Capítulo 73 "Pandemia"
Se había enterado de la peor forma. Sabía que Mao actuaba misterioso y que algo le ocultaba, pero jamás imaginó que sería algo así de delicado.
Supo que algo pasaba cuando todos sus compañeros de set e incluso el personal se le quedaban mirando de una manera extraña, murmurando cosas en voz baja.
Decidió no prestarles atención, hasta que escuchó cierto nombre entre esos murmullos. Sin disimular mucho su inquietud, se acercó a ellos y les preguntó qué sucedía de la forma más casual posible.
—¿No has entrado a las redes? Wang Yibo sufrió un accidente automovilístico hace unas horas —le informó uno de sus compañeros.
—Pensamos que ya lo sabrías —añadió otro. Todos fueron testigos de cómo el rostro de Xiao Zhan fue palideciendo antes de darse media vuelta sin decir absolutamente nada, su mente ya estaba muy ocupada con otras cosas.
Lo primero que hizo fue correr a su camerino donde estaba Mao con la misma pinta misteriosa y angustiada, ahí le pidió, no, le exigió que le diera su teléfono. Sabía que él lo tenía.
—Te enteraste.
Xiao Zhan no respondió, buscaba las noticias en su móvil con urgencia. No tardó mucho en hallar una nota completa de lo ocurrido. Su pulso se aceleró hasta los cielos y un extraño hormigueo invadió su cuerpo completo.
—Él está bien. Hablé con Wen Pei y me explicó a detalle.
—¿Dónde está?
—En casa, con sus padres.
Eso hizo que Xiao Zhan lo mirara con sorpresa y hasta con algo de alivio.
—Volaron hasta acá al enterarse —continuó explicando—. Yibo está bien, se lastimó un poco el cuello, pero no es nada de lo que debamos preocuparnos.
—Iré a verlo.
—Esto no fue un accidente provocado por paparazis —eso detuvo las ideas alocadas de Xiao Zhan, sin embargo, algo en su interior lo empujaba con una terrible necesidad a seguir ese impulso.
—Tengo que verlo con mis propios ojos.
—Hey —lo detuvo por los hombros al notar que temblaba un poco—. Cálmate y piensa con la cabeza fría, no puedes verlo ahora, ni después… —añadió—. Esto es consecuencia de sus encuentros "secretos".
Eso hizo que Xiao Zhan abriera mucho los ojos.
—Sí, Wen Pei y yo lo supimos todo el tiempo —suspiró—. Y te aseguro que el gobierno también.
—Mierda —se llevó ambas manos a la cabeza y se quedó así unos segundos hasta que de pronto salió corriendo de ahí.
—¡Xiao Zhan!
—Lo siento, tengo que ir.
Nada lo iba a detener. Tenía que verlo con sus propios ojos y asegurarse de que se encontraba bien, abrazarlo y decirle cuánto lo amaba, que todo estaría bien. Vio las fotos de cómo quedó el auto, así que estaba seguro del gran susto que debió llevarse. Solo quería estar a su lado en ese momento.
Dejó el sentido común de lado, se subió a su auto y arrancó con prisa. Estaba algo lejos de casa, y tardaría en llegar, pero nada se lo impediría.
Conducía con velocidad, le sacó la vuelta a varios autos que iban muy lento e hizo sonar la bocina más de una vez durante todo el trayecto, pidiendo casi a gritos que se hicieran a un lado de una maldita vez.
Cualquiera que lo mirara no podría creer que era el mismo Xiao Zhan pacífico y amable de siempre. Estaba hecho una bestia. Tenía mucho rencor hacia el gobierno, bastante miedo por lo que pudo pasarle al amor de su vida; y una tristeza enorme porque, en parte, él era culpable de ese accidente.
Mao había intentado detenerlo, pero fue imposible, así que tomó un taxi y lo siguió. Llamó a Wen Pei para advertirle que Xiao Zhan llegaría a casa de Yibo en cualquier momento, casa que probablemente estaba siendo vigilada ahora más que nunca.
Wen Pei logró llegar a tiempo a casa de Yibo, Xiao Zhan aún no estaba ahí.
—¿Qué sucede con Xiao Zhan? —preguntó Yibo de inmediato.
—Tratamos de hacer que no se enterara, pero lo hizo y viene para acá.
Lo primero que Yibo pensó fue: Que estupidez, pero claro que se iba a enterar tarde o temprano. Y que estupidez aún mayor la de Xiao Zhan al querer ir a verlo.
—Están vigilando tu casa, y la de él también. Yibo, ellos lo saben todo —insistió Wen Pei, cada vez más tenso.
El aludido iba a responder algo, pero un par de voces conocidas lo distrajeron. Había personas discutiendo afuera de su casa.
—Es Zhan Zhan —murmuró la señora Wang al asomarse por la ventana—. Y su guardaespaldas.
Yibo quiso salir de inmediato, pero su padre lo detuvo.
