Los personajes no me pertenecen, todos menos la protagonista son propiedad de su respectiva autora Koyoharu Gotouge.

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CUANDO NOS CONOCIMOS - PARTE 1/2

Si en este mundo nunca hubieran existido las flores de cerezo,

la primavera me traería solo sentimientos de tranquilidad.

─ Ariwara no Narihira

Periodo Taishō.

107 años atrás.

Arrancó de raíz la planta que necesitaba, se levantó del suelo sacudiendo sus ropas y lanzó a su cesta la hierba que acaba de remover de la húmeda tierra junto con muchas otras variedades de raíces que recolectó.

Limpió el sudor de su frente y cubrió a su rostro con su mano del sol abrasador que lograba colarse por los espacios abiertos que dejaban los frondosos árboles en el bosque en el que se encontraba.

Cerró sus ojos disfrutando de la sensación de frescura de una oportuna ráfaga de aire. Concentrándose en tranquilizar su agitada respiración y arrullándose con el sonido de las hojas y ramas de los árboles siendo golpeadas por el viento. Renovada abrió los ojos, dobló las mangas de su kimono para que no estorbaran y se colocó la cesta hecha con hebras bambú trenzado en la espalda para dirigirse a casa.

Emprendió camino en busca del sendero que la llevaría de regreso a donde estaba su hermano menor, a donde estaba su hogar. Caminó por suelos irregulares donde sobresalían las raíces de los árboles, por cortas pero empinadas cuestas apoyándose en piedras o cualquier cosa que la pudiese ayudar a sujetarse para subir. Cuando reconoció el lugar en el que estaba se acercó a unos tupidos matorrales, apartando las finas hojas para descubrir tras de este el sendero que la llevaría junto con su única familia.

Durante su recorrido se encontró con muchas personas de la aldea que se encontraba cerca de donde se establecieron, todos siendo personas conocidas, alegremente la saludaban y ella siendo amable regresaba el gesto con la misma efusividad.

─ ¡Shiro! Muy buenos días, se está haciendo usual encontrarte por aquí tan temprano ─ Le dijo un hombre mayor con rostro amable cargando herramienta de agricultura y un kasa* que lo cubría del sol.

─ Muy buenos días, señor Matsuda ─ Contestó la joven sonriendo, inclinando levemente su cabeza ─ ¿Cómo se encuentra su esposa? ─ Preguntó

─ ¡Se encuentra mucho mejor! tu medicina fue muy efectiva, te agradezco de corazón por habernos ayudado ─ Dijo el anciano hombre haciendo una marcada reverencia hacia la joven.

─ No tiene por qué agradecerme, me alegra que haya surtido efecto y que ahora la señora Matsuda se encuentre bien ─ Comentó Shiro aliviada y feliz.

─ Cuando regrese a la aldea les llevaré unas verduras del cultivo como agradecimiento, ¡procuraré conseguir rábanos para Satoshi! ─ Dijo alegremente el mayor.

─ Su agradecimiento es más que suficiente, no es necesario que nos obsequie nada ─ Habló la muchacha conmovida por las palabras del señor.

─ ¡Insisto! No me cuesta llevarles algunas cosas, los alimentos no se niegan jovencita ─ Le reprendió cómicamente mientras comenzaba a alejarse siguiendo su recorrido ─ Pasaré después del atardecer, ¡hasta entonces! ─ Dijo extendiendo su brazo a modo de despedida mientras caminaba.

Una sensación de inseguridad oprimió su pecho ante esas palabras.

─ ¡Procure llegar antes, la noche es peligrosa! ─ Advirtió preocupada la joven. Guardando para sí otra advertencia.

El anciano no le contestó, simplemente le sonrió y volvió a agitar su mano y giró su cuerpo hacia su destino.

Ella solo pudo observarlo marcharse, aun con esa inseguridad en su ser. Se giró hacia el lado contrario y también comenzó a caminar.

A su mente vinieron recuerdos de su infancia, su cálido hogar, su rutina monótona pero que extrañaba con desespero, junto con su hermano y sus padres antes de que estos murieran.

O más bien los asesinaran.

Sus padres trabajaban cultivando hiervas y plantas medicinales con las cuales producían infusiones, ungüentos y medicina. Su Padre se encargaba de los cultivos y su cuidado, recolectando las hierbas y raíces. Su Madre se encargaba de mezclar y procesar las plantas para crear los remedios que los clientes solicitaban. Ella usualmente ayudaba a ambos, pero era más común que estuviera entrometiéndose en las labores de su Madre. Verla creando medicina milagrosa y salvando personas le emocionaba y que las personas le agradecieran intensamente por sus cuidados le parecía mágico. Eso la motivó a aprender. Ella quería ser igual que su madre y ayudar a las personas a sanar su dolor.

