Capítulo 69 "Cumpleaños de Xiao Zhan"

—Yibo —parpadeó confundido—. No… —se ajustó los anteojos, preguntándose si necesitaba un ajuste en su graduación—. ¿Fei Fei?

La aludida se echó a reír y asintió.

—Sé que Yibo y yo nos parecemos, pero… ¿En serio pensaste que era él?

Xiao Zhan solo la miró, asombrado, ¡pero claro que la había confundido! Eran idénticos, la única diferencia era que ella era más femenina, un poco más baja y con el cabello ligeramente más largo. Incluso tenía un corte de cabello bastante parecido al que usaba Yibo antes de cortárselo

—¿Puedo pasar? ¿Estás ocupado con alguien más? —se asomó al interior de su casa, Xiao Zhan solo seguía mirándola, en verdad era como ver a su amado en versión mujer, era muy linda. Se veía algo hiperactiva, igual a Yibo luego de comer bastante azúcar.

—Eh… adelante —le dio el paso. Mientras tanto, ella no dejaba de mirarlo a él y a su alrededor. ¡Que envidia le tenía a su primo! —. ¿Deseas algo de tomar o de comer?

—Eres tan amable —le brillaron los ojos, la sonrisa tonta no desaparecía de su rostro—. Pero estoy bien así, gracias.

Xiao Zhan se sentía nervioso, tenía a un familiar muy importante de Yibo visitándolo y solo temía hacer algo inapropiado. ¿Y si ella lo rechazaba como hizo el señor Wang?

—¿En qué te puedo servir? —la invitó a sentarse en la sala.

—Vengo de parte de mi hermano. Él te mandó esto —le entregó una carta.

El corazón de Xiao Zhan comenzó a latir con más fuerza. ¡Una carta! ¡Una carta de verdad, en físico!

Con manos ansiosas la tomó y sintió el grosor del sobre, parecía ser una carta extensa. Se moría por abrirla y leerla.

—Fei Fei… —murmuró sin dejar de mirar el sobre—. ¿Te puedo llamar así? —la miró a los ojos y ahora fue el turno de ella para sentir que se le salía el corazón.

—Sí, claro que sí.

—Dime, ¿cómo está él?

La aludida soltó un suspiro largo mientras sonreía de lado.

—Extrañándote cada segundo del día.

Esa verdad le cayó con peso sobre los hombros, él también lo extrañaba.

—Y por tu expresión puedo notar que te pasa lo mismo.

Xiao Zhan asintió, aún sostenía la carta entre sus manos como si tuviera un tesoro en vez de un montón de papeles.

—No es justo lo que les están obligando a hacer —dijo ella de pronto—. Xiao Zhan, sé que aún no nos conocemos, pero Yibo me ha hablado tanto de ti que siento que ya lo hago. De hecho, no solo él, la tía Wang habla mucho de ti también. Eres muy amado por ambos. Y yo… bueno, soy tu fan desde hace bastantes años.

Xiao Zhan soltó una pequeña risa, lo había tomado por sorpresa con ese comentario.

—¿En serio?

—¡En serio! Te conocí antes que mi primo, de hecho, yo comencé a molestarlo mandándole videos y canciones de XNINE cuando el grupo apenas se formó.

Él abrió mucho los ojos. Ella había tenido parte de la culpa de que Wang Yibo lo conociera, al menos por video.

Con eso se ganó parte de su corazón.

—Ven, acompáñame a la cocina. Haré algo de té —sonriendo se la llevó con él y comenzaron una amena y larga charla.

Fei Fei tomó la seriedad necesaria para hablar sobre los temas que quería tocar con él. Le dijo lo mismo que a su hermano sobre irse a vivir a Corea con ella, pero vio en él la misma reacción que tuvo Yibo.

—Tienen que ser fuertes para atravesar esto. Sé que todo estará bien.

—¿Cómo lo sabes? —le asombró su seguridad.

—Soy periodista, sé cómo se manejan los medios y el gobierno. Estoy consciente de lo despiadados que pueden ser, pero sé también que las cosas serán más fáciles cuando dejen de ser el centro de atención. Sin embargo, consideren la posibilidad de mudarse a Corea. Tengo muy buenos contactos que podrían ayudarme a involucrarlos en el espectáculo, continuarían su trabajo ahí.

—China nos censuraría, nos vetaría de por vida. Sería como darle un golpe en la cara al gobierno y no esperar uno de regreso —se frustró un poco.

—Es un riesgo que viene por añadidura —suspiró con resignación.

—No es tan fácil como parece.

Y tenía razón. Xiao Zhan ya había analizado todos los escenarios posibles, todas las opciones que tenían. Lo que más quería en ese momento era mandar todo al carajo y escaparse con Yibo a otro país, pero no era así de sencillo. Sus familias correrían un gran riesgo.

—¿Lo dices por sus carreras?

Xiao Zhan negó suavemente. No era eso. Hace poco había descubierto que no le importaba ponerle un alto a su carrera con tal de estar con Yibo. ¿Y si el objetivo de hacerse famoso de forma tan repentina era porque su destino era encontrarse con Wang Yibo?

Le gustaba pensar eso, era un tanto cursi y ridículo, pero lo hacía feliz. Pensando de esa forma no le molestaba en lo absoluto dejar su carrera a un lado. Y estaba casi seguro de que Yibo se sentía igual.

Fei Fei le explicó que estaría unos días más en casa de Yibo, le pasó su número de teléfono y le pidió que tuviera la confianza de buscarla si necesitaba comunicarse con Yibo de alguna forma.

—Muchas gracias por todo —le dijo al despedirse en la entrada de su casa. La tarde se les había pasado volando entre charlas amenas e interesantes. Logró conocer mejor a la hermana de Yibo, y ahora entendía por qué la quería tanto, era una buena persona y se veía a kilómetros de distancia lo mucho que ella amaba a su Di Di. Eso hizo que Xiao Zhan le tuviera aprecio casi automáticamente.

Además, le llamaba mucho la atención ver el tremendo parecido entre ellos, y no solo en el físico. Al principio pensó que ella era ruidosa y que podría llegar a ser molesta. Pero bastaron unos minutos para que se diera cuenta del gran valor que tenía como persona. Era valiente y tenía el mismo espíritu rebelde e intrépido que su hermano.

