Capítulo 89 "Bajo una buganvilia"
—Necesito que me involucres más en esto.
Yibo no respondió, solo lo miró a los ojos con algo de incomodidad. El mayor pudo percibirlo y decidió replantear su petición, convirtiéndola en el "Hazle saber cómo te sientes al respecto" que le habían aconsejado sus padres.
—Yibo… —dio un paso hacia él y tomó sus manos entre las suyas—. Tu salud es sumamente importante para mí, y el no saber qué te está sucediendo solo logra ponerme más ansioso. Confía en mí, apóyate en mí. No me derrumbo tan fácil.
Y fue hasta ese momento en el que Yibo fue verdaderamente consciente de que esa incertidumbre lo estaba destrozando. Lo vio en sus ojos, esa preocupación tan profunda por su bienestar. Por primera vez sintió casi palpable el miedo que Xiao Zhan tenía de perderlo.
Estaban a punto de salir de casa de los señores Xiao, rumbo a su hogar. Recién habían terminado de armar sus maletas, y Xiao Zhan pensó que sería el momento indicado para tocar el tema, no podía más con eso, pero al no obtener respuesta de él… solo lograba sentirse más triste e impotente.
—Te llevaré conmigo a la próxima cita con el Dr. Yang, y él te explicará mi caso desde el comienzo —dijo de pronto, seguro, serio.
Xiao Zhan no pudo responder con palabras, así que solo lo atrapó entre sus brazos con fuerza, Yibo correspondió de la misma forma.
Así que ahí estaban, en la sala de espera luego de haber adelantado la cita, aguardando el momento en que lo llamaran. Wang Yibo le había prometido que lo llevaría con él a la consulta, ahora debía hacerse responsable y cumplir con su palabra.
A simple vista el más nervioso era Zhan Zhan, no dejaba de removerse con sutileza en su propio asiento, mientras que Yibo fingía leer las tendencias de Weibo, no logrando leer más allá del primer renglón.
Ambos pegaron un pequeño brinco cuando la puerta del consultorio se abrió, de esta salió el doctor Yang y les pidió que pasaran. Sonrió al ver que por primera vez en mucho tiempo Yibo no iba solo.
Los invitó a tomar asiento en un par de sillas frente a su escritorio y mantuvo su sonrisa amable mientras los miraba, en especial a Xiao Zhan, notando lo preocupado e interesado que estaba por escuchar lo que tuviera que decir.
—¿Cómo están? —más que un saludo, era una verdadera pregunta. Era obvio que se había enterado de todo el escándalo, y como persona cercana a Yibo desde su infancia estaba interesado en él y su bienestar.
Yibo soltó un pesado suspiro al mismo tiempo que frotaba las palmas de sus manos sobre sus piernas, limpiándose el sudor que no dejaba de salir debido al nerviosismo.
—Muy bien —respondieron ambos con una sonrisa un tanto tímida.
El médico los miró un par de segundos, en silencio, dándose cuenta de que su paciente se veía físicamente mejor que la última vez que lo revisó, ¿había ganado peso? ¿O solo era el hecho de que se veía feliz junto a ese hombre que lo acompañaba? Nunca lo había visto apoyarse tanto en alguien, no al grado de llevarlo consigo a la consulta y además dejarlo pasar a la revisión.
—¿Muchas emociones difíciles de manejar? —inquirió con curiosidad. Trataba de empezar una conversación para aligerar el ambiente tan tenso que se había formado. Gracias a los años que llevaba siendo el médico de cabecera de Wang Yibo, sabía leer su lenguaje corporal más de lo que imaginaba, y estaba muy seguro de que se encontraba sumamente nervioso.
—Demasiadas emociones—admitió el mayor de los dos jóvenes—. No ha sido tan fácil.
Se ganó una mirada de reproche por parte de su pareja.
—¿Qué? Es la verdad, y tu médico debe saberlo —comenzó a hablar con un poco más de confianza—. No ha estado muy bien de salud —lo delató.
—Xiao Zhan…
El doctor Yang miró a su paciente y alzó una ceja con expresión de reproche.
—¿Por qué no me llamaste?
Yibo se sintió acorralado.
—Estaba ocupado.
—A veces es muy irresponsable respecto a su salud —se cruzó de brazos, delatándolo de nuevo.
—¡Xiao Zhan!
—Es el mismo problema de siempre —admitió el médico, dándole la razón—. Y conforme crece, se vuelve más terco.
—¡Yo pienso lo mismo!
Yibo se cruzó de brazos también, desvió la mirada a un lado y refunfuñó algo que los otros dos no entendieron. El doctor Yang y Xiao Zhan no tardaron mucho en congeniar, terminaron riendo al ver la reacción del menor.
—Ven muchacho, vamos a revisarte —le hizo una señal con la cabeza para que pasara al cuarto de examinación que estaba a un lado de su oficina.
Suspirando, y con una expresión de derrota, Wang Yibo hizo caso y siguió al médico, sintiendo en todo momento la mirada intensa de su novio sobre él. Sabía que no era su intención, pero se sentía más nervioso de lo normal al tenerlo ahí, y no porque lo incomodara, sino porque en verdad temía que algo hubiese empeorado en su salud. Lo que menos quería era angustiarlo, y ahí estaban… Xiao Zhan tan nervioso como él, ni si quiera había querido desayunar.
—Recuéstate, ya sabes la rutina —encendió el electrocardiógrafo.
Aún desde su silla frente al escritorio, Xiao Zhan escuchaba las voces a unos metros de él. No podía verlos, pero escuchaba con claridad cada palabra.
El médico hizo una mueca de desagrado cuando comenzó a leer los resultados que arrojaba el electrocardiograma. Yibo tragó en seco al reconocer esa expresión.
—¿Has tenido algún síntoma en estos últimos meses?
—Un poco de fatiga.
—¿Cómo te va haciendo ejercicio?
—A veces me duele el pecho —confesó. No quería preocupar a su novio, y sabía que lo estaba escuchando, pero aun así le hablaría con la verdad a su médico—. Pero solo cuando hago ejercicio intenso. Puedo bailar y no tengo ese problema.
—¿Mareos?
Yibo asintió sin emitir ruido alguno.
—¿Te falta el aire?
Asintió de nuevo.
—¿Cómo te has sentido con el nuevo medicamento?
—Bien, aunque hace algunos días olvidé tomarlo y… —notó la mirada cargada de reproche que le dirigió—…y no me sentí muy bien.
—Dime la verdad.
Yibo suspiró.
—Sentí que perdería la consciencia en cualquier momento.
Xiao Zhan lo escuchó, sabiendo que se refería a la noche en que tuvieron relaciones en casa de sus padres. No pudo evitar apretar un poco sus puños.
—No te voy a mentir, tus resultados no son los mejores —se quitó los anteojos y se pasó una mano por el cabello—. Tendré que hacer un ajuste total en tu medicación, y necesitaré que te tomes las cosas con calma. Has manejado mucho estrés en estos últimos meses.
—No estoy estresado.
—Wang Yibo —espetó con seriedad—. No te has percatado, pero desde que te recostaste no has dejado de respirar con dificultad.
Tenía razón. No se había dado cuenta de ello hasta ahora.
—Además, presentas una arritmia que no tenías en la consulta pasada —suspiró, frustrado ante tales resultados—. Tomarás un medicamento más.
—¿Otro?
—Sí, y no te atrevas a descartarlo. Estoy hablando muy en serio, Wang Yibo, si no sigues al pie de la letra estas indicaciones... —dejó la frase inconclusa, dándole a entender la gravedad del asunto.
Si su corazón no lo mataba, lo haría el susto que le estaba dando el médico. El pobre palideció y se incorporó de inmediato, preocupado al recordar que Xiao Zhan escuchaba todo.
—Y no, no estoy exagerando. Quisiera decírtelo con más tacto, pero me temo que podrías no tomarlo en serio. Yibo, ¿acaso no te has sentido como cuando eras solo un niño?
El aludido lo miró con desconcierto y se tomó unos segundos para pensarlo bien.
Mareos, dolor de pecho, dificultad para respirar y desmayos repentinos. Todo eso había estado experimentando en los últimos meses. Sin mencionar las extrañas palpitaciones tan irregulares que sentía de repente, incluso estando acostado.
Todos y cada uno de esos síntomas le traían recuerdos de su infancia.
Salió de sus pensamientos cuando sintió una mano pesada sobre su hombro.
—Necesitas tomar el control de esto antes de que sea demasiado tarde —se preocupó al ver que seguía pálido, quizás se había sobrepasado un poco—. Aún podemos controlarlo, pero depende mucho de ti.
