Capítulo 1
De mudanza
El viaje había durado cerca de dos horas, sin embargo para él se había sentido una eternidad. Una hora de vuelo entre ciudad Olivo y pueblo Escaso no se la había quitado nadie, teniendo que facturar todos los bártulos a parte, los cuales fueron en un vuelo comercial que salía media hora después del suyo, por lo que tuvieron que esperar al menos tres cuartos de hora en la terminal para esperar a que llegaran todas las cajas de la mudanza. Tras eso vino una media hora de viaje en camión que él tuvo que pasar en la parte trasera, ya que entre los dos operarios y su madre la cabina se quedaba prácticamente llena, por lo que tuvo que viajar entre bártulos y cajas de cartón, yendo un tanto incómodo.
No se trataba de un viaje por vacaciones ni mucho menos; a su padre, un avezado entrenador desde sus tiempos mozos, le habían nombrado recientemente líder de gimnasio de ciudad Petalia, en la prefectura de Hoenn. Debido a esto él se tuvo que marchar antes, teniendo la casa medio vacía desde aproximadamente una semana, y ahora él y su madre traían el resto. Incluyendo toda una vida entera en ciudad Olivo en la prefectura de Johto. No le molestaba particularmente, pero no le resultaba fácil desprenderse así sin más de toda una vida allí, pero las circunstancias les obligaban a ello.
No era un simple cambio de aires, ya que Hoenn se encontraba mucho más al sur y el ambiente era completamente distinto al de Johto y el resto de Honshû; toda la prefectura consistía en un amplísimo archipiélago que se encontraba colindando entre el mar de las Filipinas y el mar de China Oriental. El agua era un elemento primordial allí, incluso la mayor porción de tierra, una gran isla continental de unos treinta y cinco mil seiscientos cuarenta kilómetros cuadrados, está rodeada de agua, siendo el resto numerosas islas de mayor o menor tamaño desperdigadas por toda la parte norte del mar de las Filipinas. Con un clima eminentemente subtropical y una economía basada sobre todo en la agricultura y la artesanía, también era una prefectura bastante turística ya que poseía unas cuantas playas que hacían la delicia de numerosos turistas tanto de dentro como de fuera de Japón. Culturalmente hablando también era bastante relevate, ya que era considerada cuna de la civilización japonesa, y era particularmente conocida por albergar a las personas más longevas del mundo, siendo en ese sentido también conocida como la isla de la longevidad.
Tras unos minutos más que le parecieron horas, durante los cuales dio varias cabezadas, el camión se detuvo y, tras unos minutos de espera, la puerta se abrió, dejando entrar la radiante luz del día; se tuvo que tapar los ojos un buen rato hasta que estos volvieran a acostumbrarse.
-Bruno, cariño, hemos llegado-anunció la voz de su madre desde fuera.
Un chico de al menos unos trece años salió del camión de un salto y se desperezó, sintiéndose un pelín agarrotado. Vestía muy de sport, llevando puesta una camiseta roja y negra y unos pantalones negros con los bajos amarillos, todo ello de fibra natural que transpiraba bastante bien. Calzaba unas zapatillas rojas y negras y llevaba puestos unos guantes amarillos y azules, rematando el conjunto con un gorro blanco y negro con destellos de rojo que le tapa todo su pelo. Sus ojos eran castaños.
-Bof, por fin, creía que nunca llegaríamos…
-Sí, siento que hayas tenido que viajar así, cielo, pero no había otra…
-Ya, ya, no pasa nada.
-Bueno, pues esa es nuestra nueva casa.
Bruno se dio la vuelta y echó un rápido vistazo a su nuevo hogar; era una pequeña vivienda unifamiliar de color blanco y de dos plantas situada en una pequeña urbanización en Villa Raíz. Se trataba de un pueblo muy pequeño, eminentemente residencial, donde sólo había la urbanización donde se encontraban, el laboratorio del profesor Abedul, una pequeña área comercial con unos cuantos servicios básicos, entre ellos clínica, comisaría, bomberos y poco más. El profesor Abedul es un investigador pokémon, amigo de su padre, el cual intercedió en el nombramiento del mismo como líder de gimnasio, siendo él mismo quien lo recomendó a la asociación pokémon local.
