Capítulo 27
Pérdida
Tras el despertar de groudon, los primeros efectos comenzaron a notarse muy rápidamente; el primero de todos, y el más grave, fue que la actividad del monte Cenizo se redujo de golpe y sin explicación aparente. Los vulcanólogos que lo vigilaban día y noche no se podían explicar cómo uno de los supervolcanes más activos del mundo pudiese acabar dormido de forma tan abrupta y espontánea; dejó de expulsar humo, las aguas termales de pueblo Lavacalda se enfriaron y dejó de llover ceniza en la ruta 113.
Y eso no fue todo, puesto que la temperatura aumentó sin explicación aparente; de los treinta y dos grados de media que habitualmente hacía en Hoenn en verano, aumentaron significativamente, llegando a superar los cuarenta grados. Los meteorólogos lo achacaron a un anticiclón que se encontraba peinando Japón desde el este, pero Bruno sabía perfectamente que era por groudon; teniendo en cuenta dónde se encontraba antes de despertar, era él quien mantenía al supervolcán activo, el sustento de pueblo Lavacalda, el cual empezó a perder dinero a espuertas en cuanto las aguas termales se enfriaron. El taller de vidrio de la ruta 113 también cayó en crisis al no haber ceniza suficiente para hacer cristal.
El paradero de groudon era actualmente desconocido, pero el calor provocado por este desde que despertó no dejaba pensar con claridad. Ni a él ni a ninguno de los habitantes en Hoenn.
Ese día estaba siendo especialmente sofocante hasta para una localidad tan pequeña como Villa Raíz, haciendo que los vecinos se encerraran en sus casas con el aire acondicionado, ya que estar sin él era como estar dentro de un horno. La madre de Aura lo llevaba bastante mal, ya que tanto calor la mareaba. Y para rematar no tenían aire en casa puesto que no lo vio necesario en su momento, ya que tampoco pasaba tanto calor durante los veranos, al menos normalmente.
-Madre mía, qué calor… no puedo con él-musitó, bastante agobiada
Como su marido no volvería de su investigación hasta al menos dos horas después, comenzó a hacer la comida para no tener que estar después ocupada; como necesitaba una olla, se subió a una silla para coger una en lo alto de un cajón cercano a la vitrocerámica.
-Agh, quién me mandaría guardar las ollas ahí arriba-masculló la mujer, jadeando.
Hizo un buen esfuerzo para alcanzar la susodicha, que estaba situada a poca distancia del borde. Sin embargo, en ese justo instante sintió de repente cómo la vista se la nublaba y un mareo intenso se echaba sobre ella; por un momento creyó que la silla se había movido y dio un paso hacia atrás, sin apenas gobierno de su cuerpo. Perdió el equilibrio rápidamente y se cayó de espaldas, con tan mala fortuna de golpearse en la nuca con la esquina de la encimera de la cocina, situada justo detrás de ella. Se derrumbó en el suelo como un peso pesado y no se volvió a mover, sumiendo a toda la casa en un silencio sepulcral.
Bruno aplaudía a rabiar, ya que había sido una actuación soberbia; las gradas estaban a rebosar en el auditorio, y es que Aura había demostrado una actuación magnífica. En la primera ronda, wailmer se lució en todo momento gracias a unos cuantos pokécubos azules secos que Bruno preparó para la ocasión, llamando gratamente la atención del público; acto seguido, en la segunda ronda, y gracias a la preparación previa en compañía de milotic, la combinación de surf, hidropulso y desenrollar logró ganarse la aprobación del jurado, obteniendo así el listón de belleza de categoría normal.
En cuanto salieron de nuevo al recibidor, Aura fue a su encuentro.
-¡He ganado, he ganado!
Se echó a sus brazos y el chico le devolvió el abrazo con ganas, compartiendo un rápido beso entre los dos.
-Has estado de lujo.
-¡Sí, sabía que combinar belleza con un poco de dureza daría resultado!-asintió ella, con una gran sonrisa en el rostro.
Bruno se alegró por ella, ya que todo eso la hacía olvidar su pasado y la ayudaba a vivir el presente, precisamente lo que más necesitaba. Y al verla así de feliz, él también era feliz.
En ese momento la llamaron al pokénavegador y la chica contestó rápidamente.
-¡Es mi padre! ¡Hola, papá!-exclamó ella, cogiendo de seguido y apartándose para hablar.
