CAPÍTULO 6
EL ACCIDENTE
Poco a poco las semanas fueron pasando, el verano avanzaba y pronto rozaríamos el otoño. Los entrenamientos eran cada vez más intensos, todos esperaban el momento de enfrentarse al enemigo, era un tema que cada vez se comentaba más entre la tropa. Algunos decían que estaban deseosos de entrar en combate, y presumían de cuántos enemigos matarían. Otros muchos callábamos. Y unos pocos temblaban de miedo, lo que les hacía ganarse el desprecio y el rechazo de mucha gente. El comandante mayor decía a menudo que "El que no sirve para combatir no es hombre, ni es nada. El que se muere de miedo está destinado a morir en el frente".
Durante los primeros días se había intentado que toda la tropa entrenase al mismo tiempo, todos juntos; pero pronto se demostró que no era un buen sistema, era imposible dirigir los entrenamientos de tanta gente al mismo tiempo. Demasiados cadetes y soldados, y pocos oficiales y espacio. De modo que se hicieron turnos para que cada zhechongfu practicase por separado. Al ocho le tocaba iniciar los entrenamientos al amanecer, primero el desayuno, luego prácticas de esgrima, seguidas de entrenamiento de equitación, después lucha cuerpo a cuerpo y finalmente caminata de varios kilómetros ida y vuelta. Se suponía que después del desayuno no estaba permitido comer nada hasta la hora del almuerzo, pero muchos a escondidas se guardaban comida para después de la equitación; en teoría los oficiales castigaban tales actos, pero en la práctica lo toleraban, especialmente porque ellos mismos se ocupaban de que los soldados a su cargo se alimentasen, no por empatía sino porque de ese modo rendían más, y sobre todo porque a menudo la comida se vendía y de la venta ellos sacaban tajada, eso era ilegal y motivo de un juicio militar, pero normalmente nadie denunciaba a nadie; los oficiales que no se dejaban comprar no delataban a los otros.
Cuando los oficiales regañaban una falta era porque o bien ésta era muy grave y no podía ocultarse, o los culpables pertenecían a otro zhechongfu, o la falta no les había supuesto ningún beneficio; nadie quería hacer la vista gorda sin cobrar por ello, ni nadie quería reconocer que cobraba. En el caso de mis compañeros y yo nosotros seguíamos dábamos parte de nuestras ganancias al comandante de nuestro zhechongfu, Zhu Ci. Al principio Shang trató de pararnos, diciendo que no le gustaba semejante especulación, y que su padre no lo aprobaría; y creo que en eso último tenía razón. Si el General Li hubiera estaba presente en el campamento, entonces hubiera impuesto un orden más estricto, y las cosas hubiesen sido diferentes, pero no estaba, y Shang no podía llevarle la contraria a su superior. Lo que no supe entonces era si Shang también sacaba su tajada o no. ¿Estaría él metido en algún trapicheo o en alguna especulación? No lo sabía, pero era más que probable, si él hubiera denunciado a alguien entonces se hubiera ganado el odio de mucha gente, y si no denunciaba, pero jugaba de forma totalmente limpia entonces le hubieran mirado mal igualmente.
Llegado el segunda día del mes de septiembre, Zhu Ci dirigió personalmente la marcha de por la mañana. Llegamos hasta donde había un árbol muy alto, y él dijo "Talen todas las ramas y quiten las hojas, dejen solo el tronco". Al final quedó un poster de madera, de veinte metros de altura; una de las ramas cercanas a la cima no quedó bien talada, quedó un trozo sin cortar pero sin hojas. Al comandante le molestó un poco el resultado, pero no quiso perder más tiempo con la tala. Zhu Ci pidió un arco y disparó una flecha a la parte de más alta, clavándose en la madera.
—Ahora vais a escalar este tronco hasta la copa. Tenéis que subir y arrancar la fecha, luego bajareis con ella, y se disparará otra para el siguiente, y luego otro y otro. Lo haréis llevando una pesa en cada mano, primero lo haré yo para que veáis cómo se hace.
Zhu Ci se puso una pesa en cada mano, en realidad eran una especie de poleas, y comenzó a escalar el tronco. Se movía con gran agilidad y ni siguiera parecía cansarse. Como si aquel ejercicio fuese de lo más corriente, en poco tiempo regresó con la flecha, y disparó otra.