Los operarios del camión comenzaron entonces a descargarlo, siendo ayudados por pokémon como vigoroth o machoke, dejándolo todo en el interior de la casa; con su ayuda y las indicaciones de su madre fueron amueblando la mayor parte de la casa, Bruno se encargó de su habitación, que ya estaba amueblada un poco de antes, faltando sólo algunos muebles, objetos medianos varios y poco más. Encima de una encimera había una televisión de tubo pequeña con varios años, además de un ordenador de sobremesa que su padre le compró varios años atrás, un viejo modelo de finales de los noventa que aún conservaba. Vio que su reloj estaba parado y sin hora, por lo que lo puso en marcha con un par de pilas y movió las agujas hasta la correcta posición: las diez y media del 5 de junio de 2003. Tras eso regresó a la planta baja, donde los encargados de la mudanza ya habían terminado. El salón, antes casi vacío y diáfano, ya se encontraba completamente amueblado, aunque aún quedaban algunos adornos y objetos por colocar en las estanterías en cajas más pequeñas. La tele nueva, una más grande y moderna que la que tenía en su cuarto, se encontraba encendida y en ese momento estaban transmitiendo las noticias locales de Hoenn TV.
-¡Bruno, ven mira, están hablando de papá!
Apretó el paso para llegar enseguida, pero cuando logró alcanzarla estaban ya enfocando de vuelta a la presentadora la cual decía.
-Y desde el gimnasio de ciudad Petalia, nos despedimos de todos, estad al tanto para seguir las últimas noticias aquí, en Operación Entrenador.
Y, tras eso, pasaron a publicidad rápidamente.
-Vaya, al final no nos ha dado tiempo…
-Pues vaya…
Su madre lo vio y le animó.
-Oh, vamos cariño, anímate, ya verás cómo conoces a más gente y haces nuevos amigos aquí.
Bruno no dijo nada, tan solo se limitó a mirar al suelo con gesto anodino; aunque como tal no le molestaba tener que cambiar de ciudad, sí que le molestaba tener que dejar su vida y viejas amistades atrás. No era que no estuviera orgulloso de su padre por haberse convertido en líder, de hecho aspiraba a ser tan fuerte como él o incluso más, pero las circunstancias eran las que eran y no podía evitar sentirse triste por ello.
-Mira, ahora que lo pienso, el profesor Abedul tiene una hija de tu edad, viven unas pocas casas más abajo ¿Por qué no vas a verla y te presentas? Igual os caéis bien.
-Bueno, está bien…
Aunque no muy convencido al principio, finalmente se puso en camino hacia allí mientras pensaba en sus propias cosas. De cierta forma había algo de razón en ese viaje. Desde siempre su padre había sido un afamado entrenador en Johto, demostrando una habilidad que encandiló a su madre nada más conocerla. Aunque ella también comenzó siendo una entrenadora al final acabó decantándose por la moda, convirtiéndose en una muy conocida diseñadora de moda tras su viaje, siendo ella la que diseñó el mismo conjunto que su hijo vestía. Cualquiera que no lo conociera medianamente bien diría que tenía problemas, pero Bruno siempre se había considerado un chico positivo y bastante seguro de sí mismo, por lo que hasta él mismo sabía que finalmente se acabaría acostumbrando a su nueva vida sin tardar demasiado.
Como bien le dijo su madre la casa estaba unos pocos metros más abajo, siendo la tercera casa partiendo de la suya propia. Le abrió la puerta la madre de la chica, él se presentó y ella le dejó pasar.
-Ah, así que tú eres Bruno… ya le comenté a mi hija que vendrías y se puso como loca de contenta, ahora está arriba, en su cuarto.
Bruno estuvo hablando un rato más con ella y luego subió a la habitación, antes de entrar llamó a la puerta; una voz en su interior le indicó que pasase y dentro se encontró con una chica más o menos de su edad, unos trece años.
