con enojo para terminar riendo como tontos—. Seamos aún más cuidadosos, verdaderamente cuidadosos.

Yibo asintió, no le importaría sacrificar algunas comodidades a cambio de que la relación con su prometido no terminara.

—Bien —se sintió aliviado. Al menos la relación con Xiao Zhan estaba intacta—. Oye… sobre nuestra pelea.

—Olvidémosla —sabía que no era lo mejor, que tenían que hablar, pero estaba muy cansado psicológicamente como para comenzar a debatir.

—No. Quiero pedirte disculpas, sé que fui un idiota. Han Ge habló conmigo y me hizo ver que tienes todo el derecho de opinar sobre mi vida porque… bueno —bajó la mirada, tímido—, porque seremos esposos. Mi vida no será sólo mía, las consecuencias de cualquiera de mis acciones también te afectarían a ti.

Xiao Zhan abrió mucho sus ojos, no pensó que su novio fuese a recapacitar así.

—Viajé hasta acá y sin decirte nada porque quería darte dos sorpresas.

—¿Dos?

El menor asintió y sonrió.

—La primera: dejaré de dedicarme profesionalmente a las carreras.

Los ojos de Xiao Zhan se abrieron enormemente, más que antes. No podía creer lo que escuchaba.

—¿En serio? —un gran alivio comenzó a invadirlo—. ¿Es en serio?

—Sí.

—¡Gracias al cielo! —lo abrazó con fuerza, robándole el aliento.

Fue hasta ese preciso momento en el que Yibo fue en verdad consciente del miedo que su novio atravesaba día tras días al saber que seguía trabajando en las carreras de motos.

—Siento mucho haberte preocupado.

—Espera —se separó de él—. ¿Las dejarás definitivamente? —se alarmó.

—Claro que no. Amo las motos, pero ya no será mi trabajo.

Estaba bien, Xiao Zhan se conformaba perfectamente con eso.

—Bien, está muy bien —sonrió con un gran alivio.

—Lamento haber sido un idiota, actué como un niño —decir eso le costaba bastante orgullo doblegado—. ¿Me perdonas?

Xiao Zhan tomó el rostro de su novio entre sus manos y lo miró detenidamente antes de asentir y unir sus labios con los de él en apenas una caricia, pues estaba consciente de su labio roto.

—Demonios —masculló Yibo.

—¿Qué ocurre?

—No podía besarte porque estábamos peleados, y ahora no puedo hacerlo por esta herida —se enojó.

—Yo sí te besaba aunque estuviéramos peleados.

Yibo alzó una ceja.

—Lo hacía mientras aún dormías —confesó con un tono divertido.

—Tramposo.

Xiao Zhan se encogió de hombros.

—Y dime, ¿cuál era la otra sorpresa?

La sonrisa de Yibo se desvaneció poco a poco, bajó la mirada al piso y sus ojos se fueron inundando con gruesas lágrimas. Entonces se tragó el nudo en su garganta antes de responder.

—Mi plan era volver a casa y decirte que mi papá estaba enterado de lo nuestro, que aceptaba lo que tenemos nosotros —lo miró a los ojos.

A Xiao Zhan se le partió el corazón al verlo así.

—Pero las cosas no salieron como imaginé —se sorbió la nariz y se secó las lágrimas pasándose ambas manos por el rostro—. Por un momento tuve la estúpida esperanza de que papá pudiera tomarlo como tu padre.

—Bo Di —tomó su mano con cariño—. Esto no termina aquí. Lo que sucedió hoy no quiere decir que tu padre no nos vaya a aceptar más adelante.

—¿En serio tienes esperanzas?

Xiao Zhan asintió con suavidad. Él estaba casi seguro de que el señor Wang había reaccionado así por la preocupación hacia su hijo, no tanto por descubrir su orientación sexual. Aunque no estaba completamente seguro.