—Ya habéis visto el ejemplo. ¿Podéis hacerlo o sois demasiado inútiles? A ver, tú, a escalad.
—Sí, señor. Yo me llamo...
— ¡No te he preguntado tu nombre! ¡Sube y calla!
El nombre de aquel recluta no lo recuerdo, si es que alguna vez lo supe. En cualquier caso en cuanto logró subir medio metro antes de caer al suelo, no fue una caída grave pero sirvió para infundir miedo a varios de nosotros, incluyéndome. Empleamos la mayor parte del día en intentar subir el tronco, uno a uno todos los soldados y reclutas lo intentaron, incluso los oficiales; pero solamente Li Shang y Zhu Ci lo lograron.
— ¡VAIS A REPETIR ESTE EJERCICIO A DIARIO!—chilló Zhu Ci.
Durante todo el mes estuvimos repitiendo aquel ejercicio todos los días, mañana y tarde. Después de veinticinco días seguidos se nos unió voluntariamente, para sorpresa de todos, el comandante mayor. Para entonces ya habíamos llegado al vigésimo octavo día del mes.
— ¡SOIS UNOS INÚTILES! Mañana repetiréis este ejercicio, pero esta vez estarán presentes también mis hombres del zhechongfu uno, ellos os enseñaran cómo se hacen las cosas—dijo el comandante mayor.
Me pregunté entonces por qué el jefe del campamento se presentó de repente y sin previo aviso antes nosotros, ante los cadetes del zhechongfu menos valorado del campamento.
A la mañana siguiente tanto los miembros del zhechongfu uno, como nosotros hicimos el ejercicio de escalada. El comandante mayor, Fu Dewei, se dirigió a uno de sus mejores cadetes, y le ordenó ser el primero de su grupo en realizar el ejercicio. En el caso de nuestro escuadrón, ocho reclutas incluyéndome habíamos fracasado intentado subir el tronco aquel día.
—Sí, señor. Lo intentaré varias veces si es necesario, señor.
—Así se habla. ¡Adelante!
—Je, je, je... pero antes...—el recluta disparó una fecha, que golpeó a la saeta del tronco, tirándola al suelo, y quedándose clavada en su lugar— ¿Habéis visto cómo se dispara una flecha, zhechongfu ocho? Pues ahora veréis cómo escalamos nosotros, los miembros del zhechongfu uno. Subiré a coger mi propia flecha.
El recluta empezó a ascender y al principio lo hacía muy bien.
—¿Sabes quién es?—le pregunté a Yao.
—Chis, cállate—me respondió bajando el tono de voz—Es el hijo del comandante jefe, Fu Yong. Su padre es muy estricto con él. Mírale, trepa muy bien, y tiene fama de ser de los mejores reclutas del zhechongfu uno. A mí normalmente no me gustan los niños ricos, Ping, pero tengo que admitir que él es muy buen cadete.
Realmente Yong lo hacía muy bien. Daba gusto verle escalar, pero entonces ocurrió una tragedia. Estaba a punto de llegar a la cima y coger la flecha, pero de pronto se quedó parado, no sé qué le pasó, se había quedado paralizado, no seguía subiendo. De pronto se soltó y cayó al vacío, pero se pudo sujetar a la rama que había quedado sin talar del todo, y que vista ahora parecía una especie de saliente; Yong estaba agarrado a ella pero no conseguía volver a posicionarse para retomar el ejercicio, y no podría aguantar eternamente sujeto.
Me acerqué a Shang.
—Señor, hay que hacer algo. Se va a caer.
—No podemos hacer nada desde aquí. No tenemos tiempo suficiente para subir hasta allí y ayudarle. Y ahora no soy yo el oficial al mando.
— ¡Soy yo! Yo estoy al mando, recluta. Ese de ahí es mi hijo y él va a completar el ejercicio. ¡Retírese!
Me retiré y miré a Yong, no sé movía. El accidente era inminente, pero se me ocurrió una idea. Me acerqué a Chien-Po, Yao y Ling para comentársela.
—Chicos… tengo una idea. ¿Me ayudareis?
Los tres se miraron entre ellos.
— ¿Una idea? Mmm. A ver... di. —respondió Yao.
—Escuchar. Podríamos… —les expliqué.
— ¿Estás seguro? No lo tengo claro. Si sale mal nos regañaran—recordó Ling.