Mientras esperaba a que terminara, Bruno estuvo mirando unos retratos bastante buenos de los pokémon ganadores, viendo el de wailmer en los de nivel normal, sin embargo un desgarrador sollozo le hizo girarse de golpe. Vio entonces de que se trataba de Aura, que lloraba como si se hubiera muerto alguien.
-¡Aura! ¿¡Qué pasa?!-inquirió él, acercándose a ella.
La chica se tiró a sus brazos, sin poder dejar de llorar desconsoladamente y dejando escapar estertores varios; el chico hizo todo lo posible para que se calmara, consiguiéndolo entre medias, y en cuanto pudo decir algo, musitó.
-Mi… mi madre… ha muerto…
Bruno abrió mucho los ojos, incrédulo; no la había llegado a conocer a fondo, pero en todos los momentos en los que habló con ella le pareció una mujer muy simpática y de lo más cercana. La noticia cayó sobre él como un jarro de agua fría y abrazó a su chica con infinito cariño, mientras que ella seguía llorando en su hombro, sin consuelo.
-Lo… lo siento muchísimo, Aura…
-¿¡Por qué, por qué?!¿¡Qué ha pasado?! No entiendo nada, yo… yo… mamá… no…
Bruno supo entonces que perdían el tiempo en esa ciudad, por lo que fueron a recoger todas sus cosas de la habitación del centro pokémon, desocupándola rápidamente y cancelando la reserva. En cuanto tuvieron todo listo, montaron a lomos de latios y regresaron a lo más rápidamente posible a Villa Raíz.
Una vez allí les pusieron al corriente de todo, sabiendo que fue el profesor el que descubrió el cuerpo inerte de su mujer al llegar a casa cerca de la hora de comer; la posterior autopsia en ciudad Petalia desveló que la causa de la muerte fue desnucamiento tras un fugaz golpe de calor, lo que la desorientó por unos segundos estando subida a una silla y lo que lo provocó. No había consuelo para padre e hija, que se abrazaron nada más verse y lloraron juntos.
Organizaron el velatorio en casa del profesor y vino un montón de gente tanto del pueblo y otros conocidos del profesor en otras localidades, los cuales le expresaron sus condolencias. Bruno asistió con su madre y su padre, el cual no se separó ni un momento de uno de sus mejores amigos. Era chocante ver al profesor Abedul, usualmente un hombre de lo más dicharachero y afable, tan abatido y destruido en esos momentos, aunque era completamente comprensible.
-No te imaginas, Norman, lo que es encontrarte a tu mujer muerta en casa. Es… es pensar que si hubiera estado yo allí lo hubiera podido evitar, haberla salvado la vida. Es culpa mía por no estar casi siempre en casa…-musitaba Abedul, saltándosele las lágrimas.
-No, Abedul, no es culpa tuya, tan solo ha sido un desgraciado accidente, no te culpes así. Debes de ser fuerte, amigo mío, por ti y por tu hija…
-Lo sé, lo sé, pero… no concibo una vida sin ella…
Por su parte Bruno fue a expresarle sus condolencias y, al verle, el profesor murmuró.
-Hombre, Bruno, cuánto tiempo… ¿Qué tal está el pequeño treecko que te confié?
-Muy bien, ahora es un grovyle…
-Oh, qué bien… seguro que es fuerte y vigoroso…
-Sí… lo siento muchísimo, profesor…
-Gracias, Bruno…
Todos los presentes iban vestidos con trajes negros de arriba abajo, Aura llevaba un vestido de seda color negro, con falda larga y camisa negra. Estaba muy callada y sólo hablaba si la daban el pésame, Bruno se acercó a ella y la miró a los ojos, los tenía rojos de tanto llorar.
-Bruno…
El chico no dijo nada y la abrazó con todo el cariño y amor que la profesaba; aún no habían dicho nada a nadie sobre su relación ya que no era momento ni lugar, cierto era que se arriesgaban a que les vieran y ataran cabos, pero para entonces eso ya les daba igual. Aura se pegó a él y lloró en silencio, hundida.
Estuvieron preparándolo todo para la ceremonia antes de que viniera el sacerdote, Aura y Abedul lo hicieron los dos solos sin ningún tipo de ayuda. Colocaron el cuerpo en su futón y cubrieron su cara con un pañuelo. Acto seguido cruzaron sus manos, para que pareciese que oraba; después colocaron una mesita delante, en la que pusieron incienso, una vela y una campanilla. Aura puso una navaja pequeña en su regazo. Pocos minutos después trajeron el ataúd, blanco como la nieve, en el que metieron unas sandalias de paja y otros objetos simbólicos más que su madre solía utilizar en vida; el organizador repartió varias margaritas entre los presentes, los cuales bebían té y hablaban entre sí.