Cuando ella tenía seis años nació su hermano menor, Satoshi. Las cosas se complicaron un poco en su hogar, un bebé requería mucho tiempo, así que se decidió a dar lo mejor de sí misma para ayudar a sus padres y a su hermanito menor. Apoyaba en cosas básicas a su Madre, cuidaba de Satoshi para que su Madre descansara o trabajara correctamente y le llevaba alimento a su Padre además de ayudarlo a recolectar o esparcir semillas para los próximos cultivos.

Conforme los años pasaban ella se volvía más diestra con las tareas, siguió cuidando de su hermano y se encargaba de las tareas del hogar, preparaba la comida, iba al río cercano a su casa para lavar ropa y sábanas, recogía leña e instruía a su hermano para que realizara actividades sencillas. Por las noches mientras todos dormían ella estudiaba los numerosos libros y diarios que su Madre tenía sobre plantas curativas, sus propiedades y recetas para remedios medicinales. Le apasionaba conocer sobre ello, quería grabarse todos esos conocimientos para seguir apoyando a su familia y para brindar ayuda a las personas que lo necesitaran. Se esforzó al máximo.

Cumplió 15 años, según su madre ya era toda una señorita y estaba más que preparada para casarse. No les tomó importancia a esas palabras, en realidad era algo en lo que nunca pensó y que jamás le importó. Ella se dedicaría totalmente a su familia y sus padres respetaron su decisión.

Su vida era hermosa. Ella era feliz, tenía a sus padres junto con ella y a su querido hermano menor. No le hacía falta alimento, un lugar para dormir y mucho menos le hacía falta amor.

Pero la vida le enseñó que la felicidad nunca es para siempre. Y que el color rojo la acompañaría hasta la eternidad, en la realidad y en sus pesadillas.

Era una noche que inició normal y tranquila, como todas las que habían vivido hasta ese momento, nada fuera de lugar, nada diferente.

Su hermano y ella compartían habitación, se preparaban para dormir, sus padres entraron y los arroparon, besaron sus frentes y les desearon una linda noche. Como siempre hacían.

Si hubiese sabido que sería la última vez que los vería, les habría dicho algo.

Un estruendo la despertó, se incorporó de su *futon y volteó hacia su derecha donde sabía que estaría su hermano, pero no lo encontró, solo vio las sabanas de su lecho revueltas. En eso un grito heló su sangre, un grito doloroso y e inconfundible. Su corazón palpitó frenéticamente y su visión viajo hacia la esquina de la habitación donde presenció una figura. Su hermano estaba ovillado, temblaba de pies a cabeza, sus ojos soltaban lágrimas y sus manos cubrían fuertemente sus oídos. ¿Cuánto llevaba así? ¿Qué estaba ocurriendo?

Otro grito retumbo en la casa, una voz grave y potente, junto con el sonido de algo rasgarse. Esa voz era de su Padre.

Se levantó con rapidez y sintió a su cuerpo correr, no supo cómo fue que llegó tan rápido al origen del ruido, lo único que sabía era que jamás olvidaría lo que sus ojos presenciaban.

La habitación era un desastre, el piso cubierto de objetos y vasijas rotas, las paredes con manchas de salpicaduras obscuras y justo frente a ella la luz de la luna alumbraba un cuerpo grotesco en cuclillas, las extremidades de ese ser eran largas y fuertes, su piel era pálida y azulada como la de un muerto y por todo su cuerpo se apreciaban las venas gruesas y saltadas por la fuerza que estaba ejerciendo, estaba descalzo, sus uñas afiladas, no veía su rostro, pero toda esa situación le decía que no sería algo particularmente bueno de ver.

La criatura soltaba ruidos extraños, gruñidos, arrancaba a mordidas lo que fuera que estuviera engullendo. Su vista se recorrió hacia lo que había debajo de ese ser y lo que sostenía. Su mirada se abrió completamente y sus pupilas se contrajeron, su garganta se cerró y su cuerpo comenzó a temblar furiosamente.

Esa cosa se estaba comiendo a su Padre.

Sus ojos comenzaron a soltar lágrimas, sentía el terror en su sangre haciéndola pesada, no sabía qué hacer y tampoco podía reaccionar. No se podía mover.

