Dragon Ball, Dragon Ball Z, Dragon Ball Super, Dragon Ball GT no me pertenecen. Uso sus personajes sin fines de lucro.
Capítulo cuatro: مقدمه
La rebeldía y la obstinación le escocían por los poros. Se vistió con unos simples jeans un poco gastados y la primera camiseta que encontró en su guardarropa, no se molestó en buscar una ropa más decente. La calle estaba concurrida por cientos de personas en un ir y venir y la tarde comenzaba a tornarse calurosa lo que lo hizo plantearse sí seguir plantado ahí o escabullirse para ir a la fiesta en la piscina de uno de sus amigos esa tarde y ligarse una chica qué "estuviera buena". Sus ganas de largarse eran abismales, pero la necesidad clemente de no salir golpeado por los puños de acero de la persona a quién esperaba era mayor. Genial, para colmo, se tardaba en llegar.
La ansiedad le hizo mella y buscó entre sus pantalones una cajetilla de cigarrillos. Se llevó uno a la boca y lo prendió con premura. Inhaló hondo, mientras su cabeza volteaba en distintas direcciones, distrayéndose en la curvaturas y atributos de distintas féminas del tráfico; entre ese ir y venir de personas, una chica se había quedado estática, parecía buscar a alguien entre la multitud. Los orbes esmeraldas recorrieron las torneadas piernas de ésta, hasta parar en los voluminosos glúteos cubiertos por una ajustada tela de jean, un deleite total para la vista de cualquiera. La emoción lo trepó cuando ella comenzó a caminar hacia él, pero más allá de eso, el tono negruzco de la lacia cascada de cabello y el óleo en el color azabache de sus ojos le fueron llamativos, reparó entonces en la familiaridad de esos rasgos faciales y femeninos.
—¡Ben! Pensé que no vendrías.
Las palabras salidas de la boca de esa chica tan guapa lo dejaron descolocado y su cerebro con el procesamiento de un artefacto de baja potencia salió saturado de estupefacción.
—…¿Pan?
—¿Sí?
En efecto, era ella, la joven de esa misma mañana y la pesadilla de cualquier persona que buscara meterse en problemas en el instituto, la de fuerza suprema, la persona más fuerte qué había conocido jamás.
—Yo… Ah… No es nada, es qué estás…
Los balbuceos del muchacho causaron que frunciera el ceño, malinterpretando ella el intento de concretar una oración simple del chico.
—Dios, ya sabía yo que me veo del asco. —Pensó en voz alta, con la molestia impresa en la voz. —Bra insistió en qué me vistiera así. Sólo ignora eso ¿Vale?... Entonces ¿A dónde vamos? —Ben, entonces, se forzó a salir de su embobamiento.
—N-No lo sé, tú dime. ¿Quieres qué te compre un helado o algo por el estilo? —Los ojos de Pan brillaron ante esa pregunta y asintió cómo sí se tratase de una niña.
[…]
Un chillido mal ahogado entre palmas surgió de la garganta de la adolescente, evocando las miradas alarmadas y enajenadas de las personas del local. El moreno rió con nerviosismo haciendo una seña hacia el gentilicio para hacerles entender qué no estaba suscitándose nada del otro mundo.
—¡Qué bien, Goten! Me hace muy feliz qué lo hayas hecho. ¿Y cómo se lo tomó mi hermano?
—Cómo esperaba. Trunks tiene tiempo esperando esa noticia. —Contestó algo avergonzado ensanchando la radiante sonrisa de su acompañante. Por supuesto, ella sabía cuánto su hermano contaba los días para qué su mejor amigo tomara tan importante decisión. —Pero dejando eso de lado… Necesito tu ayuda, Bra.
—¿Mi ayuda?
—Sí. —Dijo de vuelta, descargando la frustración que lo embargaba en un suspiro. —¿Recuerdas qué te comenté que no sé cómo hacerlo?
—Ah, ya veo. —Afirmó Bra.
—Llevo semanas matándome la cabeza con eso ¡Quiero qué sea especial! No quiero cometer errores.
Las preocupaciones de Goten enternecieron a la bailarina. Su apesadumbrado semblante era una muestra de lo importante qué la mujer involucrada en tan importante paso era para él. La dicha no cabía en ella, Goten era todo un hombre, uno con un corazón tremendo.
—Claro qué te ayudaré, Goten. —Sin embargo, una consideración importante cruzó los pensamientos de la chica. —Pero ¿Por qué consultas conmigo y no con mi hermano?
—Porque eres la persona más cercana a mí y a Pares qué conozco. —Disipó la duda de la más joven con simpleza—. Además las mujeres se entienden mejor entre ustedes y esas cosas. —Añadió risueño, transmutando el corazón de Bra en el parentesco con la mantequilla al derretirse. —Trunks será muy listo y todo, pero con las mujeres es medio bruto aún. Recuerda que él es el que sigue soltero entre nosotros. —La heredera se carcajeó con ganas con ese último comentario tan certero.
—Te pasas, Goten. Pero tienes razón ¡Viniste a la persona correcta! —-. Con la determinación plasmada en su entereza, se inclinó ella hacia adelante y tomó entre sus manos a las del azabache, desconcertándolo. —¡Le darás a Pares la propuesta más inolvidable de todas! —. Así, Goten se vio contagiado por el ánimo decidido de la peliazul.
[…]
Perdió la cuenta de los bostezos emitidos por él esa tarde después del setentavo, cómo demostración figurativa del ineludible aburrimiento que lo empoderaba. Arrastrado por su afable progenitora y las responsabilidades que lo ataban a esa compañía, pasó las horas en el taller de pruebas de la gigantesca sede de la Corporación dando el visto bueno a las nuevas creaciones progresivas de distintos ingenieros que producían artilugios y todo lo que representara más evolución en la "tecnología cápsula". Claro qué, no era del todo aburrido cumplir con eso, después de todo no sería el presidente de semejante empresarial sí no tuviera empatía con la ingeniería aplicada. Cuando comenzaba la revisión, Trunks se demostraba interesado y sorprendido por la capacidad de sus trabajadores para materializar tantas cosas, corregía ciertos detalles y le hallaba soluciones a los problemas qué tuvieran calando en ellos, mientras su secretaria personal tomaba nota de las observaciones. Cumplía eficazmente su puesto, demasiado bien a decir verdad, más sin embargo tantos y tantos inventos por examinar extraían poco a poco el interés por los mismos.
Era ahí cuando comenzaba a perderse en sus pensamientos y en lo que era ajeno a la corporación, como las salidas con Goten, las risas, las tremenduras de sus recuerdos. De vez en cuando una risa bramaba en su rostro de manera inevitable, pues sustraer de su mente tan buenos momentos causaba en él las ganas de salir volando por cualquier ventanal qué lo sacara de ahí y disfrutar de lo que la vida tenía para ofrecerle.
—¿Jefe?
Cómo si Goten no le hubiera dado ya una infinidad de momentos que relucirían en la posteridad, justo cuando los años juveniles comenzaban a disiparse y el hijo de Gokú ya no poseía el tiempo ni los intereses de antes, había encontrado a otra persona cómo él y como su mejor amigo, qué no le temiera a nada y su sed de aventuras y de experiencias sustanciosas e invaluables estuviera intacta.
Ese torrente de sentimientos y de ganas de vivir qué era la menor de los Son lo revitalizaban, por eso, no perdía oportunidad de encontrarse con la azabache, de sonsacarle risas y amarguras a coste de lo que fuera, cómo ella hacía con él desde siempre con su mente inocente y despampanantes ideas.
—¿Señor Brief? Señor Brief, ¿está usted oyéndome?
Pero para su desgracia, Pan era tan susceptible a sus comentarios, qué la emoción que pudiera desatar en esa adolescente sería eclíptica, emitiéndome una alegría indescriptible o un enojo de los mil demonios.
—¡Señor Brief!
El llamado de su secretaria lo espabiló de inmediato. La mujer se acomodó los anteojos con la dubitativa expresión dirigida al medio saiyajin. Otros ingenieros a la par demostraban en sus facciones estar esperando algo de él.
