Capítulo 70 "Solo un sueño"
Despertó con el agradable aroma a café recién hecho acompañado de tocino aún friéndose en la sartén. Amaba despertar así, escuchando a su amado tarareando o cantando mientras cocinaba el delicioso desayuno que siempre se esmeraba por tener listo antes de que él despertara.
No sabía qué día era, solo era consciente de la cómoda calidez que lo envolvía al estar bajo las colchas que aún guardaban el calor que Xiao Zhan había dejado en ellas antes de salir.
Inhaló con profundidad y llenó sus pulmones con el aroma de ellas, tenían impregnado el olor de su amado.
No quería salir de ahí, estaba tan cómodo y tibio. Afuera hacía frío. Xiao Zhan amaba el invierno, pero él no tanto. O al menos no le gustaba cuando estaba lejos de su proveedor de calor personal.
Luego de mucha renuencia, salió de la cama con su típico rostro adormilado y algo hinchado. Xiao Zhan siempre decía que por las mañanas Yibo tenía el rostro de un niño perezoso. Esta vez no fue la excepción.
Fue al baño para hacer sus necesidades, lavarse los dientes y el rostro antes de bajar a la cocina.
Con cada escalón que descendía lograba escuchar con más claridad el canto de su esposo: "You raise me up". Cantaba con naturalidad, a sabiendas de que Yibo bajaría en cualquier momento y lo abrazaría por la espalda como tenía por costumbre desde hace tantos años.
Había ya una familiaridad entre ellos que fue creada a base de años y años de convivencia bajo el mismo techo, como una pareja consolidada, como un matrimonio.
Yibo llegó a la cocina y de forma escurridiza rodeó la cintura de Xiao Zhan con sus brazos, por detrás. El aludido ni se inmutó, siguió catando y cocinando. Detuvo su hermoso canto solo para girar su rostro y besarle la mejilla a su esposo antes de seguir.
El menor se quedó ahí, descansando su cuerpo contra el de Zhan Zhan, disfrutando de su calidez y su olor. Amaba todo de él, pero adoraba aún más cuando cantaba por las mañanas.
Todo su hogar estaba inundado con el aroma a hot cakes recién hechos y a mucha miel.
—A los niños les encantará —dijo Yibo cuando Xiao Zhan terminó de cantar y de hacer el ultimo pancake.
—Lo sé —le extendió el plato con tocino y Yibo no dudó en tomar un par de trozos y llevárselos de inmediato a la boca. Estaba hambriento. En la noche no habían cenado porque se apresuraron a aprovechar el poco tiempo libre que tenían antes de dormir para disfrutarse como pareja bajo las sábanas.
No tardaron en escuchar pequeñas pisadas, bajando con rapidez las escaleras, acompañadas de risas infantiles bastante adorables.
—¡¿Hay hot cakes para el desayuno?! —inquirió el niño menor.
—Sí. Vayan a lavarse las manos y vengan a desayunar —Yibo le revolvió el cabello a cada uno y besó sus mejillas
—¿Los hizo papá? —preguntó de nuevo el menor.
—Duh, claro que sí, sino ya estarían quemados —afirmó el mayor.
Yibo le dio una palmada en la nuca como castigo por poner en duda sus artes culinarias.
—¡Papá! —se quejó, llamando a su padre Xiao Zhan—. Papi me pegó —fingió estar llorando. El aludido lo miró y le alzó una ceja, no creyéndole su llanto falso.
—Dijo que quemo los hot cakes —se defendió Yibo.
Xiao Zhan terminó de poner la mesa y suspiró antes de mirar a su esposo y a su hijo mayor.
—Cariño —miró a su niño—. Papi quemó los hot cakes solo una vez, no te burles más. Y Yibo… —miró ahora a su esposo y puso ambas manos en las caderas. Había cambiado su tono dulce por uno firme—…no le golpees la nuca.
Mientras ellos seguían en su discusión, el hijo menor devoraba ya su porción cubierta de tanta miel que le daría diabetes a cualquiera que lo viera.
Yibo miró a su familia completa y sonrió. Era feliz, estaba en su burbuja de amor feliz. Sus hijos eran hermosos. Se parecían tanto a Xiao Zhan, pero también tenían rasgos de él, en especial el menor. Era respondón e inquieto.