Algo en la habitación se movió, sus ojos se recorrieron hacia ese lugar. Su Madre la miraba con sangre en el rostro y los ojos llorosos. La observó extendió un brazo hacia su dirección.

Eso la hizo reaccionar.

Dio un paso hacia ella, pisando algo, miró hacia su pie descalzo. Había pisado sangre. Sangre que seguro pertenecía a sus padres. Lo que vio en las paredes, lo que vio en el piso, lo que escurría de la boca de ese ser. Era sangre.

Jadeó aterrada.

Esa cosa detuvo sus movimientos. Se giró lentamente hasta observarla. Unió su mirada con la de él. Ojos sedientos de sangre, carentes de cordura.

Rápidamente miró a su madre. Ella como pudo se sostuvo en sus brazos y le gritó.

¡CORRE! ─

Y así lo hizo.

Lo más rápido que pudo corrió hacia el exterior, sintiendo una ráfaga de viento a sus espaldas y algo que la rozó. Se dirigió a toda velocidad al bosque para esconderse.

Estaba destrozada, se sentía incrédula y completamente asustada. Le arrebataron todo, le arrebataron a sus padres, le arrebataron su hogar. ¿Qué caso tenía huir?

Pero, algo hacía falta, estaba olvidando algo.

Un llanto ensordecedor provenía de su casa. Detuvo su andar y esa cosa que la perseguía también. Con desesperación giró hacia aquella dirección.

Su hermano.

Ese ser la miró, lentamente sus labios con rastros de sangre se estiraron en una retorcida sonrisa. A una velocidad increíble se dirigió de regreso.

¡NO! ─

Gritó abrumada corriendo lo más rápido que sus piernas le permitían, sintiéndose estúpida, odiándose como nunca. Perdió el control y abandonó a su hermano.

Se sintió furiosa. La adrenalina comenzó a recorrer su cuerpo. Se odiaría si no lograba salvarlo.

Con la mente fría siguió a ese ser, vislumbró su casa y frente a esta el cultivo de hierbas que tenían. Las herramientas de arado seguían ahí. Sin detenerse tomó el hacha y la azada. Esa criatura le llevaba metros de ventaja, con terror lo observó saltar, abalanzándose hacia su hermano, el cual estaba inmóvil aferrado al cuerpo de su Madre.

Empuño el hacha y con seguridad y fuerza la lanzó hacia el demonio que quería devorar a su hermano en un intento desesperado por salvar a Satoshi.

─ ¡Hermana! ─ Regresó a la realidad ─Bienvenida, llegaste justo para comer el almuerzo ─ Miró a su hermano que se hallaba a metros de ella. Estaba tan perdida en sus recuerdos que nunca notó la cercanía a su hogar.

Sonriendo con cariño apresuró el paso, se deshizo de su calzado y le revolvió los cabellos a su hermano que se encontraba esperándola en la entrada. Ingresó a la casa sintiendo el *tatami bajo sus pies.

─ He regresado ─ Dijo la joven castaña

─ Cámbiate en lo que preparo la mesa y sirvo los alimentos ─ Le dijo el muchacho mientras desaparecía de su vista.

Con tranquilidad se dirigió a la habitación donde trabajaba realizando las medicinas que vendía para dejar su canasta con las recolecciones que hizo. Seguido de eso se dirigió a la esquina del cuarto donde se encontraba un recipiente con suficiente agua. Lavó su rostro deshaciéndose de la mugre y el sudor y después de secarse soltó su cabello que se encontraba recogido con un adorno que pertenecía a su Madre.

Almorzaron mientras mantenían una animada plática como era costumbre. Su hermano terminó su comida rápidamente y ella sabía que no estaba satisfecho.

─ ¿Quieres mi parte? ─ Le preguntó ofreciéndole su porción.

─ ¡No te preocupes por mi hermana! Estoy bien, fue suficiente ─ Contestó el más joven, siendo silenciado por el gruñido de su estómago. Todavía tenía hambre.

Shiro rio con dulzura ─ Tómalo, yo hace unas horas comí varias ciruelas de un árbol que encontré ─ Dijo la castaña entregándole su plato.

─ Gracias ─ Apenado el chico aceptó.

Ella sonrió, pero tan pronto como llegó esa sonrisa se desvaneció. Era difícil vivir como lo hacían, no tenían suficientes recursos para mantenerse. Por más que se esforzara trabajando, no conseguía que las personas confiaran en sus habilidades y no los culpaba, después de todo, era una mujer de apenas diecinueve años. Muy joven para encargarse de la salud de una persona.