Lo primero que le llamó la atención de ella nada más verla fue su pelo, el cual era castaño y se encontraba recogido en un par de largas coletas que le caían sobre los hombros sin llegar a tocarlos por efecto de la laca, junto a un flequillo cortito que le caía sobre la frente. Tenía una fina figura que destacaba bastante, vestía con una camiseta roja de licra con la parte alta del cuello azul oscuro y unos shorts flexibles, también de licra, blancos y azules. El conjunto le resultaba extrañamente familiar, aunque no conseguía recordar dónde lo había visto antes. Calzaba además unas zapatillas rojas y amarillas, además de llevar unos guantes blancos y azules, un pañuelo rojo y blanco atado con un nudo en la cabeza y una riñonera amarilla. Sus ojos eran de un color azul profundo como el mar y sus facciones eran redondas y bastante femeninas en contraste con un cuerpo algo más contorneado, aunque no demasiado.
Al verle entrar la chica se levantó de su escritorio donde parecía estar escribiendo algo y se dirigió a él un tanto cortada.
-Ah, hola… me llamo Aura, encantada, tú debes de ser Bruno ¿verdad?
-Sí, soy yo, encantado de conocerte.
-Igualmente. Qué bien que hayas venido, cuando mi madre me comentó que ibas a venir me puse muy contenta, porque… bueno, siempre estoy ayudando a mi padre en sus investigaciones y no conozco a mucha gente por aquí.
-¿Ah, no?
-No, siempre he ido a clase pero a mí me aburre, yo quiero ayudar a mi padre, donde de verdad aprendo es con él, sé casi todo de la gran mayoría de pokémon que viven en Hoenn. Lo malo es que en el colegio me cuesta más avanzar y se meten conmigo por eso…
Bruno se quedó algo molesto por eso.
-Anda ¿Y eso por qué? ¿Qué tiene de malo querer ayudar a tu padre? ¿Quién te iba a reprochar algo así?-inquirió el chico, algo molesto al respecto.
La chica le miró, no muy segura de si contestar o no, hasta que finalmente murmuró.
-Los compañeros de mi clase… aunque no tiene mayor importancia, la verdad es que a mí me da igual.
Bruno no se quedó muy convencido ante esas palabras, notándola un poco recelosa al respecto; no estaba segura de si preguntarla, pero entonces la chica miró un reloj de pared cercano y, al ver la hora, y murmuró.
-Oh, vaya, he de irme ya, mi padre espera unos informes del terreno… nos vemos después ¿vale?
Antes de que se pudiera despedir, la chica ya había salido disparada, dejándolo atrás. Algo molesto consigo mismo, Bruno suspiró.
-Genial, me parece que la he caído mal…
Finalmente se despidió de la madre de Aura y estuvo explorando un poco Villa Raíz.
La urbanización donde se encontraba estaba ubicada en la parte norte de la localidad, era lineal, constaba de dos pares de calles que cortaban transversalmente esa parte del pueblo y tan solo había un total de treinta casas unifamiliares residenciales de una o dos plantas como mucho. En la parte sur se encontraba el centro mismo del pueblo junto a una pequeña zona comercial y el laboratorio del profesor Abedul. Se pasó por el laboratorio para saludar, pero allí tan solo encontró al único ayudante del profesor el cual le anunció que no se encontraba allí en ese momento.
Volvió tras sus pasos y paseó cerca de la salida del pueblo; se encontraba contemplando el paisaje de su alrededor, el cual era verde y muy colorido, cuando de repente oyó un grito pidiendo ayuda cerca de allí. Echó a correr guiándose por el sonido y un poco más delante se encontró a un hombre algo fondón con fina barba y con una bata blanca huyendo de un poochyena, que le perseguía ladrando y aullando.
-¡Aaah, no, socorro, pero si soy científico! ¿No podemos hablarlo?
Sin embargo parecía que al poochyena le daba igual; finalmente el hombre se vio obligado a subir a un árbol, donde llegó a ver a Bruno desde lo alto.
-¡Oye, chaval, ayúdame, coge una de esas poké ball en mi bolso, corre!
-¿Eh? ¿Ese de ahí?-inquirió el chico, señalando a una bolsa marrón cercana.
-¡Si, corre, date prisa!
Bruno se agachó ante un bolso de campo marrón enorme y cogió la primera que vio; la lanzó y salió de ella un pokémon verde bípedo con una abultada cabeza y una frondosa cola con forma de bulbo.
-¡Ah, es treecko!-exclamó el científico al verlo salir.