Mientras tanto…
—Estás cometiendo un error.
—Tengo que saber cómo está.
Mao se plantó frente a él y lo tomó fuertemente por los brazos.
—Él-está-bien —lo obligó a mirarlo a los ojos y luego bajó la voz—. Entiéndelo. Hay gente vigilándolos. El simple hecho de que estés aquí ya es perjudicial para los dos.
Tenía toda la razón, y muy en el fondo Xiao Zhan sabía eso.
—Estás siendo un completo irracional, inmaduro y temerario —espetó con verdadero enfado al verlo forcejear con él—. ¡Te comportas como un niño!
Xiao Zhan se detuvo en seco y dedicó unos segundos a pensar en ello. Su pulso estaba acelerado por la adrenalina y el enojo que sentía, sin mencionar la angustia que lo ahogaba al saber a su amado lastimado.
En ese momento la puerta principal del hogar de Yibo se abrió. Ambos miraron en esa dirección casi de inmediato.
—Zhan Zhan —caminó hacia él con una expresión de tristeza poco común en ella—. Yibo está bien, lo prometo —se paró frente a él y le acarició la mejilla con un cariño que solo le demostraba a su hijo y ahora a él—. Pero será mejor que te vayas, por el bien de ambos.
El aludido tomó la mano que lo acariciaba y la miró con ojos cristalinos. A ella se le partió el corazón.
—¿En verdad está bien? ¿Cómo está su corazón? ¿Sufrió alguna lesión?
—Tranquilo, cariño, calma. Está perfectamente, solo fue un gran susto y una pequeña lesión en el cuello, pero en unos días estará como nuevo. Lo prometo —tomó ambas manos de él y las apretó—. Él quiere verte tanto como tú, su padre tuvo que detenerlo ahí adentro —sonrió de lado y miró hacia la casa—. Pero ambos sabemos que sería muy peligroso, ¿no es así?
—El accidente fue planeado por ellos.
Ella asintió con pesar.
—Y recibió una carta en la que amenazan con hacerte lo mismo. Zhan Zhan, es por el bien de los dos. Estando juntos corren más peligro que separados.
Pudo percibir cómo algo dentro de él se desmoronaba al escuchar esas palabras. Soltó las manos de la señora lentamente y asintió. Quiso sonreírle, pero no pudo.
—Tiene razón —bajó un poco la cabeza, era inevitable, de pronto se sentía con ganas de sentarse en el césped y quedarse ahí hasta que la hierba creciera sobre él, hasta que, de alguna forma celestial, él y Yibo pudieran al fin estar juntos—. En ese caso, yo… me retiro. ¿Puede decirle a Yibo…? No, olvídelo —se dio media vuelta, listo para irse. Pero la señora Wang lo detuvo.
—Dime, le daré tu mensaje a mi hijo —lo tomó de una mano con cariño.
—Dígale que lo amo —correspondió el apretón de mano y ella sonrió con dulzura.
—Eso él lo sabe muy bien, pero de todas formas se lo diré —le guiñó un ojo y finalmente lo abrazó.
—Gracias —suspiró dentro del abrazo.
Al separarse, Xiao Zhan miró hacia la casa y sus ojos se abrieron mucho al ver a Yibo asomándose por la ventana de la sala. Su impresión duró unos segundos y luego fue sustituida por una suave sonrisa. Yibo asintió en su dirección, con una mano contra el cristal, queriendo atravesarlo para correr a sus brazos. Xiao Zhan también asintió y le dedicó una mirada tan significativa que a Yibo se le llenaron los ojos de lágrimas.
Tenía un nudo en la garganta, pero verlo ahí, vivo, de pie y con bien… bastó para que pudiera irse a casa con un poco de tranquilidad.
Y entonces, una verdadera separación comenzó.
Sucedieron muchas cosas en las vidas de ambos, la más importante fue que no volvieron a sufrir atentados como el del accidente. Yibo se hizo aún más cercano a sus amigos de SDC, quienes supieron lo ocurrido y se encargaron de no dejarlo hundirse, lo mismo ocurrió con sus hermanos de DDU.
Xiao Zhan, por otra parte, se aisló un poco del mundo. Sus amigos y seres queridos lo buscaban, pero él los evadía a toda costa alegando que no sería una buena compañía para nadie en ese momento. Frente a los reflectores era el mismo sonriente, amble y carismático de siempre, pero cuando apagaban las cámaras y las luces, se desaparecía todo rastro de ese Xiao Zhan. En su lugar solo quedaba una persona cansada, triste y con ganas de solo llegar a casa a dormir.
Era imposible que no coincidieran de vez en cuando, en especial si trabajaban para la misma agencia.
