Capítulo 2
Demasiado pronto
Bruno continuó el viaje hasta ciudad Petalia atravesando todo lo que quedaba de la ruta 102, por el camino se encontró con más entrenadores que le presentaron batalla, por lo que él aceptó encantado para entrenar. Los combates fueron rápidos y bastante provechosos, pero dejaron a sus pokémon un tanto cansados, por lo que se apresuró para llegar cuanto antes y así curarlos.
Tras varios minutos más yendo a paso ligero, llegó a la ciudad a la hora de comer pasada; al igual que Villa Raíz o pueblo Escaso, ciudad Petalia era una localidad eminentemente residencial, aunque con un núcleo poblacional mucho más denso y una zona comercial más grande y desarrollada. Poseía además múltiples espacios verdes, un par de parques con amplios lagos, y era normalmente considerada como una de las ciudades más habitables de Hoenn. Históricamente hablando también poseía cierta relevancia, ya que fue uno de los principales blancos de las invasiones mongolas durante el período Kamakura, y debido a esto era residencia habitual de muchos samuráis.
Lo primero que hizo nada más llegar fue pasarse rápidamente por el centro pokémon para curar a sus pokémon y, tras eso, se dirigió a ver su padre. El gimnasio se encontraba situado en el centro de la ciudad y cerca de uno de los parques, ubicado en una antigua casa señorial japonesa y entrando en él nada más llegar. Nadie salió a recibirle, aunque una voz familiar proveniente del campo de batalla le llamó la atención y se acercó a mirar, encontrándose entonces con su padre, un hombre alto e igual de delgado que su hijo. De pelo corto y moreno vestía con un suéter de lana rojo cobre y unos pantalones azules marinos; calzaba unas botas negras y sus ojos eran un poco más oscuros que los de su hijo.
-¡Bruno, hijo, que sorpresa!
-¡Papá!-exclamó el chico, yendo a abrazarle.
Hacía tiempo que no le veía, al menos una semana y media desde que se fue antes de la mudanza.
-¿Qué tal la mudanza, sin problemas?
-Sí, los operarios nos ayudaron con varios pokémon y lo hicimos todo bastante rápido, aún quedan algunas cosas más pequeñas pero mamá dijo que se encargaría ella.
-Bueno, nunca viene mal una ayudita, esta tarde me pasaré para echarla un cable ¿qué tal estás tú, todo bien?
-Sí, sin problemas.
-Me alegro…
Antes de que pudiera decir nada más, el estómago de Bruno dejó escapar un suave pero audible gruñido, dando a entender lo evidente.
-Vaya, parece que alguien tiene hambre…
-Sí, bueno, ha sido un camino algo largo-murmuró Bruno, algo colorado.
-Es normal, después de todo es la hora de comer pasada… vamos a comer algo.
Salieron del gimnasio, teniéndolo que cerrar para que nadie más entrara, y fueron a un restaurante del centro de la ciudad situado no muy lejos de allí. Bruno no era muy dado a comer fuera, aunque de vez en cuando nunca decía que no, por lo que no puso pegas al respecto. En cuanto entraron al lugar, un camarero le reconoció nada más verle.
-Oh, usted es el nuevo líder de la ciudad, Norman.
-Así es, me han hablado muy bien de éste sitio y vengo a comprobarlo.
-Como en su casa, señor…-murmuró el camarero, guiándolos hasta una mesa.
Durante la comida Norman se mostró sorprendido de su visita, ya que no se esperaba para nada verle por allí.
-Ahora que lo pienso ¿Cómo has venido hasta aquí sin escolta?
-El profesor Abedul me dio un pokémon, y también capturé a otro por el camino, mira-explicó el chico, sacándolos rápidamente para que los viera.
-Ya veo, Abedul siempre está en todo, tiene un ojo infalible… ¿conociste a su hija? Tiene la misma edad que tú.
-Sí, lo cierto es que es una chica increíble, ayuda a su padre con sus investigaciones y va por ahí haciendo inventario con una pokédex pero de papel, tendrías que verla, es impresionante…
Por un momento Norman miró a su hijo con gesto divertido y alzando las cejas, comentando de seguido.