—¿Qué ocurre? —preguntó ella al sentir que Xiao Zhan la miraba mucho. No era una mirada que la incomodara, pues él simplemente parecía muy curioso y aún sorprendido.

—Lo siento —dejó de observarla, sonriendo con algo de vergüenza—. Es solo que te pareces demasiado a él —la miró a los ojos y ella pudo sentir de inmediato la tristeza que emanaba de esa mirada.

—Todo va a estar bien —se animó a poner una mano sobre su hombro—. Solo deben tener paciencia.

Él soltó una risa seca y sus hombros dieron un pequeño respingo.

—No soy paciente.

—Pues tendrás que serlo —le palmeó el hombro con fuerza, tal como hacia con Yibo.

—Te llevaré a casa, solo iré por mis lla… —fue interrumpido.

—No es necesario. Está a dos calles de aquí. Caminaré.

—Entonces te acompañaré caminando.

—No creo que sea buena idea que estés cerca de su casa —no quería decirlo así, pero no tuvo otra opción—. Lo siento —le dijo al ver que entristecía.

—Está bien, entonces… ve con cuidado.

—No te preocupes, estamos en una zona privada con bastante seguridad —sonrió antes de recordar algo muy importante —. ¡Casi lo olvido! —comenzó a rebuscar en su bolso.

Xiao Zhan la observó en silencio, alzando ligeramente una ceja.

—Toma. Él te mandó esto también —le extendió un perfume.

Era el famoso Bleu de Chanel.

A Xiao Zhan le brillaron los ojos. Había intentado conseguirlo, pero estaba agotado desde el que fandom se enteró de que era el que usaba Yibo. Ni si quiera él había conseguido uno nuevo, así que la botella que le mandó con Fei Fei era una ya empezada, la última que le quedaba.

—Gracias —fue lo único que dijo, sosteniendo el perfume entre sus manos como si fuese una joya invaluable.

Luego de convencer a Xiao Zhan de que podía ir sola a casa, se despidió y salió de ahí, pero cuando llegó a la acera un auto se detuvo frente a ella, estacionándose en la casa de Zhan Zhan. Lo ignoró y siguió su camino a casa, pero escuchó cómo la persona del auto se bajaba y cerraba la puerta antes de ir hacia ella.

—¿Lang Fei?

Al escuchar su nombre, giró la mitad de su cuerpo y sonrió al verlo.

—¡Mao! —regresó sobre sus pasos para saludarlo—. ¿Cómo está usted?

—Oh, no me hables así —rio—. Puedes tutearme.

—Bien —sonrió de lado—. ¿cómo estás?

—Ahora estoy mucho mejor —observó su linda sonrisa por unos segundos—. ¿Viniste a ver a Xiao Zhan? —se asombró.

—Vine a traerle algo de parte de Yibo, y… bueno, la verdad es que ya quería conocerlo.

—Entiendo… ¿Quieres que te lleve a casa? —señaló su auto, pero ella negó.

—Caminaré, está muy cerca.

—Entonces déjame acompañarte —le puso llave a su auto y comenzó a caminar junto a ella, quién, con una linda sonrisa se dejó acompañar. Incluso disminuyó la velocidad de sus pasos para alargar esa grata compañía.

La verdad era que ese hombre había llamado su atención desde el momento en que lo vio en la fiesta de su hermano. Ella tenía un tipo de hombre muy fijo en su mente. Le gustaban como Xiao Zhan. Pero cuando vio a Mao, sus estándares cambiaron radicalmente.

Él era más alto que Xiao Zhan, mucho más robusto sin caer en lo exagerado. Tenía lo justo y necesario para ser un buen guardaespaldas. Pero su rostro… cuando no tenía el ceño fruncido era sumamente guapo. Sus facciones no eran toscas, sin embargo, su expresión se volvía más severa cuando estaba sereno. Sus cejas oscuras solo conseguían enmarcar esa mirada profunda. Su cabello era corto, muy abundante y aparentemente suave.

Quería tocarlo.

Todo eso había llamado su atención al verlo de lejos, pero cuando los presentaron y él le sonrió…

…quedó perpleja.

Era un hombre fuerte sin duda alguna, su lenguaje corporal lo gritaba a los cuatro vientos, pero cuando la miraba lo hacía con una suave sonrisa y una mirada amable que le calentaba el corazón.

Su primo siempre hablaba mucho de su guardaespaldas. Supo que había dejado de serlo y ella no entendió nunca el motivo, pues decía que era el mejor que había tenido jamás. Pero ahora que lo veía cuidar a Xiao Zhan entendía todo.

—Es muy injusto, ¿no crees? —inquirió de pronto Mao, sacándola de sus pensamientos.

—¿Uhm?

—Lo que le sucede a Yibo y a Xiao Zhan.

—Oh, concuerdo completamente contigo —sintió cierto arranque de irá al recordar todo lo que su primo le había dicho y todo lo que Xiao Zhan le había confiado durante esa tarde—. Ellos se aman con sinceridad y no pueden estar juntos —suspiró con hastío—. Es decir, es tan difícil encontrar un amor así, y ellos que al fin lo han conseguido no pueden estar juntos, vaya injusticia.

—Lo sé —suspiró de igual forma. Él ya había atravesado esa etapa de impotencia, ahora estaba en la etapa de tristeza al verlos así.

—Odio ver sufrir a mi hermano, pero hoy, al mirar a Xiao Zhan a los ojos pude notar que atraviesa el mismo dolor que Yibo, por más que intente ocultarlo, y eso nunca lo había visto en una persona, tal intensidad de amor.

—Te entiendo —suspiró—. He estado cerca de ellos desde hace algunos años, más todavía con Yibo. Tuve la oportunidad de ver cómo se desarrolló su relación, y debo decirte que los dos estaban igual de idiotas el uno por el otro —rio, haciéndola reír también—, todavía tengo la esperanza de que puedan estar juntos, quizás en el extranjero, en algunos años —suspiró—. Pero por lo pronto la separación fue lo mejor que pudieron hacer.

