Capítulo 85 "Somos libres"

En algún momento, mientras ideó su plan, pensó que muy pronto podría tener a Yibo entre sus brazos, caminar con él de la mano por las calles, subir fotos de ambos a las redes y expresar ese cúmulo de amor que quería estallar. Pero nada era como en los cuentos de hadas.

Luego de haber dado aquella rueda de prensa, echaron a correr la segunda parte del plan: aislamiento absoluto.

Por seguridad propia y de sus seres queridos, Xiao Zhan decidió permanecer en casa un par de semanas hasta que las cosas se calmaran. Tenía que tantear terreno antes de precipitarse e ir corriendo a los brazos de Yibo.

Durante ese tiempo más que nunca permaneció incomunicado, no le mandó ningún recado con nadie a Yibo. Solo pedía saber si estaba bien, y viceversa.

Por su parte, el menor estaba cada vez más ansioso. El insomnio se volvió parte de su día a día, y el gusto por el café negro aumentó. Ambos lograron mantenerse lejos del alcohol, afortunadamente, pero sus nervios los estaba matando.

Fue hasta la segunda semana de aislamiento cuando Yibo se hartó y quiso ir a verlo, temía que en realidad no estuviera bien. Tenía que comprobarlo con sus propios ojos.

—No vayas —lo detuvo Wen Pei.

—¿Por qué no? Ya pasaron dos semanas, la situación se ha calmado un poco. Necesito saber si realmente está bien. No ha hecho ninguna aparición en público.

—Él está bien.

—No lo creeré, no hasta poder verlo en persona.

—Pondrías en riesgo todo este esfuerzo. Si no ha salido es por seguridad.

—Porque corre un gran peligro, exactamente. Por eso necesito comprobar que esté bien.

Wen Pei suspiró con pesadez.

—¿Me creerías si te doy mi palabra? Xiao Zhan está bien dentro de lo que cabe. No es la persona más feliz en estos momentos, pero se encuentra bien, y está esperando el momento indicado para salir de casa y correr hacia a ti. Ten paciencia.

Yibo se mordió el labio, lleno de impotencia. Terminó aceptando, por eso y porque su padre lo llamó momentos después.

—Ni se te ocurra —le dijo el señor Wang al teléfono.

—¿Qué?

—Ir a buscarlo. Te conozco, han pasado ya quince días, pero debes ser paciente.

—No iré a buscarlo.

—¿Por qué será que no te creo?

Yibo suspiró.

—Estuve a punto de hacerlo hace unos momentos, pero Wen Pei me detuvo.

—Hombre listo. Hijo, solo sé un poco más paciente. La recompensa llegará pronto.

Eso hizo sonreír de manera involuntaria a Yibo.

—Papá… gracias.

—Tu madre y yo los seguiremos esperando en casa para cenar.

La sonrisa de Yibo aumentó. Sí, esperaba que ese día llegara pronto.

Una semana más transcurrió, la espera era tortuosa.

En las noches, Xiao Zhan se sentaba junto a la ventana de su habitación y miraba el cielo por largo rato, en ocasiones acompañado por su hija gatuna. Cada vez que miraba la luna, se preguntaba si Yibo estaría viendo el mismo cielo en ese momento. Sabía que su amado adoraba mirar las estrellas, así que esperaba al menos estar compartiendo eso con él, a pesar de la distancia.

Y mientras observaba, pensaba en muchas cosas, especialmente en lo ocurrido en los últimos años. Había atravesado muchas adversidades antes de llegar a donde estaba en ese momento. Ahora que lo pensaba… el tiempo de separación entre él y Yibo ya había superado el corto tiempo que duró su felicidad en pareja.

Era triste, y tenía que luchar con fuerza para no deprimirse. Por eso mismo, Mao se había atrevido a preguntarle algo muy íntimo, meses atrás. Todavía recordaba la impresión que le causó escuchar eso de su querido amigo y guardaespaldas.

—Zhan Zhan, estoy por preguntarte algo que quizás es muy tonto, no me odies por ello, pero… ¿No has pensado seriamente en olvidarte de Yibo? Me refiero a olvidarlo como pareja.