—Así que fue por eso que de pronto desapareciste —retomó el tema inicial—. No te voy a seguir reprochando el hecho de que no me avisaras, tampoco puedo estar sobre ti todo el tiempo. Mereces tu espacio y tu privacidad.

—No, no. Ya no quiero eso —respondió con avidez—. Estemos casados o no, eres mi compañero de vida.

Xiao Zhan se quedó sin palabras, y vaya que era difícil lograr eso en él. Estaba impresionado, pues así como Yibo podía llegar a ser la persona más fría del mundo, podía ser también el más cariñoso y cálido.

—Nunca debí decirte que no te entrometieras. Me arrepentí al instante, pero no podía retractarme.

—Estabas enojado.

—Mucho.

—Yo también —suspiró—. No debí decirte "infantil".

Yibo rio roncamente.

—Me lo merecía.

—Te extrañé en la cama.

—Pensé que estabas cómodo con ese espacio extra —alzó una ceja. Xiao Zhan soltó una risa divertida y le pellizcó la mejilla sana.

—Lo dije para hacerte enojar. La verdad es que ya me acostumbré a dormir contigo, me siento extraño cuando no estás en la cama.

Yibo se conmovió, a él le ocurría lo mismo.

—Ya no quiero pelear —murmuró Yibo. Por lo regular no me preocupa estar enojado con los demás, pero contigo… es horrible.

—Es imposible que no peleemos de vez en cuando —fue realista—. Pero lo importante es que nos reconciliemos, justo como ahora —acarició su rostro con mucho cuidado y cariño.

—Hablando de reconciliación… —sonrió de lado, olvidando por un momento sus penas y entregándose al sentimiento de felicidad de tener al amor de su vida junto a él. Yibo se acercó a su novio, rodeó su nuca con ambas manos y lo atrajo a un suave beso. Xiao Zhan miró con suavidad cada una de sus acciones, permitiéndole hacer lo que le viniera en gana y dejándose llevar por el amor que le tenía.

Yibo unió sus labios con los de él, abriendo un poco su boca para no lastimarse el labio, pero fue inútil, de todas formas le dolió. Xiao Zhan se separó al escucharlo quejarse, y se disculpó.

—No es tu culpa —soltó un suspiro lleno de frustración.

—Déjamelo a mí —sonrió de lado y tomó el mentón de Yibo con una mano.

—¿Qué harás?

Xiao Zhan alzó el rostro de su novio e inclinó el suyo hacia un lado antes de acortar la distancia. Yibo cerró los ojos y esperó el beso, pero este no llegó de inmediato, primero pudo percibir cómo Zhan Zhan frotaba con dulzura la punta de su nariz contra su rostro, en una adorable caricia muy íntima, también acariciaba su mejilla con una mano. La combinación de sensaciones era tremendamente agradable, y Yibo pudo sentir que éstas incrementaron cuando sus labios se tocaron en una tierna caricia, fue apenas un roce, pero eso bastó para que sintiera un inesperado hormigueo en todo su cuerpo.

Sus labios apenas se habían rozado y Yibo ya estaba suspirando. Eso había sido un beso completo, un beso que no se bastaba sólo con caricias entre labios. Xiao Zhan sabía usar todo a su favor, y eso hacía que Yibo se derritiera a sus pies.

Enseguida el mayor comenzó a repartir pequeños y tremendamente adorables besos por todo su rostro.

Aún con ojos cerrados, Wang Yibo esbozó una linda sonrisa, cargada de amor y satisfacción. Abrió los ojos cuando sintió que los besos se detuvieron. No pudo evitar soltar una pequeña risa al descubrir que su amado lo miraba con algo de diversión, aún sin soltar su rostro de entre sus cálidas manos.

Yibo suspiró extasiado, y murmuró un suave:

—Vaya… —empujó a Xiao Zhan hacia la cama hasta que ambos quedaron acostados, Yibo pasó una pierna sobre el cuerpo de su amado y se aferró a él.