Ella asintió.

—Mejor cuéntame, ¿te quedaras más tiempo en la ciudad?

—Todavía no estoy segura de cuánto tiempo más estaré aquí. Planeaba venir solo al cumpleaños de Yibo, pero…

—Te preocupa y no te quieres ir así.

—Exactamente.

—¿Crees irte antes de este viernes?

—No, ¿por qué?

—Por nada.

Ya tenían unos minutos en la entrada de la casa de Yibo, el camino había sido muy corto a pesar de que lo habían alargado todo lo posible.

—¿Quieres pasar a tomar algo? —ofreció ella con una sonrisa entusiasmada.

—Te lo agradezco, pero tengo un asunto pendiente con Xiao Zhan. Quizás… ¿en otro momento?

La desilusión en los ojos de Fei Fei había durado solo unos segundos al pensar en que tal vez la había acompañado por mero compromiso, pero con esa última propuesta el brillo en sus ojos regresó.

—Bien —respondió simplemente.

Mao estaba por retirarse, pero regresó sobre sus pasos, con una decisión centellando en sus ojos.

—¿Me darías tu número? Así puedo llamarte para invitarte a salir y tomar algo.

Eso la tomó desprevenida. Aún no lo conocía bien, así que no supo cómo reaccionar, pero le había gustado esa determinación.

Con gusto le pasó su número. Una sonrisa traviesa bailaba en sus labios, secundada por la luz en sus ojos.

La había invitado a salir, y ella aceptó.

Finalmente se despidieron y ella entró a su casa, suspirando por esos nuevos sentimientos que creyó no volver a experimentar.

Estaba en su burbuja de armonía hasta que descubrió a dos personas chismosas paradas junto a la ventana.

—¿¡Cuánto tiempo llevan ahí!? —de pronto sintió mucho calor en sus mejillas.

—Fei Fei… —Yibo caminó hacia ella con completa seriedad. Se veía incluso molesto—. ¿Cómo pudiste?

—Yibo… —juntó ambas cejas en un gesto de angustia—. Yo… él es… bueno yo…

Yibo ya había logrado intimidarla.

—Hijo, ya basta —le dio una pequeña palmada en el trasero y se fue riendo hacia la cocina.

Él rodó los ojos y se acercó a su hermana hasta ponerle una mano sobre el hombro.

—Solo bromeaba. Fei Fei, él es una excelente persona. De hecho, es como un hermano mayor para mí, lo cual es curioso puesto que me pasa lo mismo contigo —suspiró—. ¿Él te gusta?

Ella asintió.

—Pero lo acabas de conocer.

—¿Y qué? —espetó de mala gana—. Tú te enamoraste así de Xiao Zhan, nunca habías creído en el amor a primera vista hasta que… —fue interrumpida por la risa de su hermano.

—Está bien —apretó su hombro con cariño y la miró con un cariño aún más grande—. Fei Fei, solo te voy a pedir una cosa.

—Dime —respondió con solemnidad.

—No lo hagas sufrir —agudizó su mirada y apretó el agarre en su hombro.

Fei Fei se sorprendió tanto que tardó en reaccionar, pero cuando lo hizo… lo golpeó en un costado haciéndolo doblarse un poco sobre sí mismo.

—¡Tía Wang! —fue directo a la cocina a acusar a su hermano. Ella no era una soplona, pero sabía cuánto odiaba Yibo que hiciera eso. Era la venganza perfecta.

—¡No es cierto! ¡Mamá! ¡Lo que te diga no es cierto! —seguía doblado sobre sí mismo. Ya había olvidado los fuertes golpes que ella daba.

A partir de ese día no dejaron de molestar a Fei Fei, incluso cuando la señora Wang volvió a Luoyang, Yibo seguía molestándola. Pero es que lejos de sentirse celoso como de costumbre, se sintió muy feliz porque su hermana tenía sentimientos hacia un buen hombre. ¡Se trataba de Mao! Y los quería demasiado a los dos. En verdad esperaba que salieran cosas buenas de eso, pues su hermana no había tenido mucha suerte en el amor.

Cuando lo pensó mejor, se dio cuenta de que ellos dos no harían mala pareja. Físicamente se veían bien. Ella era más alta que el promedio, así que no importaba que Mao midiera lo que medía.

Otra cosa que le gustaba era que ellos se llevaban la misma edad que él y Xiao Zhan. Así que… según su parecer, eran perfectos.

Estaba emocionado ante la idea de emparentar con él.

—Alto ahí —lo detuvo Fei Fei cuando él tocó el tema de emparentar con Mao—. Estás yendo demasiado rápido, Wang Yibo.

—Lo sé, lo siento —suspiró y siguió bebiendo de su taza.

—¿Y desde cuándo bebés café? —alzó una ceja.

Yibo no respondió, le dio otro trago a su infusión y suspiró largamente antes de apoyar la mejilla contra su puño y perder la mirada en el infinito. Su hermana supo que ya lo había perdido y que no le respondería. En esos últimos días estaba así: perdido.

Él solo estaba pensando en lo mucho que extrañaba a su amado y en las inmensas ganas que tenía de ir y contarle el asunto de su hermana y Mao, esperaba que este último ya le hubiese platicado todo. Xiao Zhan le daría buenos consejos, eso sin duda.

Estaba preocupado. Luego de haber acompañado a Fei Fei a casa, regresó con Xiao Zhan y se lo encontró en la sala, llorando mientras leía una carta una y otra vez.

Había insistido en que estaba bien y que solo era la emoción del momento y los sentimientos encontrados por las palabras de Yibo, pero no le dijo más. Guardó la carta y se fue a dormir luego de que él se fuera.

Y justo ahora conducía con prisa rumbo a la casa de su protegido, pues él y Na Ying Jie habían estado tratando de comunicarse con él desde muy temprano, pero no respondía ningún teléfono.

Estaban angustiados por lo silenciosamente peligroso que era cuando estaba deprimido. Nadie se daba cuenta de ello hasta que estaba tocando fondo. Y ellos no querían esperar hasta entonces.