Entonces Xiao Zhan se acercó a él con una sonrisa y le rodeó la nuca con ambos brazos antes de besarlo en los labios.
Yibo sonrió de oreja a oreja. Había tenido una pesadilla en la que ambos estaban separados por culpa del gobierno y sus normas retrógradas.
¡Vaya tontería!
—Te amo —susurró sobre sus labios.
Xiao Zhan le regresó la sonrisa. Nada rompería esa burbuja de amor en la que se habían encapsulado, ni siquiera los reclamos de sus hijos, quienes eran espectadores en primera fila.
—Despierta —susurró Xiao Zhan sobre su mejilla, besándola después.
—Estoy despierto —rio.
—Despierta —susurró ahora sobre su oído.
—Amor, ¿es algún tipo de broma? Estoy despierto.
—Despierta.
Esa ya no se escuchó como la voz de su amado.
De pronto el escenario ante sus ojos desapareció. Escuchó que alguien lo llamaba, la voz iba y venía, hasta que se dio cuenta de que esa voz era la de uno de sus asistentes personales.
Abrió los ojos y entonces lo supo: todo había sido un sueño.
—Lamento despertarlo, pero el avión ya aterrizó y desbordaremos en cualquier momento.
Con el ceño más fruncido que nunca, se giró en el asiento hasta quedar sobre su otro costado, dándole la espalda al asistente y mirando el amanecer por la ventanilla.
Había despertado empapado de sudor y aún se encontraba agitado y bastante desconcertado. Tuvo un buen sueño, uno magnífico, así que… ¿por qué estaba tan abrumado?
Ah… sí, porque sabía incluso en sueños que aquello quizás jamás se haría realidad.
Su mal humor incrementó una vez más.
Se cubrió mejor con la mantita que traía y puso atención a lo que miraba por la ventana: el amanecer.
Joder. Incluso eso lo entristecía. Ver el amanecer desde un avión le hacía recordar la vez que fue con Xiao Zhan a Aspen y lo miró parado en plena escalera de descenso, mirando al horizonte como un tonto mientras escuchaba "Saturn".
Su tristeza se mezcló con más enojo todavía.
Sus asistentes le sacaban la vuelta, también Wen Pei trataba de no hablarle mucho cuando estaba recién levantado.
Bajó del avión rodeado por sus guardaespaldas, estos lo protegieron de la multitud que ya lo esperaba afuera. Yibo no confiaba en nadie de su personal más que en Wen Pei, era el único. Estaba seguro de que los demás vendían su información por internet. Pues… ¿Por qué otra razón habría una multitud esperando por él?
Ocultó la mitad de su rostro con el cubrebocas, y la otra mitad con la gorra. Así nadie se dio cuenta de las marcas de almohada en su cara. Pero al ver a la gran cantidad de fans, se asombró. No estaban empujándose. Respetaban su espacio y se mantenían a la distancia. Eso lo maravilló. Pero lo que más llamó su atención fue ver que todas traían manojos de cilantro en sus manos. Eso lo hizo reír. Tal parecía que habían visto el capítulo más reciente de SDC en donde Jackson se acababa el cilantro. Pero lo que le robó una sonrisa que nadie vio, fue el letrero que decía "WangXiao is real".
Sí, vaya que lo era.
Eso aminoró su enojo, pero solo un poco.
Cuando pasó por seguridad se tuvo que quitar la gorra y… las fans a lo lejos soltaron gritos escandalosos al ver que se había cortado el cabello, demasiado, demasiado corto.
Había tenido que hacerlo para el film que estaba llevando a cabo, pero cuando se lo cortó solo pudo pensar en qué pensaría Xiao Zhan al verlo así. ¿Le seguiría gustando así? Ya no se veía tan bien, aunque siendo sincero se sentía mucho más cómodo.
A partir de ese día se esparcieron como pólvora las fotos de Wang Yibo con su nuevo corte. Cuando Xiao Zhan lo vio solo pudo maravillarse. Se veía precioso y se moría por decírselo.
Yibo iba a participar en una carrera de motos y Xiao Zhan no podía estar más nervioso. ¿No le había dicho que dejaría eso de lado?
