Capítulo 88 "Un brillante mañana"
—¡Me asustaste! —ocultó el pastillero bajo su mano, alejándola un poco de él, pero Xiao Zhan no le apartó la mirada. Tenso, Yibo sabía que muy pronto tendría que dar explicaciones.
—¿Qué sucede? ¿Te encuentras bien? —había el más sincero miedo en sus ojos.
Suspirando con derrota, procedió a explicar.
—Estoy bien. Es… es mi corazón. No me siento mal, voy regularmente a mis consultas con el doctor Yang, y todo está controlado.
—¿Qué es "todo" y desde cuándo tomas tantos medicamentos?
—Lo dices como si tomara diez pastillas diferentes —refunfuñó.
—Yibo.
El aludido de nuevo suspiró.
—Después de Aspen comencé a tomar más medicación. Son solo tres, no es la gran cosa.
Xiao Zhan frunció el ceño.
—Ya sé qué estás pensando, y no, el alcohol no me llevó a eso, pero sí afectó el hecho de que dejara de tomar mi antigua medicación por… un largo tiempo.
La expresión de enojo en el mayor aumentó.
—Si ayer rechacé la cerveza fue porque no debo combinarlo con mis medicamentos. Aunque para ser sincero, no me apetecía de todas formas.
Xiao Zhan sabía que no valía la pena regañarlo, no ayudaría en nada, y sí podría provocar una pelea, era lo que menos quería.
—Bien —inhaló y exhaló fuertemente, acortó la distancia entre ambos y lo apretó muy fuerte entre sus brazos, recargando la barbilla sobre su hombro—. Yibo, si algo te sucediera… yo… —tragó en seco—…no seas imprudente, por favor. No te pongas en riesgo de nuevo.
—No lo haré —respondió con seriedad, correspondiendo el abrazo con el mismo amor—. Lo prometo.
—Y quiero acompañarte a tu próxima cita con el médico —se separó del abrazo, tomándolo por los hombros con firmeza.
—Bien.
—¿Hay algo más que deba saber? ¿Algo que no debas comer o hacer?
—No, eso es todo. Solo no debo dejar de tomar mis medicinas, y… bueno, por el momento no debo agitarme tanto.
Inmediatamente Xiao Zhan recordó sus recientes noches llenas de pasión desenfrenada.
—No dejaré de tener sexo contigo —se adelantó a decir, tajante al adivinar los pensamientos de Xiao Zhan.
—Pero…
—He dicho que no —dijo, en tono divertido—. Y nada harás para evitarlo. Sé que no aguantarías una abstinencia de todas formas —lo miró con picardía. Xiao Zhan tragó en seco. Tenía razón.
El aire gélido rozaba sus mejillas, o lo poco de ellas que quedaba expuesto fuera del cubrebocas. Pudieron haber ido al parque en auto, pero prefirieron caminar por las calles de la ciudad.
—Dame tu mano —pidió de pronto Xiao Zhan. Yibo accedió sin siquiera pensar. Y sin detener el andar sobre la acera, vio cómo su novio se quitaba un guante y hacia lo mismo con él para entrelazar sus manos antes de meterlas al bolsillo amplio de la chamarra del mayor.
—Tan cálido —pensó Wang Yibo, dándole un apretón como muestra de cariño y reciprocidad.
Fueron más cuidadosos con su identidad, y ya no por el miedo a ser descubiertos como pareja, sino como artistas. No querían que ocurriera lo mismo que el otro día al salir a desayunar.
Caminaron por las calles de la ciudad en completa paz, disfrutando del clima invernal y de las pequeñas multitudes de personas que aparecían de vez en cuando sobre el camino, en especial donde había puestos de Hot Pot, estos se encontraban atestados de gente.
—¿Te apetece llegar por hot pot antes de volver a casa? —sugirió el menor, a pesar de saber la respuesta que su novio le daría. Sabía cuánto amaba Xiao Zhan esa comida, y solo lo confirmó al ver la mirada emocionada que le dirigió. Podría traer cubrebocas, y aun así en su mente aparecía su radiante sonrisa con solo mirar el brillo en sus ojos, y las ligeras arrugas que se formaban en las comisuras de estos.
Sintió el impulso de detenerse, arrancarle el cubrebocas y robarle un beso, pero se contuvo por el momento, tragó en seco y solo apretó más su mano. Notó cómo su amado no dejaba de juguetear sutilmente con su pulgar, acariciando su mano con cariño en todo momento, amaba eso.
