Capítulo 7

De travesía

Al día siguiente se levantaron pronto, para desgracia de Bruno que odiaba madrugar, desayunaron rápidamente, recogieron sus cosas y partieron de inmediato hacia el sur. Las piezas las llevaba Bruno consigo en su mochila, haciendo algo de bulto, y Aura llevaba la carta doblada en su riñonera. Volvieron tras sus pasos y alrededor de mediodía, cercana a la una, ya habían atravesado todo el bosque Petalia y se acercaban a la playa de la ciudad mientras conversaban animadamente.

-Así que tu padre es el nuevo líder de Petalia…

-Sí, supo por mediación de tu padre que el anterior líder ya se había jubilado y quiso presentarse. Hizo el examen de ingreso de la Asociación en Johto y, en cuanto aprobó, le destinaron aquí. Nos tuvimos que mudar desde ciudad Olivo debido a esto-explicaba Bruno, con detalle.

-Oh… ¿Y cómo es la prefectura de Johto?-inquirió entonces ella, interesada.

-Es mucho más pequeña que Hoenn, aunque no es tan verde, al oeste es más llana mientras que al este es más montañosa, ya que tenemos cerca el monte Plateado.

-Seguro que hay un montón de pokémon desconocidos y sin clasificar…

-Sí, son completamente distintos a los que hay por aquí, estoy seguro que te gustarían.

Ante esas palabras Aura soltó un suspiro y murmuró.

-Cómo me gustaría viajar y conocer el resto de Japón, siempre he tenido curiosidad, me gusta mucho ayudar a mi padre en su trabajo, pero viajar también ha sido una de mis aspiraciones.

-Pues en ese caso, para el año que viene yo te llevo para que veas Johto y Kanto, la prefectura vecina-le ofreció entonces el chico, sin dudar.

-¿Sí? ¿Me llevarías?-inquirió ella, emocionada.

-Claro, una visitilla nunca está de más, y mejor ir acompañado que sólo ¿no?

-Gracias, Bruno…

-No es nada… mira, ya estamos aquí.

Finalmente llegaron a la playa de Petalia, desde allí se podía ver parte del mar de China Oriental abriéndose ante ellos, pueblo Azuliza se situaba en una isla a varias millas de distancia, por lo que se hacía necesario cruzar de algún modo el mar para llegar hasta allí.

-Espera, ahora que lo pienso… ¿cómo hacemos para llegar a Azuliza? Normalmente uso algunos pokémon de mi padre para este tipo de situaciones, pero no los tengo conmigo ahora mismo…

Bruno se quedó pensativo, rumiando posibilidades, sin embargo vio entonces una casa cercana y se le ocurrió algo, comentando de seguido.

-Vaya, mira quién está ahí…

Aura miró donde él indicaba y vio una casita junto a un embarcadero, donde había un pequeño barco de pesca antiguo amarrado; el señor Arenque, en el extremo del muelle, pasaba el rato pescando. Un wingull que les era familiar, en cuanto vio a Aura, echó a volar revoloteando a su alrededor hasta posarse en su cabeza.

-Ah, hola Peeko-saludó ella, acariciándole.

El señor Arenque se dio la vuelta y, nada más verles, les saludó.

-¡Oh, pero si son los jóvenes que ayudaron a mi Peeko!

El señor Arenque era un hombre mayor, de unos setenta años más o menos; destacaba sobre todo por su tez morena, cabeza calva, además de una frondosa barba de lobo de mar junto a unas pobladas cejas cetrinas. Llevaba puesto un yukata de color azul pálido tirando a gris, sujeto con un cinturón blanco y calzaba unos zôri de igual color.

-¡Qué sorpresa! ¿Habeis venido de visita?

-Sí, pasábamos por aquí y se nos ocurrió pasar a saludar, aunque… ¿podemos pedirle un favor, señor Arenque?

-¡Por supuesto, lo que necesitéis, pasad, pasad!

Les invitó a pasar a su casa y, una vez allí, le explicaron su necesidad mientras tomaban un té.

-Ya veo, así que la señorita debe ir a pueblo Azuliza para entregar una carta y el señorito a ciudad Portual para entregar unas piezas. Vaya vida más ajetreada la vuestra-comentó el señor Arenque.

-Necesitamos cruzar de alguna forma el mar, nos preguntábamos si usted podría llevarnos, señor Arenque-murmuró Bruno lo más consideradamente posible.

-¡Por supuesto, vosotros salvasteis a mi Peeko y yo os estaré eternamente agradecido! ¡A isla Azuliza pues, no perdamos más tiempo, comeremos por el camino!

Embarcaron enseguida y, tras varios preparativos más por parte del señor Arenque, soltaron amarras y partieron hacia el sur.

Isla Azuliza estaba, aproximadamente, a unas treinta y cinco millas de distancia de la gran isla continental de Hoenn y tardarían entre unas cuatro o cinco horas en llegar, ya que el barco del señor Arenque no era particularmente rápido. Sin embargo eso no les importó y disfrutaron de todas las vistas del lánguido mar de China Oriental que colindaba las rutas 104, 105 y 106. El mar estaba en calma, soplaba un suave y agradable viento que arrastraba consigo el característico olor a salitre y varias bandadas de wingull salvajes planeaban no muy lejos de allí, tratando de pescar alguna presa con sus picos.

