Dragon Ball, Dragon Ball Z, Dragon Ball Super, Dragon Ball GT no me pertenecen. Uso sus personajes sin fines de lucro.

Capítulo tres: 決定

Los estudios Roses eran la casa del ballet de la Capital del Oeste y Sheila Aliehs era la maestra más respetada y admirada en las últimas dos décadas impartiendo clases. No había relucido a la luz ninguna obra criticable hasta el momento, salvo un incidente que había marcado la historia del estudio en el año 789, al sucederse un incendio donde tres alumnas resultaron afectadas.

Una mancha en la perfecta carrera de maestra de Sheila.

La mujer, a lo largo de todos los años transcurridos hasta la actualidad, había enseñado a más de un centenar de talentosas jovencitas, con un futuro prometedor como bailarinas profesionales. Eso creyó hasta que un día desfiló frente a ella una jovencita de cabellera azulada. Bra Brief tenía casi seis años, cuando de la mano de la famosa y millonaria científica dueña de la empresa más icónica del planeta, pisó por primera vez su honorable estudio. Y toda la perspectiva, todo lo que conocía como pasión por el arte hacia el que su vida había tomado rumbo, cobró verdadero sentido, dando un vuelco de ciento ochenta grados.

Su cuerpo, su mente, su sangre, su vida y todos sus sentidos vibraron a la sincronía de la piel grifa; cuando la hija menor de Bulma se ponía aquellas zapatillas, el poder parecía estar en sus manos. No todos lograban verlo, no todos entendían lo que allí sucedía. Nadie veía aquello especial que Sheila sí, o nadie lo veía a esa medida. Bra era talentosa, no era un secreto, pero la maestra intuía algo más ahí. Algo espléndido que la hacía poderosa a la hora de bailar, de girar, de saltar, de parar.

Amaba cada clase que impartía, pero le fascinaba cada clase que impartía con Bra como estudiante. Estaba totalmente segura que era la mejor que había tenido, sus avances superaban por mucho al resto de las demás jóvenes. Había algo. Había un "no sé qué".

Eso pensaba mientras seguía el ritmo de la tonada de Primavera de Vivaldi y sus ojos no dejaban de vislumbrar a la peliazulada. Desde que entró a su estudio, la mujer debía hacer un esfuerzo en poner atención a las otras bailarinas, recordándose que tenía que ser profesional en todo momento. Al principio le resultaba un esfuerzo sobrehumano, era simplemente impresionante para ella, nunca había visto a nadie igual. Ese algo, ese inevitable algo que rodeaba a la heredera la dejaba sin aire, sin palabras.

El amor por la enseñanza, por aquel arte que le suponía el ballet clásico, impulsó a Sheila a enseñar en clases privadas a la pequeña Brief. La pequeña no había estado muy feliz con eso, pues se pensaba que era tan terrible para bailar al inicio, qué creyó que era por eso que su maestra le acordó esas clases, más no sabía que la realidad iba muy por el contrario. Sheila no podía despegar los ojos de esos pies desbordantes de un sin igual talento y emoción hacia ese baile trascendental. Fue un deseo egoísta de Sheila, un secreto visual, un pacto con el azul mar de sus propios ojos y los pies de la pequeña bailarina, porque verla ser precisa y exacta y maravillosa a esa niña la hacía sentir vigor; para cuando Bra fue mejorando, la dicha de la maestra iba aumentando, hasta que las quejas de las otras al enterarse de que le daba clases privadas a Bra le hicieron saber cuán egoísta había sido. Todos pensaron que Bra era increíble por esas clases privadas, que duraron dos años, pero Sheila sabía que no era así, para nada. Que Bra habría sido un as del ballet con o sin aquellas clases, no importaban los prejuicios de la sociedad, ni de nada ni de nadie más.

—Muy bien, señoritas. Ha sido suficiente por hoy. —Se apresuró en decir antes de reproducirse la siguiente sonora en los parlantes del estudio. Las muchachitas parecían querer seguir, sobre todo Bra, pero habían sido suficientes horas. Estaban sudando, incluso la heredera que parecía tener un alcance inagotable. La hora establecía que de hecho habían sobrepasado la hora. —Ya vayan a sus hogares. Mañana las espero aquí. Tamina practica esa salida, Kotoka procura fijarte en los giros te falta precisión.

Bra tomó el paño perfumado y rosa que siempre cargaba consigo, se lo pasó por la frente y cuello para retirar el leve sudor de la práctica y agradeció a su maestra como siempre al terminar. Cogió su celular de su bolso y revisó, encontrando un mensaje de su mejor amiga allí.

"Hoy iré a Kame House. No podré acompañarte"

[…]

—Muy bien, Uub ¿Qué demonios quieres?

Estaba obstinada, como cosa rara. El aprendiz de su abuelo le había marcado con suma insistencia, precisamente a esa hora y ese día. Por más que Pan ignoró el tono de su celular por minutos que lucían como eternidades, finalmente se rindió con una vena sobresaltando en su frente y contestando de mala gana a la llamada número trece. El chico no le dio mayor detalle a través de la llamada, sólo le dijo que era urgente y que debía ir a su encuentro en una isla que quedaba relativamente cerca de Kame House.

Lo odió por todo y quería molerlo a golpes. Ya había hecho planes, ya se había emocionado por un tema que nada tenía que ver con la realidad que solía vivir, con lo que había sido objetivo para ella en lo que llevaba de vida. Pero tenía tantas ganas de volver a ese lugar porque su cuerpo y algo más se lo exigían…

—¿Estás segura que quieres acompañarme, Pan?

—Completamente. Además, el ballet no me parece tan aburrido.

—¿Es en serio? —. Preguntó su mejor amiga nada convencida, dudando de sus palabras, la mar de confundida de que Pan no le colocara ningún pero por acompañarla aquel día a su clase de ballet. —Pan, siempre te duermes o buscas cualquier excusa para no ir.

—No será así.

¡No iba a ser así! ¡Estaba tan segura de eso! Por primera vez en verdad iba a ser así. Y cuando tuvo que decirle a Bra que no podría acompañarla, se sintió derrotada de nuevo, como había estado en las últimas semanas.

Las ojeras que empezaban a marcarse en sus ojos eran una evidente prueba de ello, de cuánto anhelaba ver aquello con sus propios ojos como la última vez. Que se le erizara la piel por esa extraña sensación, por ese irreconocible magnetismo hacia las zapatillas, la música, los giros y la exactitud de mantenerse en pie dependiendo de un vilo.

El historial de su móvil lo solidificaba, en cada búsqueda hecha hasta bien entrada la madrugada. Había averiguado la historia del ballet, había visto tantos vídeos que había perdido la cuenta. Pero la sensación no era la misma, ni siquiera viendo bailar a esa mujer que tenía más de cincuenta años de trayectoria en el baile clásico. ¿Es que acaso las zapatillas de su mejor amiga estaban hechizadas o algo por el estilo? No sabía y tenía, necesitaba, debía averiguarlo. Debía volver ahí.

Pero no, el destino se interpuso.

¿Cómo le decía que no a Uub con la forma en que el muchacho le imploraba que se reuniera con él esa misma tarde? Siendo así, el ballet, el magnetismo, las zapatillas y ella misma tendrían que esperar.

Voló en dirección a la isla en que sentía la presencia del moreno, con ganas de terminar aquello de una buena vez. No sólo estaba molesta por la interrupción hacia sus necesidades, sino que además de todo había ido tan deprisa y concentrada en sus pensamientos que olvidó cambiarse y sin remedio llevaba puesta a su enemiga mortal. Y sabía que Uub se iba a burlar y que también lo iba a golpear.

—Pan…

Pan enarcó una de sus cejas mientras sus ojos lucían como platillos. ¿Acaso estaba molesto? ¿Por qué lucía tan rojo? ¿Por qué no se burlaba de su falda?