—Seguiré todas las indicaciones —asintió con firmeza antes de ponerse de pie y colocarse su camiseta de nuevo.
—Eso es lo que quería escuchar —le palmeó la espalda con cariño fraternal. Él también estaba consciente de que Xiao Zhan lo escuchaba, dijo lo que dijo con la intención de que lo hiciera. Sabía que teniendo ese gran sistema de apoyo, Yibo podría mejorar en poco tiempo.
Cuando salieron del cuarto de examinación se toparon con un serio Xiao Zhan sentado en donde mismo, con una expresión difícil de descifrar incluso para Yibo, quien se sentó en la silla a su lado y lo miró con insistencia, buscando algún indicio de cualquier emoción, y no fue hasta que sus miradas se cruzaron, cuando Yibo pudo notar el profundo miedo que su amado sentía en ese momento, pero a pesar de ello Xiao Zhan extendió su mano hasta ponerla sobre la de él, apretándola y diciendo en voz baja:
—Estamos juntos en esto.
Esas simples palabras llenaron de fortaleza a Yibo, de una manera inesperada, contrarrestando por completo el miedo que había sentido dentro de ese cuarto de examinación. Tenía razón. Podía apoyarse en él con total confianza.
Sabía que Xiao Zhan también tenía miedo, lo notaba en sus ojos, pero aún así era capaz de infundirle ese amor, valor y fortaleza que no lograba obtener de nadie más.
El médico volvió a sentarse detrás de su escritorio. Soltó un pesado suspiro antes de dirigir su atención a Xiao Zhan.
—Cuando Yibo me dijo que vendría acompañado me sentí aliviado. Es un niño obstinado que quiere hacer todo por su cuenta, y eso a la larga no trae buenas consecuencias.
A partir de ahí, el doctor Yang comenzó a explicarle el caso de Yibo desde el comienzo, desde que era apenas un niño y pescó una infección viral muy fuerte, tanto, que afectó a su corazón. Fue una de las etapas más difíciles para él y sus padres, pues jamás imaginaron que aquello terminaría comprometiendo la salud de su hijo de por vida.
Aquel virus desapareció por completo luego de meses de recurrencia, pero el daño en su miocardio estaba hecho y era irreversible, dejándolo con insuficiencia cardiaca a su corta edad, y ocasionando que tuviera que asistir a consultas de revisión periódica por el resto de su vida, sin mencionar los medicamentos y chequeos incómodos.
Al crecer logró mejorar significativamente, pero luego de cierta edad comenzó a recaer, aun más ante los descuidos de su salud y al tomar tanto alcohol.
Su sistema inmune no era muy bueno, y ante cualquier infección estomacal, o virus común, su corazón se veía sumamente comprometido. En los últimos meses su médico le había recetado más medicamentos, entre ellos un diurético, pues tendía a tener hinchados sus pies. Eso era muy incómodo para un joven adulto de apenas 28 casi 29 años.
—¿Puede mejorar solo con medicamento? —inquirió Xiao Zhan.
—Si no deja de lado la medicación y sigue mis indicaciones, mejorará. Pero necesito que ponga mucho de su parte. Por eso me alegró tanto ver que vinieras con él, sé que contigo involucrado va a ser muy difícil que desobedezca.
Era el momento perfecto para soltar un comentario sarcástico, o burlarse un poco de lo necio que siempre era su novio, pero Xiao Zhan no pudo hacerlo. Tenía un nudo en la garganta que supo disimular perfectamente.
—Ha vivido con esto desde que era un niño, y ha sabido lidiar con ello —sonrió con confianza—. Estará bien —logró tranquilizarlo un poco.
La buena condición física de Yibo siempre lo había ayudado a sobrellevar mejor sus recaídas, pero a veces era contraproducente y su cuerpo le cobraba factura cuando se excedía en el ejercicio y el baile que hacía.
—Seguiremos como hasta ahora, monitoreando tu estado con una cita mensual, ya no faltes, por favor.
Yibo asintió y Xiao Zhan solo se angustió más, ¿estaba asistiendo una vez al mes? Si no estuviera tan mal, no iría tan seguido.
Tenía miedo.
Salieron de ahí luego de que Yibo le prometiera al doctor que se cuidaría. Xiao Zhan le aseguró que estaría aun más al pendiente de él.
—¿Más? —Yibo quiso pelear un poco para hacer reír a su amado, pues aunque en verdad no parecía que estuviera preocupado, sabía que Xiao Zhan se moría de miedo por todo lo que recién había escuchado.
Logró su objetivo, su novio le dirigió una mirada amenazante acompañada de una sonrisa.
Los días posteriores a la consulta fueron "normales", el mayor no quería hostigar a su amado con su sobreprotección, así que era sutil en cuanto a sus cuidados de salud, asegurándose en silencio que siguiera todas las indicaciones.
A diario, antes de salir a trabajar, le echaba un vistazo al pastillero semanal de Yibo. Si veía el apartado del día correspondiente vacío, se iba tranquilo. Pero un día, mientras lo revisaba se llevó un gran susto, y no precisamente porque Yibo hubiese olvidado la dosis de ese día.
—No voy a fallar esta vez.
Xiao Zhan pegó un brinco al escuchar esa voz detrás de él. Había sido descubierto.
—Lo siento, no quería asustarte —lo abrazó por detrás y apoyó su mentón sobre el hombro de él—. No olvidaré ninguna indicación —aseguró—, quiero estar bien, y durar muchos años más.
Eso removió una fibra muy sensible en Xiao Zhan, no fue capaz de decir algo, la garganta se le cerró un poco y sus ojos se humedecieron. Yibo solo lo apretó más entre sus brazos y le dio un tierno beso en el cuello.
—¿Ya pensaste a dónde quieres ir de vacaciones? —cambió el tema, sin soltarlo aún.
Xiao Zhan acomodó el pastillero en su lugar y correspondió el abrazo acariciando las manos de Yibo.
—Me gustaría visitar un lugar con playa.
—¡A mí también!
—Quizás las Maldivas, o Hawaii.
El médico les había dado luz verde para viajar, de hecho les había recomendado tomarse unas vacaciones, los dos las necesitaban. Ya tenían el permiso en sus trabajos, así que ahora debían buscar a dónde viajarían durante una semana entera, lejos de todo y todos.
—Me gustan ambas opciones. En las Maldivas podríamos hacer deporte acuático, ¡hay mucho por hacer ahí!
Eso ya no le gustó tanto a Xiao Zhan, comenzó a retractarse. La idea era relajarse, no ir a hacer deporte extremo.
—También pensé en Italia, todavía me debes unos zapatos italianos.
Wang Yibo se echó a reír.
—Tienes razón —Yibo lo giró entre sus brazos para verlo de frente—. Me gusta Italia, pero en esta época del año está muy concurrido.
—¿Qué tal Grecia?
El menor alzó una ceja, no lo había pensado.
—Santorini… —murmuró, emocionándose cada vez más, había olvidado que estaba en su lista de lugares por visitar antes de morir.
—Exactamente. Es un buen lugar, ¿no crees? Perfecto para descansar y disfrutar juntos. Tiene muchas playas, paisajes hermosos y en esta época del año hace un buen clima —esperaba que dijera que sí.
—¡Vayamos! —de inmediato sacó su teléfono y comenzó a mandar unos mensajes.
Xiao Zhan lo miró y notó que estaba en verdad concentrado respondiendo aquello, sintió curiosidad y logró asomarse un poco para ver con quién intercambiaba mensajes, pero para su sorpresa, Yibo se alejó.
Sabía que no tenía nada de qué preocuparse, pero no podía evitarlo al notar a su novio algo extraño. La sensación de que le ocultaba algo no se fue después de la visita al médico.
Quería hablar con él al respecto, pero temía crear un problema en donde no lo había.
Y es que su mente comenzaba a trabajar muy rápido cuando se trataba de imaginar los peores escenarios.
Si algo le había enseñado la vida a esas alturas era que debía esperar lo mejor, pero prepararse para lo peor, siempre.
Y justo ahora no dejaba de imaginar muchas cosas.
Si bien era cierto que se conocían desde hace muchos años, y mantuvieron una relación estable durante algunos meses… la realidad era que solo había sido eso: meses de relación. El resto del tiempo fue un problema tras otro, caos y distanciamientos. Bien era sabido que todo eso no fue causado por ellos, sino por personas externas a su relación, causando que estuvieran separados por tantos años.
El problema en todo eso, y lo que preocupaba a Xiao Zhan, era el hecho de que la gente cambia, y ellos no eran la excepción. Tenían que conocerse una vez más, siendo ahora mayores, más maduros.