Al principio Xiao Zhan lo miró con cara de espanto. ¿Olvidar a Yibo? Imposible. Sin embargo…

—Lo he pensado en más de una ocasión. Todo sería más fácil para ambos si nos olvidamos mutuamente, incluso lo intenté, pero no pude. Por eso estoy muy seguro de que es imposible.

Las personas cercanas a ambos no entendían del todo ese amor tan grande y sincero que se profesaban, parecía amor de novela, pues no podían creer que sobreviviera a pesar de tener todo en contra, y del distanciamiento que habían sufrido por años.

A Yibo le habían cuestionado lo mismo, y él solo respondía cerrándoles la puerta en la cara o simplemente ignorando la estúpida pregunta.

Se amaban, y no era posible que se olvidaran el uno al otro. Eran capaces de seguir su vida sin volver a buscar el amor en otra persona, porque sabían que un amor como el suyo no se encontraba dos veces en una misma vida.

Así que valía la pena esperar… esperaron una semana más, hasta que Wang Yibo no lo soportó más. Tenía cierta inquietud dentro de sí que solo se había presentado en los momentos más críticos de su vida, era como un sexto sentido. Algo estaba ocurriendo y ese sexto sentido se lo estaba advirtiendo.

Se vistió, tomó las llaves de su auto, su cubrebocas y salió. Se aseguró de cerrar bien su departamento, pues no sabía cuándo volvería, solo sabía que tomaría el primer avión que encontrara hacia Beijing y no regresaría hasta al menos haber abrazado a su amado.

Atravesó el pasillo del piso de su departamento y se encontró de frente con un joven agitado que recién subía las escaleras. Llamó su atención, parecía que le había costado mucho subir, y cómo no, estaban en el décimo piso.

Cuando lo miró más de cerca, el corazón de Yibo se aceleró, pero descartó la idea de inmediato. No era la primera vez que confundía a cualquier joven con su amado Xiao Zhan. Pasó de largo y solo le dedicó una mirada de reojo.

Se parece mucho —pensó al mirarlo una vez más. El hombre estaba tratando de recuperar el aire, con ambas manos sobre sus rodillas. Parecía ser tan alto como él.

Presionó el botón del elevador y siguió mirando a ese hombre de reojo. Tenía buen porte. Vestía pantalón negro y cuello de tortuga del mismo color, acompañado por una gabardina camel.

Buen gusto —pensó al mirarlo de pies a cabeza, aún sin poder verle bien el rostro, pues además traía cubrebocas.

Las puertas del elevador se abrieron de par en par y Yibo ingresó, pero no apartó la vista del hombre. Fue cuando caminó frente al elevador que Yibo percibió algo que alteró sus sentidos.

Ese hombre olía a Xiao Zhan, a su perfume.

Sacó la cabeza del elevador y vio que se dirigió a la puerta de su departamento.

—Wang Yibo —llamó aquel hombre, tocando el timbre con insistencia. Aún se recuperaba de la agitación que le provocó subir diez pisos.

Esa voz…

Salió corriendo del elevador, atravesó el pasillo y atrapó a aquel joven entre sus brazos.

—Xiao Zhan… —se le quebró la voz. Enterró el rostro en la nuca de su amado y aspiró su cálido y familiar aroma. Era él, ¡era él!

Tembloroso, el hombre entre sus brazos se giró hasta tenerlo de frente.

Entonces sus miradas se cruzaron por primera vez en mucho tiempo.

—Oh amor —el mayor lo rodeó con sus fuertes brazos y no lo dejó ir en largos minutos, parecían estar fundidos uno en el otro, se mecían suavemente en ese abrazo, no queriéndose separar ni un segundo.

—En verdad estás aquí —susurró Yibo, sin creerlo aún—. ¿Qué haces aquí? —se separó lo suficiente del abrazo y le bajó el cubrebocas para poder mirar su bonito rostro. Los ojos de ambos ya estaban algo acuosos.