—Necesito tu ayuda.

—¿Mi… ayuda? —. El muchacho asintió, enrojeciéndose más.

—Es… es Marron.

—¿Marron? ¿Qué hay con ella? ¿Le pasó algo? —. Él negó con la cabeza continuas veces, con insistencia. Pan no entendía porque estaba tan colorado.

—El otro día. —Miró al suelo avergonzado y rascándose la cabeza, como sí sintiera vergüenza de mirar a Pan. —Empezamos a hablar y me dijo que… quizá podíamos ver una película en su casa…

Pan entonces pensó entender de todo y se destenso. A eso se debía la rareza de su amigo.

—Rayos, Uub, me habías asustado. ¡Qué genial! ¿No? Has soñado con esto por años.

—¡No! Yo… Es que… ¡No sé! ¡Es su madre! Me pone nervioso…

—¿Eh? ¿Número Dieciocho? —. Pan hizo memoria. No pensaba muy seguido en ese tema, salvo cuando el aprendiz de su abuelo lo sacaba a flote. ¿Cuántos años iban ya desde que Uub se enamoró de la rubia? Ni siquiera llevaba la cuenta. Para muchos ya era obvio y Marron no era tonta, sabía que andaba a la espera de que el jovencito se armara de valor y pidiera su mano a Krilin y a Dieciocho. Pero claro, Dieciocho. ¿Cómo pides la mano de la hija de una androide cuyo propósito había sido el de asesinar a tu maestro, quién a la vez es el hombre más fuerte de todo el universo?

Claro que para Pan eso había sido lo de menos. Los guerreros Z eran bastante peculiares, y algunos otros también habían tenido ese objetivo alguna vez en sus vidas, como era el caso de Vegeta y Piccoro, hasta del mismo Uub en su vida pasada. El caso era que fuera de su familia, Dieciocho era una mujer fría y sin escrúpulos, que en más de una ocasión era capaz de cualquier cosa para lograr sus metas. De no ser por Krilin, ella en verdad sería sólo una máquina de matar.

En sus recuerdos de la niñez, también estaban esos momentos en que su madre, su abuela Milk, la señora Bulma y la susodicha androide compartían juntas en algunas reuniones y ella y Bra jugaban a los pies de las mujeres guiadas por Marron. Pan sonrió por el recuerdo; mientras Marron y Bra vestían y peinaban a sus muñecas ella usaba la suya para golpearlas, haciendo enojar a la princesita que no paraba de gritarla. Pero también recordaba parte de la conversación de las mujeres, los comentarios sobre sus maridos, el desastre que una estilista había hecho en el cabello de Bulma el mes pasado y también…

"—Yo sé que algún día Bra también conseguirá el amor y vivirá grandes aventuras como yo.

—Yo también espero lo mismo de Goten y Pan. Goten debe traer una buena esposa como lo hizo Gohan.

—Realmente yo no pienso mucho en eso, suegra. Confío en que mi hija será muy feliz con pareja o sin ella. Sigue siendo muy pequeña para pensar en esas cosas.

—¿Qué hay de ti, Dieciocho? ¿No tienes expectativas con Marron?

La rubia quien había permanecido callada hasta el momento, dio un sorbo a su té tomando su tiempo para responder y hasta que por fin habló:

—Por supuesto que sí. Marron se va a casar con un hombre muy rico que tenga una enorme mansión y punto".

Una gota de sudor resbaló por la nuca de Pan.

Uub no tenía mucho a su favor y los años venideros eran una prueba de ello. Dieciocho era inteligente, sabía las intenciones del muchacho tras cada intento de acercarse a su hija, solía tratarlo con desprecio y prohibía a Marron salir con él. Entonces, las únicas oportunidades del chico eran las reuniones de los guerreros Z.

Pan refunfuñó por el interés de la mujer androide.

—¿Y en qué parte de esto entro yo? —Preguntó mirándolo con sospecha y las manos en la cintura.

—Bueno… quiero que estés con nosotros, ya sabes, que nos hagas compañía. —Pan quedó incrédula y con la boca abierta. Luego se señaló con el dedo índice a sí misma.

—¿Quieres… qué sea tu chaperona? ¡Estás loco! ¡No!

—¡Por favor, Pan! ¡Esto es muy importante para mí!

Sí, sabía perfectamente que era muy importante para él.

Pero eso no evitó su cara de pocos amigos y las sonrisas forzadas cuando estuvieron en Kame House. Reconoció el agradecimiento interno que le profesaba Marron por su presencia, pues gracias a que estuviera ahí la madre de la chica no tuvo problemas en irse volando a la ciudad y dejarlos solos. Lo único que la mantuvo algo ocupada fue hartarse de un enorme balde de palomitas que Marron puso solo para ella, mientras con Uub compartía uno más pequeño. Los tortolos se sentaron muy cerca, con las mejillas sonrosadas en todo el rato y uno que otro comentario.

—Vaya, tienes muy buen gusto en películas M-Marron.

—G-Gracias Uub. Quería que viéramos ésta juntos. ¿Pan, te gusta la película?

—Hmp. —Asintió con un gruñido mentiéndose una manotada de palomitas de maíz a la boca. Trató de concentrarse en la película, pero la verdad es que estaba aburrida. Sólo rogaba que un tsunami pasara por el lugar y la arrastrara lejos de allí, pero Dendé no parecía pendiente de sus ruegos.

Pasaron los minutos, miró de reojo al par a su lado y notó sus mejillas encendidas como faroles. Sus manos estaban entrelazadas. Pan sintió deseos de vomitar.

Estaba tan lamentada. Su mente, con un fondo de música clásica leve, pensaba en cuánto pudo haber aprendido ese día en el estudio de ballet, en los maravillosos pasos de Bra. Incluso ahí donde estaba, anclada a los enamorados ajenos a sus verdaderos deseos, sólo quería emprender vuelo al estudio.

Pan, consumida por el aburrimiento, tomó su celular.

"Joder, esto es una mierda. Seguro están pensando en tener noventa hijos y una boda en el mar. Ahhhgg ¡Quiero salir de aquí!"

Buscó su contacto por la letra T.

Enviar.

[…]

No había sabido mucho de Pan en los últimos días y con su tiempo tan arrebatado por la empresa tampoco había ido a visitarla. Tampoco se habían enviado muchos mensajes de texto y con la mente en eso último, buscó el móvil en los bolsillos de su refinado traje empresarial para enviarle un mensaje. Como sí ambos hubieran tenido la misma idea al mismo tiempo, su celular recibió un mensaje.

"Mensaje de Pan{Insert emoji}"

Sonrió, tratando de descifrar ese mensaje, del que no entendía nada. Pan tenía la costumbre de enviarle mensajes sin muchas o nada de explicaciones sobre lo que le estaba pasando, y lo que supo con certeza al leer el texto era que su amiga estaba aburridísima.

—Tú no cambias, Pan.

Iba a responderle, cuando su secretaria habló al otro lado de la puerta.

—Señor Brief, el señor Son Goten ha venido a ve…

—¡Hola, Rina! Como has cambiado. Oh, espera ¿Pillie? Así que ya cambió de secretaria. —Comentarios despreocupados e imprudentes, mano rascando la nuca. Goten a veces podía ser un digno hijo de su padre.

Trunks se levantó como alma que lleva el diablo y haló a su amigo dentro de la oficina presidencial tan pronto como le puso una mano al cuello de su camisa.

—¡Goten! Ah, hola Wendy. No te preocupes, haces un trabajo excelente ¡Sigue así!

Cerró de un portazo dejando algo consternada a la secretaria, a la que las preocupaciones por los comentarios del mejor amigo de su jefe ya empezaban a agobiarla.