—Eh… Claro, yo… Con su permiso tengo que cerciorarme de unos asuntos pendientes ¿Wanda? —Preguntó a la mujer que le seguía el paso
—Wendy. —Respondió con cierto hartazgo.
—¡Sí, Wendy! Seguiremos con esto luego, tengo que… Tengo qué irme.
—Pero señor aún faltan…
Y no la escuchó, abandonó aquel taller con una velocidad no apta para la perplejidad de esos corrientes humanos que trabajaban a su disposición. El cuerpo del hombre, mitad humano y mitad saiyajin, volaba lejos por los aires desaforado, dejando atrás en aquel edificio tan asfixiante cualquier obligación pendiente. Sus objetivos distaban y le era irrelevante todo lo qué tuviera el logotipo de la doble "c" encima. Se concentró en una cosa: en sentir un KI cuyos valores harían estallar cualquier rastreador a kilómetros a la redonda, una energía qué superaba con creces a la de cualquier individuo humano.
Naturalmente, encontrar a esa energía peculiar se sucedía comúnmente en una zona remota en comparación del transitado sitio dónde estaba, así qué bajó en un área no transitable y se paseó entre mallas de seguridad hasta mezclarse sin sospechas con el gentilicio de las calles, hasta llegar a un local que ofrecía servicios de comida y postres. De más estaba decir qué era un sitio frecuentado por jóvenes y la música era estridente y moderna. Una vidriera le rebeló su apariencia: su camisa absurdamente cara color turquesa oscilaba desacomodada, conservaba del traje sólo los pantalones negros. Tanto la corbata como el blazer habían ido a deparar quién sabe dónde en su vuelo.
Había recurrido ahí para lograr qué Pan lo perdonara, para reír con ella y zafarse del trabajo. Era tan simple y relativo cómo eso. No era la primera vez que rehuía de las obligaciones de la empresa por encararse con la pelinegra, terminaba allanando el lugar dónde se encontrase para liberar las tensiones ocasionadas por el estrés sofocante. Ahora, qué había hecho que se enfadase con él por el mal uso de sus palabras, necesitaba encontrar su perdón a como diera lugar.
Pan era la amiga más apreciada de su entorno y su testarudez no hacía más fáciles las cosas. Le diría que dejara pasar lo sucedido, la convencería y le compraría algún postre, eso era todo. Las miradas libidinosas de ciertas mujeres y uno que otro hombre carecían de importancia, sólo se concentró en encontrar a Pan siguiendo la energía que emitía.
Los orbes profundamente azulados del presidente no dieron crédito a lo que veían, su boca entreabierta formalizaba la expresión incrédula que se instó en la extensión de su cara, era increíble, pero así era. Sí no fuera porque su KI se lo confirmaba, no lo hubiera creído, se lo habría tomado como una buena broma.
Supo que efectivamente era ella por la manera en que sus rasgos se contrajeron con la ira a cuestas, cuando posó el azabache de sus ojos en él. Trunks no tardó en captar la situación; el muchacho que la miraba con interés sentado frente a ella en aquella mesa, las copas de helado y sobre todo lo demás, la vestimenta divergente de la habitual en ella, sumado al resalte de sus pestañas y lápiz en el borde de sus ojos con un barniz matizando sus labios.
Era una jovencita preciosa.
Era Pan.
No evitó eludir la sonrisa qué labraron sus perfectos dientes. Lo entendió todo de inmediato. Sí reprimió las ganas de una risa sonora, porque lo qué menos debía hacer era poner las cosas peor sí quería acabar prontamente con la necedad de la sobrina de su mejor amigo, especialmente sí esa obcecada adolescente estaba teniendo una cita.
Una camarera chocó con él y pidió las debidas disculpas, aún cuando era él quién estaba atravesado en el centro del local contemplando la escena. Retirarse era lo más lógico y sensato, pero cómo él no era poseedor de esos adjetivos -mejor dicho, no con ella-, no declinaría por dejar la situación de esa manera.
—Sí, claro, me encantan las carreras de aerocoches. Un día de estos puedo llevarte a una, ya sabes. —Ben relataba con aires soberbios, entre tanto la guerrera asentía con la fijeza impuesta en un individuo de cabellos lavanda. El atlético joven discernió constatando qué Pan hacía rato no le prestaba un ápice de atención. Siguió el destino de los orbes endrinos desprovistos de él encontrando lo que tanto los evocaba, así, el de tez bronceada entrecerró sus esmeraldas con sospecha. —¿Trunks Brief?
Pan sacudió la cabeza desentendiéndose del meollo, murmurando para sí misma como si Ben no se encontrara en el sitio. El muchacho, que no era muy merecedor de calificarlo como alguien muy listo, se esforzaba en entender todo aquello.
—¿Pasa algo?
—No, no es… No es nada. Tú, ¿Me disculpas un momento? —. La morena no esperó la respuesta del joven y se levantó de su asiento, no soportando la socarrona sonrisa del hombre a unos metros de ellos.
—¿Se puede saber qué haces aquí? —. Masculló Pan cruzándose de brazos.
—Nada. Sólo quise pasarme a tomar un merecido descanso. —Contestó ocultando su sonrisilla en el vaso de la bebida que vaya saber quién en qué momento la tomó y ella no hizo más que fulminarlo con sus ojos.
—¿Aquí precisamente, Trunks?
—¿Qué tiene de malo? —Pan rechinó sus dientes y lo apuntó acusadoramente con su dedo índice, no creyéndose la actuación de inocente del peli lila.
—¡No sé qué estés planeando, cabeza de trapeador! —Espetó. —Pero por sí no te has dado cuenta… —Pan resopló, antes de que posara las manos en su cintura y lo mirara con determinación, mientras un sutil color rojizo aparecía en sus pómulos de avena. —¡Tengo una cita!
Las risas de Trunks fueron incontenibles y Pan jamás tuvo tantos deseos de estrangularlo.
—Sí lo que digas Pan jajajajaja—El híbrido se sujeto el estómago con ambas manos y una vena sobresaltó la frente de la muchacha. Alzó un puño en alto que estuvo a punto de impactar contra el que osaba reírsele en la cara, de no haber sido interrumpida.
—Oye Pan ¿Hay algún problema?
Ben se había levantado de la mesa obviando el disgusto de la azabache por la burla que el hombre imponía sobre ella, y repitiéndose qué era un hombre, debía tomar las riendas de la situación y dar la cara por ella. Claramente, el muchacho era musculoso y alto, no obstante Trunks lo seguía superando. El muchacho le llegaba hasta la nariz. Su intento de intimidación era tan efectivo como el de un oso peluche.
Pero para Trunks esa fue la gota que rebalsó el vaso de su diversión. Pan no tardó en fruncir el ceño compungida: el heredero estaba rígido, con los brazos cruzados y una sonrisa ladina. Era una viva representación de su déspota padre.
—Ninguno.
Pan ya no entendía de qué iba la cosa; ambos hombres, uno más joven y renuente a aceptar la derrota fulminante qué lo esperaba desde antes de comenzar, parecían suscitar una disputa visual que involucraba rayos y centellas. Para el humano era un vago intento de recuperar su amenazado orgullo, para el híbrido era simple regocijo.
—Ya está bien, dejen de mirarse cómo bestias—Pidió Pan contrariada por la escena—Trunks ya tiene qué irse ¿No es así?
La azabache se interpuso entre ambos, con el peligro destellando en sus orbes endrinas. La brutal fiereza en ella superaba con creces el intento del muchacho qué, se suponía, la defendía en ese momento. Trunks la leyó cómo un papel: "sí no te largas te moleré a golpes".
—Sí… yo ya tengo que irme. —Desistió al fin, con un último vistazo eriza nucas.
[…]
El encuentro había salido mejor de lo esperado. Finalmente, pagaron la cuenta y quedaron en encontrarse en el mismo lugar el sábado por la tarde. Goten fue el primero en irse alegando qué se le haría tarde para el trabajo.
