(Esta es la segunda actualización del día, si no has leído el capítulo 61, regrésate uno)
Capítulo 62: "Versace on the floor"
Estaba esperando ansioso su llegada. Caminaba de un lado a otro, se asomaba por la ventana cada cinco minutos ante la espera de su amado. Era un hecho que ya habría abierto el paquete. Quizás no fue buena idea regalarle aquello, probablemente se había pasado de la línea.
Estaba nervioso.
Y cuando reconoció el sonido de las llaves de su prometido tintineando en la puerta principal… la sangre se le fue hasta los pies. Por fuera podría verse muy seguro de sus actos, pero por dentro temblaba como una hoja al aire.
Xiao Zhan entró al departamento, dejó sus cosas tiradas en el recibidor y fue directamente a la sala, donde su amado lo esperaba con la chimenea encendida, velas alrededor y un par de copas de vino.
—Bienvenido a casa — caminó hacia él y le extendió una copa que Xiao Zhan aceptó gustoso. Estaba maravillado por la atmósfera que había creado. Se respiraba sensualidad y calidez. Había buena música sonando tenuemente, la mesa del centro de la sala había sido removida y en su lugar había una cama improvisada de colchas esponjosas y muy suaves.
—Esto… —sus ojos brillaban con el resplandor del fuego de la chimenea.
—¿Te recuerda a algo?
Xiao Zhan sonrió mientras negaba con la cabeza, todavía no podía creerlo. Bebió de su copa y la sonrisa en su rostro se ensanchó.
—Aspen —suspiró, completamente enajenado.
—Aspen —asintió Yibo, bebiendo de su vino para calmar esos nervios, no quería que lo terminaran traicionando.
—Ni siquiera sabía si la chimenea podía encenderse —rio Xiao Zhan, quien jamás había hecho uso de ella.
—¡Yo tampoco! Tuve que usar una app para que vinieran a encenderla.
—¿En serio? —se asombró.
—Sí —rio.
—Vaya… —bebió más de su copa—…y este vino —se asombró—. ¡Es el mismo de Aspen! El de esa noche.
—Lo es.
—Wang Yibo, ¿desde cuándo estás planeando esto?
—Feliz No Aniversario —fue lo único que respondió.
Zhan Zhan se echó a reír, hasta que Yibo acortó la distancia entre ambos con sutileza, pegando un poco su cuerpo al de él para susurrarle al oído:
—¿Te gustó mi regalo? —acarició su mano, apenas rozándola con la suya.
Xiao Zhan sonrió de lado y se inclinó un poco sobre el oído de su novio.
—Adivina qué traigo puesto.
Esas simples palabras encendieron a Wang Yibo. Dejó su copa sobre la mesita junto a ellos, Xiao Zhan hizo lo mismo y permitió que su amado se apoderara de pronto de su boca, uniendo sus labios en un beso cargado de pasión mientras lo tomaba de las mejillas para profundizar la caricia. Xiao Zhan tomó las caderas de Yibo y lo pegó más a él.
La ropa comenzó a sobrar, poco a poco se fueron deshaciendo de cada prenda. Yibo desabotonó con tranquilidad cada botón de la camisa blanca de su amado, sonrió al ver que no traía camiseta interior, así que sólo deslizó la prenda por sus hombros suavemente mientras besaba cada centímetro de piel que tenía al alcance. Sonrió al ver cómo la piel de Xiao Zhan se erizó al sentir un beso húmedo en su hombro.
Entonces las manos de Xiao Zhan comenzaron a moverse por el cuerpo de su amado, abriéndose paso entre las capas de ropa para ir retirándolas una a una con movimientos algo torpes, pues su mente estaba nublada por el placer de sentir los labios y la lengua de su novio deslizándose por su cuello, encajando sus dientes de vez en cuando. Eso hacía que sus rodillas temblaran. Su necesidad de sentir la desnudez de Yibo contra la suya era tanta que terminó arranándole el último botón de su camisa.
Yibo sonrió al ver aquello. Lo rodeó por la cintura con sus brazos, pegándolo a él todo lo posible mientras le sonreía de esa forma tan sexy con la que lograba poner de cabeza el mundo de Xiao Zhan.
Se acercó a su oído, odiando por enésima vez la poca diferencia en estatura que había entre ambos, y le dijo:
—Esta noche quiero hacerte mío —lamió su oreja con la punta de su hábil lengua—. ¿Me das permiso?
Xiao Zhan rio. No fue una risa de burla ni de diversión, era una risa llena de ternura y de nerviosismo. Su novio iba muy en serio, y parecía tener un plan.
—Haz… lo que tengas que hacer —respondió entrecortadamente al sentir de nuevo esa lengua traviesa haciendo de las suyas.
—Te mostraré todo lo que he aprendido desde Aspen.
—Ah… —jadeó al sentir una mano apretando su trasero sobre los jeans—…enséñame, enséñame todo.
Sonriendo de lado, Yibo se separó un poco de él para mirar su rostro nublado por el placer. Sus lindos ojos entrecerrados, su precioso cabello enmarcando su rostro y esos labios ligeramente abiertos. No pudo evitar morderse los propios, pasándose la lengua por ellos antes de asaltar la boca de Xiao Zhan con la suya en un beso bastante húmedo, bastante sexy, demasiado… lascivo.
Sus lenguas se encontraron y sus labios se rozaron. Ellos se movían en perfecta sincronía. Yibo tomó el rostro de Xiao Zhan con una mano para tener un mejor control del beso mientras usaba su otra mano para bajar a la entrepierna de su novio. Hizo uso de su habilidad para desabotonar el pantalón con una sola mano, metiéndola al fin entre los jeans y esa ropa interior tan suave y que tanto trabajo le había costado conseguir. Xiao Zhan jadeó al sentir esas caricias indecentes, sintiéndose cada vez más y más excitado.
Xiao Zhan logró dejar a su novio en ropa interior, pero éste aún no le quitaba el pantalón.
—¿Qué esperas? —le preguntó a Yibo en un susurro.
El aludido se separó de él y sonrió de lado, maliciosamente.
—Quiero que tú te lo quites.
Xiao Zhan rodó los ojos mientras sus mejillas enrojecían.
—Qué pervertido.
—De eso se trata.
Touché.
Sin decir nada más, Xiao Zhan dio un paso atrás y comenzó a bajarse los jeans ante la atenta mirada de su prometido. Yibo sonrió complacido, pero tragó en seco al ver la forma sexy y masculina en que lo hacía, lo hizo lento, suave, hasta que la ropa quedó en el suelo.
Se veía tremendamente precioso vistiendo sólo ese bóxer de encaje de Versace. Había hecho una perfecta elección.
—Date una vuelta.
—Yibo… —masculló entre dientes, estaba tiernamente avergonzado.
—¿Por qué te apenas? —rio—. Hemos hecho cosas aún más pervertidas.
Tenía toda la razón.
Se dio una vuelta lentamente.
—Oh Dios… —se llevó ambas manos a la boca. La fina tela de encaje negra dejaba ver la piel aperlada de su cuerpo. No dejaba mucho a la imaginación debido a su transparencia, pero sí cubría recatadamente la zona de la entrepierna con una tela distinta, no permitía que viera más—. Temía no acertar en las medidas, pero tal parece que ya me sé tu talla de memoria —rio y acortó la distancia con sólo un par de pasos. Lo atrapó con fuerza por la cintura—. Te ves precioso —rio con suavidad al ver cómo se avergonzaba. Era adorable.
El calor en sus cuerpos fue aumentando poco a poco, las caricias íntimas no se hicieron esperar. A un lado de ambos estaba la cama improvisada frente a la chimenea, pero a Yibo le atrajo más la idea de atrapar a su novio entre su cuerpo y la pared, acorralándolo.
Sus cuerpos estaban tan pegados que Xiao Zhan sentía la pared en su espalda y el cuerpo bien trabajado de su novio en todo el frente.
Yibo comenzó a besar su cuello y Xiao Zhan se dejó hacer. Cerró los ojos al sentir esa exquisita sensación de su lengua húmeda recorriéndole el cuello, dejando una que otra mordida suave a su paso.
De pronto, y sin previo aviso, Wang Yibo tomó una pierna de Xiao Zhan y, confiando en su elasticidad, la levantó lo suficiente para anclársela a la cadera. De esta forma se pudo frotar deliberadamente contra la entrepierna de su novio. Xiao Zhan jadeó y apoyó más su peso en la pared para mantenerse en pie. Si no fuera porque Yibo lo tenía literalmente aplastado contra el muro, ya se habría dejado caer por el temblor en sus rodillas.
Xiao Zhan enredó sus brazos alrededor del cuello de Yibo y se abrazó a él todo lo posible. Eso fue una buena señal para el menor, quien dio paso a su deseo irrefrenable y embistió con sus caderas hacia delante, frotándose lenta y profundamente contra él.
Sus erecciones ya eran considerables, podían percibirlo a pesar de que aún portaban su ropa interior.
Yibo apretó con una mano la cadera de su novio, sintiendo la maravillosa suavidad del encaje. Con su otra mano levantó más la pierna de Xiao Zhan y volvió a presionar sus entrepiernas, todo esto sin dejar de besar la longitud entera de su cuello. Podía sentir el pulso de su prometido cada vez que besaba cerca de la zona de la carótida. Sus pulsaciones estaban por los cielos.
Se separó un momento de ese sexy cuello para mirar el cuadro entero. Xiao Zhan tenía su cabeza hacia atrás, recargada contra la pared, estaba aferrado a él con sus brazos y permanecía con los ojos cerrados, disfrutando del roce entre sus miembros, pues Yibo seguía frotándose una y otra vez contra él.
