Ángel del Destino.
Quinta parte.
El ángel Tront despegó la cabeza del suelo y miró de nuevo a Senku y Kohaku, que seguían devorándose los labios como si nada más les importara.
La tormenta comenzó a despejarse, los rayos y truenos desaparecieron, la lluvia dejó de caer y las nubes comenzaron a abrirle pasó al cielo nocturno, todo a medida que el humor del ángel del destino mejoraba.
—¡Lo logramos! ¡Lo logramos! —Su compañera, el ángel Lein, se lanzó sobre él de inmediato, haciéndolo volver a caerse de cara al suelo—. ¡Se están besando, están enamorados, lo conseguiste! —Lo abrazó con fuerza, elevándolo en el aire junto con ella, que voló con alegría hasta las pocas nubes restantes.
—Creo que estoy demasiado sorprendido para celebrar. —Rio nerviosamente, alejándose de ella y volando hasta quedar frente a Senku y Kohaku, que seguían enfrascados en su tarea de besuquearse.
Tenía la sospecha de que incluso si fuera visible para los humanos y estuviera volando en círculos alrededor de ellos no se darían cuenta de que estaba allí, con lo enfrascados que estaban en el beso.
Wow, la tensión sexual que venían acumulando durante todos estos meses sí que los tenía mal. Los tenía DEMASIADO mal, teniendo en cuenta que ya estaban empezando a toquetearse y Kohaku parecía querer jalar a Senku dentro de su casa.
—Qué injusto… llevó años esperando este momento, y el arcángel Oryon tenía que arruinarlo. —Lloriqueó, levantando una mano hacia la pareja—. Lein… perdóname. —Agitó una mano en dirección a Senku y Kohaku, dándoles a cada uno un considerable dolor de estómago que los hizo apartarse de inmediato, sujetando sus vientres con muecas adoloridas.
—¡¿Pero qué has hecho?! —Lein chilló espantada, como si hubiera invocado al mismísimo rey del infierno delante de ellos.
—He hecho lo que debía. —Sacó su pañuelo para limpiarse la nariz ruidosamente.
—¡¿Estás completamente loco?! ¡Acabas de sabotear todo tu trabajo de años, Tront!
—Maldita sea… —El gruñido de Senku distrajo al ángel Lein de seguirle gritando a su compañero—. Creo que comí demasiadas de esas frituras que trajiste…
—Parece que yo también, debían tener algo malo. —Kohaku se enderezó con dificultad—. ¿Tienes algún medicamento para el dolor?
—Sí, pero en mi casa. ¿Quieres ir a una farmacia? —Ella asintió y los dos caminaron miserablemente hasta su auto, donde Senku tomó el volante y condujo con dificultad a la farmacia más cercana.
Lein los siguió a regañadientes, sin querer que por un descuido tuvieran alguna clase de accidente, y el ángel Tront la siguió más apartado, sin querer que su compañera volviera a gritarle.
Mientras compraban el medicamento, el ángel de la guarda aprovechó para acercarse al ángel del destino y sacudir sus hombros bruscamente.
—¡En serio! ¡¿En qué estabas pensando?! ¡¿Por qué los separaste?! ¡Esto es lo que más hemos esperado!
—¡Lo sé! —Lloró a viva voz—. ¡¿Pero qué querías que hiciera?! ¡Si los dejo concebir al alma jamás nacida esta noche el arcángel Oryon se daría cuenta y me arrancaría las alas!
—Pero si no lo escribes en el reporte no tiene porqué saberlo. —Lo soltó haciendo pucheros.
—Se daría cuenta, Lein. —Volvió a limpiar su nariz con el pañuelo—. El alma jamás nacida ya no estaría en su jardín, lo notaría y se daría cuenta de inmediato de que es mi culpa. Me arrojaría al infierno de cabeza. —Palideció de solo pensarlo.
—Oh… claro. —Se mordió el labio, preocupada—. ¿Pero y entonces qué? ¿Dejarás que se separen ahora?
—No tengo otra opción, no puedo dejarlos seguir. —Volvió a lloriquear, antes de ponerse serio—. Si el arcángel quisiera arrancarme las alas solo a mí, tal vez correría el riesgo, pero sabría que tú eres mi cómplice y también te lastimaría. —La miró con sus ojos azules llenos de tristeza—. No puedo dejarlo.
—Tront… —Ella abrió mucho los ojos, llevándose las manos al pecho.
—Honestamente, yo también quiero golpearme. —Bufó, volviendo a agitar una mano hacia la pareja en cuento se bebieron el medicamento. Bajó un poco el dolor, pero lo mantuvo molesto para que ni pensaran en continuar lo que dejaron pendiente.
—Vaya, el efecto es casi inmediato —murmuró Kohaku, sorprendida—. Ya me duele menos, pero aún sigue molestando.
—Nunca lo vi actuar tan rápido, por una vez tuvimos suerte. —Senku rio entre dientes, todavía sujetándose el estómago—. Deberíamos irnos cada quien a su casa. Toma mucha agua y trata de descansar, seguramente mañana estaremos mejor.
—Ok…
Ambos se veían decepcionados, y evitaron mirarse el uno al otro.
Tront suspiró miserablemente al ver a Senku marcharse en taxi después de dejar a Kohaku en su casa.
De no ser por la amenaza del arcángel Oryon, ellos podrían estar concibiendo al alma jamás nacida ahora mismo y él sería un ángel libre, pero no, se vio obligado a interrumpirlos para no acabar con las alas desgarradas y desterrado al infierno, y además arrastrando a su querida compañera con él, cosa que jamás se perdonaría.
Una vez los dos se durmieron, se reunió con el ángel Lein, que se veía tan miserable como él se sentía.
—¿Y qué se supone que vamos a hacer? —le preguntó, desesperada—. ¿No podremos dejarlos avanzar en su relación? No sin condenarnos al infierno, al menos…
—Bueno… eso no es necesariamente cierto…
—¿No?
—Tengo un as bajo la manga…
—¡¿Sí?!