Iban en un cómodo silencio, disfrutando del momento y del armonioso ambiente que los rodeaba. Hacía frío, pero sus corazones estaban cálidos. Podían sentir el gélido aire chocando contra la piel de sus frentes, en especial Xiao Zhan, quien no había querido llevar gorro.
Fueron al parque y caminaron un rato, hasta que decidieron ir a los columpios y sentarse un rato ahí, platicando de todo y de nada al mismo tiempo.
Desde ahí miraron a las familias que se reunían para pasar el rato.
Xiao Zhan miraba a una en especifico. Eran unos padres muy jóvenes, quizás menores que él. Ambos tomaban de la mano a una pequeña niña que caminaba entre ellos. De repente la alzaban al aire y su tierna carcajada resonaba. Los ojos de Xiao Zhan se ampliaron al ver aquello, quedó absorto en la escena por unos momentos, Yibo lo miraba con discreción, pensando en muchas cosas.
Sí, sabía que Xiao Zhan añoraba una familia, en especial ahora que ya había superado los treinta años, no, casi llegaba a los 35.
Una alarma se encendió dentro de él, recordando cierta conversación que tuvo con su novio la primera vez que fueron a Aspen, aquella vez que se propuso emborracharlo. Xiao Zhan le había dicho que comenzaría a pensar en matrimonio pasando los 35, y empezaría a formar una familia casi de inmediato.
Aún no entendía cómo el tiempo había transcurrido tan rápido. ¿Tan rápido habían pasado ya casi seis años desde esa primera vez en aspen? Él aún se sentía un joven que apenas estaba llegando a la adultez, y vaya que esa línea ya la había cruzado hace tiempo. Sin embargo, cuando pensaba en formalizar con Xiao Zhan… se emocionaba aún más que cuando le pidió matrimonio la primera vez. Aquella vez había sido una emoción jovial, inmadura quizás. Pero ahora… entendía el peso de esa proposición, entendía incluso que su amado quería hijos y… ¿a quién engañaba? Él también se moría por tener familia con Xiao Zhan. ¿Para qué esperar más tiempo?
¿Pero qué sería lo correcto? ¿Esperar a que él le pidiera matrimonio de nuevo? ¿O dar por hecho que seguían comprometidos?
¿Por qué todo era así de complicado?
Estaba tan absorto en sus pensamientos al respecto, que no se dio cuenta de que Xiao Zhan llevaba rato llamándolo.
—¿En qué tanto piensas? —se rio de él, pero dejó de hacerlo al ver que no cambiaba su expresión. La sonrisa se borró de su rostro—. ¿Te sientes mal? —su preocupación era pura. Y Yibo lo supo cuando su novio lo tomó de ambas mejillas y lo miró fijo a los ojos.
—Tranquilo —acarició las manos que lo sostenían—, estoy bien —le dedicó una sonrisa que se reflejó en sus ojos—. Solo estaba pensando en los muchos hijos que vamos a tener.
—¿Eh? —musitó, perplejo.
Yibo lo había tomado con la guardia baja. No se había esperado un comentario así tan de repente. Miró a su novio a los ojos, tratando de encontrar la broma, pero no la había.
El menor desvió la mirada hacia la familia que su amado había estado observando, y sonrió. Entonces Xiao Zhan entendió todo. Lo había descubierto pensando en su futuro cercano, tan incierto como esa propuesta de matrimonio que quedó abierta hace años.
Yibo extendió su mano y tomó la de él, ambos se mecían muy apenas en los columpios.
—No me digas que ahora fui yo el que te asusté con este tema —inquirió al no obtener palabra de él.
Xiao Zhan soltó un suspiro.
—Me sorprendió que lo dijeras tan de repente, es todo—sonrió, aún ilusionado al mirar a esa linda y joven familia—. ¿Estás seguro de lo que acabas de decir?
—Ya sabes que sí. Nunca dije que no quisiera hijos.
—Lo sé, pero no los querías en ese momento.
—Xiao Zhan, por Dios, tenía solo 22 años —rio, avergonzando un poco a su novio—. Además, ya no eres tan joven. No quiero que nuestros hijos parezcan tus nietos.
Ahora sí, se ganó un golpe por parte de él. Eso solo lo hizo reír. Iba a quejarse y a comenzar un drama, como de costumbre, pero estaba tan feliz que no logró siquiera comenzar la farsa.