Fue así como Wang Yibo se enteró de algo que nadie le había dicho por temor a su reacción o a que intentara buscar a Xiao Zhan. Se enteró una mañana mientras estaba en una de las oficinas de la agencia. Junto a esa oficina había un largo pasillo que llevaba a más oficinas idénticas a esa. Tenía que actualizar los términos de un contrato. Un abogado que le había mandado su padre lo acompañaba, y Wen Pei, como buen manager, estaba atento a todas las cláusulas que modificarían.
Pero mientras estaban ahí lograron escuchar una calurosa discusión acercándose por el pasillo.
—Si sigues así podrías terminar detenido en la cárcel.
—O muerto.
Wang Yibo dejó de prestar atención a lo que ocurría en esa oficina cuando escuchó aquellas palabras alarmantes en voz de Na Ying Jie y Mao respectivamente.
—No me sucedió nada.
—Es la segunda vez que te veo conducir a esa velocidad infernal —espetó Mao.
—¿La segunda? —se espantó Na Jie.
—Sí —estaba molesto.
—Les agradezco su preocupación —seguía con un tono "amable" —. Pero no es necesaria, estoy bien.
—Te pasaste una luz roja.
Xiao Zhan suspiró.
—Tengo que irme —sin más, apresuró su andar y pasó junto a la oficina en donde, sin saberlo, estaba Wang Yibo. Este había dejado de prestar atención a su reunión, y los ahí presentes se dieron cuenta.
Días después, Wang Yibo vio llegar a Xiao Zhan a la agencia en un auto deportivo que jamás le había visto antes, pero que sí lograba reconocer como el Audi R8 de color rojo que Xiao Zhan guardaba en su garaje con una cubierta protectora. Lo había descubierto un día en el que estuvo curioseando por todo el dúplex.
Y si bien sabía que conducía como abuelita cuando estaba sobre una moto… era totalmente distinto cuando se trataba de conducir un auto. Xiao Zhan era bueno en ello, controlaba cualquier automóvil a altas velocidades y al mismo tiempo era precavido. Sin embargo, se sintió angustiado por su bienestar, en especial luego de escuchar esa discusión tan acalorada en el pasillo.
Y como si no tuviera preocupaciones suficientes… un repentino caos llegó al país, en especial a la capital.
De pronto comenzaron a cerrar lugares públicos, la gente se alarmó y finalmente declararon estado de alerta por la propagación de un virus mortal que estaba contagiando a gran parte de la población.
Era bien sabido que desde hace un par de meses se habían registrado muchas muertes por neumonía, pero hasta ahora declararon la existencia de ese virus denominado COVID-19, para el cual no había vacuna aún, era altamente contagioso y muchos estaban muriendo debido a él.
Alarmados, lo primero que hicieron fue asegurarse de que sus padres estuvieran bien y que tomaran las medidas necesarias, después… después quisieron saber uno del otro. Solo lo lograron por medio de Fei Fei, quien los buscó a ambos para asegurarse de que estuvieran bien y aprovechó para informar a uno del otro.
Así inició una cuarentena declarada por el mismo gobierno.
Les prohibieron salir de casa a menos que fuese indispensable. La situación se agravó muy rápido en todo el país. La gente seguía muriendo, había caos en las calles, desorden y pánico.
Wang Yibo y Xiao Zhan fueron recluidos en su casa de inmediato, sus amigos estaban en la misma situación. El estrés se podía respirar en el aire.
El sufrimiento por su separación había pasado a segundo plano mientras vivían los comienzos de la pandemia, pero ya estando encerrados en casa lo resintieron más que nunca, en especial porque sabían que estaban solo a metros de distancia, solo un par de calles los separaban.
Yibo sentía un vacío abismal en su pecho cada vez que miraba el piso del pasillo principal de su hogar, donde sus manos y las de Zhan Zhan estaban pintadas.
Para él estaba siendo muy difícil adaptarse a todo lo que estaba sucediendo. Antes tenía su rutina diaria llena de trabajo y compromisos para no pensar en Xiao Zhan, pero ahora no podía sacárselo de la mente. Su mayor sufrimiento era al levantarse por la mañana y al irse a dormir por las noches. Extrañaba sentir los pies tibios de su amado frotándose con los suyos que siempre estaban congelados a pesar de estar bajo mantas cálidas y gruesas. Añoraba volver a escuchar su melodiosa voz cantando por las mañanas, los ruidos que hacía en la cocina al preparar el desayuno, ¡incluso extrañaba sus ronquidos! En las noches lo más difícil era conciliar el sueño, ni siquiera teniendo todas las luces y el televisor encendido ayudaba.
No podía dormir.
No tenía apetito.
No lograba estar en paz.
Hasta que una mañana, en pleno clímax pandémico, entró a las redes y se topó con una noticia terrible que poco a poco se convertiría en un hecho que dejaría marcada la vida de Xiao Zhan, y en consecuencia la suya también.
—Pero… ¿Qué demonios es esto?
No entendía qué estaba sucediendo. Dedicó horas a leer las noticias, los foros, los grupos en Weibo y entonces entendió qué diablos estaba sucediendo.