Lo cierto era que se rumoreaba que ninguna secretaria le había durado más de tres meses a Trunks. Entre el ajetreo de chismes, muchos decían que era un jefe muy exigente, otros que era un problemático y ninguna quería volver a trabajar con él, otros que solía acostarse con ellas y luego despedirlas. Ese último era más creíble para los empleados, debido a que jamás hubo secretarios. Ningún comentario estaba cerca de la verdad; Bulma, quien era empedernida de las historias de romance cliché, tenía esperanzas en que alguna de esas secretarias llegara a conquistar el corazón de su hijo. Cuando la cosa no se daba, rotaba el puesto y así sucesivamente. El poco interés de Trunks la decepcionaba, pero entre el desfile de secretarias Trunks habría salido con dos apenas, así que la científica no se rendía.

Al otro lado de las puertas presidenciales, Trunks reprochó a su mejor amigo.

—Demonios, Goten, puedes ser más prudente.

—Jajaja lo siento mucho Trunks, no fue mi intención. Ahora mismo puedo disculparme sí quieres. —Añadió el hombre encogiéndose de hombros. El pelilila negó.

—No importa. Mamá no tardará en cambiarla.

—Bueno, eres el soltero más codiciado e inalcanzable del planeta. Eres el material más explotado de las revistas, amigo. —Trunks enarcó una ceja, encendiendo un cigarrillo mientras miraba hacia el mar que tocaba la capital en la distancia.

—¿Y tú cómo sabes eso?

—Pares se lo pasa pendiente de esas cosas.

Trunks dio un silbido.

—Ustedes tienen bastante tiempo juntos—. Reflexionó el hijo de Vegeta.

—Lo sé. —Contestó de vuelta Goten, añadiendo al final una risilla traviesa que Trunks conocía muy bien, sin decir nada más. Mientras su amigo estaba de espaldas a él, buscó en su abrigo un pequeño objeto.

Así que, intuyendo que algo ocurría, Trunks se dio la vuelta.

Ni siquiera le prestó mucha atención a ese pequeño objeto que le dijo todo, su cara era un poema, estaba boquiabierto. De un momento a otro, ya estaba frente al moreno, tomándolo de los hombros sin poder creerlo y sacudiéndolo con fuerza saiyajin.

—¡¿Es en serio?!

Entre risas, Goten afirmó.

—¡Rayos, por fin, Goten!

Los dos amigos de toda la vida se rieron a lo grande, entre la alegría y una breve celebración. La noticia que se había tardado unos cuantos años por fin había llegado.

—La verdad no sé porque te tardaste tanto. —Trunks abrió con soltura una botella de licor. —Tu madre se pondrá muy feliz.

Goten suspiró.

—Mamá es la que más espera esto con ansias.

—Y dime Goten…—Trunks titubeó acercándose con una copa en cada mano, acercando la de la izquierda a su mejor amigo. —¿Por qué ahora?

El moreno le dio un sorbo prolongado a su trago, como meditándose la respuesta. Miró hacia el pulcro techo de cielo raso y el otro híbrido supo que buscaba las palabras concretas para contestar. Goten era la clase de persona que solía seguir sus deseos e impulsos, no se pensaba las cosas como él. O quizás las pensaba mejor con él. Vivía acorde a su propio corazón.

—Porque era el momento ¿No?

El chico sonrió y se encogió de hombros, con una naturaleza y tranquilidad sorprendentes. Goten parecía verse decidido y maduro en su decisión.

Así que después de compartir un rato y conversar de ciertas trivialidades, el hijo menor de Son Gokú tomó su móvil. Sintió no muy lejos el KI de la persona a quien iba a marcarle, encontrándolo donde se pensaba. Y pensando en que ella estaba ocupada por el lugar en que se hallaba, sólo le envió un mensaje.

[…]

La noche se cernía sobre la Capital del Oeste. Sudorosa y cansada, luego de despedirse de sus familiares, la más joven de los Brief se fue a su habitación. La rutina de su práctica había sido intensa, sus músculos estaban forzados y necesitaban relajarse. En su habitación o mejor dicho en su recinto sagrado, un suspiro desganado le dio rienda suelta a su cansancio. Dejó caer sus pertenencias en la gigantesca cama de frazadas rosas, escapándose del bolso que las contenía una base de maquillaje, unos chicles sabor a fresa, algunos mazos zenis y labiales y finalmente su celular.

Dejando caer en el suelo la sudorosa ropa, Bra se mordió los labios. Con un sonrojo pintando sus pómulos perfectos, recordó a los guapos pretendientes que no paraban de mensajearla. Un rubio y moreno sensuales dedicados al modelaje unos años mayor que ella, la clase de conquistas bonitas y adineradas de la muchacha. Y sexys, definitivamente sexys.

—No los culpo, soy hermosa.

Se dijo admirando su cuerpo de diosa en el espejo. Cualquier jovencita de su edad desearía semejante autoestima, semejante aspecto, semejante vida.

Dejó de lado la vanidad para ir a tomar un delicioso baño en su bañera personal. Y con la mano en el pomo de la puerta del baño, el sonido de una canción pop procedente de su móvil la detuvo.

Volteó curiosa, para tomarlo. No tenía prevista ninguna llamada, de seguro sería alguna chica del instituto.

Reconoció el nombre en la pantalla y sonrió.

—¿Sí, Panny?

—¡Ahg, voy a vomitar, Bra! ¡Te lo juro!

La menor del clan de los Son le relató su sacrificio, como ella le llamaba al día que pasó en compañía de los enamorados. Y Bra se rió con los detalles. Se le hacía demasiado adorable la pareja de Uub y Marron, quienes a pesar de sus edades, llevaban los indicios de un romance de primeras: puro y soñador. Era esa clase de amor con el que ella solía fantasear desde la ternura de su infancia hasta la preadolescencia. Quizá hasta menos.

Por fin, luego de reír y charlar con su mejor amiga, se fue a dar su preciado baño. No quería interrupciones así que su celular lo dejó en modo silencioso sobre la cama. Mientras la princesa estuvo abstraída en su propio mundo, entre jabones perfumados y gel de baño, el celular vibró unas cuantas veces sobre la frazada rosa con el nombre de "Goten" en la pantalla.

[…]

—¡Te juro que iba a vomitar! —. Trunks rió al escucharla al otro lado de la línea. —Era todo tan… tan… ¡Ew!

—¿Sí? ¿Y qué más? —Preguntó divertido el hijo de Bulma a la jovencita.

—No lo sé, Trunks. Tuve que salir por aire fresco ¡Me estaba ahogando! —El híbrido sólo le respondió con risotadas. —¡¿Quieres dejar de reírte, idiota?!

—Jajajajaja lo siento, Pan.

—¿Qué demonios es lo que tiene gracia?

—Que estás frustrada. —Dio como respuesta, confundiendo a la adolescente a través de la línea, mientras él tomaba la pieza de un peón de ajedrez hecho de cristal, recalcado contra uno de los ventanales del penthouse en el que se hallaba.

—¿Frustrada? —. El heredero robó toda la atención de Pan, quien acostada en su cama, con un pijama que consistía en una camiseta gris gigante y varonil con un pantalón rojo y estampado de ositos veía a través de su laptop vídeos de mujeres agraciadas, ágiles, delgadas y fortificadas bailando en una sincronía perfecta.

—Frustrada porque no has pasado por eso, Pan. —Relució Trunks con soltura, mientras en Pan se instalaba una expresión anonadada y se enrojecía a cada palabra. —Los chicos suelen temerte, por eso no has tenido la oportunidad de vivir eso.

Silencio.

Silencio…

—¿Pan? ¿Sigues ahí?

—…

—¿Pan?

—¡PÚDRETE!

Y en lugar de colgar, ella tomó con fuerza el celular en su mano izquierda, de modo que el aparato crujió mientras la pantalla se quebrantaba. El artefacto finalmente quedo reducido a pedazos cuando lo lanzó contra la pared junto a la puerta que daba al pasillo, causando una grieta y ruido considerables.