—¿Adopción? —inquirió de pronto Xiao Zhan, mirando a lo lejos a tantas familias, tantos niños.
—Uhm… —respondió el otro, sin apartar la mirada de un perro que perseguía a un gato cerca de ahí—. Había pensado en la opción de alquilar un vientre.
El corazón de Xiao Zhan pegó un vuelco de felicidad al escuchar "Había pensado". Eso quería decir que ya había estado pensando en eso recientemente.
—Creo que ya lo había dicho antes, pero… —lo miró solo un segundo, antes de desviar de nuevo la mirada, avergonzado—…quiero una hija, y quiero que tenga tus ojos y tu sonrisa.
Ahora fue el turno de Xiao Zhan de avergonzarse un poco, y no entendía la razón, pue a estas alturas ya no se avergonzaba tan fácil, pero sucedió. Wang Yibo estaba siendo muy sincero.
—Yo quiero una con tus genes, todos tus genes.
—¿Estás seguro?
—Corrección: con un poco menos de narcisismo.
—¡Hey! —se quejó, pero enseguida se echó a reír.
Se miraron uno al otro por varios segundos, y sin poder resistirlo más, Xiao Zhan extendió la mano al rostro de su amado, acarició su mejilla, y sonriendo lo atrajo a un suave beso en los labios, beso que terminó en mordida por parte de Yibo.
—No hagas eso… —lo regañó Xiao Zhan.
—¿Por qué no? —afianzó el agarre sobre el rostro de su novio y lo pegó de nuevo al suyo, mordiendo ahora el labio superior.
—Porque sabes lo que puedes provocar —suspiró luego del beso.
—¿Y?
—Estamos literalmente en una zona infantil —soltó una pequeña y graciosa risa.
Yibo gruñó y maldijo por lo bajo, sí, estaba consciente de ello, solo lo había olvidado por un momento.
Estuvo a punto de sugerirle volver a casa y hacer el amor, pero recordó en qué ciudad estaban. Demonios. No podía hacerlo en casa de sus suegros… no de nuevo.
¿Y si le sugería ir a un hotel?
Salió de sus pensamientos cuando Xiao Zhan se puso de pie y estiró sus músculos frente a él. Yibo lo miró de pies a cabeza. Su novio era hermoso, y traía unas inmensas ganas de…
Tragó en seco al mirar su trasero.
—¿Vamos a casa? —sugirió Xiao Zhan, extendiéndole la mano con una sonrisa.
Había empezado a llover, y el frío calaba aún más. Afortunadamente el mayor era precavido, y había cargado con un paraguas para los dos.
Ya estaba oscureciendo, pero se detuvieron a comprar hot pot antes de ir a casa, pero al llegar a la residencia se encontraron una nota de los señores Xiao.
Se habían ido a cenar juntos. Tal como aquella vez que les dieron tiempo a solas. ¿Los habrían notado ya tan urgidos por tener sexo?
—Son como novios.
—Así son mis padres, siempre —suspiró.
—Al menos no te restriegan ese cariño de frente —frunció el ceño, recordando lo melosos que eran sus padres frente a él.
Xiao Zhan se echó a reír, recordando que tenía razón.
—Cenemos en la sala y pongamos una película.
Terminaron de cenar, sentados sobre el felpudo tapete de la sala, recargados contra el asiento del sillón en vez de usarlo. Parecían un par de niños.
La película no era muy entretenida, y Xiao Zhan notó que su novio se aburría porque este se recargó sobre su hombro y comenzó a molestarlo, picándole una mejilla, mordiéndole el brazo, o simplemente pellizcándole un costado.
Xiao Zhan lo ignoraba deliberadamente, sabía que eso lo hacía enojar.
Y funcionó.
—¿Te rindes tan fácil? —inquirió de pronto al ver que dejó de molestarlo. Él también estaba aburrido con la película.
—Mnh…
Xiao Zhan alzó una ceja y lo miró. ¿En verdad se estaba rindiendo?
—La película no es buena —bostezó y se levantó del suelo, tronó su espalda—. Iré al baño.
Cuando volvió, encontró a Xiao Zhan en el sillón reclinable individual, muy tranquilo mirando su celular, parecía concentrado en algo. O eso pensó, pues cuando pasó frente a él para sentarse en el sillón contiguo…
—Ven aquí —lo tomó de la cintura, haciéndolo caer sobre su regazo.
—¿Qué haces? —rio al sentir que su espalda chocaba contra el torso de su amado. Pero dejó de reír al sentir una mano directo en su entrepierna, sobre la ropa—. Oye…
—Te deseo.