Habían vetado una famosa plataforma de fanfiction por culpa del escándalo que se hizo a raíz de un fanfic.
No sabía cómo digerir aquello.
La historia trataba de un Xiao Zhan adulto, transexual, en proceso de ser mujer; y trataba de un Yibo menor de edad, ingenuo y enamorado.
Todo estaba bien, era una historia ficticia que no afectaba a nadie. Sí, quizá era perturbador saber que alguien escribía ese tipo de cosas sobre él y Xiao Zhan, se sentía extraño, pero… carajo ¡podía vivir con ello! No había necesidad de que un grupo de only fans de Xiao Zhan y only fans de él comenzaran una revuelta de tal calibre. Ellas estaban más ofendidas por la historia que ellos mismos, y armaron tal escándalo que la historia se hizo más conocida y llegó a ojos de personas importantes que no tuvieron más remedio que poner un alto a la situación. ¿Cómo? Cortando de raíz el problema y prohibiendo el acceso a esa plataforma y a otras en donde compartían fanarts de ese fanfic, eran dibujos demasiado explícitos, casi pornografía sobre un Xiao Zhan transexual y un Yibo menor de edad.
Perturbador para muchos, fascinante para otros.
Pero cerrar esas páginas fue como tirar gasolina sobre una hoguera.
Usuarios de esas plataformas que no tenían nada qué ver con Wang Yibo y Xiao Zhan estallaron en cólera por tener que cargar con las consecuencias de actos ajenos.
Ahí empezó una pequeña guerra virtual que fue aumentando con el paso de los días hasta ser tendencia a nivel nacional.
Lo más preocupante de todo fue que esos usuarios enfurecidos se fueron en contra de las fans de Xiao Zhan y del mismo Xiao Zhan, culpándolo por no controlar a su séquito de fans enloquecidas y perturbadas.
Yibo estaba seguro de que Xiao Zhan ya estaba al tanto de lo que ocurría, no quería ni imaginar cómo estaría, sabía que, aunque no pareciera, sí le preocupaba la reputación que tenía ante el mundo.
Pero eso no fue lo peor. El estudio de Xiao Zhan dio una disculpa pública por lo ocurrido, sin embargo, las cosas empeoraron. Días después hackearon sus cuentas en las redes sociales y todo se vino abajo.
El acoso comenzó, la difamación se esparció por todo internet. Comenzaron a publicar fotos de Xiao Zhan a blanco y negro, como si este hubiese muerto, diciendo que él no existía más para el mundo. Todo eso era obra de los usuarios de las plataformas que fueron vetadas.
A esas fotografías a blanco y negro le siguieron imágenes mal editadas de él en situaciones comprometedoras, vulgares y ofensivas. Comenzaron a tacharlo de "homosexual" solo para echarle más lodo a su reputación, pero eso hizo temblar a Yibo. Era la primera vez que veía esa palabra junto al nombre de su amado en una plataforma mundial.
La situación se había salido de las manos desde hace mucho tiempo, el control se había perdido.
Y Wang Yibo se sentía como león enjaulado, encerrado en casa con una gran impotencia.
A pesar de todo, su trabajo en Day Day Up continuó. Cada miembro grabó en vivo desde su hogar, él no fue la excepción, sin embargo, le fue muy difícil presentarse ante el mundo como si nada pasara, sabiendo el martirio que Xiao Zhan debía estar pasando en esos momentos.
No fue fácil, al mirarse al espejo se dio cuenta de lo demacrado que se veía. Usó su mediano conocimiento en maquillaje y por primera vez se lo aplicó él mismo. No logró hacer mucho, pero consiguió cubrir sus ojeras un poco, ya no se veía tan cansado, pero seguí viéndose muy diferente a como sus fans estaban acostumbrados a verlo.
Hizo a un lado esa insignificante preocupación y siguió adelante con su trabajo.
Luego de la emisión del episodio, no se hicieron esperar los comentarios respecto a su apariencia. Ya se lo esperaba. Afortunadamente pudo atribuir su estado a la situación pandémica actual.
Todos le creyeron.
Yibo se mantenía al tanto de Xiao Zhan por medio de Na Ying Jie, Mao y Wen Pei. Hasta Fei Fei era de ayuda a pesar de que estaba lejos.
De esta forma lograba conseguir algo de paz al saber que a pesar de todo se encontraba bien.
—Ya lo conoces, es un hombre fuerte, está sobrellevando bien esta situación —le aseguró Wen Pei en una videollamada.
—¿Es eso cierto, Mao? —le preguntó al otro invitado en la videollamada.
Él solo asintió en silencio.
—Además, la agencia ya contrató a especialistas que se están haciendo cargo del asunto.
—Se están tardando mucho. ¡La difamación aumenta día tras día!
—Él ya ni siquiera abre sus redes sociales —aseguró Mao.
Yibo bufó.
