Capítulo 32

Punto muerto

El vuelo de vuelta a Arrecípolis fue complicado debido al inestable tiempo imperante, con fortísimas rachas de viento que hacían difícil avanzar tanto a latios como a skarmory, aprovechando los ratos de sol intenso para ello. Por esta razón tardaron más de lo esperado en regresar a Arrecípolis, pero cuando finalmente llegaron se dirigieron directamente al centro pokémon, poniéndose al resguardo de una nueva lluvia torrencial.

-Bof, vaya viaje…-masculló Máximo, calado hasta los huesos.

-Dímelo a mí, qué asco…-asintió Bruno, en igual situación.

Proveniente del salón, Aura se presentó de improviso, yendo al encuentro de su chico toda aliviada.

-¡Oh, Bruno, menos mal, estaba preocupada, el tiempo se ha vuelto loco!

-Sí, me temo que las cosas se han torcido un poco más…

En ese mismo momento llegó Shy igual de empapado y se pusieron al corriente entre todos tras secarse y tomar algo caliente; Bruno fue el primero, contando todo lo ocurrido en la caverna abisal, y el agente de la Interpol fue el siguiente en aportar datos nuevos acerca de la situación.

-Sí, mucho me temo que las consecuencias se están empezando a notar no sólo aquí, el caos se está extendiendo por toda la prefectura, las últimas fotos del satélite Himawari muestran perturbaciones meteorológicas por todo Hoenn, se estima que en cuestión de horas alcance la costa sur de Honshû, se está extendiendo a una velocidad endiablada.

-¿Y kyogre y groudon, se sabe algo?-inquirió Bruno.

-Ni idea, con este tiempo ha sido imposible hacer ningún rastreo con los sonares, no sabemos a dónde han podido ir… en cuanto al equipo Aqua y Magma se han retirado, pero no sabemos por cuánto tiempo ni a donde, lo cual es un inconveniente, puesto que Magno y Aquiles siguen teniendo consigo las esferas…

Ante eso el chico permaneció callado, recordando la última conversación entre esos dos; al parecer Magno había tenido un cambio de actitud bastante notable, y debido a esto le daba la sensación de que no había nada que temer por su parte, al menos de momento. Aquiles era otro cantar, al principio se mostró chocado por el devenir de sus aparentemente perfectos y milimétricamente calculados planes, sin embargo no parecía que iba a dar su brazo a torcer más pronto que tarde. Sus pensamientos fueron opacados por Máximo, el cual comentó al respecto.

-Yo no daría prioridad a las esferas, al menos de momento, ya que después de todo han fallado dos veces y nada nos asegura que vayamos a tener la situación bajo control si las recuperamos.

-¿Qué sugiere entonces, señor Peñas?-inquirió Shy, preocupado.

Ante esa pregunta el aludido no supo muy bien qué responder, permaneciendo en silencio y pensando por su cuenta. Sin embargo, en ese momento, una abrupta voz pareció contestar por él.

-Quizás esperar sea la mejor opción, al menos de momento.

Todo el mundo alzó la mirada, viendo quién había dicho eso. Era un hombre joven de no más de treinta años, tenía los ojos azules claros, al igual que su pelo, que lo escondía tras un vistoso gorro blanco. Vestía muy elegantemente, con un esmoquin de colores claros, entre ellos el blanco y el azul marino, unos pantalones de seda color morado claro y calzaba unos pulcros zapatos blancos.

-Máximo… ¿cómo estás, viejo amigo?

Máximo se levantó y le abrazó como si fuera un hermano, haciendo las presentaciones rápidamente.

-Chicos, os presento a Plubio, un amigo de la infancia, es además el líder del gimnasio de aquí.

Ese detalle llamó la atención de Bruno, el cual no pudo evitar comentar al respecto.

-Ah… así que tú eres el líder…

-Así es, y algo me dice que tú eres un aspirante, sin embargo me temo que no tenemos tiempo para una batalla, la situación es bastante complicada de por sí…-murmuró Plubio, con pesar.

-Sí, es cierto, perdón si he sido un grosero…

-No pasa nada, encantado de conoceros.

-Aguarde un momento ¿dice que debemos esperar? La situación apremia ¿por qué deberíamos hacer algo así? Lo lógico es actuar lo antes posible para prevenir males mayores…-murmuró Shy, confuso por su afirmación.