Al sentir su lejanía, Xiao Zhan abrió los ojos y sus mejillas se encendieron en un rojo intenso al ver la expresión sexy y burlona en su amado.
—Veo que lo disfrutas —detuvo toda caricia y sólo permaneció muy cerca de él.
Xiao Zhan frunció el ceño, ¿se estaba burlando de él?
—No soy el único —onduló sus caderas hacia delante, arrancándole un gemido inesperado a Yibo.
—Debo admitir que tienes razón —asaltó de nuevo sus labios, buscando su lengua con la suya mientras Xiao Zhan deslizaba sus manos por toda la espalda de Yibo hasta llegar al borde de su ropa interior, metió las manos bajo la prenda, apretó ambas nalgas con gentileza y entonces empezó a jalar la tela hasta hacerla bajar, pero no lo logró del todo.
Yibo se separó de sus labios un momento, pues la risa le había ganado al ver que su amado no podía bajarle el bóxer.
—Se enganchó, espera —se separó de Xiao Zhan, soltando su pierna para que descansara unos segundos. Entonces el mayor también rio al ver de dónde estaba enganchada la tela—. Ya puedes quitármelo.
Aún entre pequeñas risas, Xiao Zhan tomó las orillas del bóxer y lo bajó luego de desengancharlo de su miembro completamente alzado, pero al bajarlo, dicho miembro se alzó en completa libertad, rebotando contra el vientre bajo de Yibo.
—Wow… —se quedó mirándolo fijamente. Y esta vez, en vez de sentir vergüenza, Yibo sonrió completamente satisfecho al ser admirado así por su amado, Xiao Zhan era la única persona en el mundo que lo había visto de esa forma, y quería que siguiera siendo así.
Sin decir nada, volvió a acortar la distancia entre ambos, tomó la pierna de Xiao Zhan y la levantó de nuevo, anclándola en su cadera para estamparlo contra el muro. Esta vez bajó la mano en busca del miembro de su amado, lo acarició por encima de la prenda hasta que finalmente lo sacó de entre los pliegues de ésta.
Xiao Zhan soltó un jadeo y se aferró más a los hombros de Yibo ante el placer de sus caricias, pues éste lo masturbaba suavemente. Ya conocía el ritmo perfecto para hacerlo disfrutar sin que se corriera tan rápido.
—Yibo… —jadeó—… quiero que… que… Ah —no podía ni pensar con coherencia al sentir esa gran mano envolviendo su miembro.
—¿Qué es lo que quieres, Zhan Zhan? Dímelo.
Después de un rato logró reunir la suficiente cordura para hablar.
—Ámame… sólo… sólo ámame y hazme tuyo —se avergonzó por lo cursi que sonaron sus propias palabras, así que escondió el rostro en el cuello de Yibo mientras éste seguía masturbándolo.
Ese encuentro iba mucho más allá de algo simplemente físico. Querían unirse en cuerpo y alma. Yibo quería ser uno con él, sentir su cálido interior y escuchar sus suaves gemidos mientras le hacía el amor.
Yibo asaltó una vez más sus labios, saciando esa sed que tenía de él. Acarició con su mano libre la cintura de su novio, ascendió lentamente hasta llegar a uno de sus pezones, dibujando suaves círculos alrededor de él. Xiao Zhan jadeó aún más ronco y su cuerpo entero tembló.
Notó que no aguantaría mucho tiempo de pie, así que bajó su pierna y lo rodeó por la cintura con un brazo para guiarlo a la cama que él mismo había improvisado frente a la chimenea. Lo tumbó con cuidado sobre las mullidas mantas espumosas y dedicó un tiempo especial para besar cada rincón de su cuerpo. Besó su rostro, cada lunar de éste; descendió por su cuello, mordió con suavidad su manzana de Adán y siguió besando cada vez más abajo. Dedicó un tiempo especial a sus pezones, logrando que arqueara su espalda. Los besó, succionó y mordisqueó hasta dejarlos enrojecidos y bastante sensibles. Entonces descendió más, besando su lindo estómago, su ombligo y ese amado sendero de pequeños vellos que se perdían por debajo de su ropa interior.
Había tenido sumo cuidado de no dejar marcas en lugares visibles, pero ahora que estaba ahí, no se contuvo y se entretuvo un rato dejando marcas por doquier en su vientre bajo. Lo mismo hizo en la cara interna de sus muslos.
Xiao Zhan sólo se aferraba a la almohada bajo su cabeza, arqueando la espalda de vez en cuando y suspirando en todo momento. El placer inundaba sus sentidos.
Entonces Yibo comenzó a descender su bóxer.
—Lo siento, se te ve precioso, pero no lo necesitarás más —sonrió de lado, bastante sensual mientras deslizaba la prenda por sus muslos.
Xiao Zhan sonrió de igual forma y alzó sus caderas para facilitarle la tarea. Segundos después, el bóxer Versace terminó en el suelo.
Y antes de que pudiera decir o hacer algo, sintió cómo su amado envolvía su miembro con su boca. Cerró los ojos con fuerza y alzó un poco las caderas. Tenía sus piernas abiertas de par en par, flexionadas, y con Yibo tumbado en medio de ellas. No pudo evitarlo y llevó sus manos al suave cabello de su pareja, aunque no necesitó guiarlo esta vez, Yibo supo exactamente qué hacer y cómo hacerlo hasta lograr arrancarle esos gemidos ruidosos que tanto amaba.
Sus respiraciones agitadas demostraban lo excitados que se encontraban, los jadeos de Xiao Zhan eran fuertes y claros, y sus miembros no podían estar más erectos.
Yibo quería tomarse su tiempo, prolongar ese encuentro todo lo posible. Pero con un novio como Xiao Zhan era casi imposible, pues una verdadera urgencia de poseerlo lo invadió por completo.
—Zhan Zhan… —despegó su boca de su miembro. El aludido bajó la mirada y se excitó más al verlo en esa situación.
—¿Mnh?
—Ya quiero hacerlo, lo siento, pero… no aguanto más —jadeó.
Entonces el mayor se dio cuenta, Yibo se masturbaba a sí mismo mientras le hacía ese oral tan magnífico.
—¡Yo tampoco aguanto más! —exclamó, animando por completo a su novio—. Ven aquí —extendió ambos brazos, abriendo y cerrando sus manos.
Yibo sonrió de lado y se tumbó sobre el cuerpo de su novio. Inmediatamente sintió cómo Xiao Zhan enredaba sus piernas alrededor de sus caderas, lo mismo hizo con sus brazos alrededor de sus hombros. Lo apretó con fuerza y susurró en su oído algo que Wang Yibo jamás le había escuchado decir.
—…Hyung, hazme tuyo —jadeó, meneando sus caderas hacia él.
Yibo sintió que su corazón se detuvo sólo para comenzar a latir con locura. ¡¿Había escuchado bien?! Técnicamente era un error que lo llamara así, pues él era el menor en la relación, pero… ¿acaso Xiao Zhan sabía sobre su fantasía de ser mayor que él? Porque eso sí que le hubiera encantado. Y que ahora lo llame de esa forma… bueno, le nacieron unas inmensas ganas de hacerlo suyo en ese mismo instante. Tal como aquella vez que lo llamó "Wang Er-ge".
¿Cómo demonios una palabra podía volcar así su mundo?
Xiao Zhan había logrado su objetivo.
Wang Yibo tomó el lubricante y uno de los condones que ya había dejado al alcance con anterioridad. Comenzó a preparar a su amado y éste cooperó en la tarea. Minutos después Yibo ya se estaba abriendo paso en el cuerpo de su prometido, empujando firmemente mientras lo escuchaba gemir su nombre una y otra vez, eso sólo lograba encenderlo más.
—Hyung… ven aquí —pidió, extendiendo sus brazos una vez más hacia él, puesto que estaba entre sus piernas, sentado y con el trasero de Xiao Zhan sobre su regazo en una posición algo incómoda. Le hizo caso a su amado y se tumbó sobre él en una sencilla y cómoda posición del misionero antes de comenzar a penetrarlo una y otra vez. Aprovechó la posición para devorar sus labios con ferviente pasión.
—Ah… Zhan Zhan, estás tan apretado ¡ah! —se quedó quieto al sentir que Xiao Zhan contraía su interior, apretándolo aún más, ciñendo su carne alrededor de su miembro.
Entonces Yibo se incorporó un poco con la ayuda de sus manos, tomó las rodillas de Xiao Zhan y las empujó hacia arriba. En todo momento observó la expresión de su amado, buscando algún indicio de que le molestara aquella posición, pero el aludido sólo sonrió de lado.
—Recuerda que soy bastante flexible —él mismo tomó sus piernas y las abrió lo suficiente hasta pegar las rodillas a su pecho.
—Wow… ¿No duele?
—No… ah —jadeó al sentir que gracias a la posición Yibo pudo profundizar la penetración.
—Si algo duele, dime —se inclinó sobre él y besó su frente. Un gesto demasiado tierno a pesar de las circunstancias. Xiao Zhan sólo le dedicó una tierna sonrisa antes de contraer su interior una vez más, pidiendo que continuara.
Yibo no se hizo esperar, salió casi por completo de su cuerpo sólo para introducirse nuevamente, abriéndose paso en su interior. Xiao Zhan se retorcía un poco, cerraba sus ojos y echaba su cabeza hacia atrás ante el placer experimentado.
El menor estaba de rodillas entre sus piernas, bombeando sin cansancio y apoyando todo su peso en ambas manos sobre las sábanas mientras Xiao Zhan mantenía las suyas en sus piernas, abriéndolas más y pegándolas más a su pecho. Tenía la costumbre de cerrar los ojos cuando la excitación sobrepasaba sus límites, no podía evitarlo, pero cuando decidió abrirlos descubrió la mirada fiera de Yibo, fija en él. Vio cómo sus labios se arquearon en una media sonrisa, sensual y tremendamente atractiva.