Bra dejó el lugar con una sonrisa enalteciendo sus hermosas facciones, hasta aprontarse en su vehículo riendo con ganas, sin entender bien el porqué. Pero sólo un tonto no se daría cuenta de la felicidad que se traía encima.
Arribó la corporación destilando un aura dulce y agradable. Tenía muchas cosas en qué pensar y sobretodo mucho qué planear. Tal vez ni dormiría esa noche. Se tomaría toda la seriedad del mundo en la sorpresa para Pares, de eso no cabía duda.
Habiendo llegado al inicio de la noche, supuso qué su madre no había programado a los robots para preparar la cena. Confirmó sus sospechas al ir a la cocina, sin saberlo, dando brincos y tarareando canciones, pensando en muchos modos de sorprender a una chica: ¿Globos? ¿Flores? ¿Una avioneta qué escribiera "Marry Me" en el cielo?
—¿Y a ti qué te pasa, mocosa?
Su padre la perturbó con la sorpresiva firmeza de su voz a sus espaldas. Al darse la vuelta, Vegeta la miraba cómo un bicho raro.
—¿Eh? ¡Nada, papi! ¿Por qué lo preguntas?
—Hmp—Vegeta tenía un presentimiento no tan positivo. Esa actitud melosa y empalagosa de su hija salía a frote cuando se veía con lo que él catalogaba cómo un maldito miserable. Sí no fuera porque las amenazas de su esposa eran un dolor de cabeza constante y adoraba ver feliz a Bra, ya la habría encerrado hasta que pasara esa etapa de hormonas revolucionadas—Déjame adivinar, te fuiste a ver con otro pobre diablo.
—¡¿Qué?! —¿Por qué su padre siempre pensaba esas cosas? Sí tenía citas con muchachos de vez en cuando, pero éste no era el caso. La cara le explotó en escarlata, de sólo imaginarse al hijo de Gokú cómo uno de sus tantos pretendientes. —¡Po-Po-Por supuesto que no, papá! ¡Qué cosas dices! —Su vergüenza mutó al enojo en un abrir y cerrar de ojos. —¡No es mi culpa qué tengas una mente tan cochina!
—¡¿Mente cochina dices?! ¡A mí no me hables en ese tono, jovencita! —Vegeta no iba a soportar ese atrevimiento—¡Y no me vengas con mentiras, cualquiera con tres dedos de frente se daría cuenta!
—¡Demonios, papá! ¡Sólo fui a verme con Goten porque le quiere pedir matrimonio a Pares!
En el acto, se llevó las manos a la boca, en tanto Vegeta se calmaba. Había cometido un error y traicionado al hijo "del némesis" de su padre al abrir la bocota. Había prometido no decírselo a nadie y eso era lo primero qué había hecho. No tenía perdón.
En tanto a Vegeta las palabras de su hija sólo le causaron confusión. No le importaban esas banalidades humanas, más bien él cómo el resto de los guerreros pensaba qué el chiquillo de Kakarotto se había tardado en tomar esa decisión. Sin embargo, no sabía qué tenía que ver Bra con todo ese alboroto.
—¿Y tú qué tienes que ver con eso?
Bra levantó la vista hasta su padre, con la culpa corroyendo dentro de ella. No creía haber soltado esas palabras y verla tan alterada sólo causó ansiedad en el saiyajin.
—¡Tsk, contesta, mocosa!
—Yo… Estoy ayudándolo—Respondió con un tono de voz muerto y desganado. —Goten me pidió ayuda para hacerlo.
Matrimonio. Otro innecesario nombre terrestre para la relación formalizada con una hembra, ese rito inmundo qué Bulma le insinuaba llevar a cabo en sus momentos de privacidad. Ahora qué escuchaba que "se necesitaba ayuda" para llegar a ello, menos quería estar involucrado.
Y Bra reunió fuerzas para aceptar que lo hecho, hecho estaba y ya había metido la pata. Sólo debía asegurarse de que la cosa no fuera más lejos. Viendo el lado positivo por lo menos se trataba de su padre, una persona precisamente no muy comunicativa.
—Papá, no puedes decírselo a nadie. Goten me hizo prometer qué nadie lo iba a saber.
¿Y de paso era un secreto? ¡Definitivamente, eso del matrimonio era una cursilería absurda!
—Hmp. Cómo quieras.
Bra respiró con alivio. Para su suerte, había soltado la sopa con él y no con su madre, con quien seguramente la historia podía ser muy diferente. Después de todo, Bulma era muy unida a todos los guerreros Z y se le podía soltar el tema. Y sí Milk se terminaba enterando, Goten nunca se lo perdonaría.
Los espaguetis y las albóndigas pronto estuvieron en la mesa y su madre y hermano no tardaron en sentarse en la mesa, una llegando de su taller personal y el otro de la sede empresarial. O eso pensaba.
Los únicos en hablar en la mesa siempre eran Bra, Bulma y Trunks con una que otra intervención de Vegeta, pero la única en hablar hasta por los codos fue la científica. Bra y Vegeta añadieron breves comentarios, pero Trunks permanecía callado cómo una tumba. Las mujeres no tardaron en percatarse de ello.
—Trunks ¿Qué tal estuvo tu día? —Preguntó Bulma, preocupada por su hijo. —¿Qué tal las supervisiones en el taller?
—Bien. —Respondió tajante. Su actitud poco corriente captó la atención de los otros dos miembros en la mesa.
—¿Qué sucede contigo? Apenas has tocado la comida.
—¿Qué? Ah sí—Trunks miró su plato espabilándose con las palabras de Vegeta, cómo sí reaccionara de una especie de sueño. Los otros tres se miraron extrañados, aún cuando el heredero comenzara a comer engulléndose como de costumbre. —Está delicioso—Dijo una vez terminó su doceavo plato.
—Eso es porque Bra accionó a los robots y no tu madre.
Y de nuevo, se desató una contienda qué prometía gritos y platos partidos.
Era una costumbre de insultos entre sus padres que los dos hermanos ya bien conocían, pero sorpresivamente para la adolescente, Trunks se involucró dejando también atónitos a sus padres.
—¡¿Quieren callarse?! ¡Papá, sí no le buscaras la lengua a mamá, éste estúpido alboroto no hubiera comenzado!
—¡¿Qué?! ¡¿Y a ti quién te dijo qué te metieras, Trunks?! —Vegeta se levantó de la mesa dispuesto a ensartarle disciplina al mayor de sus hijos a como diera lugar, de no haberlo detenido Bulma.
—¡Basta Vegeta, no vas a golpearlo aquí!
Lejos de la mesa y del bullicio de sus padres, Trunks y Bra se retiraron a sus habitaciones. La menor detrás del hermano mayor. Quería cruzar unas cuantas palabras con su hermano, no estaba convencida del comportamiento qué mostró en la cena. Por lo general él era el más escéptico en esas discusiones maritales.
—¿Trunks? —Mencionó el nombre en la duda una vez estuvo detrás de su hermano, antes de que entrara en la habitación. —¿Te sientes bien? —Su hermano de quedó rígido en el sitio con la mano en el pomo de la puerta, pero sin girarse para responderle. La peliazul oyó un suspiro cansado proferido por él antes de que le hablara.
—Estoy bien, Bra. Estoy un poco estresado. Es todo.
—Bueno, sí me permites decirlo lo de allá abajo fue un suicidio. —Añadió ella con sorna y Trunks no quiso seguirla oyendo pero Bra no le dio tregua—Oye, sí quieres hablar o algo sabes qué…
—¡Ya te dije qué estoy bien!
La adolescente quedó pasmada bajo el grito iracundo de su hermano. Le tomó segundos recobrar la obstinación y compostura para encararlo, nadie le hablaba así. Menos dejaría que Trunks se saliera con la suya. Ella no era de quedarse con las palabras en la boca.
—¡¿A eso le llamas estar bien, Trunks?! ¿Qué pasa contigo? ¡Sí tuviste un mal día, no es culpa mía! —No iba a soportar un segundo más al lado de su hermano y su comportamiento altanero. Joder, para altanerías, estaba ella—Idiota—Masculló antes de irse.