Xiao Zhan le dedicó una de sus más hermosas sonrisas, se separó del abrazo y le extendió un sobre amarillo que traía en mano.

—Somos libres.

Yibo no entendía qué demonios pasaba, ni siquiera estaba seguro de que lo que estaba sucediendo era real o un producto de su imaginación. Aún perplejo por haberlo encontrado en la entrada de su casa, tomó el sobre y leyó su contenido con ojos agrandados.

Nueva ley, nuevos derechos.

Ya nadie podía hacerles daño sin recibir consecuencias a cambio.

Eran… libres.

¡Libres!

¡No podía creerlo!

—Xiao… —despegó la mirada de los documentos para observar a su amado, pero fue interrumpido por unas manos tomándolo de la nuca y arrastrándolo a un intempestivo beso.

Los papeles cayeron al piso, sus manos rodearon la cintura de Xiao Zhan y lo atrajo más hacia su cuerpo, sus cálidos labios se rozaban una y otra vez en un entrañable beso tan esperado. El mayor exhaló con fuerza y volvió a tomar aire sin deshacer el contacto entre sus bocas, enredó sus delgados dedos en el cabello de Yibo y lo haló un poco, de manera suave pero posesiva. Yibo respondió con una mordida en el labio inferior de su amado, apretando aún más su angosta cintura hacia él.

Con sus pechos unidos podían sentir el potente latido de sus corazones, a la par, a un mismo ritmo.

El sonido del elevador los alertó, las puertas se abrieron y los vecinos de Yibo salieron de él, los miraron, sonrieron un poco y se metieron a su hogar sin decir más.

La preocupación nació en Yibo Y Xiao Zhan, por mero reflejo o costumbre, olvidando que no tenían por qué preocuparse, no más.

Ambos parecieron darse cuenta de ello y se echaron a reír.

—Esto quiere decir que ya te puedo besar en público —se emocionó Yibo.

El otro asintió con una brillante sonrisa.

—Y puedo tomar tu mano, y abrazarte, y decirle a todo el mundo que eres mío.

Esta vez Xiao Zhan se echó a reír con más ganas, lo abrazó de manera brusca y besó su cabeza.

—Podremos gritarlo a los cuatro vientos.

—¿Tus papás ya lo saben? —preguntó de pronto Yibo, separándose del abrazo.

—No lo resistí y los llamé cuando estaba en el aeropuerto. Están tan felices como nosotros.

Durante esa llamada, la madre de Xiao Zhan le había preguntado "¿Entonces para cuándo será la boda?". Él se emocionó al escucharla decir eso, pero no quiso compartirlo con Yibo porque temía presionarlo, ya eran demasiadas emociones para un mismo día.

—Vayamos con mis papás —pidió Yibo, sin perder ese brillo especial en sus ojos—. Desde que todo esto empeoró, me decían que nos esperaban a cenar cuando las cosas mejoraran. Y hoy mejoraron mucho más de lo que imaginé. Vayamos a cenar con ellos.

El corazón de Xiao Zhan se aceleró. La última vez que vio a sus suegros no fue muy grata, en especial por la discusión que tuvo con el progenitor de su amado.

—Las cosas han cambiado, Zhan Zhan. Mi padre no lo dice abiertamente, pero se preocupa por ti, le importas. Él es otra persona —soltó una risa fresca y tremendamente feliz—. ¿Vamos?

Xiao Zhan jamás podría decirle que no a esos ojos preciosos y a ese tono de voz, sin importar que le estuviera pidiendo ir a cenar a las once de la mañana.

—Vamos —tomó su rostro de manera posesiva y le robó un profundo beso que lo dejó sin aliento unos segundos.

—Vamos… —suspiró, algo aturdido por ese cúmulo de emociones. Lo había extrañado tanto.

Se tomaron de la mano y bajaron por elevador. Sus manos sudaban.

—¿Por qué subiste por las escaleras? —le preguntó Yibo de pronto.

—Porque el elevador estaba tardando mucho.

—Y dices que yo soy el impaciente —se burló y se afianzó más al abrazo de Zhan Zhan, estaba algo nervioso, además de muy emocionado.