Lo que no sabían era que Zhan Zhan estaba dormido en su cómoda cama. Estaba teniendo un sueño tan agradable que no quería despertar.

Nut dormía a su lado, dándole calor debajo de ese edredón esponjoso.

Abrazaba una almohada con fuerza, almohada que había bañado con el perfume de su amado. Eso había hecho que lograra conciliar el sueño de forma rápida y profunda.

Entre sueños podía sentir que Yibo estaba ahí, junto a él. Deslizó sus piernas desnudas debajo de las sábanas frescas y suaves, esperando sentir en cualquier momento las piernas tersas de Yibo, pero eso nunca pasó.

Abrazó más fuerte a su almohada y enterró la cara en ella, aspirando su olor hasta que quiso volver a llorar.

—Zhan Zhan.

Casi brincó de la cama al escuchar su nombre. ¿Era él?

Buscó con desesperación al dueño de esa voz y se llevó una gran sorpresa al verlo bajo el marco de su puerta.

—Hey, ¿estás bien? —no se atrevió a entrar más, por respeto a su privacidad.

Xiao Zhan se talló los ojos con fuerza y parpadeó antes de enfocar mejor sus ojos.

—Mao… ¿Qué… qué haces aquí? —su voz estaba ronca y rasposa.

Luego de asegurarse de que estaba bien, soltó un pesado suspiro y prosiguió al regaño.

—¡Te hemos estado buscando toda la mañana! ¿Tienes idea de lo preocupados que estamos?

—¿Qué hora es? —tomó sus anteojos de la mesa de noche, miró su despertador y se espantó—. Oh…

Ya era medio día.

—¿Tomaste tu medicamento para dormir? —inquirió, entre curioso y preocupado. Aún no se atrevía a entrar a la recámara, pues Xiao Zhan no traía camisa y temía que estuviese desnudo. Ya le había tocado experimentar eso con Yibo y no quería que se repitiese la historia con él.

—Sí —bostezó y se levantó.

Para alivio de Mao, Xiao Zhan sí traía ropa. Pero el alivio se le pasó cuando escuchó esa respuesta afirmativa. ¿Estaba tomando somníferos?

Sabía cuánto los odiaba, y el hecho de que prefiriera tomarlos lo preocupaba.

Xiao Zhan iba a salir rumbo al baño, pero Mao lo detuvo con ambas manos sobre los hombros y lo miró de cerca, aún estaba muy adormilado.

—No estás bien.

—Solo me ducharé y estaré listo en un momento —se talló ambos ojos, bastante irritados.

—No. Hoy no irás a trabajar —tomó su teléfono y le mando un mensaje a Na Ying Jie, informándole lo que sucedía.

—Pero…

—No, y no insistas —espetó sin dejar de escribir en su teléfono—. Si te vieras con mis ojos entenderías por qué hago esto —envió el mensaje y se guardó el teléfono en el bolsillo antes de pasarse un brazo de Xiao Zhan sobre sus hombros para ayudarlo a volver a la cama.

Xiao Zhan a penas se mantenía en pie. Su cuerpo siempre había sido muy sensible con los somníferos. El efecto en él era más prolongado de lo normal.

—Te quedarás aquí y dormirás un poco más, ¿de acuerdo?

No puso resistencia alguna, asintió dócilmente y dejó que Mao lo arropara, cayendo rendido al sueño en cuestión de segundos.

Se fue a la sala del departamento y le mando otro mensaje a Na Ying Jie diciéndole que se quedaría a cuidar de él unas horas más, pues le preocupaba su estado.

Cuando despertó, Xiao Zhan se quedó en su cama leyendo una y otra vez la carta de su amado.

La depresión que le había estado pisando los talones al fin lo había alcanzado.

Cuando sintió que caía más y más en ese abismo de desesperación, salió de la cama y se puso a escribir una carta en respuesta. Al terminar de escribirla fue en busca de Mao y se la extendió.

—¿Podrías hacerme un gran favor?

El aludido tomó la carta.

—Se la haré llegar —prometió y entonces lo miró mejor—. ¿Cómo estás?

—¿Cómo podría estar? —suspiró, se dio media vuelta y volvió al refugio de su recámara.

Cuando Yibo recibió la carta, rio entre lágrimas.

Era una carta corta, pero significativa.

"Di Di, Ge Ge ai ni. No importa lo que pase, no importa que al final terminemos estando con otras personas… tú siempre serás el amor de mi vida y siempre serás mi dolor de trasero

Te amo."

Mes y medio más tarde se encontraban en la misma situación. Los ojos de la gente permanecían sobre ellos a pesar del tiempo transcurrido. Ya no se veían en público, trataban de no encontrarse en la agencia y también evadían las preguntas que les hacían respecto a su situación.

El asunto del virus fue incrementando muy lentamente. Luego de la primera alarma se dieron cuenta de que no era la gran cosa y el pueblo bajó la guardia. Las cosas continuaron con la misma naturalidad de siempre.

Xiao Zhan continuó con sus proyectos, y Wang Yibo inició las grabaciones de Street Dance China 3.

Ambos llenaron sus agendas con tanto trabajo que al llegar a casa en la noche solo tenían tiempo para dormir, eso les ayudaba a distraer sus mentes.

Ambos comenzaron a viajar más. Era poco el tiempo que pasaban en casa.

Sus mentes estaban ocupadas, pero sus corazones se extrañaban con dolor cada día más.

Fei Fei volvió a Corea con la promesa de regresar a China muy pronto, pues ahora tenía más de un motivo para hacerlo.

Le había costado trabajo dejar a su hermano. Quiso irse hasta que se recuperara emocionalmente de su "ruptura", pero supo que si se atenía a eso jamás se iría de Beijing. Así que se fue luego de hacer jurar a Yibo que se cuidaría y no cometería estupideces.

—¿Qué estupidez podría hacer? —había preguntado con verdadera curiosidad.

—Estás a dos calles de él. La tentación es grande —suspiró—. No tires a la basura el esfuerzo que han hecho hasta ahora. Resistan.

Y tenía toda la razón. Pero a casi dos meses del incidente todavía había notas en internet sobre ello, la gente aún hablaba del tema y ellos no podían estar más fastidiados.