Se sintió culpable por arrastrar a su pequeño hermano a ese tipo de vida.

─ Lamento mucho no poder hacer más ─ Se disculpó con el muchacho.

El la miró sorprendido ─ Pero ¿qué dices? Das todo de ti para que tenga una buena vida, incluso no me permites trabajar aun, hermana, no deberías ser tan dura contigo misma ─ Contestó en desacuerdo con Shiro ─ Hemos reiniciado nuestras vidas muchas veces en tan poco tiempo por culpa de seres de los que aún desconocemos mucho. En todas esas ocasiones has salvado mi vida arriesgando la tuya, siempre piensas en mí antes que en ti misma. No necesito toda la comida del mundo, ni tampoco ropa bonita, estamos vivos y lo mejor de todo es que estamos juntos. ¡No puedo ser más feliz! ─ Dijo con una linda sonrisa y las mejillas sonrojadas.

Sus ojos se cristalizaron y su pecho se llenó con calidez, sin poder evitarlo se deslizó hasta quedar junto a su pequeño hermano y lo envolvió con sus brazos acunándolo en su pecho.

─ Siempre sabes cómo hacerme sentir mejor ─ Dijo la castaña con voz dulce, se separó del chico y tomó su rostro uniendo su frente con la de él ─ Gracias por estar conmigo Satoshi ─ Le dijo frotando su cabeza con la de su hermanito haciéndolo reír.

No sabía que sería de ella sin Satoshi.

No sabía que haría sin él.

Desde ese día en el que perdieron todo vivieron huyendo de esos seres nocturnos, viajando continuamente, buscando un lugar en el cual encajar. Pero siempre que lograban encontrar un buen sitio, les era arrebato por los demonios. Han estado huyendo tanto que ya no tienen sentimientos de apego a ningún lugar.

Aprendieron cosas sobre ellos, a veces de la peor manera posible. Dos veces han sido las ocasiones en las que estuvo a punto de morir en sus manos y en esas dos veces había logrado matarlos casi a costa de su propia vida. De no ser por su pequeño hermano ella habría muerto durante esas ocasiones.

Tres. Han sido tres demonios los que ha logrado exterminar durante esos cinco años. Prefiere huir de ellos y es lo que usualmente hacen, pero no siempre tienen la suerte de su lado.

Saben que el sol los daña mortalmente, tienen una fuerza increíble dependiendo de la carne que hayan consumido y lo más impactante de todo, es que pueden hacer crecer sus miembros amputados y sanar sus heridas en cuestión de minutos.

Son criaturas aterradoras.

Poco a poco lograron adaptarse, se obligaron a hacerlo, modificaron sus hogares, crearon esencias para camuflar sus olores y estudiaron sus puntos débiles en caso de que se diera la situación de volver a escapar.

Esas eran sus vidas. Luchar, comenzar de nuevo y sobrevivir.

Ayudaba a Satoshi a lavar los cuencos y los utensilios que utilizó para preparar el almuerzo. Después de que terminaran tenía planeado procesar las plantas y raíces que recolectó en la mañana. Pero algo cambió sus planes.

─ ¡Señorita Shiro! ¡Necesito su ayuda por favor! ─ Se escuchó fuera de la casa.

Los dos hermanos se miraron entre sí inquietos. Shiro secó sus manos con su ropa y se dispuso a recibir a la persona que buscaba por su ayuda. Satoshi la siguió.

Cuando salió, vio a una mujer adulta que rondaba los treinta años, lucía preocupada y desesperada.

─ ¿En qué puedo ayudarla? ─ Preguntó cortésmente la joven castaña.

─ ¡¿Usted es Shiro?! ¡Por favor! Por favor tiene que ayudarme ─ Dijo la mujer tomándola de las manos ─ ¡Mi hijo! Mi pequeño está enfermo, no sé qué es lo que le ocurre ─ Hablaba rápido.

─ Tranquila por favor, dígame ¿Qué síntomas presenta el niño? ─ Le preguntó posando una mano en la espalda de la dama, acariciándola de arriba hacia abajo para tranquilizarla.

─ ¡Su piel arde, no puedo hacer que su temperatura disminuya! Y vomita todo lo que come, ¡Incluso si su estómago esta vació no para de vomitar! ─ Explicaba con rapidez y nerviosismo.