¿Y si Yibo no estaba tan seguro de lo que sentía?
¡Patrañas!
¿En qué momento se volvió tan pesimista y depresivo?
Decidió sacudirse esas ideas tontas de la cabeza y enfocó toda su energía en planear ese viaje. Tenía un plan que había comenzado hace mucho tiempo. Pasó días enteros haciendo el diseño que quedara perfecto en el dedo anular de Wang Yibo, y hace un par de semanas se lo habían entregado al fin, materializado, de oro blanco tan precioso y perfecto.
Aprovecharía ese viaje para al fin formalizar su relación con él, tal como lo había deseado desde hace tanto.
Su travesía comenzó muy tarde durante la madrugada, ¿o quizás muy temprano?
Tuvieron que despertar a media noche para llegar a tiempo al aeropuerto y esperar su vuelo que duraría aproximadamente nueve horas para llegar al aeropuerto principal de Atenas, y de ahí tomarían otro vuelo de cuarenta minutos rumbo a Santorini, su destino elegido para vacacionar y relajarse.
Nadie sabía que irían ahí, solo sus padres, sus agentes y Mao. Ni siquiera Fei Fei sabía a dónde iban.
Empezaron el viaje sin expectativas, solo querían apartarse del resto del mundo y descansar, disfrutarse mutuamente y vivir, aunque fuese solo una semana.
Desde un comienzo habían optado por rentar un Airbnb, para estar verdaderamente lejos de cualquier persona que pudiese reconocerlos, pero eso implicaría tener que cocinar, limpiar y demás cosas que solían hacer en casa. Así que terminaron eligiendo un hotel spa de lujo muy reconocido en el pueblo de Oia.
Lo que querían era perderse en un lugar hermoso, lejos de las rutinas diarias tan comunes. Y ese hotel spa de lujo tenía una pinta excelente.
—¿Estás cansado? —le preguntó Yibo a su novio luego de mirar cómo estiraba sus músculos.
—Un poco, fueron muchas horas de vuelo. ¿Tú no lo estás? —notó que buscaba algo en su maleta.
—Sí, pero quiero ir a la piscina, ¿vienes? —preguntó con una sonrisa radiante y adorable. Xiao Zhan no pudo evitar pensar en que era como un niño emocionado.
El aludido solo sonrió y comenzó a buscar su traje de baño en la habitación contigua de la suite donde dejó su maleta. Cada uno se cambió por su cuenta y…
Antes de salir de su cuarto ambos se observaron de pies a cabeza. No se habían puesto a pensar que jamás se habían mirado en traje de baño, al menos no estando uno frente a otro en persona.
Yibo vestía un traje de baño azul rey que lograba hacerlo ver tan pálido, hermoso y etéreo, se ceñía en sus caderas, resaltando su lindo trasero. Xiao Zhan disfrutaba mirándolo de pies a cabeza, ajeno a que su amado hacía lo mismo al verlo vestir ese traje de baño color carmesí que igualmente dejaba apreciar su hermoso trasero y esas fuertes piernas.
Xiao Zhan no dijo nada, solo se mordió el labio inferior y lo miró de arriba abajo antes de acortar la distancia entre ambos y tomarlo de la cintura para robarle un beso.
El menor suspiró durante la caricia, dejándose hacer cuando su novio le apretó una nalga y descendió esa misma mano hacia su muslo, apretando y amasando a su gusto al mismo tiempo que lo hacía enredar esa pierna alrededor de su cintura para tener un mejor alcance a ella.
Xiao Zhan adoraba las piernas de Yibo. Eran tan suaves y delicadas a simple vista. Nunca se cansaba de besar y apretar sus pantorrillas y sus muslos en cada oportunidad, los cuales, estando en reposo, eran tan suaves como un cheesecake japonés.
Sin decirle nada, y sin dejar de acariciarlo, Xiao Zhan lo arrastró poco a poco a la cama, en donde tenía planeado arrancarle ese traje de baño.
—¿Aún quieres ir a la piscina? —preguntó el mayor con una sonrisa traviesa luego de tumbarlo sobre el colchón y sentarse a horcajadas encima de su entrepierna.
Yibo tragó en seco y negó de inmediato.
—Quedémonos —puso ambas manos sobre las caderas de Xiao Zhan y lo pegó más a su pelvis.
El pulso de ambos comenzó a aumentar poco a poco, Zhan Zhan posó sus manos sobre los pectorales de Yibo y acarició sus costados hasta llegar al borde del traje de baño. Hizo un intento fingido de quitarlo, emocionando a Yibo.
—Te necesito —murmuró Xiao Zhan, sus ojos brillaban por la pasión creciente en su cuerpo.
Yibo solo tuvo la suficiente coordinación para quitarse su traje de baño y luego ayudar a Xiao Zhan a hacer lo mismo.
Desde aquella vez teniendo sexo en casa de sus padres, Xiao Zhan no se había atrevido a volver a tener relaciones con él por miedo a que su corazón lo resintiera. Pero ahora Yibo parecía estar más controlado gracias a la medicación, así que…
—No te exijas de más, ¿si? —pidió el mayor, aún sentado sobre el regazo de su novio, con el miembro de este expuesto. Mentiría si dijera que no sentía el pulso acelerado, las manos ya le sudaban y sentía su boca seca. Y aun no empezaban nada.
—No lo haré —logró responder, mordiéndose los labios sin dejar de mirar a su amado de arriba abajo, deteniendo sus ojos sobre ese miembro que cada vez estaba más firme.
—Déjame encargarme de todo.
Yibo alzó una ceja al escucharlo decir eso. Al ver su duda, Xiao Zhan prosiguió.
—Solo relájate —sonrió, deslizando sus manos abiertas desde sus caderas hacia arriba, acariciando sus costados, su pecho, terminando en su nuca. Se inclinó sobre él y le robó un beso apasionado que terminó con una mordida que hizo gemir al menor.
Como venganza a ese gesto, Wang Yibo le dio una fuerte nalgada a su amado. El aludido pegó un brinco del susto y lo miró con algo de asombro. Toda su faz decía "¿me acabas de golpear?".
Por un segundo Wang Yibo se arrepintió, lleno de ternura y arrepentimiento comenzó a acariciar la nalga que recién había azotado.
—Lo siento —se disculpó entre risas avergonzadas.
—Hazlo de nuevo —pidió el otro con voz seria, desconcertándolo por completo. Yibo frunció el ceño en respuesta—. Hazlo —insistió, y él no se hizo más del rogar.
El sonido del azote inundó toda la habitación, acompañado de un suave gemido por parte de Xiao Zhan.
—Nos hemos vuelto algo masoquistas, ¿no crees? —sugirió, refiriéndose a él más que nada. Las mejillas de Xiao Zhan se tornaron algo rojas.
—Y tú eres un sádico —señaló con la mirada el miembro de Yibo, ya completamente erecto luego de azotarlo y escuchar esos gemidos adoloridos.
El menor esbozó una sonrisa orgullosa, sí, no lo iba a negar.
—Ven aquí —arrastró las caderas de Xiao Zhan hasta sentarlo sobre su miembro, soltando así un gemido gutural, en especial cuando sintió cómo el mayor se restregaba desvergonzadamente sobre su miembro.
Yibo iba a moverse, pero al percatarse de ello Xiao Zhan lo detuvo.
—Quieto. Dije que yo me encargaría, ¿o acaso quieres que te amarre? —amenazó—. ¡Wang Yibo! —exclamó entre risas al ver el deseo en sus ojos, en verdad le había parecido excitante la idea, y no iba a mentir, a él también le pareció tentadora. Pero desafortunadamente no tenían nada al alcance que pudiera servirles para el acto—. Dejemos el Bondage para después.
Yibo asintió y extendió una mano hacia la maleta que estaba junto a ellos en la cama. Rebuscó algo en su interior hasta sacar el lubricante que solían utilizar. Comenzó a preparar a su novio con paciencia, acariciando al mismo tiempo su miembro igualmente lubricado.
Lo que tenía ante sus ojos era hermoso. Xiao Zhan se apoyaba con ambas manos sobre su pecho mientras él lo dilataba poco a poco con sus dedos.
—Es suficiente —dijo de pronto el mayor.
—¿Estás seguro?
Ya tenía el miembro de Yibo en su mano y lo dirigía con prisa a su entrada. No dijo nada, solo miró a Wang Yibo un segundo antes de comenzar a penetrarse a sí mismo. Las cejas del menor se fruncieron en una mueca que Xiao Zhan adoraba con locura, incluso podía decir que lograba excitarlo aún más.