La única forma que tenían para saber del otro era por medio de sus amigos o su trabajo.

Yibo seguía de cerca todo lo que hacía Xiao Zhan, como un fan más, al pendiente de cada actualización.

Xiao Zhan estaba en constante comunicación con Wen Pei, preguntándole por Yibo, incluso hablaba casi a diario con Fei Fei, quien, desde la visita inesperada, se fue convirtiendo poco a poco en una buena amiga y confidente.

A pesar de que estaba en otro país, ella hablaba a diario con Yibo, y luego le pasaba el reporte a Xiao Zhan.

—Dice Yibo que no tienes por qué estar celoso —le dijo ella en una de sus charlas por teléfono.

—No estoy celoso —rio.

—Él aseguró que lo estarías al ver la última emisión de SDC.

Xiao Zhan se mordió el labio. Fei Fei no podía ver su rostro, pero estaba segura de que su silencio era una afirmación.

—Lo sabía —rio ella.

—No puedo evitarlo —suspiró—. Todos coquetean con él.

—Y él no les pone un alto como siempre suele hacerlo.

—Exactamente. De hecho… hasta les sigue la corriente —se mortificó.

—Es parte del trabajo, tú lo sabes.

—Sí… —no estaba muy seguro. Quería creer eso, pero no podía. Conocía lo suficiente a Yibo como para saber que en realidad se la estaba pasando bien y disfrutaba al máximo ese trabajo. Ese era uno de los motivos por los cuales no podía enojarse con él. Yibo al fin se veía feliz de verdad, haciendo una de las cosas que más ama en el mundo, compartiendo tiempo con personas que entienden su pasión por el baile y aprendiendo de su propio equipo.

No iba a negarlo. Vivía al pendiente de cualquier rumor, anuncio o spoiler del programa. Y cuando descubrió que Yibo había atravesado una especie de episodio de asma, se espantó. ¡Yibo no padecía asma!

En esa ocasión buscó con premura al manager de su amado.

—Tranquilo, hombre —le dijo Wen Pei al escucharlo tan agitado al teléfono—. Él está bien.

—Pero ese inhalador… y los rumores en internet…

—Son solo eso: rumores. Yibo pescó un resfriado. Según el médico sus defensas han estado bajas, eso lo hizo propenso al resfriado. Pero está bien.

—Vi que no ha dejado de toser.

Wen Pei suspiró. En eso tenía razón, pero no quería preocuparlo, y sabía que Yibo tampoco quería eso.

—Ha tenido mucho trabajo —suspiró.

—Lo sé. Viaja cada dos días, a veces el mismo día toma dos aviones —no podía evitar estar preocupado—. Quisiera hablar con él —suspiró con una pesadez increíble.

—¿Para regañarlo? —casi rio.

—¡Sí! Se está descuidando mucho.

—Zhan Zhan. No te preocupes tanto, ya lo regañé y le dije que si pudieras, lo regañarías igual o peor que yo.

—Gracias.

—De nada —ahora sí rio—. ¿Quieres que le diga algo de tu parte?

Muchas cosas vinieron a su mente. Quería decirle que no sucumbiera ante los próximos coqueteos que le harían las chicas y chicos participantes. Quería decirle que comiera bien, que durmiera a horas adecuadas y que no olvidara su medicamento. También quería decirle cuánto lo amaba y lo extrañaba, pero lo único que pudo decir fue:

—Dile que se porte bien.

Wen Pei soltó una risa despreocupada y algo escandalosa. Su voz se escuchaba lejana.

—Me portaré bien, Zhan Ge.

Esa voz.

Xiao Zhan sintió cómo su corazón casi colapsaba al escuchar de nuevo esa voz.

—Yibo… —murmuró, incrédulo.

—¿Ahora soy solo "Yibo"?

—¿Wen Pei me tuvo en alta voz todo el tiempo?

—No —respondió Wen Pei, cerca del teléfono—. Pero hay algo que quieres decirle a Yibo además de pedirle que se porte bien, ¿verdad?

Xiao Zhan tragó en seco. ¡Quería decirle tantas cosas!

—Bo Di…

—¿Si? —su corazón palpitaba con fuerza.

—Ge Ge ai n…

—¿Zhan Ge?

—La llamada se cortó —murmuró Wen Pei al ver su teléfono bloqueado.

—¿Se te acabó la pila? —se desesperó un poco—. ¿Olvidaste pagar la factura?

—No es eso —estaba intentando llamar de nuevo a Xiao Zhan, pero el número estaba bloqueado.

Sintieron miedo.

—Es mejor mantener más distanciamiento.

—¿Más? —su rostro se puso rojo de coraje—. ¡Es imposible!

—Lo sé —dijo con tranquilidad, mirándolo con cierta tristeza.

Aún con el enojo a flor de piel, Yibo volvió junto a sus compañeros de SDC, tenía trabajo por hacer. Pero para nadie pasó desapercibido el cambio drástico en su humor.

Cuando empezaron las grabaciones, sus compañeros y TODO el personal del set estaban enterados del reciente escándalo. Se morían por preguntarle, por saber más, pero se contuvieron al verlo tan serio y reservado.

Poco tiempo tuvo que pasar para que naciera una gran confianza entre los cuatro capitanes y el resto del equipo de producción. Muy pronto adoptaron a Yibo como el pequeño hermanito de la casa y la relación entre ellos fue viento en popa.

Los malos humores de Yibo y sus amarguras eran contrarrestadas con lo bien que se la pasaba en el set. Hacía lo que amaba durante todo el día, con excelente compañía que lo ayudaba a no pensar en nada más que en el baile.

No pasó mucho tiempo antes de que las fans comenzaran a crearle muchos memes sobre su relación íntima con Jackson, pues de pronto se volvieron muy cercanos y eso alertó a todo el fandom, pero en especial a Xiao Zhan, quien trataba de no enfurecerse, pero no podía evitar terminando con una acidez terrible en el estómago.

—Pensé que no eras celoso —le dijo Mao de pronto al notar que apretaba puños y dientes al ver a Yibo en televisión, siendo tan coqueto e incluso dejándose manosear por los demás bailarines.