—Oh Dios —se llevó un brazo a los ojos, riendo.
—¿Qué pasa? —le quitó el brazo del rostro.
—¿Es posible excitarse con una sonrisa? —jadeó al final, pues Yibo lo penetró una vez más antes de detenerse y reír.
—Idiota —continuó bombeando en su interior.
—¡Ah! ¡Lo digo en serio! —lo miró al rostro, sonriendo victorioso al ver que logró sonrojarlo.
—No tientes tu suerte —masculló.
Sí, a Xiao Zhan se le olvidaba que estaba desnudo, a merced de Wang Yibo.
Se tragó sus palabras y miró a su escultural novio, desnudo, tan precioso, tan sexy, penetrándolo cada vez más fuerte, tanto, que su cuerpo poco a poco se iba recorriendo más hacia la alfombra, fuera de las sábanas.
—Yibo… ahh… oye…
Pero el menor no le hizo caso.
—¡Hyung! —exclamó.
—¿Qué? —se detuvo.
—Quiero ir arriba.
—No —fue determinante. Xiao Zhan rio, pero su risa se le acabó cuando Yibo lo penetró una vez más.
—No me refiero a ese "arriba". Sólo quiero estar arriba de ti… contigo… dentro de mí ¡ah! —jadeó—. ¡Hazme caso!
Yibo sonrió de lado, travieso. Entonces se inclinó hasta alcanzar su oído y susurró:
—No.
Xiao Zhan hizo un pequeño berrinche. Se había cansado de esa posición. La cama improvisada no era lo suficientemente gruesa y su espalda baja le estaba reclamando aquello, sin embargo, no era algo que quería decirle a su novio en pleno acto: "Cariño, debido a que soy un hombre mayor, mi espalda duele al estar en el piso. ¿Podemos ir a la cama?"
No, no podía hacer eso, además, estaba tan cómodo ahí en frente de la chimenea, rodeado de velas.
—Hyung… por favor —pidió de nuevo, teniendo la esperanza de que llamándolo así lograría algo, y sí lo hizo, pero no lo que quería.
—Te estás portando mal —mordió su cuello, causándole cosquillas. Él en verdad pensaba que era sólo un berrinche más, de esos que solía hacer durante el sexo en algunas ocasiones. Había descubierto que en el día a día podía ser muy maduro, pero a veces en la cama, en especial cuando le tocaba ir abajo, era tremendamente tierno y berrinchudo. Eso sólo excitaba más a Yibo.
—Yibo… en serio, mi espalda duele —tuvo que confesar, pues el pellizco en su espalda baja era cada vez más fuerte. El menor lo confirmó al ver que su erección había disminuido.
—Oh… ¡Lo siento! —se avergonzó mucho, salió de él y lo ayudó a incorporarse hasta quedar sentado. Inmediatamente sobó con cariño su espalda baja—. ¿Quieres que nos detengamos? Te puedo cargar hasta la cama.
—¡Adorable! —fue lo primero que pensó Xiao Zhan—. No, quedémonos aquí, continuemos —lo abrazó, apretándolo con fuerza contra su pecho, agradecido por su gentileza a pesar de la calentura del momento.
—Bien, entonces… —se tumbó bocarriba—…siéntate aquí —señaló su erección con ambas manos.
Xiao Zhan se echó a reír y accedió obedientemente. Yibo lo ayudó a mantener el equilibrio dándole apoyo con una mano mientras descansaba la otra en una de las caderas de su novio, éste tomó el miembro de Yibo y lo dirigió a su entrada, respiró profundamente, acomodó mejor el condón que se había desajustado y comenzó a introducirlo con lentitud.
Algo que Yibo adoraba con locura de esa posición, era ver los gestos que hacía su amado cada vez que lo penetraba desde cero. Hacía unas expresiones dignas de grabar. Su mandíbula se apretaba, su ceño se fruncía, y sus lindos dientes de conejo mordían con fuerza su labio inferior hasta dejarlo de un tono rojo sangre. Podía sentir también el agarre en su mano, era tan fuerte que sus nudillos se veían blancos.
—¿Está bien así? —inquirió Yibo al verlo ya sentado por completo sobre él.
Xiao Zhan asintió, respirando agitadamente. Hacer eso no era tarea fácil, incluso había comenzado a transpirar. Wang Yibo limpió con cariño el sudor de su frente.
—¿Quieres esperar un poco? —inquirió al ver que estaba tardando en acostumbrarse al tamaño.
El mayor jadeó y frunció más el ceño.
—¡¿Por qué lo tienes así?! —se quejó, casi parecía un puchero, pero no lo era.
—¿"Así"? ¿Cómo? —rio. Ya sabía a lo que se refería, sólo quería escucharlo decir eso.
—Así de grande —murmuró por lo bajo. El ego de Wang Yibo se elevó como espuma al aire.
Vio que Yibo estaba a punto de hacer uno de sus típicos comentarios sarcásticos, así que lo silenció moviendo sus caderas sin previo aviso. Le había dolido hacer eso tan de pronto, pero valió la pena al escuchar cómo su novio jadeo gravemente.
Comenzó a mover sus caderas de atrás hacia delante, las penetraciones eran cortas, pero eso bastaba para que ambos enloquecieran un poco.
Yibo no tardó en poner ambas manos sobre el trasero de Xiao Zhan, amasándolo a su antojo, dejando marcas como de costumbre. Fue entonces que azotó dos fuertes nalgadas.
—¡Wang Yibo!
—Ya sé, ya sé —rodó los ojos.
—¡No hagas eso!
—¿Te duele?
—No, pero… ¡Hey! —se quejó al sentir otro par de nalgadas—. Ayo… esas sí dolieron —se le escapó una lágrima traicionera. Sin embargo, no había dejado de moverse. Ahora no sólo movía sus caderas de atrás hacia delante, sino que combinaba ese movimiento con fuertes sentones sobre su entrepierna. Yibo cerró los ojos con fuerza debido al tremendo placer que estaba experimentando, los volvió a abrir sólo para ver cómo el miembro grueso de su amado le golpeaba el vientre repetidas veces cuando se impulsaba hacia arriba y hacia abajo. Era una escena bastante morbosa y plenamente excitante. Acompañando eso, el vello de su novio le causaba cosquillas en el vientre bajo. Sí, era toda una escena morbosa y placentera a la vez.
Recorrió con su mirada desde el miembro de Xiao Zhan, subió por ese caminito de vellos hasta su lindo ombligo, y siguió subiendo hasta toparse con esa preciosa expresión llena de placer doloroso.
Ambos sentían ya mucho calor, la chimenea a un lado no ayudaba mucho a detener la transpiración en sus cuerpos, pero eso poco les importaba en ese momento. A Yibo incluso le parecía sexy ver a su novio sobre él, moviéndose así, penetrándose a sí mismo mientras pequeñas gotas de sudor escurrían por su frente y su pecho. Era tan masculino, tan sensual.
Yibo siguió repartiendo nalgadas de vez en cuando, como respuesta, Xiao Zhan encajaba sus uñas en sus hombros, donde ahora se apoyaba para mantenerse ligeramente erguido. No pasó mucho antes de que se dejara caer sobre el pecho del menor, completamente exhausto.
Pero Wang Yibo quería más.
—¿Tú espalda está bien? —preguntó suavemente, cerciorándose de ello antes de comenzar algo que tenía en mente.
—Sí —jadeó, cansado sobre su hombro.
—De acuerdo —dio una vuelta, revolcando sus cuerpos hasta quedar en la posición inicial. Xiao Zhan hizo una ligera mueca de molestia, tanto por el ligero dolor en su espalda, como la sensación del miembro de Yibo saliendo de su interior.
El menor tomó una de las almohadas y la colocó debajo de la espalda baja de su novio.
—¿Mejor?
Xiao Zhan suspiró pesadamente, aliviado. Pero Yibo sólo esbozó una sonrisa ladina, bastante socarrona.
—Qué considerado —pronto se arrepentiría de esas palabras, pues apenas respondió, Yibo dirigió de nuevo su miembro a su entrada, enterrándose por completo y sin piedad dentro de él—. ¡Retiro lo dicho!
Yibo rio contra la piel de su cuello. A pesar de ello, Xiao Zhan no tardó en suplicar por más.
Se derritieron entre caricias, besos, mordidas y jadeos bastante sensuales. Xiao Zhan recorría con sus manos la piel que tenía al alcance, dedicando especial atención al lindo trasero de su novio, amaba amasarlo y acariciarlo sin descanso. Le encantaba acariciar su espalda, delineando sus músculos y arañando suavemente su piel.
No pasó mucho tiempo más antes de que Xiao Zhan se sintiera próximo a correrse, se lo hizo saber a su novio.
—Juntos —jadeó Yibo, él ya estaba cerca de su orgasmo también. No siempre les ocurría de esa forma, así que quería aprovecharlo. Llevó una mano al miembro de Xiao Zhan, notando lo húmedo y duro que estaba, prácticamente estaba goteando. Lo masturbó para que se corriera pronto, y mientras lo hacía, también lo embestía con más fuerza, más rápido.
Esta vez los dos alcanzaron su orgasmo juntos.
Xiao Zhan gritó su nombre con voz ronca, y entre jadeos y gemidos bastante lascivos, se dejaron venir.
—Oh Yibo… ¡Ah, Yibo! —cerró fuertemente sus ojos, aferrándose con ambos brazos al cuello de su amado. Podía sentir la pesada y agitada respiración de Yibo rebotando contra su cuello. Muy pronto sintió el peso muerto de Wang Yibo sobre él. No tardó en repartir tiernas caricias en toda su espalda.