Un día que prometía terminar muy bien, se había ido por la culata.
Bra ya estaba exhausta. Dejó caer todo su peso en la cama y rebuscó su móvil entre sus cosas, buscando distraerse en sus redes sociales. A las personas les había encantado la foto qué subió esa tarde, con ese vestido fucsia de infarto y se regocijaba con las adulaciones, hasta que recibió un mensaje de Pan.
De Pan.
—¡Oh, Dios mío, Pan!
Se le había olvidado por completo la cita de su mejor amiga, cuando temprano no paraba de pensar en eso. El asunto con Goten y su familia la había absorbido por completo, al punto de llegar a una conclusión devastadora: era la peor. Olvidarse de Pan en lo absoluto y traicionar a Goten, dos errores imperdonables en un día.
"Parece que a Ben le gustó la «cita» pero a mí no tanto xd. Habla mucho. Creo que sea lo que sea que hiciste conmigo funcionó {emoji pensativo}. Las cosas salieron bien, aunque el estúpido de Trunks casi lo arruina"
La heredera cambió la sonrisa qué le habían causado las primeras palabras del mensaje por la sospecha al leer lo último. ¿Así qué, su hermano había estado allá?
De inmediato, su introspección pasó a segundo plano en el segundo en qué recibió un segundo mensaje.
"No dejo de pensar en muchas formas de sorprenderla, Bra. ¡Ya quiero que llegue el domingo! {emoji emocionado} "
Recobró la dulzura de la sonrisa qué su encuentro con él había provocado. Y cierta sensación de calidez qué, ahora, era imposible de evadir. Sea como sea, prometió para sus adentros esforzarse en no defraudar al azabache. Sentía un gran aprecio por él y su hogareña personalidad. Sí, definitivamente, no le iba a fallar.
[…]
—Qué extraño… Pan no ha llegado ¿Seguirá visitando a Bra? —Las horas habían transcurrido y la noche ya había llegado hasta las montañas Paoz. Videl, en una corazonada maternal, se preocupó por la tardía llegada de su hija.
Esperando la llegada de la más jovencita de la familia, miraba a través de las ventanas de su hogar mientras a unos metros de ella su suegra servía la cena a su marido y al señor Gokú. Afuera todo estaba en penumbras, exceptuando las tenues lucecillas de las luciérnagas en el campo.
—Tienes razón, Videl—Se pensó Milk a una milésima de servile a un Gokú con las ansias de un niño, el cual se quedó entristecido cuando su mujer detuvo la olla con el delicioso guiso—Llamaré a Bulma. —Decidió dejando la olla a la que el saiyajin no le quitaba los ojos a un lado y desapareciendo del comedor. Finalmente, Gokú aprovechó para tomarla y jactarse de la comida.
—No te preocupes, Videl, ya viene para acá—Calmó Gohan concentrado en su cena desde la otra punta de la mesa.
—Eg cieto—Dijo Gokú con la boca llena a más no poder y continuó luego de tragarse lo que había en su boca de un tirón—Siento su KI muy cerca.
Pronto Videl divisó en la espesura de la noche los faroles de un aerocoche desconocido acercándose y más tarde logró identificar a una guapa joven y a un apuesto muchacho en el aerocoche. Entrecerrando los ojos, la esposa de Gohan identificó qué la hermosa chica era ni más ni menos que su hija.
—Qué raro… no viene sola—Analizó Gokú pensativo, sintiendo otro KI menos potente junto al de su nieta. Sus palabras hicieron que Gohan levantara la cabeza en el acto.
—No es posible. —Dijo sin creérselo Videl y la emoción se apoderó de ella—¡S-Suegra, suegra, venga a ver esto!
Milk corrió hacia los llamados de la de ojos azulados y la misma visión que contemplaba la mujer la sorprendió. Las dos mujeres miraban a través de la ventana, empujándose para mirar tan de cerca cómo fuera posible.
—¡Oh, Dios Santo, trajo a un muchacho!
—¡¿TRAJO QUÉ?!
Bastaron los chillidos de su madre para que Gohan las hiciera a un lado en un santiamén.
El científico se refregó los ojos, rogando que fuera un espejismo, pero no. La escena afuera era sólida y para su lamento, real. El muchacho bajó del aerocoche a abrirle la puerta a su hija, qué lucía cómo toda una belleza. Gohan sintió que se le bajaba la presión de súbito, era una escena inconcebible.
Ben tomaba la mano de una extrañada Pan, qué se ruborizó al corresponder el gesto. El muchacho parecía un sujeto de un cuento de hadas y ella se imaginó la clase de vista qué estaban ofreciendo, hasta qué la puerta de su hogar se abrió de golpe.
Ambos adolescentes lucieron atónitos bajo la mirada de un Gohan perturbado e incrédulo. Los nervios de Pan se crisparon al sentir los desniveles en el KI de su padre, pero antes de descubrir cualquier otra acción del medio saiyajin, Gokú lo arrastró dentro.
—B-Bueno Ben, gracias por traerme ¡Adiós! —Se despidió pronto, por el bienestar del muchacho. Sabía que no había sido buena idea dejar que la llevara hasta allá.
—¡Pero mira nada más, qué tenemos aquí! —Genial. ¿En qué momento su madre y su abuela habían salido? —¡Qué jovencito tan apuesto!
—Abuela—. Pan quería qué todo acabara de una vez—Él ya se iba.
—Tonterías. —Videl también accionó en contra de su voluntad, tomando la muñeca contraria a la que Milk tomaba.
—Es cierto, llegó justo a la hora de la cena, no podemos dejar qué se vaya con el estómago vacío.
—¡Mamá, abuela!
Pero era tarde, sus intentos eran en vano. La ignoraron por completo y en un abrir y cerrar de ojos ambas mujeres habían llevado al pobre Ben a la boca del lobo. Pan se apresuró sin dudarlo. Adentro, su abuelo batallaba por inmovilizar a su padre, todo un espectáculo. Y la cara de Ben fue una obra de arte cuando vio, además de los saiyajin, dos torres de platos y una olla gigante en la mesa del comedor.
—¡Suéltame papá!
—¡Cálmate Gohan!
—Yo… Ah…
No era una novedad, el muchacho no tenía palabras. Y Pan quería qué se la tragara la tierra.
—¿Cómo te llamas, querido?
—Eh… Yo… Ben.
—¿Ben? ¡Qué nombre más mono! Y dime, ¿El aerocoche es tuyo? —Cómo deseaba que su abuela cerrara el pico.
—Pues, sí.
—¡Excelente!
—Ven, Ben, únete a nosotros—Videl cruzó un par de miradas de advertencia con Gohan, seguro exigiéndole que no actuara imprudente y el híbrido aceptó a regañadientes, finalmente Gokú lo había soltado.
Pronto se vieron todos en la mesa, con el nuevo invitado mirándolos en la perplejidad absoluta. El guerrero más fuerte de todo el universo, sin considerar la psique del joven humano, se engulló a velocidad luz la comida qué quedaba en la olla.
—¡Gokú! —No hacía falta decir quién chilló de esa manera—¡Mira nada más, de verdad que no tienes modales! ¡No dejaste nada para el muchacho!
—Jiji ¡Lo siento, Milk!
—Puedes darle de mi comida, madre, de repente perdí el apetito—Añadió Gohan, con un tono fúnebre que sin saberlo porqué a Ben le causó un escalofrío. Algo le decía que ese hombre enojado era peligroso. —Así que ¿Ben?
—¿S-Sí?
—¿Cuáles son tus intenciones con Pan? —Yendo directo al grano—¡Auch! —Se quejó seguido el padre de la azabache, sobándose la costilla en que recibió un codazo de su esposa.
—Entonces, Ben, sí no me equivoco tú y mi hija tenían una cita—. Dijo Videl con complicidad, pasando sus azulejos de su hija al adolescente simultáneamente. Oh, por Dendé, Pan rogaba que se la tragara la tierra y la escupiera en su habitación.
