Los personajes no me pertenecen, todos menos la protagonista son propiedad de su respectiva autora Koyoharu Gotouge.
...
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CUANDO NOS CONOCIMOS - PARTE 2/2
La mariposa revolotea
como si desesperara
en este mundo
─ Kabayashi Issa
Continuación…
Después de veinte minutos de una caminata silenciosa, vislumbraron la aldea, comenzaban a encender las lámparas, conforme el sol se marchaba las casas brillaban más. Tenían que apurarse.
Prosiguieron su recorrido, ninguna habló durante todo el trayecto. Ambas lo suficientemente inmersas en sus propios problemas como para molestarse en hacer el momento ameno. El ambiente era tenso.
En cuanto pusieron un pie dentro de la aldea que comenzaba a convertirse en una ciudadela, la mujer aceleró el paso comenzando a trotar ansiosa por llegar cuanto antes a su destino. Shiro la imitó.
La joven mujer vivía en la parte más alejada del recinto, donde la calidad de vida se deterioraba y la luz disminuía. No le sorprendió, ella misma le había confesado no tener lo suficiente para una vida cómoda.
Se detuvo frente a una choza humilde, era la residencia más decente de la sección. La mujer con manos temblorosas abrió la puerta y la invitó a ingresar. Así lo hizo.
Por dentro lucía mejor, pocas cosas, pero sabía que habían sido obtenidas con esfuerzo, el lugar era limpio y ordenado. La preocupada Madre la tomó de la mano y la dirigió hacia la habitación donde suponía se encontraría el pequeño.
El cuarto era iluminado por una única vela, por lo que la visión era escasa. En medio de esta se encontraba el infante recostado en un sucio futon, alrededor de él había una cesta, cuencos con agua y retazos de tela, algunos limpios y otros manchados de alguna sustancia. Conforme se acercaba su nariz percibía un potente y nauseabundo olor. Debía ser por el vómito del pequeño. Shiro ni se inmuto ante este hecho.
Se arrodillo a su lado y lo observó con atención, tocó su piel la cual la sintió ardiendo. El pequeño respiraba entrecortadamente y con dificultad. Prosiguió con la inspección, revisó su garganta, sus pupilas y palpó diferentes zonas del vientre del niño.
Sin decir una palabra comenzó a trabajar. Ya sabía lo que ocurría. Molió, machacó y mezcló muchas hierbas. Cuando las tuvo listas, preparó una infusión. Con cuidado sostuvo al pequeño en sus brazos y con delicadeza le dio una sustancia arenosa que colocó en un pedazo de papel para que fuera más fácil de ingerir. El pequeño hizo una mueca de desagrado, ella sonrió con ternura, la medicina era amarga. Justo después le hizo beber la infusión poco a poco. En un instante el niño estabilizó su respiración y su rostro se relajó.
─ Pero, ¿cómo? ─ Dijo la Madre sorprendida y aliviada con una mano presionando su pecho.
─ Tiene una infección en el estómago, hice que tomara un fuerte antibiótico para que neutralizara y eliminara las bacterias. Sea cuidadosa con la cantidad que le dé, puede resultar contraproducente si se ingiere en exceso. Para eso es la infusión, fortalecerá sus defensas. Siga estrictamente las indicaciones que le di ─ Explicó la joven entregándole un trozo de papel con las indicaciones ─ Si no muestra mejorías no dude en buscarme ─ Finalizó brindándole una sonrisa a la mujer.
─ ¡Gracias! Muchas gracias, le pagaré, por favor solo deme algo de tiempo…─ Habló agradecida y apenada por no tener nada que ofrecer en el momento.
─ No se preocupe, entiendo mejor que nadie la situación por la que está pasando ─ Shiro la tomó del hombro ─ No necesito que me dé nada a cambio, solo enfóquese en la salud de su hijo ─Dijo la castaña con empatía.
─ Muchas gracias ─ Dijo finalmente la mujer derramando lágrima y haciendo una profunda reverencia despidiendo a la joven chica.
Shiro se despidió con un gesto y una sonrisa mientras se retiraba.
Recibió un agradecimiento genuino. Llevo una mano a su pecho, percibiendo una sensación cálida. Estaba feliz. Logró ayudar a alguien que en verdad lo necesitaba.
Ahora solo debía apresurarse en regresar.
Estaba a punto de salir de la aldea y de adentrarse al bosque, la luna se encontraba en su máxima altura, llena, brillante y de color rojo sangre.
Lucía hermosa, pero aterradora. Presagiaba un mal augurio.
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─ ¡Muchas gracias por su hospitalidad! ¡Me marchare ahora! ─ Agradeció enérgicamente a las personas frente a él brindándoles una venia en señal de respeto.
─ Pero joven Rengoku, ¿está seguro de retirarse en plena noche? Podría ser peligroso para usted ─ Habló el jefe de familia del blasón de glicinas, preocupado por la repentina decisión del excéntrico joven, por no decir alocada.
─ ¡No se preocupe por eso! Hay algo de lo que debo encargarme ahora mismo, ¡Además mi residencia se encuentra muy cerca de este lugar! ─ Volvió a hablar animadamente volviendo a negarse a los ofrecimientos de la familia.
─ Si así lo desea entonces por favor tenga cuidado en su travesía ─ Dijo el hombre mayor despidiéndose con una reverencia, siendo imitado por las demás personas que se encontraban detrás de él.
─ ¡Así lo hare! Ahora les pido ingresen a su hogar, hay una presencia dentro del bosque que se siente diferente ─ Advirtió el rubio mientras les daba la espalda y fijaba su dorada mirada en el sitio señalado.
─ Le deseamos fortuna ─ Respondieron finalmente mientras ingresaban a sus hogares, dejando al muchacho solo.
Kyoujuro comenzó a caminar hacia el bosque, desde hace un tiempo presentía un aura diferente provenir de ese sitio. No se trataba de un demonio común.
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Tenía que apresurarse, reanudó su trayecto, el sendero perdiéndose tras ella, adentrándose a la obscuridad. Comenzó a sentir miedo, muy pocas veces se había aventurado en la noche después de lo que ocurrió. Durante esas pocas veces siempre sostenía la mano de su hermano. Pero ahora se encontraba sola.
Su inseguridad la obligaba a voltear a sus espaldas, solo para encontrar negrura. Un ruido la hizo detenerse y girar a su derecha, su vista perdida entre los robustos troncos de los árboles. Un fuerte viento meciendo las tupidas hojas generando un ruido como si de un quejido se tratase.
Respiro profundamente, intentando tranquilizarse. Sus manos temblaban, las cerró en puños y siguió caminando, apresurando el paso. Una nube espesa cubrió la luna, privándola de la poca visibilidad que tenía.
Cuando se dificulta utilizar un sentido los demás se agudizan, y perciben cosas que en un momento eran insignificantes pero que en situaciones como esas hacían a la mente derrumbarse. Estaba perdiendo el control.
Comenzó a correr, orientándose con sus memorias y la sensación de familiaridad por recorrer tantas veces ese mismo camino. Su pulso estaba acelerado y su frente sudaba frío. Quería llegar rápido. Quería sentir seguridad. Quería abrazar a su hermano.