Ante eso Plubio se quedó callado, como si estuviera sopesando las palabras del agente, hasta que finalmente se pronunció.

-Entiendo que quieran tenerlo todo bajo control, pero estamos hablando de dos criaturas antiquísimas, cuyo origen se pierde a través de los anales de la historia y el tiempo. Si algo he aprendido tras todo estos años viviendo aquí y guardando la entrada a la cueva ancestral, es que no todo está sujeto al azar y las cosas suceden por una razón.

-¿Qué quiere decir?

-Quiero decir que no podemos predecir el tiempo, y mucho menos controlarlo. Eso es algo reservado únicamente a la propia naturaleza y a los elementos que la componen. Y tanto groudon como kyogre son una parte intrínseca y vital de esos elementos.

-Entonces… ¿las esferas no sirven para controlarlos?-inquirió en ese momento Aura, deduciéndolo atendiendo a sus palabras.

Plubio miró atentemente a Aura, con un gesto lleno de curiosidad, hasta que finalmente anunció.

-Sí y no.

-¿Sí y no? ¿Qué quiere decir eso de sí y no?-inquirió Shy, sintiéndose perdido.

-Pues precisamente eso, ni más ni menos. Las esferas fueron creadas para controlarlos, pero también como contenedor de parte de su propio poder.

-Espera, pero los ancianos del monte Pírico nos dijeron que las esferas surgieron de los elementos de la tierra, no que fueran creadas…-recordó en ese momento Bruno, confuso.

-Por supuesto, y así fue, pero eso mismo también implica que fueron creadas a partir de esos elementos ¿no crees?

Ante esa lógica el chico se quedó callado al no encontrar fallo alguno, Aura tampoco se vio capaz de rebatirlo de ningún modo, y para entonces Shy no entendía casi nada de lo que hablaban. En ese momento Máximo aprovechó para aclarar algunas cosas.

-Si alguien aquí es capaz de sacar una conclusión lógica a todo lo que está pasando, ése es Plubio, él sabe más que yo acerca de los mitos y leyendas de esta prefectura.

-Ah, vamos, sabes que eso no es del todo cierto, después de todo parto de lo que nuestros ancestros nos enseñaron a lo largo de toda nuestra historia…

-Que es mucho más de lo que yo mismo he podido descubrir desde que empecé a investigar por mi cuenta, a decir verdad-admitió el chico sin mayores rodeos.

-Entonces… ¿tan sólo nos resta esperar?-inquirió Shy, aún algo confuso.

-Sí, ahora que groudon y kyogre han despertado su contienda se concretará más pronto que tarde, pero ninguno de los dos hará un movimiento antes de que uno decida hacerlo antes y viceversa.

-Ah… ¿Como si se provocaran mutuamente?-inquirió Aura, sorprendida al respecto.

-Algo así, tanto el uno como el otro saben que sólo tienen cierta ventaja entre sí, especialmente groudon, que es el más vulnerable en esta contienda.

-Pues claro… kyogre le lleva ventaja por tipo-obvió Bruno en ese momento, comenzando a entenderlo.

-Exacto, y kyogre sabe que su ventaja sólo es a medio trámite, puesto que la habilidad de groudon rebaja la potencia de sus ataques de agua. Ninguno de los dos quiere pecar de imprudente, por eso esperan al momento idóneo para mover ficha-explicó Plubio de la forma más clara posible.

Esta vez todos parecieron entenderlo un poco mejor, especialmente Shy, el cual anunció en ese momento.

-Ya veo, en tal caso todavía tenemos tiempo de averiguar más cosas e incluso de tratar de localizar al equipo Aqua y Magma…

-Exacto, que ellos esperen nos da ventaja en ese sentido, y tiempo es precisamente lo que más necesitamos.

-Bien, en ese caso me pondré a trabajar ya mismo, enviaré varias batidas en su búsqueda, esos maleantes han llegado demasiado lejos-anunció Shy con voz queda.

-De acuerdo, manténganos informados de cualquier novedad-pidió Máximo.

-Lo haré. Hasta otra.

Shy se marchó rápidamente, dejando a los demás allí y aprovechando la situación para relajarse un poco.