Soltó un gemido de total placer cuando lo sintió completamente dentro de él, sentía un placer… doloroso. Sí, quizás su novio tenía razón y era todo un masoquista.
—Zhan Zhan… ¡Ah! —lo tomó de las caderas para empujarlo hacia sí mismo, buscando aun más profundidad. El mayor tomó esas manos que no lo dejaban moverse con libertad, y las retuvo por encima de la cabeza de Yibo.
—Te dije que te quedaras quieto —murmuró antes de comenzar con el vaivén de sus caderas. Al principio fue lento, de adelante hacia atrás sin dejar que saliera por completo de su cuerpo; luego lo hizo un poco más rápido, combinándolo con movimientos ondulatorios de sus caderas; y entonces…
Comenzó a montarlo con frenesí.
Una exclamación de profundo placer resonó en le interior de esa habitación. Yibo hacía un esfuerzo grande por liberarse del agarre de su novio, pero este no le soltaba las manos.
—Por favor —suplicó, retorciéndose un poco para que lo soltara, pero Xiao Zhan solo esbozó una sonrisa ladina llena de perversidad. Era demasiado fuerte, Yibo no podía liberarse. Cerró los ojos unos segundos solo para experimentar cómo sus sensaciones se intensificaban ante los movimientos de su novio—. Ah… Ge Ge…
—¿Quieres… que me detenga? —su respiración estaba agitada por tanto ejercicio, bajó la velocidad, pero no se detuvo.
—No… quiero que me sueltes.
Notó que lo decía muy en serio, así que lo liberó, pero se arrepintió de ello al momento.
—¡Yibo! —se mordió el labio inferior al sentir aquella nalgada tan fuerte como la anterior.
El de la sonrisa perversa ahora fue otro.
Como venganza, Xiao Zhan comenzó a moverse ahora de arriba abajo, haciendo que el miembro de su amado saliera casi por completo solo para volver a dar un fuerte sentón sobre él. Le dolía, sí, pero valía por completo la pena si como resultado obtenía esas expresiones y esos excitantes gemidos contenidos.
—Acabamos de perder un día entero de vacaciones —dijo Yibo al mirar desde la cama cómo la luz del sol que entraba por la terraza era cada vez más tenue.
—Yo no lo daría por perdido —travieso, Xiao Zhan le apretó una nalga.
Yibo bajó la mirada hacia esa mano y sonrió con la misma picardía que su amado.
—¿Ahora quieres hacérmelo tú? —inquirió el menor.
—Lo lamento, pero no tengo la energía —aceptó con algo de vergüenza. Se había encargado de todo para que Yibo no se esforzara, pero sus rodillas dolían al igual que sus caderas, y ni qué decir de su trasero. Necesitaba un respiro.
—¿Te encuentras bien? —aún desnudos y revueltos entre las sábanas, Wang Yibo se removió hasta quedar frente a frente con él. Posó una mano sobre la mejilla de su novio y analizó cada centímetro de su rostro.
—Estoy bien —besó la mano que lo acariciaba.
—¿Está seguro? —recordó sus problemas lumbares.
—Te digo que sí —rio y pasó una pierna por encima de Yibo, descansando en esa cómoda posición. Cerró los ojos y soltó un largo suspiro.
—Te traeré algo de beber —sabía lo sediento que terminaba luego de tanto ejercicio, en especial cuando él se hacía cargo de todo.
Pero para su sorpresa, él se negó, abrazándolo más fuerte.
—Estoy cómodo, quedémonos así un poco más.
Yibo sonrió como tonto enamorado y aceptó, le daría gusto en lo que quisiera, ¿y cómo no? Después de dos orgasmos intensos y maravillosos. No tenía duda, Xiao Zhan se sabía mover sin importar que fuese él quien daba o recibía.
—¿Quieres salir a caminar más tarde? —sugirió Xiao Zhan de pronto, aceptando las suaves caricias que Yibo distribuía a lo largo de su espalda.
Como respuesta obtuvo un sonido raro.
—¿Eso es un sí?
—Quiero salir, pero también quiero quedarme aquí contigo —estaba en un verdadero dilema. Xiao Zhan se echó a reír cuando vio su expresión de angustia.
—Descansemos un poco más antes de salir, ¿si? —se estiró hasta besar la comisura de sus labios, y Wang Yibo sabía muy bien por qué hacia eso, sabía que si lo besaba en los labios terminarían teniendo otra ronda de sexo, y él no quería exigirle más a las caderas cansadas de su amado.
—Bien —besó su cabeza y ambos se abrazaron en medio de un cómodo silencio. Sus cuerpos tibios contrastaban con la frescura de las sábanas, la leve fricción entre sus cuerpos era relajante al igual que el lejano sonido de las olas que entraba por las puertas abiertas de par en par de la terraza con vista a ese oscuro mar mediterráneo. El olor a sal también lograba percibirse, era agradable para ambos, pero de vez en cuando Xiao Zhan escondía su rostro en el cuello de Yibo y aspiraba su deliciosa fragancia.
Nada en el mundo se comparaba con el olor de Bleu de Chanel sobre la piel de Yibo. A nadie le quedaba tan bien ese perfume como a él.
El menor sonrió cuando sintió la punta de la nariz de su novio recorriéndole el cuello para después suspirar largo y tendido.
—Zhan Zhan —dijo de pronto, con un atisbo de asombro en su voz.
—¿Mnh? —seguía acurrucado sobre su pecho, con el rostro hacia su cuello para seguir arrullándose con su olor.
—¿Ese es el atardecer? —inquirió con verdadera curiosidad cuando notó tintes de rojo, azul y naranja en la porción de cielo que alcanzaba a vislumbrar desde la cama.
Xiao Zhan abrió solo un ojo, y sin moverse de su cómoda posición logró entender la sorpresa en su novio.
Los colores de ese atardecer eran tremendamente magníficos.
—Oh… —incorporó solo la mitad superior de su cuerpo, miró a Yibo a los ojos y eso bastó para que se entendiera como un "Vamos".
Yibo se levantó como resorte de la cama, se envolvió en una de las batas del hotel y estuvo a punto de salir a la terraza, hasta que miró a su novio.
—Lo siento, amor —con todo el cariño del mundo fue hacia él y lo ayudó a levantarse de la cama—. En verdad lo siento —se mortificó al ver que sí estaba un poco lastimado.
—No, no —hizo un ademán con la mano, restándole importancia y rescatando su orgullo al negar su ayuda—. Yo fui quien se sobrepasó —se acomodó la bata y le dirigió una mirada tan profunda, oscura y… erótica a su novio, o al menos eso sintió Yibo al toparse con esos preciosos ojos. Casi al instante sintió cómo la sangre se le iba hacia cierto punto de su cuerpo.
Después de unos segundos analizó las palabras de su amado, recordando cómo se había sentado sobre su entrepierna, subiendo y bajando sin parar con tal de darle placer y recibir el mismo. Había sido tan sensual, tan dominante, y él… bueno, él solo se había quedado acostado bocarriba, apretando los dedos de los pies ante cada orgasmo y ayudando a Xiao Zhan de vez en cuando para que no perdiera el equilibrio.
—Creo que yo también me sobrepasé un poco —deslizó una mano escurridiza sobre una de las nalgas de Xiao Zhan. Le había dado más de un par de nalgadas, la posición había sido precisa para eso, no pudo evitarlo. La expresión de su novio con cada azote era… era una imagen mental que jamás se borraría.
El mayor soltó un pequeño quejido al sentir el ligero apretón sobre su adolorido trasero.
—Lo siento —se inclinó hacia él y besó su cuello, apenas rozándolo, respirando sobre su piel y mirando cómo esta se erizaba.
Xiao Zhan sintió que sus rodillas temblaron. Yibo aún tenía mucha energía, pero él estaba exhausto.
—¡Vamos a ver el atardecer! —interrumpió el momento que se ponía cada vez más caliente y caminó hacia la terraza tomando de la mano a su novio.
Pero apenas pusieron un pie fuera, ambos fueron testigos del atardecer más hermoso que jamás habían visto. No por nada los atardecer de Santorini eran conocidos como los más preciosos del mundo.
Se quedaron sin palabras. Caminaron hacia el extremo más lejano de su pequeña terraza privada y observaron en silencio, anonadados.
Los amaneceres de Aspen eran preciosos, pero no se comparaban con lo que veían ahora.
Entonces Xiao Zhan retomó una vieja costumbre. Corrió al interior del cuarto, sacó su cámara profesional y volvió a donde Yibo para inmortalizar ese momento. Al escuchar la captura, el menor miró hacia atrás y sonrió de oreja a oreja al ver a su novio tomándole fotografías.