—No lo soy —renegó con un tono de voz lúgubre y grave.

—Que bueno que no —rio, bastante sarcástico.

Siguió observándolo a lo lejos. Si había algo que Xiao Zhan no se perdía, era el show semanal de SDC 3. No dejaba que nada ni nadie lo interrumpiera, incluso estaba al pendiente de las actualizaciones, spoilers y de los detrás de cámara.

Pero siempre terminaba con un sabor agridulce en la boca. Por una parte estaba orgulloso por lo magnífico que era Yibo en el baile. Cuando creía que no podía sorprenderlo más, llegaba con una nueva coreografía y lo dejaba con la boca abierta. Sí, pero también se le formaba un nudo en el estómago al ver que no era el único maravillado con el baile de su amado. Todos lo amaban, lo tocaban, lo seguían, buscaban tener contacto con él.

Los entendía, él también era víctima de ese efecto que causaba Yibo en todos, pero sentía tanto coraje.

—Te vas a formar una úlcera estomacal. No te enojes tanto, es parte del trabajo.

—Como sea —apagó la tele y se fue a su habitación.

Xiao Zhan jamás era así, pero en ese momento sus emociones estaban tomando el control de la situación.

Mao se quedó en la sala unos momentos, pensando, hasta que escuchó un golpe fuerte. No lo pensó dos veces antes de ir a ver qué sucedió.

Pero cuando entró a la habitación de Xiao Zhan se lo encontró con los puños crispados y la respiración agitada.

—¿Qué demonios pasó? —observó un aparato hecho añicos en el suelo. Era su despertador.

—Nada.

—No terminaste de ver el programa, ¿lo dejarás pasar?

Xiao Zhan se sentó en el borde de su cama y ocultó el rostro entre sus manos abiertas antes de pasárselas por el cabello, frustrado.

—Es mucho para mí.

—Sabes que todo es una actuación, ¿cierto?

—Lo sé. Y sí, estoy celoso, pero no solo es eso. Mao… lo extraño demasiado.

Cuando el guardaespaldas vio la mirada de Xiao Zhan, supo que había estado guardando su agonía durante todo ese tiempo. En verdad le estaba doliendo la separación, y verlo en la pantalla solo era echarle sal a la herida.

Suspirando, fue y se sentó a su lado.

—Te entiendo, y todo lo que estás sintiendo en este momento es válido. Pero deberías intentar no contener tanto tus emociones o terminarás sin despertadores —señaló al pobre aparato en el suelo.

—Lo siento, que vergüenza —se cubrió la cara con una mano.

—Como te dije: es válido que te sientas así —palmeó su espalda—. ¿Quieres que salgamos a algún lugar?

Xiao Zhan lo pensó unos segundos antes de negar con la cabeza.

—Iré a terminar de ver el show.

Mao rodó los ojos y rio.

Wang Yibo le había encargado enardecidamente que cuidara de su Ge Ge, que no lo dejara solo. Y Mao lo hizo con un gusto total. Pasaba todo el tiempo posible en su casa, y aunque su protegido no decía nada, sabía que este también deseaba esa compañía.

En las siguientes emisiones del programa, Xiao Zhan se vio más tranquilo. Reía al ver cómo Yibo rechazaba las intenciones coquetas de todas las participantes que se presentaban ante él. Sí se molestaba al ver el descaro con el que se le insinuaban, pero se enorgullecía al ver a su BoBo sobrellevándolo como de costumbre: nada mejor que una cara de pocos amigos para calmar a las fans insistentes. Se mantuvo frío y distante en esos momentos.

Xiao Zhan no lo sabía con certeza, pero desde hace unos meses había comenzado a sospechar cosas. Siempre había notado cierta renuencia en su amado cuando se trataba de mujeres, más que nada del trato directo con ellas. En ocasiones veía pasar a chicas preciosas ante ellos, él se quedaba mirándolas, sorprendido por su belleza, pero Yibo parecía más concentrado en otras cosas.

Justo ahora sucedía lo mismo en el show. Yibo parecía inmune ante las mujeres.

—Mao —dijo, sin despegar la mirada de la pantalla. Ambos comían chatarra mientras veían el programa.

—¿Mnh?

—¿Yibo siempre ha sido así?

—¿Así cómo?

—Tan distante con las mujeres.

Mao se rio, casi ahogándose con una fritura.

—Sí. Siempre. Sé lo que piensas y debo admitir que también lo llegué a pensar muchas veces, y terminé por confirmarlo cuando formalizó su relación contigo.

—No le gustan las mujeres…

El mayor asintió lentamente.

—¿Él te lo dijo? —inquirió Xiao Zhan, bastante interesado.

—No, solo es percepción mía.

La curiosidad aumentó en Zhan Zhan, más aún cuando veía el "Hot Pot" en donde se reunían los capitanes y disfrutaban de su convivencia. Veía cómo Yibo se llevaba tan bien y sin reservas con cada uno de ellos.

Los otros capitanes lo habían adoptado como el "Hermanito menor". Pero cuando más tranquilo se sintió Xiao Zhan, fue al ver que Yixing lo cuidaba y estaba al pendiente de su salud.

Tiempo después, ocurrió un pequeño incidente en una de las reuniones de capitanes. Estaban en la sala de juegos, montados en máquinas de baile como niños crecidos, hasta que Wang Yibo dio un paso en falso y cayó de la máquina luego de torcerse el tobillo.

Xiao Zhan pudo ver su expresión inicial de dolor, seguida por una de enfado.

Lo conocía lo suficiente para saber que ese enfado era hacia él mismo, por haberse lesionado de una forma tan estúpida y en plena grabación. ¿Ahora qué haría?

Todo eso lo había visto en las cortas grabaciones que se filtraban, justo el día en que eran tomadas.

Obviamente tomó su teléfono y buscó a Wen Pei. Su número ya no estaba bloqueado.

—Ya sé para qué me llamas. Viste los videos que se filtraron, ¿no es así?

—¿Cómo está él?

Wen Pei suspiró casi con dramatismo.

—Bien. Estamos en urgencias, la grabación fue hace unas horas. Ya descartaron una fractura. Solo fue un esguince de tobillo. Nada grave.