-Agh, no soporto a los burócratas, no son capaces de trabajar si no les dices lo que tienen que hacer…-masculló Plubio para sorpresa de Bruno y Aura.

-Sí, bueno, Shy es un hombre de acción y sabe dirigir bien, por lo que es bueno tenerlo de nuestro lado-murmuró Máximo, tratando de calmar los ánimos.

-Te dejaré a ti que trates con él, entonces. Disculpadme, chicos, normalmente no suelo ser así de arisco, pero necesitaba soltarlo…

-No pasa nada… entonces esperamos ¿no?-murmuró Bruno, sin darle más vueltas.

-Sí, mientras tanto podemos aprovechar para seguir investigando por nuestra cuenta, me temo que, aunque poseo ciertos conocimientos, no sé absolutamente todo lo que rodea a los mitos y leyendas de Hoenn-admitió Plubio sin mayores pretensiones.

-Lógico, después de todo yo tampoco lo sé todo acerca de los pokémon-murmuró Aura, comprendiendo sus palabras.

-¿Ah, no? Pero yo pensaba que sí…-murmuró en ese momento Bruno, divertido.

La chica le dio un leve golpe en el hombro, espetándole de seguido.

-Agh, calla…

El chico se rió tontamente, a lo que ella tan solo esbozó una leve sonrisita, aunque en ese momento Plubio comentó.

-Por cierto, Aura, eres bienvenida a investigar con nosotros si quieres…

Por un momento la aludida quiso decir que sí, sin embargo miró por un momento a Bruno, recordando entonces su última conversación seria y decidiendo rápidamente.

-Ah, gracias por la oferta, pero prefiero pasar más tiempo a solas si no os importa…

-No, claro que no, os mantendremos informados de cualquier novedad que descubramos.

-Vale.

Finalmente tanto Plubio como Máximo se retiraron, dejando a ambos adolescentes a solas. En ese momento Bruno aprovechó para comentar.

-No hacía falta que te limitaras así por mí…

-Lo sé, pero… prefiero pasar más tiempo contigo, todo esto me da mala espina si te soy sincera.

-Sí, lo sé, el mundo parece haberse vuelto loco de repente…

Los dos miraron por un ventanal cercano, viendo que había dejado de llover a mares para dar paso a una intensa calorina que no hacía más que aumentar la sensación térmica. En ese momento se cogieron de la mano, mirándose a los ojos sin necesidad de hablarse entre sí. Estaban juntos ahora. Y nada más importaba en ese momento.


Durante los dos días siguientes, tanto los ánimos como las propias temperaturas estaban bastante caldeados; el tiempo seguía inestable, alternándose intensas lluvias y temporales con periodos de calor abrasador y altas temperaturas. Los meteorólogos se volvieron locos y no supieron ni qué decir al respecto, sintiéndose sobrepasados ante tan anormal situación. La alerta naranja en la que se encontraba Hoenn se elevó a roja y se estuvo planteando seriamente en hacer evacuaciones masivas en las principales ciudades costeras debido al inminente peligro en el que se encontraban. Las olas alcanzaban los cinco metros y medio de altura y todas las playas de la prefectura tuvieron que alzar la bandera roja. La gente se metía en casa, asustada, y el turismo se marchaba rápidamente, bajando bastante los ingresos brutos de las principales ciudades. Rápidamente la NASA le echó el ojo a Japón debido a las irregularidades atmosféricas que se estaban sucediendo y varios meteorólogos expertos comenzaban a advertir a la ONU sobre el riesgo que causaría esa situación para el resto del clima mundial. Y groudon y kyogre seguían sin aparecer, al igual que Magno y Aquiles.

Esa misma noche Bruno no podía dormir, principalmente porque en ese momento tocaba calor abrasador, incluso por la noche; debido a su localización la humedad era alta, y eso combinado con el calor era fatal para conciliar el sueño. Por lo que, sin muchos ánimos al respecto, decidió levantarse, viendo que Aura no se encontraba en su cama.

Extrañado decidió ir a buscarla y caminó por los pasillos del centro pokémon, el cual se encontraba en penumbra con sólo algunas luces dadas. Vio que había alguien en el salón sentado en el sofá y se acercó a ver, viendo que se trataba de su chica.