—Zhan Zhan… —sus mejillas enrojecieron levemente al darse cuenta de que no dejaba de tomarle fotos de distintos ángulos.
—Recárgate en la baranda —pidió, sin dejar de mirar a través del lente.
Sin rechistar, y aguantando una risa nerviosa, Wang Yibo hizo caso y fue víctima de una hermosa sesión fotográfica. En su rostro se veía el cansancio que sentía, se reflejaban las pocas horas de sueño. Pero… su leve sonrisa y esa mirada dejaban en claro que estaba por completo satisfecho en otros aspectos muy íntimos.
En medio de la sesión, Yibo jaló de la mano a su amado y lo arrastró a esa sesión que pronto se convirtió en una de selfies.
—Es tu turno —Yibo le quitó la cámara y lo hizo acomodarse de espaldas al atardecer antes de que este desapareciera. Él no era tan bueno como su novio con la cámara, pero quería capturar la hermosura de su amado y del atardecer.
Mientras miraba por el lente, no podía dejar de pensar en lo afortunado que era. Tenía a su lado al amor de su vida, estaban en un lugar paradisiaco, juntos, a solas y felices.
Él también fue testigo de la fatiga que reflejaba el rostro de Xiao Zhan, pero percibía esa satisfacción en su expresión, era difícil de describir, pero sabía que se sentía satisfecho, lo notaba en esos ojos profundos, en esa sonrisa tan amplia que contrastaba tanto con las ojeras que justo ahora tenía.
—¿Quieres salir a caminar un rato? —inquirió Xiao Zhan luego de haber visto cómo el sol se ocultó por completo.
—¿Estás seguro? —acarició su espalda baja y lo miró a los ojos.
Xiao Zhan asintió con una linda sonrisa.
—Nos vestimos y vamos, ¿si?
El menor respondió dándole un beso en los labios.
Esa noche caminaron por las bellas calles del pueblo. Era un lugar tranquilo, pero con suficientes turistas como para llenar las calles principales. La vida nocturna ahí era tranquila. Restaurantes, bares y tiendas de recuerdos resaltaban entre todo lo demás.
Caminaron tomados de la mano por las calles angostas del pueblo, se perdieron un par de veces al girar en la esquina equivocada y terminaron caminando más de lo esperado. Durante el camino Xiao Zhan aprovechaba la menor oportunidad para tomarle fotos a Yibo, este ya estaba acostumbrado, así que lo dejaba hacerlo. De vez en cuando escuchaba el sonido del obturador de la cámara y solo podía sonreír disimuladamente por ello. Su amado tenía la costumbre de tomarle fotos aunque no estuviera mirando a la cámara, y muchas de las veces esas eran las fotos más hermosas y naturales. Solo él lograba capturar su verdadera esencia en una foto.
Lo que no sabía, era que Xiao Zhan tomaba estas fotografías con un propósito oculto.
Perdidos por enésima vez, llegaron a un balcón público con vista a una de las costas de la isla. Desde ahí se veía el pueblo completamente bañado con las pequeñas luces de las calles, dándole un aspecto mágico y vivo. La brisa fresca que llegaba desde el mar mecía sus cabellos y acariciaba su piel en un suave toque casi cariñoso.
Yibo apreció la vista ante él, cerró los ojos e inhaló profundamente antes de susurrar:
—Estoy feliz de estar aquí —abrió los ojos al escuchar de nuevo el obturador de la cámara. Miró a su novio junto a él y frunció el ceño—. Te estás perdiendo del paisaje por tomarme tantas fotos —le quitó la cámara, haciéndolo reír y encogerse de hombros. Lo que Yibo no sabía era que para Xiao Zhan él era su paisaje más hermoso, y tener muchas fotos de él en diferentes escenarios lo hacía verdaderamente dichoso.
—Yo también estoy feliz de estar aquí —lo rodeó con sus brazos desde atrás y juntos apreciaron la hermosa vista, hasta que de pronto Wang Yibo levantó la cámara frente a ellos y tomó una foto—. ¿No que no querías más fotos? —inquirió con sorna mientras ambos veían el resultado de esas capturas.
—Nos vemos muy bien —ignoró la pregunta, pero Xiao Zhan no pudo reclamarle, no después de darle la razón. ¡Se veían tremendamente bien!
Algo había en sus rostros que no habían notado antes, y no sabían describir bien qué era eso que los hacía ver aún mejor que hace seis años. Se podría decir que incluso habían rejuvenecido.
—Busquemos un lugar dónde cenar —pidió el menor luego de escuchar cómo el estómago de su novio reclamaba alimento.
Llegaron al primer restaurante de comida típica de la zona que encontraron y devoraron sus platillos casi sin emitir palabra alguna. Cualquiera que los reconociera en ese momento se reiría mucho al verlos comer con tanta hambre.
Estando satisfechos (más bien, luego de comer más de lo que podían) trataron de volver al hotel sin perderse, pero eso fue imposible. Lejos de enojarse por ello, decidieron disfrutar del camino, tomados de la mano y mirando expectantes todo lo que los rodeaba.
Poco antes de llegar a su hotel, se encontraron con una plaza al aire libre en donde un pequeño grupo tocaba canciones en inglés de los años 70. La banda estaba compuesta solo por el vocalista, un bajo, teclado, guitarra y un amplificador bien ecualizado. Ante ellos había un gran número de personas disfrutando del show callejero, mientras otro grupo de parejas bailaban lentamente las canciones, al compás del bajo e iluminados por los cientos de luces en hileras, enredados en los postes y árboles de la plaza.
La escena era por demás romántica, cálida y hasta algo mágica.
Xiao Zhan miró de reojo a su novio, y notó cómo miraba con atención a los músicos, disfrutando de cada segundo. Lo veía en el brillo especial que tenían sus ojos negros.
Sin decirle nada, extendió una mano hacia él, y eso bastó para que una amplia y preciosa sonrisa se instalara en la expresión de Wang Yibo.
Tomados de la mano caminaron hacia esa "pista de baile" improvisada para tomar un lugar. Yibo colocó sus manos en la nuca de Xiao Zhan, y este rodeó la cintura de su amado, pegándose a su cuerpo todo lo posible para bailar lentamente al ritmo de "Hopelessly devoted to you".
No hubo necesidad de intercambiar palabras, sus miradas conectadas decían más de lo que sus bocas podrían. Perdidos en los ojos del otro, se mecían de derecha a izquierda con sutileza, disfrutando del calor de sus cuerpos y del precioso ambiente de película romántica que vivían en ese momento.
El cabello ya un poco largo de Wang Yibo le tapaba los ojos cada vez que el viento soplaba. Quería quitárselo del rostro, pero no deseaba soltar la nuca de su amado, así que fue Xiao Zhan quien despejó su rostro de cualquier cabello. Lo hizo con ternura para después bajar la mano a la mejilla de Yibo, acariciándolo con un cariño inmenso. Miró los ojos oscuros de su amado, luego miró sus labios, mordió los propios y acortó la distancia entre ambos hasta besarlo. Yibo lo recibió gustoso, haciendo un poco de presión en su nuca para atraerlo más hacia él.
—Te amo —susurró el menor, obteniendo como resultado esa sonrisa tan genuina y característica de Xiao Zhan, quien unió su frente con la de Yibo, cerró los ojos y soltó un suspiro largo lleno de paz.
—Te amo —respondió en un murmullo tenue e íntimo.
Yibo volvió a tomarlo de las mejillas para darle un dulce beso en los labios.
Bailaban al ritmo pausado de la música, bajo un cielo estrellado y rodeados de una atmósfera de ensueño.
Si un par de años atrás les hubiesen dicho que serían tan felices… no lo habrían creído. Ninguno lo mencionaba, pero en más de una ocasión estuvieron a punto de considerar la opción de olvidar el profundo amor que se tenían. "Es solo una etapa de mi vida, lo superaré" se decía Xiao Zhan una y otra vez, sin creerlo en lo absoluto. "Si continuo con mi vida eventualmente lo olvidaré" se repetía Wang Yibo, intentando dejar todo atrás sin conseguirlo del todo. Bastaba con ver una foto de su Ge Ge o escucharlo en la radio para que todo su esfuerzo por olvidarlo se fuera al caño.
En esos años de soledad ambos estaban muy conscientes de que debían olvidarse, y tenían la verdadera esperanza de que el tiempo borrara ese inmenso amor. Pero no fue así. Sus almas se llamaban una a la otra. Lo comprobaron al ver que ni el paso de los años lograba aminorar ese sentimiento y necesidad.