—¡Estúpido de mierda! ¡¿Qué se cree?! ¡Yo no tengo la culpa de que él y tío Goten se enrollen con medio planeta!

—¿Pan?

La nombrada se llevó las manos a la boca ahogando un crujido. Gohan acababa de abrir la puerta asomando la cabeza, con la preocupación en vilo.

—¿Está todo bien?

—¡S-Sí, papá! Estaba vi-vi-viendo una película. —Rió nerviosamente rascándose la nuca. La cabeza de su padre estaba a centímetros de su destruido celular y de la descomunal grieta que acababa de causar, sin saberlo.

—Hmm… Vale. No te duermas tarde, pequeña. ¡Qué tengas dulces sueños!

Suspiró quitándose un peso de encima, cogiendo algo de tranqulidad. Sin embargo, la grieta la hizo torcer el gesto. Había sido demasiado impulsiva y eso le causaba problemas en veces. ¡De todas maneras, todo era culpa de Trunks! Concedió cruzándose de brazos y cerrando los ojos con evidente enojo.

[…]

Recién estuvo acostada en su gigantesca cama rosa, se rindió a los brazos de un profundo sueño. Fue al despertar, luego de hacerse otro peinado totalmente diferente al del día anterior, que tomó el celular y vio las cinco llamadas perdidas de quien no esperaba ¿Por qué la llamaba él? El corazón, por un instante, le hizo una mala jugada alborotándose. Se miró alarmada en el espejo que siempre le relataba su belleza y se sonrió negando sin remedio.

Algunas cosas estaban paseándose por allí.

De camino a la preparatoria decidió llamarlo. Una voz adormilada le respondió al otro lado.

—Mmm ¿Diga?

—Buenos días, Goten. Perdóname por llamarte hasta ahora, anoche me quedé totalmente dormida.

—Princesa… qué bueno oír tu voz. —Respondió la voz ronca del hijo de Gokú. —No te preocupes. Quería qué nos viéramos hoy.

—¿Hoy?

—Conozco un buen café en calle Vines de la cincuenta y tres. Claro, sí es que te gusta. No tengo problemas en reunirnos en dónde tú quieras.

—No, no, no. Me parece perfecto, allí estaré.

—Vale, ya no te distraigo más. Ten un lindo día, princesa.

Cortada la llamada, los ojos profundamente celestes se quedaron impresos hacia el móvil aún en mano. Sonrió ampliamente. Princesa el alías por preferencia que más de una persona le decía. Destilaba poseer esa, para algunos, secreta sangre real. Era inevitable que la catalogaran de esa manera, pues con sólo verla diversas amistades se lo decían en su día a día "Bra ¡Pareces una princesa!" "A veces creo que en serio eres una princesa" "Tienes la vida de una princesa" Pero la primera persona que le otorgó aquel apodo era ese con quien acababa de hablar por teléfono y quería verla hoy. Su primer recuerdo que involucraba esa palabra dirigida a ella, se lo había dado Goten cuando recién ella dejaba la etapa de bebé y tenía la capacidad de recordar.

En clases, su séquito no tardó en rodearla. Hoy no tenía clases de ballet y cuando era así, por lo general iba de compras con las chicas de su clase o del mismo estudio. Siete chicos le pidieron salir, como si estuvieran todos pendientes del itinerario de la estudiante más rica de la Orange Star. Por supuesto que rechazó a cada uno.

En la hora del receso, esperó a Pan en la parte del campus donde solían verse. Tras quince minutos su amiga nunca llegó. La llamó por celular, no contestó. Así que, harta de la espera y encabronada con la pequeña Son, decidió ir al aula de ésta.

Ninguno del curso parecía saber de Pan, cosa que extrañó a Bra ¿Dónde podía estar metida ahora? ¿Dándole más palizas a bravucones, tomando una siesta en la biblioteca, saqueando las tiendas de comida del instituto?

—Maldición. Sí sintiera el KI como papá y Trunks ya la hubiera encontrado. —Se dijo a sí misma pensando el paradero de su mejor amiga.

—Disculpa. ¿Buscas a Son Pan? —Le preguntó una chica que usaba gafas y un listón rojo como el de Pan. Asintió. —La vi en el gimnasio hablando con un chico.

—¿Hablando con un chico? —. Quizá algún compañero, quizá alguien que le pidiera consejos de combate, pues no era un secreto la habilidad de guerrera que tenía Pan, que en los años que llevaba allí había pateado un montón de traseros. Sin embargo, eso no era algo común. —Vale. Gracias.

[…]

Los labios le temblaban. Las piernas también querían hacerlo. Apretó los puños, y se dijo que era algo estúpido y que solo tenía que hacerlo. Era fácil. Bra siempre lo hacía, no era nada del otro mundo.

El chico frente a ella la miraba algo nervioso. Era alto, bronceado, cabello oscuro y ojos verdes. Se hacía llamar Ben. Tenía fama con las chicas, hijo de un millonario de la capital, incluso había salido en una oportunidad con Bra. Conocía a Pan por tener ese sentido justiciero de una reconocida madre y abuelo, pues a los bravucones los tenía a raya. Recordó cuando estaba en el segundo año de preparatoria y esa chica, que entonces estaba en primero, le había dado una paliza por golpear a un muchacho. El escarmiento había funcionado; duró casi dos semanas sin poder sentarse.

Pan, en cambio, no recordaba eso. Sólo sabía unas cuantas cosas de él, habían hablado de artes marciales en unas ocasiones y Bra decía que era demasiado lindo pero muy tonto para ella. En realidad, no era que le gustara o algo, sólo reconocía que era apuesto. De hecho sólo sabía que estaba parada allí frente a él por una cosa: la conversación con Trunks. Él la había desacreditado y eso era inconcebible. Debía de hacer que se tragara sus palabras y salir con Ben.

—Sal conmigo.

Ben, quién bebía agua de un termo, se atragantó y comenzó a toser. Pan ante aquello le dio unas palmadas bastante bruscas en la espalda.

—¿Disculpa? —.Preguntó ya recuperado. ¿Esa extraña y aterradora muchacha lo había invitado a salir?

—¡Qué salgamos! ¿Estás sordo o qué?

El chico rió nervioso.

—Pon, de verdad sería un honor y todo pero…

—Pan.

—¿Qué?

—Mi nombre es Pan. —Aclaró con una venita en la frente y el ceño fruncido. El muchacho tembló.

—¡Sí claro, Pan! Jaja por supuesto qué m-me sé tu nombre.

Pan, harta de protocolos y cosas, haló al muchacho del cuello de la camisa para acercarlo cara a cara con ella. El muchacho reprimió el grito de horror que su garganta quería emular y pálido comenzó a asentir.

—¡Sí, sí! ¡Lo que tú digas, Pan!

Ella no dijo nada, tan sólo asintió con esa expresión aparentemente molesta que le infundió terror absoluto a él. Expresión que no concordó para nada con la amabilidad y deslumbrante sonrisa que le dio después.

—¡De acuerdo, Ben! Te veo después.

Se dio la vuelta, sonriente y satisfecha por su cometido. Le callaría la boca al imbécil de Trunks y aparte ya tenía algo por hacer hoy en la tarde, puesto que Bra no tenía clases de ballet ese día. Y hablando de la reina de Roma

Tras darse la vuelta encontró a su mejor amiga boquiabierta en la entrada del gimnasio. Sus mejillas se tornaron rosadas y el balbuceo se apoderó de sus palabras.

—Y-Yo… Eh… N-No es l-lo que tú p-p-pi-piensas ¿N-N-No, Ben?