—¿Listo? —preguntó el mayor, antes de que las puertas del elevador se abrieran.

—No, pero enfrentemos esto —sonrió.

Las puertas se abrieron y ambos salieron al mundo exterior tomados de la mano. Su identidad estaba algo protegida por el cubrebocas, sin embargo, llamaban la atención de las demás personas al ser dos hombres más altos que el promedio, tremendamente atractivos y tomados de la mano como una pareja de enamorados.

Sí, atraían mucho las miradas, y el miedo permanecía latente, pero ahora tenían un poco más de seguridad. La ley y sus derechos los respaldaban.

Ya estando dentro del auto de Yibo, ambos se echaron a reír, eran risas provocadas por los nervios y emoción que sentían.

—Jamás pensé que sería tan escalofriante —Xiao Zhan se pasó una mano por la frente y el cabello.

—Lo sé —suspiró y encendió el auto.

—Espera… ¿tú conducirás?

—Estoy en el asiento del piloto.

—¿Aprendiste bien?

—¿Por quién me tomas?

—No quiero morir ahora que somos libres.

Wang Yibo se echó a reír, se inclinó hacia su amado y besó sus labios.

—Estás seguro en mis manos —murmuró antes de volver a poner toda su atención en poner en marcha el auto.

Xiao Zhan lo observó en todo momento. Se desenvolvía bien en las calles de su ciudad, conducía bastante bien.

—¿Sabes? Papá no pudo enseñarme a conducir, pero sí me ayudó a perfeccionar algunas cosas.

—¿Te gritó mientras lo hacía?

Yibo rio.

—¿Cómo supiste? —siguió riendo.

—No te puedes considerar un buen conductor si tu padre no te ha gritado mientras vas al volante.

En ese momento todo les causaba gracia, aun el chiste más tonto y aburrido.

Estaban felices.

Cuando se estacionaron frente a la casa de los Wang, se dieron cuenta de que ni siquiera avisaron que irían.

—¿Estarán en casa? —preguntó el mayor.

Yibo asintió.

—Papá no trabaja los miércoles, pasa el día con mamá.

—¿Y si los interrumpimos?

—No lo creo.

Bajaron del auto y se pararon en la acera de la casa, Yibo miró una vez más de pies a cabeza a su amado y sonrió. Ya le estaban doliendo las mejillas por tanto sonreír como idiota.

—Te ves muy guapo, hasta parece que vienes preparado para la ocasión.

—Preparado para visitar a mis suegros.

El corazón de Yibo se aceleró. ¿Eso quería decir que eran novios de nuevo? ¿Eran prometidos de nuevo? ¿Qué demonios eran? Era tonto que a esas alturas necesitara una aclaración, pero la quería.

Hizo de lado esos pensamientos y se miró a sí mismo.

—Tremendas fachas —dijo luego del autoescaneo.

Xiao Zhan rio.

—Te ves bien con todo, ¿vamos? —le extendió la mano, Yibo la tomó y tocaron el timbre de la puerta principal.

Y Xiao Zhan tenía toda la razón, no importaba que Yibo vistiera un pants deportivo y un viejo hoodie.

—Joven Wang, buenos días. Que gusto verlo por aquí.

—Hola Mei, lo siento, volví a olvidar mis llaves. ¿Papá y mamá están en casa?

—Sí —miró a Xiao Zhan tomándolo de la mano y sonrió más ampliamente—. Están en el estudio, pasen, por favor —le abrió la puerta a ambos—. Les llevaré té en un momento.

—Gracias, Mei.

Sus corazones se aceleraban conforme avanzaban hacia el lugar mencionado. La última vez que Xiao Zhan estuvo ahí había tenido una calurosa discusión con el padre de su amado luego de haber sido golpeado por él. No podía mentir al respecto, aún tenía un poco de resentimiento hacia él por lo que le hizo a Yibo, pero estaba consciente también de que las cosas habían cambiado mucho, y que el señor Wang había ayudado en gran medida a que su sueño se hiciera realidad.