Muy dentro de su corazón, Xiao Zhan tenía la esperanza de algún día volver a estar cerca de él. Quién sabe… quizás pasando los años podrían volver a trabajar juntos, habiendo olvidado su historial, siendo ya mayores, tal vez con esposa y familia. ¿Podrían disfrazar su amor con una "Gran amistad"?
No le tomó mucho tiempo para darse cuenta de que ese plan no funcionaría. Estar cerca de Yibo sin poder ser algo más era muy duro para su corazón. Así fue como ambos terminaron decidiendo que lo mejor sería actuar lo más indiferente el uno con el otro, hasta que esa indiferencia se hiciese real.
—¿Qué te causa gracia? —inquirió Yibo en un tono íntimo y suave, sonriendo al escuchar esa pequeña risa traviesa.
El aludido negó con la cabeza y mantuvo su sonrisa radiante.
—Dime —insistió.
Xiao Zhan no quiso arruinar ese bello momento trayendo tristes recuerdos, así que se limitó a explicarlo con una simple oración.
—Me gustaría regresar en el tiempo solo para decirle a nuestros "yo" del pasado que todo va a estar bien.
Un nudo se formó de inmediato en la garganta de Yibo. Él ya había pensado en eso un par de veces.
Pero ahí estaban.
Vivos.
Felices.
Juntos.
Al día siguiente salieron a explorar sus alrededores. Los pueblos se veían todavía más hermosos de día. El sol era fuerte, pero el aire era lo suficientemente refrescante como para que pudieran seguir su camino sin problema.
Xiao Zhan llevó su cámara durante todo el paseo, no desaprovechó cualquier oportunidad para tomar foto tras foto, tanto de Yibo como de los paisajes ante sus ojos. Su amado le reclamaba en cada ocasión que dejara de tomarle fotos o se perdería del maravilloso paisaje frente a ellos, pero Xiao Zhan ya no le hacía caso y seguía con su plan.
—Ya deja eso —le frunció el ceño al darse cuenta de que lo fotografiaba. No lo iba a admitir, pero le avergonzaba un poco ser tan fotografiado.
—No —le tomó una más y luego al paisaje.
Y es que Yibo traía puesto un lindo sombrero para protegerse de los rayos del sol. Se veía adorable, sin mencionar su ropa de turista con ese estilo tan Wang Yibo, portando sus gafas solares que le iban perfectas.
Sí, Wang Yibo era precioso, y Xiao Zhan no desaprovecharía cualquier oportunidad para tomarle una foto. Más ahora que sus mejillas ya estaban enrojecidas por el calor, y pequeñas gotas de sudor recorrían su piel.
Hermoso, simplemente hermoso.
—Me lo va a agradecer en cincuenta años —pensaba Xiao Zhan.
Rentaron un auto y recorrieron lo más bonito de Oia, el pueblo en donde se estaban hospedando. Pero pronto les entró la curiosidad por el pueblo que ahora era la capital de la isla: Fira. Era el pueblito más concurrido y turístico de Santorini. Al llegar dejaron el auto de lado y usaron el teleférico para ir a lo más alto de la isla. Caminaron y se perdieron por las calles coloridas de Fira. Cada vez que giraban en una esquina, se topaban con otra casa colorida, una blanca, o algunas con techos en forma de cúpula de color azul, tan característico de Santorini. La arquitectura del pueblo era fascinante y muy variable. Era difícil encontrar una casa idéntica a otra, cada una tenía su estilo, y las angostas calles que se comunicaban entre sí estaban repletas de gatos por doquier.
Xiao Zhan estaba fascinado al ver tantos felinos. Se detenía a acariciar a cada gato con el que se cruzaban. Eso retrasaba su caminata, pero Yibo no le reprochaba nada.
—Dame eso —le pidió la cámara que Xiao Zhan sostenía mientras acariciaba a un gato—. Yo te la cuido, se te puede caer o dañar.
Su tono había sido neutro, pero eso no evitó que una enorme sonrisa se formara en el rostro del mayor, quien no lo pensó dos veces antes de entregarle su preciada cámara.
Aquel ofrecimiento por parte de Yibo tenía un plan oculto. Sin decirle nada, y tratando de ser lo más discreto posible, le tomó una foto con cada gato que se detenía a acariciar.
¿Podía ese hombre ser más adorable?
Yibo estaba seguro de que no había un límite, lo estaba comprobando.
Otra cosa que llamó la atención de ambos, además de la cantidad de gatos, fueron los burritos de carga que había por todas partes. Cada burro traía una campanilla en el cuello, provocando un sonido relajante que se escuchaba incluso a la lejanía.
Hacía cada vez más calor, y la opción de pagar por transportarse sobre un burro era muy tentadora. Pero se resistieron, no querían ser la carga de esos pobres animales que, aunque se veían muy bien cuidados, ya llevaban cierta carga sobre sus lomos.
Así que siguieron caminando y disfrutando de los paisajes a su alrededor. A pesar del calor, ambos iban tomados de la mano la mayor parte del tiempo.
Todo era hermoso, había una tranquilidad difícil de describir. Los días posteriores a ese fueron similares, no querían perderse nada. Recorrieron el resto de los pueblos. Usaron el auto para ir hasta el extremo opuesto de la isla, en donde encontraron la playa roja y se metieron al mar de manera clandestina como el resto de los turistas que había ahí.
—Estoy exhausto —suspiró Xiao Zhan, saliendo del baño solo con una toalla alrededor de las caderas y otra sobre sus hombros que usaba para secarse el cabello.
—Yo también —estaba tumbado sobre el colchón, recién bañado, vistiendo lo mismo que su novio. Miraba el contenido de su celular con algo de curiosidad, pues desde hace días que no entraba a las redes sociales.
Sin embargo, la sangre se le fue hasta los pies cuando vio cierta información en su teléfono. En su estómago se fue creando una extraña sensación de vacío infinito al ver las tendencias en Weibo.
La primera llevaba días en el puesto número uno.
"Yizhan dancing"
Dos palabras, un sinfín de emociones.
Un amargo recuerdo lo invadió, su corazón se agitó y las palmas de sus manos comenzaron a transpirar.
Pero entonces recordó que la situación era muy distinta ahora.
Con valor renovado, reprodujo el video que ya tenía millones de visualizaciones, y el miedo se fue de él al ver tan maravillosa escena. En ese video estaban él y el amor de su vida bailando lentamente, abrazados, compartiendo un momento perfecto e íntimo que ahora gracias a alguien podría inmortalizarlo.
Habían estado tan sumergidos uno en el otro desde que comenzó el viaje, que ninguno tuvo siquiera la intención de ser "cuidadosos" para no ser vistos en público. Para empezar no creyeron que hubiese gente ahí que los reconociera. Incluso se habían asegurado de no ir en la temporada en la que van muchos chinos (sí, había una temporada para ello).
Yibo no sabía si estaba listo para ver todo el contenido que había sobre ellos en internet. Tal parecía que había fans discretas siguiéndolos y subiendo fotos de ellos. El fandom había enloquecido.
Xiao Zhan se acercó a él al verlo con esa extraña expresión, miró lo que lo tenía así y… sintió exactamente lo mismo que Yibo, pero supo disimularlo muy bien.
—¡Oh! ¡Alguien nos grabó! —se sentó a su lado en la cama y le quitó el teléfono para ver más de cerca.
—Sí… —su expresión mortificada no se borraba.
—Excelente —hizo como que no notaba su angustia—. Que bueno que lo hicieron. Ahora mismo lo guardo para tenerlo de recuerdo.
Esa actitud relajada en su novio lo sorprendió.
—¿No te preocupa?
Entonces Xiao Zhan lo miró a los ojos y le dedicó una suave sonrisa.
—Las cosas ya no son como antes —extendió una mano hasta acariciar el mentón de su novio, con cariño.
—Pero… alguien nos está tomando fotos en cada momento, ¿no te incomoda?
—Mmm… no puedo decir que no. Pero hasta cierto punto estoy aliviado de que esa persona no nos moleste directamente. ¿Sabes? Podría ser mucho más invasiva, pero no lo es.
—No, solo compartió fotos y videos nuestros a nivel global —rodó los ojos.
—¿Y qué tiene de malo? —suavizó su expresión y lo miró con aires de diversión. Eso solo logró enfurruñar al menor.
Si, una nueva vida estaba ante sus ojos. Ahora solo debían acostumbrarse a que su amor ya no era prohibido, tampoco un pecado, ni mucho menos un crimen.