—Pero claro que no, se las hackearon, ¿cómo lo haría? —estaba enojado.
—Quizá estarás más tranquilo si te digo que… —lo pensó unos momentos—…tu padre nos acaba de enviar al mejor abogado de su bufete para defender los derechos de Xiao Zhan.
Yibo miró a su manager con asombro.
—¿Lo dices en serio?
—Es completamente cierto —aseguró Mao. Este se encontraba algo serio. Jamás había sido bueno mintiendo, y justo ahora no mentían, pero… en realidad ninguno había visto a Xiao Zhan. Sabían que estaba bien porque les respondía los mensajes y llamadas, pero nunca aceptó hacer videochat con nadie, ni siquiera con sus padres que lo llamaban a diario.
Mao tenía un mal presentimiento, y nadie lograba quitárselo.
Xiao Zhan estaba bien, sí, tenía salud física y nada le faltaba en su hogar. Pero se encontraba en una gran depresión.
Todas las mañanas abría los ojos con la esperanza de que todo hubiese sido una pesadilla, que junto a él todavía estuviera Yibo durmiendo, con saliva corriendo por la comisura de sus labios y con un peinado matutino bastante tierno.
Pero nunca era así, despertaba solo, vacío y con una opresión en el pecho que no se iba hasta que volvía a dormir por la noche.
Cualquiera que lo viera no lo reconocería. No sé había afeitado desde que comenzó la reclusión en casa, su cabello igualmente había crecido un poco, pero eso no era lo que lo volvía irreconocible, sino sus ojos tristes y exhaustos. Pequeñas bolsas bajo sus ojos eran acompañadas por un par de pronunciadas ojeras oscuras.
Ya no cantaba por las mañanas, casi no comía, y mucho menos tenía ánimos de hacer ejercicio en casa para mantenerse en forma. Simplemente estaba en su hogar, en calidad de bulto esperando a que llegara la noche para volver a dormir, o bien, se pasaba la tarde entera durmiendo, pero se quedaba despierto hasta el amanecer.
Su insomnio incrementó a causa de eso. Y por primera vez en mucho tiempo tuvo que recurrir a sus medicamentos para dormir.
En esta ocasión fueron un alivio, lo mantuvieron durmiendo mientras había un caos en internet sobre él. Las difamaciones, el odio y las protestas en su contra eran demasiado para él.
Hasta que se retomaron las emisiones de Day Day Up. Volvió a ver a su amado, aunque fuera en televisión.
¡Que cansado se veía!
Abrazando a Nut contra su pecho y con una manta cubriendo su cabeza y hombros se la pasó en el sofá mirando el programa hasta que finalizó.
Ni siquiera supo de qué se trataba, él solo observaba a Wang Yibo y su mente se llenaba de pensamientos y recuerdos.
Entonces recibió una llamada. Contestó de inmediato al ver que se trataba de Na Ying Jie.
—Zhan Zhan, ¿tienes tiempo para una videoconferencia? Es importante.
—Me sobra tiempo —trató de bromear, pero no hubo rastro de sonrisa en sus labios ni en sus ojos—. Na Jie... Dime por favor que tienen buenas noticias —casi suplicó.
—Las tenemos. Así que anda, ve y conéctate para la conferencia.
Sus palabras fueron un alivio para Xiao Zhan. Hizo lo que le pidió y en menos de cinco minutos ya estaba en videollamada con la CEO de la agencia, Na Ying Jie y el abogado que le había brindado el padre de Yibo.
¡Cuán agradecido y sorprendido estaba por eso!
—Xiao Zhan, ¿estás ahí?
—Aquí estoy —le respondió a la CEO.
Al ver que todos tenían activada la cámara, no tuvo otra opción más que hacerlo. Pero antes intentó cubrir su rostro todo lo posible con un cubrebocas.
Na Ying Jie lo miró y se sorprendió, podía ver mucho más allá del cubrebocas, le bastó con ver sus ojos para saber que no la estaba pasando nada bien.
—Tenemos buenas noticias, hemos detectado la raíz del problema.
Xiao Zhan sintió que al fin podía ver la luz al final del túnel, sin mencionar que pareció experimentar un dèja vú.
—Verás… el problema inició con los fans y el hecho de haber cerrado esas plataformas, sí, pero jamás se habría hecho tan grande de no ser por tu antigua agencia.
—¿Qué? —palideció al mismo tiempo que se le aceleraba el corazón—. Pero… ¿cómo es eso posible? Ellos ya están en prisión cumpliendo una condena, ¿no?
—Al parecer no todos. Uno de ellos quedó libre, reunió a un equipo y se encargó de incrementar la potencia de este problema. Le están pagando a un gran numero de personas para que este asunto se mantenga en el top de tendencias. También son ellos quienes se han mantenido al pendiente de ti y Yibo, informando a su vez al gobierno para… bueno, tú sabes, acabar con su relación y de paso con sus carreras.