Repentinamente tropezó con algo, dando de bruces en el suelo, se sostuvo en sus brazos dolorosamente y llevo una mano a su cabeza donde sufrió un ligero impacto, sintió en su mano un líquido espeso y cálido. Viró su mirada hacia detrás de ella, para observar lo que ocasionó su caída.
La nube se apartó de la luna.
Sus ojos se abrieron con impacto, sus pupilas se contrajeron, su cuerpo se sacudió en una convulsión furiosa y los bellos de su nuca se erizaron.
Su estómago se revolvió y a diferencia del pasado, su mente y su cuerpo actuaron rápido. Se levantó en un parpadeo y comenzó a correr lo más rápido que podía esperando llegar a tiempo.
Esta vez, eso le tenía ventaja.
Trabajaba en normalizar su respiración, sintiendo su cuerpo ligero y como resultado acelerando su velocidad. Ya no le importaba la obscuridad, ya no le importaba la noche, solo le importaba llegar. Necesitaba verlo a salvo.
Sus ojos comenzaron a lagrimear ante el recuerdo de lo que vio instantes atrás. Seguro iba a visitarlos para entregar los vegetales que prometió, las que recolectó arduamente en el trabajo de ese día. ¿Cómo era posible? Lo vio sano y salvo en la mañana.
Sacudió su cabeza apartando los pensamientos, no era momento para eso.
Giró en la última curva del camino para llegar a su hogar, la luna sangrienta iluminando sus pasos, alzándose imponente sobre el techo de su residencia y sobre el techo, una figura sombría se hallaba de pie.
Detuvo su andar una vez que se encontró lo suficientemente cerca. Mirando incrédula a esa criatura y a lo que sostenía alzado en una de sus manos.
Un viento helado golpeando su cuerpo.
La mirada brillante, azul como el hielo y desquiciada de ese ser puesta sobre ella. En su ojo izquierdo grabado el número seis. Casi como una burla lanzó lo que sostenía hacia sus pies. El cuerpo azotando el piso con brusquedad y la sangre salpicando su rostro.
Con lentitud inclinó su cabeza, mirando lo que se hallaba a sus pies. Sus ojos comenzaron a soltar lágrimas, sus pupilas temblaron, sentía que su corazón saldría por su boca y su estómago era un vórtice de emociones, petrificada observó con terror el deplorable cuerpo de la persona más dulce que conoció.
Gritó desgarradoramente, aterrada, adolorida, lastimando su garganta, llevó sus manos temblorosas a su rostro, presionándolas con fuerza, jalando sus cabellos y lastimando su piel con sus uñas, sus piernas flaquearon, sintiéndolas como agua cayó de rodillas, su estómago ardiendo y revolviéndose por la impresión y su corazón latiendo en sus oídos.
Se abalanzó hacia el cuerpo de su hermano, gritando, sollozando contra el pecho de este, intentando sentir su calidez, manchando sus propias ropas de sangre, la sangre de él. Tomó el frío rostro entre sus manos, juntó su frente con la de él como siempre hacía con cariño, observó sus ojos, opacos, sin brillo ni vida.
Su cabeza dio vueltas, ahogándose en sus hipidos olvidando por un instante como respirar. Se lanzó hacia un costado, devolviendo el estómago.
Tomando bocanadas de aire intento detener los espasmos de su cuerpo. Su mirada perdiéndose en un punto de sus manos ensangrentadas. Escapando de la realidad.
Su mente viajando al pasado, recordando los primeros años de vida de su pequeño hermano, su sonrisa, su tacto. Su mente viajando a ese mismo día, unas horas atrás.
─ Estamos vivos y lo mejor de todo es que estamos juntos. ¡No puedo ser más feliz! ─
Su hermanito. Su única familia. Lo último que le quedaba. Su razón de vivir.
Si ya no le quedaba nada, ¿Qué caso tenía seguir con vida?
Un copo de nieve cayendo con una grácil danza la sacó de su letargo. Lo observó caer y caer, hasta desaparecer en la tierra bajo ella. Levantó su rostro, tras ese copo le siguieron muchos más. Nunca había visto la nieve caer, solo había escuchado de ella. Pero, estaban iniciando el verano, entonces ¿Cómo era posible que cayera nieve?
─ No llores ─ Una voz amenazante y tétrica habló ─ Si te hace sentir mejor, tu hermano peleó hasta el final. Nunca un humano había logrado lastimarme. Pero ese chico, incluso sabiendo que iba a morir, se atrevió a encajarme un cuchillo en la garganta ─ Narró extasiado por la sorprendente acción del muchacho.
Shiro petrificada escuchaba atentamente.
─ Al mirarlo pensé que se trataría de un insignificante y débil bicho como lo son la mayoría de ustedes ─ Hablaba con burla ─ ¡Pero él me desafió con todo lo que tenía! Ese mocoso me demostró su valor, lo menos que podía hacer era tratarlo como a un oponente digno ─ Dijo con emoción contenida y una sonrisa torcida en placer.
La furia dentro de ella comenzó a abrirse paso.
El demonio soltó una cínica carcajada ─ Tuvo el placer de ser atacado con mi mejor técnica ─ Volvió a reír con locura. Shiro se mantenía en silencio, con la cabeza agachada ─ ¿Por qué tan seria? ¿Te decepciona que tu hermano fuera tan débil? ¡Yo lo defiendo! ¡Tuvo más agallas que cualquier persona que devoré! ─ Seguía hablando.
Sentía su pecho arder, hizo sus manos puño apretando tan fuerte que comenzó a lastimarse, pero ella no sentía nada. Como aquella vez hace cinco años, sintió la adrenalina volar sus sentidos y el coraje saltando en sus venas.
─ Oh ya veo, estas triste por él ─ Dijo el demonio como si entendiera a la perfección los sentimientos humanos. Cambiando su postura a una de ataque, listo para saltar a ella cuanto antes ─ ¡No te preocupes por eso! ¡Te haré el favor de reunirte con tu hermano! ─ Se lanzó hacia ella con su brazo extendido y las uñas de sus manos como garras afiladas.
Corriendo rápidamente Kyoujuro se acercaba cada vez más hacia el punto de concentración más fuerte de la presencia ─ Esta cerca…─ Pensó. Atravesando árboles y ramas finalmente pudo vislumbrar la escena. Empuño su katana. Su mente trabajando lo más rápido que podía. Una joven y un demonio abalanzándose hacia ella. Se trataba de una luna demoniaca inferior, podía saberlo debido a la marca grabada en su ojo izquierdo. Apretó su mandíbula. No alcanzaría a llegar. Se reprendió mentalmente por sus pensamientos. Llegaría. Definitivamente la protegería. Se movió lo más rápido que pudo.
Para sorpresa del cazador y del demonio la joven se incorporó con rapidez sobre sus rodillas y girando su torso con fuerza estampó un hacha en la mejilla del demonio arrancando su mandíbula y haciéndolo retroceder.
Kyoujuro se detuvo, impactado por la inesperada acción de la chica.
Bajo su ropa, atada a su pierna siempre escondía un hacha. Sería tonta si no llevaba algo para protegerse después de todas las situaciones similares por las que pasó.
Ella sabía que ese demonio era mucho más fuerte que cualquiera al que se había enfrentado. Por el momento solo podía huir. Se levantó y comenzó a correr. Un profundo dolor la detuvo. El zarpazo de esa criatura la alcanzó, desgarrando su hombro.