El mayor de inmediato correspondió el abrazo, rodeándolo con mucho cariño, logrando que se sintiera a salvo y cómodo entre sus brazos. Yibo posó su frente contra el pecho de su novio y percibió como una mano le acariciaba la nuca al mismo tiempo que sentía un beso en su cabeza.

Se estaba sobrecargando de tanta dulzura que…

—Bo Di —murmuró Xiao Zhan mientras acariciaba su nuca con una mano y su espalda con la otra—. ¿Qué ocurre? —preguntó con tacto al sentir cierta humedad en su pecho.

Yibo estaba llorando en silencio.

—Gracias —dijo con su voz ligeramente quebrada—. Gracias —repitió, restregando su rostro contra la camisa de su novio. Parecía un niño pequeño, aferrado a su ser querido, buscando protección.

Xiao Zhan no dijo nada, sólo lo abrazó más fuerte y siguió besándolo. Lo dejó llorar todo lo que necesitaba, sin decirle nada, sólo estando ahí para él. Sabía que ese "Gracias" tenía un significado bastante profundo, supo percibir todo lo que quiso transmitirle. Era un "Gracias por estar aquí, por venir tras de mí y por hacer a un lado nuestros problemas al saberme en peligro".

La camiseta de Xiao Zhan terminó empapada de lágrimas. Yibo lloraba en completo silencio, aferrado a su novio y sin dejar que lo viera a la cara. Sólo de vez en cuando se le escapaba un pequeño sollozo, o el característico hipido ocasionado por llorar tanto.

A Xiao Zhan se le partía el corazón. Él nunca había sido bueno consolando a la gente, no sabía qué hacer cuando alguien se ponía a llorar frente a él. Así que sólo permaneció a su lado, abrazándolo y dejándose usar como almohada para lágrimas. Rascaba suavemente el cuero cabelludo de Yibo, casi masajeándolo hasta lograr relajarlo.

Cuando se calmó lo suficiente, Xiao Zhan se separó un poco de él y lo miró a la cara. Se había quedado profundamente dormido.

Observó su rostro detenidamente, sus párpados estaban hinchados al igual que el resto de su cara, en especial del lado que estaba golpeado. Sintió cómo su corazón se estrujaba al verlo así. Era impactante para él ver ese lado vulnerable de Yibo, le nacía un instinto protector que ni siquiera él sabía que tenía.

Con la punta de sus dedos acarició todo el rostro de Yibo, sorprendiéndose al ver que dormía profundamente, sin embargo, no había aflojado el agarre. Aún tenía una pierna sobre el cuerpo de Zhan Zhan y su brazo anclado a su cintura.

El pobre estaba buscando la manera de zafarse, pues… le urgía ir al baño.

Luego de muchos intentos logró escapar de su fuerte agarre, dejando una almohada en su lugar. Yibo de inmediato la agarró, pero aún entre sueños pareció no estar conforme con esa simple almohada.

Para cuando Xiao Zhan volvió, se encontró a su amado en el otro extremo de la cama, había rodado, seguramente buscándolo.

Momentos más tarde, Wang Yibo abrió los ojos al percibir un agradable aroma, bastante delicioso. Se halló a sí mismo bien arropado en la cama, ya sin sus tenis y sin sus jeans. A su lado en la cama estaba Xiao Zhan, sentado en pose india mientras abría una gran bolsa de papel.

—Imaginé que despertarías pronto. No cenaste, ¿verdad?

Aún desconcertado, Yibo se talló los ojos y negó con la cabeza.

—¿Qué es eso? —se sentó en la misma pose que su novio y miró lo que tenía entre manos.

—Hamburguesa doble para ti —se la extendió junto con su orden de papas fritas, tamaño jumbo.

Al menor le brillaron los ojos.

—Come con cuidado —le recordó, dedicándole una linda sonrisa antes de mirar de nuevo hacia la televisión. Estaba viendo Bob Esponja.