No era fácil adaptarse a ello luego de tantos años de daño psicológico en el que incluso se preguntaron si ellos eran los que estaban mal de la cabeza, si eran malas personas por querer a alguien de su mismo sexo, incluso llegaron a arrepentirse de ser así.
—Que suban los videos que quieran —dejó el teléfono de Yibo sobre la mesita de noche—. Eso solo logrará dejar más claro el hecho de que… —inclinó su cuerpo hacia Yibo, hasta posicionarse casi sobre él—…eres mío —tiró de la única toalla que cubría la desnudez del menor, este tragó en seco cuando vio que su amado también se quitaba la toalla.
—Acordamos que descansaríamos —se relamió los labios. Sus palabras no coincidían con lo que su cuerpo pedía.
—¿Prefieres dormir? —inquirió Xiao Zhan. Bastó con que deslizara un dedo desde el ombligo de Yibo hasta la punta de su…
—No —se incorporó lo suficiente para tumbar a su amado sobre el colchón y sentarse en su regazo a horcajadas—. Pero ahora tú me lo harás a mí, y me dejarás tomar el control —sentenció sin lugar a réplicas. Las últimas veces que habían tenido sexo vio cómo Xiao Zhan lo disfrutaba, él también quería un poco, quería disfrutar de esa manera y sentirlo dentro de sí.
—Solo no te excedas —le apretó ambas nalgas con fuerza, obteniendo un leve quejido de su novio.
—Tú excédete lo que quieras —sonrió de lado y se mordió el labio inferior antes de inclinarse sensualmente sobre Xiao Zhan y besarlo en los labios con arrebato. Sus manos abiertas se apoyaban en los pectorales del mayor, dándose apoyo.
No fue una noche de mucho descanso, pero fue así como llegaron a un acuerdo. Luego de un par de rondas sin descanso, en plena madrugada, decidieron que turistearían solo un día más. Sus cuerpos estaban cansados, cuando supuestamente ese viaje había sido planeado para el descanso de ambos.
Utilizarían lo dos últimos días del viaje para descansar, sin salir de su cuarto o del spa del hotel.
—¿A dónde quieres ir mañana? —inquirió Wang Yibo, acostado de lado, con una pierna cruzando el cuerpo de Xiao Zhan—. Decide bien, es el último día de turismo.
—¿Y yo soy quien va a elegir?
—Te cedo el honor —y cómo no, si se había pasado el viaje entero comportándose como un niño emocionado cada vez que decidían a dónde ir.
—Umh… —recargó su mejilla sobre la cabeza de Yibo y jugó un poco con sus cabellos ya revueltos.
—Pyrgos.
Les faltaba ese bonito pueblo. Yibo lo había omitido porque era el que más escaleras tenía. Pero le daría gusto a su amado, sabía lo mucho que le gustaba ir a caminar.
—Hagamos turismo ahí, ¿te parece bien? —preguntó con curiosidad al ver que no respondía.
—Me parece perfecto —besó la piel desnuda de su pecho y se dispuso a dormir, mañana le esperaba un largo día. Tendría que prepararse con mucho bloqueador solar, un buen sombrero, lentes de sol y bastante agua.
Al día siguiente se levantaron muy temprano para tomar el desayuno en el restaurante principal del hotel. Al terminar se dirigieron en auto hasta Pyrgos, lo dejaron estacionado en un lugar seguro y comenzaron su paseo.
Pyrgos era un bello lugar de pequeños laberintos empedrados, con muchas escaleras y angostas calles. La vida ahí era muy tranquila, no había turistas, pero sí bastantes gatos.
Se sorprendieron al contar más de veinte iglesias en el lugar. Cada vez que giraban en una esquina, o que atravesaban un túnel, se encontraban con una sorpresa como iglesias, casas coloridas, y edificios con arquitectura muy antigua. Había cientos de lugares perfectos para tomarse fotografías.
Pero lo mejor de todo, era que no había turistas.
—Tus mejillas están rojas, te dije que te pusieras más bloqueador —Yibo sacó dicho producto de su mochila y se lo aplicó con algo de brusquedad en la cara, haciéndolo reír.
—Me arde, idiota —lo golpeó como tenía por costumbre.
—No lo haría si me hicieras caso —seguía concentrado en su labor—. Tengo sed y ya se me terminó el agua —murmuró, buscando con la mirada alguna tienda cercana—. Iré a buscar algo, quédate ahí —señaló una linda terraza a unos metros, tenía bancas de madera y una estructura que en vez de techo tenía una gran enredadera que daba sombra, pero hasta la altura del "techo" de enredaderas, llegaban un par de espesos matorrales de buganvilias de flor púrpura, característica de la zona, dando así una perfecta y agradable sombra.
No lo iba a negar, la sugerencia era tentadora, sentía demasiado calor y comenzaba a pensar que no había sido muy buena idea ir a pasear por tantas horas bajo el sol.
—No, tú estás cansado, anoche fui algo brusco y…—fue silenciado por la mano de Yibo apretándole ambas mejillas desde la mandíbula.
—Silencio. Iré a esa heladería por agua y un par de paletas de hielo. Ve a sentarte.
Aguantando las ganas de reír, Xiao Zhan asintió. Cuando Yibo trataba de ser asertivo, intimidaba a cualquiera, pero a él lo llenaba de ternura.
Terminó obedeciendo a su amado y fue a sentarse bajo esa agradable sombra.
Mientras Yibo volvía, Xiao Zhan sacó lo que tenía en su bolsillo y lo miró por largos segundos con una expresión preocupada. Lo había traído consigo durante todo el viaje, había tenido muchas oportunidades y… no había aprovechado ninguna. El tiempo se le agotaba, y el nerviosismo aumentaba.
Guardó el motivo de sus preocupaciones de nuevo en su bolsillo y cerró los ojos, decidido a relajarse un poco, concentrándose en respirar lento y profundo.
Sonrió cuando el perfume de Yibo llegó a sus sentidos, sonrió de lado y abrió los ojos solo para encontrarse con una deliciosa paleta helada de limón ante él.
—Gracias —la tomó y enseguida Yibo se sentó a su lado, soltando un pesado suspiro de satisfacción.
La vida era buena.
El viento estival se llevaba las pocas nubes que había en ese día soleado y precioso en Santorini. Las campanillas de los burros se escuchaban a lo lejos, acompañadas del ligero barullo de los habitantes de la zona que también salían a disfrutar de su pueblo en ese bello domingo por la tarde. Frente a ellos había una chica tocando una gran variedad de canciones en ukulele. El arte callejero en esa zona era más cotidiano de lo que imaginaban. Justo ahora las notas y la letra de "What a Wonderful world" llegaba hasta sus oídos de una forma agradable, logrando hacer de ese momento aun más perfecto.
Si pudieran fotografiar sentimientos, capturarían ese preciso instante, plasmándolo en una imagen para que durara toda la vida.
Entonces Xiao Zhan despegó la mirada de la chica del ukulele, miró a un lado de ella y sus ojos se agrandaron al reconocer el establecimiento que estaba ante ellos.
Tratando de ser discreto, miró a su novio por el rabillo del ojo y sin poder evitarlo sonrió al verlo comerse esa paleta helada con tanta concentración. El jarabe de limón escurría por su mano, y él intentaba detenerlo con su lengua, no lográndolo del todo.
Xiao Zhan observó su lindo ser, sus mejillas sonrojadas por el calor, su cabello oscuro cayendo sutilmente sobre su frente, balanceándose por el viento que los acariciaba con gentileza mientras el aroma a mar y minerales los envolvía.
Cuando Yibo se percató de que era atentamente observado, no pudo evitar sonrojarse un poco, pues estaba lamiendo su propia mano, llena de paleta de limón derretida.
—¿Qué? —inquirió con una sonrisa algo avergonzada.
—Wang Yibo.
—¿Mnh? —alzó una ceja al sentirlo tan solemne. Tuvo un extraño presentimiento cuando lo tomó de su mano libre, la que estaba limpia—. ¿Qué haces? —comenzó a sentir pánico cuando lo vio poner una rodilla en el piso al mismo tiempo que sacaba algo de su bolsillo. Abrió ese "algo" y Yibo sintió cómo la sangre se la fue hasta los pies al ver un precioso anillo dentro de esa aterciopelada caja—. Oh por Dios…
Si los hubiesen estado grabando, habría quedado documentado para la posteridad cómo el resto del helado caía al piso y a pesar de eso Wang Yibo no soltaba el palito de paleta.
—Durante todo el viaje he traído conmigo este anillo. Buscaba el momento preciso para hacerte esta proposición por segunda vez, pero ningún momento parecía perfecto. Quería que fuera aún más especial, pero ningún momento va a ser lo suficientemente perfecto y… —se dio cuenta de que comenzaba a dar rodeos—. ¿Te casarías conmigo?