—No quería recurrir a él, pero el arcángel Oryon no me deja más opción. —Enderezó su espalda, desplegando sus alas—. Vamos, Lein, te presentaré a mi último recurso de emergencia. —Le tendió la mano y volaron hasta los cielos.
—¡¿Y qué o quién es este último recurso?! ¡¿Y por qué no lo llamaste antes?! —le preguntó mientras volaban fuera del mundo terrenal.
—¡Detesto tener que depender de él! Pero te aseguró algo, si no supiera que puedo recurrir a él, jamás habría desafiado la orden del arcángel Oryon —confesó, riendo entre dientes mientras la arrastraba con él a un jardín celestial que nunca antes había visto.
Era uno de los jardines más bellos que había tenido el honor de pisar. Un paisaje invernal, montes cubiertos de nieve, preciosas esculturas de hielo y nubes volando alrededor, dejando caer una suave nevada. También, a pesar del ambiente gélido, el lugar estaba cubierto de flores blancas y azules, y todas las almas flotando allí parecían danzar al sereno ritmo del tintineo de unas campanas de hielo.
—Wow… nunca vi un jardín como este —murmuró el ángel Lein, maravillada—. Es precioso.
—Wow, muchas gracias. —Una figura voló frente a ellos, arrancándole un gritito al ángel de la guarda—. Es mi creación personal.
Frente a ellos, se erguía un arcángel (prueba de ellos sus tres pares de alas). Él tenía la piel morena, cabello rojo oscuro atado en una coleta baja y grandes ojos grises. Un flequillo descuidado caía sobre su mirada amable y tranquila. Vestía algo parecido a un kimono, con distintos tonos de azul oscuro. Y, por supuesto, todos los ángeles sabían quién era él.
—A-arcángel Sheen… —Lein de inmediato hizo una profunda reverencia.
—Es un placer tener visitas. —Su aura era pacífica y calmada, se sentía bien el solo estar en su presencia—. Y Tront, viejo amigo, hace tiempo no me visitas.
—Ay, ajá, déjate de formalidades. —Tront se acercó a él y le dio una fuerte palmada en la espalda, haciendo que todo el color se drenara de la cara de Lein, que jadeó horrorizada por su irrespetuosidad—. También es bueno verte, pero ¿viejo amigo? Solo pasaron unos siglos, ni tan viejo, eh. —Rodeó sus hombros confianzudamente.
—Bueno, definitivamente te eché de menos, se sintió como si fueran milenios. —Rio afablemente—. Pero bueno, ¿qué te trae aquí? Siento que el último millón de años solo has venido a verme cuando quieres pedirme favores… ¿O acaso finalmente vienes a anunciarme que te casaras? —Miró con ojos brillantes al ángel Lein, que de inmediato negó frenéticamente con la cabeza, agitando los brazos y las alas.
—Je, no, soy muy joven para eso, ni siquiera cumplí mis veinte millones de años. —Bufó—. En realidad… este es un favor difícil, pero no te lo pediría si no estuviera desesperado… —Apretó los puños—. Es un problema con otro arcángel.
El ángel Tront le explicó todo a su amigo el arcángel Sheen, que lo escuchó con rosto muy serio, cerrando los ojos cuando acabó su explicación.
—Tront, solo te preguntaré esto una vez… ¿Tú realmente crees que ella es la mujer correcta? Sí dudas, no me pidas este favor, pero sí estás seguro… creeré en ti con todo mi ser. —Lo miró con seriedad mortal.
El ángel del destino bajo la cabeza, apretando los puños.
¿Dudar? Cuando se trataba de Senku, nunca podía estar seguro de nada, pero después de todo lo que vivió junto a Kohaku… después de soñarla, apoyarla, acompañarla y besarla… ¿cómo podría dudar?
—Estoy seguro. —Miró a su amigo directamente a los ojos—. Sé que ella es la correcta.
El arcángel sonrió suavemente, antes de asentir.
—Acompáñenme.
Volaron hasta el jardín personal del arcángel Oryon, un lugar donde había poca vegetación y la mayoría del suelo estaba cubierto de mármol blanco y brillante, con grandes columnas que llegaban hasta las nubes más altas, y ninguna alma rondando por allí. A pesar de que ese no era un ambiente invernal, se sentía mucho más frío que el jardín del arcángel Sheen.
—¿Qué están haciendo aquí? —El arcángel Oryon se apareció con rostro lleno de enfado—. ¿Arcángel Sheen? ¿Qué te hace sentirte con el derecho de invadir mi propiedad con estos ángeles de baja categoría? —Se plantó frente a él con mala cara.
—Oh, Oryon… —El arcángel Sheen sonrió dulcemente—. ¿Qué te hace sentirte con el derecho de hablarme así? —Desplegó sus alas y todo el peso de su poder cayó sobre el arcángel Oryon, haciéndolo caer de rodillas en el suelo.
El ángel Tront tomó la mano del ángel Lein y la hizo retroceder un poco, para no correr el riesgo de que el poder de su amigo también la aplastará contra el suelo.
—¿Qué haces?... —preguntó Oryon, sin aliento—. ¡Tú y yo tenemos el mismo rango!
—Que tengamos el mismo rango no quiere decir que tengamos el mismo poder. —Su sonrisa dulce se mantuvo—. Tú fuiste aceptado como arcángel hace unos pocos milenios, yo tengo mi puesto desde hace millones de años. No solo debes respetar el rango, también debes respetar la experiencia. —Cerró los ojos solemnemente—. Yo fui un ángel del destino antes de ser un arcángel, tú solo fuiste un ángel inquisidor. ¿Qué te da el derecho de cuestionar el trabajo del ángel Tront, si no lo entiendes?
—Soy su superior… —Alzó la cabeza con dificultad—. Tengo derecho a evaluar su situación y ordenarle cómo actuar…
—Bueno, te revocó ese derecho. —Guardó sus alas y el arcángel Oryon finalmente pudo erguirse, respirando con dificultad—. Desde este momento el ángel Tront y el ángel Lein actúan bajo mis órdenes, te prohíbo darles cualquier orden, o amenazarlos, o dañarlos de cualquier forma. Si te atreves, te enfrentaras a mí.