Pero su comentario sólo acrecentó el aura austera de su marido.
—¿Cita? —Masculló rechinando los dientes y recibió otra mirada asesina de su mujer.
—¡Pan! Pero qué modales tienes, mi niña ¿No nos presentaras a nuestro invitado?
"Por supuesto qué no" hubiera contestado la aludida, pero ya estaba en esa situación. Alterar a su abuela sólo empeoraría las cosas y Ben ya había visto suficiente, así que tras dar un pesado suspiro le dio el gusto a la mujer.
—Ben, te presento a mis padres Gohan y Videl y a mis abuelos, Gokú y Milk.
—¿A-Abuelos? —¿Él había oído bien? Juraba que ese hombre glotón y la chillona mujer eran tíos de Pan o algo por el estilo, pero nunca abuelos, cuando aparentaban recién los treinta años. De verdad qué estaba confundido.
—¿Sucede algo, querido? —Inquirió la hija de Ox Satán, adivinando gozosa los pensamientos del muchacho.
—No, no es nada, es sólo que lucen demasiado jóvenes.
Bingo ¡Ah, escuchar esa apreciación era música para los oídos de Milk!
—Eso es gracias a Shen Long—Y el siguiente en ganarse una reprimenda por medio de un pisotón bajo la mesa fue Gokú—¡Ay, Milk!
—¿Quién?
—Lo que mi suegro quiso decir es que… su… devoción por la entidad que protege éstas montañas es tan grande que lo bendijo a él y a mi suegra con una larga juventud. —La madre de Pan rebuscó un argumento que la convenciera a ella misma, a duras penas.
—Ya veo—A Ben no le pareció algo muy probable, pero al final se lo terminó creyendo. Los Son pudieron respirar tranquilamente—En todo caso, es un privilegio conocerla, señora Videl. —El muchacho se dirigió a la mujer con la admiración en el rostro, quién lo miró conmovida a la vez que su marido lo miró con desconfianza—Conocer a la protectora de ciudad Satán es tan grandioso ¿Me da su autógrafo?
—Por supuesto que sí.
Gohan entrecerró los ojos. La situación para Ben ya era demasiado incómoda y esas personas eran demasiado extrañas, ya habiendo obtenido el autógrafo poco le quedaba por hacer ahí. Maldijo silenciosamente. Pan era preciosa, pero arriesgarse a conocer a la familia en la primera cita no era lo más prudente y a juzgar por el gi qué utilizaba el hombre que devoraba todo a su paso sin importarle en lo más mínimo su presencia, la manera en que él y el padre de Gohan batallaban en la sala y esa fuerza tremenda de Pan, seguramente todos eran luchadores. Hasta la abuela.
—Oigan, en verdad ha sido un gusto conocerlos, pero se me hace muy tarde para regresar además, el camino es largo—Y sí qué había sido largo, pero había llegado la hora de poner en marcha la maniobra evasiva—¡Adiós!
El joven hizo caso omiso a los gritos de las dos adultas en la mesa y salió cómo alma que lleva el diablo del sitio. Milk había corrido hasta el aerocoche aún encendido y flotando frente a la casa, pero el jovencito fue más rápido pisando el acelerador a fondo rogando largarse pronto.
—¡Espera! ¡No te vayas!—Ya era tarde. El vehículo desaparecía a la distancia—Oh, ni siquiera probó mi caldo de tigre Paoz… ¡Ustedes tres, no hicieron nada para detenerlo!
¿Detenerlo? Sí el que Ben se largara sólo era alivio para los tres poseedores de genes saiyajin. Para Pan, era un alivio que no conociera mucho más de la excentricidad de su familia. Para Gohan, el intruso ya no estaba invadiendo la estancia y lo más importante era que partía lejos de su pequeña. Y para Gokú era simple: el plato que le habían ofrecido al muchacho estaba ahí, a la deriva.
—¡Perfecto, más comida!
[…]
—¿Es en serio? Dios mío, Pan, jajajajajaja, ¡no es posible!
En la banca de siempre, las amigas de toda la vida compartían la hora del almuerzo. Pan le había relatado a Bra con lujo de detalles todo lo sucedido el día anterior, con sus abuelos y padres. La heredera comprendió porque la azabache no lucía el mejor humor esa mañana y había golpeado más matones de lo normal.
—Fue un verdadero dolor de cabeza. ¡Papá parecía que hubiera visto un fantasma! No paraba de lamentarse con mamá de no haber deseado a Sheng Long dejarme como bebé para siempre. Y por alguna razón mi abuelo se pensó que habíamos estado entrenando, definitivamente le regalaré un diccionario en navidad… creo que ya sé qué clase de "citas" tenía con mi abuela
—Ay, Pan, sabes que Gohan te adora—Agregó la peliazul divertida—Eres la nenita de los Son después de todo—No obstante, la hija de Bulma cambió su expresión a una mueca de enojo—Con lo que sí no estoy de acuerdo es que el imbécil de Ben se haya escapado. Es un completo troglodita.
—¿Bromeas? ¡Esa fue la mejor parte! Todo hubiera sido peor si no se largaba. —La morena soltó un resoplido, el cansancio y el estrés de lo ocurrido seguían sobre ella. Bra la observó con compasión, hasta que un recuerdo vino a su mente.
—Por cierto Pan—Titubeó la peliazul—¿Qué carajo hacía mi hermano interrumpiendo tu cita? Y a todas éstas nunca me dijiste que te atraía Ben, eso no es de mejores amigas.
—Pues… sabes que al estúpido de Trunks le encanta molestar y quise demostrarle que se equivocaba—Recordó amargamente frunciendo el entrecejo—Básicamente, dijo que nunca he tenido una cita porque los chicos me temen ¿Puedes creerlo? ¡Ni que yo fuera un monstruo!
Ahora la Brief comprendía. Era mejor ahorrarse las palabras, después de todo ganarse una discusión con Pan luego de todo lo que le pasó no era lo mejor en ese momento. Su hermano podía ser un idiota en más de un sentido, pero gracias a él Pan había dado el primer paso de muchos en el mundo de los muchachos, ya se lo agradecería luego.
La guerrera también quiso dejar todo el embrollo de Trunks y la cita de lado. Hacía un clima fresco y un Sol radiante, los pajaritos que volaban y cantaban en esa mañana estaban en las ramas de un árbol cercano. Había muchas cosas para apreciar fuera de su cabeza, excepto por un tema que tenía pendiente.
—Bra… ¿Hoy tienes ballet?
—¿Eh? Claro que sí, Pan, ¿por qué lo preguntas?
—Hoy te acompañaré.
—¿Qué? ¿Lo dices en serio?
—Claro, no tengo nada mejor qué hacer.
—Oh Pan—Bra se mostró entristecida. —De verdad espero que pronto encuentres algo en qué enfocarte.
Luego de la jornada estudiantil de siempre, ambas híbridas partieron con destino a la Corporación. Bra le invitó el almuerzo a su mejor amiga y le buscó conversación con todo tema que se le venía a la cabeza; atribuía la cercanía de la mayor de las dos por la dura situación que estaba pasando, además, se sintió muy culpable en todo eso. El asunto con Goten, las clases, sus amigas, la escuela, todo la tenía muy abrumada y no brindaba suficiente tiempo a Pan.
Era ajena a qué a Pan no le interesaba nada de eso, sí no que sus ansias por volver al estudio se afianzaban perennes a su ser. Hasta no pisar el artístico suelo, hasta no verla con las zapatillas, no estaría en paz.
Sheila recibió a Bra con galardones y alabanzas, que para Pan eran repudiables. Era el mismo caso que con todos esos debiluchos que buscaban protección en la fuerza de sus padres, uno como el "Gran Saiyaman" y la otra cómo empoderada de la jefatura de policía. Sí las cosas se salían de control, había a quien culpar. Sí las cosas en el escenario se iban por la culata, Bra enloquecería.
Su amiga y las demás bailarinas salieron ataviadas en sus mallas y zapatillas, haciendo los correspondientes calentamientos y posiciones. Entonces la práctica dio comienzo; ellas saltaban de un lado para otro y como siempre Bra era la flor más radiante de todas.