Pero la respuesta del nombrado no llegó. Pan volteó y se quedó confunsa ¿En qué momento desapareció ese chico? No tenía la remota idea de que apenas lo había soltado el chico atlético había huido.

—Oh Kami ¿Acaba de suceder lo que acabo de ver?

La princesa la tomó de los hombros, mirándola a los ojos como buscando respuestas allí, poniéndola nerviosa. ¿Qué carajos hacía Bra? Lo siguiente fue un alarido y chillido insoportable que llevó a la Son más joven a taparse los oídos. Los gritos de Bra eran una amenaza.

—¡Oh, Pan! ¡Soñaba tanto con este día! Aunque Ben… Jumm ¿Cómo es qué no tenía idea de qué te gustaba mi ex? —Añadió lo último con un deje de enojo.

—¡Wow, wow! No vayas tan lejos, Bra. Sí, lo invité a salir, pero no es que… Me guste. —Explicó sin saber cómo hacerlo muy bien, y no se supo entender del todo. La peliazul enarcó una de sus cejas perfectas.

— ¿Me dices que invitaste a salir a un chico qué no te gusta?

Pan se rascó la nuca.

—Sí, algo como eso.

—¡Pan, vamos! Que no te de vergüenza decírmelo. Él y yo ya no tenemos nada, así que por mi parte tienes luz verde ¡Ay, qué emoción! Y dime ¿Qué te vas a poner? No puedes ir vestida como sueles hacerlo.

—¿Por qué no?

—Oh Panny, tienes tanto que saber. Oye pero a todas éstas no vi que concordaran día ni hora.

—¡Joder, es cierto! —Recordó Pan, llevándose una mano a la frente. Cumplido su cometido no pensó en esas cosas.

—¡Pronto ve a…!—. Pero el timbre escolar dio por finalizado el descanso e irrumpió en las palabras de la peliazul. —¡Mierda! Debemos ir a clases…—Las dos adolescentes tenían que tomar caminos separados a sus aulas. —Bien, no importa ¡Recuerda pedírselo en la salida, Pan!

Bra se fue por la salida sur del gimnasio y Pan tomó la norte, pensando en las palabras de su amiga. No tenía idea de a qué hora saliera de clases Ben, y no le hacía mucha gracia esperarlo pero no había de otra. La hija de Gohan se quedó dormida en la clase de geografía y no prestó mucha atención a la de historia, finalmente el timbre de la salida de clases y cambios de bloque llegó. Corrió hasta la salida del colegio por donde pasaban todos los estudiantes, fue de las primeras estudiantes en llegar. Un par de minutos después, los chicos salían en manadas. El ki de Bra se aproximaba y ésta al pasar por su lado le guiñó un ojo.

—¿Aún no lo ves? Un chico me dijo que su clase no tardaba en salir.

—No...

—¡Apresúrate, Bra! —Le dijo una de las chicas de su séquito, Dara, mirando con desprecio imperceptible para la importancia de las híbridas a la peliazul.

—¡Un segundo! Bien, ¿Por qué no vas a mi casa a almorzar? Pienso prepararte allá. Me llamas cuando vengas en camino; no sé porque no contestas tu teléfono.

—Dígamos que por un pequeño… ´percance…—Pan fue bajando la voz hasta que Bra tuvo que ponerle mucha atención a sus palabras para escucharla. —Lo destrocé.

—¡¿Qué?! Rayos Pan ¿Y por donde hablaremos ahora? ¿Señales de humo?

—¡Bra! —Exclamaron los amigos ricachones de la princesa.

—¡Allá voy! Bien, te dejo. ¡Suerte!

El tiempo seguía transcurriendo, parecía pasar a paso de tortuga. ¿Por qué tardaba tanto? Intentó sentir el ki del muchacho, pero todos eran tan bajos y similares que era difícil dar con él. Vio algunos de su clase irse… Nada… Siguió intentando sentir el ki, con más concentración, cerrando los ojos. No… ese no era… aquel tampoco…

—¿Qué…? Oh mierda, no él.

Un ki que eclipsaba cualquiera a la redonda entraba en su perímetro. Se acercaba, más y más al instituto de la estrella naranja. Lo sentía, lo percibía y peor aún lo conocía bastante bien.

Un aerocoche último modelo de la corporación se estacionó cerca de esa entrada y quien lo conducía pronto salió de él. Los cabellos lilas fueron despeinados por el viento, haciéndolo ver como el apuesto protagonista de un cuento de hadas y Pan tuvo deseos de vomitar con esa idea.

—¡Es Trunks Brief!

—¡Sí, es él!

Las muchachas del instituto lo observaban fascinadas, entre saludos y enviando besos al heredero. Trunks respondió con una sonrisa con aire tímido y un breve gesto con la mano. Pan torció los ojos, y lo evadió cuando los ojos azules se posaron en ella. Se acercó a paso de gala…

—No creí que te ofendieras por eso...

—Lárgate.

—Vamos a almorzar. Yo invito.

—No quiero verte.

—Lo siento ¿Bien?

—Eres un imbécil.

—Mi oferta va a declinar…

—¡Métete tu oferta por el…!

Antes de que terminara la oración, los gritos de una coordinadora eclipsaron los suyos contra Trunks. Una mujer regordeta y mayor de los sesenta años se dirigía ni más ni a menos que a Ben.

—¡Joven Ben, le repito que esa salida es de profesores del instituto! ¡No se lo repito más!

El atlético estudiante, resignado, tomó su mochila y caminó hacia la salida donde Pan lucía ansiosa, hecho que al muchacho le puso la piel de gallina. Hubiera sido mejor que lo sancionaran o lo suspendieran del instituto, que haberse metido en el embrollo que estaba. Había estado tan tranquilo de que la nieta de Míster Satán olvidara ponerle día y hora a esa salida forzada para él.

Pan sonrió triunfante. La suerte estaba de su lado, Trunks vería en vivo que se equivocaba y que ella no era una especie de fenómeno. El inteligente presidente, captó esa sonrisa extraña de su amiga que le decía que ella planeaba algo y cuando dio con quien rayos observaba, fue atando los cabos de la situación.

Mientras Ben se acercaba a Pan como quien es llevado a la horca, la chica se dio vuelta un segundo con una determinación inefable en la mirada azabache, que azotó contra el mar azul de los orbes de Trunks.

—Te voy a demostrar que te equivocas.

Se dio vuelta de nuevo, Ben estaba un par de metros de ella con la cabeza gacha.

—¡Hola, Ben!

—Hola Pan…

—Yo… Había olvidado acordar el…

—Esta tarde—. Le interrumpió él, dando eso por hecho. Pan quedó muda, Trunks a su lado estaba sin palabras. Ella no podía creer que el chico tuviera tantas ansias de la cita, pero el atleta tan solo quería terminar con eso de una vez, muy por el contrario de lo que supuso la azabache.

—Vale.

—Eh… nos vemos en la calle Brownmound con veintidós. —Pan asintió sonriente y Ben se fue de allí prontamente.

Sintiéndose victoriosa, no podía estar más contenta. Le había cerrado la boca a Trunks, le había ganado ¡Lo había hecho! ¡Cómo le quedaba el ojo al idiota!

—Vaya Pan, me impresionas. —Apuntó el hombre con una sonrisa divertida.

—Lo sé. Ahora sí me disculpas, tengo que ir a cambiarme para ver a Ben. —Con aires de triunfo y cruzada de brazos Pan se dio vuelta para irse, pero la mano de Trunks en torno a su muñeca se lo impidió.

—Vine para que almorcemos juntos, Pan.

—No quiero almorzar contigo.

Se soltó con fuerza bruta, cómo sí no soportara un segundo más que la tocara y caminó lejos de él perdiéndose en el horizonte de la calle. Hubiera volado en el acto, sí no hubieran estado rodeados de adolescentes curiosos. Trunks se cruzó de brazos y se encaminó a su coche, ignorando a las colegialas y acelerando a fondo, refunfuñando en su vehículo.