Ignoró la sensación, tenía que concentrarse en huir. Su corazón se estrujó por dejar el cuerpo de Satoshi atrás.
Alzando el rostro miró una figura, una persona corriendo hacia ella. No podía enfocarla bien, la sangre que escurría de la herida en su cabeza le obstruía la vista y la herida en su hombro perdía sangre muy rápido.
No podía permitir que se acercara, moriría si intentaba ayudarla. No quería ver a más personas morir.
─ ¡No vengas! ─ Gritó Shiro en un intento desesperado por detener las acciones de esa persona.
Cayó al suelo, exhausta y mareada, su visión no podía enfocar nada a su alrededor.
Sintió una cálida caricia en su coronilla.
─ No te muevas, tu herida podría empeorar ─ Le ordenó una voz varonil y potente.
No. Que corra. Que huya. El ser nocturno podría atacar en cualquier momento. Tenía que hacer algo o esa persona podría morir.
El joven se interpuso entre la chica y el demonio. Su mirada dorada posándose brevemente en el cuerpo mallugado de un muchacho. Su estómago se revolvió. Ese chico parecía tener la misma edad que su hermano menor. Se sintió furioso, no puede imaginar lo difícil que fue para la joven chica que se encontraba a sus espaldas. Regresó su mirada hacia la criatura, la cual se encontraba lista para volver a atacar.
─ ¡No permitiré que nadie muera en mi presencia! ─ Gritó con ira sujetando la empuñadura de su espada.
─ ¡Seas quien seas no te metas en mi camino! ─ Gritó furibundo el demonio, lanzándose a atacar al rubio.
Shiro lo sintió en el aire, ese demonio lanzándose hacia la persona que intentaba ayudarla. Una vez más su cuerpo reaccionó por cuenta propia. Utilizando sus últimas energías corrió para evitar lo que creía que sería otra muerte injusta.
─ ¡CUIDADO! ─ Kyoujuro detuvo su ataque y con sorpresa volvió a admirar la voluntad de esa mujer, interponiéndose entre el ataque del demonio y él, abrazándolo, ofreciendo su vida con tal de salvar la de él.
Observando pasar todo con lentitud, antes de que el ataque pudiera alcanzarla nuevamente, la rodeó con ambos brazos sujetándola firme y la apretó contra sí, apartándose rápidamente del alcance de ese demonio con una habilidad asombrosa.
─ ¿Qué diablos? ¡Desapareció! ─ Dijo el demonio sorprendido al no ver al extraño humano que tenía en sus narices hace un momento.
Tras él, el rubio teniendo en brazos a la chica caminó hacia la deteriorada residencia que se encontraba a unos metros y la recostó cuidadosamente en el engawa, se había desmayado por el cansancio y la pérdida de sangre. Tenía que apresurarse para tratar con sus heridas.
─ Gracias por protegerme ─ Murmuro orgulloso por el valor que mostro la joven mientras la cubría con su haori ─ Ahora es mi turno de protegerte a ti ─ Viró su cuerpo en dirección al demonio. Observándolo con su rostro expresando ira.
─ No deberías preocuparte por esa chica, le prometí que la reuniría con su valiente hermano ─ Habló con mofa ─ ¡La asesinaré después de acabar contigo! ¡Te congelaré hasta los huesos! ─ Gritó el demonio lanzando hacia él una técnica de sangre demoníaca.
La tierra se congelaba hacia su dirección y de esta brotaban agujas de hielo delgadas y afiliadas siendo acompañadas por una ventisca helada con copos cortantes revoloteando a una increíble velocidad.
Kyoujuro sonrió ─ Con que el frío y el hielo son tu poder ─ Aseguró con voz potente ─ Es una lástima, ¡No somos compatibles! ─ Empuño su espada, su presencia generando calor a su alrededor ─ ¡Novena Postura: Purgatorio! ─ Blandió su katana, invocando su técnica más devastadora generando un vórtice de llamas disparándose a una velocidad alucinante hacia el demonio causando un daño masivo en el área.
Shiro tuvo un momento de lucidez, levantó pesadamente los párpados y en estado de ensoñación observó lo que ocurría.
El hielo en la tierra desapareció, las agujas congeladas se evaporaron en un parpadeo y la ventisca helada se consumió. De manera limpia y certera cortó el cuello de la luna inferior número seis antes de que éste mismo se diera cuenta de lo que ocurría.
El cuerpo del demonio comenzó a desaparecer transformándose en cenizas. Kyoujuro se irguió, sacudió su katana para apartar el exceso de sangre y la enfundo. Miró con lastima a los ojos de la criatura, antes de que esta terminara por perecer.
Los parpados de Shiro volvieron a pesar, dio una última mirada a la espalda del joven y soltando una lágrima se resignó a descansar desconociendo totalmente el rostro de su salvador.
El rubio se acercó rápidamente hacia la chica. Tocó su piel, comenzaba a enfriarse, verificó su pulso y analizó sus heridas, las trató lo más rápido que pudo y lo mejor que la situación le permitía. Lo importante era estabilizarla. Una vez logrado su cometido la cargó en sus brazos y emprendió camino a su hogar atravesando el bosque con agilidad y rapidez.
La casa de sus padres se encontraba a una hora de ahí. Si aceleraba el paso lo más que pudiera, lograría llegar en cuestión de minutos.
Miró decidido a la chica en sus brazos. La salvaría.
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El cielo estaba aclarándose, dando paso prontamente al amanecer, pero esa no fue la razón de su despertar. Se incorporó de su mullido lecho, sobresaltado por unos fuertes ruidos dentro de la residencia. Apartó las sábanas de su cuerpo y se puso de pie dispuesto a salir de su habitación y descubrir el origen del ruido.
Recorrió el *shōji con silencio y salió al pasillo, el ruido provenía de una habitación a la que no le daban ningún uso. Con un poco de temor asomó lentamente su cabeza al interior del cuarto, vislumbrando el tan conocido para él uniforme de cazadores de demonios y la espalda inconfundible de su hermano.
─ ¡Hermano! ─ Habló el pequeño alzando la voz, sorprendido de ver a su hermano en casa, pues hacía un par de días que este se había marchado a una misión.
Kyoujuro se giró hacia el umbral de la entrada, posando su nerviosa mirada en su hermano menor y apartándose lo suficiente para mostrar lo que estaba haciendo.
Frente a él, se hallaba una chica inconsciente y herida, su respiración era frenética y su rostro sudaba, debía estar sintiendo mucho dolor.
─ Senjuro, ayúdame con esto ─ Ordenó con voz tranquila al más joven ─ Busca el botiquín y vendas por favor ─ Dijo con el mismo tono de voz, pero con un deje de impaciencia.
Senjuro atónito a lo que veía se limitó a asentir suavemente y desaparecer rápido en busca del equipo que pidió su hermano mayor.
Una vez en sus manos, regresó rápidamente para entregarle las cosas, las cuales recibió y de manera apresurada comenzó a utilizar. El pequeño volvió a retirarse y una vez más regresó con retazos de tela y un recipiente con agua. Se colocó junto a la inconsciente chica y remojando un pedazo de tela se dispuso a limpiar con suavidad su rostro lleno de mugre y sangre seca para sanar la herida que la joven tenía en su cabeza.