Pan, en su ensimismamiento, estiró un brazo segura de que nadie la veía desde donde estaba y se irguió en sus puntas, imitando un Pliés en primera posición que su amiga realizaba en ese preciso momento. La Son era ignorante de que tenía una mirada bien centrada en ella, la cual al contemplar su impresionante precisión a la hora de imitar a la heredera, supo que esa oportunidad no la podía dejar pasar.
Sheila reconocía el talento cuando lo veía.
—Bien, jovencitas. Es todo por hoy.
Las muchachas fueron todas a los vestidores, quedando una que otra compañía de ellas, Pan y la maestra. Aprovechando la ausencia de las estudiantes Sheila cedió a el picor que la motivaba a saber más de esa misteriosa muchacha que acompañaba siempre a Brief. Su ojo crítico predecía la clase de personas dentro de su entorno. Por la figura de la azabache, adivinó que se ejercitaba arduamente; seguramente gimnasia, se dijo.
Lo cierto es que Sheila dio de cuenta que Pan era diferente de la mayoría de estudiantes. Esa contemplación absoluta hacia los pasos de baile de la peliazul era un claro indicativo de lo que ya daba por hecha: la joven veía lo mismo que ella. El misticismo, el vigor, la fuerza, la disciplina de Bra.
Alguien de las masas que la comprendía.
—Hola. —Habló con suavidad la maestra acercándose y sobresaltando a Pan, quien se entretenía con sus pensamientos en un magno silencio. —Disculpa, te asusté.
—No pasa nada.
—Ya. —Asintió la maestra, tratando de transmitir confianza a la chica por medio de una sonrisa—. He visto que sueles acompañar a la señorita Brief a menudo.
—Sí, lo hago cuando puedo.
—Entiendo. —Sheila meditó sus palabras, pero no lo suficiente. Su imprudencia ganó la contienda ésta vez y su lado directo y conciso salió a flote—. ¿Te gusta el ballet?
Pan se quedó muda en un sitio. Su boca en una pequeña y perfecta "o".
—Yo… Sí, bueno, sí—. Ella se movió como avergonzada, pillada por Sheila, ocultando nerviosamente un mechón negro de cabello tras su oreja. —Es lindo. Es…
—Mágico.
—Ujum.
—Y dime, ¿practicas algún deporte?
—¿Por qué me lo pregunta? —Pan comenzaba a sospechar, ¿acaso esa mujer guardaba atenciones en ella? ¿La habría visto minutos atrás?
—Tienes un cuerpo muy prolijo, firme. No pongo en duda que muy seguramente sigues entrenamientos o...
—Ya no puedo hacerlo. —La maestra se asombró al divisar el semblante ensombrecido de la joven, queriendo preguntar más pero mordiéndose la lengua para no hacerlo. Basta de imprudencias.
Ninguna dijo nada; Sheila rebuscaba palabras en su cabeza que añadir a la conversación, pero morían nada más pensarlas. Dudó una eternidad. De lo que no dudó una vez más era de que quería a esa azabache en su estudio.
—¿Cómo te llamas?
—Me llamo Pan. —Contestó extrañada.
—Pan; un nombre bastante peculiar. —La mujer mostró los dientes, queriendo compartir algo de confianza con aquella chica—. Si cambias de opinión eres bienvenida. Puedes aprender un par de cosas.
Y así recibió en la incredulidad y dubitativa la tarjeta que prolija tarjetilla que publicitaba al estudio Roses de parte directa.
—Piénsalo, Pan—La mujer le guiñó un ojo. —, algo me dice que estás capacitada para esto.
Leyó las elegantes letras de la tarjeta y miró nuevamente los orbes azulados de la de caballera anaranjada. Algo dentro suyo se removió con inquietud, un cosquilleo, una emoción subalterna.
—¡Ya estoy lista Pan!
Salió de su trance para irse con su apabullante mejor amiga, quien la tomó del brazo sin miramientos. Y Pan se aseguró de guardar recelosamente la tarjetilla.
[…]
Desde pequeño Goten había mostrado ser un amante de la vida alegre y el buen gusto, las risas estridentes y los entornos agradables. Goten no hacía la fiesta, él era la fiesta. Tal personalidad era tan ventajosa como desventajosa: perdió innumerables oportunidades de un futuro prometedor, al punto de tener fuertes discusiones con su madre y hermano cuando se dio el lujo de atreverse a rechazar el importante cargo que Bulma y Trunks le ofrecieron dentro de las filas de la Corporación Cápsula.
A Goten poco o nada le había importado. No obstante, si sintió una fuerte culpabilidad corroerlo cuando vio a su madre llorar y exclamar entre lastimeros sollozos que había salido tan cabeza dura como su padre.
El asunto es que Goten era diferente. No era un alumno ejemplar como su hermano, o un prodigio innato de la mecánica y finanzas como su mejor amigo. Ni siquiera tenía la convicción por la vida de guerrero como su padre o el señor Vegeta, ni los deseos por formalizar una familia como su madre. En algún punto de su vida, cuando la juventud lo domaba y la inexperiencia lo atosigaba llegó a la triste conclusión de que no había lugar en el que encajar.
Pero la tristeza no era imperecedera y menos en Son Goten.
Goten era, simplemente, un alma fiestera.
Una de las virtudes más grandes que caracterizaban al híbrido era su marcado positivismo ante cualquier situación. Goten siempre veía el Sol en medio de la tormenta. Goten siempre había seguido lo que dictaba su corazón.
Tal vez por ser un alma tan transparente era que no guardaba rencores a su padre por haberse quedado en el más allá. Goten sabía que la pasión de su padre radicaba en fortalecerse. Y él no lo veía como algo malo, al contrario de su madre o incluso su hermano.
"Todo el mundo merece jactarse de aquello que le hace sentir vivo"
Esa frase se convirtió en su lema de vida.
Por eso Goten se convirtió en un caminante por el sendero de la vida, en un errante manojo de emociones intensas; alguien que sólo quería vivir plenamente el día a día. Pero el exceso de fiestas y la multitud de contrataciones y despidos, la inestabilidad económica y sentimental comenzaban a abrumarlo. Ya no estaba al inicio de sus veinte ni tenía la misma mentalidad que en el pasado.
Su meta principal era encontrar un empleo cómodo y lo encontró. El bar era todo lo que siempre quiso.
Y conocer a Pares era más de lo que podía haber imaginado en su vida.
Pares era linda, tanto con un físico de ninfa exótica y sugerentes curvas como una personalidad de algodón de azúcar. Era hermosa, más de lo que merecía.
Pero el miedo al compromiso había sido mayor. Hasta ese entonces que se armó de valor para pedir la mano de la avellanada chica, no obstante, Goten se conocía y era la encarnación de la torpeza misma. Pares, a su criterio, merecía una propuesta de matrimonio inolvidable, una que la hiciera sentir la chica más feliz del universo al recordarla. Entonces su cerebro maquinó y vino a él una estrafalaria cabellera azulada de cierta muchacha mimada; ¿qué mejor que una princesa, para sorprender a otra princesa?
Ya no más quebraderos de cabeza. Bra era el alivio y el desembarque para sus tensiones y enredos mentales, pues ella sabría qué hacer y como contentar a Pares. Se entendía muy bien con la jovencita, al grado que la misma Bulma había resaltado alguna vez años atrás que nadie le tenía tanta atención y comprensión a la pequeña heredera como él.
Goten sentía verdadero aprecio por cada uno de los integrantes de la familia Brief, en especial por los hermanos saiyajin. Su contento por Bra era espontáneo, natural, a lo mejor debido a sus antepasados clase baja era que instintivamente tenía tanto recato y cuidado con la hija de Vegeta, puesto que ni a su sobrina Pan le había dirigido tal respeto.