—Pero si no hacemos nada… y de salir bien nos felicitarán.
—Yo estoy contigo. El plan está bien. Iré delante, yo puedo sosteneros a Yong y a ti a la vez—murmuró Chien-Po.
—Gracias.
—Es una broma. ¿Verdad? Solo tenéis una única oportunidad de que salga bien y es una maniobra arriesgada, más el riesgo de ser regañados y castigados. ¿Y los vais a hacer los dos? ¡Estáis locos!—nos espetó Yao a Chien-Po y a mí.
—Me apunto—anunció Ling.
— ¿Tú también?
—Sí. Es arriesgado, pero somos un equipo. ¿No?
—Oh. ¡Estáis todos locos! Mmm. Pues, vale. A la porra. Que nos castiguen a todos—murmuró Yao, enfadado.
Teníamos poco tiempo porque Yong estaba a punto de caerse.
Chien-Po empezó a subir el tronco y yo le seguí. Shang tenía razón en que no teníamos tiempo para escalarlo del todo, pero no hacía falta; bastaba con impedir que Yong se callera. Cuando estábamos a unos 5 metros nos detuvimos. Chien-Po usó sus poleas y su gran fuerza para permanecer detenido, y yo me subí a su espalda y me agarré a él. Miré hacía abajo, no llegaba a oír las voces, pero vi al comandante mayor haciendo gestos y gritando enfadado. Ling y Yao debían intentar que nadie subiera al tronco y calmar los nervios; teniendo en cuenta el genio de los oficiales creo que ellos tenían la misión más difícil. En ese momento oí un grito y miré hacía arriba, Yong había cedido, y se caía de espaldas hacía el vacío; ahora era mi turno, solo tenía una oportunidad de cogerle en el aire. Chien-Po seguía aferrado al tronco, yo tenía que sujetarme con una mano a su espalda y con la otra coger a Yong. Seguía mirando hacia arriba, seguía la caída de la víctima, aún no estaba a mi alcance, aún no, un poco más, unos centímetros más y… ¡Ahora! Conseguí cogerle de un brazo, Chien-Po seguía sujeto.
— ¡Lo tengo! ¿Estás bien, Chien-Po?
—Sí, pero cuesta mucho mantenerse quieto aquí.
Fu Yong no dijo nada. Parecía bloqueado y se dejó hacer. Lo coloqué en la espalda de Chien-Po.
—Bájale, por favor. Yo os seguiré.
—Subid los dos a mi espalda. Es mejor que le vigiles para que no se vuelva a caer. No tengas miedo, te dije que puedo con ambos.
—Te debo una.
De modo que al final tanto Yong como yo montamos en la espalda de Chien-Po, y él nos bajó muy despacio pero sin pausa. Me di cuenta de que sus dotes de escalada habían mejorado mucho con respecto al primer día. Por muy fuerte que fuese si no hubiera estado bien entrenado no podría haber sido capaz de mantener la postura durante tanto tiempo, ni tampoco de bajar a dos personas.
Al llegar abajo tanto él como yo recibimos una mezcla entre alabanzas y gritos. El comandante mayor se acercó a nosotros.
— ¡Vosotros! El metomentodo y el gordo. ¿Sabéis lo que habéis hecho? Eso ha sido arriesgado, temerario, irresponsable y…—de pronto sonrió—heroico. ¡Sí! Un perfecto dominio del ejercicio, mantenimiento en el tronco, compenetración militar y auxilio a un compañero. ¡Aprended de estos dos cadetes! ¡Todos, incluso los oficiales! ¡Ellos han demostrado el tipo de iniciativa que quiero en este ejército! Y ahora te toca a ti, metomentodo, sube el tronco.