—No aquí.
—Te he deseado todo el día. Por favor.
—Es la casa de tus padres —se alarmó un poco.
—¿Desde cuándo te importa tanto?
—Podrían llegar en cualquier… ah… ¡Hey! Ah…
Era una mezcla graciosa entre jadeos de placer y de reclamo. Pues ya Xiao Zhan había metido una mano bajo su ropa interior. Tomó su pene y gracias a la posición en la que estaban todo fue más fácil, comenzó a masturbarlo suave y lento, casi como si se lo hiciera a sí mismo.
Acarició con sus dedos la punta, luego se enfocó justo en la terminación del glande, sabía lo sensible que era en ese preciso lugar.
No pasaron muchos minutos antes de que Wang Yibo tuviera una erección a tope, en especial al sentir la combinación de caricias bajo su camiseta y bajo su ropa interior.
Hizo a un lado su razón y se dejó llevar.
—Voltéate —ordenó el mayor, y el otro obedeció al instante, pero antes de volver a sentarse sobre su regazo, se sacó el pantalón y la ropa interior, dejando ver su creciente erección mientras se sentaba a horcajadas sobre las piernas de su novio.
No se habían percatado antes, pero ese sillón era cómodo y perfecto para lo que estaban a punto de hacer.
Wang Yibo hizo a un lado toda su cordura, ya no pudo negarse más a lo que en realidad deseaba con todas sus fuerzas.
—Que sea rápido —pidió con la respiración agitada, llevando sus manos al cierre del pantalón de Xiao Zhan, este tragó en seco y no pudo dejar de observar cada uno de sus movimientos, pues de un momento a otro se había transformado en esa fiera que él conocía tan bien.
—¿Qué tan rápido? —alzó una ceja.
El tono y la manera en que lo dijo hicieron que un escalofrío recorriera el cuerpo entero de Yibo. Alguna vez habían jugado a ver quién hacía que el otro se corriera más rápido, y Xiao Zhan había ganado, llevando al orgasmo a su novio en solo unos cuantos minutos.
Yibo tragó con fuerza y no respondió con palabras. Xiao Zhan soltó un jadeo lleno de placer cuando vio cómo sacaba su miembro semierecto del pantalón y comenzaba a estimularlo. Echó su cabeza hacia atrás y cerró los ojos un momento, disfrutando de las caricias que Yibo le brindaba.
No tuvo que masturbarlo mucho, en cuestión de un par de minutos ya tenía el miembro erecto de Xiao Zhan entre sus manos.
—Yibo… detente —pidió al sentirse cerca de culminar con tan solo esas manos tan ágiles. El aludido lo miró a los ojos y esbozó una sonrisa socarrona.
—¿Tan rápido?
—Cállate —rio un poco, sin dejar de fruncir el ceño mientras lo tomaba de las caderas y lo anclaba a su regazo. Yibo soltó un jadeo involuntario al sentir cómo quedaba sentado sobre el miembro de su amado—. No tengo condones —recordó de pronto.
—No importa, seremos cuidadosos.
Sí, había mandado toda su cordura a la basura. Ni siquiera le importaba la posibilidad de ensuciar la sala de sus suegros.
La necesidad era apremiante.
—Tampoco tengo lubricante.
—Demonios, Xiao Zhan. ¿Lo vamos a hacer, o no?
El aludido se aguantó las ganas de reír. Conocía a su novio, y sabía que una vez que encendía la pasión, era muy difícil apagarla. Pero sus ganas de reír se esfumaron cuando Yibo lo tomó de la mano y la llevó a su boca, sintió su suave lengua humedeciéndole un par de dedos.
Problema solucionado.
Sin embargo, esa escena ante sus ojos logró sonrojarlo lo suficiente para que Yibo sonriera con satisfacción. ¿Había hecho que se abochornara incluso en un momento así? Vaya… de pronto se sintió con el poder y la valentía suficiente para ser más osado de lo normal.
Xiao Zhan llevó sus dedos humedecidos al trasero de su novio y este se dejó hacer, poniendo ambas manos sobre los hombros de él, sosteniéndose lo suficiente para que pudiera introducir un dedo, al cual minutos después le siguió un segundo.
—Así, hagámoslo así —suplicó el menor cuando sintió que seguía dilatando su entrada.
—Te va a doler.