—Tus gemidos… mierda… son tan…
—¿Molestos? —rio, recuperando un poco el aliento.
—Sexys.
Xiao Zhan rio más.
—Te amo.
Sí, por eso lo amaba, porque él estaba lleno de defectos que para Wang Yibo no eran más que simples maravillas.
—Te amo —respondió, aún sin salir del escondite en el cuello de Xiao Zhan—. Y amo que seas tan jodidamente ruidoso.
—Idiota —rio. Su garganta estaba áspera. Llevó sus manos a la nuca de Yibo y despeinó aún más sus cabellos. El aludido suspiró complacido.
—¿Cómo está tu espalda? —preguntó suavemente.
—Bien, lamento eso.
Yibo despegó su rostro del cuello de Zhan Zhan y lo miró con ternura.
—No te disculpes por eso —besó la punta de su nariz y se miraron mutuamente durante unos segundos antes de unir sus labios en un profundo beso.
La intensidad inicial había dado paso a un íntimo letargo que ambos disfrutaron mucho, repartiéndose tiernas caricias y besando sus bocas. Xiao Zhan adoraba delinear con la punta de su lengua los carnosos labios de su prometido, amaba esos labios suaves y hermosos. Justo ahora estaban más hinchados de lo normal, pues solía morderlo al final de cada beso, costumbre que adquirió gracias a que Wang Yibo hacía lo mismo en él. Así que sus labios estaban en la misma situación.
—Te amo —repitió Xiao Zhan, con su voz ya ronca por sus gemidos anteriores—. Te amo tanto, Zài Zài —pasó ambas manos por el desordenado cabello de su amado. Aún lo miraba como si fuera un sueño hecho realidad, imposible de creer.
Yibo esbozó una sonrisa amplia, sincera y refrescante. Quitó un mechón de cabello de la frente de su prometido, dejándola despejada por completo, amaba cómo se veía así. Sus ojos rasgados viajaban de un punto a otro en el rostro de Xiao Zhan, analizando bien su rostro antes de decirle lo que tenía planeado decirle.
—Te amo, oppa —dijo, con un tono demasiado tierno.
Entonces los ojos de Xiao Zhan se agrandaron aún más, su rostro adquirió un adorable tono rosado y su respiración se aceleró.
—Idiota —fue lo que respondió, azorado.
Yibo soltó una gran carcajada.
—¿Eso es lo que me vas a responder, oppa? Qué grosero.
—¿Sí sabes que eso sólo lo dicen las chicas?
—Obviamente lo sé —rodó los ojos—. Pero valió la pena con tal de ver tu reacción —rio besó sus labios al mismo tiempo que salía de su cuerpo. El jadeo que salió de los labios de Xiao Zhan murió ahogado en la boca de Yibo.
Yibo se separó unos momentos del cuerpo de su amado, se sentó dándole la espalda mientras se quitaba el condón, le hacía un nudo y lo dejaba a un lado, no tenía ganas de pararse a buscar un cesto de basura. Pero cuando se giró de nuevo hacia Xiao Zhan, por poco no logró contener una exclamación de ternura.
Se había quedado dormido. Lo supo al notar su respiración lenta y profunda. Sus lindos labios estaban ligeramente abiertos, dejando entrever un poco sus perfectos dientes. Era hermoso incluso así: despeinado y aún transpirando un poco debido al ejercicio recién practicado.
—¿Puedes ser más adorable? No lo creo —dijo en voz muy baja, aseando el vientre de su amado con cariño y dedicación. Cubrió su desnudez con una manta luego de haberle quitado la almohada de la espalda baja.
Se quedó meditando unos segundos. Lo ideal era subirlo en brazos hasta la recámara, pero… no creía ser capaz de lograrlo. Odiaba eso. Así que terminó yendo por más colchas gruesas, las acopló en la cama improvisada y arrastró a su novio sobre ellas. Se echó a reír entre dientes al ver lo profundo que era su sueño, tanto así que ni siquiera se despertó al ser arrastrado.
En fin, esperaba que eso bastara para que su espalda no doliera.
Apagó todas las velas y la chimenea. La única luz que alcanzaba a alumbrar ligeramente la sala, era la del comedor. Yibo sabía que su amado dormía bien sólo si todas las luces estaban apagadas, así que se armó de valor y fue a apagarla. Sin embargo, se largó del comedor corriendo como loco, desnudo, por toda la casa oscura hasta llegar a la sala y meterse bajo las mantas con su novio, abrazándolo. Odiaba la oscuridad, lo único que lo ayudaba a dormir sin luz, era estar aferrado a Xiao Zhan.
Que patético.
¿Qué haría si a sus futuros hijos les daba miedo la oscuridad? ¿Cómo les enseñaría a superar eso?
No, les enseñaría cómo correr más rápido luego de apagar la última luz.
Se rio ante eso tontos pensamientos que llegaban regularmente cuando no podía dormir.
A este paso, quizás serían sus propios hijos quienes le enseñarían a dejar de temerle a la oscuridad.
¿Y si ellos resultaban ser amantes de las películas de terror?
Definitivamente los daría en adopción.
Volvió a reír ante esas ideas locas. Eran ideas locas, pero lo hacían tremendamente feliz.
—¿Mhn? ¿Yibo? —inquirió al despertarse con su risa.
—Lo siento, vuelve a dormir —besó su mejilla y comenzó a arrullarlo como si de un bebé se tratase—. Shh… shh…
No tardó ni un minuto en caer rendido de nuevo ante el sueño.
Sin embargo, siguió con sus fantasías. No podía evitar pensar en… ¿Cómo serían sus hijos?
Él quería tener una niña, definitivamente quería una. Pero… ¿Y si sólo conseguían tener hijos?
Los amaría por igual, pero él quería tener a una pequeñita, de preferencia igual a su amado, con su carácter y su belleza. En especial con su carácter. No sería bueno que sus hijos heredaran el suyo.
El tiempo se le fue volando a Wang Yibo, imaginando esa vida a futuro de la que había estado hablando con su amado. Sería una vida hermosa, pero lo que ninguno de los dos se había atrevido a decir, a pesar de que estaban muy conscientes de ello, era el hecho de que conseguir esa vida sería imposible mientras vivieran en China. Tendrían que mudarse al extranjero para realizar sus sueños.
—Corea no es una mala idea. Estaría cerca de mi hermana, también de Sungjoo y Seungyoun. Además, Xiao Zhan sabe algo de coreano. Incluso nos podríamos casar ahí sin ningún problema. Hum… quizás debería proponerle esta idea —pensaba, emocionado mientras abrazaba a su durmiente esposo. El lugar estaba muy oscuro, pero sus ojos brillaban con intensidad debido a la emoción.
No podía dormir, su mente seguía trabajando al cien por ciento y su cuerpo estaba muy despierto también. Comenzó a acariciar el cuerpo de su amado bajo las sábanas, buscando conciliar el sueño con eso.
Vaya error.
La idea resultó contraproducente.
Wang Yibo se encontraba ahora con una erección cada vez más grande. ¿Cómo ocurrió? Simplemente manoseó a su novio, no fueron sólo caricias inocentes, no, había estado masturbándolo con suavidad. Xiao Zhan dejaba escapar suaves y adorables gemidos entre sueños, mientras que Yibo rogaba al cielo porque ya se despertara para pedirle permiso de hacerlo suyo una vez más. No se atrevería a hacerlo mientras él estuviese inconsciente.
Pero al ver que no despertaba, optó por el plan B.
—¿Yibo? —murmuró con voz ronca, excitado y sorprendido al sentir todo su peso sobre él, al percibir sus labios dejando un sendero de besos y saliva a lo largo de su cuello, pero aquello que más lo excitó, fue la mano de Yibo masturbándolo ágilmente, tomando su miembro y el de él en una mano.
—¿Puedo? —jadeó, aumentando la fricción entre sus miembros.
—Hazlo.
Ahí estaba, su aprobación.
—¿Te vas a quedar dormido?
—Demonios, no —ya estaba muy despierto. Tomó la nuca de Yibo y devoró sus labios.
Así dieron pie a una segunda ronda. El trasero de Xiao Zhan le cobraría factura en la mañana, también sus caderas, y quizás su espalda baja; pero valía la pena.
A la mañana siguiente fue Xiao Zhan el primero en abrir los ojos, molesto por recibir tanta luz directo en los ojos. ¿Yibo había olvidado cerrar las cortinas anoche?
Pero fue entonces cuando recordó dónde estaba y por qué. Sobre él estaba el candil de la sala, y la luz que le daba directamente era de las ventanas de su hogar.
Estaba tan cansado que volvió a cerrar los ojos, aún lo suficientemente adormilado como para no recordar todo lo que había pasado. O así fue hasta que sintió ese brazo posesivo anclado alrededor de su cintura, brazo que pegaba su espalda a un pecho firme. Lo curioso era que la mano de ese brazo le daba tiernas caricias en su estómago con los dedos.
—Buenos días, oppa.
Ese murmullo ronco contra su nuca le erizó la piel deliciosamente.
—Buenos días —respondió con pereza, estirando su adolorido cuerpo antes de girarse entre las mantas hasta quedar de frente a él. Al hacerlo, unos labios carnosos y deliciosos se sellaron sobre los suyos.
El calor bajo las mantas aumentó una vez más ante ese beso.
Yibo pareció recordar algo y se separó de inmediato del beso.
—¿Qué ocurre? —inquirió Xiao Zhan, aún con su voz algo pastosa.
—No me he lavado los dientes.
—Yo tampoco —rio.
—¿No tengo un terrible aliento? —se preocupó.