Poochyena, al ver que le amenzaban, dejó al hombre y se centró en treecko con actitud retadora, atacando de seguido para embestirle con un placaje.
-¡Esquívalo!-exclamó entonces Bruno.
Treecko pudo evadirle con facilidad haciendo uso de un súbito ataque rápido que el chico no tuvo problemas a la hora de identificar y acto seguido le embistió; por su parte poochyena contraatacó con otro placaje.
-¡Absorber!
Acto seguido treecko le absorbió su energía hasta dejarlo bastante cansado, lo suficiente como para evitar que le alcanzara.
-¡Ataque rápido!
Ese último movimiento sirvió para lanzar lejos a poochyena, el cual no volvió a aparecer; el hombre bajó del árbol en cuanto se sintió seguro.
-Vaya, chico, muchas gracias, estaba haciendo un bosquejo cuando ese poochyena me atacó.
-No ha sido nada, le he visto en apuros y supe que debía ayudarlo.
-Muy amable de tu parte… aunque espera, ahora que te veo mejor ¡sí, tu eres el chaval de Norman! ¿Verdad?
-Sí, es mi padre… ah ¿usted no será por un casual el profesor Abedul?
-¡El mismo! ¡Encantado de conocerte! Vaya, luchas igual que tu padre, ya decía yo que ese estilo me sonaba, se nota que eres su hijo-murmuró el profesor, interesado.
Era de edad media, tenía el pelo ondulado de color castaño oscuro, con una fina y meticulosamente recortada barba unida a una perilla igual de fina; vestía con una camiseta azul marina y unos pantalones cortos de color beige. Calzaba unas sandalias marrones, portaba su gran bolso y llevaba puesta una bata blanca de laboratorio.
-¿Y qué hacía por aquí, profesor? Fui a verle a su laboratorio, pero su asistente me dijo que no estaba…
-Ah, sí, es que raramente estoy, yo me dedico principalmente a la investigación de campo y sobre el terreno, soy un naturalista, observo a los pokémon en su hábitat natural para así aprender más y mejor sobre ellos. Considero que el ambiente a la hora de investigar debe ser propicio, y en ese sentido la austeridad del laboratorio no ayuda mucho a la hora de investigar.
-Entiendo…
Regresaron a su laboratorio rápidamente y una vez allí estuvieron hablando.
-Vaya, he de reconocer que te has desenvuelto bastante bien, y eso que no sabías ni siquiera los ataques que treecko conocía.
-Sí, bueno, mi padre me enseñó algunos panfletos de Hoenn y sus iniciales, les estuve echando un vistazo-reveló el chico.
-Ah, claro, eso lo explica todo… aun así has demostrado que tienes madera, quiero que te quedes con ese treecko, me parece que le has caído bien-anunció el profesor para su sorpresa.
-Vaya, gracias profesor, pensaba que igual no podía repartir más pokémon, me comentó mi padre que la temporada de entrenamiento ya había empezado aquí y que igual iba a ser muy tarde-explicó el chico.
-Sí, bueno, hará cosa de un par de días ya hice el reparto a los entrenadores a mi cargo, pero dado que me has ayudado y eres nuevo aquí creo que podré hacer una excepción, tampoco es como si lo hiciera todos los años...
Bruno recibió con especial alegría esas afortunadas palabras, por lo que se apresuró a volverle a agradecer por su generosidad.
-¡Muchísimas gracias, profesor, de verdad, ya pensaba que tendría que esperar al siguiente año!
-Ni lo menciones… y ya que estás aquí, te voy a dar las poké ball y la pokédex-añadió, dándoselo todo.
Dicha pokédex era del tamaño de un libro de bolsillo, no pesaba casi nada; la tapa se abría de lado y en el reverso estaba el sensor verde. Había una única pantalla, junto con un pequeño cuadro de mandos y el piloto azul en forma de poké ball. Era completamente roja.
-Chula ¿eh? El diseño está en constante evolución, la creó un científico de Kanto a finales de los noventa, aunque luego vendió los derechos a Silph SA y ahora se producen en masa-explicó Abedul.
La consultó rápidamente para saber más sobre treecko.
-Treecko, el pokémon geco bosque; hace su nido en un árbol gigante y defiende ferozmente su territorio de cualquier peligro. Dicen que es el protector de los árboles del bosque-explicó la pokédex con una profunda voz masculina.