—Esto es abuso de poder, Sheen. —Lo miró con disgusto—. Solo porque se criaron juntos, no te da derecho a…
—Abuso de poder fue lo que tú hiciste —lo interrumpió con frialdad, perdiendo la sonrisa—. Humillar a aquellos que están por debajo de nosotros, sin siquiera darles oportunidad de hablar, y sin entender su trabajo, me parece inconcebible. Hay una razón por la cual dividimos el trabajo y no son los arcángeles los que se encargan de todo, no todos son perfectos para el mismo trabajo, y necesitamos aprender de los ángeles con rangos inferiores tanto como ellos necesitan aprender de nosotros. Defiendo el trabajo del ángel Tront porque confió en él, y en los resultados que ha traído, tengo mis motivos. En cuanto a tu motivo, es irresponsable y riesgoso para el futuro de la humanidad. Si el ángel Tront se equivoca, la responsabilidad caerá en mí, pero yo elijó confiar. —Suspiró, dándole la espalda—. Desde este momento, me encargaré de la investigación sobre el designio divino. Quedas fuera de este trabajo. ¿Te quedó claro?
El arcángel Oryon gruñó por lo bajo, mirando con rabia al ángel Tront, que tragó saliva.
—Claro como el agua…
—Y quiero que te quedé algo muy en claro. —Sheen volteó a verlo de reojo—. Si atentas contra el ángel Tront o el ángel Lein, no solo te arrancaré las alas, sino que yo mismo te encadenare al pozo más oscuro del infierno. —El arcángel Oryon palideció—. Ah, y también quiero que te mantengas lejos del ángel administrador para este asunto. —Su sonrisa dulce regresó—. Este caso ahora está bajo mi cargo. Esperó que te haya quedado claro.
—Solo váyanse de una vez. —Apartó la mirada furiosamente—. Este aún es mi terreno.
—Con gusto. —Desplegó sus alas y voló fuera de su jardín, en compañía del ángel Tront y el ángel Lein.
—Vaya, amigo… a veces olvidó lo aterrador que puedes ser. —Tront rio nerviosamente, frotando su codo en el hombro del arcángel Sheen.
—Di-disculpé, arcángel Sheen. —La voz de Lein se alzó tímidamente—. ¿Esto significa que ya podemos hacer que el alma jamás nacida nazca de mi Kohaku? ¿Sin impedimento? —Lo miró esperanzada.
—Por supuesto. —Él volteó a sonreírle amablemente—. Tront ha dicho que está seguro, y tienen toda mi aprobación. Pueden continuar con la misión como a ustedes les parezca mejor.
Los dos ángeles de menor rango intercambiaron sonrisas.
¡Finalmente, podrían lograr que la relación de Senku y Kohaku diera el paso definitivo!
El ángel Tront se despidió del arcángel Sheen y volvió junto a la guardiana al mundo terrenal, donde sus respectivos humanos todavía dormían.
—¡Eso fue tan increíble, Tront! —El ángel Lein lo abrazó con entusiasmo—. ¡No puedo creer que tengas a un arcángel tan poderoso de tu lado! ¡Puso a ese arrogante superior en su lugar, eso le pasa por atreverse a llamar a mi Kohaku una mujer cualquiera! —Sonrió vengativamente.
—Seh, él fue la razón por la que me atreví a seguir con los avances, sino jamás habría aceptado, por más que me frustrará. —Rio con nerviosismo—. Sé que bromeo mucho con eso, pero de verdad no quiero que me arranquen las alas. —Se estremeció de solo pensarlo.
—Claro, nadie quiere ese destino tan horrible. —Ella también se encogió, abrazándose a sí misma—. Ser un ángel caído es peor que la muerte.
—Bueno, depende. —Tront miró pensativo al cielo—. Hay algunos ángeles que renuncian a sus alas para vivir entre los mortales, pero sí, cuando te las arrancan como castigo también te arrojan al infierno, donde los demonios te torturan hasta que consumen toda la pureza que pudo haber quedado en tu alma.
—Oh, no sabía que se podía renunciar a nuestras alas. —Lo miró impresionada.
—No es algo que pasé muy seguido, y tú eres como dos millones de años más joven que yo. —Rio, volando hasta casa de Kohaku junto a ella—. Yo solo lo vi una vez cuando apenas tenía unos cuantos millones de años, pero creo que volvió a pasar no hace mucho. Los superiores suelen encubrir esas cosas.
—Vaya, luego veré si puedo leer algo al respecto en la Gran Biblioteca. —Llegaron a casa de Kohaku y traspasaron el techo para verla dormida en su habitación, con el ceño fruncido mientras enterraba el rostro en su almohada—. Hmm, esta vez no parece estar soñando con algo agradable…
—No me extraña, tuve que romper su burbuja. —Tront volvió a lloriquear, sacando un pañuelo y frotando las comisuras de sus ojos—. Seguro ahora están entrando en esa molesta etapa de duda…
—¿Etapa de duda?
—Siempre pasa, cuando alguien rompe la burbuja. —Bufó, sentándose con desgano en el piso—. La "burbuja" es un hermoso momento donde los humanos no piensan en nada, se dejan dominar por sus sentimientos y sus hormonas, y hacen más fácil mi trabajo, también es más fácil que acepten los susurros angelicales en ese momento. —Suspiró con anhelo—. Pero cuando la burbuja se rompe abruptamente y no les da tiempo a dejarse llevar, empieza la etapa de duda. "¿En qué estaba pensando?", "No debí haberlo besado", "¿Y si fue cosa del momento y no siente lo mismo que yo?" ¡Casi puedo olerlo! —Estrelló las manos en el piso, con una mirada desquiciada en el rostro, pero pronto carraspeó, volviendo a poner cara seria—. Veamos cómo se comportan al despertar. Tú vigila a Kohaku, yo iré a ver qué tal está Senku. Reúnete conmigo apenas puedas.