Reunirse con Bra era agradable. Las conversaciones eran extensas y tenían el sano agrado de abordar todo tema por absurdo que ese fuese y darse mutua atención al respecto, porque así era la relación entre ellos. Si Bra fuera más contemporánea con él seguramente serían muy buenos amigos, como lo eran entre él y Trunks. Pero la diferencia a los ojos de Goten era abismal y nunca existiría tal consentimiento de complicidad con lo que él consideraba una niña.
Goten trabajó aquel viernes y tuvo uno que otro llamado de atención por andar de distraído de parte de sus superiores. Algo que no era común; Son Goten era un devoto al trabajo de bartender. Pidió disculpas y se dio un zape moderado en la cabeza para hacerse reaccionar. Ciertamente, se hallaba ansioso por verse con la muchacha al día siguiente –no aguardaba por saber que había planeado para su novia- y tanto así que no dejó de pensarla.
"Qué torpe"
El sábado Goten tomó una ducha fría y salió volando a toda velocidad de su departamento. Su enérgico KI lo expulsó como un avión por los cielos y exclamando monosílabos alegre emprendió su vuelo.
—¡YAJUUUUU!
Acordaron verse en un parque al sur de la Capital del Oeste. Esta vez tardó unos cinco minutos en llegar y quien tuvo que esperar en dicha ocasión fue la heredera que encontró cruzada de brazos, con un gesto copiado del padre de ésta.
—¡Princesa! —. Saludó sonriente, acercándose a ésta para abrazarla. La chica correspondió algo perpleja.
—¡Goten! —.Ella chilló el nombre del azabache al verse levantada del suelo—. ¡Goten, bájame! —. Él aludido rió.
—¿No me digas que le tienes miedo a un poco de altura?
—No… No es eso. —Goten tomó distancia y con ello distinguió la vestimenta semi deportiva de Bra; unos tennis caros y un vestido corto, pulseras chocando en sus muñecas y su cabello en una coleta alta con una visera. Bra había sacado lo coqueta de su madre. —, y bien, dime ¿en qué pensaste?
—Bueno… —. Comenzaron a caminar amenamente por los caminos naturales que ofrecía un bonito espacio de césped en el lugar. La heredera mostró un gesto pensativo, sacando una libretilla rosa de sus bolsillos. —Me pasé la noche anotando ideas.
—¿Qué? ¿No dormiste por eso? —Él preguntó sin creérselo con la culpabilidad calándolo—. Bra, no era necesario que…
—No te molestes, Goten. Lo hice porque quise. —Ella lo miró y sonrió—. En serio quiero ayudarte.
Goten parpadeó un par de veces y luego asintió decidido. La peliazul se había tomado muy en serio la encomienda.
—¿Y bien… qué…?
—Léelas. —La muchacha le extendió la libretilla de hojas y hojas rayadas—No me decidí por una porque quería saber tu opinión.
Goten se centró en lo que tenía. Siendo Bra, la lista de cosas que había agregado a sus opciones eran aparentemente interminables. Goten se estiró nerviosamente el cuello de la camisa cuando sus ojos repasaron ciertos puntos; desde fuentes con refresco rosa, hasta dirigibles.
—Amm… Bra, yo… —El hijo de Gokú se rascó la nuca como era propio en los Son, avergonzado por lo que diría—no tengo el dinero para pagar muchas cosas de aquí.
—Lo sé. Yo te ayudaré a pagarlas.
—¡¿Qué?! ¡No, no, no, no! —. Era demasiado. Ni siquiera de Trunks aceptaría una propuesta de esas. —Bra, de ningún modo.
Bra lo miró entre hastiada, divertida y asombrada. Ella no le encontraba el escándalo que era habitual de Goten y de Pan cuando intentaban darles esa clase de ayudas. Tal vez por eso su hermano había desistido de tanta amabilidad con el hombre que la acompañaba.
—Goten, considéralo un regalo de mi parte. Por los novios. —Ella se encogió de hombros.
—Bra… ¿No es demasiado…?
—Para nada. —La determinación brilló en la mirada de ella. —Pares se merece esto, Goten. Lo sabes bien.
Él trago grueso. Ella tenía un buen punto a favor.
Fue así que ambos híbridos pasaron casi una hora acordando todo, decidiendo que cosa de la lista eran las apropiadas y cuales no. Primero acordaron el lugar, luego el cómo aparecería Goten; si primero Goten o primero la propuesta y así. El hijo de Gokú confirmó cuan perfeccionistas llegaban a ser los Brief.
El comprometimiento de Bra le constató que había escogido bien a por ella.
Todo saldría bien. No tenía dudas.
—Bra. —Pronunció el nombre de ella en medio de la charla, cuando la chica anotaba lo acordado—, gracias.
—¿Eh? —. Ella alzó el rostro, derritiéndose al enfrentar al hombre a su lado. El oscuro color que tenía sus pupilas brillaba genuinamente.
—Eres maravillosa, princesa. —Dijo de veras agradecido, estrechando el pequeño cuerpo de la hermana de su mejor amigo y besando una de sus mejillas—En serio gracias.
Bra luchó porque sus desniveles se desvanecieran y que los estragos que comenzaban a picarle desaparecieran. Fue así que optó por evadir el rostro de Goten; era demasiado transparente para ella, demasiado emotivo, demasiado él.
—No hay de qué…
Así se estrecharon con mutua fuerza saiyajin, solo por jugárselas con el otro. Al final Goten moduló su fuerza para no dañarla y se levantó tan feliz como un chiquillo dando vueltas.
—Bien, supongo que todo está listo… ¿Irás?
—¡Por supuesto! Como la planeadora de tu compromiso no puedo perdérmelo por nada. Si tan solo me dejaras hacer una fiesta de compromiso…
—Princesa, eso sería demasiado.
—Lo sé. Lo sé.
Entonces se despidieron y Goten, sin dejar ese semblante alegre que lo caracterizaba salió volando una vez no hubieron personas viéndolos.
El Sol comenzaba esconderse. Y Bra no se movió hasta que vio al Son desaparecer en la lejanía. Solo entonces pudo suspirar y recuperar el aliento con parsimonia.
[…]
Trunks se apagó el televisor cuando se sintió supremamente cansado. Caminó por el espacio de su habitación lentamente y terminó sacudiéndose los cabellos, como quien quiere deshacerse de algo muy molesto.
A veces Trunks no terminaba de comprender qué demonios quería en la vida. A veces el presidente de la empresa más gigante y millonaria del planeta se sentía perdido y sin un rumbo fijo. En ocasiones, se sentía celoso de su mejor amigo: incluso Goten aventurero como él solo parecía más seguro de su destino que él.
Trunks no tenía planes exactos. Él dejaba que la vida pasara, que las cosas fluyeran. Eso mismo lo hizo estremecerse y soltar un bufido; ¿y si la vida se le estaba escapando de los dedos? Hacerse esos cuestionamientos lo privaba de todo sentimiento de positivismo. Caía en un bucle de paranoia. Y lo odiaba; lo detestaba.
Ser un guerrero Z era sensacional. Saber la realidad del mundo y ser uno de los partícipes de la perpetuidad de la paz en su planeta era algo que lo hacía sentir dichoso, pero no bastaba. Trunks humano y Trunks saiyajin divergían, eran una dicotomía constante en su existencia regia. Trunks solo quería vivir, sentirse completo.
"El entorno es necesario para completarnos"
Porque éramos entes sociales y Trunks no tenía ningún problema con eso. Era que, creía, las personas tenían almas centellantes, mancilladas, ocultadas o adjudicadas. Y las personas que Trunks quería siempre a su lado eran así de centellantes, como Goten, como Pan, el señor Gokú, su hermana. Eran personas llenas de vida y de pasión, personas motivadas y embriagas de una motivación.
En algún lugar había escuchado alguna vez a alguien decir algo muy cierto.
"Todos necesitan ser esclavos de algo para seguir"
Entonces Trunks se preguntó: ¿De qué era esclavo él? ¿Qué camino debía seguir, qué elegir, qué vivir?