-Aura…

-Ah… hola, Bruno.

La aludida se encontraba hecha un ovillo, inusitadamente callada, el chico se sentó a su lado, observando el paisaje de Arrecípolis a través de uno de los ventanales. Ni siquiera un leve soplo de aire mecía la vegetación del jardín, el calor era agobiante.

-¿Qué va a pasar?-inquirió ella en un momento dado.

-No lo sé…-admitió el chico.

Aún no habían recibido noticias de Shy acerca del equipo Magma y Aqua, y tanto Máximo como Plubio seguían enfrascados en sus investigaciones, tratando de sacar algo en claro de toda esa cambiante y extrema situación.

Aura se recostó sobre él, asiéndole del brazo y mirando fijamente hacia fuera.

-Tengo miedo… por lo que pueda pasar, principalmente-admitió en ese momento

Bruno la pasó un brazo por su hombro, recostándola contra él.

-Sí, mentiría si te dijera que yo no…

-Es que es todo tan incierto, estamos viendo de primera mano los efectos de unos pokémon tan poderosos de los que apenas sabemos gran cosa. Me considero una científica, explico las cosas que veo a partir de hechos, pero lo que veo va más allá de toda explicación lógica, y eso… me aterra. El no saber lo que va a pasar me asusta especialmente… ¿crees que groudon y kyogre destruirán todo Hoenn, Bruno?-inquirió ella, asustada.

-Espero que no… pero en estos momentos, cualquier cosa es posible.

Aura dio un respingo y se abrazó con más fuerza a él, comenzando a temblar.

-No podía dormir… tuve una pesadilla horrible, groudon y kyogre peleaban, tú trabas de detenerlos, pero… caías de la grupa de latios, y… te aplastaban-explicó entonces, con voz llorosa.

Bruno la miró, preocupado por lo que le estaba contando.

-Y luego… y luego un maremoto barría Hoenn, destruía Villa Raíz, muriendo mi padre, tus padres y los vecinos… era horrible-siguió explicando, dejando escapar un par de lágrimas.

El chico la estrechó entre sus brazos para calmarla, murmurando de seguido.

-Ya, ya está, eso no va a pasar… sólo fue un sueño, tranquila…

-Yo… yo conseguía sobrevivir, pero… me quedaba sin nada, sin hogar, sin familia… sin ti…

Bruno la abrazó con más fuerza y la dijo con mucha seriedad.

-Mira, no hay nada en el mundo que me pueda separar de ti si yo consigo evitarlo. Además, yo no le daría tanta importancia, sólo fue un sueño, tu cabeza metiéndose contigo…

-¿Tú crees? No sé, después de lo que me pasó en el monte Pírico ya no sé qué pensar… esa visión me dijo que sufriría una gran pérdida y mi madre se ha ido, también dijo que groudon y kyogre despertarían y ahora estamos así… ¿y si lo que he visto en mi sueño es algo que puede suceder también?-inquirió ella, muy asustada al respecto.

-No, no, yo no lo creo, una cosa es recibir una profecía en un lugar como el monte Pírico y otra es tener un sueño intranquilo en la cama de un centro pokémon…-opinó el chico contundentemente.

-¿Cómo estás tan seguro? Podría pasar cualquier cosa, tú mismo lo has dicho…

Ante eso Bruno no supo muy bien qué decirla a continuación, sin embargo pensó muy bien en sus palabras antes de volver a hablar.

-Mira, yo tampoco sé mucho de éstas cosas, pero sí sé algo. Y es que no dejaré que nada ni nadie nos separe. Igual me repito un poco, pero yo siempre voy a estar contigo pase lo que pase. Recuérdalo.

Las contundentes y sinceras palabras del muchacho lograron calmar un poco más a la chica, la cual se apretó un poco más fuerte a su lado, llegando a susurrar en un momento dado.

-Gracias, Bruno, por todo… te quiero.

-Y yo más aún.

Un suave y tierno beso terminó de tranquilizar a la muchacha, cogiéndose de la mano mientras observaban por el ventanal cómo el tiempo cambiaba de nuevo; fuertes vientos azotaban la ciudad, sacudiendo con fuerza los árboles del jardín, y un diluvio caía sobre los cristales, repiqueteando al compás.