—Joder, no importa —gruñó entre dientes, tomó el miembro de Xiao Zhan y se penetró con él, de golpe, de sentón, tomándolo en su totalidad.
Mentiría si dijera que no le dolió, porque lo hizo, y mucho.
Un gutural y extraño gruñido salió de la garganta de Xiao Zhan, quien tenía ambas manos clavadas en las nalgas de su novio. No había duda, quedarían marcados sus dedos en ellas.
—No te muevas —advirtió Xiao Zhan, en especial al notar que Yibo apenas y respiraba—. ¿Estás bien? —se aventuró a preguntar, pues no podía verle el rostro, lo tenía oculto en el hueco entre su cuello y hombro. Yibo solo lo apretó más entre sus brazos y asintió.
—No fue buena idea —murmuró en un tono muy suave, apenas audible.
La melodiosa y perfecta risa de Xiao Zhan se dejó escuchar.
—Idiota —siguió riendo, dejando la pasión de lado por un momento. Dejó de apretar su trasero y lo acarició desde las nalgas hasta la espalda, con cariño y cuidado, ignorando las inmensas ganas de comenzar a penetrarlo una y otra vez.
Sin embargo, no pasó mucho tiempo antes de que Yibo comenzara a menear sus caderas de atrás hacia delante, muy suave, apenas perceptible, pero lo suficiente para comenzar a aumentar el calor una vez más.
Esa posición permitía una penetración profunda, y Yibo se había lanzado a ella sin siquiera estar lo suficientemente preparado.
Buscando la manera de distraerse de ese aún perceptible dolor, introdujo las manos bajo la camiseta de Xiao Zhan, este pudo verle al fin el rostro. Wang Yibo tenía las mejillas de un rojo intenso, ¿por el esfuerzo? ¿por la vergüenza del momento? ¿por el calor que había entre sus cuerpos? no estaba seguro, solo sabía que se veía precioso y se moría de ganas por comérselo ahí mismo.
Y no se aguantó esas ganas. Al ver que el dolor parecía ir desapareciendo, tomó a Yibo de la nuca y lo atrajo a un húmedo y cálido beso. Concentrado en la suave fricción entre sus labios y lenguas, comenzó a empujarse un poco más dentro de Yibo. Él jadeó adolorido, pero no lo detuvo, al contrario. Permitió ese movimiento de caderas e incluso lo acompañó, moviéndose a un ritmo sincronizado.
Minutos más tarde fue Yibo quien tomó el control total de los movimientos. Subía y bajaba sobre el regazo de Xiao Zhan, este aún traía su ropa puesta, así que no era tan cómodo, pero eso fue lo que menos le importó en el momento. Su trasero chocaba una y otra vez con el regazo de su novio, quien por cierto había echado su cabeza hacía atrás, mordiéndose el labio inferior mientras veía cómo su novio se penetraba a sí mismo de esa forma.
No había duda de que Zhan Zhan lo estaba disfrutando, pero él…
—Demonios, no ahora —un pequeño mareo lo asedió, pero supo disimularlo bien al buscar refugio en el hombro de su novio, abrazándolo sin dejar de mover un poco sus caderas.
Se había cansado, su corazón estaba bastante agitado al igual que su respiración.
—¿Quieres que continúe yo? —murmuró Xiao Zhan en su oreja, mordiendo el lóbulo de esta.
Yibo solo asintió, dejándole el resto a él.
Xiao Zhan se tomó en serio su tarea, pues comenzó a mover sus caderas enérgicamente, entrando y saliendo de él. Tuvo que abrazarlo con firmeza para que mantuviera el equilibro. Yibo solo se aferró más a él y se concentró en disfrutar de cada sensación. No había perdido su erección a pesar de su pequeño malestar, por el contrario, se mantuvo a tope gracias a las atenciones que su novio comenzaba a darle.
—Ah… Zhan Zhan… ah… —se aferró más fuerte a él. Sus piernas dolían por la incómoda posición, y por un momento deseó estar acostado en una cama, pero eso pasó a segundo plano cuando Xiao Zhan concentró sus caricias en la punta de su miembro, usando pulgar e índice sin detenerse. Eso, más las embestidas profundas y ruidosas…
…cerró los ojos con fuerza y sintió esa maravillosa sensación de electricidad recorriendo cada célula de su ser. Apretó los dedos de manos y pies, enterró de nuevo su rostro en el cálido cuello de Xiao Zhan y mordió la piel que tuvo al alcance, desahogándose un poco con esa acción. Su orgasmo había sido intenso, casi podía jurar que había visto fuegos artificiales bajo sus párpados, pero lo mejor de todo era escuchar los leves y masculinos jadeos que Xiao Zhan emitía justo en ese momento. Estaba cerca de experimentar su orgasmo también. Y como compensación por haberle dado tanto placer, Wang Yibo decidió darle un poco de ayuda. Aún siendo penetrado por él, llevó una mano al pecho de Xiao Zhan y comenzó a acariciar uno de sus pezones. Lo escuchó gemir, pero casi gritó cuando en lugar de acariciarlo comenzó a pellizcarlo con cuidado.