Tront voló de regreso a casa de Senku y esperó a que despertara.
Él parecía bastante normal, hizo su rutina mañanera tranquilamente y fue a trabajar como si nada. ¿Eso era bueno o malo? Tratándose de Senku, el ángel Tront jamás podía estar seguro de si un comportamiento era normal o no.
Al menos lo consolaba que parecía un poco pensativo mientras trabajaba en los planos de su cohete a solas, quería pensar que estaba pensando sobre Kohaku y el momento que compartieron. Bueno, era obvio que debía estar pensando en ella, antes de conocerla no había nada que lo distrajera de su precioso trabajo científico.
Se reunió con el ángel Lein al mediodía, aprovechando que sus humanos estaban almorzando.
—¿Y cómo está Kohaku? Porque con Senku no tengo idea. Del uno al diez yo diría que su nivel de afectado es un dos o tres, como mucho.
—Pues… ella está bien, normal —contestó, pensativa, y el ángel Tront casi cae en picada al suelo, pero su amiga lo sostuvo—. ¡Todavía no acabé! Escucha, está normal, pero como que está un poco pensativa y también un poco extraña. ¡Está tarareando! ¿Eso qué significa? Bueno, no es raro que tararee en su casa, pero lo está haciendo en frente de sus compañeros de trabajo y ella es súper profesional.
—Suele ser una buena señal, puede que esté feliz por el beso… —Se llevó una mano a la barbilla—. Quizás... Mmm, tengo una hipótesis, estaré siguiéndola a ella por hoy, ya que no me sirve de nada vigilar las confusas actitudes de Senku de todos modos.
—¡Excelente, trabajo en equipo!
Voló con ella hasta la mansión Nanami donde Kohaku trabajaba como guardia de seguridad, y la vio parada firmemente en su sitio junto a una ventana mientras Ryusui hablaba con su hermano Sai.
Se acercó a Kohaku, viendo sus ojos fijos en el techo, y pudiendo percibir un suave y casi inaudible tarareo de una canción alegre y lenta, pero eso no era todo, podía notar como constantemente fruncía y apretaba los labios, y a veces hasta se llevaba los dedos a la boca, sonriendo de forma apenas perceptible al apartarlos.
—Creo que lo tengo —murmuró el ángel Tront, con las manos cubriendo su boca y sus ojos muy brillantes—. Ella… está enamorada de Senku.
—No, ¿en serio? No me digas. —Lein le dio un zape en la nuca—. ¿Y será que el césped es verde, genio?
—¡No necesito tu sarcasmo, muchas gracias! —La miró mal—. Me refiero a que es posible que ella finalmente haya aceptado ese sentimiento. ¿Recuerdas cuándo se conocieron? Ella dijo que tampoco estaba interesada en las relaciones sentimentales, así que supuse que sería difícil hacerla caer. Ya han pasado más de dos años, y finalmente parece que lo ha reconocido. —Sonrió victorioso, hinchando el pecho con orgullo—. ¡Esta es la mitad del trabajo completo! Falta la otra mitad, el insensible de Senku, que ya está casi en bandeja de plata.
—Oh, creo que entiendo. —Asintió, frotando su barbilla—. Bueno, hoy irá a cenar con su hermana, probablemente le platiqué algo allí, Ruri le ha estado preguntando por su relación con Senku.
—Bien, iré también. Me interesa ver qué le dirá.
Volvió con Senku para esperar la hora en la que Kohaku visitaría a su hermana, aprovechando para analizar su actitud. Era frustrante como él no parecía siquiera recordar el beso, lo único que lo consolaba era verlo más distraído que de costumbre, o ya estaría haciéndolo desmayarse solo para que pudiera hacerlo soñar con ese beso y tuviera a la chica en su mente.
En la noche fue a ver a Kohaku visitar a su familia, jugar con su sobrino de un año y medio y pasar un buen momento con su padre, Suika, Ruri y su cuñado, hasta que las dos hermanas de ojos azules decidieron irse a hablar a solas a la biblioteca, bebiendo té y comiendo bocadillos.
—Te he notado un poco distraída hoy —comentó Ruri—. Parece que estás de buen humor, sin embargo. Eso me alegra. ¿Te dieron otro aumento en tu trabajo?
—No. —Apartó la mirada, sonriendo con las mejillas levemente ruborizadas—. La verdad… se trata de Senku.
—¿Senku-san? ¿Finalmente te reuniste con él?
—Sí, y… —Bebió un gran sorbo de su taza de té, enrojeciendo más—. De hecho… nos besamos —reveló, riendo nerviosamente.
—¡¿En serio?! —Ruri la miró boquiabierta.
Kohaku se metió un puñado de galletas en la boca y asintió enérgicamente, sonrojándose más.
—Sí, pero esta no fue la primera vez. ¿Recuerdas que te dije que él tiene una amiga que lo besó? Pues esa amiga ¡era yo! Yo fui la que lo besó, cuando me emborraché mucho y él durmió en mi casa. De hecho, creo que más o menos lo recuerdo, pero pensé que era solo un sueño.
—Bueno, podrías haberme ahorrado muchos problemas diciéndome eso antes, querida Kohaku. —Tront crujió los dientes y el cielo visible a través de la ventana de la biblioteca comenzó a nublarse.
—¿Entonces si te gusta más que como amigo, no? —Ruri sonrió emocionada—. Y a él también le gustas, si te besó.
—Ja, de Senku no estoy muy segura. —Se bebió el resto de su té de golpe—. Pero yo lo admito, creo que estoy enamorada de él. —Sonrió, apretando con fuera la taza en sus manos—. Nunca sentí algo como esto… es extraño, siento que me gusta desde hace mucho tiempo, pero ahora… no lo sé, siento algo mucho más fuerte. ¿Eso tiene sentido?