Xiao Zhan no cabía en sí de la impresión.
—Lo siento, necesito un minuto —apagó la cámara y se llevó ambas manos al rostro, agitado. Se quitó el cubrebocas para respirar mejor y luego de unos momentos se calmó.
—Zhan Zhan, ¿te encuentras bien?
—Sí, Na Jie, gracias —volvió a encender su cámara.
—Pondremos manos a la obra de inmediato —aseguró Xin Yuan, el abogado del bufete del papá de Yibo—. Levantaremos los cargos en su contra.
—¿Creen que sea necesario ir a juicio?
—No lo será, te lo aseguro —aseguró Xin Yuan.
—Muchas gracias —suspiró pesadamente.
—Sin embargo —continuó el hombre—. Me temo que el daño ya está hecho. Ellos se encargaron de iniciar el fuego, este se propagó y será muy difícil contenerlo ahora que está en manos de millones de internautas. Tendríamos que multar o levantar cargos a cada usuario de Weibo que toque este tema y…
—Sería imposible, lo sé, estoy consciente de ello —volvió a suspirar—. De todas formas, esto es ganancia, ya veremos cómo sobrellevar lo demás.
—¡Ese es mi Xiao Zhan! —pensó Na Ying Jie con entusiasmo. Había extrañado al Zhan Zhan positivo y lleno de esperanza.
—Gracias, a todos, de verdad les agradezco mucho lo que han hecho por mí.
Los otros tres sonrieron y asintieron levemente.
—Te estaremos informando el progreso del asunto, mientras tanto quédate en casa y cuida de tu salud —pidió la CEO.
—Lo haré. Ustedes también cuídense —se despidió con un gesto de la mano.
El abogado fue el primero en salir de la sala virtual, después la CEO, y fue entonces cuando Na Ying Jie habló.
—Zhan Zhan, espera.
El aludido se quedó con el dedo sobre el botón de "Salir de la sala".
—Quisiera hablar contigo.
—Dime.
—¿Cómo estás?
El aludido suspiró pesadamente y luego sonrió un poco a pesar de que ella no podía verlo debido al cubrebocas.
—Estoy bien, dentro de lo posible. ¿Tú como te encuentras? ¿Y tu familia?
—Todos estamos bien, pero… estoy preocupada por ti. Tus padres me buscaron para ver si sabía algo que ellos no —se podía ver en su expresión que realmente le angustiaba.
—No te voy a mentir, Na Jie, ha sido difícil.
—¿Estás comiendo bien?
—Trato.
—¿Duermes bien?
—Bastante, diría yo.
—¿Te hace falta algo?
Soltó una risa que más bien fue un pequeño resoplido. Na Ying Jie entendió a la perfección: le faltaba Wang Yibo.
—No, nada.
—Te iba a decir que les aceptaras las videollamadas a tus padres, pero viéndote ahora —soltó una risa traviesa—, creo que lo mejor es que sigas sin encender la cámara.
—¿Tan mal me veo? —rio.
—Solo te voy a decir que… se preocuparían al verte.
—No estoy tan mal —sonrió—. En serio.
—En ese caso te recomiendo que los busques y se los hagas saber.
—Lo haré. Na Jie, una última cosa antes de terminar la llamada…
—Dime.
—Me gustaría que Yibo supiera que esto está solucionándose. Imagino que ha de estar muy preocupado.
—No hay problema por eso. Xin Yuan está reportándole todos los detalles a su jefe, y él… bueno, es el padre de Yibo —rio—. Te aseguro que está al tanto de todo.
Xiao Zhan se fue a dormir esa noche con un peso menos sobre sus hombros. Aunque eso no quitaba el hecho de que aún no podía entrar a internet sin sufrir un pequeño ataque de nervios al leer todo lo que decían sobre él.
Las difamaciones eran crueles.
Cada día al finalizar la grabación de un capítulo nuevo de Day Day Up, Yibo iba a su baño y se retiraba todo el maquillaje que se ponía para no verse tan demacrado, capas y capas de maquillaje cubrían sus ojeras y trataban de disimular la hinchazón de sus ojos.
Pero ahora, después de tanto tiempo, sentía que las cosas estaban mejorando. Su padre se había comunicado con él para informarle el avance que habían obtenido en los asuntos legales respecto al caso de Xiao Zhan. Mentiría si dijera que no quería aplastarles los sesos a las personas de esa -ahora inexistente- agencia de reclutamiento de idols.
—Papá, ¿te puedo preguntar algo?
—Ya lo estás haciendo.
Yibo rodó los ojos y su padre solo rio.
—¿Por qué estás ayudando tanto a Xiao Zhan? ¿En qué momento dejaste de odiarlo?
—Nunca lo odié.
El menor bufó, incrédulo.
—Hablo en serio, nunca lo odié. Odiaba el hecho de que amaras precisamente a un hombre, lo que te traería problemas e incluso pondría en riesgo tu vida.