Poco después vino el sacerdote y presidió la ceremonia del funeral junto con un monje que lo asistía en todo momento; mientras que el sacerdote oraba en japonés antiguo, el monje tocaba la campanilla y un tambor, al tiempo que los presentes iban pasando ante al altar de dos en dos a depositar incienso en una vasija. Tras ese procedimiento el sacerdote leyó el Sutra, escrito por Aura y Abedul. Tras su lectura, fue depositado en el ataúd. Luego cubrieron el cuerpo entero de su madre con flores, dejando sólo su cara a la vista.
Tras la ceremonia funeraria, llevaron el cuerpo al crematorio de ciudad Petalia, donde la incineraron. Tras ese proceso recogieron los huesos que no fueron pulverizados y los metieron en una urna, la cual fueron a enterrar al cementerio, donde le dieron el último adiós. Dado que Villa Raíz era un pueblo tan pequeño, carecía de algunos servicios y no tenían cementerio, por lo que tuvieron que hacerlo allí. Antes de que cerraran la tumba, los asistentes tiraron rosas y claveles, Aura fue la última en echar su rosa. Finalmente cerraron la tumba y la gente se fue despidiendo de Aura y Abedul antes de irse, con algunos pocos quedándose cerca hablando entre sí. Sin embargo Aura no quiso despegarse de la tumba en ningún momento, mirándola con gesto perdido y una tristeza infinita reflejada en sus ojos, ni siquiera su padre la consiguió convencer de que la dejara marchar.
Viendo esto, Bruno se puso a su lado acompañándola en todo momento, mirando el sepulcro. Una foto de su madre en vida decoraba éste junto con gran ramo de flores vivas y frescas, con algunos de los pétalos aún mojados. Tomó de la mano a su chica y, en ese momento, habló.
-¿Sabes? No llegué a conocerla en profundidad pero siempre me pareció una buena mujer. Me dio la bienvenida y me animó a conocerte cuando llegué aquí por primera vez. Y eso es, quizás, lo mejor que me pudo pasar.
Las palabras del muchacho hicieron sonreír levemente a la chica, aunque fue una sonrisa llena de tristeza y dolor.
-Ella… ella sabía que nosotros acabaríamos juntos ¿sabes? La última vez que hablamos fue antes de irme contigo hacia el este… lo recuerdo como si fuera ayer…
-¿Lo tienes ya todo preparado?
-Sí, mamá, ya sabes que a previsora no me gana nadie.
-Oh, ya lo sé, pero es para asegurarme, eso es todo.
-Agh, déjalo ya…
La mujer se rió tontamente, pasando una mano por las coletas de su hija y comentando al respecto.
-Ya sabes, cariño, que tú eres mucho más capaz y fuerte de lo que tú misma te crees. Puede que antes te costara más admitirlo, pero ahora puedo ver que tú misma te has ido dando cuenta, poco a poco, de lo que hay en ti. Y creo saber por qué ha sido…
Ante eso la chica no pudo evitar sonrojarse ligeramente, sin decir nada al respecto y guardando el resto de cosas en su riñonera. Su madre se acercó a ella, como esperando una respuesta por su parte, a lo que Aura masculló.
-Ay ¿en serio tengo que decirlo, mamá?
-Ah, vamos ¿qué daño puede hacerte? Siempre hay que ser sinceros con nosotros mismos, y escuchar en todo momento a nuestro corazón. ¿Qué te dice el tuyo?
Aura se quedó callada, como si le diera reparo admitirlo, pero finalmente suspiró y anunció.
-Le quiero. Le quiero como nunca he querido a nadie…
Su madre esbozó una radiante sonrisa, abrazando a su hija y comentando al respecto.
-¿Lo ves? ¿A que te sientes ahora mejor?
-Sí…
-Porque has sido sincera contigo misma y has abierto tu corazón. Bruno es muy buen chico y ha conseguido que crezcas tanto en tan poco tiempo. Estoy orgullosa de ti, cariño, recuérdalo bien. Y cuando llegue el momento y los dos estéis preparados, dile lo que sientes, no tengas miedo. Tu corazón te guiará.
Aura esbozó una sincera sonrisa y abrazó con fuerza a su madre, la cual estrechó a su hija entre sus brazos con igual fuerza e incluso más.
-Gracias, mamá… te quiero.
-Y yo a ti, cariño.