-Vaya, parece que te ha caído bien…
-Sí, es una chica interesante.
-Entiendo, es normal después de todo, te estás haciendo mayor y empiezas a ver las cosas de otro modo…
Por un momento hubo un breve silencio, como si no entendiera del todo lo que le quería decir, pero entonces el chico comprendió la indirecta y exclamó todo rojo.
-¿¡Pero qué dices, papá?! ¡Si la acabo de conocer, es una amiga, eso es todo!
Norman se rio por lo bajo, sin decir nada más, sin embargo el chico aprovechó para cambiar rápidamente de tema.
-Oye, papá ¿podemos tener una batalla?
-Nada me gustaría más, Bruno, pero me temo que voy a tener que declinar, acabas de empezar y necesitas entrenar para llegar a estar a mi nivel. Además, recuerda que yo otorgo la quinta medalla, así que si piensas participar en la conferencia Colosalia de este año vas a tener que luchar contra mí eventualmente-explicó Norman seriamente.
-Entiendo… aunque ¿al menos podríamos entrenar juntos?
-Claro, sin problemas.
Una vez que terminaron de comer volvieron al gimnasio y estuvieron entrenando juntos. Desde siempre Bruno había admirado la fuerza y destreza de su padre, en su día fue un brillante entrenador que llegó a destacar bastante en la conferencia Plateada, que además fue una de las primeras ediciones, y aunque no llegó a ganar en su momento logró clasificarse hasta las semifinales, donde perdió tras un feroz combate contra un entrenador más fuerte que él. Aun a pesar de esto él perseveró y siguió entrenando hasta que el profesor Abedul le informó de que el antiguo líder de gimnasio de ciudad Petalia se retiraba, optando entonces al cargo por consejo del propio Abedul a la Asociación Pokémon de Hoenn. Y ahora ahí estaban, padre e hijo entrenando juntos con el objetivo de que éste último ganara la conferencia Colosalia de ese año.
-El camino es duro, pero con esfuerzo y constancia puedes llegar hasta donde tú quieras llegar. Recuerda que la clave es un buen equilibrio en las habilidades de tus pokémon, así como conocer a la perfección tanto sus fortalezas como sus debilidades y aplicarlas con cabeza en el combate, sacando partido de ellas. Como consejo personal intenta hacerte con un pokémon normal, como bien ya sabes es el tipo más balanceado de todos y de los más flexibles en combate, pero no lo tomes como una obligación, sino como un consejo de padre.
-Está bien, gracias papá.
-Por ahora tanto treecko como wrumple tienen potencial y, si los entrenas bien, pueden llegar a ser unos pokémon muy fuertes.
-Discúlpenme…
Esa súbita voz llamó la atención tanto del padre como del hijo, dándose la vuelta y viendo entonces quién se trataba. Era un chico algo más pequeño que Bruno, tenía el pelo tintado de verde, vestía con una camisa blanca bastante pulcra y unos pantalones de pana a juego con su pelo. Calzaba unas zapatillas blancas y azules y sus ojos eran azules claros. Tenía un aspecto algo enfermizo, se le veía un tanto pálido y con unas pocas ojeras.
-Hola… soy Blasco… me gustaría tener un pokémon, por favor…-murmuró tímidamente.
-Ah, sí, ya me comentaron tus padres que vendrías… me parece bien, te ayudaré encantado. Bruno ¿puedo pedirte un favor?
-Claro, papá, dime.
-Acompaña a Blasco a atrapar un pokémon, enséñale un poco los fundamentos básicos. Ten, te presto uno de mis pokémon para la captura-anunció Norman, dándole una poké ball.
-Muchas gracias…-agradeció Blasco, cogiendo la ball como si fuea de cristal.
Sin mayor dilación salieron del gimnasio y, una vez solos, Bruno se presentó.
-Yo soy Bruno, encantado.
-Igualmente. No sabía que el señor Norman tuviera un hijo…
-Pues sí, ese soy yo… ¿eres de aquí?