─ ¿Su hijo comió algo que usted crea que pudo ocasionar esos malestares? ─ Preguntó nuevamente, serena.

─ ¡No! yo, no lo creo, no cuento con el apoyo de mi esposo y tengo que trabajar para sustentarnos así que lo dejo solo por mucho tiempo, a pesar de que le preparo comida y dejo todo a su alcance no estoy segura si sigue mis instrucciones al pie de la letra ─ Confesó avergonzada la joven mujer ─ ¡Por favor, vaya a revisarlo! ─ Suplicó.

Shiro atenta a las palabras de la mujer, volteó al horizonte. Estaba atardeciendo, pronto anochecería, no podía arriesgarse a ir sola y tampoco podía exponer a Satoshi.

Se giró hacia la mujer ─ Disculpe, por el momento solo puedo darle un remedio que pueda estabilizar su temperatura, ahora mismo es muy tarde para que vaya a revisarlo, podría ir mañana a primera hora ─ Se disculpó Shiro, tenía suficientes razones para no aceptar.

─ ¡No! ¡Por favor! Por favor, venga ahora ¿Qué tal si es algo más grave? Se lo suplico, no tengo el suficiente dinero para llevarlo a un médico ahora mismo, solo puedo contar con usted ─ Habló alterada tomando a la castaña de los brazos ─ Se lo ruego, revise y sane a mi hijo, él es todo lo que tengo ─ Dijo la mujer mientras se arrodillaba en el piso e inclinaba su cabeza hasta tocar la tierra en reverencia, rogando por ayuda.

Shiro la miraba impactada, sus emociones a punto de hacerla explotar. Era como verse a sí misma.

─ Por favor, no haga eso, levántese del suelo ─ Replicó Shiro comenzando a alzar la voz y bajando a la altura de la mujer para tomar su brazo y ayudarla a incorporarse.

Ella lo entendía, entendía cuan desesperada estaba, sufrió tantas veces lo mismo. Mantener vivo a Satoshi siempre fue su prioridad. Quería ayudarla, quería ayudar a las personas y dar lo mejor de sí para salvarlas como lo hacía su Madre.

Pero, eso era antes de que sus vidas cambiaran para siempre.

Una mano en su hombro llamo su atención, volteó hacia el silencioso llamado de su hermano menor. Observó su rostro el cual mostraba miedo y preocupación.

─ Tienes que ir ─ Dijo Satoshi con seguridad ─ Tienes que ayudarla ─ La mayor de la familia lo miró sorprendida.

─ Satoshi, yo…─ Su hermano la interrumpió.

─ Nosotros hemos estado en la misma situación, desgraciadamente no tuvimos la fortuna de recibir ayuda y con suerte nos hemos mantenido vivos. En cambio, ahora tú puedes hacer la diferencia, puedes hacer por alguien lo que nadie hizo por nosotros. ─ Explicó el menor. Shiro seguía impactada por sus palabras ─ ¡Hazlo! Ve, yo estaré esperando por tu regreso, por unas horas que me quede solo después del anochecer no ocurrirá nada malo ─ Dijo su hermano brindándole una sonrisa brillante y despreocupada.

Pero ella sabía la verdad. Las noches le aterraban y más el tener que pasarlas solo. Es imposible que olvide lo que ocurrió cinco años atrás. Ojalá pudiera apartar el miedo, ojalá pudiera destruir ese recuerdo. Desgraciadamente para ella era igual. La noche le aterraba y dejar solo a su hermano era su más grande miedo.

Pero él se lo pidió, estaba reuniendo el suficiente coraje para decirle esas palabras y tenía el suficiente valor para no flaquear ante lo que le aterra.

Suspiró, lo menos que puede hacer es confiar, en él, en ella misma y en que nada malo ocurrirá.

─ De acuerdo, la acompañaré. Espere un momento, iré por mi equipo ─ Cedió Shiro, sonriendo tranquilizadoramente hacia la mujer que la miraba agradecida con lágrimas en los ojos.

─ ¡Muchas gracias! Les agradezco mucho ─ Hablaba entre sollozos.

─ Tranquila, no es nada, por favor siéntese ─ Satoshi la tomó del brazo llevándola hacia el *engawa para que esperara cómodamente el regreso de su hermana.

En el mismo cesto en el que recolectaba plantas medicinales colocó sus materiales para la realización de infusiones o fármacos en caso de que debiera crear uno en el instante. Llevó poco de todo lo que tenía que pudiera funcionar contra los síntomas que presentaba el infante, incluso remedios para reacciones alérgicas, debía estar preparada para todo.