-Vaya, menudas vistas…-murmuró Bruno, animado.

-Bueno, en ciudad Olivo también hay mar ¿no?-inquirió Aura en ese momento.

-Sí, aunque al estar situado en una bahía no es tan profundo, se nota que este es mar abierto, más azul y colorido… me está gustando mucho a decir verdad.

-¡Los mares que colindan Hoenn destacan por ser vastos y muy misteriosos! Yo mismo los he recorrido durante gran parte de mi vida y me los conozco como la palma de mi mano, podría contaros muchas cosas al respecto-comentó en ese momento el señor Arenque.

-¿Ah, sí?

-¡Ya lo creo! Desde los tiempos antiguos se dice que tanto las tierras como los océanos han tenido gran relevancia en los mitos y leyendas de Hoenn, adorado por algunos y temido por otros. Siempre se ha dicho que aquí el mar tiene vida propia, como si pensara por su cuenta, y personalmente puedo decir que hay algo de cierto en esa afirmación.

-¿Qué le hace decir eso?-inquirió Aura, intrigada.

-Experiencias personales principalmente, una vez mientras faenaba junto a unos compañeros un golpe de mar nos pilló con tanta fuerza que hizo zozobrar al barco en el que íbamos. Fue tan fuerte que nos lanzó a cada uno en distintas direcciones, tratamos de reagruparnos, pero el mar parecía querer separarnos a toda costa. Pensaba que no lo contaba, sin embargo varios pokémon de agua me ayudaron a salir de allí y me salvaron a mí y a varios compañeros míos, aunque desgraciadamente no a todos. A veces el mar es caprichoso, y en un momento como ese tan sólo piensas en sobrevivir. Por eso le tengo mucho respeto en ese sentido. Hay que respetar a los mares y a los pokémon que viven en ellos. Porque si no lo haces y te metes con su ciclo natural, ellos mismos te lo harán pagar en algún momento.

Las palabras del señor Arenque, cargadas de gran fuerza y sabiduría, dieron qué pensar a ambos muchachos, sobre todo a Bruno, el cual irremediablemente se acordó del equipo Aqua. La última vez que habló con Shy fue para aceptar su propuesta de colaboración y contarle lo que pasó en Devon SA, llegando a compartir con él cierta información al respecto.

-De cierta forma esperábamos que esos piratuchos fueran tras algún método de transporte marítimo, después de todo parecen estar muy centrados en el mar y la oceanografía como bien ya te comenté. No sabemos con seguridad qué pretenden con todo esto, pero si puedes hacer llegar esas piezas a su destino nos quedaremos más tranquilos, seguro que un entrenador es en lo último en lo que pensarían para escoltar unas piezas tan importantes. Vigila tu espalda, eso sí, si ves u oyes algo sospechoso no dudes en llamarme.

Estaba tan absorto pensando en las palabras del agente y las posibles implicaciones del equipo Aqua en todo ese asunto que, de repente, la voz de Aura dirigiéndose a él le cogió con la guardia baja, haciéndole reaccionar de seguido.

-¿En qué piensas?

-¿Eh? Ah, no, en nada importante…

No quería involucrarla de más en todo ese asunto, después de todo a quien había pedido ayuda la Interpol era a él.

-¿Seguro? Parecías muy pensativo, como si algo te molestara…

Por un momento no supo muy bien qué decir, puesto que la mirada preocupada que le estaba echando la chica hizo que se lo pensara mejor, sin embargo prefirió permanecer firme en ese sentido y finalmente murmuró.

-Sí, tranquila, tan solo pensaba en mi próximo combate de gimnasio.

-Oh, bien, no sé nada de ese gimnasio, pero en cuanto lleguemos trataré de averiguar algo.

Aprovecharon para comer algo mientras continuaban la travesía y contemplaban los encantos del mar, a la altura de la ruta 105 vieron varias islitas aisladas con algo de vegetación en ellas, complementando de esa forma el paisaje.


Esa misma tarde, alrededor de las seis, llegaron a su destino. Pueblo Azuliza era una población costera, pequeña pero concurrida, de costumbres marinas y blancas playas. Un paseo marítimo coronaba la parte baja del pueblo, junto a la playa, mientras que el resto de la localidad se extendía hasta un poco más allá de la zona más montañosa de la isla. Su economía, aunque siempre había sido tradicionalmente pesquera, se había ido especializando durante los últimos años en el ocio y el turismo, por lo que era usual encontrar allí muchos servicios relacionados, y los turistas, tanto internos como externos, abarrotaban sus playas, clubes, bares y restaurantes.

El señor Arenque atracó su barco en un pequeño muelle deportivo cercano al paseo y Aura se bajó de él de un salto, pero Bruno se quedó.