Yibo sintió un tremendo nudo en la garganta, lo miró durante unos segundos, buscando las palabras indicadas para agradecerle, pero al no encontrarlas sólo se estiró hacia él y le dio un beso rápido en la mejilla. Xiao Zhan sonrió sin dejar de masticar su hamburguesa y lo miró de reojo sin dejar de sonreír traviesamente.

—Vamos, come o se enfriará —le dijo, con su tono amable y divertido.

Y así, sin más, los dos comenzaron a cenar en silencio. Yibo le agradeció de todo corazón que hiciera aquello, no volvieron a tocar el tema de su padre en toda la noche, por el contrario, cenaron hasta quedar completamente satisfechos e incluso rieron mientras veían Bob Esponja. Eso les trajo muy buenos recuerdos de la noche en que compartieron cama por primera vez. En ese entonces era Yibo quien cuidaba de Xiao Zhan, pero ahora los papeles estaban invertidos, y Yibo no podía estar más conmovido. Se tragó sus ganas de llorar y mejor disfrutó del momento, dejando que su novio lo distrajera con su comida chatarra y caricaturas preferidas.

Antes de dormirse, Yibo se sacó la camiseta al ver que su amado también lo hacía, amaba poder dormir abrazado a él, piel con piel. Así se volvieron a meter a la cama, vistiendo sólo su ropa interior y cubriendo sus cuerpos con el espumoso edredón.

Automáticamente sus cuerpos se buscaron por debajo de las mantas, tal como tenían por costumbre desde hace meses. Yibo fue quien abrazó a su amado por detrás, haciendo la función de "Cuchara grande". Ambos soltaron un largo y prolongado suspiro mientras pensaban lo mismo: que bien era estar así con la persona amada. No valía la pena estar pelados y perderse de esa maravilla.

Xiao Zhan se removió un poco en la cama hasta encontrar la posición ideal para al fin dormir, pero Yibo seguía apretándolo desde atrás, sintiendo la fricción del trasero de su novio contra cierta parte de su anatomía, haciendo que se pusiera ligeramente duro. El mayor notó eso y de inmediatamente giró su rostro hacia él, mirándolo con una clara duda en su rostro.

—¿Quieres que te ayude con eso? —preguntó, divertido. Pero para su inmensa sorpresa, Yibo se negó.

—Sólo quiero acurrucarme —restregó más su cuerpo hacia él, acomodando su nariz en la nuca de Xiao Zhan, aspirando su delicioso champú a jazmín.

—Entonces… hasta mañana —extendió su mano hacia atrás, y a ciegas le dio un par de palmaditas en el trasero, con cariño, antes de estrujarle una nalga con su palma abierta—. Lo siento —dijo al sentir la risa de Yibo en su nuca—. Había extrañado hacer eso.

—Eres un pervertido.

—Qué te puedo decir.

Ambos rieron un poco, pero estaban tan agotados que no tardaron en quedarse dormidos. Yibo abrazándolo desde atrás, y Xiao Zhan posando su mano sobre el brazo anclado a su cintura. Sus cuerpos encajaban a la perfección, se notaba lo mucho que habían extrañado aquello.

—Cariño, ve a dormir. Llevas días sin descansar correctamente.

Na Ying Jie negó con la cabeza y se liberó suavemente del abrazo de su esposo.

—Lo siento, amor —acarició sus manos—. Pero no puedo dormir en paz hasta resolver esto.

El amable hombre suspiró con pesadez.

—¿Aún no encuentras qué persona de la agencia dio la indicación? —se sentó a su lado, frente al escritorio de su estudio.

—Peor aún: no fue alguien de la agencia.

Por eso estaba tan preocupada. Su estrés había aumentado desde que descubrió lo mal que la estaba pasando Xiao Zhan, y ella ni enterada estaba. Eso sólo había puesto todos sus sentidos en alerta, algo no andaba bien, y la persona que estaba detrás de todo esto quería pasar por completo desapercibida, pues no había dejado rastro alguno.