Mao tuvo que recordarle que Yibo lo dejaría de lado solo en lo profesional.
—¡Pero esa carrera es bastante profesional! Si gana irá a las finales nacionales y luego competirá a nivel mundial.
—¿No quieres que gane?
—Sabes que no es eso —estaba frustrado—. Solo quiero que esté a salvo.
—Lo estará, tranquilo. ¿Quieres venir a ver las pruebas conmigo? Están por comenzar.
No muy seguro de querer ver a su amado de nuevo sobre una moto, aceptó y vio la carrera.
Sin embargo, su enojo se esfumó al ver que portaba la cadena y el dije que le había regalado también por su cumpleaños, fue un regalo sencillo, pero tremendamente fino. Era un dije pequeño con forma de una cabeza de león de oro blanco con incrustaciones de zirconio.
También le asombro lo mucho que había mejorado bastante en la pista. Sacó el segundo lugar en esa carrera de prueba.
La buena sería al día siguiente. De nuevo Mao y Xiao Zhan se juntaron para verla, en esta ocasión los acompañó Ayanga y Dalong, quienes se reunieron ese viernes por la tarde para ver la carrera. A estos dos les gustaban mucho las motos. A Xiao Zhan no, pero sí le gustaba un motociclista.
Fue entonces cuando vieron la mala jugada que le hicieron a Yibo. Estaba por ganar en la última vuelta, pero un motociclista lo cerró en una curva y ambos derraparon. Lo hicieron ver como un accidente, hasta que el causante se subió a su moto de inmediato y continuó con la carrera, chocando puños con su compañero ante la vista e todos.
—¡Eso fue intencional! —Xiao Zhan se paró del sillón, completamente alterado. Sus amigos ahí presentas estaban impactados por lo que acababan de ver.
—Lo fue, claro que sí —apoyó Ayanga.
Tono había derrapado en su moto, salió disparado lejos de ella, rodando varios metros sobre el asfalto hasta llegar a una zona verde. Supo sobrellevar la caída, dejando que la velocidad que había tomado su cuerpo disminuyera por sí sola hasta que logró ponerse de pie como si nada hubiese pasado.
Ya era experto en caídas y sabía cómo amortiguarlas.
Lo primero que hizo luego de ponerse de pie fue hacer a un lado la competitividad e ir directo hacia el otro competidor para comprobar que estuviera bien, pues no se levantaba. Cuando estuvo muy cerca de él, vio cómo se levantaba, se subía a la moto y arrancaba con prisa para terminar la carrera.
Yibo intentó hacer lo mismo, pero su moto ya no encendió.
La carrera terminó ahí para él.
Vieron cómo Yibo estaba tan furioso que intimidaba cualquiera.
Mientras tanto, en el departamento de Xiao Zhan estaban todos con cara de no poder creerlo. Mao ya sabía cómo se ponía Xiao Zhan al respecto, pero vio que esta vez se mantuvo aparentemente tranquilo, demasiado en realidad.
Fue hasta que lo vio fijo a la cara cuando se dio cuenta de la furia que lo invadía.
Estaba colérico, pero se lo estaba aguantando muy bien.
La vida de Yibo había corrido riesgo de nuevo, pero Mao no sabía si él estaba así de furioso con Yibo o con el competidor que causó la colisión.
Esperaba que fuera con ambos, pues él era partidario de que Yibo dejara las motos.
Xiao Zhan se veía lleno de impotencia, sin embargo, sintió parte de alivio al verlo sano y salvo. Le entristeció verlo tan furioso, más aún cuando el otro competidor lo incitaba a pelear.
Estaba más que claro lo que el equipo competidor quería lograr: ensuciar la imagen de Yibo. Provocarlo para hacerlo reaccionar (como cualquier humano haría) para que el resto del mundo lo criticara y crucificara al verlo responder a una provocación así.
Estuvo a punto de enfrentarse a ese hombre con algo más que palabras, pero su mentor y mejor amigo en el área de las motocicletas lo detuvo a tiempo y lo calmó dándole un abrazo luego de confirmar que no tuviera lesiones.
Yibo se tranquilizó y correspondió el abrazo. No sabía que lo necesitaba, hasta que se vio envuelto en sus brazos ante la sorprendida mirada de todos los presentes.