—Puede que sea amor. —Ruri se sentó a su lado y la abrazó cariñosamente—. ¡Esto es tan hermoso, Kohaku! ¡Tienes que decírselo!
—De ninguna manera.
—¿Qué? —preguntó Ruri.
—¡¿QUÉ?! —chilló Tront.
—No creo que él sienta lo mismo…
—Pero te beso —dijeron al mismo tiempo Ruri y Lein, mientras que el ángel Tront estrellaba la cabeza en el suelo una y otra vez.
—Sí, pero luego no dijo nada, y hoy le mande un mensaje para vernos y me dijo que estaba muy ocupado.
—¡¿Qué él hizo QUÉ?! —Tront casi se desmaya ahí mismo—. ¡Lein! ¡¿Cómo no viste que le mandó ese mensaje?! —Voló a sacudir sus hombros con desespero.
—¡No lo sé, la estuve vigilando todo el tiempo! Quizás fue durante el almuerzo, cuando nos reunimos a hablar…
—Rayos…
—Quizás de verdad está ocupado, no tienes por qué pensar mal. —Las palabras de Ruri no bastaron para animar a Kohaku y los ángeles.
—Puede ser, pero aun así no creo que él quiera una relación y la verdad tampoco sé si yo quiero una. —Sus palabras se sintieron como un flechazo directo al pecho para el ángel Tront—. Me va muy bien en mi trabajo, y sé que Senku finalmente está comenzando a cumplir su sueño de fundar su empresa para construir cohetes o lo que sea. ¿Cómo vamos a tener tiempo para una relación en medio de eso?
—Bueno, eso es algo que deberías hablar con él. Creo que lo mejor sería decirle tus sentimientos, y luego juntos pueden pensar qué hacer —insistió Ruri, mientras el ángel Lein intentaba levantar a su compañero del suelo.
—Es que… ¿por qué decírselo si esto no va a ir a ningún lado? —Kohaku se soltó de su hermana y subió las piernas al sofá, abrazándolas y enterrando el rostro en sus rodillas—. Ni siquiera quiso hablar de eso ayer, ni siquiera quiso verme hoy, no creo que quiera encontrar una forma de que las cosas entre nosotros funcioné. —Cerró los ojos, y por fuera empezó a caer una leve llovizna—. Y si no quiere… ¿por qué lastimarme a mí misma preguntándole? Prefiero ahorrarme esa molestia. —Apartó la mirada.
El ángel Tront se hizo bolita en un rincón de la habitación y la lluvia empeoró, y ni Lein supo qué decirle.
—Kohaku… —Ruri colocó una mano en su hombro, haciendo que volteara a verla—. Sé que has llegado a conocer muy bien a Senku-san, y que tienes tus motivos para pensar lo que piensas, pero… si no le dices lo que sientes, ¿no crees que podrías arrepentirte después? Siempre te ha gustado tomar riesgos, y esta vez lo peor que podría pasar es que se rompa su amistad, e incluso así tú podrías saber con certeza que al menos lo intentaste. Si de verdad lo amas, yo creo que deberías decírselo. —Acarició su cabello—. Piénsalo bien, no tiene por qué ser ahora.
Kohaku asintió lentamente, con rostro pensativo.
El ángel Tront salió fuera de su rincón y la lluvia volvió a ser una llovizna en lo que miraba con curiosidad a Kohaku.
¿Lo haría? ¿Confesaría sus sentimientos? Podía ayudarla a darle motivos para hacerlo, pero primero… debía asegurarse de que el dolor de cabeza también conocido como Senku le dijera que sí.
Bien, hora de sacar el armamento de tortura.
—Ya vi todo lo que tenía que ver con Kohaku, ahora me encargaré de Senku. Tú mantenla bien vigilada —le dijo a Lein, que asintió, con una mano en la frente.
Volvió con Senku, viéndolo de nuevo enfrascado en sus planos, garabateando muchos cálculos súper complicados.
Sonrió maliciosamente, usando el susurro angelical para hacerlo pensar en el nombre de Kohaku cada cuatro o seis segundos, hasta que inconscientemente él acabo escribiendo "Kohaku" en su plano, en vez de sus números y símbolos matemáticos.
Senku se congeló por completo, mirando al plano con la boca abierta y las cejas torcidas, mientras que el ángel Tront reía traviesamente.
Ese truco siempre funcionaba.
Fue entonces cuando el ángel Tront se congeló, dándose cuenta de que acababa de usar con Senku (¡con SENKU!) un truco típico de él, una estrategia normal, algo que usó en hombres románticos, en un poeta, en un cantante y en un escritor, ¡y había funcionado en él también!
¿Pero qué era esto? ¿Senku haciendo algo que alguna vez hizo un poeta del siglo XVIII? ¡Si este hombre no estaba enamorado de esa mujer, sería el mismo Tront el que se arrancaría sus propias alas y se encadenaría al infierno!
Pensó en Kohaku, y en su conversación con Ruri, y por una vez el ángel Tront decidió hacer algo que nunca creyó que haría: recurrir a sus peores enemigos.
Lo bueno era que Byakuya y Lillian aprobaban a Kohaku, y lo excelente era que ella tampoco parecía abrumada por ellos, así que tenía esperanzas de que esta vez ellos pudieran ser buenos aliados.
Al día siguiente, como ni Senku ni Kohaku hicieron algún movimiento para verse, Tront fue a ver a Byakuya y Lillian, usando susurros angelicales para darles la idea de visitar a Senku. No tuvo que insistir mucho y ellos pronto accedieron, aunque acordaron verlo el fin de semana, ya que tenían mucho trabajo. El ángel del destino no tuvo más que resignarse.
Kohaku le mandó un mensaje a Senku solo para hacerle una pregunta sobre cómo lavar su auto, y él le contestó normalmente, luego no se dijeron nada más y el ángel Tront decidió no presionar, al menos no por ahora.
Senku se vio con sus padres el domingo, y el ángel Tront ni tuvo que hacer nada, apenas llegaron a su casa los dos le preguntaron por Kohaku.
—¡¿No la invitaste también?!