No hizo ninguna pregunta, lo más importante en esos momentos era salvar a esa chica. Sabía que después su hermano le contaría lo ocurrido.
Sus ojos se dirigieron a Kyoujuro, a diferencia de la confianza que mostraba en batallas, en esos momentos lucía inseguro, su frente sudaba y sus ojos revelaban desconcierto y preocupación. Lo observó intentando preparar una aguja fallando a causa del nerviosismo y el movimiento desesperado de sus manos.
Unas manos pequeñas sostuvieron las suyas deteniendo sus entorpecidas acciones brindándole seguridad. Con apuro levanto su cabeza y chocó la mirada con la de su hermano menor que lo veía con una tranquilizadora sonrisa.
─ No te preocupes, yo me encargaré de hacerlo ─ Senjuro tomó los materiales que él sostenía apartándolos de sus manos con delicadeza ─Puedo encargarme de esto, confía en mí ─ mostraba seguridad en sus palabras.
Oh, por supuesto que confiaba en él. Kyoujuro sabía y reconocía a diferencia de otras personas ─ incluido de su padre ─ que su hermanito era todo menos alguien débil.
─ Entonces te lo dejo a ti ─ Sonrió orgulloso.
El menor le devolvió la sonrisa y cambió su expresión a seriedad después de dirigir su atención a la lastimada chica. Organizó las cosas a su alrededor, lo que necesitaría y lo que requeriría, con agilidad y sin movimientos innecesarios.
El rubio mayor solo podía admirarlo impresionado. Se apartó lo suficiente para poder estar al tanto de todo lo que hacía sin estorbar.
─ Necesito desinfectar la herida antes de cerrarla ─ Hablaba mientras llevaba sus manos hacia la ropa de la joven, comenzando a desvestirla para tener acceso a la herida de su hombro, dejando su torso desnudo.
Kyoujuro apartó la mirada, avergonzado, sería desagradable y absolutamente grosero para la joven mujer que ojos ajenos la vieran mientras estaba inconsciente, más tratándose de un varón.
Estaba preocupado, pero por respeto que le tenía al género femenino inculcado por su madre decidió que lo más prudente sería salir de ahí y dejar a Senjuro concentrarse.
Se puso de pie mirando hacia el lado contrario y disculpándose con Senjuro le informó que esperaría fuera de la habitación. Así mismo, salió de esta y se sentó erguido en el pasillo, cruzando sus piernas en posición de loto y cruzando sus brazos sobre su pecho. Sin poder hacer nada más.
Tendría que esperar. Nunca se había sentido tan inútil.
Su mente viajando a un par de horas atrás, donde ocurrió su furiosa batalla. Normalmente no permitía que las emociones interfirieran tanto en su trabajo. Pero esta ocasión fue abrumadora. No estaba completamente seguro de lo sucedido. Lo que tenía claro era que ese demonio asesinó fríamente a un joven, familiar de la mujer que estaba siendo atendida en esos momentos y que a pesar de lo devastada que se encontraba ella tuvo el impulso de luchar. No sabía si era por la tremenda fuerza de voluntad de la chica, o del pequeño que murió a manos de ese demonio y que le recordó con terror a Senjuro. No sabía lo que era, pero, su pecho oprimía un sentimiento que no sabía identificar.
Mientras tanto, Senjuro limpiaba la herida de la joven, sabía que le resultaría doloroso, pero estaba agotada y pensó que la chica no recobraría el sentido. Ya había ensuciado varios trozos de tela. La herida era profunda, siguió limpiándola con cuidado. Para su sorpresa la chica soltó un quejido, sus cejas frunciéndose y sus labios torciéndose en señal de incomodidad. Lentamente abrió los ojos. Los ojos más tristes y apagados que Senjuro presenció alguna vez.
Shiro observó al pequeño, abriendo sus ojos con incredulidad.
─…Sa…to…shi… ─ El nombre de su hermano escapó de sus secos labios en un quebrado susurro. Estiró su mano con esfuerzo hacia el chico que confundía con su hermano.
Senjuro no tuvo el valor de corregirla, con pesar aceptó su mano, envolviéndola con las suyas cálidamente, llevando su frente hacia ellas ¿Qué era ese sentimiento tan triste?
Era tan fuerte que le daban ganas de llorar.
─…No… él ya no… está aquí ─ Lágrimas comenzaron a salir de los castaños ojos de Shiro. Soltó un quejido lastimero que formó un nudo en la garganta del pequeño que aun sostenía su mano.
─ Lo siento mucho, por favor, descanse, yo cuidaré de usted ─ Habló Senjuro en tono tranquilizador con timidez y amabilidad.
La castaña lo observó, sus fuerzas volviendo a desvanecerse poco a poco ─ ¿Quién…eres?... ─ Preguntó a esa cálida persona, creyéndola objeto de sus sueños.
─ Mi nombre es Senjuro ─ El pequeño le siguió la conversación con paciencia y hablando despacio.
─ ¿Sen…juro?... ─ Repitió su nombre como si intentara recordar de quien se trataba. Sus parpados pesaron y la inconsciencia se apoderó de ella nuevamente.
Comenzó a respirar con normalidad.
El pequeño más decidido que nunca prosiguió con su labor. Desinfectó, restauró, suturó y sanó el hombro de la chica, realizó un trabajo impecable y metódico, atento a los cambios de respiración y el pulso de la joven, por lo que se tomó el tiempo del mundo. Cuando finalizó, trató las demás heridas, que a su diferencia eran raspaduras y hematomas. Vendó la herida de su hombro y la de su frente y cuando estuvo a punto de terminar salió de la habitación en busca de su hermano.
Conmovido lo vio sentado en el piso, su espalda recargada en la pared, brazos cruzados y su cabeza levemente inclinada hacia abajo, dormitando.
Sintiendo una presencia, con velocidad alzó su cabeza y despejó su mente obligándose a despertar. Miró a su hermano menor y con rapidez se levantó del piso.
─ ¡Senjuro! ¡¿Terminaste?! ¿Cómo está? ─ Preguntaba rápidamente alzando la voz.
─ Shh… silencio hermano ─ Le reprendió tímidamente el menor, provocando que cómicamente el mayor cubriera sus labios silenciándose a sí mismo. Senjuro sonrió ─ Quería pedirte de favor si podías conseguir una *yukata, solo hace falta que la limpie y cambie sus ropas para que descanse cómodamente ─ Explicó el pequeño.
─ ¡Déjamelo a mí! ─ Volvió a alzar la voz. Encogió sus hombros y volvió a cubrir sus labios ─ Déjamelo a mí ─ Repitió esta vez susurrando, marchándose en busca de la prenda.
─ Fu fu fu ─ Senjuro no pudo evitar reír por las acciones de su hermano mayor.
Una vez sanada y cambiada, la dejaron descansar. Lo único que podían hacer a partir de ese momento era esperar.
Ambos se sentaron sobre el tatami, degustando el té que había preparado Senjuro hace unos instantes, entre ellos se encontraba un tazón con galletas de arroz. Ya era bastante tarde, el sol se estaba escondiendo. Le tomó mucho tiempo al rubio menor sanar las heridas de la chica.