Xiao Zhan se encogió de hombros.
—El aliento normal que hay por la mañana.
—¿No te molesta?
—No, ¿y a ti? —preguntó, refiriéndose al suyo.
—Sólo cuando cenas comida muy condimentada.
Xiao Zhan se rio, pero agradeció su sinceridad.
—Anoche no cenamos —besó de nuevo sus labios.
El sabor de sus bocas ya era tan familiar entre ellos, también el olor de sus cuerpos cálidos por las mañanas, la sensación de su piel suave y tibia al estar aún bajo las mantas. Todo eso era un conjunto de cosas que ambos amaban compartir por el simple hecho de ser tan íntimo, ese nivel de intimidad no lo tenían con nadie más, y eso les gustaba.
—Tengo hambre —murmuró Wang Yibo, pero justo después un sonido fuerte y claro hizo que las mejillas de Xiao Zhan enrojecieran. Su estómago había rugido con fuerza.
—Yo también muero de hambre.
—Ya lo noté —rio y acarició su estómago.
¿Y cómo no iban a estar hambrientos? Wang Yibo había despertado a su amado dos veces durante la noche, calenturiento y duro entre sus piernas. La primera vez, Xiao Zhan se espabiló por completo e hicieron el amor una vez más, pero en la segunda ocasión…
—Hazlo —había murmurado Xiao Zhan al sentir a su amado de nuevo duro contra él. Pero a diferencia del último encuentro, esta vez se estaba quedando dormido de nuevo.
—Pero no te duermas.
—Amor… no puedo evitarlo.
—Así no puedo hacerlo.
Xiao Zhan frunció el ceño y chasqueó la lengua sin abrir los ojos.
—Tú hazlo, te estoy dando permiso —murmuró, apenas consciente—. Pero si me quedo dormido… no te enojes. Hazlo —insistió.
—Pero… Zhan Zhan…
El mayor no dijo más, se giró de costado, dándole la espalda a su novio y flexionó un poco las rodillas hacia su pecho.
—Te estoy dando mi consentimiento. Si no lo aprovechas… —bostezó y abrazó una almohada—…es tu problema, Wang Yibo.
El aludido tragó en seco.
No lo soportó más, tenía el trasero de Xiao Zhan pegado a su erección, ni siquiera tendría que prepararlo debido a sus recientes encuentros. Sólo era cuestión de deslizarlo entre sus nalgas y… ¡Plop! Sólo eso.
A pesar de su estado, Xiao Zhan fue bastante travieso e incitó a su novio restregándole el trasero.
No se diga más. Wang Yibo tomó el último condón de la caja, se lo puso rápidamente y lo hizo, lo penetró.
—Ah… —jadeó Xiao Zhan al sentir la repentina intromisión, sin embargo, seguía en ese limbo entre la realidad y el mundo de los sueños. Abrazó más la almohada entre sus brazos y suspiró el nombre de Yibo una y otra vez.
Yibo no aguantó mucho, fue un encuentro rápido que duró tanto o menos de lo que duraban sus "mañaneros" con Zhan Zhan en la cama o en la ducha.
Luego de unos minutos se corrió dentro de él, afortunadamente se había dado el tiempo de ponerse preservativo. Pero para su sorpresa… ¡Xiao Zhan estaba bastante duro!
Besó su hombro desnudo, pegó más su cuerpo al de él y comenzó a masturbarlo. Era lo menos que podía hacer. El mayor suspiraba entrecortadamente, de hecho, era bastante dulce escucharlo así. Yibo combinó la acción de su mano con tiernos besos y mordidas en el lóbulo de su oreja.
Xiao Zhan tampoco tardó mucho en correrse, en menor cantidad que antes y en menor tiempo. La verdad era que ambos ya estaban cansados.
Yibo lo aseó un poco y finalmente se tumbó a dormir, abrazándolo desde atrás.
Ahora, ambos yacían en la cama improvisada, con la luz del día dándoles plena y directamente. La luz del Sol rebotaba en las paredes blancas, incomodándoles más de lo habitual.
—Lo hicimos sólo dos veces, pero me siento tan cansado —murmuró Xiao Zhan, estirando sus músculos adoloridos.
Yibo parpadeó repetidas veces, confundido.
—Zhan Zhan, no. Lo hicimos tres veces.
El aludido alzó una ceja.
—Fueron dos.
—Fueron tres.
—Dos.
—¡Que fueron tres! —se rio—. Pero creo que estabas muy adormilado.
—¡¿Lo hiciste sin que me diera cuenta?!
—¡NO! Tú me diste permiso —se apresuró a aclarar—. Te giraste de costado y me dijiste: "Te estoy dando mi consentimiento. Si no lo aprovechas, es tu problema, Wang Yibo" —trató de imitarlo.
Xiao Zhan recordó todo, sí, tenía razón.
—¿Se supone que esa es mi voz? —se burló de su mala imitación.
—Sí —se acostó sobre él, aplastándolo.
Xiao Zhan rio y se quejó un poco, pues su adolorido cuerpo le reclamaba aquello.
—Sí pesas, quítate —lo empujó, pero Yibo se pegó más a él—. Ah… si no te quitas, yo…
—¿Qué vas a hacer? —lo retó, riendo de forma adorable ante los ojos de Xiao Zhan.
—Esto —tomó su rostro y lo pegó al suyo. Le restregó la barbilla y parte de su mejilla contra la de Yibo.
—¡Ah! ¡No! ¡Quítate, eso pica! —se quejó entre risas, pero para cuando Xiao Zhan lo dejó en paz, su piel ya estaba enrojecida por la aspereza de la barba incipiente de su novio—. Demonios, ¿por qué te crece tan rápido? —había un tinte de envidia en su voz.
En cambio, el rostro de Wang Yibo seguía tan suave como trasero de bebé a pesar de no haberse afeitado en dos días ya. Xiao Zhan sí que tenía envidia de eso, y lo demostró acariciando su barbilla y sus mejillas.
—Yo te prefiero así —suspiró—. Yo quisiera ser así, es tan molesto tener que afeitarse cada mañana. Y se dejo de hacerlo un par de días ya me veo como un vagabundo.
Wang Yibo se carcajeó.
—Un vagabundo muy alto y guapo —besó su mejilla—. Ve a afeitarte, yo haré el desayuno —se levantó del suelo y caminó sin vergüenza por su casa, completamente desnudo.
—¡Ponte algo de ropa!
—Luego —le sacó la lengua. Entonces Xiao Zhan tomó la primera prenda que encontró en el suelo y se la lanzó. Yibo la extendió y sonrió gustoso al comprobar que era la camisa blanca de vestir de su amado. No lo pensó dos veces antes de ponérsela. Las camisas de Xiao Zhan solían quedarle bastante grandes, pues su amado de por sí las usaba muy holgadas. Ésta en específico le llegaba hasta los muslos.
—Ponte tus calzones también —los señaló en el piso, junto a Yibo.
—No —sonrió desvergonzadamente y se fue a la cocina, pero regresó sobre sus pasos al escuchar un quejido de su amado—. Hey, ¿estás bien? —recordó el dolor de su espalda baja.
—Estoy bien.
La última vez que se había quejado sobre eso fue durante las grabaciones de "The Untamed", se había provocado una terrible lesión en las últimas vértebras lumbares, pero no había dejado que nadie se diera cuenta de ello, incluso había ido al hospital en secreto y estuvo ahí dos días. Nadie además de los directivos supo aquello. Xiao Zhan ni siquiera se había animado a hablarle sobre eso todavía.
Si Yibo se había dado cuenta, era porque había visto la expresión de su amado al momento de lastimarse con el arnés que se encargaba de alzarlo en sus escenas de acción. Fue culpa de ello que terminara con una lesión irreversible, pero él era tan profesional que había decidido mantenerlo en completo secreto.
Todo lo demás lo sabía gracias a que escuchó al director hablando sobre eso con los demás productores, preocupado por el bienestar de Xiao Zhan.
Y ahora estaba ahí frente a él, quejándose de dolor lumbar. Se sentía sumamente culpable.
—Estoy bien —repitió, aceptando la ayuda de su amado para ponerse de pie.
—Es tu espalda —no era una pregunta.
—Oh, no, no —se sonrojó.
—¿Entonces por qué te sonrojas?
—¡¿Quieres que te diga que me duele el trasero?! Sí, me duele el trasero —se quejó y se agachó con cuidado para recoger su ropa interior y ponérsela.
Yibo frunció el ceño, molesto, y no por cómo le respondió, eso no le importaba. Lo que le molestaba era que le ocultara la verdad.
Su enojo se le fue cuando sintió la mirada de Xiao Zhan recorriéndolo de pies a cabeza.
—Te ves bien así —sonrió de lado. Ahora fue él quien sonrojó a Yibo. Pero la vergüenza se le pasó muy pronto, pues acortó la distancia entre ambos y le apretó el trasero con las dos manos. El pobre de Xiao Zhan se quejó, también le dolían las nalgas después de tantas bofetadas.
—Lo siento —besó su hombro desnudo—. Pero tú también te ves muy bien así —a pesar de lo que dijo, se agachó y recogió su camisa para ponérsela sobre los hombros—. ¿Quieres cereal con leche? —recogió su propia ropa interior y obedeció a Xiao Zhan, poniéndosela.
El aludido sonrió de lado y asintió.
—Te daré mis malvaviscos —susurró sobre sus labios, tratándolo con mucho cariño y cuidado.
—Por eso te amo —rio antes de besarlo.
—Descansa aquí —acarició sus brazos de arriba abajo. Xiao Zhan alzó una ceja, Yibo estaba siendo más protector de lo normal.