—No puedo creer que sea tan malcriada.

[…]

—¡Llegas tarde, muy tarde!

Bra la recibió entre exclamaciones y drama; ella se resignó a seguir comiendo del muslo de pollo en su mano izquierda, con las mejillas manchadas de la salsa que acompañaba la jugosa carne al igual que al uniforme del instituto. Bra se llevó una mano a la frente, había mucho trabajo por hacer.

—No perderemos más tiempo, Panny ¡Ve a bañarte, ya, ya! —La heredera la arrastró por los pasillos tan de repente que el muslo de Pan voló por los aires.

—¡No, Bra, espera! ¡Mi pollo! —Lágrimas se formaron en sus ojos ¡Tan delicioso qué estaba!

Dentro de la guarida rosa, Bra le arrojó una toalla a Pan que sostenía uno de sus robots personales. La tomó de los hombros por un breve instante, obligándola a mirarla a los ojos. El rostro de la nieta de Gokú lucía asustado, mientras su mejor amiga demostraba toda la decisión en sus rasgos. Sus orbes azuladas brillaron destilando una gran determinación. No hubo palabras de por medio, pero Pan sintió una especie de escalofrío agolparla por la nada usual actitud de su mejor amiga.

—Sé breve. —Dicho esas dos palabras, arrojó a la muchacha dentro de su baño como un saco de patatas.

Se bañó en silencio, confundida con esa actitud que sondeaba a la heredera y qué comenzaba a darle un presentimiento inexplicable. Consideró, dentro el remolino de pensamientos anonadados, qué quizás hubiese sido mejor no haber recurrido a Bra. Pero era tarde.

—¡Ven, Panny, ven! —. Tenía segundos de haber secado su cuerpo y nada de haber salido del baño cuando fue arrastrada por la contraria. —Mientras te bañabas pensé en qué podías ponerte ¿Qué te parece? —. Definitivamente, comenzaba a arrepentirse de recurrir a la Brief. —¿No son preciosos? —Su expresión desbordó desagrado. Hasta la embargaron deseos de vomitar, pero se contuvo.

Pan se quedó de pie sin saber que decir. Lo cierto es que era presa del desconcierto, en parte. Había olvidado unas cuántas cosas de lo que significaba rendirse a los deseos de su mejor amiga, qué para ella eran extravagantes en todo el sentido de la palabra y es que, Bra sabía cuánto odiaba los vestidos, las faldas, todo lo que significase andar en público con cualquier prenda que mostrara más arriba de sus rodillas. Una gota de sudor resbaló de su frente, pensando que la peliazul le estaba jugando una mala pasada. Sin embargo, Bra parecía la mar de alegre frente a esos vestidos de diferentes modelos y colores.

—Antes de qué digas cualquier cosa, pienso que éstos tres te sientan de maravilla. —Entre ese montón de prendas tóxicas para la hija de Gohan, rebuscó uno amarillo de manga corta y un cuello en v, lucía parte de la espalda y se ceñía hasta la cintura, terminando la parte superior en volados gráciles.

Acercó ese primer vestido y Pan retrocedió cómo sí fuera un arma contundente, reaccionando totalmente a la defensiva. Bra rodó los ojos hastiada.

—Pan, por favor.

—Ni lo sueñes.

—¿No quieres lucir linda? —. La guerrera torció el gesto. En realidad, sus motivos nada tenían que ver con algo así. No respondió, por lo que Bra prosiguió. —Tienes que verte bien para verte con un chico que te atrae.

—A ver, Bra. —Suspiró hondamente antes de seguir tergiversando esa situación y bajar los humos de la nombrada. —Sabes perfectamente qué no me gustan mucho las falditas ridículas y esas cosas… ¿No podemos ir más despacio?

La chica la observó, con cierta desilusión rodeándola. Aguardó unos segundos pesándose las palabras de su amiga… Hasta que asintió con la cabeza. Tenía toda la razón, no podía obligarla, y conocía perfectamente a la jovencita cómo para saber qué no era cualquier adolescente. No iba a cambiar así de la nada. Ya bastante era el hecho de qué fuera a tener una cita, no podía esperar qué las circunstancias fueran tan favorables y Pan ya ansiara pintarse las uñas y preocuparse por su vestuario, o hablar de chicas. Bueno, gracias a la situación esperaba al menos un avance próximo con eso último.

—De acuerdo… Veamos…

Continuaron en la búsqueda de ropa por minutos qué a Pan se le hicieron eternos, sí no fuera porque el tiempo que tenían era relativamente reducido, sabía que la tardanza se habría prolongado. Finalmente, cuando la peliazul perdía los ánimos y comenzaba a rendirse con su amiga, Pan se decidió. Y a ambas les gustó el resultado. Unos jeans ceñidos, deportivas blancas, una camiseta negra suelta de estilo casual y un sobretodo vinotinto. La azabache inclusive cedió a unos cuántos accesorios que sugirió la menor; un collar de tira negra y un colgante en forma de luna en plata, un par de pulseras en su mano derecha y unos aretes pequeños, también de plata. Al menos eran ligeramente más grandes que lo que acostumbraba.

Videl insistía motivada por Milk a qué Pan usara cada tanto unos aretes diminutos para que los hoyitos de sus orejas no se cerraran, lo que era algo estricto. Pan, un poco reacia, accedía a eso. Especialmente porque gracias a su rebeldía sus hoyitos se habían cerrado después de meses negada a utilizar los aretes, y su misma abuela había molestado hasta hartarla a ella y a sus padres para que volvieran a abrírselos. Videl había estado de acuerdo, porque aunque estaba a favor de la voluntad de Pan, quería que su hija mantuviera un toque femenino.

—Déjame peinarte. —Bra la sentó frente a la cómoda y el espejo, tomando un cepillo. Comenzó una batalla decisiva contra los nudos que enredaban su cabello lacio. No esperaba que esa espesura negra contuviera tanto embrollo. La hija de Bulma recordó la última vez que Pan accedió a ser peinada, casi a regañadientes; eran unas niñas y todo porque soñaba ver a su amiga con unas trencitas.

—¡Auch!

—¡Lo siento! Hmp. Rayos, Pan. Tienes un desastre aquí… dentro. —Soltó la última palabra en un tapujo por la fuerza que ejerció en deshacerse de su quinto nudo.

Pan, con una mueca por rostro, miró el amplio espejo que tenía al frente. Su mejor amiga con toda su concentración y el entrecejo fruncido, peinaba una extraña. Era partidaria de la ropa deportiva y no precisamente la más femenina… ¿Alguna vez había usado unos jeans ajustados? ¿Bra la había peinado alguna vez? Entonces supo que sí, años atrás. Sin ser consciente de ello, había tenido el mismo recuerdo que su amiga, aquel de las molestas trencitas por las que la peliazul la había fastidiado hasta lograr su rendición.

Y vio a dos chiquillas en el reflejo de sí mismas; dos inocentes niñas disfrutando de la compañía de la otra y no pudo hacer más que sonreír con alegría transmitida por un pasado que se plasmaba en ese presente.

—¡Listo!

Creyó que ya era libre de las manos de la heredera, pero cuánto se equivocaba cuando la muchacha tomó su maletín refinado que contenía infinidad de maquillaje… ¿Para qué tantas brochas, joder? ¿Por qué tenía tantas versiones del mismo estúpido color de labial?

Suspiró.

—No te pases. —Pidió la azabache y lo que recibió a cambio de la peliazul fue una malévola sonrisa de mal augurio para ella, seguramente copiada de su adn paterno. —Hmp. Disfrútalo… porque no volverá a ocurrir. —Dictaminó y acto seguido cerró los ojos, privándolos del puchero de la otra adolescente.