Tras ese fugaz pero intenso recuerdo la chica abrió los ojos, dejando escapar un par de lágrimas que resbalaron por sus mejillas. Bruno se las secó, al tiempo que comentó.
-Guarda ese recuerdo como en oro en paño, porque en él tu madre seguirá viviendo junto a ti.
Aura asintió lentamente con la cabeza, sin decir nada más, sin embargo en ese momento su gesto se ensombreció, llegando a comentar al respecto.
-No dejo de pensar en el mensaje que me dio aquel ser en el monte Pírico, y… no puedo evitar pensar que… se refería a esto.
-¿Qué quieres decir?
Recordar sus palabras aún hacía estremecer a la muchacha, sin embargo se armó de valor y explicó rápidamente.
-Me… me dijo que… sufriría una gran pérdida. Y ya la he sufrido…
Tras eso no pudo más y se echó a llorar de nuevo en silencio; Bruno la envolvió entre sus brazos para que se desahogara, sin decir nada más. Aunque en parte le extrañaron sus palabras, en su momento pensó que se lo debió de imaginar, pero por cómo lo decía y viendo el efecto posterior que éstas palabras tuvieron en ella, a todas luces parecía ser real. Esperó un poco más a que se calmara para volver a preguntarla al respecto.
-¿Y qué más te dijo?
Entre leves sollozos y estertores, le explicó la aparente profecía entera, recitándola de memoria; al parecer, y por todo lo que había pasado hasta el momento, ya habían ocurrido dos cosas. Una de las fuerzas descomunales (groudon) había despertado y ella había sufrido una gran pérdida. Sin embargo el chico aprovechó para comentar al respecto.
-Pero también te dijo que debes de ser fuerte… y en eso tenía razón.
-No sé si podré, me siento desfallecer. Mi madre ha muerto, Bruno, me siento impotente, no sé si voy a ser capaz de seguir adelante…-musitó ella, muy dolida.
-Sí que puedes, Aura, comprendo tu dolor, si yo fuera tú seguro que estaría igual de abatido. Pero has de superarlo, tienes que volver a ser feliz de nuevo, seguro que es lo que tu madre querría-murmuró el chico, muy convencido.
La chica dejó escapar un sollozo, agachando la cabeza. Bruno la limpió las lágrimas, la abrazó de nuevo y siguió hablando en voz baja y exclusivamente entre ellos dos.
-Aura, escúchame, necesitas seguir adelante, tanto tú como tu padre. Y yo te voy a ayudar, ya sabes que te prometí que siempre estaría contigo. Me tienes a mí tanto para lo bueno como para lo malo. Porque te quiero y siempre te voy a querer.
Aun a pesar de la inmensa tristeza que sentía, no pudo evitar emocionarse al oír sus palabras, calmándose un poco más y abrazándole un poco más fuerte. Sintió unas ganas terribles de besarle, sin embargo se contuvo al estar tan cerca su padre y algunos familiares suyos, además de los padres del muchacho. Tan solo se limitó a susurrarle al oído.
-Yo también te quiero… no… te amo. Te amo, Bruno.
Esta vez fue el turno del chico en emocionarse, sintiendo cómo su corazón se desbocaba y contestando rápidamente a esa sentida confesión.
-Yo también te amo, Aura. Ahora y siempre.
La chica le apretó un poco más fuerte, añadiendo de seguido.
-No te separes jamás de mí, por favor. Te necesito más que nunca…
-No lo haré, lo juro, siempre voy a estar a tu lado pase lo que pase.
Los dos siguieron abrazados un rato más hasta que finalmente se separaron, ya que después de todo debían irse y regresar a Villa Raíz. Aura se dirigió una última vez a su madre, despidiéndose de ella en voz alta.
-Adiós, mamá. Te voy a echar mucho de menos.
Los dos se alejaron, Aura se reencontró con su padre, el cual la abrazó, y Bruno hizo lo propio con sus padres. Todos juntos abandonaron el cementerio, dejando atrás la tumba con las flores apoyadas en su lápida.
Un par de gotas de agua cayeron de los pétalos, mojando la fría y lisa tapa de mármol, permaneciendo ahí aun a pesar del calor reinante.
-¿No piensas volver con él?
-No quiero hablar de eso.
-Pues deberías, después de todo has faltado a tu deber, no acudiste a proteger tu esfera cuando ésta se encontraba en peligro.
-Ya te he dicho que no quiero hablar de eso…
-Oh, vamos, latias…
-¡Te he dicho que no!