—Está bien, quiero subir al baño y… quiero recostarme un rato —se notaba el malestar en su rostro por más que intentara ocultarlo.
—Bien, te llevaré el desayuno a la cama —tomó sus manos y las besó con cariño.
—No me malentiendas, me encanta esto, pero… ¿Por qué te ves tan preocupado? —alzó ambas cejas.
—Estás alucinando —se dio media vuelta y fue a la cocina.
Momentos después Yibo subió con dos grandes tazones de cereal con leche y con una compresa caliente colgando en vilo sobre su brazo. Haciendo uso de su buen equilibrio, llegó a la habitación sin derramar ni una gota de leche. Se preocupó al ver a su amado acostado de lado, abrazando sus piernas.
—Zhan Zhan —murmuró en un tono muy bajo, pues estaba dormido. Dejó los dos tazones sobre el buró de su amado y se sentó en la orilla de la cama para levantar las sábanas y poner la compresa caliente contra su espalda baja. La metió un poco por debajo del borde de la ropa interior para que el elástico la retuviera ahí.
Al sentir el calor, el mayor despertó y giró su rostro hacia atrás, encontrándose con la expresión preocupada de su amado.
—Es una compresa caliente —explicó—. Te ayudará con el dolor.
Completamente sin palabras, los ojos de Xiao Zhan se volvieron acuosos. Nunca, nadie se daba cuenta de esos momentos que atravesaba de vez en cuando, de los días en los que esa vieja lesión decidía joderlo. Él lograba ocultar muy bien su dolor, excepto de Wang Yibo, era el primero en darse cuenta de ello.
—¿Qué pasa? —limpió sus lágrimas con el pulgar—. ¿Duele mucho? ¿Quieres que te lleve con el médico?
Eso sólo logró ponerlo más sensible. Negó con la cabeza, llorando en silencio. Yibo no tuvo otra opción más que meterse a la cama de su lado y atraerlo con cuidado a un abrazo. Deslizó una mano por su espalda baja y presionó ligeramente esa compresa contra su piel para que el efecto fuera mayor.
—Sé lo que te pasó en el set de filmación —dijo de pronto, con un tono conciliador—. Sé que ese par de días en los que estuviste ausente no se debieron a una sesión de fotos —murmuró, con su mentón apoyado sobre su cabeza.
Xiao Zhan sacó su rostro del abrazo cálido y lo miró a los ojos con asombro.
—Pero… se supone que nadie más sabía. Los productores y el director…
—No fue intencional. Me enteré porque me habían llamado a su oficina, y no se dieron cuenta de que mientras los esperaba había alcanzado a escuchar todo.
El mayor apretó la mandíbula.
—No quería que nadie se enterara.
—¿Por qué?
—No es bueno para mi carrera.
—¿Crees que profesionalmente te voy a valorar menos sabiendo esto? Estás loco.
—En tu caso… no, no es eso. No quería verte preocupado, no me gusta ver ese sentimiento en tus ojos. Yo soy quien quiere cuidarte, no que tú me cuides.
—Déjame hacerlo. No siempre tienes que ser el fuerte, aquí estoy para que te apoyes en mí —fue directo y sincero—. A veces parece que se te olvida —lo regañó.
Xiao Zhan rio un poco entre lágrimas, limpiándoselas torpemente con la mano.
—Entonces siempre lo supiste.
—Sí, pero no lo recordaba, hasta anoche. Nunca había visto que te molestara la espalda.
—La última vez que ocurrió fue cuando estuvimos separados dos meses.
—¿Cuándo viajaste para grabar la serie?
Xiao Zhan asintió.
—Ahora que lo recuerdo, hubo un par de noches en las que no quisiste hacer videochat.
El mayor bajó la mirada.
—¿Qué pasó en esos días?
—Estuve en el hospital —murmuró muy apenas.
Wang Yibo iba regañarlo, estaba enojado por el hecho de que no le dijera. Sin embargo, lo entendía a la perfección, él también le había ocultado su enfermedad por temor a verse vulnerable ante él.
Xiao Zhan parecía esperar el regaño, pero al ver que nunca llegó, alzó la mirada y se topó con los ojos llorosos de su novio. No podía creerlo. Iba a decir algo, pero Yibo lo apretó más entre sus brazos y escondió el rostro de él, apoyando de nuevo la barbilla sobre el cabello escuro de Xiao Zhan.
—Demonios, Zhan Zhan. Entiendo por qué lo hiciste, no te recrimino el hecho de que no me dijeras nada, pero… mierda, anoche te lastimé.
El mayor suspiró y lo rodeó suavemente con un brazo.
—No fue tu culpa, es una vieja y tonta lesión. Estaré bien muy pronto. ¡Y no quiero que te pongas raro respecto a esto! No vamos a dejar de tener sexo —amenazó.
Yibo rio y lo miró al rostro luego de haber controlado su llanto.
—Bien, bien. Tú eres el que sabe cómo manejar esto —aceptó—. Sólo dime una cosa.
—¿Qué?
—¿Hay algo más que deba saber?
Xiao Zhan negó con la cabeza.
—¿Algún gemelo maligno del que no me hayas hablado?
El mayor rio ampliamente, lo había tomado tan desprevenido que incluso ese chiste malo lo hizo reír así.
—No lo sé, tendré que preguntarle a mis padres.
—Tonto.
—Tonto tú —besó la frente de Yibo con cariño—. Discúlpame por haberme puesto tan…
—¿Llorón?
—Sí —le frunció el ceño, haciéndolo reír un poco y contagiándose de su risa. Pero el pobre terminó quejándose al intentar moverse un poco.
—El dolor es serio —murmuró, no era una pregunta, lo veía en su expresión.
Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza.
—Tengo medicamento para eso, aunque no sé si aún sirva, lo compré hace mucho.
—¿Dónde está?
—En el vestidor. En el cajón de mis calcetines.
—¿Por qué lo guardas ahí?
—No quería que te lo encontraras por casualidad en el botiquín.
—Zhan Zhan, sólo los adictos hacen eso. Que predecible: el cajón de tus calcetines.
—Ya, idiota —se quejó, pero terminó riendo—. De todas formas… creo que ya caducó.
—Iré a conseguirte más de ser así.
El corazón de Xiao Zhan se contrajo por el sentimiento que lo invadió. Un nudo se formó en su garganta
Yibo fue y buscó donde en el cajón.
—Ya está caduco —le dijo desde el vestidor—. Iré a conseguirlo a la farmacia.
—No sirve de nada —dijo en voz alta para que lo escuchara—. Es un medicamento controlado, necesito receta. Tendré que ir a…
—Aquí hay una receta —salió del vestidor con ella en mano. Se la mostró a Xiao Zhan y éste suspiró aliviado.
—Esta servirá.
—Zhan Zhan, yo no sé de medicamentos, pero sí conozco uno de los componentes —estaba algo asustado. Sabía que era un fuerte somnífero.
El aludido suspiró con resignación.
—¿Es por eso que no querías tomar tus pastillas para dormir?
El otro asintió. Y es que nunca había reaccionado muy bien a esas cosas. Le provocaban un sueño tan terrible que nada lo hacía espabilarse.
Yibo comenzó a vestirse con prisa para ir a la farmacia más cercana.
—No, espera —se dio cuenta del gran fallo en su plan—. No puedes ir así nada más, te reconocerán.
—Es sábado por la mañana, mucha gente aún está dormida —su lógica tenía muchos fallos.
—Ve en el auto —esa lógica tenía un fallo mayor—. Demonios —masculló al darse cuenta.
—Iré en mi moto.
—¡No!
—Me pondré un casco cualquiera, no me reconocerán, lo prometo.
Aunque se lo prometiera, tenía miedo, no quería dejarlo ir solo.
—Déjame acompañarte y vamos en el auto.
—Estás loco —terminó de vestirse, se puso un hoodie negro y se acomodó la gorra de éste sobre la cabeza. Tomó unos lentes oscuros de su novio y el cubrebocas negro que solía usar—. No tardaré mucho, ¿de acuerdo? —se inclinó sobre él en la cama y besó sus labios.
Xiao Zhan no parecía convencido, tenía un mal presentimiento.
—No vayas —pidió al fin—, quédate conmigo.
—No te vas a quedar sufriendo todo el día —aseguró—. Volveré pronto, come tu cereal antes de que se haga aguado. Ven, te ayudo a sentarte.
—Comeré cuando vuelvas —rechazó la ayuda para levantarse.
Wang Yibo suspiró.
—Xiao Zhan, a veces eres tan necio como un niño.
Esta vez el aludido no se rio, pero tampoco se enojó. Sólo seguía angustiado.
—Bien, si no quieres comer, quédate así y espera que vuelva —una vez más se agachó para besarlo, dejando a su amado solo con Nut, quien se subió a la cama y se recargó contra la compresa caliente—. Buena chica, mantenlo ahí hasta que regrese —la acarició y salió casi corriendo de su hogar.
El mal presentimiento no se fue de Xiao Zhan. Pasaron los minutos y Wang Yibo no volvía. Había ido en su moto y la farmacia estaba muy cerca, así que no debía tardar más de quince minutos.
Los nervios comenzaron a carcomerlo cuando había pasado ya media hora y él no regresaba. Decidió llamarlo, pero no tenía su celular a la mano. Lo había dejado en la sala.
Impulsado por ese mal presentimiento, decidió ir por su teléfono. Pero la simple tarea de levantarse de la cama fue todo un martirio. Odiaba ese dolor, porque empezaba siendo leve e iba aumentando cada vez más, no se detenía sino hasta que ingería su medicamento y dormía un par de días.