—Hola, hijo. Hoy viniste temprano —saludó su padre sin levantar la vista del libro que leía cómodamente.

Xiao Zhan miró la escena y sonrió un poco. Los señores Wang parecían cómodos leyendo cada uno su libro, sentados en esos cómodos sillones de piel y tomando el té.

—Buenos días —saludó Xiao Zhan con una sonrisa.

Al escuchar esa voz, los señores Wang despegaron la vista de su lectura y miraron a esos dos jóvenes de pie frente a ellos.

—¡Zhan Zhan! —la señora Wang se puso de pie y corrió a abrazarlo. Su esposo también se levantó del sillón y se acercó a ellos, sorprendido por verlo ahí. Miró a su hijo y notó esa chispa en su mirar que hace años no veía.

Cuando el abrazo terminó, Xiao Zhan se dirigió hacia el padre de su amado y le entregó el sobre amarillo.

—Ganamos —le dijo simplemente.

El señor Wang soltó el suspiro más largo de su vida y tomó los documentos, los leyó y una amplia sonrisa se formó en su rostro.

Todo era seguro ahora. Para esos dos, para sus familias.

El hombre tomó por sorpresa a Xiao Zhan al darle un abrazo, fue corto, pero bastante fuerte.

—En algún momento usted me dijo que… si estuviera en nuestro lugar, se habría separado de su persona amada sin pensarlo dos veces. En ese entonces no lo entendí, pero ahora lo comprendo por completo.

Después de todos esos años había logrado entender las palabras que el señor Wang le dijo. Tenía toda la razón. Y a final de cuentas había terminado separándose de Yibo para no causarle más daño. Lo prefería vivo y seguro antes que en peligro a su lado.

—Pero ahora están aquí, todo está mejor, las circunstancias son diferentes y… —soltó un suspiro de satisfacción—. Me hace feliz que estén a salvo.

Luego de haber superado el impacto de que su hijo era homosexual, eso era lo que más le había preocupado al señor Wang desde un principio: la seguridad de ambos.

La señora Wang abrazó fuertemente a su hijo, y continuó luego con Xiao Zhan. A diferencia de la primera vez que estuvo ahí, Zhan Zhan se sintió muy bien recibido en esta ocasión. Los padres de su amado eran muy buenas personas, no había duda de ello. Defendían a capa y espada a sus seres más amados, cualidad que Yibo había heredado.

—¿Y bien? ¿Qué harán de ahora en adelante? —inquirió la señora Wang durante el almuerzo improvisado que organizaron en casa para festejar la gran noticia.

Los dos aludidos se miraron mutuamente sin saber muy bien qué responder.

—En realidad… —comenzó Xiao Zhan.

—No hemos hablado de eso aún. Llegué a la ciudad apenas hace un par de horas.

—Antes de eso no habíamos hablado en meses —miró a su amado con algo de sorpresa en sus ojos. Todo era tan irreal.

—En ese caso solo tienen que recordar en qué se quedaron antes de todo este caos —la señora los miró con una expresión traviesa antes de tomar de su té.

El señor Wang entendió todo cuando vio que los jóvenes se pusieron nerviosos de pronto.

—Mujer, no los hostigues más con ese tipo de preguntas. Dejemos que primero hablen a solas y se pongan al corriente de todo lo que no hicieron juntos en estos años —miró a esos dos—. ¿No es así?

Ellos asintieron con una sonrisa algo tímida y nerviosa. Sabían a qué se refería. Se habían quedado a un paso del matrimonio, pero todo se había ido a la mierda antes de lograrlo. Sin embargo, no habían tocado el tema aún, y eso los ponía ansiosos.

—¿Te vas a quedar unos días en la ciudad? —cambió ella de tema.

Xiao Zhan terminó de beber su té y negó con la cabeza, para sorpresa de Yibo.

—Tengo que regresar hoy en la noche. Me escapé del trabajo sin avisar —admitió.

Los mayores ahí presentes se echaron a reír, pero Yibo solo lo miraba con tristeza.

—¿Te irás tan pronto? —murmuró él.