-Con él no tendrás problemas para ir a la siguiente ciudad. Ah, por cierto, si ves a mi hija dila que la estoy buscando, que necesito su ayuda.
-Claro, profesor-asintió Bruno.
Tras la conversación con Abedul, Bruno volvió a casa bastante emocionado para enseñarle el pokémon a su madre.
-Oh, qué mono… ¿te lo ha dado el profesor?
-Sí, ha sido muy amable.
-Sí, bueno, tu padre habló previamente con él y le pidió que le hiciera un favor. Me recuerdas a él cuando le conocí, creo que deberías ir a verle al gimnasio y enseñárselo, seguro que se lleva una gran alegría si te ve con él-le aconsejó entonces su madre.
-Está bien, entonces iré para allá.
-Muy bien, salúdale de mi parte.
Tras despedirse de su madre y coger su mochila, Bruno se puso en camino y sacó a treecko para que le acompañase durante todo el camino; hacia el norte se extendía la ruta 101, la cual destacaba por ser bastante corta, ya que tan solo unos diez kilómetros la separaba de pueblo Escaso, la siguiente localidad. De camino se encontró con bastantes pokémon salvajes que no había visto nunca, entre ellos zigzagoon o pochyena. Una estrecha carretera serpeaba entre árboles y césped y varios desniveles en el terreno, completando un paisaje lleno de naturaleza y color.
En poco menos de media hora llegó a pueblo Escaso, un pueblo algo más grande que villa Raíz y con un poco más de densidad de población, pero sin nada muy relevante que le hiciera destacar especialmente. Ciudad Petalia se encontraba al oeste, pero atraído sobre todo por el verdor y los extensos bosques que poblaban esa parte de Hoenn, se dirigió hacia la ruta 103 para explorar, donde vio un amplio prado y una pequeña zona de costa bastante cuca.
Al otro lado, tras un extenso estuario, estaba la costa del otro extremo de la ruta; el mar de China Oriental y parte del Pacífico alimentaban toda esa estrecha bahía, la cual entraba por la parte sur de ciudad Malvalona, la ciudad más grande y poblada de Hoenn. Sin un pokémon que supiera hacer surf o un servicio de ferry no se podía cruzar al otro lado.
En ese momento treecko se encontró con un pokémon que no había visto nunca, saludándole afablemente; era de color anaranjado y casi tan alto como él, con un frondoso plumaje y una pequeña cola amarilla.
-¿Y eso?-murmuró Bruno, sacando su pokédex.
-Torchic, el pokémon polluelo; si le atacan, se defiende escupiendo bolas de fuego que forma en el estómago. Los torchic tienen aversión a la oscuridad porque les impide ver lo que los rodea.
-Vaya…
-Torchic, no te vayas muy lejos… ¡anda, Bruno!-saludó una voz que le era familiar.
-Ah, hola Aura. ¿Qué haces aquí?-preguntó él.
-Catalogando las especies de pokémon que viven por aquí, para ayudar a mi padre…
Llevaba con ella un inventario bastante amplio en un rollo de papel que parecía interminable; se lo enseñó y Bruno se quedó alucinado, ya que recogía todos los datos básicos fisiológicos de la gran mayoría de especies que vivían en las rutas colindantes de por allí hasta las lindes del bosque Petalia.
-Vaya ¿Y lo has hecho todo tu sola?-inquirió él, asombrado.
-Sí, como siempre me aburro cuando estoy en casa, salgo fuera y catalogo todo lo que veo. Me paso muy poco tiempo en casa-explicó ella, con una sonrisita orgullosa.
-Vaya, eso sí que es tomárselo en serio… impresionante…
-Je, je… gracias-agradeció ella, sin dejar de sonreír.
Era básicamente como una pokédex pero en papel y recogiendo sólo los datos más básicos, algo que le llamó mucho la atención.
-Estoy viendo que es básicamente una pokédex pero en papel ¿realmente es necesario llevar un registro por escrito teniendo algo así disponible?