—¿Seguirá grabando así?

—Tiene que.

—No es verdad.

—Pero ya sabes cómo es.

Tenía razón.

—¿Está de malas? —recordó cómo se enojaba cada vez que se lesionaba.

—Solo te diré que hasta yo extraño que estés aquí.

Xiao Zhan rio un poco.

—¿Tan enojado está?

—Furioso. Y tú eres el único que puede calmarlo en casos así.

—Ya no me digas más —suplicó—. Daría lo que fuera por estar a su lado.

—Lo sé, vaya que sí.

Poco después de ese suceso, Wang Yibo se recuperó con una rapidez increíble y volvió a bailar muy pronto.

Su itinerario intimidaba a cualquiera. Apenas tenía tiempo de respirar y dar una comida al día. Wen Pei hacía todo lo posible por aligerarle la carga de trabajo, pero era el mismo Yibo quien saturaba de esa forma su agenda con compromiso tras compromiso.

—Tienes que parar —le dijo Wang Han al finalizar la nueva grabación de Day Day Up.

—¿Qué quieres decir? —le sonrió.

—Sabes a lo que me refiero —respondió, tajante.

La sonrisa de Yibo se borró poco a poco.

—¿Cuántas comidas estás dando al día? Estás muy delgado, decaído, y ni siquiera todo el maquillaje que te pusieron ayuda a esconder tus ojeras —fue cariñosamente severo—. Y a juzgar por cómo ingeriste los langostinos en la demostración gastronómica… puedo asegurar que no habías comido nada en todo el día.

Yibo esbozó una sonrisa nerviosa, sin embargo, no respondió.

—Tu silencio me lo confirma todo.

El menor asintió. Quería y admiraba a Wang Han como si fuera su segundo padre. No podía debatir su argumento a pesar de que sonaba como su madre, quien también ya lo había llamado para regañarlo.

—Tienes que detenerte, descansar, comer bien y dormir.

Todo eso sonaba como una idea maravillosa. Excepto por el hecho de que, al tomarse un respiro, los recuerdos de Xiao Zhan tendrían oportunidad de surgir y apoderarse de su mente y corazón.

No, no podía. Su estabilidad emocional dependía de mantenerse ocupado.

—Necesito esto, Ge Ge. Si no me distraigo en otras cosas… —apretó los labios. ¿Desde cuándo se había vuelto tan sentimental? Ya tenía un maldito nudo en la garganta.

No pudo continuar, y Han Ge lo entendió. Puso una mano sobre su hombro y lo palmeó con cariño.

—Esa no es la solución, hijo, no lo es. Si continúas presionándote así solo lograrás enfermar. ¿Quieres preocupar a Xiao Zhan?

El menor negó con la cabeza de inmediato. Por un momento Wang Han sintió que estaba hablando con su hijo de cinco años.

—Bien, entonces no te presiones hasta estos extremos. Cuida de tu salud.

—Lo intentaré —dijo al fin.

Han Ge lo miró mejor y frunció el ceño.

—¿Te pusieron mucho maquillaje o…? —puso el dorso de su mano sobre la frente de Yibo—. Estás helado y muy pálido. ¿Qué tienes? —se alarmó un poco, pensando en su corazón.

—Han Ge… desde hace un rato me duele mucho el estómago. Creo que no me cayeron bien los langostinos —frunció labios y cejas, llevándose un brazo al estómago.

—Oh. Ven, siéntate aquí —lo arrastró hacia una silla—. Iré a conseguir un antiácido —vio cómo se dobló sobre sí mismo por el repentino y agudo dolor—. De acuerdo, esto no es algo que se solucione con un antiácido —volvió a su lado y lo ayudó a incorporarse—. Te llevaré a urgencias.

Los demás vieron lo que sucedía y se apresuraron a acercarse a ayudar y a preguntar qué sucedía. Han no le dio explicación a nadie más que al manager de Yibo, quien dejó que Wang Han se lo llevara con la condición de que todos los guardaespaldas los cuidarían.

Esa fue su tercera visita a urgencias en menos de dos meses.

A pesar de todos los intentos por pasar desapercibidos, no lo consiguieron y fueron captados en cámara al salir de urgencias. Yibo traía una expresión de pocos amigos, Han Ge lo escoltó en todo momento junto con los guardaespaldas. Los paparazzi lograron fotografiarlo con esa cara de mal genio, haciendo especulaciones que muy pronto alarmaron a todos sus fans, pues no tenía buena pinta.

Xiao Zhan no tardó en comunicarse con Wen Pei para saber al respecto, una vez más.

—Este niño te va a volver loco, ¿no es así? —le había preguntado Wen Pei durante la llamada, Xiao Zhan solo pudo suspirar.

Él estaba al pendiente de Yibo todo el tiempo, no podía estar a su lado físicamente, pero su alama y corazón estaban por siempre con él.

Y supo que Yibo se sentía igual, lo comprobó cuando llegó el día cinco de octubre, su cumpleaños.

Él no esperaba ni un regalo, no esperaba nada, no tenía ánimos para festejar. Sin embargo, sus amigos, familia y fans lo llenaron de regalos y felicitaciones. No pudo evitar sentirse amado, pero algo le faltaba. Había tenido mucho trabajo durante el día, tuvo que grabar escenas difíciles y estaba exhausto. Durante el trabajo no había soportado el peso de sus emociones y terminó llorando a solas en su camerino, desahogando un poco ese cúmulo de sentimientos que llevaba tiempo acumulando. Desde ese momento no hubo nada que le levantara el ánimo de nuevo.

Así fue hasta que alguien tocó a su puerta.

Era Wen Pei.

Xiao Zhan se sorprendió al verlo ahí, en especial porque sabía que él y Yibo estaban en una ciudad lejana haciendo un trabajo.

—¿Qué haces aquí? —sonrió, invitándolo a pasar.

—¡Feliz Cumpleaños! —entró, cargando una gran caja de cartón.

—¿Qué es eso? —rio un poco, feliz de ver una cara conocida y porque… bueno, el hecho de que estuviera ahí significaba que tenía algo que ver con Yibo, así que se emocionó.