-Aprovecharemos para continuar hasta ciudad Portual y entregar las piezas, luego volveré para enfrentarme al líder, así nos evitamos tener que ir y volver dos veces-aclaró el chico.

-Está bien, yo mañana entregaré la carta y te espero por aquí.

-Vale, en cuanto llegue te pego un toque.

-A ciudad Portual pues-murmuró el señor Arenque.

Tras aprovisionarse un poco y repostar rápidamente, el barco se alejó del muelle y ambos se despidieron hasta que se alejaron de la isla en dirección este; una vez sola, Aura observó la gran y abarrotada playa y no se lo pensó dos veces, dirigiéndose al pueblo a buscar una tienda donde encontrar un bikini y un pareo a juego. Ya que iba a estar sola durante un día por lo menos, qué mejor forma de disfrutar un poco del verano en una de las tantas playas de Hoenn.


Mientras tanto, el barco del señor Arenque siguió su ruta todo lo rápido que podía en dirección este. El viaje hacia ciudad Portual sería algo más largo, puesto que estaba un poco más lejos en comparación con pueblo Azuliza, debiendo de atravesar tres rutas marítimas: la 107, 108 y 109. A las ocho y media de la tarde, ya atardeciendo y a la altura de la ruta 108, Bruno divisó no muy lejos de donde se encontraban un viejo barco semihundido en el agua; se encontraba encallado en un pequeño banco de arena con la proa apuntando hacia el cielo y la popa parcialmente sumergida, su enorme estructura se encontraba bastante deteriorada, con partes del casco inferior agujereado y mucha maleza recubriendo el resto, aunque su figura seguía siendo reconocible. Realmente intrigado, el chico decidió preguntar al respecto.

-Señor Arenque ¿y ese barco de ahí?

-Ah, sí, el viejo SS Cactus, fue un barco de los tiempos de la II Guerra Mundial perteneciente a la antigua naviera local que chocó contra un arrecife mientras cubría una de sus rutas, el golpe abrió una vía de agua no muy grande por popa que le permitió avanzar unos metros más, los suficientes como para alcanzar ese banco de arena y evitar hundirse por completo, lo cual salvó muchas vidas. Debido a los altos costes de la guerra, la naviera no se molestó en rescatarlo y lleva ahí descomponiéndose desde entonces. Poca gente se acuerda ya de su nombre, es más conocido como la nao abandonada-explicó el ex marinero con todo detalle.

Dejaron atrás el pecio y continuaron todo recto sin apenas desviarse. El viaje duró como mucho seis horas, dos más que yendo en dirección Petalia-Azuliza; debido a esto llegaron a ciudad Portual cerca de medianoche, el señor Arenque atracó su barco en la misma playa, que era mucho más grande y extensa que la de Azuliza. Cerca de ella se podía divisar otro paseo marítimo, mucho más alargado y ancho, y en su extremo este un moderno faro de color blanco y de no más de diez metros de alto extendía un potente haz de luz de noreste a sureste, repitiendo la acción tres veces seguidas. La playa lucía vacía y solitaria, y al lado de un chiringuito había un buen número de sombrillas y tumbonas recogidas en varios montones.

-¿No atraca en el puerto?-inquirió Bruno en ese momento, tras bajar del barco.

-Es que el puerto de esta ciudad es para barcos de gran envergadura y calado, no puedo atracar en él, así que atraco aquí mismo-explicó el anciano mientras empujaba el barco mediante varias sogas con una inusitada fuerza aun a pesar de su edad.

-Pero quedará encallado en la arena...

-¡No te preocupes, la marea me ayudará! Estaré bien, ve a entregar esas piezas… bueno, ya mañana si eso.

-Sí… gracias por traerme, señor Arenque.

-No hay de qué, joven, si quieres volver a hacerte a la mar, avísame, estaré por aquí.

Se despidió de él y se fue directamente al centro pokémon para cenar, o al menos intentarlo; estaban a punto de cerrar el buffet, pero llegó a tiempo para terminar con las sobras antes de que cerraran. Tras eso se dirigió a por una habitación, cayendo redondo en la cama y durmiéndose casi al instante. Había sido un día largo, y debía estar descansado para el recado de mañana. Afuera, una luna llena se asomaba entre varios jirones de nubes, alumbrando ciudad Portual.


¡Y seguimos con Pokémon! Vaya, lo cierto es que estoy particularmente inspirado para con esta historia, supongo que será porque de por sí ya está escrita, pero ando metiendo detalles nuevos y ampliando algunos escenarios y lo cierto es que me está gustando cómo me está quedando, ya tengo dos más ya listos y no sé si publicarlos de seguido o no, por lo que voy a optar por preguntároslo a vosotros ¿queréis que siga o preferis el ritmo habitual de publicación? contestad en vuestras reviews.

En cuanto a este capítulo se refiere es más de transición que otra cosa, pero aprovecho para meter algunos detalles pertenecientes a la historia mientras que complemento entre medias el escenario. A partir de aquí la trama irá cogiendo más ritmo y los capítulos tendrán más contenido, así que esperad situaciones más concretas.

Y eso es todo de momento, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!