-¡Desde luego! La pokédex sintetiza toda la información en un solo espacio y la hace fácil de acceder y consultar, pero a diferencia de un registro electrónico en el papel la información perdura más tiempo. Imagínate que se te estropea la pokédex y no puedes acceder ni a su base de datos ni a su función de análisis ¿qué haces entonces? ¿Cómo te informas? Tirando de los registros escritos hasta que te la arreglen-explicó la chica con todo detalle.
-Oh, ya veo… entonces sí es útil-asintió Bruno, comprendiéndolo.
-La informatización es genial, sí, nos ha ayudado muchísimo a la hora de transmitir y difundir la información que ya teníamos escrita, pero preservando los registros manuales, perservamos también la información si por lo que sea el sistema falla.
El chico se quedó ciertamente impresionado, por lo que no esperó a alabar su labor.
-He de admitir que yo no podría hacer todo esto, eres increíble, Aura…
Ante ese halago la chica se quedó un tanto cortada y sin saber muy bien qué decir, ocultando como podía un incipiente sonrojo al mismo tiempo que se apresuraba a decir.
-Ah, no es para tanto, tampoco es que sea la gran cosa aquí…
-¿Qué dices? ¡Se nota que es un trabajo de fondo, mereces un reconocimiento por ello!
Una vez más Aura se quedó sin argumentos, sin apenas reaccionar al respecto; nunca antes la habian halagado de esa forma ni reconocido su labor exceptuando su padre, y en ese sentido no supo muy bien qué decir ni cómo tomárselo.
Curioseando el catálogo, a Bruno le llamó la atención una especie en concreto.
-Anda ¿y este cuál es?
-Déjame ver… ah, un wurmple-anunció ella.
-Wurmple…-repitió él, para buscarlo en la pokédex.
-Wurmple, el pokémon gusano; se encarama a las ramas de los árboles y come hojas. El hilo que escupe por la boca se solidifica al contacto con el aire y ralentiza los movimientos del enemigo.
-Caramba, que descripciones más detalladas…
-¿Verdad? Normalmente salen de fábrica con la base de datos preconfigurada, pero mi padre añadió datos de su cosecha con la remesa que le llegó-añadió la chica, para más señas.
-Pues me llama la atención éste… ¿dónde puedo encontrarlo?-preguntó Bruno.
-Veamos… hay muchos en la ruta 102 y en el bosque Petalia-informó ella, ojeando por encima sus anotaciones.
Y así, como no quiere la cosa, se tiraron hablando casi toda la mañana; se sentaron en el suelo, cerca de la orilla y estuvieron hablando y hablando sin parar mientras se conocían mejor. Torchic y treecko jugaban corríendo de aquí para allá, el pokémon planta trepaba por los árboles, mientras que el de fuego le observaba hacer cabriolas entre las ramas, mostrándose bastante impresionado por su agilidad. Por su parte los dos adolescentes se iban conociendo mucho más, hablando de todo un poco.
-Oye, llevo pensando en algo desde que te vi en tu casa ¿dónde te compraste esta ropa? El caso es que el conjunto me suena de algo pero no caigo…
-Me lo compré varias semanas atrás en una tienda de ciudad Férrica, lo vi y me gustó, es de una firma independiente proveniente de Johto, Olivine creo que se llamaba…
Ante ese nombre el chico saltó de seguido, exclamando.
-¡Pues claro, ya decía yo que me sonaba! ¡Es la firma de mi madre, ella lo diseñó!
-¿¡Tu madre es la diseñadora de Olivine?!
-Sí, claro, ella diseña todos los conjuntos y complementos que vende, lo hace al por menor ya que es un negocio pequeño pero logró abrir un par de tiendas fuera de Johto. También ha diseñado mi ropa.
-¡Vaya, qué suerte, me gustaría mucho conocerla!
-Pues cuando quieras pásate por casa y la saludas.
-¡Genial! ¡Qué suerte haberte conocido, Bruno!
Ante eso el chico se quedó un tanto cortado, recordando su último encuentro y no muy seguro de qué pensar, algo que notó ella enseguida.
-¿Qué pasa?
-Ah, no, es sólo que… como antes saliste tan aprisa de tu casa cuando fui a verte pensé que te había caído mal…
-Oh, es por eso… perdona, es que realmente tenía prisa, lo siento si te dio esa sensación.
-Ya veo, pensé de más entonces…
-No pasa nada-murmuró la chica, esbozando una sonrisa.