Kyoujuro le explicó lo sucedido a su hermano, iniciando por su misión, el pueblo al que llegó a descansar y la extraña presencia que percibió. Siguió hablando de la decisión que tomó de intervenir e investigar a pesar de no ser su responsabilidad, diciendo esto, se ganó una mirada de reprimenda de parte de su hermano, revolvió sus propios cabellos apenado y lo dejó pasar siguiendo con su explicación. Le habló sobre el demonio, sobre las acciones de la chica y sobre el hermano de esta.
Ante lo último mencionado, Senjuro notó una expresión contrariada en su hermano. Comprendió que era a causa de él y comprendió que presentaba un sentimiento de empatía hacía la joven de la cual aún desconocían su nombre.
Ambos adultos jóvenes conocían lo que era tener una persona menor que dependiera de ellos.
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Un rostro angelical y una mirada gentil. Era lo que recordaba. Una apariencia exótica, cabello rubio alborotado con color rojo en las puntas y ojos extrañamente dorados.
Senjuro. Era su nombre.
Con la imagen de ese niño en su mente, abrió los ojos, sintiéndolos arenosos, la luz causándole molestia. Si había tanta luz debía ser tarde.
Su mirada viajó por la habitación, intentando reconocer el lugar en el que se encontraba, pero la verdad es que no tenía ni idea. Sus ojos viajaron por el tatami de la amplia estancia, por los pocos y rústicos muebles que había, por el shōji que se mantenía cerrado con su papel traslúcido separándola del exterior, siguió virando hacia la pared frente a ella en tono color crema y la ventana abierta por la cual ingresaba toda la luz. Volvió a cerrar sus ojos ante lo incomoda que la luz excesiva le resultaba. Los abrió nuevamente y siguió recorriendo su mirada, topándose con otro shōji que a diferencia del anterior debía llevar hacia los interiores de la residencia en la que se encontraba.
Intentó incorporarse. Una punzada de dolor la atravesó, soltó un gemido ahogado y se dejó caer nuevamente en el futon. Se limitó a permanecer en su posición inicial.
Esta acción le hizo percibir una figura que se encontraba a su lado y que no había notado en todo el tiempo que se encontró cotilleando sus alrededores. Dirigió su mirada hacia aquella figura, o más bien, hacia aquella persona.
Estaba sentado a su lado, un hombre no más joven que ella, cabello alborotado y largo de un extraño color rubio con puntas rojas, cejas prominentes y obscuras, nariz recta, delgada y ligeramente elevada, labios finos y largos de color natural. Un joven con rostro varonil y mandíbula marcada. No pudo evitar pensar que le parecía atractivo.
El joven hombre se removió, sus músculos se tensaron ligeramente y sus parpados temblaron, comenzando a abrirse poco a poco, mostrando unos felinos ojos llamativos y un iris dorado.
─ ¿Senjuro? ─ Sus labios soltaron el nombre de aquel niño con las mismas poco usuales facciones que recordaba de… ¿De dónde?
El rubio la miró extrañado y confundido. Antes de que pudiera decir algo, Shiro contrajo su rostro en una mueca de terror e impacto. Una revelación viniendo a ella.
Estaba herida, ¡Estaba herida! Eso significaba que el niño que recordaba de sus sueños podría ser la persona que la mantuvo viva. Y si ese joven se parecía tanto a él, eso significaba que…
─ ¡¿Senjuro!? ─ ¡Había crecido tanto! ¿Cuánto tiempo llevaba dormida? ¡Estuvo en estado de inconciencia durante años! ─ ¡S-Se-Senjuro! ¿C-cómo? ¡¿Cuánto?! ─ Comenzó a soltar pregunta tras pregunta sin explicarse demasiado. Si llevaba años así ¿Cuántos años tenía? ¿Qué es lo que había pasado? Comenzó a hiperventilar.
Kyoujuro con una expresión inocente petrificada en su rostro seguía sin comprender lo que ocurría. ¿Cómo conocía a Senjuro? ¿No se acordaba de lo que sucedió? ¿Qué estaba pasando?
La joven mujer comenzó a palpar su cuerpo, seguido de su rostro para finalmente ver sus manos con desesperación, su mirada llena de pánico.
Comenzó a sudar, levantó sus manos hacia ella para intentar tranquilizarla ─ T-tranquila…vas a lastimarte… ─ Dijo el rubio. La chica lo ignoró, miraba hacia todos lados mientras murmuraba cosas.
Imaginó todas las posibles reacciones que tendría la chica cuando despertara. Pero nunca imaginó que se comportaría de esa manera. Seguía sorprendiéndolo en sobremanera.
Senjuro que se encontraba preparando el almuerzo, escuchó el alboroto y preocupado se dirigió hacia la habitación pensando en que probablemente la joven ya habría despertado.
Y no se equivocó.
La chica se encontraba histérica, gritando preguntas inentendibles para él hacia el manojo de nervios que era su hermano, mientras este intentaba con todo lo que podía tranquilizarla y explicarse.
A pesar de la situación por la que esa joven estaba ahí no pudo evitar disfrutar la escena pareciéndole de lo más divertida e inhabitual.
Pensó que era momento de aclarar las cosas.
─ Umm, señorita, ¿se encuentra bien? ─ Se dirigió hacia la chica.
Shiro detuvo sus acciones al escuchar una voz tímida y dulce. Giró su cabeza hacia el portador de esa voz.
Sus ojos se abrieron con sorpresa, era él, Senjuro. Tan parecido al muchacho que se hallaba velando su sueño. Por un momento se sintió confundida.
Eran parientes, pero el rubio mayor le parecía demasiado joven para ser su padre, ─ Deben ser hermanos ─ Pensó.
Algo dentro de ella se removió.
Después recordó todo.
Su pecho se oprimió, las lágrimas la ahogaron y la desesperación la consumió.
Como pudo se levantó del futon, tropezando en el proceso. Kyoujuro con reflejos excepcionales la sostuvo con cuidado de no lastimarla. Senjuro se colocó frente a ella preocupado por su imprudente acción.
─ ¡Por favor! ¡No se fuerce! podrían reabrirse sus heridas ─ Dijo el pequeño tomándola de las manos.
─ ¡Pero! ¡M-mi hermano! Él… ─ Intentó replicar, pero se interrumpió a sí misma antes de terminar la frase. Su hermano… ¿Qué? Él ya no estaba más en este mundo.
Sus piernas flaquearon, se soltó ligeramente del agarre del joven hombre que aún la sostenía y se deslizó hasta caer de rodillas en el tatami aun siendo sostenida de las manos por el pequeño.
Ambos hermanos se arrodillaron de igual manera junto a ella. Kyoujuro a su lado izquierdo sirviendo como apoyo y Senjuro de frente.
─ ¿Cómo fue que ocurrió esto? ─ Fue una pregunta más para sí misma que para los muchachos.
A pesar de no comprender del todo su pregunta, Kyoujuro pensó que ella merecía una explicación.
─ Mi nombre es Kyoujuro Rengoku y parece ser que ya conoces el nombre de mi hermano menor ─ Comenzó presentándose, cuidando el tono de su voz ─ ¿Podrías decirnos el tuyo? ─ Preguntó con amabilidad.
─ Shiro… ─ Se limitó a responder la castaña ─ Shiro Hatoyama ─ Dijo con semblante perdido.