Xiao Zhan tomó la mano de su amado por encima de la mesa y la acarició con cariño.

—Tengo que volver para arreglar algunos asuntos con mis abogados, respecto al tema de las nuevas leyes. Además, me están pidiendo que dé una nueva rueda de prensa para informar sobre el éxito obtenido —lejos de verse afligido, estaba emocionado—. Terminando eso, volveré a ti, lo prometo.

Yibo no podía creer que cosas tan buenas estaban ocurriendo, así que tuvo miedo.

—¿Puedo ir contigo?

No quería separársele, no de nuevo. Y todos los ahí presentes lo notaron.

—Por favor —esbozó una de sus más preciosas sonrisas y se abstuvo de besarlo en los labios.

Los dos eran observados por los señores Wang, él mantenía una expresión serena, pero ella no cabía en sí de la emoción por ver a su hijo al fin feliz.

Luego del almuerzo se quedaron charlando un rato con los padres de Yibo, sobre trabajo, viajes y algo de política hasta que Yibo se aburrió.

—¿Puedo hablar contigo un momento? —se acercó a su amado disimuladamente.

—Sí, Bo Di —sonrió.

—Sígueme —lo tomó de la mano y se lo llevó al jardín trasero hasta ocupar uno de los columpios para dos personas, uno sentado frente al otro.

—Creciste en una casa muy hermosa —observó Xiao Zhan, mirando todo a su alrededor.

El día estaba nublado, típico día de otoño en esa zona. El ambiente olía a pan recién horneado debido a la fábrica de galletas que había en la localidad, y el aire suave que corría por el jardín era fresco y agradable.

—¿Tienes frío? —le preguntó al menor al ver que se frotaba las manos. Ni siquiera esperó a que respondiera su pregunta, ya se había quitado el abrigo y lo cubría con él sobre los hombros.

Yibo sonrió de oreja a oreja.

—No tienes idea de cuánto te extrañé, y de cuánto extrañé estos detalles tan tuyos —señaló el abrigo sobre sus hombros.

Xiao Zhan sonrió, él también lo había extrañado a muerte.

—Ahora dime, ¿de qué querías hablar? —tomó sus manos con cariño.

—Sobre nosotros, ¿qué haremos de ahora en adelante? ¿seguiremos viviendo separados? Y…¿qué somos?

—De acuerdo, aquí vamos —comenzó a enumerar con sus dedos—. De ahora en adelante podemos hacer lo que sea que nos venga en gana; no seguiremos viviendo separados, y no me importa si tú te mudas conmigo o prefieres que yo me mude contigo, lo único que me interesa es que vivamos juntos.

Conforme avanzaba, la sonrisa de Yibo iba en aumento.

—Y sobre la última pregunta… —continuó—. Eres el amor de mi vida.

Esa confesión (que de hecho ya sabía) le aceleró el corazón.

—Lo sé, y tú el mío, pero… ¿Qué somos?

Xiao Zhan soltó una risa, se estaba aprovechando un poco de la momentánea ansiedad de Yibo. Entonces tomó su mano, besó el dorso de esta y dijo:

—Por lo pronto, Wang Yibo, ¿aceptas ser mi novio?

—¡Sí! Sí, sí, sí.

Esos eran muchos "Sí". Xiao Zhan no pudo evitar reír. Quería mantener los besos y caricias al mínimo, pues estaban en casa de los señores Wang, pero no se pudo contener más y besó los labios de Yibo con un profundo amor. El menor rio un poco al final del beso. Aún no podía creer todo lo que estaba pasando. Estaba ya tan acostumbrado a las malas noticias que temía que algo malo llegara a su vida para equilibrar esos momentos de felicidad.

—Y así nuestra descendencia terminó con Yibo —inquirió el señor Wang con un suspiro, mirando a la pareja desde el interior de la casa.

—Cariño… —había un tono de reproche en su voz.

—No me malentiendas. En verdad me hace feliz ver que nuestro hijo al fin pueda estar con la persona que ama, pero me entristece un poco la idea de no tener nietos.

—¿Y quién dice que no quieren hijos? —sonrió de lado, con suspicacia.