Wang Yibo, quien sostenía aún el palito de paleta en una mano estaba por completo petrificado, muy a penas parpadeaba.
—Di algo —soltó una risa temblorosa, entre divertida y preocupada.
—Xiao Zhan… yo… oh por Dios —soltó lo que traía en la mano. El mayor comenzaba a ponerse nervioso, pues no había recibido aún una respuesta, su rodilla le dolía y un temblor involuntario lo invadía.
Miraba el anillo y después a Xiao Zhan, preguntándose si era un sueño o no.
—Y elegiste el momento exacto en el que estoy lleno de paleta helada de limón —lo miró en silencio solo un par de segundos antes de echarse a reír como loco ante la preocupada mirada de su amado.
—Yibo, ¿tú…? —tenía miedo de su respuesta. Por primera vez no sabía qué esperar.
Y definitivamente no esperaba que Yibo lo tomara del rostro con ambas manos para atraerlo a un inesperado y delicioso beso con sabor a limón.
—Sí quiero ser tu esposo —pegó la frente a la de él y lo observó a esa cortísima distancia. Ahí Xiao Zhan se dio cuenta de las pequeñas lágrimas que se asomaban por el rabillo de sus ojos.
El mayor soltó el suspiro de alivio más grande de su vida.
—¿Pensaste que te diría que no? —rio un poco, separándose de él, pero sin soltar su rostro y su nuca, admirando cada centímetro de esa preciosa cara.
—Sinceramente no sabía qué esperar.
—Estás temblando —lo abrazó de inmediato.
—Sí. Y me duele la rodilla, ¿podemos ponernos de pie? —no supo en qué momento Yibo ya estaba también con una rodilla en el suelo, como él, abrazándolo.
El menor soltó una pequeña risa y se abstuvo de hacer chistes sobre la edad de su ahora prometido. Este tomó su mano izquierda y le colocó suavemente el anillo en su dedo anular. Notó que Yibo también temblaba un poco.
—Ya puedes quitarte ese feo brazalete.
—No.
—Yibo.
—No lo haré. Tiene un significado muy grande para mí, fue la primera vez que me pediste matrimonio.
—Me da pena el solo recordarlo.
—Fue hermoso de todas formas —miró su precioso anillo y su corazón dio un vuelco, en verdad estaba sucediendo—. Y ahora me trajiste hasta Grecia para pedírmelo de nuevo.
—Tenía que mejorar la propuesta —rio un poco.
—Lo hiciste, te superaste por completo —tenía una gran sonrisa resplandeciente en su rostro, y unos ojos que brillaban con la más pura felicidad. No podía dejar de mirar su anillo y ese diseño tan elegante y hermoso. Hasta parecía haber sido diseñado solo para él—. ¿Desde cuándo estuviste planeando esto?
—Te sorprendería —miró por encima del hombro de Yibo y luego lo miró de nuevo a él—. ¿Quieres sorprenderte aún más?
El aludido asintió, aunque no creía que eso fuese posible.
Xiao Zhan se acercó entonces a él, le acomodó un mechón rebelde de cabello y enseguida le dedicó una de sus sonrisas más puras, sinceras y llenas de sentimiento.
—¿Quieres casarte conmigo ahora mismo? —hizo un ademán con su cabeza, señalando el edificio de registro civil que estaba a espaldas de Yibo.
El mayor lo había visto desde hace rato, y fue entonces cuando se dio cuenta de que no existía el "momento perfecto". Tenía que decidirse, y eso hizo.
Yibo abrió su boca debido a la impresión. Miró el establecimiento, estaba abierto y a solo unos metros de ellos. Se quedó perplejo unos segundos antes de tomar la mano de su prometido y así dirigirse al registro civil.
Xiao Zhan comenzó a reír por su entusiasmo.
—No tienes que hacerlo solo por la emoción del momento —advirtió el mayor.
—¿Bromeas? he querido casarme contigo desde hace años. Vamos ahora mismo, casémonos y sé mío de una vez por todas.
Eso sonó tan posesivo y tan tóxico… que Xiao Zhan se echó a reír con fuerza, ganándose la mirada curiosa de los transeúntes. Pero la verdad era que él se sentía igual al respecto.
—Casémonos ya —tomó la mejilla de Yibo para darle un corto beso en los labios, y así, tomados de la mano entraron juntos al registro civil.
Tuvieron mucha suerte, pues al preguntar si el matrimonio igualitario era legal, les dijeron que sí. Y no necesitaban mucho para casarse, solo una identificación oficial y una pequeña cuota monetaria por el servicio, firmar el acta y listo.
Matrimonio legal y oficial.
Cuando los pasaron a la sala en donde firmarían, estaban nerviosos. Yibo dio pequeños saltitos y sacudió sus manos, como si de esa forma lograra quitarse el nerviosismo. El otro rio por ello, pero estaba en la misma situación.
—¿Nervioso? —cuestionó el mayor.
—Sí, ¿y tú?
—También —le mostró sus manos temblorosas, Yibo de inmediato las tomó entre las suyas y las besó. Parecía algo cliché, pero eso en verdad logró calmar un poco los nervios de su amado.
—¿Tienes dudas?
—Nunca —respondió sin titubeo.
—Permítanme sus identificaciones —pidió el juez. Ambos le mostraron sus pasaportes, y luego de comprobar que sus identidades coincidían con las fotos y nombres, les entregó una hoja a cada uno, junto con un bolígrafo—. Firmen aquí y aquí —señaló dos puntos distintos—. Sus iniciales aquí y una firma más acá.
Ellos siguieron las indicaciones, firmaron los documentos con mano firme.
—¿Intercambiarán alguna argolla? —preguntó el juez.
Yibo alzó su mano izquierda y le mostró el anillo.
—Me lo acaba de dar hace unos momentos —explicó con una gran sonrisa y en un fluido inglés.
El juez sonrió y miró la mano izquierda de Xiao Zhan, sin anillo.
El aludido se dio cuenta de eso, y estuvo a punto de pedirle al juez que continuara con la papelería del matrimonio, pero Yibo se le adelantó.
—Eso lo voy a solucionar ahora mismo —dijo de pronto, tomando por sorpresa a Xiao Zhan cuando ahora fue él quien sacó de su bolsillo una pequeña caja, la abrió antes los ojos expectantes de su amado, tomó el precioso anillo y lo colocó en la temblorosa mano de Xiao Zhan, quien en definitiva no se esperaba algo así. Estaba al borde del desmayo con tremenda sorpresa.
—¡¿Pero cómo?! —exclamó, totalmente anonadado.
—Te lo explicaré más tarde —le guiñó un ojo y miró de nuevo al juez, sin soltar las manos de su casi esposo. Por su parte, Xiao Zhan no podía dejar de mirarlo, aún estupefacto. ¿Así se habría sentido Yibo hace unos momentos?
—Bien, ahora… por el poder que me concede el gobierno, los declaro esposos.
Con una suave sonrisa, el juez apreció la unión en matrimonio de esa peculiar pareja. Si bien el matrimonio igualitario era legal en Grecia, no acostumbraba recibir parejas así, sin previa cita, y mucho menos extranjeros.
Wang Yibo tomó a su esposo de las mejillas para traerlo a sus labios, Xiao Zhan hizo lo mismo al tomarlo por la cintura y así unirse en un profundo y anhelado beso, un beso que pactaba algo más allá del entendimiento humano. Sus almas estaban unidas para el resto de la eternidad.
Al separarse, Wang Yibo limpió las pequeñas lágrimas que se escurrían de los ojos de su esposo.
—Si lloras, lloraré —amenazó, con la voz un tanto quebrada.
—Muy tarde —dejó que más lágrimas cayeran por sus mejillas.
Tantos años, tantas situaciones y tragedias, tantos golpes de la vida para poder llegar a ese preciso momento.
Yibo lo atrapó con fuerza entre sus brazos, su amado lo rodeó con la misma fuerza y susurró un ligero "Al fin", palabras cargadas de significado.
Estaban cumpliendo un sueño.
Si pudieran viajar al pasado irían a visitar a ese triste Wang Yibo y Xiao Zhan para decirles que no se rindieran, que todo saldría bien y valdría la pena.
El juez seguía mirándolos con una sonrisa cálida en su expresión, y al verlos separarse aprovechó para continuar con lo que faltaba.
—Felicidades —les entregó un acta de matrimonio, legal en ese país y en casi todo el mundo, menos en su propia patria.
Continuará…
11/05/22
1:00 p.m.