─ Shiro ─ Por fin conocía su nombre ─ Ahora mismo te encuentras en nuestra residencia, mi hermano trató tus heridas y ambos velamos por tu salud, estuviste dormida durante tres días completos debido a que perdiste mucha sangre ─ Explicó el mayor de los Rengoku.
─ ¿Tres… días?... ─ Preguntó la castaña con lentitud. Procesando la información.
─ Mi hermano mayor fue quien la rescató y la trajo aquí ─ Habló Senjuro esta vez ─ Él fue quien derrotó al demonio que la atacó a usted y… a su familia ─ Dijo lo último de manera incómoda.
Familia… Satoshi…
─ Ya veo ─ Respondió aun ausente. Todavía en el suelo, giró en dirección a ambos hermanos ─ Les agradezco mucho ─ Dijo la castaña mientras hacia una profunda reverencia, inclinando su cabeza hasta tocar el tatami.
A pesar de la acción, la joven se mostraba rota, frágil y terriblemente cansada con un semblante doloroso.
Kyoujuro sintió a su corazón estrujarse y su mirada se nubló con tristeza. Se acercó a la chica, la rodeó con un brazo y con el otro la tomó por el brazo que sabía no estaba lastimado. La obligó a incorporarse.
─ Por favor, regresa a descansar, necesitas recuperarte ─ Habló con suavidad intentando guiar a la chica de regreso al futon.
Pero esta no se movió.
El joven la miró confundido.
─ Lo siento ─ Se disculpó Shiro ─ Pero tengo que marcharme ─ Dijo con seguridad. Los varones la observaron sorprendidos por sus palabras.
Otra vez. Ahí estaba nuevamente ese semblante que removía un sentimiento en su pecho. El rostro de la joven mostrándose decidido.
─ Señorita Shiro, descanse por favor, sus heridas aún no han sanado completamente, sea lo que sea que quiera hacer, puede esperar ─ Senjuro intentó hacerla entrar en razón, le preocupaba genuinamente lo que la joven fuera a hacer.
─ Discúlpenme, pero esto no puede esperar ─ Replicó la castaña con un nudo en la garganta ─ Tengo que regresar a mi hogar, tengo que verlo con mis propios ojos y aceptar… a-aceptar… ─ Tan rápido como explotó la valentía en su pecho esta se desvaneció. Aun así, no se retractó.
Tenía que regresar al hogar que compartió con su hermano y enfrentar su mayor miedo. En ese momento que estaba decidida, tenía que apurarse antes de que se acobardara.
Debía despedirse de la manera correcta.
─ Señorita ¡Piense en usted! ─ El pequeño se mantuvo, oponiéndose a las acciones de la chica ─ ¡Podría ocurrirle algo! ─ Replicó de vuelta, frunciendo su tierno rostro en una mueca de enfado.
Shiro lo miró con ternura. Estiró un brazo hacia él.
─ Por favor ─ Susurró acariciando la mejilla del muchacho que tanto le recordaba a su hermano.
Hacía mucho tiempo que Senjuro no sentía una caricia tan suave y cálida. Su hermano siempre lo mimaba y le brindaba su cariño. Pero era diferente, era diferente el gentil tacto de una mano femenina.
Sus mejillas se sonrojaron e inclinó levemente su rostro ante el tacto.
Kyoujuro expectante a todo sonrió.
─ ¡De acuerdo! ─ Gritó con la energía que lo caracterizaba. Llamando la atención de las otras dos personas que se encontraban en la habitación ─ ¡Lo permitiré! Pero, con la única condición de que yo mismo te acompañe ─ Dijo señalándose a sí mismo con el pulgar de su mano derecha.
─ ¿Eh? ─ Soltaron al mismo tiempo el rubio menor y la chica castaña. Sorprendidos por las palabras del mayor.
Eso sí que no se lo esperaba.
─ Por más fuerza impulsiva que des a relucir, siendo honestos, con el estado en el que se encuentra tu cuerpo no llegarías ni a la salida de pueblo ─ Explicó lo obvio de manera alegre.
─ La personalidad de ese joven es muy extraña ─ Pensó Shiro. Miró directamente al rostro del joven y sonrió genuinamente por su ofrecimiento ─ Gracias joven Rengoku ─ agradeció con voz dulce.
Con admiración observó la hermosa expresión que a pesar del infierno que vivió días antes todavía era capaz de mostrar.
Esa mujer no solo era fuerte. También tenía un enorme corazón.
~o0o~
Llevaban poco más de media hora de trayecto. Kyoujuro no le permitió dar un solo paso desde que salieron de la residencia Rengoku. Antes de que salieran se acuclillo delante de ella dándole la espalda, indicándole que subiera a ella, de esa manera no tendría que gastar ni una sola gota de energía.
A pesar de que su cuerpo se sentía terriblemente adolorido y con solo dar tres pasos se mareaba a horrores, insistió en que podía caminar por su cuenta. El excéntrico rubio no lo permitió y sin esperar permiso con rapidez y habilidad la levantó del suelo llevándola en su espalda y colocando los brazos como apoyo debajo de sus muslos. Ante la repentina acción Shiro tuvo el impulso de sujetarse, rodeando el pecho del joven con sus brazos y recargando su barbilla en el hombro ajeno.
Avergonzada separó su rostro y aflojó el agarre alrededor de él. Inocentemente Kyoujuro le dijo que si de esa manera estaba más cómoda podía rodearlo con sus brazos y descansar en su hombro.
Senjuro solo pudo cubrirse el rostro ante las vergonzosas palabras de su hermano mayor. El pequeño era mucho más perspicaz de lo que aparentaba. Ante la situación, se permitió a sí misma sonreír.
Durante los primeros minutos del trayecto entablaron una informativa conversación. El rubio le habló sobre los cazadores de demonios, organización desconocida cuyo objetivo era el exterminio de esos seres y de la cual él mismo formaba parte como uno de los pilares, la élite entre los cazadores. Eso no la sorprendió, recordaba entre su inconciencia y lucidez un magnífico poder que acabó con el demonio que los atacó en un parpadeo. Rápidamente entendió que se trataba de él. Al recordar ese suceso, comprendió muchas cosas de ese joven y volvió a agradecerle, este le restó importancia.
Le explicó las habilidades de los demonios, los rangos y le habló del que probablemente era el causante de la existencia de esas criaturas. Ella lo sabía, el demonio que los atacó era mucho más poderoso a los que se solían enfrentar. Kyoujuro explicó brevemente y sin muchos detalles ─ lo cual agradeció ─ que ese demonio pertenecía a las doce lunas demoniacas. De no ser por ese amable joven, ella también habría muerto ahí. Aunque la idea no le sabía tan terrible.
En un punto de la conversación, comenzó a cabecear, el rubio se percató de ello y la alentó a que descansara en lo que llegaban a su destino. Apenada le tomó la palabra y se tomó la libertad de apoyarse en su hombro. El suave caminar del joven meciéndola y su agradable olor a verano y cítrico adormeciéndola.
…Shiro…
Shiro….
─ ¿Shiro? ─ Abrió sus ojos, parpadeando múltiples veces para apartar la pesadez ─ Hemos llegado ─ Avisó Rengoku de forma entusiasta.