Porque Trunks no se comprendía a si mismo. Así que Trunks no era Trunks cuando dudaba. Tener casi treinta años y no saber tu propio camino era frustrante. Aunque Trunks sentía que era más Trunks cuando estaba rodeado de esas personas centellantes. Por eso quería tanto a Goten. Por eso su mejor amiga era Pan.
Porque Pan brillaba y se podía jactar de eso.
Y estar mal con sus personas centellantes era doloroso. Hasta por las absurdas banalidades por las que se molestaba con ella lo hacían sentir incómodo a todas horas. Quería pensar que se le pasaría, pero la muchacha podía llegar a ser bastante terca.
Era un bruto, sí.
Se convenció de ello por ser un mal amigo, un incomprensivo, sin tacto. Había molestado a Pan con temas delicados para ella –aunque tontos para él- y lastimado a sabiendas de la situación que la aquejaba. Que le impedía seguir relativamente racional.
Si eran mejores amigos, era para echarle una mano a Pan, no para hacerle sufrir con las crisis adolescentes que atravesaba. Pero, ¿verdaderamente era su culpa? ¿No era algo exagerado? Bah, como fuera, si no hacía algo Pan no lo perdonaría.
Trunks se tomó la libertad de enviarle un mensaje a Pan.
"Oye, Panecilla. ¿Cómo estás? ¿Qué tal tu cita? ¿No la arruiné, cierto? Si es así te debo una disculpa… No, igual te debo una disculpa. Veámonos."
Trunks esperó, esperó y esperó. Al final no llegó a leer ninguna respuesta, pues se quedó dormido.
Suerte para él que al despertar ahí estaba, a la una con veintidós minutos de la madrugada Pan le había respondido.
"Salió una película que me muero por ver. Tú pagas todo."
Y Trunks sonrió.
Habían cariños peculiares en el mundo. El mutismo entre las familias de los Brief y los Son eran de esos; cada miembro, particular a su manera, sentía mucho por el otro. Habían uniones que rompían esquemas fraternales, como era el caso de Trunks y Goten o de Bra y Pan. O enemistades que no eran tal, que se tornaban solo rivalidades eternas y emocionantes, como era el caso entre Gokú y Vegeta. Y lidiar con tantas cosas personales y emocionales que solo entre Bulma y Milk se podían entender. En pocas palabras, dos familias que terminaban siendo una sola.
Trunks sentía un inmenso cariño por la hija de Gohan, por lo llena de vitalidad, su vibrante personalidad contagiosa, el cómo veía ella el mundo. Rayaban en tantas diferencias que no entendían como las sobrellevan, mucho menos de cómo se habían hecho tan cercanos. Pero Trunks lo quería y Pan lo quería.
Así Trunks lidió con ella y sonrió genuino cuando en lugar de gritar con la película de terror de turno como la mayoría de los espectadores, Pan rompía en risas. Su amiga era un bicho raro, pero así la adoraba.
—Pan, ¿por qué te ríes? Debería darte miedo.
—Nah, es muy mala Trunks. Al final el monstruo no es un monstruo si no…
—¡SHHH!
—¡Hey, sin spoilers! —Gritaron algunos lanzándoles palomitas a los híbridos. Ellos rieron quedamente y se encogieron de hombros, centrándose en la cinta hasta ver los créditos.
—¿Por qué querías venir al cine si ya habías visto ésta película?
—No tenía una mejor idea para hoy. Sabes que de estar sana te exprimiría como limón en un entrenamiento. —Dijo ella y el heredero sintió el deje de tristeza.
—¿Viste los volantes que te envié? ¿Has considerado…?
—Los vi, Trunks. —Sonrió ella con melancolía, caminando junto a su amigo de toda la vida sin mirarlo. Tomó aire; a Trunks podía decírselo—. Ya me decidí.
—¿En serio? —. El hijo de Vegeta alzó las cejas en señal de asombro, con tanto revuelo y la vista pasiva de la azabache, pensaba que seguía sin encontrar distracción alguna. —¿Y qué decidiste?
Pan sintió algo crecerle y turbarle en lo hondo de su estómago, un rejunte bochornoso que reverberaba casi haciéndola vomitar. Y sintió asco y la cara ponérsele roja al mismo tiempo. No era algo tan difícil, pero ya podía hacerse una clara idea de la cara que pondría su mejor amigo al enterarse.
—¿Prometes que no te burlaras? —. El de cabellos lilas bufó al oírle.
—Por favor, Pan. No lo haré. —Trunks dijo, cruzando dos dedos detrás de su espalda lejos del perímetro de Pan.
—Es en serio, cabeza de trapeador. —Ella frunció el ceño, en un rostro muy similar al de su abuela enojada. —Sí te ríes te rompo las piernas.
—No es necesario recurrir a la violencia Pan…
—Y no te buscaré ninguna semilla del ermitaño. —El Brief tragó grueso. Era un panorama aterrador… pero no lo suficiente.
—De acuerdo… Pan, si no quieres decirme…
—Practicaré ballet en el estudio de Bra.
De todas las cosas que pudieron surcar la cabeza de Trunks esa era la última. Discurrió el limpiarse muy bien los oídos, porque lo cierto es que a su criterio estos lo habían traicionado.
—¿Perdón? —. Él carraspeó—Lo siento, creí haberte oído decir que practicarás ballet.
—Lo haré.
—¡¿Tú?! ¡¿Te volviste loca?! —. Pan lo miró con el ceño fruncido y Trunks luchó por no deshacerse en risas y carcajadas ahí mismo. —No hablas en serio.
—Si lo hago.
—Pan, pero sí tú odias el ballet. ¿Ya olvidaste que te quedaste dormida en la presentación de Bra del año pasado? No hay manera de que tú…
El pelilla se vio incapaz de seguir hablando, porque los fuertes nudillos de la chica impactaron contra su cara, mandándolo a volar por lo alto. La caída fue realmente dolorosa.
—Idiota. —Masculló Pan, antes de emprender vuelo muy lejos.
Vaya, más de seis meses sin una actualización. No creí llegar a tal punto; me planteé varias veces abandonar el fic (creo que este comentario final dista mucho del anterior) lo hubiera hecho de no ser porque aún mantengo bastante claras las ideas iniciales que me motivaron a publicarlo. Este capítulo sale a la luz gracias al comentario de Perlado.
Como ven, todo va muy fluff. Recién hasta el próximo capítulo se suceden dos eventos que vienen sospechados y anunciados desde hace rato. Uno de ellos, el detonante que dará un giro monumental (ustedes se darán la idea de cual es) mientras tanto espero que se hayan dado el lujo de reír bellamente c:
Perlado: Es la primera vez que respondo un Review en el comentario final. Primero que nada, no estoy bien pero tampoco al grado de decir que estoy mal. Sinceramente no sé como estoy, porque tampoco estoy "neutral" pero bueno... No viene al caso XD. ¡Muchas gracias! A decir verdad no estaba segura de que alguien siguiera al pendiente de la historia. Después de todo, no estoy muy segura con ella... La escribo porque la inspiración es demasiado para mantenérmela guardada, leer tu apreciación de ella me ha derretido totalmente ;-;. Me discutí mucho si volver a actualizar. No perdí la inspiración si no digamos que fue "congelada" me vi totalmente absorbida por otro fandom y al final me quedé allí, principalmente porque me parece que ofrece más volatilidad con los personajes que DB. Dragon Ball se me hace esa pieza que de un movimiento en falso puedes cagarte en tu infancia y la de muchos XD así que me da cosa seguirla a veces. En sí, la existencia de Super fue uno de los principales motivos de detenerme puesto que empecé esto sin tomarlo en cuenta (al día de hoy, a pesar de AMAR DB y DBZ no he visto Super completo) por lo que este fic está totalmente inspirado en Z... Muy, pero muy poco en Super y GT y no sé si eso le choque a la gente... De todas formas: NO no voy parar con el fic :) y espero actualizar muy prontito ¡Muchas gracias por seguir esto! Y espero que este capítulo compense la espera.
¡A todos los que leyeron, gracias! Sus opiniones son importantes para mí, independientemente de si son negativas o positivas.
Se despide
MioSiriban