Empecé a subir de nuevo, pues ya había tenido mi turno antes que Yong. Pero esta vez había visto trepar a él y antes de él a varios oficiales, comencé a imitar su técnica; pero con la diferencia de que yo subía más despacio y controlando mejor mi respiración. Llevaba días repitiendo ese ejercicio sin éxito pero no fue hasta que lo volví a realizar cuanto me planteé lo que seguramente la habría pasado a mi compañero. Conforme se avanzaba era más difícil controlar la respiración, más se almacenaba el cansancio, el sol daba de frente y deslumbraba y la sensación de vértigo era cada vez más alta. Tenía tres posibles opciones: una era retroceder y ganarme el desprecio de todos; dos, tirarme al vacío en plan suicida; y tres, llegar hasta la cima y ganarme con ello unos cinco minutos de fama. De hecho después de 26 días de entrenamiento ningún cadete lo había conseguido. Claro que para el grupo uno era el primer día y su mejor cadete había estado a punto de conseguirlo, en tanto que nosotros llevábamos casi todo el entrenando con el poster y aún no habíamos llegado arriba del todo. Ahora tenía la oportunidad de ser la primera cadete en lograrlo, pero no era tan fácil. No sabía cuánto tiempo llevaba subiendo, pero comenzaba a marearme, debería haber estado más acostumbrada después de más de tres semanas entrenando el ejercicio de escalada; el mayor riesgo era marearse. Un mareo podía conllevar a un desmayo, que a su vez podía hacerte caer al vacío de espaldas, de manera que muy probablemente eso era lo que le había pasado a Yong, y lo que posiblemente me pasaría a mí. No todos estábamos tan entrenados y acostumbrados al ejercicio como Li Shang y Zhu Ci.
Finalmente después de un rato llegué a la cima, fui la primera recluta que lo logró y bajé llevando conmigo la flecha. Bajar era fácil, bastaba usar las pesas para deslizarse por el poster, ellas debido al material con que estaban fabricados frenaban la velocidad de descenso.
Nada más pisar el suelo hubo voces y vítores para mí. Muchos cadetes e incluso algunos oficiales de mi zhechongfu me felicitaron, incluso algunos del grupo uno. Pero yo casi no les oía, no les escuchaba. Me sentía mareada. Era mi momento de gloria, debería haber estado eufórica, pero no lo estuve. Me encontraba agotada.
Esa noche Li Shang nos llamó a su tienda a mis tres compañeros y a mí. Para nuestra sorpresa nos regañó.
— ¿No lo entendéis? Fuisteis unos temerarios. Afortunadamente todo salió bien. Pero si no hubierais intervenido en el peor de los casos ahora tendríamos un solo muerto, solo uno pero no tres.
—Nadie ha muerto, señor—respondí.
—Porque salió todo bien. Pero había muchas posibilidades de que saliese mal, era una maniobra muy arriesgada. Podrías haber fallado al atrapar al cadete Yong; o Chien-Poo podría haber perdido el equilibrio y de caerse al vacío os hubiera arrastrado a Yong y a ti. Y vosotros dos...—miró a Ling y Yao—Os atrevisteis a enfrentaros al comandante mayor cuando él os ordenó que os alejarais del tronco, al tiempo que gritaba que Chien-Poo y Ping bajasen.
O sea que eso era lo que chillaba el comandante mientras mis dos compañeros y yo estábamos arriba del tronco.
—El comandante Zhu Ci también esta disgustado. Me dijo que os regañará por poner en peligro a sus propios hombres.
—Señor... con todo mi respeto... ¿Usted no habría hecho lo mismo?
—...
Hubo un breve silencio incómodo, que fue interrumpido por un soldado que entró de pronto en la tienda. Se cuadró ante Shang.
—Señor, el comandante mayor solicita la presencia de los reclutas Ping y Chien-Poo.
—Muy bien. Podéis retiraros. ¡Todos!
De modo que mi pregunta se quedó sin respuesta pero creo que Shang hubiera hecho lo mismo que nosotros, solo que como oficial su deber era regañarnos.
—Han hecho un buen entrenamiento, cadetes.
—Gracias, señor—respondimos a la vez mi compañero y yo.
—Díganme su nombre.
—Cadete Ping, señor.
—Cadete Chien-Poo, señor.
— ¿Grupo?
—Dúi cuatro, duan tres y zhechongfu ocho. El huo debería haber sido el dos, pero en este caso es un grupo un poco individual de cuatro hombres, incluyéndome. Fue una decisión del comandante Zhu Ci—expliqué.
— ¿De qué familia?
—Fa, señor.
—Y yo de...
—¿Fa? Un momento. ¡¿Eres el hijo del traidor general Fa?!
—Mi padre no es un traidor, señor.
—Claro, eso explica tus habilidades. Antes de volverse loco y traicionarnos a todos, Fa fue uno de los grandes guerreros de este ejército.