Con el dolor a flor de piel, se levantó de la cama y logró bajar las escaleras una a una hasta llegar a la sala. Su querida hija podía sentir que se encontraba mal, lo siguió de cerca, caminando con él cada escalón, esperándolo en las pausas que hacía, y maullando cuando la molestia era tal que lo obligaba a externarlo con un jadeo doloroso.
Cuando al fin llegó a la sala, vio su teléfono tirado bajo un sillón. No tenía la suficiente fuerza de voluntad como para aguantar eso, así que sólo tomó el teléfono de su departamento que estaba sobre una de las mesitas de los rincones y marcó el número de Yibo. Afortunadamente se lo sabía de memoria.
El característico tono que Yibo tenía asignado para el teléfono de casa y el de él, sonó afuera de la puerta principal, la cual se abrió en ese mismo instante, dejando ver a un Yibo cargado de bolsas, sin poder tomar su celular.
—Zhan Zhan —se asombró al verlo sentado en la sala.
—¡Yibo! Gracias al cielo… —se levantó con brusquedad del sillón, queriendo ir hacia él al ver que su mal presentimiento no se hizo realidad, pero no dio ni un paso antes de que todo a su alrededor se volviese oscuro. Había sentido un agudo y pulsátil dolor tan fuerte que simplemente su sistema no lo soportó y perdió la consciencia. Lo último que vio fue a Yibo soltando las bolsas que traía consigo.
Cuando recuperó la conciencia, estaba de nuevo en su cama, recostado bocarriba con una almohada bajo sus rodillas y otra bajo su espalda baja, ésta última acompañada de una compresa caliente.
—Despertaste —una voz cargada de alivio se escuchó muy distante a pesar de que tenía al dueño de ésta a un lado—. Ten, toma esto —le puso la píldora en sus labios y le acercó un vaso con agua. Xiao Zhan aún estaba algo aturdido, pero obedeció.
Habiendo tomado la medicina, Wang Yibo procedió al regaño.
—¿Qué demonios hacías fuera de la cama?
—Estás bien… —suspiró con un inmenso alivio.
—¡Claro que estoy bien! ¿Qué podría haberme sucedido? —se exasperó, y es que el miedo terrible de verlo desmayarse ante él había sido tan que sintió cómo su sangre se le iba hasta los pies.
—Tenía un mal presentimiento —lo miró fijamente—. No lo sé, yo… lo sentía en mi pecho. Temí que algo pudiera sucederte, y como tardaste tanto…
—Tuve que buscar el medicamento en otra farmacia porque no lo tenían en la primera. Después fui a comprar el almuerzo para los dos —suspiró—. Te mandé mensajes para avisarte.
—Dejé mi teléfono en la sala, por eso bajé —frunció el ceño.
Todo enojo desapareció de Yibo. Su amado sólo estaba preocupado por él, así como lo estaba él en esos momentos.
—Lo importante es que ambos estamos aquí y ya tomaste tu medicamento. Ahora deberías almorzar.
Xiao Zhan negó.
—No tengo apetito.
—Pero te morías de hambre en la mañana.
—Ya no.
—Come aunque sea un poco —le mostro el delicioso congee que había conseguido para él, tomó una porción con la cuchara y la acercó a su boca. Xiao Zhan no pudo negarse.
En realidad se sintió mucho mejor al ingerir alimento. Un día antes sólo había tenido tiempo de almorzar antes del mediodía, y al llegar a casa no cenó porque… bueno, tuvo cosas más importantes qué hacer.
—Está bueno —tomó el plato y la cuchara. Yibo hizo un lindo puchero—. ¿Qué pasa?
—Yo quería darte de comer en la boca.
—Tonto —a pesar de su condición, terminó riendo.
A pesar de que ya no sentía tanto apetito, Yibo también tomó su comida y acompañó a su amado.
—Tú… —dijo de pronto Xiao Zhan, dándose cuenta de algo—…¿me cargaste en brazos hasta acá? —se asombró.
—No me preguntes cómo lo hice, que ni siquiera yo sé.
Sí sabía, había sido la adrenalina del momento la que lo hizo capaz de ello.
—Aunque no sabía si llamar a una ambulancia —dijo muy en serio, se veía angustiado—. De hecho… ¿No quieres que te lleve al médico?
Xiao Zhan se negó rotundamente.
—Lo único que harán será sedarme y dejarme internado un par de días, siempre es lo mismo —se encogió de hombros.
—¿Estás seguro?
—Muy seguro —respondió, solemne. Wang Yibo le creyó, estaba siendo sincero—. Por cierto… pareces muy capacitado para esto —señaló las almohadas debajo de él y la compresa caliente.
Yibo dio un sorbo a su té helado y procedió a explicar.
—Mi padre tiene lo mismo. Desde pequeño vi cómo mi madre lo cuidaba cuando llegaba a sentir molestias en su espalda —dijo con naturalidad.
—Vaya…
—Parece que me entrenaron para cuidarte —presumió, haciendo que Xiao Zhan sólo rodara los ojos—. ¿Creíste que nunca me daría cuenta?
—Sinceramente… sí, esperaba que eso sucediera.
—Idiota, pero claro que me daría cuenta.
—Lo notaste de inmediato.
—Te conozco más de lo que imaginas, Xiao Zhan —acarició su mejilla.
—Yibo… —hizo una mueca extraña.
—¿Qué ocurre?
—El mal presentimiento no se va.
El menor comenzó a preocuparse.
—¿Ya te había sucedido antes?
—Sí, antes de que mi abuelo muriera.
Demonios. Era cosa seria.
—Siento una presión extraña en mi pecho, y al poco tiempo una muy mala noticia llega. Quizás debería llamar a mis padres.
—Hablé con tu mamá hace rato.
—¿Le dijiste que yo…? —fue interrumpido.
—No. Ella me llamó para contarme que tu papá ya envió por correo el póster que me prometió —sonrió de lado.
Xiao Zhan rio, pero estaba aliviado.
—Ellos están bien —continuó—. Así que no te preocupes más y descansa —le dijo al notar que los ojos se le cerraban.
—Odio esta medicina.
—¿Te causa más sueño que el medicamento para dormir?
Xiao Zhan sólo asintió, con sus ojos cerrados.
—Yibo…
—Dime.
—No te asustes si yo… si yo duermo hasta mañana.
—Está bien —tomó su mano con firmeza—. Te despertaré para que tomes el medicamento. Yo cuidaré de ti, no tienes que preocuparte por nada más, llamaré a Na Ying Jie y le diré que necesitas descansar el lunes, yo haré lo mismo con Wen Pei.
Y así, una a una fue resolviendo las preocupaciones de Xiao Zhan.
—Gracias —murmuró antes de caer en ese profundo y obligado sueño. Una pequeña lágrima rodó desde sus párpados cerrados hasta su barbilla. Yibo la limpió con mucho cariño antes de suspirar pesadamente.
Sabía con certeza que su amado no quería que nadie más supiera sobre eso, así que ni siquiera sugirió la opción de decirles a sus padres sobre eso.
A partir de ahí se la pasó cuidando a su amado. Xiao Zhan no se dio cuenta, pero cuando Yibo no estaba cambiando su compresa caliente o acomodando sus almohadas, se la pasaba acostado a su lado, sosteniendo la mano que descansaba sobre su estómago. Estaba ahí, velando su recuperación y rogando al cielo que ese malestar pasara.
Se sentía tan culpable… si bien se trataba de una vieja lesión, no podía evitar sentir que había desencadenado ese episodio.
Y tal como había dicho Xiao Zhan, se había quedado dormido durante todo el fin de semana. Sólo despertaba para tomar de nuevo su medicamento y volver a dormir. Yibo trató de despertarlo para que comiera algo, pero el pobre se quedaba dormido antes de lograr dar un mordisco a su comida.
El domingo en la tarde Wang Yibo supo que su prometido se encontraba mucho mejor al ver que se giró entre las sábanas para cambiar de posición, incluso había comenzado a roncar un poco. Eso lo hizo sonreír como idiota, había extrañado sus ronquidos.
Supuso que despertaría pronto, pues las dosis del medicamento ya se habían completado.
—Hola, extraño —murmuró con una felicidad difícil de esconder al verlo abrir los ojos de par en par.
Xiao Zhan sonrió, adormilado, antes de estirarse con facilidad y sin dolor.
—Hola, amor —se talló los ojos y enfocó mejor su mirada sólo para encontrárselo con ojeras. Iba a decirle algo al respecto, pero Yibo lo apresó en un fuerte abrazo.
—Qué bueno que despertaste —suspiró, aliviado—. ¿Cómo te sientes? —se separó del abrazo para verlo mejor.
—Muy bien —sonrió, se veía perezoso—. Ya no me duele —se removió en la cama—. Bueno, sólo un poco —admitió—. Pero es muy mínimo —admitió.
—Hey, tranquilo —le dijo al ver que intentaba incorporarse como si no hubiese estado dormid tanto tiempo.
—¿Cuánto dormí?
—Es lunes por la mañana… —dijo, dando tranquilidad al otro—…del 2021.
—¡¿QUÉ?!
Yibo soltó una fuerte carcajada al ver su expresión.
—¡Es broma, es broma!
—Que idiota.
—Ah Zhan Zhan, te extrañé tanto —lo abrazó de nuevo.
—Pero si sólo dormí poco más de un día.
—Dos días —corrigió.
—Bueno, dos.
—¡Fueron dos días sin ti! —dramatizó. Aunque la verdad era que había estado muy preocupado.
Xiao Zhan lo rodeó más fuerte entre sus brazos.
—Lamento haberte preocupado —acarició su espalda y su cabello—. Gracias por cuidar tan bien de mí. ¿Yibo? —inquirió al sentir que se aferraba más fuerte a él, rehusándose a sacar el rostro del hueco entre su hombro y cuello. Entonces comenzó a sentir cierta humedad en su cuello—. Oh… Bo Di. Lo siento, lo siento tanto. No quería preocuparte así.