Mientras tanto, en el gimnasio, Plubio se las pasaba encerrado en su despacho junto con Máximo, consultando sus libros e investigando al respecto; en ese momento estaba mirando una vieja edición donde había una ilustración de groudon y kyogre enfrentados, con cara de pocos amigos. Tras groudon volcanes y terremotos sacudían la tierra, mientras que, tras kyogre, maremotos y tsunamis lo inundaban todo; había un testimonio sobre aquella lucha encarnizada, Plubio lo leyó.

No pudimos quedarnos en la aldea, puesto que el suelo se abrió y la devoró por completo, llevándose a las mujeres y a los niños; corrimos sin descanso, pero ríos de fuego salían de las entrañas de la tierra y nos rodeaban. Ni el risco más alto ni el monte más grande nos conseguían resguardar de aquel desastre, todo era engullido por la tierra; al otro lado, el mar embravecido hundía nuestros barcos e inundaba los valles cercanos, ahogando a todo ser viviente. Olas del tamaño de montañas nos amenazaban con ahogarnos a todos, mientras que al otro lado, la tierra cobraba vida; y en el medio de aquel desastre, esas dos monstruosidades seguían peleando y luchando sin descanso. Condenándonos a todos.

Ese manuscrito era una copia del original, encontrado hace bastantes años en un cofre cerrado herméticamente, entre otros restos; databa de principios del primerísimo siglo, y no había ninguna otra copia en todo el mundo. Basándose en el testimonio del asustado hombre, se podía imaginar el horror que azotó esa parte de Japón. Aunque curiosamente, el resto de Oceanía no corrió la misma suerte, y menos pruebas había en el resto del mundo que confirmaran que el destructivo fenómeno se hubiera extendido por todo el globo. Aun y con todo, daba a entender lo que sucedería si algo así volvía a pasar. Y no afectaría sólo a Japón, sino al resto del mundo.

Pero a Publio le llamaba la atención que el fenómeno no se extendiera más allá de las costas japonesas; algo debió de pasar para que groudon y kyogre dejaran de luchar, pero ¿el qué? Ateniéndose a las leyendas del monte Pírico, las esferas rojas y azul tendrían la respuesta, pero no podía evitar pensar que tal vez hubiera algo más detrás de ellas. Aun así, aunque las tuviera tampoco sabría muy bien qué hacer exactamente. Después de todo, aunque las esferas pueden controlar a los dos legendarios hasta cierto punto, nadie había conseguido realizar semejante hazaña, ni siquiera había testimonios de alguien lográndolo como tal aun a pesar de que su misma existencia lo probaba.

-Diablos, todo lleva al mismo callejón sin salida… ¿qué ocurriría en realidad?-inquirió en ese momento el líder de gimnasio en voz alta.

-No lo sé, siento como si mi cabeza estuviera a punto de estallar…-masculló Máximo, cogiéndose del tabique de la nariz con gesto cansado.

-Deberiamos descansar un poco…

-Sí, deberíamos…

Hubo un breve silencio entre los dos tan solo roto por la lluvia que caía fuera, resonando en el estudio con un sonido apagado.

-¿Crees que podremos detener esta debacle?-inquirió Máximo, sentado en un butacón cercano.

-Ah, yo ya no sé qué pensar…-murmuró Plubio, cerrando el libro.

Un rayo iluminó el despacho y el consiguiente trueno hizo temblar los cristales de toda Arrecípolis.

-En el supuesto de que alguno de los dos decida mover ficha, seguramente lo haga aquí… y lo sabes-murmuró Máximo en ese momento.

Plubio asintió y cerró los ojos, preocupado. Como líder de gimnasio que era debía de proteger tanto a la ciudad como a sus ciudadanos de cualquier peligro que la amenazara. Pero no sabía muy bien qué hacer si esos dos aparecían. Evacuar toda la ciudad a tiempo sería imposible, en todo caso habría que hacerla con antelación pero tampoco sabían cuándo o en qué momento iban a aparecer. Todo quedaba supeditado a las acciones de los dos legendarios. Y eso les daba muy poco margen de maniobra.

-Sabes tan bien como yo que en la cueva ancestral se conserva un poder del cual se dice que no es de este mundo… puede resultar como un imán para esos dos.