Hubo un instante en el que los dos no dijeron nada, observándose mutuamente durante unos breves pero intensos segundos; aunque parecía una chica enérgica y alegre, Bruno pudo notar enseguida que había algo más detrás, como si tratara de maquillar la sensación tras una máscara de aparente felicidad.
-¿Ocurre algo?-inquirió ella, extrañada por cómo la miraba.
-Ah, no, es sólo que… ¿estás bien, Aura?
La pregunta cogió desprevenida a la chica, como si no se esperara que se la hiciera; a bote pronto parecía una pregunta como otra cualquiera, pero enseguida pudo notar que había algo más detrás, como si hubiese sido capaz de ver a través de ella. Esto la hizo recular, insegura de si hablar o no al respecto.
-Eh… no sé a qué te refieres exactamente, yo estoy bien ¿por qué no iba a estarlo?
Bruno la miró, no muy seguro de sus palabras y algo preocupado por ella; dado que apenas se conocían, y por no presionarla ni hacerla pasar mal, decidió no decir nada más. Aura aprovechó entonces para anunciar.
-Bueno, ya es casi la hora de comer, además seguro que mi padre me estará buscando así que será mejor que me vuelva ya…
-Ah, bien, yo tengo que ir a ciudad Petalia a ver a mi padre.
-Está bien, entonces… nos vemos en otro momento.
-Claro…
Aura se levantó rápidamente, recogió a torchic y se despidió con un rápido gesto. Bruno la observó irse rápidamente de allí. El chico no pudo evitar preocuparse un poco por ella, sintiendo que había algo que la molestaba especialmente. Igual no debió ser tan preguntón, su naturaleza más bondadosa solía darle alguna que otra mala pasada ya que no a todo el mundo le gusta recibir la atención de los demás, y mucho menos cuando apenas habían empezado a conocerse.
Volvió tras sus pasos y continuó hacia el oeste partiendo desde pueblo Escaso atravesando la ruta 102; un extenso valle rodeado de vegetación, colinas y algún que otro desnivel salpicaba toda esa ruta, con multitud de pokémon salvajes correteando por los bordes de los caminos y la carretera principal por donde circulaba el tráfico rodado. El sol radiante brillaba en lo más alto del cielo, indicando que ya era mediodía, y varias nubes dispersas decoraban un profundo cielo azulado, al tiempo que un leve viento proveniente del este agitaba la hierba alta más cercana y las copas de los árboles.
-Vaya, he de admitir que esta prefectura es bonita…-pensó Bruno, admirando las vistas.
Siguiendo un camino de tierra que serpeaba junto a la carretera, oyó no muy lejos de allí una gran algarabía que le dejó un tanto desconcertado; se acercó a ver y vio que una pequeña manada de poochyena de al menos unos tres individuos parecían estar intimidando y llegando incluso a atacar a un pequeño y desamparado wrumple. Se encontraba un tanto herido debido a los golpes, y aun a pesar de sus intentos por defenderse los poochyena le superaban en número. Al ver esto Bruno se molestó, decidiendo intervenir.
-¡Eh, vosotros, panda de abusones! ¡Dejadle en paz!
Los pokémon siniestro se dieron la vuelta y, lejos de amedrentarse, le trataron de intimidar a él también; sin embargo el chico no se amilanó, sacando a treecko y luchando contra los tres a la vez.
-¡Vamos, treecko, démosles una lección! ¡Malicioso!
De inmediato, el pokémon planta lanzó una gélida mirada hacia sus oponentes, bajándoles así la defensa; uno de los poochyena se lanzó para atacar, pero Bruno indicó.
-¡Ataque rápido!
De golpe y porrazo treecko echó a correr en el momento justo antes de que le alcanzara, esquivando así el ataque y contraatacando inmediatamente después; uno de ellos aprovechó el momento para cercar a treecko, pero Bruno exclamó.
-¡Detrás de ti, destructor!
Usando entonces su cola, golpeó de lleno al poochyena en la cabeza antes de que le alcanzara, dejándole un tanto tocado; el tercero aprovechó la ocasión para atacarle desprevenido, llegando a alcanzarle y arañándole con sus zarpas.