—No…—se sorbió la nariz—…está bien. Sólo estoy feliz y… aliviado —suspiró y al fin se separó de él.
—No dormiste mucho en estos días —pasó sus pulgares por las ojeras—. Ven, ¿quieres dormir un rato?
Yibo negó y se limpió las lágrimas.
—Preparé el almuerzo, ¿tienes hambre?
—Ahora que lo mencionas… sí.
—¡Vuelvo en un momento! —corrió escaleras abajo, sirvió dos platos de su obra maestra y subió.
—¡Esto se ve muy bien!
Eran huevos revueltos con pan tostado y jugo de naranja.
Yibo se comportó a la altura de la situación, fue un novio ejemplar, cuidó de su prometido como lo haría cualquier esposo.
Desayunaron en la cama, haciéndose compañía. Después Xiao Zhan dejó que su amado durmiera abrazado a él, pues se veía tremendamente cansado. Por primera vez desde el viernes, Wang Yibo logró conciliar el sueño como era debido.
Xiao Zhan ya no pudo dormir más, se quedó velando el sueño de su prometido, y mientras lo hacía se pasó una mano por el mentón. Se espantó, su barba había crecido bastante. ¿Y cómo no? No se había afeitado desde el viernes en la mañana. Lo gracioso era que Yibo no le había hecho ninguna broma al respecto.
—Pobre de ti —pensó, acariciándolo con amor luego de pensar en toda la angustia por la que pasó.
Pasaron sólo unos momentos antes de que Xiao Zhan sintiera una tremenda urgencia de ir al baño. Sólo acomodó a Yibo sobre el colchón y se levantó con algo de prisa, no sin sentirse mareado y débil al principio. Sus piernas temblaron un poco por la falta de movimiento, pero eso no le impidió llegar al baño antes de que sus necesidades le ganaran.
Hizo sus necesidades básicas, incluso se duchó, cansándose tremendamente al hacerlo. Se enredó una toalla en las caderas y se miró al espejo, apoyado en la superficie de mármol de su tocador. Parecía otra persona con esa barba y bigote.
—Zhan Zhan —una suave voz provino de la entrada al baño.
—Aquí estoy.
—¿Estás bien?
—Sí, sólo tomé un baño.
—¿Puedo pasar? —se asomó sutilmente.
Xiao Zhan rio.
—¿Desde cuándo me pides permiso para eso?
El aludido entró y lo miró de frente.
—Wow… sí pareces otra persona.
—Justamente eso pensaba.
—¿Vas a deshacerte de ella? —inquirió al verlo con su afeitadora en mano.
—Sí, ¿por qué?
—Si quieres podrías dejártela un día más —desvió la mirada.
Xiao Zhan volvió a reír.
—Creí que no te gustaba con barba.
Las mejillas de Yibo se pusieron tremendamente rojas.
—Bueno, haz lo que quieras —rodó los ojos y salió del baño.
Xiao Zhan le hizo caso, guardó la afeitadora y se miró una vez más al espejo. Rio de nuevo y negó con la cabeza. No le gustaba cómo se veía, pero si a Yibo sí le agradaba…. Le daría gusto en esa ocasión. También lo hacía porque no creía aguantar mucho tiempo más de pie. En todo momento se había sostenido del mármol.
Salió del baño y descubrió a Yibo esperándolo en el pasillo.
—¿Estás bien? —se acercó a él y se pasó un brazo de Xiao Zhan por los hombros para darle apoyo.
—Sí —suspiró—. Sólo algo débil, gracias.
Ya en la recámara, Yibo fue a buscar la ropa por él, e incluso lo ayudó a vestirse a pesar de que Xiao Zhan le decía que no era necesario. Pero éste notaba algo extraño en su novio, casi no lo miraba a los ojos, y cuando lo hacía, se sonrojaba. Eso ni siquiera sucedió al inicio de su relación de pareja.
—Estás muy raro, dime ya qué pasa.
—Nada —frunció el ceño y desvió la mirada.
—¿Por qué no me miras a los ojos?
—Sí te miro a los ojos —lo hizo, y se sonrojó.
—¡Te estás sonrojando! —lo apuntó con un dedo.
Frustrado, Yibo se pasó las manos por el cabello. Tenía que decirlo, o su novio no desistiría hasta sacarle la verdad.
—¿Qué? No me digas que acabas de descubrir que te gustan los chicos con barba —se burló, pero silenció al ver que tragaba en seco, su manzana de Adán lo delató terriblemente junto con su sonrojo—. ¡¿Es en serio?! —exclamó.
—Ay, ya. Estás muy ruidoso para haberte levantado tan sólo hace unos momentos—se cruzó de brazos y miró en dirección opuesta a él.
—Qué tierno. No tengo ningún problema con verte sonrojado, te ves hermoso, pero… ¿no me vas a mirar a los ojos? Si va a ser así, iré a quitarme esto ahora mismo.
—No. No es necesario —suspiró—. Quédate así —lo miró, sonrojándose muy poco. Se estaba controlando—. ¡Ah! Estúpido, ¿por qué te ves tan bien?
Xiao Zhan se echó a reír.
—¿Por qué me insultas? —siguió riendo—. ¿Qué haces? —inquirió al verlo tomar una almohada, dejarla en la cama y luego tomar otra.
—Estoy viendo cuál me servirá para asfixiarte.
—¡Wang Yibo! —siguió riendo, esa risa fue música para los oídos de Yibo—. Ya… no estés así de raro conmigo.
La verdad es que Yibo sabía que su amado era muy velludo, y ya lo había visto con barba incipiente en más de una ocasión, pero jamás lo había visto así. Eran pocos los Chinos a los que había visto que tuvieran una barba abundante como su novio. Por lo regular los de su país solían tener muy poco vello facial, si no es que nulo, como él.
Y tampoco es como si no hubiese visto a su amado con barba antes de que recuperara la conciencia, pero es que verlo despierto, hablándole y mirándolo así. Eso lo superaba.
Yibo se acostó junto a su novio, éste lo arrastró hacia su pecho, sabía que dormía mejor así, y dejó que tomara una siesta. La necesitaba. Xiao Zhan comenzó a dormitar también. Ese día lo pasaron encerrados en su habitación, descansando y preparándose para el siguiente día.
Ya en la noche, los miraban una película acostados en la cama, se la habían pasado comiendo toda la tarde y ahora sentían una gran pereza. Sin embargo, a pesar de que era tarde no lograban conciliar el sueño.
Estaban en medio de su película cuando de pronto su teléfono y el de Yibo comenzaron a sonar insistentemente.
Ambos vieron que eran sus managers. Respondieron las llamadas de inmediato, pero se desconcertaron mucho al escucharlos tan agitados.
—¡Wang Yibo! ¡¿Qué demonios hacen?! ¿No han visto internet en todo el día?
—Espera… ¿qué te pasa? —espetó al escucharlo tan alterado y enojado.
—Revisa las tendencias en Weibo, Twitter, en cualquier red social. Esto es muy serio, las imágenes han estado circulando desde la mañana, todo el mundo está hablando de esto.
—¿De qué imágenes estás hablando?
—Mañana los queremos a ti y a Xiao Zhan a primera hora en la oficina principal de la agencia.
—Wen Pei… tranquilízate y dime qué demonios está pasando —sólo escuchó la respiración pesada y agitada de su manager y amigo.
—Los exhibieron, Yibo. Tú y Xiao Zhan han sido expuestos a todo el mundo. Revisa tus redes, trata de guardar la calma, aunque yo aún no puedo —soltó una risa llena de ironía—. Y vengan a primera hora a la agencia. Nos vemos mañana —colgó la llamada.
Yibo estaba desconcertado, miró a su amado, éste ya había terminado su llamada con Na Ying Jie y parecía muy consternado mirando su teléfono. Se asustó cuando sus manos comenzaron a temblar.
Inmediatamente se asomó a ver lo que su amado observaba con tanto espanto, y ahí la sangre se le fue a los pies.
Wen Pei tenía razón.
Todo el mundo sabía ya sobre su relación. ¿Cómo pasó? No tenían ni puta idea.
Continuará…
¡Hola, personitas!
Esta era la sorpresa que les mencioné en las notas del capítulo anterior: ¡Premio doble!
Realmente todo este capítulo lo escribí de tirón desde la mañana jajaja lo voy terminando, así que es probable que encuentren muchos errores porque no lo he editado. Les agradecería si me los hacen saber. Pero no podía quedarme con las ganas de publicarlo hoy mismo jajaja espero que les haya gustado. Y ahora sí, se nos viene el dramón!
¿Qué les pareció el delicioso? ¿Llenó sus expectativas?
¿Pensaron que el drama sería respecto a Xiao Zhan y su espalda? No señor! Aunque desde hace tiempo había decidido agregarlo porque en parte es verdad, tuvo problemas con su espalda durante la filmación de TU, debido a las repeticiones que tuvo que hacer cuando grababan la caía de Wei Ying hacia el precipicio. Xiao Zhan estuvo durante horas pendiendo de un incómodo arnés, en una incómoda posición que comprometió su espalda baja y lo dejó con ese achaque. Obviamente yo exageré los hechos para darle sabor a la historia, así que no se preocupen ¿ok?
Ahora… ¿qué fotos creen que se han hecho públicas? JAJAAJJAAJA recuerden que todo puede pasar!
En fin. Mil gracias por continuar leyendo esta historia. ¡Las quiero un montón!
Me voy, porque ya no siento los dedos (literalmente).
06/09/2020
11:40 p.m.