-Sí, ya lo sé.

La cueva ancestral estaba un poco apartada de la ciudad, pero visible, tras pasar una vistosa arquería que guardaba la entrada. Sólo Plubio podía entrar en ella. Y cada vez que lo hacía, un escalofrío recorría su espalda; el ambiente dentro de ella es distinto al de cualquier otra cueva, se podía percibir cierta sensación extraña, casi espiritual, envolviendo todo su espacio. Y en el centro de la misma, en una amplia sala repleta de rubíes y zafiros, un lago de aguas calmas desprendía un resplandor verdoso que le confería un aspecto casi fantasmal. Lo poco que sabía de esa agua se lo contó su tatarabuelo, el cual fue lo suficientemente críptico y misterioso como para no entender casi nada. Y poco más sabía él a partir de ese punto.

Máximo soltó un suspiro y en ese momento murmuró.

-Supongo que sabrás que ando tras la pista de los tres colosos…

-Sí ¿cómo te va?-inquirió Plubio.

-Conseguí descifrar la mayoría de las inscripciones exteriores y todo apunta a que las respuestas están dentro de la cámara, sé cómo avanzar, pero… creo que voy a necesitar ayuda.

-Y ya has pensado en alguien…-se anticipó Plubio a su amigo.

-Sí… puede que Aura me pueda ayudar.

-¿Aura? ¿La chiquilla que está con ese chico?

-Sí, esa chica es muy inteligente y tiene aptitudes más que de sobra. Ya lo sabes, Plubio, si consigo desentrañar el misterio puede que sirvan como ayuda, podrían proteger a la ciudad de la destrucción-insistió Máximo.

-Si lo consigues, genial, puede que al fin y al cabo necesitemos su ayuda igualmente… por cierto ¿te han llegado ya los resultados de los análisis?-inquirió Plubio, cambiando de tema.

-Ah… que va, deben de andar ocupados últimamente en el hospital, no me ha llegado nada.

Plubio no dijo nada más y volvió al libro; por su parte Máximo se quedó en silencio, observando como llovía con un gesto trémulo grabado en su cara.


Al mismo tiempo, en las afueras de ciudad Calagua, se vivía una situación harto singular y hasta estrafalaria dependiendo de a quién se le preguntara. La gran mayoría de soldados del equipo Magma se encontraban apartados en uno de los salones de la guarida del equipo Aqua, suyos soldados ocupaban el otro tercio del lugar mirando a sus rivales con caras confusas y molestas a partes iguales. Los respectivos administradores de ambos equipos se encontraban sentados a ambos extremos de una alargada mesa, mirándose entre ellos con caras de circunstancia e incomodidad. Silvina y Matías miraban fijamente a la pared contraria, tratando de ignorar tremenda situación, mientras que Tatiano y Carola hacían lo propio, aunque ésta última se entrentenía mascando chicle y haciendo pompas con gran habilidad. Mascó un poco más, lo extendió sobre sus dientes, sacó un poco la lengua y sopló suavemente, al tiempo que la pompa se iba formando poco a poco. Ésta fue alcanzando un tamaño considerable, llegando a cubrir casi toda su boca, hasta que finalmente no pudo aguantar más y la tensión la rompió. Fue en ese momento cuando Silvina exclamó de improviso.

-¡Agh, ya está bien, para de una vez, me estás poniendo de los nervios!

-Si te pones nerviosa es cosa tuya, yo sólo como chicle, si eso te molesta lo siento por ti-murmuró Carola, con gesto neutro.

-Recordadme por qué estamos aquí, por favor…-musitó la administradora del equipo Aqua, conteniendo su furia.

-Nuestro líder nos pidió que trataramos de hacer migas con vosotros de alguna forma, pero dudo mucho que logremos gran cosa visto lo visto…-murmuró Tatiano, sin muchas ganas de hablar.

-Oh, sí, se nota la concordia y el entendimiento que hay entre nosotros ahora mismo-asintió en ese momento Matías, con sorna infinita.

El resto de soldados Aqua miraron a sus superiores con gesto queda, en ese momento Tolo, que estaba con ellos, exclamó.

-¡Ya está bien de teatro, démosles una soberana paliza!