-Sí, nací y crecí aquí…
-Yo vengo de Johto-anunció Bruno.
-¿De veras? ¿Y cómo es?-inquirió el chico, interesado.
-Pues no es tan grande como Hoenn, ni tan verde, la verdad es que me está sorprendiendo…
Blasco quiso decir algo, pero antes de poder hacerlo comenzó a carraspear y se llevó la mano al bolsillo derecho del pantalónn rápidamente, sacando de este un inhalador y usándolo sin demora. Una vez que estuvo mejor, se lo guardó y suspiró aliviado.
-Anda, ¿padeces asma?-preguntó Bruno con educación.
-Sí, la tengo desde hace unos años. El médico me ha recomendado que me traslade a un sitio más limpio, lejos de la ciudad. Tengo familia en pueblo Verdegal, mis tíos y una prima mía viven allí y voy a pasar una temporada con ellos; no había podido tener un pokémon antes debido al asma, pero me gustaría llevarme uno antes de irme-explicó el chico con detalle.
-Ya veo… entonces vamos a atrapar a uno.
Se dirigieron a las afueras de la ciudad, a la parte más cercana a la ruta 102; estuvieron buscando por la hierba hasta que al final ésta se sacudió y salió de ella un pokémon muy curioso.
-¿Qué es eso?-inquirió Blasco.
-Vamos a ver…-murmuró Bruno, sacando la pokédex.
-Ralts, el pokémon sensible; tiene la capacidad de detectar las sensaciones de la gente y de los pokémon gracias a los cuernos de la cabeza. Si percibe energía negativa, se protegerá. No es común que suela aparecer en público, pero lo hará si ve buena disposición en la gente.
-Mira, igual es una señal y todo… primero hay que debilitarlo, ve a por él-indicó Bruno.
-Vale…-murmuró Blasco lanzando la ball que le dio Norman.
De ésta salió entonces un zigzagoon, el cual presentó batalla enseguida.
-Sabe hacer placaje y gruñido-informó Bruno, consultando la pokédex.
-Bien… ¡placaje!-exclamó Blasco.
De golpe y porrazo zigzagoon se movió rápidamente y logró golpear el primero; ralts se quedó tan impactado, que no se movió, cayendo al suelo con estrépito. Parecía que no se esperaba que le atacaran. Zigzagoon aprovechó para volver a atacar con más fuerza, noqueándolo rápidamente.
-¡Ahora, toma, lánzale la poké ball!-exclamó Bruno, pasándole una.
-¡Ahí va!
La ball silbó en el aire y golpeó ligeramente al pokémon, que no se resistió; acto seguido cayó al suelo y dio varios toques hasta que finalmente saltó el seguro. A Blasco se le iluminaron los ojos mientras la cogía, mascullando emocionado.
-Lo hice… tengo un pokémon…
-Muy bien hecho, a la primera, nada mal-le felicitó Bruno.
-No me lo puedo creer… pensaba que nunca llegaría este día. Muchas gracias por tu ayuda, Bruno…
-Ah, no ha sido nada, volvamos con mi padre.
Volvieron rápidamente al gimnasio, donde Blasco devolvió al zigzagoon.
-¿Qué tal ha ido todo?-preguntó Norman.
-Muy bien, ha capturado un ralts.
-Muchas gracias por todo, señor Norman...
-No ha sido nada, me alegra haberte ayudado-le quitó importancia el líder del gimnasio.
En ese momento entró en el gimnasio un hombre del mismo color de ojos de Blasco, algo más alto y de mediana edad, el cual se dirigió a él.
-Eh, Blasco, que nos tenemos que ir ya, venga.
-Ah… ya voy, papá.
Blasco se despidió de Bruno y, antes de irse, su padre habló con Norman.
-Muchas gracias por hacernos el favor, señor Norman…
-Ni lo mencione, encantado de ayudar, aunque parte del mérito es de mi hijo, él salió con Blasco de caza.
-¿De veras? En ese caso muchas gracias por estar con mi Blasco, el pobre está débil por el asma y me lo llevo a casa de sus tíos en pueblo Verdegal por petición de su médico. Gracias por dedicarle un poco de tu tiempo.