Segundos más tarde Xiao Zhan se estaba enterrando profundamente en él, dejando fluir su orgasmo en su interior. Un sexy jadeo salió de sus labios, excitando a Yibo a pesar de haber experimentado su orgasmo tan solo hace un par de minutos.
Había sido rápido y… muy intenso.
Se quedaron inmóviles, Yibo encima de Xiao Zhan, ambos con sus cuerpos entumecidos y pesados. Apenas se recuperaban de sus recientes orgasmos cuando…
—Oh no… —Xiao Zhan vio las luces del auto de su padre colándose por las cortinas de la sala—. ¡Llegaron mis padres!
El temor de Wang Yibo encarnó en ese momento.
—Con un demonio —masculló entre dientes, verdaderamente asustado. Se levantó del regazo de Xiao Zhan de un salto. El mayor se encargó de que no quedara evidencia en el lugar, tomó la ropa regada de Yibo y juntos se dirigieron al segundo piso con una velocidad asombrosa.
Se encerraron en la habitación de Xiao Zhan, y estando al fin a salvo, Wang Yibo se dejó caer de espaldas sobre la cama, donde cubrió su desnudez de la cintura para abajo con una manta. Aún agitado, descansó su antebrazo sobre la frente, preguntándose por qué demonios había sido tan irresponsable. Precisamente se había estado negando a hacer el amor con su novio por ese motivo. Le daba pavor ser descubierto por sus suegros en una situación tan comprometedora.
Y no es como si ellos no supieran que los dos tienen sexo casi a diario, pero una cosa era que lo supieran y otra muy distinta que los descubrieran en pleno acto.
Cuando sus respiraciones se calmaron lo suficiente, Xiao Zhan se echó a reír con ganas. Sus piernas aún estaban algo débiles por el fuerte orgasmo, pero eso no evitó que caminara de un lado a otro en su habitación. La adrenalina se había apoderado de su cuerpo.
—Unos segundos más ahí, y nos habrían descubierto —dijo, con una mano sobre el pecho, tratando de calmar su alocado latir, sin dejar de caminar como león enjaulado. Aún tenía la ropa interior de Yibo en su mano, cuando se percató de ello, se la lanzó—. Ten —le dijo, riendo y esperando que la atrapara en el aire, pero no fue así. El pobre seguía tumbado bocarriba en la cama, con su antebrazo sobre la frente—. Hey —aún riendo se asomó para verlo mejor—. ¡Yibo! —se espantó al ver su palidez extrema y lo agitado que aún estaba—. ¿Qué sucede? ¿Te sientes mal?
El aludido se llevó ambas manos al rostro y trató de calmar su respiración. Se odió a sí mismo y a su débil corazón.
—Me siento un poco mal —admitió—. Pero estaré bien, solo… necesito un momento. Me asusté mucho.
—Oh… —la culpabilidad lo invadió por completo—. ¿Tomaste tu medicamento esta mañana?
—Me viste hacerlo —cerró los ojos y trató de tranquilizarse, necesitaba hacerlo si no quería terminar en urgencias.
—Es verdad. Dime, ¿qué puedo hacer por ti? —estaba en verdad muy asustado.
Yibo solo lo tomó del brazo y lo jaló hasta dejarlo acostado a su lado.
—Abrázame.
—Sí, pero antes… —se puso de pie y fue a ponerle seguro a la puerta. Era preferible que sus padres pensaran que estaban dormidos—…listo —regresó a la cama, acostándose a un lado de su novio. Ambos seguían desnudos, y el calor del momento disminuía a cada segundo.
Xiao Zhan tomó una cálida manta y la usó para cubrirse, y a Yibo también. Hizo lo que le pidió y lo abrazó hasta que logró calmarse por completo.
—¿Cómo te sientes? —no parecía, pero estaba aterrado y pensando en todos los posibles escenarios. ¿Tendría que llevar a Yibo a urgencias? Tenía algo de pavor.