Le había platicado la situación a su esposo, y éste siempre la escuchaba atentamente, ayudándola a buscar soluciones.

—¿Entonces qué harán?

—Incrementaremos la seguridad que lo rodea. Ahora no tendrá permitido acatar ninguna indicación a menos que yo confirme que son ciertas.

El señor se quedó pensativo por varios minutos.

—Si esta persona logró tanto, es porque tiene ayuda del personal interno de la agencia —aseguró.

—Es por eso que no me puedo ir a la cama aún, estoy tratando de averiguar quién puede ser. Con ayuda de Mao, el guardaespaldas —le aclaró—, he estado revisando las grabaciones de las cámaras de seguridad, pero la persona que habló con Xiao Zhan fue muy inteligente y supo aprovechar los puntos ciegos de las cámaras, también el que lo ayudó. Sólo sabemos que es otro hombre.

—Esto está muy difícil.

—Así es —suspiró.

—¿No pueden hablar con las autoridades?

—No hay evidencia de daño. Además, un cambio en la dieta no es considerado un crimen. Estas personas son muy inteligentes, yo diría que incluso están bastante involucradas en el mundo del espectáculo.

—¿Quién querría hacerle daño a un joven cómo él? —se preguntó con verdadera preocupación, pues tenía un hijo casi de su edad y no se imaginaba por qué alguien querría hacerle daño.

—Cariño, la verdadera pregunta aquí es: ¿Quién no?

El hombre la miró sin creerle del todo.

—Hablo en serio. En el mundo de la fama existen demasiadas envidias. Incluso hay grupos que brindan sus servicios para difamar al artista que se les pida, ¡Y les pagan por ello! —se exasperó—. Xiao Zhan es un joven con tanta luz que inevitablemente ascendió a la fama de manera vertiginosa, su carrera se disparó a pasos agigantados de un día para otro. Eso lo volvió un blanco fácil para toda agencia que no lo tenga y que se vea afectada porque sus idols no son tan famosos, o porque no crean tantas ganancias como él.

—Es un mundo muy turbio.

—Lo es.

—Pero afortunadamente él te tiene como manager —besó su mejilla y la jaló suavemente del brazo—. Ven, necesitas dormir —sin espacio a negativas, se la llevó a la cama.

Mientras tanto, en otra parte de Beijing estaba un grupo de personas hablando sobre el mismo tema.

—¿Lograron descubrir algo sobre nosotros?

—Nada, señor. Pero el chico ahora está rodeado de más seguridad, tiene prohibido recibir órdenes de cualquier persona de la agencia que no sea la directora o su manager.

El hombre suspiró pesadamente y repiqueteó sus dedos sobre la madera fina de su escritorio.

—Bien, en ese caso tendremos que recurrir a medidas más drásticas. Esta vez iremos en serio —sonrió—. Ya no sabotearemos la dieta del chico —rio y miró a su asistente—. Tráelos aquí.

—Pero es media noche.

—¿Acaso eso importa? Trabajan para el gobierno también, así que están disponibles las veinticuatro horas. Además, la información que se recabe será de utilidad para ellos y para nosotros.

¿Y cómo no? El robo y venta de datos era un negocio muy costeable hoy en día.

Continuará…

¡Hola, personitas!

No hubo golpes entre el señor Wang y Xiao Zhan, pero pienso que sucedió como debía suceder. Zhan Zhan no iba a dejar de lado sus valores para rebajarse al nivel del señor, además que no es partidario de la violencia, él tiene un arma más letal: Las palabras. Y créanme cuando les digo que dejó al señor Wang pensando toda la noche, ahora difícilmente se lo va a sacar de la mente.

Qué valentía la de Xiao Zhan, ¿no creen?

Imagino que tendrán muchas preguntas jajajaja, sí, empiecen a hacer sus teorías, las leeré tranquilamente en Facebook.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Qué opinan de las reacciones y emociones?

Las leo.

12/08/2020

6:30 p.m.