-¡Podríamos hacer lo mismo con vosotros, mierdecillas azules!-les espetó entonces un soldado Magma.

Ese comentario caldeó los ánimos peligrosamente, sin embargo los respectivos administradores controlaron la situación lo antes posible.

-¡Tolo, cierra la boca, primer y último aviso!-exclamó Silvina, con voz queda.

-¡El siguiente que vuelva a abrir la boca le mando a desescombrar la guarida él sólo y a mano!-hizo lo propio Tatiano.

Eso bastó para contener a los soldados y evitar males mayores, quedándose callados y fulminándose con la mirada. En ese momento Silvina dejó escapar un respingo, comentando de seguido.

-Agh, en serio, no entiendo por qué querríamos formar una alianza con vosotros ahora mismo…

-Nosotros tampoco, pero el jefe nos ha dicho que debemos encontrar una forma de redefinir nuestros objetivos ahora que hemos fracasado en nuestro intento de controlar a nuestros respectivos legendarios-explicó Carola con apatía.

-¿No es esa una forma muy somera de decir que ya no tenemos razón de existir?-inquirió Matías, alzando las cejas.

-¿Y eso por qué? Estamos aquí y ahora, decir eso tiene muy poco fundamento…-le espetó Tatiano.

Por un momento quisieron rebatir eso, aunque en ese instante uno de los soldados Aqua murmuró.

-Bueno… kyogre está despierto y está causando una buena desde que lo hizo. Y no tiene pinta de ir a restaurar nada dado que escapó sin hacernos ni caso…

-Y lo mismo por parte de groudon, encima destruyó nuestra guarida y ahora no tenemos donde meternos… gracias por dejar que nos quedáramos…-añadió un soldado Magma, algo incómodo.

-Ah, no es nada…-murmuró el soldado Aqua, igual de incómodo.

De alguna forma ese intercambio de palabras suavizó el ambiente, comenzando a hablar entre sí más tranquilamente. Los administradores observaron la situación un tanto chocados, como si no se esperaran ese giro tan natural y relajado de los acontecimientos.

-Es un comienzo, supongo…-murmuró Tatiano, anonadado.

-Ver para creer-asintió Silvina, igual de pasmada.

-Espero que el jefe sepa lo que hace-añadió Carola, haciendo otra pompa con el chicle.

Por otro lado, en el despacho de Aquiles, éste seguía un tanto reacio a hacer tratos con Magno.

-¡Ya te lo he dicho, no estoy dispuesto a entregar nada así por las buenas, aún tenemos una oportunidad de reencauzar todo esto!

-¡Oh, claro, porque funcionó tan bien la primera vez! ¡Aparca por una vez tu maldito orgullo, Aquiles, no vamos a poder hacer nada, groudon y kyogre son más poderosos de lo que imaginábamos!-insistió Magno, sin rendirse.

-¡Ya, claro, venme con esas ahora, se supone que las esferas nos ayudarían a controlarlos, fuiste tú quien me vino a mí proponiéndome el ir a por ellas los dos juntos!

-¡Eso fue cuando pensábamos que las esferas bastarían para controlarlos, pero al final resultó en desastre! ¡Recapacita, Aquiles, aunque sigamos teniéndolas no van a servir de nada, tenemos que pensar en otra cosa para parar todo esto!

Las palabras de Magno dieron qué pensar al líder del equipo Aqua, recordando entonces un pequeño as en la manga que compró hace tiempo por si las cosas se torcían; hizo mano de su cajita, sin embargo se quedó blanco en cuanto vio que no estaba allí.

-¿¡Qué?! No… ¿dónde está? ¡¿Dónde está?!-musitó Aquiles, incrédulo.

-¿El qué, de qué hablas? ¿Me estás escuchando, Aquiles?-inquirió el líder del equipo Magma, ceñudo.

El aludido ignoró el comentario, comenzando a buscarla por todos los lados, sin embargo se dio con un canto en los dientes al ver que no estaba allí. Su única arma para cambiar las cosas se había perdido. Y eso le dejaba en una situación muy comprometida.

-Mira, no sé qué habrás perdido, pero yo no me voy a quedar de brazos cruzados sin hacer nada. Puede que las esferas fallaran en su momento, pero es lo único que tenemos para detener a groudon y kyogre. Si no quieres participar allá tú, pero ten por seguro que habrá consecuencias-aseguró Magno con vehemencia.