Yibo se quedó en silencio.
—Hice mal al actuar como lo hice, no era la manera de solucionar las cosas. Yo no quería separarlos porque no soportara el hecho de que estuvieras con otro hombre, siempre fue por el hecho de que podían matarte.
—Entonces… ¿en verdad aceptas que lo ame?
El mayor suspiró.
—Hijo, él ha demostrado ser digno de ti. Estoy seguro de que no cualquiera se habría atrevido a enfrentarme como él lo hizo. Yo juraba que mojaría sus pantalones, pero no fue así. Me tomó por sorpresa el valor con el que te defendió, y el hecho de que fuera capaz de alejarse de ti con tal de que no te hicieran daño… demonios, eso me demostró muchas cosas de las que no era consciente.
—¿Cómo qué?
—Él te ama de verdad.
—No digas eso, no ahora —le dolía el pecho de solo pensar en ello. Por una parte, estaba feliz de que su padre al fin lo aceptara, pero… ya era muy tarde.
—De no ser porque vivimos en este país… yo aceptaría abiertamente que fueran pareja, incluso esposos. Pero no lo haré mientras sus vidas corran peligro. Los prefiero vivos.
Yibo se enterneció al escuchar que incluía a Xiao Zhan en ese "los prefiero vivos".
—Gracias, papá.
—Si al pasar el tiempo, esto se calma y logran estar juntos… él será bienvenido a la familia.
Yibo apagó inmediatamente la cámara, su padre solo pudo escucharlo sollozar un poco. Se quedó en la llamada, en silencio, acompañando a su hijo en pleno llanto hasta que se calmó.
Los días pasaron, y solo ese tiempo fue necesario para que, a pesar de la pandemia, los responsables fueran a dar a la cárcel. Y a pesar de que todo salió favorable para Xiao Zhan, ahí apenas estaba comenzando el verdadero tormento.
El abogado había tenido toda la razón cuando dijo que meterlos a la cárcel no solucionaría el problema que ya se había iniciado en las redes. Ahora el poder no estaba en una sola persona, sino en millones de usuarios e internautas.
Nadie podía borrar lo sucedido. La difamación había sido tal que logró dejar huella en Xiao Zhan. Jamás había recibido ese grado de acoso que lograba dejarlo tumbado en la cama por días sin querer saber de nada y de nadie.
Su vida se estaba desmoronando poco a poco ante sus ojos, y no podía hacer absolutamente nada. Sus padres estaban al pendiente de él, quisieron ir y pasar la cuarentena a su lado, pero no les permitieron abandonar su ciudad, y Xiao Zhan tampoco los dejaría de todas formas.
Mao tuvo que dejar de visitar a su protegido por normas del gobierno, quien restringió las salidas a sólo las más indispensables como ir a surtir víveres o medicamentos a la farmacia. Fue así como Xiao Zhan terminó completamente solo, recluido en su dúplex solo con Nut, volviéndose loco y hundiéndose en su miseria.
La luz de Xiao Zhan se estaba apagando.
Hasta que un día recibió una dosis de vitalidad.
Su mayor aliciente era ver la emisión semanal de Day Day Up y ver a Yibo en pantalla. Era el único medio por el cual podía verlo, así que no se perdía ni un solo capítulo.
Pero un día de esos, mientras miraba el programa, Han Ge le hizo una pregunta peculiar a Yibo.
—¿Qué le dirías a un amigo que esté atravesando una crisis ahora mismo? Mucha gente está desesperada por el encierro y la incertidumbre que vivimos hoy en día. ¿Qué consejos y palabras les dedicarías?
Wang Yibo miró fijamente a la cámara. No traía ni una pizca de maquillaje (o al menos eso parecía), su cabello estaba sin estilizar, un poco más largo de lo normal, y su ropa era cómoda y bastante sencilla, grababa desde la sala de su hogar.
—Yo le diría a esa persona… —lo pensó unos segundos—… trabaja cuando estés concentrado, lee cuando estés confundido, piensa cuando estés solo y duerme cuando estés triste. Las cosas van a mejorar muy pronto —dijo todo con una gran seriedad, pero al final esbozó una pequeña y sincera sonrisa marca "Xiao Zhan".
El corazón del aludido se estrujó en un manojo de sentimientos encontrados. Memorizó cada palabra y a partir de ese día las puso en acción. Su consejo había sido bueno y le estaba ayudando a salir poco a poco de su miseria.
Sin embargo, de repente tenía recaídas emocionales, en especial cuando se le ocurría poner una película y terminaba llorando a mar abierto, porque eso sí, estaba más sensible que nunca. Además, tuvo la pésima idea de mirar "A star is born" y… bueno, no dejó de llorar por horas, en especial al escuchar la canción del final.
¡No pudo sentirse más identificado!