—Tú… sabes algo, ¿no es así? ¿Rentarán vientre o adoptarán?

—No lo sé, cariño, no lo sé —rio—. Lo importante es que sí está entre sus planes. Tendremos nietos.

Eso lo llenó de un inmenso alivio.

—Espero que eso sea pronto —murmuró, ganándose un codazo por parte de su esposa.

—Ni se te ocurra presionarlos. ¡Ja! No querías que estuvieran juntos y ahora quieres que ya tengan bebés.

—Los humanos somos seres cambiantes —se excusó. Trató de mantenerse serio para darle peso a su argumento, pero no lo logró y terminó riendo—. Hablando en serio, espero vivir para conocer todos mis nietos.

—Cariño, hablas como si fueses anciano, ¡aún eres muy joven!

Él la miró con un profundo cariño antes de rodearla con un brazo y besarla en los labios. Si no fuera por esa mujer, no sabía que sería de él.

Más tarde intentaron conseguir un boleto de avión para Yibo, pero todos los asientos del vuelo que tomaría Xiao Zhan ya estaban ocupados.

—No pasa nada, me alcanzarás mañana.

Yibo frunció el ceño y los labios en una mueca muy graciosa.

—Bobo, no seas dramático. Lo verás de nuevo en unas horas —pellizcó su mejilla.

—Un día entero —corrigió.

—Wang Yibo —se rio su madre.

Parecía que bromeaba, que solo era un puchero, pero no era así. Y por esa misma razón el señor Wang no dijo palabra alguna al respecto, conocía bien a su hijo, y hasta cierto punto lo entendía. Había pasado ya por tantas cosas que temía que algo más viniera a arrasar con la reciente felicidad que había comenzado a acumular desde esa mañana.

—Está bien así, Yibo, de esa forma podré prepararme para tu llegada. Ya no vivo en el dúplex, así que…

—¡¿Te deshiciste de él?! —se escandalizó. Había pasado los mejores tiempos de su vida en ese hermoso dúplex.

—Nunca podría hacer eso. Pero lleva mucho tiempo deshabitado. Tengo que ir a limpiar un poco, ha de estar lleno de polvo, además de que está casi vacío… en fin, hay mucho por hacer.

—No te preocupes por eso, lo devolveremos a la vida juntos.

Xiao Zhan asintió, miró la hora y supo que era hora de irse.

—Al menos déjame llevarte al aeropuerto —dijo Yibo al suponer lo que pasaba por la mente de su amado.

—Gracias —le sonrió y luego miró a sus suegros—. Gracias por todo —no se refería solo al almuerzo y merienda que le brindaron en esa casa. Sabía que el señor Wang tuvo mucho que ver en el resultado de su lucha legal. No por nada era uno de los abogados más reconocidos en la capital.

Ambos señores parecieron entender el trasfondo de ese agradecimiento.

—Vuelve pronto, esta también es tu casa —apretó el hombro de Xiao Zhan con firmeza, sorprendiendo a Yibo con ese acto.

—Lo haré —sonrió con completa sinceridad.

Yibo miraba a sus padres y a su novio simultáneamente, y tuvo que aguantar una pequeña risa que por poco sale de entre sus labios. Y es que sus padres también habían caído ya en el encanto de Xiao Zhan, ¿y cómo no? Con esa sonrisa, con esos modales y su calidez. Era imposible que no se los ganara.

—Xiao Zhan —lo detuvo su suegra antes de que saliera de casa junto con su hijo—. Si hablas con tus padres en estos días… dales las gracias de parte nuestra.

El aludido no entendió el motivo.

—Supimos que Yibo viajó constantemente a Chongqing para visitarlos, y que además se quedaba a dormir ahí. Eran momentos difíciles y ellos lo ayudaron de una forma que ni siquiera nosotros pudimos.

—Mamá… —el mencionado se avergonzó un poco, recordando aquel día casual en el que Xiao Zhan fue a visitar a sus padres y se lo encontró ahí, en pijama, cocinando con su madre.

—Solo dales las gracias.