—Señor, con todo respeto, mi padre nunca ha traicionado a nadie.
—Les había hecho llamar para hacerles una oferta. Ofrecerles la posibilidad de ingresar en el zhechongfu uno. ¿Por qué creen que fui a verlos entrenar? Por la misma razón que también iré a ver al resto de los zhechongfus uno por uno. Siempre busco nuevos fichajes para el zhechongfu uno. Obvio que prefiero seleccionar hijos de familias buenas e influyentes, pero estamos en guerra. Ahora la prioridad es derrotar al enemigo. En el caso del cadete Chien-Poo la oferta aún sigue en pie—miró al aludido—Pero a ti no te permitiré unirte a mi grupo, no siendo un Fa. Podría pasar por alto que fueses de clase baja; pero no que provengas de una familia de traidores.
—Señor, me ofende. Mi padre fue calumniado. Nunca ha traicionado a nadie.
— ¡¿Te atreves a cuestionarme a mí?! Je. ¿Quieres pelear conmigo?
—No, señor. No quiero pelear contra usted, no contra el comandante mayor, el sustituto del General Li. Los del zhechongfu ocho no somos estúpidos.
—Eres inteligente, y eso en un cadete puede ser un arma de doble filo. Podría hacerte fustigar, pero por esta vez no lo haré. ¡Y tú...! ¿Te unirás a mi zhechongfu?
—Ah... yo... pues... Es una oferta muy generosa, pero creo que... le seré más útil al ejército en mi actual grupo. Hasta ahora he recibido un buen entrenamiento, y también Ping. Prefiero seguir como hasta ahora.
—¿En serio? Muy bien. Es tu decisión. Ahora... ¡Retiraos! ¡Fuera de aquí!
Ambos nos fuimos. Una vez fuera le pregunté a mi compañero el motivo por el cual había rechazado ascender al primer zhechongfu.
—Fui sincero, Ping. Hemos hecho un buen entrenamiento, quiero seguir como hasta ahora. Y... no sé por qué pero no me gusta el comandante mayor. Además, tienes algo raro Ping, no sé qué es exactamente, pero creo que es algo bueno—me respondió.
Me sentía dividida en dos, en parte estaba furiosa por haber tenido que soportar las acusaciones contra mi padre; pero también satisfecha por las palabras de Chien-Poo y por no haber tenido que pasarme al zhechongfu uno. Aunque muchos cadetes deseaban entrar en el primer escuadrón, el más valorado y mimado del campamento, pero a base de mimos no se consiguen las cosas. El camino fácil a la larga solo da problemas, y no quería dejar de lado a mi huo. Me había encariñado con mis tres compañeros; me gustaban los entrenamientos a los que me sometía Li Shang, duros pero efectivos, era gracias a ellos que había podido superar el poster, me gustaba entrenar con él, como hombre era un tonto pero como instructor militar era muy bueno. Además, no me gustaba la forma de ser de Fu Dewei, y no deseaba depender demasiado de él.
Al salir de la tienda del comandante mayor Chien-Poo y yo nos encontramos con Yong, se acercó hasta nosotros dos, junto con unos compañeros suyos, y nos dio una bolsa de cuero, dijo que era en agradecimiento por haberle ayudado. Al principio mi compañero y yo estábamos dudosos de si debíamos aceptar ese regalo o no, pero cuando vimos lo que era nos lo quedamos, no sin antes dar las gracias. La bolsa contenía sal, la cual creíamos que estaba reservada a los oficiales, pero Yong nos explicó que el zhechongfu uno incluso los cadetes comían con sal, y también con azúcar y té. Pese a todo no nos arrepentimos de permanecer en el zhechongfu ovho.
FIN DEL CAPÍTULO 6.
Hola a todos/as.
Algunos ya estaban impacientes de ver el desarrollo de Mulán como guerrero. Ya no se tardará demasiado el comienzo de la guerra.
Está vez me tardé un poco. No me decidía con este capítulo. En principio iba a poner que Yong moría al caer del poster, sin que nadie pudiese ayudarle. Finalmente me decidí por una opción de rescate.
Al principio había pensado un desenlace distinto para este capítulo; con Mulán siendo vitoreada por todos, en plan festivo; pero al final quise que su logro fuese oscurecido el comportamiento del comandante mayor.
Eso es todo por ahora.
Un saludo.
Nos leemos.