—Un regalo de ya tú sabes quién.

Una chispa de emoción iluminó el rostro del cumpleañero.

—Eso sí —dejó la caja sobre la mesita de la sala—. Se ve horrible —advirtió.

—¿Qué es? —se acercó con curiosidad, como un niño pequeño listo para abrir sus regalos de navidad.

—Ábrelo.

Solo había estado esperando esa aprobación para hacer trizas la caja, descubriendo otra caja dentro, mucho más pequeña, con mucha protección alrededor y bastante linda.

—Huele a…

—Sí.

—¡¿Un pastel?! ¿Es un pastel?

Wen Pei se rio. Sí, era válido que preguntara, pues esa abominación no parecía un pastel.

—Se ve asqueroso, pero necesito que mires esto antes de juzgar —se sentó con él en la sala y le mostró un video en su celular—. Míralo hasta el final.

Curioso, Xiao Zhan lo tomó y lo miró detenidamente.

En el video salía Yibo de espaldas, parecía preparar algo en la cocina del departamento que estaba rentando en esa ciudad. Traía su pijama, pantuflas y un mandil adorable encima.

Estaba preparando el pastel, se veía algo preocupado, temía que le saliera mal.

—"¿Me estás haciendo grabarte para que te crean cuando digas que tú lo horneaste?" —le preguntó Wen Pei en el video.

—"Sí" —respondió sin ver a la cámara, estaba concentrado leyendo una receta.

—"Basándome en tus antecedentes en la cocina yo diría que nadie dudará que tú lo hiciste".

Ahora sí, Wang Yibo despegó su atención de la receta y lo miró muy feo.

Tanto Wen Pei como Xiao Zhan rieron.

Mirando el video, Xiao Zhan logró entender que su amado se había desvelado haciéndole un pastel, pues el horno marcaba las dos de la mañana a la hora del video.

Durante toda la grabación no se mencionó para quién era ese postre y mucho menos se mostró el resultado final del pastel. El único propósito era que Xiao Zhan viera que sí lo hizo él.

Una vez más, Zhan Zhan miró su pastel y su pecho se llenó de una emoción que se convirtió en un nudo en su garganta.

El pastel decía "Te amo, tonto. Feliz cumpleaños" con una perfecta caligrafía. Sin duda era la de Wang Yibo, pues le añadió un corazón con un punto a un lado.

El postre estaba algo chueco y era evidente que fue hecho en casa. El betún no se veía uniforme y sinceramente no se veía apetitoso. Sin embargo, para Xiao Zhan fue la maravilla más hermosa del mundo al saber que Yibo lo había preparado con sus propias manos a pesar de su agenda tan apretada, de su cansancio y del poco tiempo que tenía para dormir.

—Tiene una pinta terrible, pero está delicioso —aseguró Wen Pei

—¿Cómo lo sabes?

—Estuve con él durante el proceso y además probé un pedazo de su primer intento —sacó su móvil y le enseñó las fotos del primer pastel. Se había quemado de un lado, pero el otro estaba intacto.

—¿Hizo varios intentos?

—Dos. No te iba a dar el quemado, ese me lo dio a mí.

Xiao Zhan se echó a reír.

—Y viniste hasta acá solo para dármelo.

—Tu día de cumpleaños no podía pasar desapercibido. Él en verdad deseaba pasar este tiempo junto a ti.

—Lo sé, lo entiendo.

—Él mismo hizo el merengue también —añadió de inmediato al ver que comenzaba a ponerse sentimental—. Por eso tiene un color… extraño.

Sí, se había emocionado con los colorantes, usó de más y habían salido tonos muy vivos y brillantes.

Era un feo pastel casero, pero delicioso.

También traía una nota:

"Amor, feliz cumpleaños. Desearía estar Contigo en este momento, estoy seguro de que tienes idea de cuánto porque sé que estás igual que yo. Te pido disculpas por el terrible regalo, no se compara con el pastel que me hiciste, pero… lo hice con mucho cariño. Se ve feo, pero está rico, lo prometo. Seguiré practicando para mejorar y hacerte pasteles más bonitos.

Te amo.

-De tú sabes quién".

Rio y lloró. Wen Pei le explicó que Yibo había tenido mucho apoyo durante el proceso del pastel. Desde semanas atrás había pedido ayuda a sus amigos para que le enseñaran lo más básico. La señora Wang, su madre, su padre e incluso Jackson Wang estuvieron involucrados.

—¿Jackson Wang? —se alarmó un poco al escuchar ese nombre entre todos.

—Sí, le ayudó a conseguir los ingredientes correctos y a preparar bien la mezcla.

—Vaya… ¿Se tomó el tiempo de hacer todo eso? —por poco rodó los ojos.

—Bueno, no fue la gran cosa. Viven en el mismo edificio, no le costó mucho trabajo… —silenció al ver la cara de enojo de Xiao Zhan. Entonces recordó que Mao siempre le decía cuan celoso podía llegar a ser Zhan Zhan cuando se trataba de Jackson Wang.

Esa noche Xiao Zhan se fue a la cama con un plato en manos, este traía una inmensa rebanada de ese pastel de chocolate tan delicioso. Mentiría si dijera que sabía tal como se veía.

Se metió a su cama calientita y disfrutó de las primeras noches frescas del otoño.

Antes de dormir sacó la carta que su amado le había escrito y releyó una parte de esta:

"Extraño que apagues la luz por mí antes de dormir, que me abraces y me pegues a tu cálido cuerpo"

Se abrazó a sí mismo al leer eso.

"Extraño tu calor por las mañanas, sentir tu desnudez contra mi cuerpo y tus ronquidos insoportables en medio de la noche".

Releer aquello bastó para que se durmiera con una sonrisa en el rostro. La hora de dormir era su preferida del día, pues podía soñar con el amor de su vida.

Continuará…

Un mes después, lo sé. Soy la peor. ¡He estado tan ocupada recientemente que ni siquiera he compartido algo en Facebook desde hace días! Lamento haberlas preocupado, gracias por sus ánimos y su paciencia.

¡Las quiero!

20/11/2020

8:45 p.m.