Y la híbrida lo iba a disfrutar, claro que sí, puesto que llevaba años esperando esa oportunidad ¡No la iba a desaprovechar, no señor! Ya llegaría el turno de que Pan se rindiera unas cuántas veces más y éste era el primer paso. Sabía que su amiga no podía ser de hierro y tarde o temprano iba a desear explorar su lado femenino que llevaba bien dormido todos esos años, pero ahora afloraba poco a poco.

Los minutos pasaron… Y pasaron. Pan empezaba a dormirse en el reclinable de Bra, mientras ella conjugaba distintos tonos de sombras y rubores que realzaran la belleza de su amiga. Este sí, este no. Un poco de iluminador…

—¡Terminé!

La brillante sonrisa de la peliazul era un claro ejemplo de lo orgullosa qué estaba de su trabajo y no dudó en alcanzarle un espejo a la Son. Ella lo tomó, algo dudosa…

Sí, en definitiva era una extraña.

—¿Y bien?

No tenía palabras para contestar la duda de su mejor amiga. Se había esforzado en que el maquillaje fuera sutil, nada recargado. Unas sombras entre tonos suaves y oscuros resaltaba el azabache de sus ojos, el rímel la espesura de sus largas pestañas, incluso de las había rizado. ¿Cómo lo había hecho? Sus labios lucían más gruesos debajo de ese color carmín… Sus mejillas, pálidas, estaban rosáceas. Y por inédito que eso fuera, no le molestó.

—Creo que… está bien.

—¡¿Bien?! ¡Estás preciosa, Panny!¡SÍ! ¡Sabía qué te iba a gustar!

Se puso de pie y caminó hasta el espejo a cuerpo completo de la heredera. Era muy diferente. Era una chica normal.

"Una chica bonita"

Sacudió la cabeza tratando de espabilar esos pensamientos. Tampoco era para tanto ¿verdad? No podía exagerar, demonios, sí en sus años de vida se había preocupado por algo cómo eso. Paró de sacudirla cuando recibió un regaño de la menor a sus espaldas.

En fin, estaba lista.

Un chillido de su mejor amiga la obligó a taparse los oídos.

—¡Estás demasiado hermosa! —Exclamó, con el drama impreso en ella, con la manos entrelazadas y una pierna alzada hacia atrás. —¡Debo guardar este momento! —Rebuscó en el bolso rosa su Smartphone y abrazó a una medio desconcertada guerrera. Finalmente, tomó la imagen dónde ella sonreía de par en par y la azabache enrojecía hasta las orejas. —Me muero de ganas de llevarte… Sí tan sólo él hubiera acordado otro día—Se dijo más para sí misma en un desganado suspiro qué para Pan.

—¿Él? —.Bra reaccionó como un resorte, arraigada por el nerviosismo.

—¡N-N-N-Nadie! —. La morena enarcó una de sus cejas y se encogió de hombros restándole importancia a esa actitud, después de todo no era nada del otro mundo en su amiga.

—Bah, no te cansas de salir con sujetos. Ya debo irme.

Para su suerte, no se cruzó con nadie conocido en los pasillos de la Corporación, tan sólo empleados qué se la quedaron mirando, lo que la intimidó un poco ¿En serio se veía tan diferente? Prefirió pasar de largo y concentrarse en su objetivo. Ya era tarde. Decidió volar, ya aterrizaría en algún callejón cerca del lugar de reunión.

[…]

Ya sin Pan en el sitio, ella pudo proceder a arreglarse. También se le haría tarde sí no se apresuraba. Para su suerte había tomado un baño antes de que la más pequeña de la familia Son llegara.

Mentiría si dijera qué no estaba nerviosa. Todo era tan raro de alguna manera. Eligió un vestido fucsia de tirantes y falda abombada, con unas sandalias indudablemente caras y delicadas en negro. Tomo un abrigo que fuera a juego y recogió algunos mechones de su cabello. Unas gafas negras la hicieron resaltar la pequeña diva qué era.

Sacó uno de los aerocoches último modelo de las cápsulas que dentro de una cartera llevaba y condujo hasta el café.

Goten era cercano a ella de alguna forma, pero Bra no se pensó qué tanto para tomarla en cuenta con algo tan delicado cómo planear la boda con la mujer de su vida. Bra rebobinó en eso. Sabía cuánto se merecían mutuamente, tanto Pares cómo Goten eran una belleza de personas. Sin embargo… No hablaba tanto con el hijo menor de Gokú cómo para llegar al punto en el qué estaban. Tal vez se estaba apresurando y Goten sólo quería pasar un rato con ella.

No, esa idea era engañarse. Desconocía los motivos de Goten y la mataba la curiosidad por saberlos.

Es decir, su hermano era el mejor amigo del guerrero ¡Y ni siquiera él lo sabía! ¿Por qué contárselo a ella, sí jamás habían sido tan personales? Bra se desanimó ante esa idea, qué aludía a la manera en qué era vista por su hermano y el mejor amigo de éste, siempre apuntando a que ella y Pan eran unas niñitas qué poco o nada sabían de la vida.

Resopló. Bueno… No podía auto considerarse una experta en hechos de la vida a la edad de quince años, pero sus amigos y muchas personas decían qué era una joven muy madura para su edad y estaban en lo correcto. No había vivido situaciones de adultos de primera mano, pero había leído unos cuántos libros y entre sus amistades cercanas había personas mayores que ella. Sí existía algo de lo que podía estar segura, es que Goten podía confiar en ella plenamente. Estaba guardando su secreto de Pan, esa qué era cómo el brillo de esmalte de sus uñas, sólo porque él se lo había pedido.

Sonrió con esa idea. Sí, pudo regodearse con la idea que atravesó sus pensamientos. Un rubor pintorreó la palidez de sus perfectos y preciosos pómulos. Era recíproco, Goten confiaba en ella ¡Confiaba en ella! Su corazón bombeó rápidamente en su interior motivado por la alegría y se alertó con ese hecho. Negó de inmediato y cerró los ojos llevándose una mano al pecho en el área dónde se situaba ese órgano. No podía permitirse ser tan emocional.

Sin embargo, su corazón volvió a desbocarse, pero por motivos ajenos.

—¡Mira por dónde conduces, mocosa estúpida!

Agarró con fuerza el volante y una vena resaltó en su frente al mismo tiempo que fruncía el ceño. Le devolvió las palabrotas al hombre qué estuvo a punto de impactar con su vehículo. Había un trancón por esa calle, así qué no había manera de pasar. El tipo le devolvió otra tanda de insultos y empezaba a calar la reducida paciencia que ella tenía para esas cosas. Ninguno de los dos se detenía en responder los insultos y el resto de personas en el lugar se alertaron cuándo se bajó del aerocoche con la ira escociendo su aura.

—¡Muchacha insolente!

El hombre se bajó con aires de sobreponer a la chica. Después de todo, Bra era algo pequeña a su lado. El hombre se hizo mentes; a los jóvenes había que dejarlos en su lugar y eso haría con esa mocosa qué tuvo la osadía de tratarlo cómo se le venía en gana. Disciplina. Eso necesitaba, unas cachetadas y sabría respetar a sus mayores.

—Viejo idiota. —Le escupió con ira y sacándole la lengua. ¡Se acabó! Esa chiquilla aprendería a respetar. Levantó una mano en señal de escarmiento… Y Bra sólo estalló en carcajadas divertida. Para el hombre era la cúspide del descaro ¿Cómo se atrevía? —. ¿Qué? ¿Piensa que dejaré qué me ponga encima una sus sucias manos, viejo imbécil?

Con las manos en la cadera, caminó decidida hasta quedar cara a cara con ese hombre. No se la iba a tener sencillo. Ese tipo no sabía en lo mínimo con quién se metía.

—No sabe con quién se está metiendo.