"Don't wanna feel another touch, don't wanna start another fire, don't wanna know another Kiss. No other name falling off my lips. Don'y wanna give my heart away to another stranger, or let anther day beging. Won't even let the sunlight in. No, I'll never love again".
Él jamás podría estar con alguien más, nunca. Pasaría el resto de su vida sin volver a amar porque… si no era con Yibo, no era con nadie más.
"When we first met, I never thought that I would fall, I never thought that I'd find myself lying in your arms"
¡Y eso era completamente cierto!
Cuando conoció a ese chiquillo en Day Day Up jamás imaginó que sería alguien tan importante en su vida, un pilar fundamental en ella. Y cuando empezó a caer en sus encantos pensó que sería algo de solo un rato, quizá curiosidad, quizá algo bueno para pasar el rato, pero… ¡Vaya que había caído profundamente en las redes del amor de Wang Yibo!
"'Cause my world keeos turning and turning and turning, and I'm not moving on".
La canción no podía sentirse más real.
"I don't wanna know this feeling unless it's you and me. I don't wanna waste a moment and I don't wanna give somebody else the better part of me. I would rather wait for you".
Si no era con Wang Yibo, no sería con nadie más.
Desecho en lágrimas, sollozando entre sus manos y secando inútilmente su rostro, solo logró hundirse más en su depresión al pensar en una "tontería". Casi se rio de sí mismo.
Y es que… no recordaba cómo había sido el último beso que compartieron. Se habían besado por última vez sin saberlo, y él no lograba recordarlo. Eso lo hizo llorar hasta quedarse profundamente dormido.
A pesar del momento difícil que atravesó mirando esa película y enfrentando esa avalancha de sentimientos, despertó a la mañana siguiente con un peso menos en su pecho.
Había llorado todo lo que necesitaba llorar. Esa película fue el detonante perfecto para desahogar su alma.
Se sentía mejor, aunque apenas lograba abrir sus ojos por la hinchazón tan terrible de sus párpados.
Y así, sintiéndose un poco más fuerte, decidió entrar de nuevo a Weibo y enfrentar la realidad. Luego de semanas de estar alejado de las noticias de internet, volvió a sumergirse en ese mundo cruel, lleno de mentiras sobre él, de difamación y acoso.
Pensó que quizá las cosas estarían aún peor, pero no fue del todo así, al menos ahora había otro tipo de problemas.
Lo primero que se encontró en Weibo, y en gran abundancia, fue el tema de las parejas del mismo sexo.
Se había formado una gran guerra virtual entre personas que apoyaban a la comunidad LGBT+ y las que no. Y todo eso había salido a raíz del famoso tema: "El gobierno mantiene separados a Wang Yibo y Xiao Zhan". Es decir, sí, esa era una verdad, pero no una que se pudiera gritar a los cuatro vientos.
Las fans de ellos dos como pareja estaban haciendo intensas protestas, exigiendo al gobierno que los dejaran en paz y que además les brindaran derechos como individuos y como pareja.
Y tal parecía que no solo protestaban por ellos. Para su sorpresa, había protestas del mismo tipo hacia otros artistas y figuras públicas que sí eran abiertamente homosexuales.
Lo que más asustó a Xiao Zhan fue ver que, gracias a la polémica creada, algunas figuras públicas decidieron salir del clóset, anunciando su orientación sexual en plena pandemia, desde la comodidad de su casa, a sabiendas de que el gobierno no haría mucho en esos momentos.
—No puede ser, no puede ser ¡no puede ser! —se llevó ambas manos a la cabeza al leer la confesión de Ayanga y Dalong. ¡Se habían expuesto al mundo! Estaban protestando juntos, en busca de derechos que actualmente no tenían, protestando también por él y Yibo.
Habían abierto la caja de pandora, y ahora… ahora no había vuelta atrás.
—Mierda…
Continuará…
¡Hola, pastelitos!
Lo sé, mucho caos y lluvia sobre mojado. Pero a que no se esperaban esto último.
Les recuerdo que todo esto es una mezcolanza de realidad con ficción. La frase que Yibo dice en DDU es real, alguien se la dijo directamente a Xiao Zhan por mensaje durante su peor crisis, lo dijo él en una entrevista en mayo (Su primera entrevista pública luego del desastre del 227), pero hasta la fecha no sabemos qué amigo fue, yo insisto y quiero creer que fue Yibo, o incluso Ayanga.
Todo lo demás, pastelitos, es ficción. Excepto el acoso, la difamación y todo lo que ustedes saben bien que sí sucedió.
¿Qué pasará ahora que muchos se están declarando abiertamente homosexuales? ¡Y justo en plena cuarentena! ¿Xiao Zhan y Wang Yibo se unirán y saldrán del clóset juntos? ¿Aprovecharán el momento echando por la borda todo el empeño que han puesto en aparentar que son heteros?
03/01/2021 (Sí, lo terminé de escribir ese día)
10:00 p.m.