—Lo haré —sonrió ampliamente y comenzó a pensar que sería buena idea que sus padres y los de Yibo se conocieran al fin en persona.

Rumbo al aeropuerto los dos iban en silencio. Había tanto por decir, por contar, por planear; pero justo en ese momento les bastaba con su sola presencia. Sus almas se sentían emocionadas por todo lo bueno que podría venir de ahora en adelante.

La libertad sabía muy bien.

Estaban conscientes de que un cambio tan radical en la sociedad era imposible de implementar, pero por algo se empezaba, y al menos ya tenían derechos que los respaldaban. Xiao Zhan se moría por dar esa rueda de prensa, pues ahora su trabajo sería esparcir y dar a conocer esas nuevas leyes y derechos que los protegían. El mundo tenía derecho a saberlo.

—¿Estás nervioso? —preguntó Yibo.

—Emocionado, más bien.

—Estás haciendo historia, Xiao Zhan —dijo muy en serio—. ¡Me siento orgulloso de ti —confesó, sin apartar la mirada del camino.

Xiao Zhan se llenó de una emoción que no supo cómo describir. Que Yibo le dijera eso valía mucho para él.

—Nosotros estamos haciendo historia —corrigió el mayor, descansando su mano sobre la pierna de su amado.

—Luego de la rueda de prensa… ¿Podremos hacer pública nuestra relación?

Xiao Zhan se emocionó aún más.

—¡Claro que vamos a hacerla pública! Quiero que todo el mundo sepa que eres mío y no de… —silenció al recordar un pequeño detalle.

—Demonios, lo olvidé por completo.

—No eres soltero. Al menos no ante los ojos de la sociedad.

—Tendré que terminar con eso. Hablaré con ella esta misma noche.

—¿Crees que lo tome bien?

—Si no lo hace, no es mi problema.

—Yibo, no puedes ser tan cruel. Después de todo te ha ayudado mucho al seguir siendo tu "novia" a pesar de tus términos y condiciones.

—No seré cruel, pero terminaré con esto lo antes posible.

—Bien —suspiró.

—Porque después de la rueda de prensa voy a encargarme de que todo el mundo sepa sobre nuestra relación.

Xiao Zhan se alarmó un poco.

—¿Qué tienes en mente?

Yibo solo rio, pero no dijo nada más.

—Dime.

De nuevo silencio.

—¡Yibo!

Obtuvo una risa traviesa como respuesta.

—Tengo muchas ideas.

—Esa no es una respuesta.

—Que no sea lo que quieres oír no significa que no sea una respuesta.

—¡Wang Yibo! —exclamó, no tardó en echarse a reír, y es que ahí estaba… ese era su Bo Di. Lo había extrañado tanto.

La despedida tuvo que ser en el auto, fuera del aeropuerto y alejados de la vista de todos. Por seguridad de ambos eso era lo mejor. Decidieron esperar un poco antes de hacer pública su relación, al menos hasta que Xiao Zhan diera ese comunicado, hasta entonces aún corrían un poco de riesgo.

Yibo hubiese preferido acompañar a su novio hasta que tuviera que abordar el avión, pero él no lo dejó y le pidió que mejor volviera a casa. Temía por su seguridad, en especial porque iba solo.

—Pronto estaremos juntos frente a todos —le recordó Xiao Zhan antes de besar su mejilla, pero Yibo pareció no muy conforme y le robó un beso bastante… apasionado en la boca, hubo más que labios en esa caricia.

Azorado y algo agitado, el mayor tuvo que despedirse, prometiendo volver a verse al día siguiente.

—En veinticuatro horas —prometió Xiao Zhan, bajándose del auto.

—Corre tiempo —le guiñó un ojo Yibo, o eso intentó, pues solo una mueca extraña se hizo presente.

—Te amo —se despidió al fin, yéndose del auto con una hermosa sonrisa.

Su futuro empezaba ese mismo día.

Continuará…

Hay todo un panorama de opciones y posibilidades frente a ellos. Ahora que son libres, ¿qué harán?

8/10/21

9:00 a.m.