Una vez lista, salió de la habitación y se dirigió a la salida. Su hermano se encontraba justo en la entrada.

Se dieron una mirada breve pero significativa. Lo tomó por los hombros y se inclinó hasta su altura.

─ Regresaré lo más rápido que pueda. No esperes por mí, enciende el incienso y duerme en nuestro escondite ─ Ordenó Shiro mirando al menor con seriedad.

─ Lo haré, no te preocupes tanto, nos veremos en un par de horas ─ Dijo Satoshi para animar a su hermana.

Lo jaló hacia ella y se fundieron en un íntimo abrazo, como si fuese el último que se darían.

Se separaron, acarició el rostro de su hermano por última vez, se sonrieron y ambos caminaron hacia el exterior. Ella para retirarse y el para despedirse.

─ Lamento la demora, vamos ─ Dijo Shiro a la mujer que se encontraba ansiosa para partir cuanto antes.

Se giró una vez más hacia el pequeño.

─ Adiós ─ Le dijo éste mientras sacudía su mano en señal de despedida.

Ella regresó el gesto. Dirigió su mirada hacia adelante y se rehusó a volver a mirar hacia atrás, donde sabía que su hermano se encontraría hasta que ella desapareciera de su vista.

Cerró su mano en un puño y lo llevó hacia su vientre apretándolo contra sí para calmar la terrible sensación que se apoderaba de ella.

Se sentía inquieta.

En el mismo instante cerca de ahí, un joven peculiar y de exótica mirada recorría la aldea con pasos firmes hacia la mansión que portaba el blasón de glicinas. A pesar de tener una mirada amable y una brillante sonrisa fluía de él una imponente presencia.

Vestía un uniforme negro y portaba una *katana colgada a su cintura con una empuñadura con forma de una flama y sobre sus hombros un *haori con patrón de crestas rojas en forma de llamas, alzándose por el viento dejando al descubierto la espalda del joven mostrando un símbolo en su uniforme.

El más alto nivel. Los más fuertes.

─ ¿Un cazador de demonios? ─ Preguntó al aire un hombre que reconoció la vestimenta del llamativo joven.

Cazadores de demonios, una organización mayoritariamente desconocida encargada de exterminar la amenaza que representan los seres nocturnos.

Acababa de terminar una misión y a pesar de ser sencilla se le dio la orden de descansar y tratar sus heridas inexistentes en la aldea en la que se encontraba.

Llagando a su destino teniendo el gran portón frente a él su expresión sonriente repentinamente cambió a un rostro serio. Enfocando su mirada hacia las montañas forzó su vista.

Un presentimiento.

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*Kasa: Sombrero cónico tradicional japonés.

*Futon: cama tradicional japonesa que consistente en un colchón y una funda unidas suficientemente plegables.

*Tatami: elemento muy característico de las casas japonesas, estera que suele confeccionarse con paja.

*Engawa: denominación de una pasarela de madera que conecta ventanas y puertas corredizas en los cuartos de las casas tradicionales japonesas.

*Katana: tipo particular de sable de filo único, curvado, tradicionalmente utilizado por los samuráis.

*Haori: chaqueta tradicional japonesa que cae a la altura de la cadera o los muslos.

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Holaa!

Lamento mucho la tardanza! Pensé que había publicado este capítulo antes, a penas me di cuenta que no fue así, sigo teniendo problemas para entender esta plataforma ¡Está muy extraña!. Pero lo bueno de esto es que ya tengo el siguiente capítulo listo, así que lo subiré mañana, tendremos doble actualización en esta semana.

Dejando eso de lado, en este capítulo se aprecia un poco más a nuestra protagonista y su doloroso pasado, aquí se muestran aspectos importantes que se detallaran en el próximo capítulo. Por el contrario, no hubo mucha participación de nuestro solecito sino hasta el final, pero su escasa aparición es un punto clave para lo que está por ocurrir.

Espero que les haya gustado el capítulo, el siguiente está bastante picante, debo admitir que ha sido el que más he disfrutado en escribir, su realización me mantuvo en un mar de emociones, espero poder transmitírselo a ustedes también. Muchas gracias por continuar leyendo esta historia y por acompañarme en este lento viaje. Gracias a aquellas personas que me regalaron un review, me hacen completamente el día.

¡Nos leeremos mañana también! Adiooooos~