—¡¿Ya son novios?!
—¡¿Para cuándo mis nietos?!
Senku estrelló una mano en su frente, negándose a decirles nada.
Prepararon la cena entre los tres y se sentaron a comer hablando del progreso de la nueva empresa de Senku, hasta que volvió a surgir el tema de Kohaku.
—Sabes, hijo, me parece raro que no quieras hablar sobre Kohaku-chan —dijo Byakuya, meneando las cejas—. Ni siquiera quieres decir que es solo una amiga, como hacías antes. ¿Será que algo cambió?
—Lo único que cambió es lo pesado que puedes llegar a ser, ahora eres diez billones por ciento peor que antes. —Rascó su oído con fastidio.
—Vamos, Senku, es cierto que estás actuando diferente —musitó Lillian, riendo cantarinamente—. Puedes decirnos si necesitas consejos para conquistarla, ¡te ayudaremos encantados!
Senku se quedó en silencio y Byakuya, Lillian y el ángel Tront abrieron mucho los ojos. ¿Acaso él en serio iba a…?
—Tengo que decirles algo —dijo, finalmente.
—Claro, hijo, puedes decirnos lo que quieras. —Byakuya dejó su actitud de payaso y lo miró con una sonrisa sincera.
—Hace unos días… yo… —Byakuya y Lillian se inclinaron sobre sus asientos, acercando sus rostros expectantes a Senku, mientras que el ángel Tront estaba casi volando en su cara, esperando escuchar qué iba a decir—. Yo… acepté irme a un viaje de negocios a Brasil.
—¡¿QUÉ?! —Tanto Byakuya, como Lillian, como Tront, acabaron yéndose de espaldas al suelo.
—Solo serán unos meses. Cuatro o cinco. —Carraspeó—. Necesito comprar material barato para mi primer cohete reutilizable, y ya debó comenzar a construirlo. Es algo que no puedo aplazar. —Apretó los puños bajo la mesa, cosa fácilmente visible para Tront ya que seguía con su nariz besando el suelo.
—Ow, pero ¿y qué pasa con Kohaku-chan? —Byakuya lo miró con ojos de cachorrito regañado—. ¿No se sentirá mal si te vas tanto tiempo?
—Mi relación con ella es algo que no te incumbe, viejo. —La pareja y el ángel suspiraron con hastío ante esas palabras.
¡Era obvio que sentía algo por ella! ¿Cuándo iba a admitirlo?
Tront empezó a molestarse y el cielo comenzó a llenarse de rayos, relámpagos y truenos.
Oh, si Senku pensaba que iba a salir como si nada de esto estaba muy equivocado.
Decidió que lo dejaría viajar, ya que tampoco quería arruinar su trabajo, pero iba a aprovechar esta oportunidad para darle una elección a su humano testarudo. Y se iba a asegurar de darle donde le dolía.
La próxima semana, Senku tuvo que verse con Kohaku sí o sí, ya que necesitaba hablar con Ryusui debido a que era su patrocinador más importante. Ellos se saludaron como si nada, y el ángel Tront ni siquiera tuvo que darle la idea a Ryusui, él solito después de media hora se excusó con que tenía que hacer una llamada y dejó a Senku solo con Kohaku como única guardia allí (cosa que ya había arreglado de antemano). El ángel verdaderamente adoraba a ese entrometido.
—Senku, ha pasado tiempo —dijo Kohaku, aceptando el susurro de Tront para hablarle primero.
—Solo unas semanas. —Rio entre dientes, rascando su oído con indiferencia—. Nada comparado a antes, que apenas nos veíamos.
—Es cierto, pero ahora somos amigos… ¿no?
—Sí…
Ambos evitaron mirarse y hablar por un buen par de minutos súper incómodos.
—Así que —Kohaku finalmente rompió el hielo— ¿vas a viajar por unos meses a Sudamérica, eh?
—Sí, es algo que tengo que hacer. —Carraspeó—. El primer cohete es muy importante, necesito dar una buena impresión para que más empresas o gobiernos contraten mi empresa.
—Ja, ya veo, suena a que es un proyecto impresionante. —Sonrió, genuinamente emocionada por la idea—. Podrías ir a visitarme antes de irte, así podríamos jugar videojuegos y tal vez… hablar un poco.
Senku pareció pensativo y el ángel Tront tragó saliva. ¿Kohaku ya quería confesarse? No estaba seguro de si le gustaba esa idea, ¡todavía no había usado sus jugarretas para garantizar que Senku diría que sí!
—Estaré muy ocupado… —contestó él finalmente y Tront casi suspira de alivio—. Pero supongo que puedo ir el domingo, al menos un rato.
Kohaku sonrió y el ángel del destino empezó a morderse las uñas.
¿Esto era buena idea? ¡Sí le decía que no, juraba por el creador que lanzaría un rayo en medio de toda la narizota de Senku!
Cuando llegó el domingo, las dudas de Tront se dispararon y una fuerte tormenta comenzó.
¿Qué haría si ella se confesaba y él decía que no? ¡Todo su progreso se iría al caño, más porque luego se iría de viaje por meses!
No estaba seguro, no quería correr el riesgo.
Con todo el dolor de su corazón, empeoró la lluvia hasta volverla granizo, y Senku y Kohaku tuvieron que cancelar la visita.
Apenas se canceló la visita, Lein voló hasta Tront para darle un gran coscorrón en la cabeza.
—¡¿En qué estás pensando?! ¡Quizás ella se le hubiera confesado hoy! ¡Comienzo a sospechar que de verdad te has vuelto loco!
—¡No estoy loco! Tengo un plan —se excusó—. Confía en mí, voy a garantizar que Senku le diga que sí, aunque tardé un poco más…
—Bueno, pero no lo arruines, Tront. —Volvió a darle un coscorrón—. Tu tonto granizo desanimó mucho a mi Kohaku, solo esperó que no lo arruines.
El próximo domingo, Senku se preparó para emprender su viaje a Brasil, y Kohaku fue una de los que fueron a despedirlo.