—¡Niña grosera! ¡Ya verás! —. Al diablo con las cachetadas.

El hombre tomó fuerza en un puñetazo a toda velocidad destinado a impactar contra ese rostro perfecto y arrogante, le importaba un comino que fuera una mocosa mimada y millonaria. Era ella la qué no tenía la menor idea de con quién se había metido. Después de todo, estaba justificiado. Eran los ricos con esa crianza nauseabunda que le daban a sus estúpidos hijos los culpables de qué una niñita de esas terminara así.

Sin embargo, las cosas tomaron otro rumbo.

El hombre no supo cómo ni cuándo, esa adolescente insolente evadió su puñetazo cómo sí nada y antes de lo esperado, la palma de ella cacheteó con fuerza el lado izquierdo de su rostro. El suceso fue digno de mostrarse en cámara lenta; el rostro se desencajó bajo esa delicada palma, los ojos se abrieron a lo qué más daban. Los dientes abandonaron su sitio en la boca del hombre, desde los incisivos hasta unas cuantas muelas. Se estampó de bruces con su propio aerocoche, y éste se abolló profundamente.

La gente estaba atónita.

—Hmp.

Bra se sacudió las manos. El hombre lloraba medio inconsciente tirado en el suelo. La adolescente volvió a su aerocoche, no sin antes limpiarse el contacto con el sujeto con unas toallitas húmedas y aceleró a fondo, rebasando por la acera a todos los autos del trancón. El altercado ya la había retrasado bastante y no tenía paciencia para nadie. Las personas que transitaban y tuvieron la mala suerte de encontrarse con Bra Brief al volante no tuvieron más remedio que lanzarse a los lados para sobrevivir.

En un santiamén estuvo en el café, por fin.

Se miró en el espejo, acomodándose el cabello y las gafas en su puesto.

Los nervios regresaron, producto de la espera por el encuentro. Sólo esperaba que sus piernas no flaquearan en lo que cruzaba hasta el café.

Algunos la miraron cuando pasó el umbral de la puerta. Era preciosa, de cualquier forma. Un mesero posiblemente de su edad se acercó radiante y educadamente hasta la joven.

—Bienvenida, señorita. Dígame, ¿Qué desea?

Bra no respondió. Lo ignoró olímpicamente, levantando con los dedos de la mano que no sostenía la cartera de mano entre el gentío. Finalmente, divisó una mata de cabellos negros al fondo. Él la miró segundos después y le sonrió genuino en su dirección, con ojos ansiosos. Bra sintió qué le faltaba el aire y fue hasta la mesa junto a la ventana del fondo.

—¡Goten!

—¡Princesa!

El guerrero se puso de pie para estrecharla entre esos brazos fornidos con una fuerza pasada de la cuenta. Pero a Bra no le importó, estaba alegre por verlo. Usaba unos jeans y una camiseta azul, con un suéter gris y unos tenis. El estilo de Goten era casual y despreocupado como él mismo. La mesa era para dos, en un cubículo del que se apreciaba una gran vista de la calle.

—Me da mucho gusto verte, princesa. —Bra le sonrió de vuelta ante el comentario, posando los ojos en él, notando su ansia. ¿Estaría también nervioso?

—Ejem. —El joven mesero se había involucrado en el ambiente que se forjaba entre los híbridos con un carraspeo y un semblante no tan alegre cómo al principio. —¿Ordenarán algo?

—Un frapuccino para mí—. Pidió Goten sin prestarle mucha atención al muchacho mientras chequeaba rápidamente en una ojeada su Smartphone. —¿Bra?

—Yo quiero un expresso.

El muchacho asintió tomando nota y desapareció de la mesa. Entonces, los dos se miraron. Ninguno dijo nada. Bra estaba entre confundida y emocionada, igual que él. Goten seguía siendo cómo un niño a pesar de los años… Un niño con planes de matrimonio revoloteándole por la cabeza.

Pasaron segundos. Los momentos de alegría iban mermando, ambos parecían esperar que el otro dijera alguna palabra para evitar tensiones. Bra, pensándose en sí sacar su Smartphone, consideró mejor ir directo al grano cómo acostumbraba hacer. Ya de por sí no era innovador qué él moreno la haya citado. Mínimo podía decir algo, pero Goten parecía ensimismado en otra cosa.

—Luces muy hermosa. —Dijo sinceramente. Las mejillas de ella se ruborizaron como por arte de magia por esas palabras. Miró hacia la mesa vacía, tal sí la respuesta que debía darle al hombre estuviera por ahí puesta en algún punto y al no "hallarla" asintió.

—Gracias.

—Frapuccino y expresso. —El joven mesero regresó con los pedidos de los híbridos. Le agradecieron brevemente y el muchacho se fue a atender al resto de clientes.

A Bra se le atoraron las palabras que planeaba darle al moreno. Tomó la cucharita que venía junto a su café y la introdujo mezclando la bebida para degustarla. Goten, por su parte, sorbió de su frapuccino observándolo mientras lo hacía, cómo sí fuera la cosa de más interesante del mundo.

Los ojos azules de la chica vieron a su alrededor. Las canciones de fondo de las cornetas dispuestas en el local eran opacadas por las voces de todas las personas qué charlaban entre sí en las distintas mesas. Era entendible que Goten la citara ahí, para eso se prestaba el lugar, para conversar. Y ellos dos se estaban tardando en hacerlo ¿Es qué acaso ella debía hacerlo primero?

—Creí qué no ibas a venir. —Al parecer no. Goten se le adelantó.

Lo miró algo perdida, simulaba qué había imaginado lo que él le había dicho. Se espabiló de inmediato asimilando las palabras de él, qué la miraba con ojos alegres sorbiendo de su bebida.

—¿Cómo vas a pensar eso, Goten? —. Ella también le dio un sorbo a su humeante café. —Lamento mi tardanza. —Añadió. Su tono de voz apenado le circundó. —Hubo un trancón en el camino.

—Oh, entiendo. —Se limitó a decir el Son.

Y siguieron ahí, en silencio, ingiriendo la cafeína en sus bebidas. Goten siguió perdido en cualquier cosa que parecía más interesante que mirarle a ella. Más minutos, más silencio. ¿Debía agregar cualquier trivialidad? No. Bra no lo soportó. Sí quería beber un café mientras escuchaba otras personas hablar bien podía quedarse viendo una serie en la comodidad de su hogar. No tenía caso, Goten no le iba a decir nada. Suspiró dándose por vencida. Había acudido para perder su tiempo, así que prefirió tomar su cartera y darle una última mirada a Son Goten.

—Goten, sí me citaste sólo para tomar café, yo…

Los ojos del muchacho centellaron. Su ceño se frunció cómo sólo en los hombres de su familia ocurría cuando se trataba de un asunto serio. Sin embargo, esa determinada y alegre sonrisa no lo abandonó cuando cortó con sus propias palabras a Bra.

—Se lo dije a Trunks.


Dioooooooos ¿Cúanto tiempo? ¿Cuántos meses? En fin... Aquí está. Este es el resultado de mi imaginación. ¿Qué opinan del capítulo? Personalmente, adoré la actitud de Bra en el trancón. Me pareció graciosa. Y Pan con Uub y Marron XDDDD Y cómo sabrán al leer esto, Pan está pasando por cambios de los que ella aún no es consciente... ¿Pubertad? Quizás(?) ¿Qué opinan del asunto de Goten, eh?

Este fic tiene un profundo significado para mí, con el avance que hasta ahora les he mostrado. Poco a poco todo irá cambiando... Para mal o para bien, quién sabe...

Sus comentarios son preciosos! Pocos o muchos, estoy feliz de qué se tomaran el tiempo de escribirlos. Me dieron muchos ánimos e ideas. Esto es para ustedes, desde mi cora y mi mente.

Se despide

MioSiriban.