-Ah, no ha sido nada realmente, encantado de ayudar…
-Vaya, veo que viene de familia ¿eh?
Ante eso los tres se rieron con confidencia, hablando un rato más con el hombre hasta que finalmente se despidió de todos y se marchó junto con su hijo en coche hacia pueblo Verdegal.
Por su parte Bruno pasó el resto del día y la noche en el gimnasio junto con su padre y, al día siguiente, retomó el viaje.
-Bueno, hijo, pues mucha suerte en los gimnasios, puedes empezar yendo al de ciudad Férrica, está al noroeste de aquí partiendo hacia la ruta 104, tienes que atravesar todo el bosque Petalia, a lo sumo serán uno o dos días de viaje.
-Gracias, papá… aunque espera, no le he dicho a mamá que me voy, igual se preocupa-recordó él.
-No te preocupes, ahora la llamo yo para avisarla.
Finalmente se despidió de él y partió hacia la siguiente ruta sin más demora; estando entonces a punto de salir de la ciudad, se topó entonces con un hombre bajito, regordete y de pelo castaño rizado. Vestía una camiseta azul celeste con motivos vegetales, unos pantalones cortos blancos y calzaba unas zapatillas del mismo color; ocultaba su mirada tras unas gafas de sol ovaladas y llevaba colgado al cuello un extraño aparato rojo que no supo identificar. Nada más verle pasar se fijó entonces en él, observándole atentamente bajando sus gafas y comentando de seguido.
-Hola, por tu forma de vestir me da que entrenas pokémon ¿verdad?
-Ah, pues sí…
-Oh, eso es fabuloso, precisamente lo que andaba buscando ¿tendrías un instante para mi, me dejas echarle un vistazo a tus pokémon?
-Eh… bueno, no veo por qué no…
Sacó entonces sin mayor demora tanto a treecko como a wurmple, los cuales miraron atentamente al hombre, quien por un momento se le veía ligeramente decepcionado.
-Oh, vaya ¿sólo esto? Ya veo, entonces debes de estar empezando…-obvió él hombre.
-Sí, así es, empecé justo ayer, ahora me dirijo a por mi primera medalla.
-Sí, todos hemos estado ahí alguna vez, yo también, espero que entrenes mucho y te vuelvas muy fuerte, puede que para entonces seas más interesante, aunque si te soy sincero me produces buenas vibraciones…
-Eh… sí, pero oiga ¿quién es usted?-preguntó Bruno, extrañado por su actitud.
-Me llamo Treto, estoy en la búsqueda de entrenadores con talento, soy algo así como un cazatalentos pero con entrenadores.
-Entiendo…
-Pero perdona por haberte robado tu tiempo, no te molesto más, adiós.
Antes de que pudiera decirle nada más, el tal Treto se fue tan rápido como apareció, dejando sólo al chico junto con sus pokémon, los cuales se veían igual de confusos que él.
-Pues vale…-murmuró Bruno, algo extrañado por su actitud.
Recogió entonces a sus pokémon y continuó su viaje hacia el noroeste sin mayor dilación y hacia su siguiente medalla.
¡Pues uno más! ¿os he dicho ya que estoy emocionado? XD dado que ya tenía este terminado me he dicho: pues mira, lo subo y a otra cosa. No sucede nada sustancial en este capítulo, salvo por la introducción de Blasco, el cual puedo adelantar que trabajaré mucho más en comparación con los juegos, ya que en estos apenas lo tocan salvo en varios momentos puntuales y poco más, por lo que yo le daré algo más de fondo. Que por cierto, hablando de los juegos, se me olvidó comentar en el anterior capítulo la base para esta generación, voy enfocarme única y exclusivamente en los juegos originales de rubí, zafiro y esmeralda, particularmente en este último, el cual hizo un trabajo excelente a la hora de combinar las tramas de tanto rubí como zafiro. Y os adelanto desde ya que detesto los remakes, por lo que no esperéis ni mega ostias ni regresiones mierdigenias ni nada por el estilo. Caca. No se toca.
Y eso es todo, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