Alzó su rostro y miró hacia adelante. Su casa. Donde antes se encontraba su hogar.
Estaba dañada haciéndola lucir deteriorada, a pesar de tratarse de unos cuantos días se sentía abandonada.
Se removió en la espalda de Kyoujuro, éste comprendiendo, la bajó con sutileza. Shiro dio un paso en dirección a su casa, pero su pierna no sostuvo su peso. Rápido como lo había demostrado en varias ocasiones, el rubio la sujetó de la cintura evitando su caída. Ella lo miró y él le brindó una sonrisa amable. Fortaleció el agarre y la ayudo a caminar, acercándose lentamente a la desolada construcción.
Cuando estuvieron lo suficientemente cerca, Shiro se detuvo, dio una suave palmada en el fuerte pecho de Rengoku haciéndole saber que ella podía sola a partir de ahí y que necesitaba su espacio,
Muy a su pesar, el joven la soltó.
Respirando profundamente, Shiro comenzó a caminar. Su mirada bajó hacia el suelo, sobre la tierra aún permanecían manchas de sangre. Con delicadeza pasó su mano sobre la mancha obscura. Un recuerdo azotando su mente como una ráfaga. La luna sangrienta y el cuerpo inmóvil lanzado a sus pies cayendo con brusquedad.
Cerró fuertemente sus ojos, encajando las uñas en la tierra y la sangre seca, cerrando su mano en un puño. Si quería superarlo, debía recordar.
Si le tiene el respeto y amor que decía profesarle, tenía que soportarlo.
Se levantó con lentitud y volvió a avanzar. Con la penetrante mirada de Kyoujuro a sus espaldas. Sonrió. Agradecía que le diera espacio. Agradecía que supiera interpretar sus silencios.
Se adentró a su casa, subiendo cuidadosamente por el engawa. El espacio abierto, la entrada y las finas paredes de madera destruidas, dejando el interior a la vista de todo. Dentro de la casa era un desastre, platos rotos, objetos tirados y en el tatami un rastro de sangre, como ese día. Lo siguió, observó y analizó gota por gota estrellada en el suelo, su forma, su color, la cantidad. Conforme avanzaba el rastro aumentaba y estando frente a la encimera de piedra aun mirando hacia abajo delante de sus pies entre una abundante cantidad de sangre, se hallaba un cuchillo, bajó su cuerpo y lo tomó entre sus manos.
Ella le regaló ese cuchillo. Su mirada se cristalizó.
Lo llevaba siempre con él.
─ Incluso sabiendo que iba a morir, se atrevió a encajarme un cuchillo en la garganta ─
Su corazón se estrujó ante el recuerdo.
Ahí fue. Ahí murió su hermano.
Se levantó con el rostro cabizbajo, su mirada chocando con lo que se hallaba frente a ella, con lo que se hallaba sobre la encimera. Un cesto con rábanos en estado de descomposición.
Su hermano salió del escondite para recibir al señor Matsuda.
Se rompió. Tomó el cuchillo y la canasta con los vegetales en descomposición. Los llevó a su pecho y los abrazó con fuerza. Las lágrimas inundaron su mirada y se abrieron paso, abundantes, por sus mejillas. Apretó sus dientes reteniendo un doloroso sollozo en su garganta. Cayó apesadumbrada sobre sus rodillas, ovillándose contra estas aun con los objetos entre sus brazos.
Cuando Kyoujuro la vio caer se asustó. En un parpadeo llegó a su lado y con pesar y aflicción en sus dorados orbes la observó retener el llanto. No lo toleró, y deseando apartar su dolor la consoló.
Una reconfortante y cálida mano acarició afectuosamente su encorvada espalda, alentándola a desahogarse.
Sollozó fuertemente, gritó, se quejó y gimoteó. Dispuesta a soltarlo todo y a dejar a su dulce hermanito marchar.
~o0o~
Regresaban al hogar de la familia Rengoku, caminando en silencio con la castaña acurrucada en su espalda, escuchándola hipar a causa del llanto.
Antes de que comenzara el atardecer le propuso regresar, ella se limitó a incorporarse y abrazarse a su espalda como una niña pequeña. La alzó con delicadeza y la sintió enterrar su lagrimoso rostro en la curvatura de su cuello. Sonrió con ternura y emprendió camino de regreso a casa.
Se acercaban al pueblo en el que vivía el joven rubio. Pero éste repentinamente cambió de dirección girando hacia el lado contrario.
Shiro que, a pesar de estar inmersa en sus pensamientos, notó el cambio en el caminar del muchacho. Confundida observó el nuevo sendero por el que la llevaba. Decidiéndose en si debía preguntar o no, Kyoujuro tomó la palabra.
─ ¡Quiero mostrarte algo! ¿Te molesta si nos desviamos un poco? ─ Preguntó girando levemente su cabeza hacia ella con una sonrisa brillante.
Automáticamente contagiada por su ánimo, negó con la cabeza.
─ ¡Bien! ¡Estamos a punto de llegar! ─ Avisó ─ Solo hay que subir esa colina ─ Apresuró el paso.
En cuanto llegaron a la parte más elevada, se mostró el escenario delante de ella. Lápidas. Secciones inmensas de tierra cubiertas por tumbas y lápidas.
─ Disculpa, pero ¿Qué hacemos aquí? ─ Confundida le preguntó al rubio.
─ ¡Hemos venido a visitar a alguien! ─ Gritó entusiasmado caminando entre las lápidas.
Una vez en su destino bajó a la chica con delicadeza. Colocó una mano en su espalda baja y la empujó delicadamente hasta quedar frente a dos lápidas. Una más grande que la otra. Ambas en buen estado, cuidadas y limpias. Había ramos de flores colocadas en cada una.
En la lápida más grande pudo leer el nombre de la persona. Ruka Rengoku. Pero la otra lápida estaba en blanco, aún no se pulía el nombre de la persona a la cual pertenecía.
Kyoujuro se apoyó en una de sus rodillas, con una sonrisa llena de cariño unió sus manos y cerró sus ojos, rezando brevemente.
Shiro no quería ser grosera, así que se arrodilló al lado del joven hombre. Imitó sus acciones y rezó por ambas personas.
El rubio la observó con alegría. Esperó a que finalizara, cuando lo hizo, la ayudó a incorporarse.
─ Ella es mi Madre ─ Habló Rengoku con tranquilidad sin dejar de esbozar una sonrisa melancólica.
Sorprendida y apenada la chica en señal de respeto hizo una reverencia marcada.
─ Mu-mucho gusto ─ Habló dirigiéndose a la lápida con el nombre.
Kyoujuro la miró incrédulo. Soltó una alegre carcajada asustando a la chica.
─ Nunca dejas de sorprenderme ─ Dijo el rubio rascando su nuca y una mirada con profunda ternura dirigida a ella ─ Y eso que llevamos poco tiempo de conocernos ─ Finalizó.
Shiro no supo cómo interpretar sus palabras por lo que no respondió a ese comentario.
─ ¿De quién es la otra tumba? ─ Señaló la lápida sin nombre.
El chico le brindó una mirada significativa.
─ Esa tumba, es de tu hermano ─ La joven se congeló ─ Pensé que te reconfortaría si estaba junto a alguien de confianza, además en caso de que tu no puedas visitarlo, siempre podremos venir Senjuro o yo, de esa forma nunca será olvidado ─ Explicó.