Eso también fue transmitido en televisión. Así que los amigos de Xiao Zhan Inmediatamente lo miraron, ni si quiera lo pensaron. Sabían que no reaccionaria muy bien a ello, pues con SDC ya sufría de bastantes celos.
Pero para sorpresa de todos, se mantuvo estoico, sentado en la orilla del sillón con el codo sobre el descansa brazos y la cien apoyada en su mano. Tenía la mirada fija en el televisor.
La carrera terminó, Yibo fue descalificado por lo sucedido, y el incidente no fue clasificado como algo más que eso: un incidente.
Al día siguiente Xiao Zhan se levantó temprano. No tenía nada qué hacer, por lo que estaba muy inquieto en su hogar. Necesitaba ocupar su mente en algo, pero no había en qué.
Hasta que llamó a Mao para cancelar los planes que tenía con él y unos amigos durante esa tarde.
—¿Por qué no irás? ¿Estás bien?
—Sí, solo iré al dentista. Desde ayer me duele una muela.
—¿Por eso estabas tan raro? —suspiró—. ¿Quieres que te lleve?
—No es necesario, conduciré.
—Pero no deberías ir solo. Podrían reconocerte.
—Iré en la tarde, para esa hora ya habrá oscurecido. No te preocupes, seré precavido.
—Bien —aceptó, aún con algo de renuencia—. Si necesitas algo, llámame.
Estaba triste y enojado. Aún sentía la furia de la injusta derrota en la pista. Aún le quedaba un día más en la ciudad, pero ni siquiera quiso volver a casa, a ese hogar vacío, tan cerca y tan lejos al mismo tiempo de Xiao Zhan.
Estaba frustrado. No quería ver a nadie, así que alejó a todo su equipo de seguridad, incluso a Wen Pei. Quería estar solo.
El clima parecía empatizar con él, pues afuera se desataba una terrible tormenta.
No iba a negarlo, sentía un poco de miedo al estar solo en esa habitación de hotel, con una tormenta que amenazaba robarse la electricidad en cualquier momento.
Se puso ropa cómoda para dormir a pesar de que eran solo las siete de la tarde. ¿Qué más daba? Estaba tan oscuro afuera que parecía ser plena madrugada.
Se permitió ser sentimental y tomó una sudadera que le había robado a Xiao Zhan mientras hacía su maleta al irse de casa. Se la puso junto con unos pants cómodos y calcetines gruesos. Tenía frío.
Se metió a la cama y se cubrió por completo con las sábanas hasta la cabeza. Y sin poder evitarlo, una sensación muy conocida oprimió su pecho. Él no solía ser así de sentimental antes de Xiao Zhan, pero ahora no podía evitar llorar en cada oportunidad que tenía.
Justo como ahora, nadie lo miraba, nadie lo escucharía.
Lloró bajo las mantas por su mala fortuna en el amor, por la injusticia, por lo que se moría por hacer y no podía.
Y entonces la situación empeoró.
Se fue la luz.
—Demonios —masculló Yibo, quejándose.
Se hizo bolita bajo las sábanas, sin atreverse a echar un vistazo afuera. Solo el ruido de la tormenta lo acompañaba, hasta que alguien tocó a su puerta.
No se levantó.
Pero la persona afuera siguió insistiendo. Seguramente era Wen Pei.
—¡Les dije que no quiero que me molesten! —espetó desde su cama. Pero seguían llamando a su puerta.
Fastidiado, y no sin miedo, se levantó de malas y dio largas zancadas hasta la puerta.
Intentó ver quién era a través de la mirilla de la puerta, pero todo estaba oscuro.
Y volvieron a llamar a la puerta.
Haciendo a un lado la poca racionalidad que le quedaba, quitó el seguro de la puerta y la abrió.
Sus ojos se abrieron grandemente, palideció y dio un paso hacia atrás de forma involuntaria.
Continuará…
¡Hola, personitas!
Muy corto, lo sé, pero significativo. Tenía que dejar el capítulo ahí. Todo puede pasar, las cosas pueden dar un giro cuando menos se lo esperen.
¿Quién es esa o esas personas que fueron a ver a Yibo? ¿Por qué se asustó así?
29/11/2020
7:20 p.m.