-¡Aguanta ahí, treecko, absorber!
Usando sus patas para atacar le absorbió algo de vitalidad para recuperarse él, pero entonces los tres poochyena se coordinaron de golpe y, entre dos, le sujetaron con sus colmillos mientras que el otro comenzó a avasallarle a base de arañazos, impidiéndole así contraatacar.
-¡No, treecko! ¡Maldita sea, eso es muy ruin!-masculló Bruno, molesto por la actitud de los poochyena salvajes.
Por su parte el wrumple vio cómo el pokémon que le había estado defendiendo era maltratado de esa manera por los que antes le habian estado acosando, viendo entonces que tenía que hacer algo y moviéndose enseguida; al punto un fino pero resistente hilo atrapó al poochyena que avasallaba a treecko, al tiempo que una lluvia de picotazos venenosos caía sobre los otros dos, obligándoles a soltarle y cayendo envenenado uno de ellos.
-¡Aléjate, treecko, ataque rápido!
Usando entonces el impulso que ese ataque confería, treecko se abalanzó sobre el que antes le había estado vapuleando y le embistió con todas sus fuerza, logrando entonces ponerle KO; acto seguido se abalanzó sobre los otros dos, el que estaba envenenado no pudo moverse a tiempo y recibió de lleno otra ebestida que le dejó al borde del abismo, mientras que el otro hubiera escapado de no ser por wrumple, que le inmovilizó las patas con disparo demora, lo que le permitió a treecko rematarlo de seguido y cayendo KO. El que quedaba, al ver el panorama, salió corriendo dejando tirados a sus compañeros, ganando así el combate.
-¡Eso es, genial, bien hecho treecko!
El aludido dejó escapar un suspiro satisfactorio y se quedó de brazos cruzados, con actitud orgullosa; por su parte el wrumple se acercó a él para agradecerle su ayuda y luego se encaramó a Bruno reptando por su brazo, haciéndole carantoñas.
-Ah, no ha sido nada, hice lo que tenía que hacer, no soporto a los abusones.
El pokémon bicho, lejos de querer volver al bosque, permaneció con él en todo momento pegado a su brazo, dando entonces a entender sus intenciones.
-Espera… ¿quieres venir conmigo?-inquirió Bruno, sorprendido.
Wrumple asintió enérgicamente y el chico, sin pensárselo mucho más, sacó una de las poké ball que le dio el profesor y la usó para capturarlo dándole un pequeño toque en su frente; la bola se abrió y le metió en su interior, sacudiéndose brevemente en la mano del muchacho hasta que finalmente saltó el seguro.
-¡Genial, tengo un wrumple!-exclamó el chico, contento.
Treecko asintió con vehemencia, aceptando a su nuevo compañero, y siguió a su entrenador mientras retomaban el viaje.
¡Y así empieza la tercera generación, titulada Pokémon Piedras Talladas! ¡Estoy emocionado! ¿estáis emocionados? ¡Yo también! XD sí, la verdad es que ya tenía ganas de empezar, la tercera generación es una de mis preferidas (con permiso de la quinta, claro está) y en cuanto a argumento se refiere es de las que más me esmeré cuando la escribí por primera vez, así que esperad muchas cosas interesantes de ella. Ahora hablemos de Bruno y Aura.
Como no puede ser de otra forma, la personalidad de ambos está muy bien definida, quizás Bruno se vea algo genérico, pero a lo largo de la historia iremos viendo varias facetas suyas, algunas buenas y otras no tanto. Si tuviera que definirlo yo mismo diría que es un chico noble, alegre y enérgico, muy a la línea de Rojo u Oro, pero tranquilos que haré que se diferencien entre sí. En cuanto a Aura seguramente habréis notado retazos de una personalidad inteligente y, en ocasiones, alegre, pero un tanto retraída e insegura en contraposición, algo con lo que trabajaré especialmente con ella a lo largo de toda la trama. En ese sentido no se parece en nada a la Aura del anime o a Zafiro del manga, siendo un personaje mucho más personal, por lo que esperad grandes cosas de ella.
Y bueno, decir tiene que la historia no ha hecho más que empezar, por lo que esperad un comienzo algo más tranquilo y pausado, mientras que el ritmo va subiendo poco a poco.
Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