—No olvides llamarme, eh. —Le dio un leve golpe en el brazo que de todos modos lo hizo gimotear—. Me lo debes por no haber ido el domingo.
—Lamentó informarte que no puedo controlar el clima, leona.
—¡No soy una leona! Y ja, nada me sorprendería de tu ciencia extraña, solo no olvides que la ciencia también permite las llamadas internacionales. —Le sonrió de forma casi coqueta—. Así que llámame.
Senku no le quitó los ojos de encima mientras subía las escaleras del avión, y el ángel Tront se cuestionó si de verdad le hubiera dicho que no de haberlo dejado ir el domingo. Ese hombre ya parecía perdido por esa mujer.
Sin embargo, no había miradita que salvara a Senku de las torturas que le tenía preparadas.
No le costaba nada volar de Japón a Brasil, así que empezó su plan para ofrecerle a Ryusui un negocio irresistible y muy importante al otro lado del mundo.
Oh, sí, no pensaba tener a su parejita predilecta separada por mucho tiempo.
Le tomó más de tres meses, pero finalmente Ryusui tuvo una excusa para ir a Brasil, a la misma ciudad en la que estaba Senku, y por supuesto que la tomó, y ni siquiera tuvo que darle la idea de llevar a Kohaku con él, su entrometido favorito ni dudo en ponerla en su equipo para el viaje, cosa que impresionó mucho a la chica, pero claro que accedió, con lo profesional que era.
De todos modos, esa era solo la primera parte del plan.
Durante esos tres meses, el ángel Tront estuvo trabajando en mejorar la relación de Kohaku con uno de sus compañeros guardaespaldas, no al punto en el que ella podría verlo como algo más que un amigo, pero sí al punto donde él empezó a coquetearle y a insistir en pasar tiempo con ella. Y, justo cuando llegaron a Brasil y comenzaron a instalarse en el mismo hotel en el que Senku se hospedaba, Tront se aseguró de que la imagen de Kohaku riendo mientras su nuevo amigo cercano la tomaba de los hombros fuera lo primero que Senku vio de ella.
Su boca desencajada y el tic en su ceja fue tan satisfactorio que no resistió el impulso de hacer a Kohaku tropezar, a lo que su amigo guardaespaldas, teniendo reflejos casi tan buenos como los de ella, claro que la salvo de una fea caída, sosteniéndola de la cintura para ayudarla a estabilizarse.
Senku, con cara de que acababan de meterle medio kilo de limón por la nariz, se acercó a ellos de inmediato.
—Leona, qué sorpresa —la saludó con tono ácido, con la sonrisa más falsa que le había visto nunca.
—¡Senku! —La reacción de ella fue todo lo contrario, ella no sabía que se quedarían en el mismo hotel y de inmediato se lanzó a abrazarlo—. ¡Sí que ha pasado tiempo! ¡Qué bueno verte, incluso aunque me digas ese horrible apodo!
La amargura se borró de inmediato del rostro de Senku y él posó sus manos confianzudamente en su cintura, sonriendo sinceramente.
—Pareces sorprendida, ¿Ryusui no te dijo que se quedarían en mi hotel?
—¡No, no dijo nada! —Se apartó de él—. ¿Tú lo sabías? Pudiste haberme mandado un mensaje, ¿por qué siempre debo ser yo la que te escriba primero, eh? —Golpeó su hombro levemente, aunque con todo y el mínimo de su fuerza de todos modos le dolió.
—Vamos, también te he llamado varias veces. —Rio divertido—. ¿Ya me estás reclamando? ¿Tanto me extrañaste?
—¡Ja, ya quisieras! Solo era una simple pregunta…
—Ajá, digamos que te creo…
—Ejem. —El compañero de Kohaku carraspeó ruidosamente, haciendo que la parejita y los ángeles voltearan a verlo con sorpresa.
La verdad, todos se olvidaron de que seguía allí.
—Ah, sí. Senku, quiero presentarte a Akihiro, él y su hermano también trabajan como guardaespaldas de Ryusui-san.
—Es un gusto. —Le hizo una reverencia de mala gana.
—Lo mismo digo. —Senku ni se molestó en fingir un tono amable, volviendo a hablar con Kohaku como si su amigo no estuviera allí.
El ángel Tront rio complacido al ver el enfado de Akihiro mientras la parejita se envolvía en su burbuja.
—Lo siento, pobre humano, pero te necesito para salvar a tu especie. —Palmeó su hombro con simpatía—. ¡Tu sufrimiento como tercera rueda es por un bien mayor!
Como Senku tenía mucho trabajo y Kohaku era muy profesional en su rol de guardaespaldas, no pudo provocar muchos momentos románticos entre los dos tortolitos, pero tuvo muchas ocasiones para hacer a Senku retorcerse, ya que muchas veces el trabajo de Kohaku era estar parada junto a los otros guardias, y Akihiro siempre se ponía a su lado y la hacía reír con sus ocurrencias, y Senku, ya sea cenando con sus socios, prestando atención a conferencias o trabajando en sus planos, siempre los miraba de reojo y siempre ardía tanto en celos que se podría freír un huevo encima de sus cabellos de cebollín.
A pesar de todo, lo alegraba ver que siempre que Kohaku terminaba su trabajo y Senku el suyo, los dos se escapaban a pasar tiempo juntos, aprovechando las playas de Brasil para pasear y conversar.
Siempre que estaban juntos, sus sonrisas eran más brillantes y sinceras que nunca, y una noche, Tront sintió algo extraño.
Mientras los veía conversar sentados en la arena, las manos de Senku y Kohaku se tocaron por casualidad y los dos se sorprendieron, mirándose con los ojos muy abiertos. Y fue entonces cuando la visión angelical de Tront se activó automáticamente, solo por un segundo, haciéndolo jadear ruidosamente, casi volando hasta las nubes por el sobresalto.
—¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué tienes?! —Lein voló hacia él y lo atrajo de nuevo a la tierra.