—Mucho mejor —suspiró, acariciando el brazo de su novio—. Gracias.
—Casi te infartas por mi culpa.
—Lo sé.
La expresión de culpa en Xiao Zhan se acentuó.
Yibo soltó una risa bastante fresca, y le dio palmaditas en la espalda a su novio.
—Solo bromeo, no es tu culpa. Tengo veintiocho años, se supone que debería soportar tener sexo a escondidas con mi novio —suspiró—. Lamento que tengas que pasar por estos sustos.
Xiao Zhan negó suavemente con la cabeza y lo abrazó más fuerte, descansando sobre su pecho, brindándole un agradable calor.
—¿Cuándo tienes cita con el médico?
—En un par de meses.
—¿No crees que sería bueno adelantarla?
—Tal vez —suspiró—. Pero no hablemos de eso ahora.
El mayor soltó un gruñido de inconformidad. Sabía que su novio odiaba hablar de eso, pero era necesario. Él quería estar más involucrado en su vida, incluso en ese lado no tan agradable. Pero también sabía lo incómodo que se sentía Yibo cuando él descubría lo vulnerable que podía llegar a ser.
A la mañana siguiente, Xiao Zhan fue el primero en levantarse. Tomó un largo baño y entró de vuelta a la habitación solo para darse cuenta de que Yibo seguía dormido en la misma posición. Preocupado, corrió a su lado para ver si aún respiraba.
Lo hacía. Seguía vivo.
Se rio de sus propias paranoias. Quizás exageraba, pero la verdad era que tenía mucho miedo de perderlo. Durante la noche se despertaba cada ciertas horas solo para comprobar que Yibo estuviera bien, que siguiera respirando. No quiso apartarse de su lado ni un momento. En ocasiones incluso pegaba el oído a su pecho, como si así lograra comprobar que no tenía arritmias o algún problema cardiaco (como si él supiera de esas cosas).
Pasó una mano por el oscuro y suave cabello de su novio, y vio cómo este soltó un agradable suspiro de satisfacción. Se inclinó sobre él hasta darle un beso en la frente, con eso bastó para que despertara con una sonrisa.
—Buenos días, ¿cómo te sientes?
—No me besaste en los labios. ¿Tan mal aliento tengo por las mañanas?
—No respondiste a mi pregunta.
—Tú tampoco —se burló. Estaba adormilado, y por lo regular se levantaba de mal humor, pero no cuando Xiao Zhan lo despertaba así.
—Estoy bien, me siento bien —se estiró perezosamente en la cama, abrazó una almohada y rodó por el colchón para quedar más envuelto en las sábanas.
—El desayuno estará listo en cualquier momento, puedo oler el tocino —dijo Xiao Zhan, sintiendo cómo su estómago exigía alimento—. Te dejé el baño listo —una vez más se inclinó sobre él para besar su frente—. Baja cuando estés listo —le sonrió—. Y… lávate los dientes —salió de la recámara antes de que Wang Yibo le lanzara un cojín.
—Buenos días, mamá —besó su mejilla y aprovechó para robarle un trozo de tocino de la sartén. Ella le respondió con una palmada en el dorso de su mano, pero de todas formas él se llevó el tocino a la boca.
—Buenos días, cariño. ¿Cómo amanecieron? Anoche ya no los vimos al llegar.
—Eh… sí. Estábamos algo cansados y decidimos dormir temprano —estaba nervioso por la excusa que estaba dando, pero luego recordó el estado de Yibo y entristeció un poco.
—¿Se encuentra bien? —preguntó en voz baja, tan acertada como siempre.
Xiao Zhan soltó un largo y pesado suspiro.
—No se ha sentido muy bien del todo —admitió, respondiendo en el mismo tono bajo—. Ayer lo descubrí tomando varias píldoras en la mañana, y en la noche no se sintió bien. Él no me lo quiere decir, pero no se encuentra muy bien de salud.
Estaba ansioso y preocupado. La incertidumbre era lo peor, y su madre sabía cuánto le afectaba eso a su hijo.
—¿Ya intentaste hablar con él sobre esto?
Él asintió.
—Pero no me quiere decir mucho, o termina cambiando de tema. Eso solo me hace pensar que se trata de algo grave.
—¿Ya le dijiste cómo te hace sentir esta situación?
—No.