En eso estaba de acuerdo, pero no por el asunto que les atañía precisamente; por un instante contempló toda las posiblidades, debatiéndose sobre todo por la más segura para él. Y, sin mucha más opción salvo la de aceptar, murmuró.

-Está bien, Magno, tú ganas. Lo haremos a tu manera.

El aludido se quedó un tanto sorprendido al ver lo fácil que había resultado ser, tan fácil que incluso le hizo sospechar, sin embargo había cosas más importantes en ese momento. Afuera la tormenta agitaba la cala, haciendo impracticable el acceso a la guarida.


-Han usado la esfera roja… estamos en problemas.

-Sí, sí, no te creas que no lo he notado…

Shuppet quiso decir algo, pero supo entonces que no ayudaría en nada y prefirió guardarse sus comentarios; los últimos días con latias habían sido complicados, e insistirla una vez más en sus obligaciones sólo empeoraría las cosas. Entendía perfectamente que aún estuviera enfadada por la actitud de su hermano, ya que después de todo había estado mucho tiempo encerrada en la isla del sur, pero eso no justificaba para nada ignorar su deber así sin más. Seguramente latios estaba haciendo todo lo posible por recuperar las esferas. Y eso para latias sumaba puntos en su contra cuando se reencontraran, si es que lo acababan haciendo alguna vez.

Aun así decidió volver a intentarlo, por el bien de su vieja amiga y el de todos.

-Latias…

-¿Sí?

-¿No crees que deberías hacer algo por recuperar la esfera? Mira a tu alrededor, esto sólo es el principio, y si no se hace algo pronto las consecuencias serán catastróficas. Sé que lo has pasado mal, pero eso no debería ser un impedimento para tratar de hacer las cosas bien. Piensa que está mucho en juego…

Las palabras de suppet se quedaron flotando en el aire, al tiempo que la aludida miraba a la lluvia caer con expresión neutra; por un momento pareció que iba a replicar con gesto molesto, sin embargo el pokémon legendario esbozó un gesto temeroso, murmurando al poco rato.

-Ya lo sé… sé que debería haber hecho más, pero es que… tengo miedo. Yo no soy tan fuerte y decidida como mi hermano, y siempre he estado bajo su alero desde que era pequeña. Nunca he sido capaz de defenderme por mí sola, fue precisamente eso lo que le llevó a mi hermano encerrarme en esa isla por querer protegerme. Más de una vez me he dicho a mí misma que debo ser fuerte, pero no hago más que huir de los problemas…

-Entonces enfréntate a ellos, sé fuerte, latias, sé que eres capaz de eso y más si te lo propones. Después de todo no estás sola. Me tienes a mí y a tu hermano, que estoy seguro que podrá perdonarte. Y, si tiene el suficiente coraje como para ver sus propios errores, puede que también se disculpe contigo por haberte tratado así.

Las palabras del pokémon fantasma infundieron un poco de coraje y ánimo a latias, la cual se sintió profundamente agradecida.

-Eres la única capaz de animarme así. Gracias, shuppet, he de hacer las cosas bien. Buscaré a mi hermano y recuperaremos las esferas juntos.

Esta vez no faltaría a su deber. Por el bien de todos.


¡Y más Pokémon! ¿Por qué no? XD aunque habrá un pequeño parón porque me iré de vacaciones durante el resto de agosto (menos mal), pero quería subir éste capítulo antes de marcharme. A ver si el descanso me ayuda y esa puta señora se digna a iluminarme en otros menesteres, porque vamos... pero bueno, hablemos del capítulo.

Es otro capítulo de transición antes de que la mierda golpee el ventilador, básicamente, pero me ayuda a seguir construyendo personajes, introducir uno nuevo y terminar de prepararlo todo para el enfrentamiento final. Ah, soy un cabrón ¿verdad? XD tranquilos, tenía pensado continuar hasta al menos terminar con el conflicto principal y ya ahí parar, dependiendo de si a la señora le daba o no por iluminarme de nuevo, pero bueno, ya veré lo que haré cuando vuelva.

Y eso es todo, comentad, dejad reviews, insultos y todo eso. ¡Nos leemos!