—Es que… —Miró a Senku y Kohaku, que ya habían alejado sus manos y hasta cambiaron de tema, y ahora él le estaba explicando sobre los descubrimientos históricos de las constelaciones y su uso para navegar en la antigüedad—. Por un momento, mi visión angelical se activó automáticamente…
—¿Tu visión angelical? Eso es para ver directamente al alma de los humanos, ¿o no? ¿Qué tiene?
—Para ver sus almas, y sus hilos rojos del destino —explicó—. ¿Sabes cuál es la otra función de los ángeles del destino, verdad?
—Ustedes… —Abrió mucho los ojos—. Ustedes son los encargados de unir a las almas con el hilo rojo del destino. —Su boca se abrió y su rostro enrojeció—. ¡¿Di-dices que puedes hacer eso con Senku y Kohaku?!
—No… aún. —Sonrió enormemente, riendo con incredulidad—. Para unir a dos almas con el hilo, debo sentir el amor más puro y verdadero entre ellos. —Alzó un dedo y este se iluminó con un halo rojo—. Cuando ese momento llegué, mi visión angelical se activará automáticamente y yo deberé ver el grado de unión entre sus almas. Si cumplen con las condiciones, podré unir sus almas para toda la eternidad.
—O sea que en sus próximas vidas volverán a conocerse y volverán a amarse… —Los ojos de Lein se aguaron por lo conmovida que estaba por la idea—. ¡Y tú que no les tenías fe! —Rio ruidosamente.
—Lo sé, ¡quiero llorar! —Volvió a sacar su pañuelo—. Estamos muy cerca, compañera. Muy cerca.
Ambos miraron ilusionados a Senku y Kohaku, que ahora parecían verse bastante incómodos y ambos acordaron que ya era hora de regresar al hotel.
—Me encanta esa playa, tenemos que volver mañana, ya que pasado mañana es nuestro último día en Brasil —murmuró Kohaku, intentando aligerar el ambiente tenso entre ellos mientras él la acompañaba a su habitación.
—Sí, sería bueno, mañana solo tenemos ese evento al que nos invitó el Dr. Xeno, aunque es más que nada una formalidad y no pienso quedarme mucho tiempo. No soy muy aficionado a las fiestas.
—En eso estoy de acuerdo, pero yo tendré que quedarme tanto como mi jefe se quedé. —Suspiró resignada—. Al menos no me aburró tanto desde que me hice más cercana con Akihiro, es un chico realmente divertido. —Ese comentario hizo que los hombros de Senku se desplomaran de inmediato, pegándole una mueca de irritación en el rostro automáticamente—. No sé por qué se llevan mal, creo que deberías salir con nuestro grupo de amigos alguna vez, ¡te la pasarás genial!
—Lo pensaré —murmuró, un poco a regañadientes.
—Aunque apenas y sí tenemos tiempo de salir tú y yo… —susurró Kohaku, suspirando por lo bajo—. Si te convenciera de dejar tu precioso trabajo, preferiría que fuéramos solos tú y yo —dijo, viéndose más como si estuviera pensando en voz alta.
—Eh, no creía que fueras una leona tan posesiva. —Senku sonrió maliciosamente, riendo al verla enrojecer de golpe.
—N-no soy una leona… —Viéndose atrapada, Kohaku no supo qué más decir.
—Ah, ¿entonces admites que sí eres posesiva?
—¡N-no admito nada! ¡Y deja de burlarte de mí! —Le clavó un dedo en el pecho con rostro indignado. No se dio cuenta de que, con ese acto, acabó acercándose mucho más a Senku, y él, al verla tan cerca, perdió la sonrisa burlona y miró fijamente a sus ojos, y luego a sus labios.
Kohaku también se tensó, dándose cuenta de su cercanía, y de cómo él estaba mirándola.
Su rostro enrojeció, pero… en vez de alejarse, se acercó todavía más a él.
Los ángeles los observaron con los rostros muy abiertos, se tomaron de las manos y todo. ¿Finalmente volverían a besarse luego de meses…?
La espera fue tortuosa, los dos miraban constantemente de sus labios a sus ojos, viéndose como si lucharan contra ellos mismos.
El ángel Tront no se quiso meter, quiso que tomaran la decisión por sí solos.
¿Iban a decepcionarlo o realmente darían el paso esta vez?
Luego de lo que pareció una eternidad, la mano de Senku se alzó hasta sujetar la barbilla de Kohaku, y él pareció querer decirle algo, pero ese pequeño gesto fue lo que acabó de convencer a la chica, derribó todas sus dudas y tomó su nuca con las dos manos, atrayéndolo a ella en un beso todavía más desesperado que el que compartieron meses atrás.
Senku abrió mucho los ojos. Esta vez no tenían nada de alcohol en su sistema, ni tampoco tenían ninguna clase de excusa, y él pronto cedió a los besos de Kohaku, cerrando los ojos y tomando su cintura.
El ángel Tront y el ángel Lein intercambiaron grandes sonrisas esperanzadas.
Esta noche no se les escaparían.
Cierta almita jamás nacida sería concebida.
Continuará...
Holaaaa :D
Aquí tienen un nuevo capítulo de este angelical fanfic! xD
Me dieron ganas de actualizarlo después de las noticias medio deprimentes que salieron del manga TToTT
Decidí cortar este cap del fic ahí porque tengo una pregunta que hacerles... quieren lemon en esta historia? o.o?
Creo que me gustaría mostrarles ciertas cosas divertidas que pasarían si incluyo lemon, pero también creo que podría resultarles incómodo para esta historia, así q les dejó la decisión a ustedes x'D
Elijan! Quieren lemon para la siguiente actualización de Ángel del Destino o no? Está en sus manos owo
Y bueno, espero q este cap les haya gustado! Y de verdad muchisimas gracias por todo su apoyo al fic! :'D
Gracias especiales a esas personitas maravillosas que se toman la molestia de dejarme un review! Alegran mis días TwT
Me despido!
CELESTE kaomy fueraaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa!