—Inténtalo. Además… cariño, han pasado por mucho estrés en estos últimos meses. Es normal que no se encuentre muy sano. Tú también te ves algo cansado —se acercó a él y acarició su mejilla. Notó sus marcadas ojeras y su rostro más delgado que hace unos meses.
—Tienes razón —tomó la mano que lo acariciaba y besó el dorso de esta.
—¿Por qué no se van de vacaciones? Los dos solos, lejos de aquí. Lo necesitan.
No sonaba nada mal. De hecho tenía muchas ganas de hacerlo. Ya habían pasado años desde la última vez que tomó vacaciones de verdad, y Yibo estaba igual.
Momentos más tarde Yibo bajó al comedor con el resto de la familia, se veía aún somnoliento y… un tanto avergonzado por lo que él y su novio habían hecho una noche antes en la sala. ¿Se habrían dado cuenta sus padres? Rogaba al cielo porque no fuera así.
—Buenos días, cariño —la señora Xiao le acarició los brazos con cariño y observó atentamente su rostro desde su corta altura—. ¿Te sientes bien? Te veo un poco pálido —se alzó de puntillas para alcanzar su frente y comprobar su temperatura.
Yibo sonrió con calidez, le recordó mucho a su madre.
—Estoy bien, solo algo adormilado todavía —contuvo un bostezo y dejó que ella siguiera examinándolo.
—Debes estar hambriento, anoche no cenaron.
El menor se tensó por completo. Sí, no habían cenado por estar ocupados en otra cosa.
—Huele delicioso el desayuno —se asomó a la mesa, Xiao Zhan y su padre ya estaban ahí. Su novio lo miraba con cierta diversión en sus ojos, sin mencionar esa sonrisa traviesa apenas perceptible. Yibo no se lo había dicho, pero adoraba esa sonrisa ladina tan bonita.
—Siéntate ya, o mi hijo acabará con todo —advirtió el señor Xiao sin despegar la mirada del periódico digital que leía en su tablet.
—¡Oye! —se quejó Xiao Zhan, con la boca llena de tocino al igual que su plato.
Yibo se sentó junto a su amado, riendo por lo bajo antes de codearlo y robarle un trozo de tocino ahumado.
—Te estás acabando todo, por eso engordas —lo molestó.
Xiao Zhan en lugar de responder con palabras, tomó todo el tocino restante de su plato y se lo llevó a la boca, así no le podría robar más.
—Que envidioso eres —lo miró con rencor. El otro, aún con su boca llena, empezó a reír—. E infantil también.
No parecía una conversación acorde a su edad. Sin embargo, los señores Xiao los miraban con cierta diversión. Estaban felices, y eso los hacía felices a ellos también.
—No quiero regresar a Beijing —suspiró de pronto Yibo.
—Necesitamos unas vacaciones —sugirió de inmediato, mirando a su madre de reojo, con expresión cómplice.
—No estaría nada mal —sonrió al imaginarse yendo con su novio a cualquier parte del mundo, lejos de la gente y de sus rutinas ya tan acostumbradas y extenuantes.
—Planeemos unas vacaciones —se encogió de hombros—. Podría separa una semana para irnos a donde quieras.
Los ojos de Yibo brillaron con emoción al ver que hablaba muy en serio.
—Sí, ¡sí! —puso ambas manos sobre la mesa. Muy a duras penas contenía su emoción.
—¿A dónde quieres ir?
Xiao Zhan le daría gusto en lo que quisiera.
—A la playa, la que sea, pero contigo.
Eso tocó fibras sensibles de su ser. Recordó cómo por años quisieron ir a la playa juntos, pero eso no había sido posible debido a los sucesos que los obligaron a separarse.
¡Quién lo diría! Se les había atravesado una pandemia mundial, el gobierno estaba en su contra con amenazas de muerte, y además tenían que cumplir con un contrato que los obligaba a seguir adelante.
Todo eso, y ellos seguían ahí de pie, más íntegros y fuertes que nunca.
Los señores Xiao los miraban sin decir nada, pero con un sentimiento de paz que no habían logrado experimentar desde que supieron que esos dos se amaban. Siempre habían apoyado a su hijo, pero eso no quitaba el hecho de que vivían con el miedo constante de recibir una llamada que les anunciara el supuesto suicidio de su hijo, o ver en las noticias un accidente sobre Yibo.
Pero ahora podían verlos felices, planeando un viaje que había sido anhelado desde hace tantos años. Ahora eran libres.
Continuará…
1/02/2022
10:30 a.m.