El silencio posterior se echó sobre las dos como si pesara un quintal. El pokémon legendario, algo avergonzado, se apresuró a comentar.
-Perdona, shuppet, no quería gritarte, es que… he estado demasiado tiempo viviendo a la sombra de mi hermano, encerrada en esa maldita isla. Necesitaba salir fuera, explorar el mundo, ya casi no me acordaba de cómo era la gran isla. En cuanto a la esfera, sé que tendría que haber ido, pero supe que me encontraría con él y…
Antes de que latias pudiera seguir se quedó callada, como si la diera reparo. Sin embargo shuppet terminó la frase por ella, murmurando de seguido.
-Te da miedo enfrentarle.
Ante eso latias no dijo nada, bajando la vista con algo de reticencia e incluso vergüenza. Aun así shuppet miró al pokémon legendario con expresión comprensiva, murmurando de seguido.
-Latias, te conozco desde hace tiempo y sé que no eres un mal ser, pero no deberías dejar que ese rencor se vuelva en tu contra. Comprendo que quisieras salir y ver cosas por tu cuenta, pero no haces nada dándole la espalda a tu hermano. Él se merece al menos saber que estás bien y no tiene que preocuparse por ti. Concédele al menos eso.
El pokémon legendario dejó escapar un lánguido suspiro, considerando sus palabras y decidiendo rápidamente. Cerró los ojos por un momento, concentrándose, y en cuanto los abrió encaró el paisaje más cercano a ella.
Mientras tanto, en Villa Raíz, los pokémon de Bruno pasaban la tarde tranquilamente en el jardín de la casa del chico, cada uno a sus propios menesteres y hablando de cosas vanas. Tanto absol como latios siempre se sentaban juntos, aunque en ese momento éste notó como algo entraba en su mente, viendo entonces un hermoso paisaje desde algún punto no del todo concreto de Hoenn. La paz y tranquilidad que despedía la visión hizo comprender casi al instante a latios, el cual sintió cómo ésta se desvanecía al poco rato.
-¿Todo bien?-inquirió absol en ese momento, curioso.
El pokémon legendario miró al suelo, pensando en sus cosas, hasta que finalmente murmuró.
-Sí… todo bien. Centrémonos en lo más inmediato, es más importante.
Absol esbozó entonces una leve sonrisita, comprendiéndolo un poco mejor y dejándolo estar.
Un sol radiante y abrasador seguía calentando Hoenn en lo alto del cielo.
¡Surprise, madafacas! XD a ver ¿quién lo venía venir? ¿nadie? bien, esa era la idea XD pero me bueno, me dejo de equisdés que el asunto es serio de por sí. Vale, hablemos de lo que ha pasado.
No aparece de sorpresa ni mucho menos, puesto que hace dos capítulos ocurrió algo extraño que lo profetizó, básicamente. En el manga esta saga en concreto es una de las más maduras y serias (con permiso de la quinta generación, por supuesto), y desde ese punto de vista he querido coger parte de esa madurez y seriedad y trasladarla a mi adaptación. Evidentemente no quería hacerlo sólo por el simple hecho de matar a alguien y ya está, lo sucedido tendrá consecuencias y me ayudará a seguir desarrollando a Aura, cuya historia ha alcanzado un punto de inflexión, por así decirlo. En ese sentido me ha venido de perlas adelantar el romance, puesto que ahora se justifica mejor la presencia y cercanía de Bruno, que será importantísimo para ella en estos difíciles momentos. Aunque su madre ya no esté, seguirá estando muy presente en la historia a través de Aura, y lo iremos viendo en posteriores capítulos, eso por descontado.
En cuanto a detalles se refiere me esmeré bastante en su día, de hecho lo que habéis leído en este capítulo es cómo se realiza un funeral budista tradicional paso a paso sin saltarse nada. Muy importante el detalle del Sutra, el cual es un texto escrito por la familia del difunto basándose en los sutras del budismo, básicamente las enseñanzas de Buda escritas para su difusión y enseñanzas, es algo así como la biblia del budismo.
Ahora es cuando viene lo de que se acaba la tanda y os dejo a dos velas por tiempo indefinido, sin embargo esa zorra de nombre inspiración ha decidido quedarse conmigo y, después de intentar seguir con El viaje de reshiram, me ha dicho: vuelve que tenemos cosas que hacer. Así que sí, esperad más capítulos, he preferido aprovechar el ramalazo y no quedarme a medias, ya sabéis cómo va esto.
Y nada más, comentad, dejad reviews y todo eso. ¡Nos leemos!