La castaña temblaba conmovida. Ese hombre, ¿Cómo podía existir alguien tan gentil? ¿Cómo podía sentirse así ante alguien a quien acababa de conocer?
Sus ojos volvieron a lagrimear.
Kyoujuro la miró nervioso ─ Tal vez fue muy impulsivo de mi parte ─ Habló malinterpretando totalmente las cosas.
Iba a disculparse por su atrevimiento, pero detuvo sus acciones al ver a la chica aproximarse hacia él.
Shiro tomó la grande y gruesa mano del rubio. Levantó su rostro y lo miró a los ojos, dorado y café mezclándose.
─ Gracias ─ Dijo la chica volviendo a derramar lágrimas, llevando la mano del muchacho entre las suyas hacia su frente ante la mirada atónita de éste ─ Le estaré eternamente agradecida ─ Volvió a unir su mirada con la de él.
Levantó un brazo y su mano se alzó hacia el rostro de la joven apartando una lágrima. La chica inclinando su rostro, frotando su mejilla ante la suave caricia. Ambos alentados por un impulso.
El corazón del joven dio un vuelco.
¿Cómo podía sentirse así? ¿Cómo podía sentirse así ante una persona a la que acaba de conocer? ¿Qué tenía esa chica que causaba un gran impacto en él?
Ambos detuvieron sus acciones. Marcando un límite a sus propios sentimientos. Sin saber que ambos compartían los mismos pensamientos.
Shiro quería agradecer. Ella quería ser de utilidad. Quería ser igual de fuerte y poder salvar a las personas como no pudo hacerlo con su hermano.
Estaba decidida.
─ ¡Por favor, permítame servirle! ─ Le dijo al joven rubio con seguridad y convicción.
Kyoujuro la miró confuso ¿Servirle?
¿Qué?
Su rostro explotó en un fuerte sonrojo, sus orejas se calentaron y su pulso se aceleró. Sintió la temperatura en el ambiente subir.
¿Pero que estaba diciendo? ¿Servirle? ¿Cómo mujer? ¿Por qué hacía tal ofrecimiento?
Comenzó a sentirse mareado, no sabía que responder ante tales palabras. ¿Por qué lo pensaba tanto? ¡Tenía que negarse! No era correcto aprovecharse del agradecimiento de las personas. Jamás aceptaría esa propuesta.
─ ¡N-no lo acepto! No ofrezcas tu cuerpo ante nadie incluso si sientes que quedas en deuda ¡Vales mucho más que eso! ─ Respondió con energía y caballerosidad, aunque aún mantenía un leve sonrojo en sus mejillas, en realidad decir aquello le resultó en extremo difícil.
Ahora era el turno de Shiro de mostrarse confundida y decepcionada.
Ante el rostro de la joven Kyoujuro comenzó a sudar frío.
─ ¡Te lo ruego, permíteme serte de ayuda! ¡Permíteme acompañarte en tus misiones y ayudarte a salvar a las personas! ─ Insistió, dejando de lado el respeto y hablándole directamente.
Ah. A eso se refería.
Se sintió avergonzado por su propia interpretación de las cosas. De cualquier manera, la joven pareció no darse cuenta de este hecho.
─ Ya no tengo nada que perder ─ Prosiguió Shiro interrumpiendo los pensamientos del pilar ─ Sin nada que perder entonces puedo dedicarme totalmente a cualquier cosa ¡Quiero ser capaz de salvar a las personas! ─ Habló convencida de sus propias palabras.
El rubio llevó una mano hacia su propio pecho. Ese sentimiento.
Sonrió.
─ El camino que eliges es difícil. Tienes todas las razones del mundo para darte por vencida y a pesar de ello, estas aquí, dispuesta a acompañarme al mismo infierno ─ Kyoujuro pensó que era momento de expresar su admiración ─ Tienes una voluntad fuerte y un corazón amable ¡No puedo rechazar a una persona así! ─ Finalmente accedió.
Shiro pensó, que no existía una persona con una voluntad tan fuerte y con corazón tan amable más que él.
─ Los fuertes tienen el deber de proteger a los débiles, Shiro, tú me mostraste que existe una fortaleza completamente diferente ─ La joven se conmovió ante sus palabras ─ Eres fuerte. De ahora en adelante tendrás que esforzarte al máximo. ¡Yo me encargaré de guiarte por el camino que elijas! ─ Emocionado y con una resplandeciente sonrisa cruzó sus brazos sobre su pecho dispuesto a cumplir sus palabras.
─ ¡Sí! ─ Shiro llevo sus manos contra su pecho, a la altura de su corazón. Cerró los ojos con fuerza reteniendo las lágrimas. Ya había llorado suficiente.
Kyoujuro acarició sus cabellos, consolando y animando a la castaña
Se sonrieron mutuamente y con tranquilidad regresaron a casa. Dejando sobre las tumbas de sus seres queridos un cuchillo sin funda y una promesa.
~o0o~
*Katana: tipo particular de sable de filo único, curvado, tradicionalmente utilizado por los samuráis.
*Haori: chaqueta tradicional japonesa que cae a la altura de la cadera o los muslos.
*Engawa: denominación de una pasarela de madera que conecta ventanas y puertas corredizas en los cuartos de las casas tradicionales japonesas.
*Futon: cama tradicional japonesa que consistente en un colchón y una funda unidas suficientemente plegables.
*Yukata: Vestimenta tradicional japonesa hecha de algodón usada comúnmente en estaciones calidad.
*Shōji: Tipo de puerta tradicional en la arquitectura japonesa. Consiste en papel resistente traslúcido con un marco de madera.
~o0o~
Y aquí está el capítulo prometido, me tarde un par de días más de lo que dije, cielos, ya no puedo confiar ni en mi misma jajaja. Pero aún así logré hacerlo más rápido de lo usual.
Este es sin duda uno de mis capítulos favoritos, me mantuvo en un mar de emociones todo el tiempo, prácticamente escribía llorando la parte en la que finalicé con la vida de Satoshi, fue brutal para mí, pero era algo que necesitaba hacer, espero haber podido transmitir ese dolor y esa pena que sintió Shiro con mis palabras. Escribir sobre la interacción de Senjuro, Kyoujuro y Shiro fue algo alucinante, tenía tantas ideas y me preocupaba salirme de la personalidad original de los personajes, pero creo que adapté bien sus reacciones a situaciones que no se mostraron en la historia original, como lo es la interacción de Kyoujuro con una chica que llama su atención más allá de su deber de protección o a Senjuro tomando las riendas de un momento complicado. Estoy bastante satisfecha del resultado de este capítulo.
Por favor, cuéntenme, denme a saber su punto de vista, que fue lo que les llamó la atención o cual fue su parte favorita, amo leer sus comentarios y el saber que les pareció entretenido, o divertido. Solo me queda agradecerles de corazón por continuar esta historia junto conmigo, gracias a las personas que leen en silencio y también a aquellos que me han regalado reviews y favoritos, me vuelve muy muy feliz.
Espero podamos a volver leernos pronto, mientras, les aseguro que no abandonaré esta historia. Nos leemos luego.
Adiooooooos~
